El mago

La isla del oeste, un pedazo de roca en medio del gran océano Sur de Luna, fue un descubrimiento relativamente reciente, pero lo asombroso fueron los restos de una antigua civilización de ponis terrestres en la misma. En ese lugar, un grupo de arqueólogos de uno de los museos más grandes se encontraba trabajando allí, bajo el mando de un poni terrestre de gran reputación contratado por el mismo museo, el doctor Arqueo. Aunque sea un arqueólogo reconocido, la verdad es que en el mercado negro tuvo otro nombre, Dr. Caballeron, antiguo enemigo de Daring Do, ya que dejó esa vida atrás desde lo sucedido con Ahuizotl.

Pese a todo, se las había apañado para poder seguir con sus negocios en el mercado negro sin esas aventuras. Aún así, si se era sincero, se había embarcado en esa expedición no por la posibilidad de vender algún artefacto, que también, por eso contrato varios de sus matones de confianza, sino por la genuina emoción de descubrir una nueva civilización. Pese a lo que pensaran los fans de Daring Do, a él siempre le apasionó la historia, que luego vendiera objetos por bits era otra cosa. Fue por eso que tenía esa identidad del doctor Arqueo, para poder ejercer su profesión de arqueólogo de una forma menos peligrosa o sin pensar a cada rato que vender, solo él y los restos de una civilización antigua, como en los viejos tiempos. Justo cuando estaba desenterrando una vasija donde se podía ver una escena cotidiana, un arqueólogo junto a su matón de confianza entraron en la tienda que cubría la zona de lo que debió ser una antigua cabaña.

- Dr. Arqueo, creo que debería ver esto.

Curioso, Caballeron siguió a ambos ponis hasta la punta más alejada de la aldea costera, internándose en los árboles. Unos minutos después, llegaron a una estructura muy distinta a las vistas en la aldea.

- La encontré cuando me interne en los árboles para... mis cosas.

Ignorando la vergüenza del poni, Caballeron se centro en el pequeño edificio. Este no sólo estaba en pie, sino que era totalmente distinto; una planta rectangular en vez de circular, piedra maciza en vez de barro y otras estructuras y, lo más extraño, una puerta de metal entreabierta con la insignia de un rayo. Tras estas, se encontró una habitación pequeña, pero lo que llamó la atención eran los pequeños escalones que se veían en el suelo, que llevaban a algún lugar oculto por la tierra que se había estado acumulando allí por varios siglos.

- Traed el equipo, quiero esto despejado lo más pronto posible- ordenó Caballeron, pensando que le traería más beneficios, vender lo que hubiera dentro o mostrarlo al mundo siendo él su descubridor.


Al caer la noche, las escaleras ya tenían la mitad de la tierra fuera, pero aún faltaba un trecho, y por mucho que no le gustara la idea, Caballeron tenía que dejar descansar a los arqueólogos. Mientras dormía en su tienda, un susurro empezó a colarse en sus sueños, pero no logró distinguir nada. Cuando despertó, los susurros continuaron hablando en las sombras, saliendo al aire frío de la noche. Decidiendo averiguar que pasaba, salió de su tienda y los siguió, llevándolo a la extraña edificación, y cuanto más cerca, más claro eran las voces, y ya en la puerta, pudo distinguirlas.

"Ven, Caballeron, ven a nosotros."

El poni terrestre había tenido suficientes aventuras en el pasado como para saber distinguir una trampa, pero algo le impedía pensar con claridad. Por ello, entro, viendo las escaleras cortadas por la tierra.

"Nosotros te daremos poder, poder para hacer lo que tu quieras."

Una oferta interesante, pero si ese poder estaba al final de la escalera, no veía como... Sus pensamientos se interrumpieron cuando todos los escombros empezaron a volar, obligándole a taparse los ojos. Una vez seguro de que la tormenta había acabado, se asomo a las escaleras, viendo unas puertas al fondo. Bajando poco a poco, se acerco a las grandes compuertas de metal, con extraños símbolos, siete en total, grabados en las mismas, rodeando al mismo rayo del exterior. Brillaron intensamente en rojo unos segundos y se abrió, mostrando una gran sala al otro lado. Cuando Caballeron entró, no noto la puerta cerrarse tras él, pues toda su concentración estaba en las voces.

"Nadie podrá hacerte frente, ni Ahuizotl, ni Daring Do, ni las Princesas. Serás el gobernante absoluto."

