CHANTAJE
10 Calcetines
Al volver a Londres, Naruto debía irse, tan pronto como se cambiase de ropa. Tenía mucho trabajo.
- Hablaremos cuando vuelva.
¿Por qué tenía la impresión de que él la trataba como si ella fuera culpable de algo? ¿Cómo reaccionaría ante el hecho de que ella supiera tantas cosas? Al fin y al cabo él no confiaba lo suficientemente en ella como para habérselo contado. Pero, ¿qué cosas sabría él?
Hinata fue al salón. Allí estaba su escritorio, herencia de su madre. Le echó una ojeada. Estaba igual que siempre. Los cajones vacíos. La llave decorativamente sujeta con una cadena a la hoja plegable que servía de escritorio propiamente dicho. El carpintero que lo habría restaurado había cometido el error de poner a la llave una cadena muy corta que impedía cerrar el escritorio, por eso no lo usaba.
De pronto de dio cuenta de que la llave se parecía a aquélla que le habían dado en el banco para abrir la caja fuerte. Rompió la cadena, haciéndose daño en le intento. La llave había sido bañada en oro para hacer juego con la cadena, pero se veían aún los números grabados en ella. Ni siquiera encajaba bien en la cerradura. Seguramente correspondía a otra caja. Durante cinco años Hiashi podría haber ocultado el pasaporte a la libertad de Naruto en su propia casa. Una última ironía de Naruto.
Hinata fue hacia el ala de la casa que ocupaba Naruto. Él se estaba poniendo una camisa limpia en el dormitorio, tan concentrado en sus pensamientos que apenas se dio cuenta de la presencia de Hinata.
- Naruto... – le dijo ella temerosa.
Por un momento, Hinata pensó en esconder la llave. Pero debía tener la valentía de dársela y afrontar las consecuencias. Entonces levantó la mano y tiró la llave en la cama.
- Después de todo no ha sido una condena a cadena perpetua... – se oyó decir. Naruto pareció no entender. Miró alternativamente la llave y a Hinata.
- Es la llave de otra caja fuerte. Es posible que contenga lo que buscas.
- ¡Cristo! – exclamó antes de levantar la llave -. ¡Todo este tiempo buscándola! ¡No lo puedo creerlo!
Hinsts se fue hacia la ventana. Se trataba de la tierra prometida de la libertad. Podía ser el principio o el fin de su matrimonio.
- Hay algo más de lo que tenemos que hablar.
- ¿No podemos esperar para hablar de ello? No voy a poder parar hasta que vaya a París y pruebe esta llave.
- Me temo que no. Ya ves, ocurre que sé lo que hay en la caja. Tu certificado de nacimiento – le dijo Hinata.
La expresión de Naruto se tensó.
- ¿Y dónde has conseguido esa información?
- Ciertamente no la he conseguido por ti. Minato me la confió.
- ¿Minato? – Naruto pareció muy sorprendido.
- Me pidió que actuase como intermediaria. Creyó que yo era de tu confianza. Así que ahora sé que Kushina es tu madre natural.
- ¿Minato está enterado de esto? – le dijo él con gesto grave.
- Mira, no es asunto mío – le aclaró Hinata, porque Naruto parecía recalcárselo con la mirada.
- ¿Cuánto hace que lo sabe?
Hinata comprendió que Naruto no sabía que Minato era su padre, pero ella no quería ser quien se lo dijera.
- ¡Theos mou! Si él lo sabe no había peligro de que su matrimonio se rompiese – dijo él frustrado.
Y con esas palabras, Naruto le había dicho muchas cosas. Naruto pensaba que Minato no estaría en condiciones de aceptar un pasado oscuro de su esposa. Un marido griego no podría tolerarlo. Así que Naruto estaba protegiendo a Kushina. Y se sentía frustrado por saber que su sacrificio había sido inútil.
- Minato sabe todo acerca de tus padres. Quiere hablar contigo. Está preocupado por Kushina. El hecho de que continúe siendo un secreto le está perjudicando.
Naruto murmuró algo en griego, y se tapó la cara con las dos manos.
- ¿Entonces por qué no me ha hablado personalmente?
