CHANTAJE
9 Familia Uzumaki
La limusina viajaba a gran velocidad entre el tráfico de Atenas. Por el rabillo del ojo veía a Naruto servirse un trago. Le sirvió otro a ella sin que se lo hubiera pedido. Bebió sin fijarse en el contenido. Parecía zumo de naranja. La atmósfera era tensa. Ella se sentía nuevamente amenazada.
¿Dónde había dormido él la noche anterior? Era de madrugada y él aún no había llegado. Tampoco había ido a almorzar. Aunque ella no podía decir que se sintiera decepcionada por su ausencia. Eso sí, había tenido que maquillarse a fondo para disimular el rojo de sus ojos. No le apetecía en absoluto conocer a la familia de Naruto en ese estado. Estaba hecha un manojo de nervios.
Se había alzado un silencio denso entre ellos. Por momentos lo toleraba y por momentos hablaba de cosas intrascendentes para disimularlo.
-Cuando volvamos a Londres intentaré arreglar el escritorio de mi madre. Hiashi me dijo que lo cuidara. Tal vez podría tener un...
- ¿Cajón secreto? – dijo él sarcásticamente.
Hinata estaba resuelta a encontrar ese certificado, se lo había jurado. No era justo que ella fuera el rehén para que la familia de Naruto estuviera a salvo de algo. Aunque pensaba que era paranoico de parte de Naruto pensar que ese certificado fuese aún una amenaza, a pesar de la muerte de Hiashi.
Sin querer, Hinata dejó escapar ese pensamiento por la boca.
- No pienso correr ese riesgo – dijo Naruto.
- ¡Voy a terminar pensando que estás tapando un crimen o algo así, algo verdaderamente horroroso! – dijo ella temblorosa.
- ¡No es nada tan dramático! – dijo él con una risotada -. Puedes tener la conciencia tranquila.
- Me gustaría que me dijeras algo sobre el certificado – dijo ella dudando.
- ¿Y poner a tu alcance la tentación? ¿Crees que no sé lo desesperada que estás por ser libre? ¿Me crees tan estúpido?
- No le haría daño a tu familia – dijo Hinata pálida.
- Espera a conocerlos.
- ¿Y eso qué quiere decir?
- Ya verás.
Naruto se apartó de ella. Decididamente tenía un gesto amargo. Hinata comenzó a pensar que la reunión familiar que iban a tener no iba a ser muy tranquila. ¿O estaba equivocada?
¿Por qué se obstinaba en actuar como si para ella las fotos con Toneri no hubieran sido una sorpresa? Los nuevos y frágiles lazos que ellos habían trazado se habían visto destruidos por el recuerdo brutal del pasado.
Hinata reconocía que en su intención de defenderse, había usado esas fotos para desahogarse, y que tal vez había sido un error.
Estaba furiosa. La culpa no era de Naruto. Estaba furiosa porque no era capaz de tomar las riendas de su vida. Se sentía víctima de su padre, de quien había intentando ganarse la aprobación hasta el fin de su vida, e incluso víctima de Toneri.
Debía aceptar que la frustración, el arrepentimiento y la humillación habían sido producto de su pasividad. Naruto no había participado en su decisión de aceptar el matrimonio que le había propuesto su padre. Ésa era una realidad devastadora. Y lo peor era que ella no la había querido ver hasta ese momento.
En ningún momento, durante los cinco años de matrimonio, se había atrevido a discutir la situación, y Naruto no había estado en posición de exigir su libertad. En parte no se extrañaba que Naruto pensara que ella había estado obsesionada con él, o que no quería perder su status y su holgada posición económica.
Y ahora pensaba cómo se habría sentido ella si le hubieran mostrado una serie de fotos íntimas con otra mujer... se habría puesto furiosa. Pero Naruto había sido siempre muy discreto. Nunca se había dejado sorprender en una actitud de ese tipo con una mujer. Habían llenado las revistas de chismes y sospechas, pero nunca habían tenido ninguna prueba de que él tuviese una relación íntima con una mujer. Reconocía que jamás había tenido la intención de lastimarla.
Naruto le había dado el status que su padre había querido para ella, como precio de su silencio. ¿Qué más podía esperar? El amor no había sido parte del trato ni siquiera entonces. Y de un modo u otro ella iba a tener que soportarlo.
- Ayer... – dijo ella sin saber muy bien qué iba a decir, pero con la firme intención de acortar el abismo que se había alzado entre ambos.
- Quería matarte – murmuró Naruto con una entonación neutra -. Pero no me había dado cuenta de lo amargada que estabas. Nunca se me había ocurrido ponerme en tu lugar. Tú siempre parecías contenta. No mostrabas ningún signo de infelicidad.
- No estabas allí para verlo, y además yo aprendí a esconder mis sentimientos.
- ¿Por qué te quedaste conmigo? Necesito saberlo – dijo Naruto -. Ahora me doy cuenta de que no podía ser por dinero, cuando estabas dispuesta a perderlo todo e irte con Ōtsutsuki. ¿Entonces por qué seguiste a mí lado durante tanto tiempo?
Hinata tenía las mejillas encendidas. La mirada de él era como una acusación que pesaba sobre ella.
- La primera vez que te vi... bueno, sé que te parecerá estúpido ahora, pero para mí fue amor a primera vista.