Eso era una oferta jugosa, mucho mejor que los bits. ¿Ser el gobernante supremo del mundo y el más poderoso como plus? ¿Dónde hay que firmar? Avanzó a paso rápido, ignorando todo a su alrededor, y llegó a un gran pasillo en cuyo final habían siete tronos y tras estos siete estatuas de horribles criaturas, cuyos ojos brillaban en rojo, y Caballeron supo que eran ellos los que hablaban. En el trono central había un unicornio anciano de pelaje marrón oscuro y crin blanca, con una barba que ya rozaba el suelo, de la altura de Celestia, vestido con una túnica roja y con capucha, bajada en ese momento, y capa blanca. Cerca de el, había un báculo dorado. El unicornio sintió su precencia y alzó la cabeza, mostrando sus ojos dorados, y frunciendo el ceño, levantándose, chocando con fuerza su báculo en el suelo.

- ¿Qué haces aquí? No has sido invocado.

- Si que lo han invocado, nosotros, para ser exactos- dijo una de las estatuas antes de que Caballeron pudiera hablar.

La única prueba de que había hablado eran sus ojos brillantes en rojo. El unicornio se giro para observar las estatuas con ira.

- ¿Cómo osais...?

- Eres viejo, mago. Tú poder ya no es lo suficientemente fuerte como para retenernos aquí sin hacer nada. Hoy saldremos de esta prisión.

Al momento, zarcillos rojos salieron de las bases de las estatuas y se dirigieron al mago, cubriéndolo por completo e impidiendo que pudiera moverse. Pocos segundos después, un mecanismo se activo y, en el suelo frente a los tronos, surgió un pedestal con un orbe blanco ahí, y enseguida captó la atención de Caballeron.

- Coge tú premio, obtén el poder.

- ¡No! ¡Te están usando, no lo toques!

Las súplicas del mago calleron en oídos sordos, y el terrestre pronto alargó el casco. El orbe, al notar la proximidad y la aceptación, salió disparado y se clavo en el ojo izquierdo de Caballeron, salpicando el suelo con un poco de sangre, pero el poni no pareció registrar el dolor. Las estatuas se rompieron en mil pedazos y unas nubes oscuras volaron hasta el ojo brillante donde residía el orbe. Mientras el terrestre disfrutaba de la sensación de poder, el mago se recompuso, libre ya de los zarcillos y se alzó en todo su esplendor, mostrando sus grandes alas y refulgiendo varios rayos.

- Devolveras el Orbe de la Tentación, ¡AHORA!

El grito retumbo en todo el lugar, y Caballeron supo que no era rival para este ser. Antes de poder hacer nada, una nube de humo oscura salió de su ojo y arrastró a su portador hacia la salida. Activando una de las puertas rápidamente, salieron nuevamente a la pequeña isla, fuera del alcance del mago, quien ya era demasiado mayor para poder usar su poder libremente.

Chocando contra las escaleras, Caballeron vio la puerta cerrarse y la nube de humo entrar nuevamente en él. Levantándose con pesadez, sus pensamientos sólo giraron en torno a una sola cosa, ¿ese era el magnífico poder, ser derrotado por un anciano?

- Tienes poder, pero aún no el suficiente- escucho a una voz en su cabeza, y pronto sintió algo.

Del ojo izquierdo, ahora brillando con luz blanca azulada, surgió un zarcillo negro y se dirigió a su frente, empezando a crecer en espiral y creando un cuerno de unicornio perfectamente funcional. Caballeron tocó con cautela el nuevo miembro, asombrándose al notarlo perfectamente y sentir energía mágica canalizándose ahí y lanzar una pequeña chispa.

- Asombroso...

- Debil, de momento. Por suerte, se está acercando el medio perfecto para hacerlo fuerte.

En ese momento, un unicornio de pelaje azul oscuro entró en la sala, viendo preocupado a Caballeron.

- ¿Doctor Arqueo? ¿Está bien?

Caballeron se giro para mirar al poni, quien retrocedió asustado al ver su nuevo ojo y cuerno negro. Con una sonrisa, el antiguo terrestre se acerco, sintiendo su ojo izquierdo brillar con intensidad, paralizando al poni y extrayendo un halo de energía azul del cuerno del mismo, entrando en el orbe blanco. Cuando el poni cayó inconsciente, demasiado débil para permanecer despierto, Caballeron miró más allá de la puerta, a la noche.

- Debes hacerte fuerte...

- Encantado.