- Le prometió a Kushina que no hablaría contigo del asunto, así como ella les había prometido a sus padres que lo mantendría en secreto.
- Ella se avergüenza de mí.
- No creo. Si no fueras tan terco y tan orgulloso te hubieras enterado de toda la historia por ti mismo – le dijo Hinata temblando.
Naruto la miró con rabia.
- La primera vez que la vi después de enterarme, intenté hablar con ella. Pero ella se puso a llorar y salió corriendo. Estaba histérica y aterrada.
Y debía tener miedo de enfrentarse a Naruto. Porque él se habría sentido absolutamente traicionado por una mentira que había durado más de veinte años. Entonces, en lugar de aparentar estar herido habría aparentado estar enfadado. Y Kushina no habría sabido cómo actuar frente a él.
Con frialdad pasmosa, Naruto emprendió la marcha preguntando antes:
- Entonces, ¿qué más hay que hablar? ¿Sobre nuestro matrimonio? Eso es muy sencillo. Te quedas o te vas. Trata de tomar una decisión ante de que esté de vuelta de París – dijo él con frialdad.
Hinata se quedó en silencio. Lo vio ponerse la chaqueta. Estaba anonadada. Nunca se había sentido tan humillada.
Hubiese sido mejor que brindara con champaña y que bailase para festejarlo, en lugar de reaccionar con tal indiferencia.
Al fin y al cabo Naruto ya no tenía motivos para seguir fingiendo. Y sin embargo las escenas eróticas del día anterior, la pasión que habían compartido, o que ella había creído que habían compartido... Pero Naruto le había dicho un día que le daba miedo el amor. Había crecido sin amor y había aprendido a vivir sin él. Y así se había ido haciendo Naruto, un hombre incapaz de compartir nada, incapaz de sentir para no arriesgar ni un ápice de orgullo.
El papel que Hiahsi le había obligado a representar había llegado a su final.
Hinata sintió escalofríos. Naruto le servía en bandeja la libertad que había peleado semanas atrás, él no iba a esperar para desembarazarse de la hija de Hiashi. Entre lágrimas, pensó que no valía la pena sufrir por un desgraciado como él.
-Ha estado muy bien cariño.
Cuando Hinata levantó los dedos del piano el atractivo americano que se apoyaba en él no disimuló su admiración hacia ella.
¿Conoces una que es así? -silbó una canción un poco desafinada, y volvió a su asiento, después de que ella le respondiera con una sonrisa.
A esa hora el bar solía estar lleno de gente, y algunos le pedían sus canciones preferidas. No le pagaban bien, pero se las arreglaba para vivir, y además en breve tenía un par de entrevistas de trabajo.
Por lo tanto sobrevivía. Llevaba un mes apartada de la vida de Naruto. Había aprendido a estar ocupada todo el tiempo, y así estaba tan cansada que dormía toda la noche sin pensar en nada. Se había apuntado a un curso de informática, miraba los avisos de trabajo del primero al último, y había escrito a varios de los que parecían estar a su alcance. Y todos los días rogaba que fuera un día en el que no pensara en Naruto. Pero lamentablemente el tocar el piano no le servía de mucho en ese sentido.
Por lo tanto cuando Hinata alzó la vista y vio a Naruto a unos pasos de ella, pensó al principio que no era una imagen real, sino una mala pasada de su fantasía. Siguió tocando, pero sus ojos no se apartaron de él.
- Toca para mí – dijo Naruto.
Hinata había dejado de tocar el piano sin siquiera darse cuenta. Su corazón dio un vuelco. ¿Cómo y por qué le había seguido el rastro?
- Por favor... – murmuró; sonaba extraña esa palabra en él.
- ¿Qué quieres que toque? – preguntó Hinata como si se tratase de un cliente cualquiera.
- Cualquier cosa.
- ¿No puedes decir el nombre de algún compositor?
- Chopin.
Tocó algo de Bethoveen, porque sabía que le daría igual. Naruto se quedó al lado del piano todo el tiempo, algo que a Hinata le molestó.
- ¿Qué quieres? – dijo ella, tensa, mientras veía al dueño del establecimiento que los miraba, con recelo por la confianza que se estaba tomando el cliente.
-El camarero me ha dicho que a las nueve tienes un descanso.