- No me parece estúpido – dijo él.
Era difícil decirle esas cosas, y Naruto quería ayudarla haciendo ver lo que estaba diciendo no era una tontería. Pero a Hinata le costaba hablar de los sentimientos. Había sido tan fácil decir «Te Amo» a Toneri cuando él se lo había dicho la primera vez...
- ¿Te ha pasado alguna vez? Quiero decir, algo así, ¿como un amor a primera vista? – susurró ella, de modo casi inaudible.
- Sí – contestó él -. Fue algo instantáneo, y me dio mucho miedo. Estaba como atontado, había perdido el control. No me gustó.
Hinata bajó la cabeza. Era evidente que se refería a Sakura Haruno. Él tenía entonces dieciocho años, recordó Hinata. Pero le dolía de todos modos saber que otra mujer había sido capaz de despertar en Naruto un sentimiento tan intenso. Y se imaginó que si Sakura no hubiese estado tan preocupada por sus estudios, Naruto hubiese seguido enamorado de ella.
- Me estabas contando como te sentías... – le recordó Naruto.
- Era tan inocente... Al principio pensé que tú sentías lo mismo. Tú solo estabas ligando conmigo, pero yo no tenía experiencia, y no me di cuenta – dijo ella con amargura -. Así que puedes echarme la culpa por lo que hizo Hiashi. Si no me hubiese enamorado de ti y lo hubiese demostrado tan claramente, tal vez él no hubiese pensado nunca en chantajearte...
- No fue culpa tuya, sé que te eché las culpas en el banco, pero dije lo que primero que se me ocurrió. Tú no tenías la culpa, pero eras la hija de Hiashi, y la presión con la que había vivido hasta su muerte combinada con el descubrimiento de la caja que no contenía lo que yo buscaba, me hicieron perder la cabeza. Tal vez sea un poco tarde, pero lamento el modo en que te enteraste de los tratos de tu padre.
Hinata estaba extrañada de que no hubiesen llegado ya a la casa de su madre. Por lo que había dado a entender Naruto, no era muy lejos. Pero luego pensó que tal vez no quería que conociera a su familia en un momento de tensión como ése que atravesaban: prefería guardar las apariencias.
-Creo que es importante que seamos sinceros el uno con el otro. Me has dicho que tú me amabas al principio de nuestro matrimonio... ¿Cuándo dejaste de amarme? – preguntó él bajando la mirada.
- Simplemente te excluí de mi vida. No recuerdo cuándo.
- ¿Entonces por qué seguiste conmigo?
- Mi padre estaba tan orgulloso de mi boda contigo, que también quería ganarme tu amor.
Naruto suspiró profundamente.
- Mira, de todos modos no pretendo que te sientas mal por ello. Tuviste la mala suerte de dar conmigo, y que yo estuviera como estaba contigo. Hiashi nunca me hizo caso, y luego tú tampoco. No fue un trato ventajoso. Pero era algo a lo que estaba acostumbrada, a que me organizaran la vida.
- Pero te hice daño. Debo haberte hecho mucho daño continuamente – la voz de Naruto sonaba severa.
- Si no tienes grandes aspiraciones y el suficiente respeto por ti misma, aceptas que te hieran, porque en cierto modo crees que tú lo has provocado. Y yo lo provoqué.
- Tú no provocaste ni el diez por ciento de todo lo que yo te he hecho pasar.
Hinata dejó de mirar a la nada y fijó los ojos en Naruto. Se pasaba nerviosamente los dedos por el pelo, y estaba pálido.
- ¿Por qué te tienes que sentir culpable? – preguntó ella confundida -. Nosotros no estábamos casados realmente.
- Pero ahora sí lo estamos. Tienes el vaso vacío. Déjame que te sirva otro trago
– dijo él.
Hinata se sentía un poco mareada. Si no hubiese sido porque estaba bebiendo zumo de naranja, habría jurado que estaba afectada por el alcohol.
- ¿Hemos pasado por esta calle antes? – preguntó ella viendo una iglesia que resultaba familiar.
- Tal vez Giorgio esté tratando de encontrar un atajo – dijo Naruto.
- Me da la sensación de llevar toda una vida metido en este coche.
- Las conversaciones importantes pueden tener ese efecto.
- Pensé que eran indignas de ti.
- No, cuando mi matrimonio está en juego.
Hinata no podía creer lo que oía. No era el tipo de afirmación que pudiera hacer Naruto. Bebió nuevamente el zumo.
- ¿Sabes? Eres magnífico... – murmuró Hinata como si hablase sola, y era verdad, no había más que verlo tan alto, moreno.
Naruto se sentó más cerca y le tomó la mano.
- Quiero que me perdones por mi actitud de ayer.
Hinata sentía que Naruto le estaba diciendo lo que ella quería oír. Y había algo que le decía que no era sincero. «Mi matrimonio está en juego». No podía ser.
De pronto se dio cuenta de que hasta que el certificado no apareciera, Naruto querría seguir casado con ella. El día antes, ella, por primera vez, se había enfrentado a Naruto. Y tal vez él temiera que ella estuviera dispuesta a separarse sin medir las consecuencias para su familia y para él mismo.
- No debes decir eso. En realidad yo fui un poco insensible.
- No, fui yo el insensible.