El colegio de Ponyville había cambiado una barbaridad en varios años. Para empezar, ahora ya no era tan apartado, pues varios edificios surgieron a su alrededor, y era muchísimo más grande que en el pasado, esto para satisfacer las necesidades de los niños, quienes eran mucho más abundantes ahora que la ciudad era tan grande. Tanto era así, que Cheerilee, antaño la única maestra del pueblo, pasó a ser una más de varios profesores, aparte de la directora del centro. Pese a todo, para desgracia de sus alumnos, la maestra se quedó en las clases de tercero para abajo, así que sus alumnos del año pasado tendrían que cursar quinto sin ella.

Uno de estos era Scootaloo, que ya había cumplido doce años junto a sus amigas, a quien le frustraba tener que acostumbrarse a un nuevo profesor. Mejor dicho, a varios profesores, pues gracias al aumento de presupuesto, Cheerilee pudo contratar a muchos profesores, cada uno especializado en una o dos materias, algo bastante útil. Por lo menos ya no tenía que soportar a Diamond Tiara en clase, pues dejó su actitud de matona hacia mucho gracias a las crusaders. Pero como el universo parecía odiarla, decidió sustituir a la niña rica por los matones de su orfanato, quienes iban en el último curso, sexto.

Una de, en opinión de la pequeña pegaso, desventajas de volverse un colegio grande, era que ahora las plazas para el mismo ya no eran tan limitadas como antaño, por lo que el orfanato pudo enviar a todos sus niños al colegio de Ponyville, librándose de ir a Canterlot, y entre estos estaban esos dos idiotas que disfrutaban de amargar a los demás. Mientras disfrutaba de su desayuno de media mañana en el recreo junto a sus amigas, vio a Starblue al otro lado del patio, comiendo sola. Era una unicornio de pelaje azul celeste y crin azul oscura, de ojos de color castaño, de 8 años y que cursaba en primero. En el orfanato era su compañera de cuarto desde el año pasado (poco antes de descubrir que Rainbow Dash era The Dash), y Scootaloo tenía que admitir que le estaba cogiendo cariño, por lo que le daba pena verla tan sola en el patio.

Antes de que pudiera preguntar a sus amigas si podían incluir a una más en su pequeño grupo, vio a quienes no quería, los matones de su orfanato. Un terrestre de pelaje marrón y crin negra llamado Fight y un pegaso rojo con crin azul eléctrico de nombre Red. Ambos se acercaron a la pequeña Starblue, quien tembló un poco ante su presencia, haciendo que los otros se rieran. Scootaloo pronto se levantó y fue en su dirección, ignorando a sus amigas, escuchando parte de la conversación entre los matones y la pequeña unicornio cuanto más cerca estaba.

- ¿Por qué no nos das esa bolsa de caramelos? Parecen deliciosos- dijo Fight.

- N... no... Lo... Love me dijo que er... eran para mis... nuevos a... amigos...

- ¿Y quién va a querer ser tu amigo?- respondió Red con una risa.

- Dejadla en paz- grito Scootaloo, llegando junto al pequeño grupo con sus amigas detrás.

Los dos potros se giraron y vieron con una sonrisa a la pegaso. Fight se adelanto para estar hocico con hocico, queriendo intimidar a la niña pero obteniendo pobres resultados.

- Pero mira a quien tenemos aquí, al pollo no volador.

- Y mira a quien tenemos aquí, al matón que está a un aviso a Love Heart de no salir en un mes.

Eso dejo cayado a Fight, quien paso su mirada de Scootaloo a Starblue, antes de largarse con su amigo con un bufido molesto. La pegaso se centro luego en su amiga unicornio, dándole una sonrisa.

- Hola Starblue.

- H... hola Scootaloo, gracias.

- No hay de que. ¿Quieres venir con nosotras?

Starblue miró a su amiga y luego a las otras potras que no conocía, quienes la miraron con una pequeña sonrisa amistosa. Empezando a tener la suya propia, la unicornio se levantó agarrando su almuerzo y su bolsa de caramelos, dispuesta a compartirlos con quienes esperaba que fueran sus nuevas amigas.


Más tarde ese día, Scootaloo y Starblue volvían al orfanato juntas en uno de los carruajes escolares que el orfanato había conseguido para ir y llevar a los potros del orfanato a la escuela y viceversa. Pese a no ser uno de esos coches de último modelo, hecho por el cual tenía que ir por un carril exclusivo para carruajes, era bastante grande, suficiente para llevar a 18 niños. Las potras estaban en la segunda fila de asientos, por la zona derecha del carruaje, delante de Fight y Red, que iban en la punta de atrás, aunque por suerte, no les prestaron atención.