- No para compartirlo contigo.
Naruto había dejado un estuche de joyería forrado en piel sobre el piano.
- Es el collar de tu abuela.
- ¡Lo he vendido!
- Te lo estoy devolviendo.
- ¡No lo quiero! ¡Y quiero que te vayas y que me dejes sola!
- ¿Es este caballero un amigo suyo, señorita Hyūga? – el encargado se había acercado a ellos.
- No.
- Si estuviera en su lugar no haría caso a esa mentira – le advirtió Naruto al encargado-. Su pianista es mi esposa.
- ¿Es cierto eso?
Hinata hubiera querido gritar que era una farsa, pero estaba segura de que Naruto iba a seguir su disputa. Por fin asintió con la cabeza.
- Y está a punto de hacer una pausa... – agregó Naruto.
Hinata atravesó el salón hasta la mesa reservada para su uso personal, cerca del bar.
Naruto se sentó frente a ella y la miró inexpresivamente. Había perdido peso, se le notaba en los rasgos sobresalientes de su cara.
- ¿Cómo me has encontrado?
- Con esfuerzo.
- ¿Qué quieres?
- Quería que vieses esto – Naruto sacó un papel del bolsillo, y lo extendió ante ella -. Tienes derecho a ello, ¿no?
Era el certificado. Ella no sabía si reírse o llorar. Un certificado en el que ponía que un tal Naruto Uzumaki había nacido hace treinta años, hijo de Kushina, en una clínica suiza.
-No pone nada del padre. Cuando se lo pregunté a Mito me dijo que era un hombre casado, a quien mi madre no había querido nombrar. También me dijeron que Minato no tenía ni idea de que Kushina tuviese un hijo ilegítimo. Me recordaron también las ventajas que había tenido el que se mantuviera en secreto. La vida que hubiese tenido de no haber permanecido dentro de la familia. También me dijeron que tenía el deber de mantenerme callado y no avergonzar a Kushina con el recuerdo de la relación que nos unía – dijo Naruto con severidad.
- ¡Qué cruel!
- Hasta el día en que Hiashi me mostró esto, yo no tenía la menor idea de que no era hijo de Mito. El engaño me destruyó. En todos esos años nadie me había dicho nada. Quise hablar con Kushina. Quería respuestas a mis preguntas. Tenía derecho a ellas. Pero ella salió corriendo. Y al hacer eso me confirmó lo que Mito me había dicho. Por lo tanto no me acerqué nunca más a ella. Se ponía tan nerviosa...
- Tú la protegiste.
- Por supuesto – dijo él guardando el certificado.
- ¿Has hablado con ella ahora?
- Sí. Y con Minato. Gracias por haberme aconsejado que lo hiciera.
- Pensé que era mejor que no te lo dijera yo.
- Estoy muy contento con Minato. Siempre me hubiese gustado tener un padre que me amenazara si disgustaba a mi madre.
Hinata lo miraba sin decir nada.
- ¡Al fin sé a quién salgo! – le dedicó una sonrisa que llegó al alma de Hinata-. Me gusta. Siempre me ha gustado.
- Me alegro de que se haya resuelto todo – murmuró Hinata. Sentía que él quería dedicarle a ella un final feliz, después de que Hiashi hubiese empezado la historia como una pesadilla.
Se hizo un silencio. Naruto miró el reloj.
- No quiero entretenerte más – dijo ella, preguntándose si él oiría el latido de su corazón.
- He comprado una casa en el campo. He puesto a la venta la casa de Londres.
Parecía un buen principio, aunque no entendía su elección. Ella siempre había deseado vivir en el campo, en cambio él no.
- He pensado que quizás quieras venir a... bueno a verla.
- ¿Por qué?
- Se me ha ocurrido simplemente – contestó él, llevándose la bebida a la boca, que estaba intacta hasta ese momento.
Hubo silencio nuevamente.
- Has encontrado trabajo – dijo él nervioso.
- No pienso estar aquí toda la vida. Estoy empezando. Y saco lo justo para vivir. Si te preocupa eso...
- ¿Por qué iba a preocuparme?
- Quizás te hubiera gustado que no pudiera salir adelante.
- Quizás – él no lo negó.