- Pero yo...
- Fue culpa mía – la volvía a interrumpir, un poco irritado.
- Pero yo debí...
- No quiero oír una palabra más – dijo él con una sonrisa increíblemente atractiva.
Pero Hinata notaba el enojo que él apenas podía reprimir y que tensaba la atmósfera.
- Naruto... No voy a dejarte otra vez – le dijo ella, sintiéndose culpable por el hecho de que él se viese obligado a frenar sus supuestos impulsos a marcharse de su lado -. Sé que no puedo, a no ser que encuentre ese certificado.
- Imposible – dijo él, cortante.
- Pero tú me dejarías ir inmediatamente si apareciera.
- Yo no diría eso.
- ¿Abrirías una botella de champaña y bailarás, entonces?
- No digas tonterías.
Naruto sostuvo el vaso que ella estuvo a punto de tirar, y luego lo dejó a un lado.
- ¿Es ésa la misma iglesia de antes? ¿No estará perdido Giorgio?
Naruto descolgó el teléfono y le dijo algo al chofer.
Hinata movió los hombros y se quitó los zapatos.
Luego se preguntó por qué había hecho algo así. Y la verdad era que se sentía muy relajada, y a la vez excitada.
Naruto la observaba. Luego le tomó la mano. La sangre de Hinata se aceleró. Sus pechos se pusieron alerta. Sus pezones se habían vuelto más sensibles.
Hubo u silencio largo. Y luego, NAruto, en un movimiento rápido, se aferró a las caderas de Hinata, y la puso encima de él. Entonces la besó apasionadamente, desesperadamente.
Hinata le miraba como si estuviera al margen de la escena.
- ¿Naruto?
- No sabes lo que estás haciendo... – murmuró él.
- Sé lo que quiero hacer – entonces Hinata se rió, y le lamió la línea de la boca.
Las manos de Naruto se posaron en los antebrazos de ella, y en un movimiento que pareció apartarla, la apretó aún más contra él. La volvió a besar con pasión. Hinata disfrutaba de su beso, y la excitación creciente se iba apoderando de ella como una ola que la envolviese.
De pronto él se paró, apoyando su cara contra la de ella, y le dijo.
- Soy un desgraciado... Soy todo lo que tú me has llamado y más, y ahora daría diez años de mi vida por hacer el amor contigo. Es una agonía...
Hinata pensó que a la frase seguramente seguiría un «pero».
- En tu bebida de naranja había vodka, Hinata.
- ¡Oh!
- Es algo desagradable lo que he hecho, pero necesitaba que hablases y que estuvieras relajada. El coche, además, está girando todo el tiempo, haciendo círculos. Por favor, perdóname.
Cuando Hinata se apartó, Naruto tembló, como una reacción que contrastaba con la tensión y la excitación de ese momento. Y Hinata se rió, porque de pronto le pareció muy gracioso. Sabía que esa duplicidad en él debía molestarla, pero la imagen de Naruto hecho un auténtico lío de sensaciones, le hacía gracia.
- Tienes conciencia...
- Sí, y ahora mismo me está matando. ¡Theos! Siempre es así contigo. Te deseo tanto, que haría cualquier cosa.
Hinata descubrió en las palabras de Naruto un poder suyo que no conocía. No se le había ocurrido que fuese tan deseable para él. Pero ella se daba cuenta de que excitación era mutua. No obstante, él era un macho que buscaba, sobre todo, sensaciones físicas. Seguramente no tenía nada que ver con las fantasías adolescentes que Hinata había albergado durante tanto tiempo, pero igual le gustaba lo que él decía, y se daba cuenta de que nunca había valorado sus propios encantos.
- No tengo caderas grandes.
- ¿Qué?
- O piernas largas.
- ¡Dios! Yo creo que eres perfecta – le acarició los labios con la boca -. Eres tan perfecta... No puedo creer que seas mía...
- Dime más... – le invitó Hinata, echando la cabeza hacia atrás, y sonriendo burlonamente.
Pero Naruto no siguió, porque se dio cuenta entonces de que la limusina había parado.
- Hemos llegado.
Hinata hizo un esfuerzo por volver a la realidad, lo que le costó unos segundos. Naruto entonces le tomó la cara con una de sus manos en un gesto tierno, y le dio un beso que poco hacía por que ella se pudiera desprender de él.
El aire fresco la golpeó. Naruto le rodeó la espalda con su brazo, y la ayudó a ponerse de pie firme, mientras ella se estiraba la falda de su traje.
- Si me tambaleo es culpa tuya.
Naruto se rió suavemente e inclinó la cabeza.
- Todavía estás débil a causa de la gripe – le dijo él -. Definitivamente tienes que descansar en la cama antes de la cena. Y como soy un buen esposo que te cuida y que se preocupa por ti...
- ¿Un qué?
- Te voy a acompañar – completó la frase él.
Mientras Naruto la conducía por las escalinatas que daban al impresionante edificio que tenían delante, y cuyas puertas estaban abiertas como para recibirlos, Hinata pensaba que era evidente que Naruto había devuelto a la relación entre ellos el encanto anterior a la discusión. Y Hinata se sentía aliviada y feliz nuevamente. Pero le preocupada la facilidad con la que él lo había hecho. Era casi un milagro.