Scootaloo observaba por la ventana, dando un vistazo de vez en cuando a su amiga más pequeña, quien leía emocionada un libro que les dio Cheerilee para la clase de lengua. En el fondo, le recordaba a ella, sola, huérfana, y con pocos amigos. Sólo esperaba que hiciera algunos más aparte de las cutie mark crusaders, y no era porque le molestara, sino porque sabía bien que siendo tan pequeña, acabaría por quedarse atrás en unos pocos años más, y no quería eso. Al llegar al orfanato, subieron a su habitación antes de bajar con el resto de los niños al comedor, donde ya habían varios cuidadores sirviendo algunos platos. Sentándose en su lugar de siempre, Scootaloo comió manteniendo una charla amigable con un pegaso también interesado en los scooters y con Starblue, que poco a poco se hacía más amigos en el edificio.

Cuando sus amigas llegaron más tarde ese día, salió inmediatamente con ellas tras decirle a Love Heart a donde iba, al castillo de la amistad para su tiempo con Twilight. Durante el camino, las cutie mark crusaders se ensarsaron en una discusión que a Scootaloo no le entusiasmaba mucho.

- No entiendo porque Rainbow no te adopta de una vez. ¡Se supone que es tu hermana!- dijo Appleblom.

Desde que Scootaloo tuvo su pelea con Rainbow, la pequeña granjera trato de convencer a la pegaso de que hiciera las paces con su hermana, y lo consiguió, pero no como esperaba. La poni de crin roja esperaba que la pegaso azul acabara adoptando a su amiga tras reforzar su vínculo con unas disculpas, pero la cosa no fue así, haciendo que se decepcionara un poco, irritando a Scootaloo con ese tema siempre que podía.

- Appleblom, ya te lo he dicho- dijo Scootaloo con un suspiro.- Rainbow quiere adoptarme, pero no puede. Las clases en la escuela de la amistad han empezado y está muy ocupada también con los Wonderbolts. Además, ¿cómo esperas que suba a su casa?

- ¿Y qué pasa con Twilight?- pregunto Sweetie Belle, haciendo que sus dos amigas la miraran extrañadas.

- ¿Qué pasa con ella?

- Se ha vuelto muy cercana a ti, más que con cualquiera de nosotras.

- Es verdad- dijo Appleblom mirando al cielo pensativa.- Me acuerdo que en nuestro cutieversario del año pasado te regalo a ti exclusivamente. Y en tu cumpleaños ofreció su castillo para celebrarlo.

- ¿No creéis que estáis exagerando un poco?

- Tal vez, pero nunca se sabe. Además, sería muy tierno que Twilight te adoptara- dijo Sweetie con una sonrisa.

- Es una princesa, no creo que tenga tiempo para eso.

- No has dicho que no te gustaría- dijo Appleblom con una sonrisa traviesa.

- Mirad, Twilight es buena conmigo y la quiero, pero tampoco me haré ilusiones, ya las hice con muchos más antes de ella y siempre acababa decepcionada.

Mientras, en el castillo, Twilight estaba centrada en unos papeles en específico con los que llevaba ya una semana. Spike se asomo a la puerta del despacho de la princesa y observo a su madre con una media sonrisa.

- ¿Aún estas con eso?

- Si Spike, aún estoy con esto. Estos procesos no son tan simples como tú crees.

- Conmigo lo fueron- dijo con una risita el dragón adolescente.

- Tu caso fue muy distinto.

- Como tu digas. ¿Por qué no te saltaste algunos puntos? En especial la visita, no me sentí cómodo cuando escanearon mi habitación. ¿Por qué haría falta en tu caso? ¡Eres la princesa de la amistad! ¿Quién mejor para...?

- Precisamente por eso, debo dar ejemplo. ¿Tienes lista la habitación? Con un poco de suerte mañana lo tendré listo.


- Puedes comenzar cuando quieras- dijo Celestia con una sonrisa tranquilizadora.

El poni frente a ella, un terrestre, asintió nerviosamente, y no era para menos. Había sido convocado al castillo desde su casa en Trottingham, una de las ciudades más apartadas de Ecuestria. Y ahí estaba, en el salón del trono, sentado frente a, no solo la princesa Celestia, sino también frente a la princesa Luna, quien, según los rumores, permitió a un demonio del Tártaro vagar por Canterlot por las noches para alimentarse de las almas oscuras. Dando una respiración profunda, comenzó el relato que ya había comentado en su hogar natal, donde se le tacho de loco.