- ¿Has tenido noticias de mi abogado ya?
Hubo un silencio sepulcral.
- Has tirado todos mis calcetines – dijo Naruto apesadumbrado.
- Era una especie de declaración de principios.
- Sí, me he dado por enterado.
- Fue una tontería – dijo ella dibujando el borde del vaso con el dedo -. ¿Cómo está Sakura? – le preguntó sin poder reprimirlo.
- Feliz... su marido volvió a buscarla el mismo día de la cena. Ella ha prometido trabajar un poco menos, y él ha prometido aprender a cocinar o algo por el estilo.
- ¿Era eso de lo que estabais hablando aquella noche?
- Sobre todo me estaba diciendo cosas sobre mí. Que le había roto el corazón hace cinco años, y que ni siquiera me había dado cuenta. Y que si me hubiera casado con ella y le hubiese hecho lo que te hice a ti, me habría castrado.
Sakura se había vengado de él ahora que ya no le importaba. Volvió el silencio.
- ¿Quieres dormir conmigo esta noche?
Hinata no podía creer lo que le preguntaba. Pero él la miró desafiante, como para que no tuviera la menor duda de sus propósitos.
- No voy a contestar semejante proposición.
- ¿Por qué no?
- ¡Estoy en proceso de divorciarme de ti!
- No ha habido ninguna mujer. Ni siquiera he mirado a otra. No deseo a otra mujer. Te deseo a ti.
- Entonces tienes un problema – dijo ella temblando como una hoja. Y en realidad lo deseaba tanto, que se odiaba.
Naruto le tomó la mano, evitando que ella se alejara de él.
- No debería haberlo preguntado... No era realmente lo que quería decir.
- ¡Pero es exactamente lo que estabas pensando! – exclamó Hinata, quitando la mano apresada por la de él.
Hinata se sintió indignada ante la actitud descarada de él. La deseaba aún, pero aunque se lo pidiera de rodillas no accedería.
Por el rabillo del ojo lo vio levantarse y abandonar el bar. Hinata hubiese querido llorar desconsoladamente, pero había un público que la estaba esperando y un trabajo que realizar.
Eran las cuatro de la madrugada de esa noche cuando se durmió por fin.
A las ocho alguien llamó a la puerta de su casa de manera insistente. Hinata hizo un esfuerzo y se levantó a abrir. Un ramo de rosas rojas fue depositado en sus manos. Era Naruto que aprovechándose de que Hinata estaba medio dormida, había entrado y cerrado la puerta.
- ¿Y qué esperas que haga con esto? – dijo ella consciente del aspecto horrible que tenía, frente a él que parecía sacado de un anuncio de trajes italianos.
- Las pones en agua...
- ¿Qué pasa contigo? – preguntó ella.
Él la miró unos segundos, y luego se apartó en silencio.
- Fueron muy pocas las mujeres con las que me acosté en estos años. Con la mayoría en el primer año, durante el último con ninguna.
¿Qué reacción esperaba él después de semejante información?
Pero no pudo pensar en nada. Simplemente le pegó con el ramo por la espalda varias veces, compulsivamente, hasta que el ramo se le cayó de las manos. Él no hizo amago alguno de defenderse.
Entonces Hinata hundió su cara en sus manos y sufrió un ataque de llanto repentino. Naruto la tomó las manos.
- Por favor, ven a casa.
- ¡No puedo!
- No te preguntaré lo que has estado haciendo durante este mes. Te lo prometo. No volveré a mencionarte a Ōtsutsuki. Puedo hacerlo. Dejaré de ser celoso. Crees que no puedo, pero sí puedo.
Hinata separó sus labios secos en medio del llanto.
- ¿Estabas celoso?
- Me devoraban los celos. ¿Qué crees que soy, una piedra? – dijo con firmeza -. Cuando vi esas fotos me quise morir. No pude soportarlo. Y sabía que si no era capaz de tolerarlo, te perdería. Y te he perdido al final. Pero ya me he sobrepuesto.
- Naruto... -la garganta de Hinata se espesaba.
- Esa noche en Atenas sabía que estabas pensando en él. Y pensé que no podría vivir con ello.