En ese momento apareció Ino, vestida y arreglada como nunca antes la había visto Hinata. Con el pelo recogido, y un elegante vestido que realzaba su figura menuda.
- ¡Llegáis tarde!
- Nos hemos perdido – dijo Naruto sin darle importancia.
- ¿Perdido?
- Pero nos hemos encontrado nuevamente – murmuró él aparte, como para que sólo Hinata pudiera oírlo.
- Sí – dijo ella con una trémula sonrisa, y los ojos brillantes.
- Bueno. Ellos esperan que Naruto te deje y vuelva con ella otra vez. Es desagradable. Es por eso que te están tratando como si fueras la mujer invisible.
Hinata sintió ganas de reírse. No sabía realmente si lo que decía Ino era cierto. Le fue presentando a todos los invitados. Y todos, sin excepción, la habían recibido con frialdad y formalidad. Había sido el tipo de bienvenida que hubiese espantado a cualquier nuera con expectativas acerca de un encuentro con su familia política. Hinata comenzó a pensar que probablemente la muchacha tenía razón. Porque la sensación que le daba era que la habían recibido como a una enferma contagiosa.
Pero en el momento en que Naruto fue a su lado, y le puso una mano alrededor de los hombros, todos cambiaron de actitud. No hacían más que escuchar a Naruto, y estar receptivos hacia él.
El efecto del cambio repentino era casi cómico. Sin embargo, Hinata notó que la actitud de dos de las hermanas de Naruto y sus respectivos hijos, adultos ya, no era sinceramente cariñosa. Recordó entonces lo que le había dicho Ino. Que Naruto mantenía a toda la familia; sólo los padres de Ino eran independientes económicamente. Los demás eran mantenidos o empleados de Naruto.
- Ven, que te presento a mi madre – le dijo Ino impaciente.
Kushina estaba sentada sola al fondo de la habitación. Parecía muy nerviosa. Tenía las manos entrelazadas y apretadas, y estaba tensa indudablemente. Hinata se acercó sonriendo, esperando que su sonrisa le devolviera a la mujer cierta tranquilidad. Hinata deseaba conocerla, y estaba predispuesta de antemano a que le cayera bien.
- Ésta es Hinata – anunció la chica.
- Por favor, siéntate conmigo. Pide que nos traigan café – le dijo Kushina a su hija -. Se ve muy feliz a Naruto, creo. ¿Eres feliz tú también?
- Muy feliz.
- Hacía tanto tiempo que quería conocerte... que ahora no sé qué decir. Eres muy hermosa, y muy inteligente, por lo que dice Naruto. Has hecho estudios de música, y sabes francés y alemán... Yo he aprendido inglés por mi hija. Quizás la próxima vez que vengas a Grecia puedas venir a visitarme – le dijo con una sonrisa ansiosa.
- Me gustaría mucho.
Hinata notó que Kushina estaba incómoda mientras hablaba con ella. Como si los demás miembros de la familia pudieran ver mal que ella recibiera a la esposa de Naruto con agrado, y no por obligación, como hacían ellos.
- Me he encariñado con Ino, en el tiempo que ha estado con nosotros.
- Has sido muy amable en recibirla. Naruto la malcría mucho.
La voz de Kushina se había desvanecía al ver a un hombre alto, de pelo rubio, y luego volvió a elevar el tono de voz, diciendo con alivio:
- Ése es Minato, mi marido.
Los ojos de Hinata se achicaron. Había algo familiar en el rostro de Minato, pero no sabía qué. Por un momento le recordó a Naruto. Pero no tuvo tiempo de comentarlo, porque enseguida se acercó el hombre con una sonrisa franca y una conversación que apagó momentáneamente la de su mujer.
Le preguntaban qué opinaba de Grecia, de la familia.
- ¡Si quieres hospitalidad griega de verdad, ven a nuestra casa! – le dijo Minato jocoso, haciendo que su voz llegara hasta todos los rincones del salón -. Lamentablemente nos casamos tarde, y fuimos agraciados con el nacimiento de nuestra hija, pero nuestra vida a veces se torna un poco aburrida para Ino. ¡Ella cree que tenemos un pie en la tumba ya!
Naruto atravesó el salón. Hubo saludos entre ellos.
De todos los invitados, Minato era quien más afectivamente lo había tratado, pero en cambio Naruto tenía hacía él una actitud contenida. Pero Hinata dejó de pensar inmediatamente, porque Naruto la había mirado con deseo, y los efectos de su mirada eran devastadores, y la hacían olvidar todo lo demás.
- Se te ve muy cansada – murmuró Naruto.
Hinata se ruborizó, pero Naruto ya se la estaba llevando, con audacia sin igual. Hinata miró hacia atrás disculpándose ante los demás, y vio en los ojos de Kushina un gesto de perplejidad. Se dio cuenta entonces de que Naruto no había hablado con su hermana, y se lo hizo notar.
- Por supuesto que hablé.
- No, en mi opinión.
Pero entonces Naruto la silenció con un abrazo y un beso que la dejaron sin aliento. Hinata emergió del beso aturdida, y un poco inhibida porque pensaba que sus familiares podrían haberlos visto, y que seguramente le censurarían.
- ¿Entonces, qué piensas de mi familia?
- ¿Quieres que te diga francamente?