- E... estaba durmiendo en mi habitación c... cuando un portazo me despertó. Al levantarme vi la puerta cerrada, cosa extraña porque nunca la cierro por la noche, pero lo más extraño eran los símbolos.

- ¿Qué símbolos?- preguntó Luna pacientemente.

- No supe distinguirlos bien, alteza, pero se que eran siete, rodeando a un rayo- ambas gobernantes se miraron entre sí por unos instantes, volviendo su atención al poni, que estaba ansioso de que alguien le creyera.- Tanto esas cosas como los bordes de la puerta brillaban, y cuando se abrió, vi una sala muy distinta a mi pasillo. Escuche a una voz llamarme por mi nombre, por lo que me decidí a entrar, y al fondo vi una sala del trono, con siete de estos. En uno de ellos había un unicornio de su altura, alteza- dijo observando a Celestia, quien mantuvo su rostro tranquilo.- Se me acerco, dio un par de vueltas a mi alrededor, y... ¡Luego me dice simplemente que no soy digno! ¿Digno de que? ¡Ni siquiera me explico nada!

- Se que fue una experiencia aterradora y confusa para ti, pero por favor, calmate. ¿Qué paso después?- dijo Celestia con calma y de forma maternal.

- L... lo siento, alteza. Después solo golpeó el suelo con ese bastón y caí en mi habitación, la puerta se cerró y volvió a la normalidad.

- Muy bien, gracias por contárnoslo.

- Ustedes me creen, ¿verdad?

- Lo hacemos, no eres el único que ha sufrido de esto- dijo la princesa Luna.

Con una sonrisa y una última reverencia, el poni se fue del salón del trono, feliz de que las máximas gobernantes de Ecuestria le creyeran. En cuanto a estas, observaron al poni irse mientras sus pensamientos se dirigían a ese extraño mago.

- Estoy preocupada por estas abducciones, hermana- dijo Luna.- Ya ha pasado un año y medio y tenemos la misma información que cuando empezamos.

- Lo se, Luna, lo se. ¿No has descubierto nada en el mundo onírico?

- He buscado en los sueños de toda Ecuestria, y nada. O este poni tiene una mente demasiado rota como para poder entrar o sabe ocultar sus sueños de mi vigilancia.

Celestia asintió, empezando a caminar, seguida de su hermana. Salieron del salón del trono y fueron al pasillo de los vitriales, donde se narraba la historia reciente de Ecuestria. Pasaron por algunos que mostraban a las mane six, uno derrotando al poni de las sombras, otro venciendo a Tirek, pero los más llamativos eran los más nuevos. En uno se mostraba a un poni con aspecto de murciélago envuelto en un tornado de esos seres de la noche, ese no le gustaba a la princesa del sol, pero como su hermana lo nombró su caballero oscuro, tendría que aguantarse, otro retrataba a una yegua con un traje azul, capa roja y una "S" en su pecho flotando sobre tres ponis con trajes negros derrotados a sus cascos, y el más reciente reflejaba la figura de una pegaso con un traje azul y una insignia con un rayo multicolor envuelta en rayos arcoíris, añadida poco después de que Twilight le informara a las princesas lo sucedido con Reverse Dash, revelando la identidad de The Dash con el permiso de esta.

Los artistas del momento y los turistas que visitaban esa sala abierta al público a ciertas horas del día habían llamado a estos "Los vitrales de los Héroes". Pero en ese momento, ninguna de las princesas les presto atención, llendo a los más antiguos, aquellos que fueron creados hacia más de mil años, algunos fabricados en Canterlot, otros traídos del antiguo castillo de las dos hermanas en el bosque Everfree. Pasaron frente a la imagen de "Los Pilares de la Antigua Ecuestria", ignoraron las figuras de cada uno de estos grandes héroes de la antigüedad y se detuvieron frente a la que representaba a su antiguo mentor y líder del grupo ya mencionado, Star Swirl el Barbado.

- ¿Crees qué él sepa algo?- dijo Celestia sin apartar la mirada del vitrial.

- ¿Sinceramente?- contestó Luna observando también el rostro de cristal.- No creo que nos diga nada si lo supiera. Ya sabes como es.

Celestia asintió, conociendo bien a su mentor, pensando en la pregunta que rondaba su cabeza desde hacía un tiempo, "¿qué más se avecina? ".