- Estaba pensando en ti. Minato acababa de decirme lo de su parentesco, y me sentía muy culpable porque sabía que tú lo debías saber.
- No sabía que habías estado hablando con Minato. Y cuando me diste esa llave al día siguiente, de la forma en que lo hiciste, supe que la recompensa que esperabas era tu libertad. No podía obligarte a seguir a mi lado. Y menos si estabas enamora de Ōtsutsuki. No tenía sentido. La decisión de quedarte tenía que ser tuya, y realmente no quería estar presente cuando la tomases.
De ese modo Naruto admitía un acto de cobardía que jamás hubiese esperado de él. Ahora de daba cuenta de que la inseguridad la había llevado a malinterpretar sus palabras y sus hechos. Porque la que había estado luchando por escapar de ese matrimonio había sido ella, y él en cambio la había presionado para que siguiera con él. Y en el momento que apareció la llave, era lógico que él pensara que ella tenía que tomar una decisión.
Hinata tragó saliva, le costaba hablar.
- No estoy enamorada de Toneri.
- Esas fotos dicen algo muy diferente – dijo él soltándole las manos y yendo hacia la ventana.
- Las fotos pueden engañar. Ni siquiera lo he visto desde el día que estuvo en la casa. Y ese mismo día se terminó todo. No fue más que una aventura, un pasatiempo, como quieras llamarlo. Estaba muy sola, aburrida y supongo que quería lo que jamás había tenido.
- Lo que podrías haber tenido conmigo si yo no hubiese sido tan orgulloso y tan mezquino como para ofrecértelo – Naruto volvió hacia ella y agregó -. Tú has sido más sincera conmigo de lo que me merezco, pethi mou. Si te he perdido ha sido por mi culpa. Me enamoré de ti la primera vez que te vi. Tú no te equivocaste con mis sentimientos. Fue como si la luz me golpease de pronto. Y cuando me pude recuperar del shock, lo único que quería hacer es salir corriendo.
- ¿Pero...?
- Pero tú debiste atarme los tobillos, porque no fui capaz de irme. Tú eras muy joven. Yo no estaba preparado para el matrimonio. Pero me daba miedo que otro hombre estuviera en condiciones de darte lo que yo no podía. Y si yo me iba de tu lado no iba a haber oportunidad de que estuvieras a mi alrededor cuando yo decidiera volver.
- No puedo creer que esos eran tus sentimientos – dijo Hinata, temerosa de creer lo que él decía, que después de todo, no se hubiera equivocado cuando había creído que la atracción irresistible había sido mutua.
- Mis sentimientos eran esos. Pero no sabía cómo manejarlos, y además creo que estaba resentido por el poder de atracción que ejercías sobre mí. Pero luego, Hiashi cambió todo. De pronto no tuve elección. Nunca, nadie, me había hecho hacer nada que yo no quisiera. Me sentí totalmente impotente. Me sentía como un caballo de raza que tu padre había comprado para ti. Atrapado por una adolescente. ¡Y me juré que no te daría nada que yo no quisiera darte!
Hinata pensó en cómo se habría sentido. Y pensó amargamente en su padre, que les había destruido la posibilidad de ser felices.
- Lo comprendo – dijo Hinata.
- Pasaron dos años de nuestro matrimonio hasta que empecé a desearte nuevamente – Naruto hizo una pausa -. No, no lo demostré. ¡Me hubiese dejado matar antes que acercarme a ti! Mi orgullo no me permitía doblegarme más aún al chantaje de Hiashi. Tú eras una mujer a quien yo jamás tocaría.
- Sí –dijo ella.
- No te tuve en cuenta. Era una lucha entre Hiashi y yo, y tú estabas en medio. Tú eras mi esposa. Yo no podía tocarte. Pero ningún otro podía tampoco. Pero cuando murió Hiahsi yo ya había decidido que seguirías siendo mi esposa, y entonces, al ser una elección propia, nuestro matrimonio sería real. Ya sabes, a mí no se me ocurría que tú pudieras tener otras ideas. Habías aceptado la situación por tanto tiempo... -terminó Naruto con una sombra de desconcierto y vergüenza a la vez.
- Tú pensabas que con tu palabra bastaba... – Hinata pensó que era muy arrogante, pero por lo menos era sincero.