- Si no, no te lo hubiese preguntado.
- Son horribles. Por supuesto que deben ser más cálidos de lo que aparentan...
- Probablemente más fríos.
- ¡Oh, Naruto! – susurró ella.
- No seas tonta. Yo ya soy mayorcito como para que me adornes las cosas.
- Minato y Kushina son muy simpáticos. Parecen quererte mucho. E incluso Minato se parece a ti... Sí, eso fue lo que me hizo pensar que ya lo conocía.
- ¿Estás loca? Si no es familia mía – dijo Naruto frunciendo el ceño.
Por supuesto que no había lazos de sangre con Naruto, era sólo el cuñado de Naruto.
- ¡Pero tú no eres familia de ninguno de ellos! – dijo Hinata, arrepintiéndose inmediatamente de lo que había dicho.
Segundos después, Naruto entraba en un dormitorio y cerraba la puerta de un portazo.
- Dilo otra vez – la exhortó.
Hinata abandonó la pelea y se echó a los pies de la cama.
-Lo siento, me he olvidado de que supuestamente yo no sabía nada – dijo Hinata con lágrimas en los ojos.
- Evidentemente. ¿Y desde cuándo lo sabes? – le preguntó Naruto irritado.
- Si te lo digo, debes prometerme que no te enfadarás con la persona que me ha dicho que eres adoptado – Hinata apenas pronunció la última palabra, porque temía la reacción de Naruto -. Porque ella pensaba que yo lo sabía...
- ¿Ella?
- ¡Nadie de mi familia pudo habértelo dicho!
- Fue Ino.
- ¿Ino? – Naruto no podía creerlo.
Hinata le contó sin ganas la conversación que había mantenido con Ino. Naruto estaba muy sorprendido.
- ¡Y todo este tiempo ella lo sabía! Theos mou, ¡no tenía la menor idea de que ella pudiera saberlo!
- Yo le dije que era un asunto muy privado, y no creo que vuelva a decir nada del tema. Se sintió muy apenada después – le dijo Ino, sin agregar su propia opinión, en el sentido de que le parecía que no tenía sentido seguir guardando ese secreto.
Después de conocer a la familia Uzumaki no tenía la menor duda de que para ellos el tema de la adopción pudiera ser tan altamente confidencial. Y si Naruto se había criado en esa atmósfera tendría la misma actitud hacia el tema, que sería demasiado delicado para él como para comentarlo.
Naruto se quedó en silencio. Era evidente que estaba muy turbado por lo que ella había dicho. Hinata hubiese querido compartir sus pensamientos, pero no era el momento. De todos modos él parecía tan afectado que ella no pudo reprimir ponerse de pie e ir hacia él y abrazarlo.
Naruto se puso rígido ante la sorpresa de su gesto.
- Olvídalo. No tiene importancia – le dijo Hinata, asombrada ante su atrevimiento y la corriente de ternura que la llevaba a ser protectora con él.
Naruto la sorprendió con una risa, y luego la rodeó por las caderas, acercándola más a él.
- Si tú lo dices.
Hinata se preguntaba cómo habría sido la vida de Naruto rodeado de los personajes que estaban allí en el salón. No le habría sido fácil crecer a su lado. Y aunque contemplaba la posibilidad de que fueran fríos con ella especialmente, sospechaba que había algo más.
¿Sentiría resentimiento sus hermanas y su familia por el poder que tenía Naruto, no siendo éste un Uzumaki verdadero? ¿Sería porque sus padres lo habían adoptado siendo mayores, y sus hermanas, casi adultas, les hubiese sentado mal la noticia? Pero era injusto de todos modos, porque Naruto era muy generoso con ellos.
Y lo más curioso era, ¿a quién de ellos protegía Naruto? ¿A cuál de ese grupo tan siniestro protegía?
Hinata de pronto sintió un deseo irresistible por saberlo.
- Pareces que estás a millas de distancia – dijo Naruto.
Hinata abandonó sus pensamientos y se vio forzada a volver a la realidad.
- Y te quiero aquí.
Instintivamente se acercó a él y se movió con la sinuosidad de una gata contra Naruto, como quien busca una caricia. La respuesta de él no se hizo esperar, devorando la boca de ella.
La pasión de Naruto la había tomado por sorpresa, pero rápidamente la había inundado de deseo. Reconocía el cuerpo de Naruto, y lo deseaba con una intensidad que le hacía perder el control. La chaqueta de Hinata cayó al suelo. Los dedos de Naruto le acariciaron la espalda y le desprendieron el sujetador. Una mano subió hasta uno de sus pechos, haciéndola gemir de placer.
Naruto la tendió sobre la cama y jugó con sus pezones. Un fuego lento la consumía. Hinata temblaba de placer con el hambre que Naruto saciaba en ella. Ella lo miró con pasión cuando él se echó encima, y se quitó la ropa con manos impacientes.
Ella volvió a sentir aquel húmedo cúmulo de sensaciones salvajes que él le desataba. Y ella se sentía deseada por Naruto, lo veía en sus ojos que no se apartaban de ella, y de sus pechos desnudos y su falda subida hasta las caderas.
- Mientras conversaba y tomaba café no podía pensar en otra cosa que en esto. No podía concentrarme. Ahora siento que las sensaciones sobrepasan lo que yo anticipaba.
