Palabra de poder
Aprovechando que era un viernes festivo, y no habría clase, y que las crusaders no se reunirán hasta la tarde, Scootaloo se quedó durmiendo durante más tiempo de lo habitual. Eso era otro rasgo en común con su hermana, dormían mucho, al menos hasta antes de que Rainbow obtuviera sus poderes. Starblue había intentado despertarla, pero desistió al poco rato, pues sabía que Love Heart permitía que los niños durmieran más tiempo los fines de semana y los días festivos, siempre que no pasaran de las diez. Por ello, no se despertó con muy buen humor cuando alguien la arrancó de un sueño bastante agradable, no lo recordó bien, pero sabía que fue un buen sueño. A través de las legañas, vio a Love Heart con una gran sonrisa.
- Vamos, Scoots, hay alguien que quiere verte.
Tras esto, la poni terrestre se colocó en la puerta, esperando que la niña se arreglara un poco. Aún tratando de arrancar las garras del sueño de su sistema, Scootaloo se levantó y se frotó sus ojos, quitándose los restos de sueño. Tras peinar un poco su crin con un viejo peine en su mesilla de noche, siguió a Love Heart. En el camino, la pegaso noto varias cosas, primero, no le había negado que fuera para una adopción, una norma que se implantó hace ya varios años para evitar ilusionar mucho a los niños y que no se decepcionaran demasiado, y segundo, estaban llendo al despacho de la poni, cosa que normalmente significaba una sola cosa, problemas.
Por lo que no era de extrañar que Scootaloo estuviera confusa, ¿por qué alguien quería verla en el despacho de Love Heart? Dado a que su cerebro aún estaba dormido, le fue más difícil de lo habitual llegar a la obvia conclusión, y cuando llegaron a su destino, ya era tarde para seguir tratando de averiguar que pasaba. Al abrir la puerta, la niña vio a alguien inesperado allí, la princesa Twilight Sparkle, quien estaba estudiando unos documentos en el escritorio, alzando la vista al escuchar la puerta y ver con una sonrisa a la pegaso naranja.
- Hola, Scootaloo, ¿qué tal?
- Bien- contestó la aludida aún confusa.
- Siéntate, por favor- dijo Love Heart con una sonrisa, haciendo lo propio en su propia silla.
Tras un momento, Scootaloo hizo lo que le pedían y se sento en su sitio, pasando luego su mirada de Twilight a Love Heart.
- ¿Pasa algo?
- Verás, Scootaloo- dijo Love Heart, aún con su sonrisa-, en estos procesos, todo acaba con informar al niño, preguntando su opinión.
- ¿Opinión de qué?
Fue cuando su cerebro despertó del todo y junto las piezas, provocando que Scootaloo abriera sus ojos como platos. Observo a Twilight, teniendo la pregunta clara en su mirada, quien asintió con una sonrisa y le extendió los documentos que había estado leyendo.
"Documentos de adopción".
Era el título que estaba al inicio de todo, y esas palabras hicieron que una pequeña chispa de esperanza, que Scootaloo había tratado de apagar y que nunca consiguió, se convirtiera en un fuego abrasador. Miró a Love Heart, buscando una confirmación más allá de las palabras.
- La princesa solicitó adoptarte hace dos semanas, y no fue hasta la anterior que se inició todo el proceso. Pero como te dije antes, todo depende de ti ahora.
- Yo... yo...- Scootaloo miro a Twilight, quien la miraba con una sonrisa maternal, tratando de tranquilizarla con su mirada, pero la pegaso supo ver miedo detrás de esta.- No... no quiero molestarte, Twilight...
- Por favor, Scootaloo, no me molesta nada. Quiero darte un hogar, si tu quieres, claro- dijo con un tinte de nerviosismo en su voz.
Eso fue suficiente para que Scootaloo abrazara a Twilight, asintiendo con su cabeza, con una gran sonrisa en su rostro. Mientras la alicornio pulia los últimos detalles de la adopción, la niña corrió a su habitación para recoger todo, encontrando al entrar a Starblue, sentada en su propia cama, quien miró a su amiga con tristeza.
- Hola Scootaloo, felicidades- dijo con una débil sonrisa, haciendo que la pegaso diera una pequeña mueca, acercándose para abrazar a la pequeña.
- Oye, nos veremos en la escuela, y podrás venir a las cruzadas conmigo y las otras. No te dejaré de lado, Starblue.
- ¿Lo prometes?
- Lo prometo.