- Yo pensaba que tú me amabas, y que por ello habías seguido a mi lado.
- ¿Pensabas que era la fiel Penélope?
- Fue muy vanidoso de mi parte. Cuando te oí hablar por teléfono con Ōtsutsuki, me quise morir. Querías dejarme, y tuve que tomar medidas extraordinarias para que no te fueras. Realmente no pensaba que ese certificado fuera aún una amenaza para mí.
- ¿No? – Hinata estaba pasmada ante tal afirmación.
- Simplemente lo utilicé para retenerte, y obligarte a que le dieras una oportunidad a nuestro matrimonio. Y no tenía derecho de hacerlo. El orgullo y el resentimiento me había impedido hacerlo en vida de Hiashi. Pero no quería enfrentarme a la posibilidad de perderte.
- No querías que ninguna otra persona te comprara calcetines... – dijo ella sonriendo, mientras se movía por la habitación.
- Hasta ahora había tenido calcetines suficientes para el resto de mi vida.
Hubo un silencio largo, Naruto entonces carraspeó y siguió.
- Cuando dije que envidiaba la fortaleza de Ino en no ceder a las presiones de la familia de Sai Haruno para que dejaran la relación...
- ¿Sai es Haruno?- interrumpió Hinata.
- Es el hermano menor de Sakura. ¿No te has dado cuenta?
Hinata negó con la cabeza.
- Ino no dejó que el orgullo interfiriera entre ella y sus sentimientos. Yo sí.
Hinata se dio cuenta de lo que quería decirle con eso. Y de lo que le costaba decirlo. Era una lucha interior, que se habría ahorrado con él «Quieres dormir conmigo esta noche».
- Puedes escribirlo si te resulta más fácil – dijo ella titubeando, pero con la felicidad aflorando a sus ojos.
- Cuando volví de París y tú ya no estabas, fue como encontrarme en un desierto. Había jugado y había perdido. Tú te habías escapado por fin del campo de concentración. Necesito que vuelvas a casa.
- La has puesto en venta – le dijo con crueldad que acababa de estrenar.
- Da igual que no me ames – la miró con desesperación, las manos entrelazadas fuertemente, subrayando la tensión interior en él -. Yo te amo tanto...
- Yo también te amo, pero no estaba dispuesta a volver hasta que no lo dijeras.
Naruto la abrazó. Era hermoso volver a estar en sus brazos, y durante un rato largo no hubo más que silencio entre ellos, y besos, y un largo abrazo en el que parecían fundidos.
- Te he echado de menos todos los días a todas horas – le juró él -. Pensé que te había perdido.
Después de un rato en que parecían no poder desprenderse, Hinata le preguntó:
- ¿Cómo te sentiste cuando tiré los calcetines?
- Si no hubieses estado enfadada conmigo, no te habrías tomado el trabajo de hacerlo. Eso me dio esperanzas – le confesó él con una sonrisa.
- ¡Has tenido suerte de que no te hiciera pedazos los trajes!
- Eso me hubiera dado más esperanzas todavía, pero creo que debo decirte que no tengo intenciones de aprender a cocinar – murmuró el burlón.
- Tienes otros talentos – le dijo Hinata, acariciándole el vello del pecho.
- ¿Eso crees? – sonrió él.
- Lo sé. ¿Para qué vas a perder el tiempo en la cocina cuando eres tan bueno en la sala de juntas?
- Pequeña bruja –protestó el con ternura, y la volvió a besar.
- Quiero ver esa casa que has comprado – le dijo ella.
- La he comprado para ti.
- ¿De verdad?
- Si, para nuestra familia.
La besó nuevamente.
Fue ese día, pero muy tarde ya, cuando fueron a ver la casa donde empezarían una nueva vida juntos, lejos del pasado, lejos de todo menos del amor que compartían.
FIN
Llegamos al final de otra adaptación, fue una historia corta, espero les haya gustado o entretenido.
Adaptación dedicada a Midory970, gracias por leerme.
Les dejo la información:
Titulo: Un Matrimonio Diferente
Autora: Lynne Graham
Personajes:
Leah Harrington = Hinata Hyuga
Nik Andreakis= Naruto Uzumaki