Hinata lo miró, sus pechos subían y bajaban al ritmo de su respiración. Desnudo Naruto era magnífico, una mezcla armoniosa de huesos y músculos y piel bronceada. Ella sintió un escalofrío recorriéndola cuando él le desabrochó totalmente la falda. Y se quedó allí, quieta, disfrutando de ese momento.
La lengua de Naruto volvió a meterse en la boca de Hinata. Ella cerró los ojos y lo abrazó, desesperada por el contacto con él. El corazón de Hinata se agitaba más y más. Rodaron juntos, mientras él le quitaba la última prenda que aún los separaba.
- Sí – gimió ella, arqueando la espalda como reacción al delicioso tormento.
Él acarició donde ella deseaba más, pero le negó aquello que más ansiaba, aquello que ella anhelaba.
- No sé por dónde empezar. Quiero todo lo que me puedas dar... – musitó él apoyando la boca contra la de ella.
Hinata era prisionera de su excitación. Él le dijo algo en griego y presionó la espalda de ella, volviendo a besarla con intensidad y pasión. Hinata se quemaba entre sus caricias, y se moría por más.
- Ahora – dijo él alzándola suavemente y presionando sus muslos a medida que se internaba en ella con una embestida firme.
La intensidad del placer que Hinata sentía, la hacía perder todo control.
- Te necesito – le dijo ella en un momento de éxtasis.
El mundo bajo esas sensaciones se había vuelto un mundo bajo el imperio de los sentidos. Lejos quedaba la realidad de todos los días. No había nada más que las demandas de su cuerpo deseando el de él.
-Es hora de levantarse, pethi mou.
Hinata sonrió medio dormida. La boca de Naruto la acariciaba, pero cuando ella se estiró para alcanzarlo, vio que él ya no estaba allí. Abrió los ojos y se encontró con él al lado de la cama, con el pelo húmedo aún de la ducha, dedicándole una sonrisa.
- La cena estará dentro de una hora.
Hinata estaba invadida aún por las escenas de aquella misma tarde, y sentía que debería hacer un esfuerzo por volver a la realidad.
- Vístete formal – le aconsejó él mientras se ponía una camisa de seda blanca -. Pienso que habrá baile. Por lo que se ve, mi madre quiere impresionar a todo el clan.
- ¿Y por qué quiere hacerlo? – preguntó Hinata mientras se sentaba y se quitaba el pelo de la cara.
- Los miembros de nuestras familias dejaron de verse cuando Sakura y yo rompimos el compromiso. Y desde entonces ha habido una relación más bien fría. Pero no me parece la mejor oportunidad para fiestas de sociedad. Hubiese preferido una reunión familiar más íntima, algo más adecuado a la ocasión.
Hinata sabía perfectamente a qué se refería, pero era un tema que, afortunadamente, no le importaba. Era evidente que el encuentro de la familia Uzumaki con la exnovia de Naruto y su familia el mismo día que iban a conocer a la esposa de Naruto no era mera coincidencia. Como tampoco había sido casual que la madre de Naruto hubiese ignorado a Hinata en el momento de conocerla.
- Si mi madre fuese una mujer más joven le diría algo acerca de su comportamiento contigo esta tarde.
- Por favor, no discutas con ellos por mi culpa – pero Hinata se alegraba de que él se hubiera dado cuenta de la actitud de su madre, y que estuviera de su parte.
- No me imaginé que fuese capaz de hacer algo así. Si no te respeta como es debido no vendré más a esta casa.
- No hagas eso – le dijo Hinata.
- Si te soy sincero, sólo vengo aquí por compromiso. Odio esta casa, y me desagrada la mayoría de la gente que normalmente encuentro aquí.
Hinata estaba sorprendida de las confesiones íntimas de Naruto. Era la primera vez que acortaba la distancia emocional con ella. Pero le inquietaba el saber que pudiera ocultarle tan bien las emociones.
- Naruto, deja que se acostumbren a mí. Ino me decía esta tarde que están esperando a que rompas conmigo y vuelvas con Sakura.
- Sakura está felizmente casada, así que no sé por qué abrigan esas esperanzas.
Hinata se dio cuenta entonces de que Naruto no sabía nada de la ruptura del matrimonio de Sakura.
- Según tu sobrina, Sakura se ha separado de su marido.
Naruto dejó de anudarse la corbata y dijo:
- ¿Y desde cuándo?
- No lo sé – dijo nerviosamente Sakura.
- Kushina debiera ponerle un candado en la boca a su hija.
Entonces se hizo el silencio. Hinata se levantó de la cama y fue a la suite. Era evidente que la noticia sobre Sakura lo había sorprendido y lo había dejado en un estado de ensimismamiento. ¿Qué significaba para él la noticia de que Sakura estuviera libre de nuevo?
Pero se dijo que no debía dar rienda suelta a la imaginación.
Naruto no la había esperado para bajar al salón. Hinata había hecho su aparición con un vestido de noche lavanda, a juego con sus ojos, y que dejaba al descubierto sus hombros desnudos. Y lo primero que había visto había sido a Naruto conversando con Sakura en un rincón del final del salón.
Parecían muy inmersos en la charla, y Sakura no tenía el gesto triste de una mujer que acaba de romper su matrimonio y busca las palabras de un amigo, sino que se la veía feliz. Naruto, en cambio, tenía un gesto serio, grave.
Ino la saludó de lejos con la mano, pero no pareció dispuesta a interrumpir la conversación que mantenía con el joven sentado frente a ella.
De pronto Naruto la vio y se puso de pie. En ese momento, anunciaron que la cena estaba lista.
- Has sido muy oportuna interrumpiendo la conversación. Pero estás encantadora.
Hinata no pudo resistir preguntarle:
- ¿Se ha separado Sakura?
- Sí. Pero una cena formal no era el mejor momento para hablar de ello.
Para su sorpresa, se encontró sentada a la derecha de la anfitriona, y frente a Naruto. Y Sakura sentada varios sitios más allá. Incluso la señora Uzumaki había intentado darle conversación en perfecto inglés. Hinata le contestó con generosidad, pero en su interior sentía un cierto desconcierto.
Fue un alivio levantarse de la mesa. Enseguida Ino se acercó a Hinata y le dijo:
- Quiero que conozcas a alguien.
Se trataba del joven que la había acompañado. Se llamaba Sai, y, por su gesto, parecía estar acostumbrado a que lo mostrasen como un trofeo.
- Vamos a comprometernos en año que viene.
Hinata recordó lo que había sentido cuando había conocido a Naruto. Le parecía tener cien años más que entonces. ¿Quién podía asegurar que Ino era demasiado joven para saber lo que quería?
- A los catorce años me dijo que se iba a casar con él – dijo Naruto, que había aparecido por detrás, en el momento en que la pareja se alejaba -. Y me dijo por qué.
- ¿Por qué?
- Quería verlo sonreír, y él sonríe continuamente a su alrededor. Tiene veintidós años, está terminando sus estudios en Harvard, y es muy serio, tanto como ella inconsciente. A él le da miedo que ella se aburra de él dentro de un año.
- ¿Piensas que es posible eso?
- No, pienso que tiene las suficientes agallas como para hacer lo que su corazón le dicta. Incluso fue capaz de hacer frente a la familia de él, y no dejarse llevar por el orgullo, cuando ellos restaron importancia a la relación entre ellos. Yo la envidio por esa fuerza y esa claridad.
Y Hinata supo que hablaba de su relación con Sakura, y se hizo muchas preguntas acerca de esa relación. ¿Sakura lo habría dejado romper la relación sin importarle realmente?
Naruto bajó con Hinata. Pero ella no podía relajarse. La idea de la posibilidad de perderlo alguna vez la aterraba. Porque la certeza de que él no podría abandonarla si no encontraba el certificado no le servía de nada.
Le presentaron a los padres de Sakura. Fueron educados y amables, pero fríos en el fondo. Al fin y al cabo ella era la mujer que le había robado el novio a su hija.
Hinata pidió excusas para salir a tomar el fresco. En ese momento Minato se acercó a ella.
- No he visto a Kushina esta noche.- le dijo ella.
- Lamentablemente mi mujer no se encontraba muy bien. Se ha quedado descansando.– suspiró.
- ¿Está enferma?
- Está enferma de los nervios. Pero sólo le pasa aquí, con su «adorable» familia. Y la actitud de Naruto, que la trata como si fuera la peste, no la ayuda en absoluto.
Hinata se puso colorada; no estaba preparada para esa confesión.
- Lo siento... yo... – Hinata no sabía qué decir.
- Os he observado juntos. Tú y Naruto estáis muy unidos. Le he prometido no hablar contigo de ello. Así que hablaré contigo para ver si puedes hacer de intermediaria.
- ¿Intermediaria?
- Entre nosotros y Naruto. Naruto sabe... Puedo decirte exactamente la fecha en que cambió su actitud con mi esposa. Quise hablarle entonces. Quería saber lo que él sabía, qué tontería le habían dicho que pudiese hacer que cambiase tanto con ella. Pero Kushina tuvo un ataque de nervios cuando se lo comenté, y tuve que callarme, pero contra mi voluntad.
- Minato, no sé de qué me estás hablando – le dijo Hinata incómoda.
- ¿Tú también? – el hombre suspiró con pesadez -. Por supuesto que lo sabes. Naruto se enteró de ello cuando estabais recién casados. No creo que no te lo haya dicho. Hace treinta años Kushina lo dio, pero nunca renunció a él realmente, y por otra parte siempre ha pensado que hizo lo mejor para él.
Hinata comprendió de golpe. Se sentía como si una ola la hubiese tomado por sorpresa y la hubiese dejado atontada. Kushina no era la hermana de Naruto, sino su madre. Y había dado su hijo a sus padres para que lo criasen como propio, a la vista de ella, pero sin ocuparse ella de él. Y Naruto lo sabía. La última pieza del puzzle acababa de encajar. ¿Era éste el secreto por el que su padre había podido chantajearlo?
- Quiero estar seguro de que Naruto sabe la verdad – dijo Minato, demasiado conmovido como para estar atento a la reacción de Hinata -. Toda la verdad, no sólo lo que su abuela haya querido decirle. Naruto nunca fue adoptado. Se hizo un certificado de nacimiento como para que Mito y Ashina aparecieran como padres de Naruto. Pero no pudieron engañar a las hermanas de Kushina con la historia de la adopción. Ashina quería un hijo varón e insistió en quedarse con Naruto, un hijo a quien podría criar como propio y que era por lo menos un Uzumaki a medias.
- Tú conoces la historia completa...
- ¡Si la hubiese conocido hace treinta años, no hubiese permitido que lo hicieran!
– dijo Minato con rabia -. Hicimos mal las cosas. Pero debieron dejar que nos casáramos cuando supieron que Kushina iba a tener a un hijo nuestro. ¡Eso es lo que no puedo perdonarles!
- Tú eres el padre de Naruto – susurró Hinata, mirando a Minato con asombro.
- ¿No lo sabías? ¿Me estás diciendo que Naruto no lo sabe tampoco?
- Es algo de lo que no hemos hablado – dijo Hinata débilmente.
- Tal vez no lo sepa. Tal vez nos eche la culpa de su triste infancia. Y tiene motivos...
- ¿Podrías contarme la historia desde el principio?
Minato fue breve. Él era estudiante por aquel entonces, cuando se enamoró de Kushina Uzumaki. No tenía dinero ni pertenecía al medio social que pudiera impresionar a los Uzumaki, y se habían opuesto a esa relación. Y Kushina no tenía la valentía de enfrentarse a su familia. Cuando descubrieron el embarazo de Kushina, ésta hizo un viaje con su madre. No le dijeron nada a Minato. Él ni siquiera conocía la existencia de Naruto, hasta que se encontró con Kushina diez años más tarde.
- Quería morirme al saber todo lo que ella había tenido que atravesar sola. Y al saber que tenía un hijo que no podía reclamar. Pero esa vez estaba decidido a no dejar que me separasen de Kushina. ¡Incluso hice que se casara conmigo pese a la oposición de ellos! – dijo Minato con satisfacción -. Ashina estaba furioso y Mito no quería ni verme, y aún hoy no quiere ni verme. ¿Pero qué podían hacer frente a los hechos consumados? Las apariencias son algo muy importante para esta familia.
- ¿Y entonces?
-Entonces la felicidad se mezclaba con la desdicha. Kushina pensaba que debíamos estar agradecidos por poder ver a nuestro hijo. Si lo hubiésemos dado en adopción, jamás lo hubiésemos encontrado, jamás lo hubiésemos conocido... Pero algunas veces pienso que tal vez habría sido menos doloroso. Mito no lo quería, no lo trataba como a un hijo, y el resto de la familia estaba resentido con él, ya que heredaría en primer lugar.
- Y aún están resentidos – murmuró Hinata afectada.
- Sin embargo él ha multiplicado cien veces su riqueza. Ashina... era un hombre bueno. Se ocupó de Naruto. Pero pensaba que Kushina era una persona débil, y por ello fue muy duro con su hijo. Pero Kushina no es débil. Ella llevaba más o menos bien la situación, hasta que vio que Naruto empezó a evitarla, y entonces nos dimos cuenta de que sabía algo.
- Hace cinco años, has dicho...
- Debe haber sido un shock terrible, pero hemos esperado tanto que sospechara algo o descubriera algo... No se trataba de que se lo dijéramos si él no sospechaba nada. Kushina les había prometido a sus padres que nunca se lo diría. Ése había sido el precio. Pero jamás se nos hubiese ocurrido que Naruto se pudiera comportar tan despiadadamente con ella al enterarse de quiénes eran sus padres.
Hinata se preguntaba qué sentiría Naruto realmente. ¿A quién protegía? ¿A su abuela o a Kushina?
- Debemos encontrar una solución a todo esto, para que Kushina se quede con la conciencia tranquila. Por ello te pido que hables con Naruto y averigües si sabe toda la verdad. Porque es evidente que él no se va a acercar a nosotros.
- Sí.
- Ella lo quiere mucho. Siempre lo excusa. Pero ya es un hombre. ¿Por qué está así con ella y no conmigo? Tampoco disimula su cariño por Ino. Si no fuera por la promesa que le hice a su madre, ya le hubiera plantado cara.
- No creo que Naruto sepa que tú eres su padre.
- Es un poco egoísta por mi parte meterte en semejante lío... – dijo Minato al descubrir las huellas de la preocupación en el rostro de Hinata.
- No.
Estuvo tentada de decirle que ella ya era parte de ese gran lío desde mucho antes. ¿Habría tenido Hiashi ese certificado en sus manos? ¿Se haría mención en él acerca de quién era su padre? Lo que estaba claro era que había descubierto quién era su madre. Pero no había hecho más preguntas.
Hinata suspiró hondo.
- Hablaré con él cuando volvamos a Londres, aquí no.
- Sea como sea, te estoy muy agradecido.
Cuando Minato se alejó de ella, Hinata sintió el peso que le había dejado. No se trataba de una noticia fácil de dar. Y Naruto era imprevisible.
Naruto la miraba desde el otro lado del salón. Hinata se preguntaba si se habría dado cuenta de que había tenido una larga e íntima conversación con Minato. Se sentía culpable por guardar tantos secretos sobre su vida. Hubiera corrido a contarle todo, pero tenía que encontrar el momento oportuno. Y si bien Hinata le había devuelto la mirada a Naruto, él ya no la miraba, y en cambio se daba la vuelta para sonreír a algo que había dicho sakura.