- Y está será tu habitación- dijo Twilight con una sonrisa.
Scootaloo se asomo al gran cuarto, en el que ya se había colocado una cama en el lado derecho de la habitación junto a una ventana, unos armarios cerca de la puerta al lado izquierdo, un escritorio junto a la cama y una estantería junto a este. La niña entró llevando sus alforjas de la escuela, seguida por Twilight, quien llevaba el resto de sus maletas detrás en su aura mágica, observando la estancia con detenimiento, antes de sonreír.
- Me encanta, gracias Twilight.
- De nada- dijo la alicornio con una sonrisa, dejando las maletas en la cama y abriéndolas.- Tienes mi habitación justo al lado, la de Spike enfrente de la tuya y la de Starlight al final del pasillo por si nos necesitas a alguno.
- ¿Por qué la de Starlight está tan lejos?- pregunto Scootaloo extrañada, pues en ese pasillo había visto como diez habitaciones diferentes.
- Ni idea- dijo la alicornio con una pequeña risa.- Siempre dice que este lado del pasillo es nuestro. Pero bueno, es cosa suya.
Scootaloo asintió mientras miraba por la ventana, viendo el jardín de Twilight y una buena porción del centro de Ponyville. Al separarse, fue a ayudar a Twilight a colocar sus cosas, ignorándola cuando dijo que no hacía falta. En poco tiempo, acabaron de colocar las pocas pertenecias de la niña, saliendo poco después para dirigirse al comedor. Allí vio a Starlight y a Spike colocando los platos en la mesa. El dragón observo a la pegaso y dio una gran sonrisa.
- Hola Scoots, ¿te gustó la habitación?
- Si, gracias.
- Ni las des, es un placer. Después de la fiesta de Pinkie estaré encantado de hacer una fiesta de pijamas inaugural para ese cuarto.
- Mientras os acostéis a las 11, perfecto- dijo Twilight mientras se sentaba al lado de Starlight.
- ¿Las 11? ¡No me dará tiempo a enseñarle todos mis cómics!- dijo Spike tomando su propio asiento frente a Twilight.
Mientras madre e hijo se enfrascaban en una negociación para la hora de dormir, Scootaloo observo la silla libre en la gran mesa, al lado de Spike. Eso era lo que tanto tiempo había estado buscando, pero... ¿De verdad la querían en la familia o Twilight solo lo hizo para que la hermana de su mejor amiga no estuviera en un orfanato? Sacándose esos pensamientos de la cabeza, la pequeña pegaso tomó asiento en su sitio. Sea cual fuera el verdadero motivo de la alicornio, tenía lo más parecido a una familia, e iba a disfrutarlo al máximo.
"Feliz adopción"
Era lo que ponía el gran cartel que colgaba en una de las salas del castillo, decorada con todo tipo de globos, mesas a rebosar de comida y una gran tarta en la principal. Ahí estaban tanto las amigas de Twilight como las de Scootaloo, quienes se avalanzaron para dar un gran abrazo a su amiga. Tras unos momentos en los que la pegaso trato de despegarse, rompieron el contacto, dando grandes sonrisas a su amiga, en especial Sweetie Belle.
- Sabía que Twilight quería adoptarte.
- Si, si, no vayas a recordármelo a cada rato ahora- dijo Scootaloo divertida, provocando que su amiga unicornio le enseñara la lengua en respuesta.
Tras esta demostración de cariño mutuo, Rainbow Dash se acerco a su hermana con una gran sonrisa en su rostro.
- Me alegro tanto por ti, Scoots. Vas a ser muy feliz, te lo garantizo.
Al otro lado de la sala, Twilight observaba con una sonrisa a la pequeña pegaso, saltando un poco cuando Rarity apareció a su lado.
- Lo que has hecho es muy bonito. Pensar que esa pobre niña ha estado sin madre tanto tiempo...
- Lo sé, pero no digas eso cerca de ella. Puede que no lo muestre, pero aún se está acostumbrando a esto, me sigue llamando Twilight.
- Es normal, dale tiempo- dijo Rarity con una sonrisa.- ¿Dónde están tus padres? ¿O tu hermano? ¿No les has dicho lo que hiciste?
- Si, pero como te dije, Scootaloo se está acostumbrando aún. En cuanto esté más adaptada a todo, le presentaré a Shiny y a mis padres.
- Bueno, eso deja tu relación con Scootaloo casi resuelta, pero en camino. Solo te queda pedirle salir a Rainbow de una vez.
Twilight sintió su rostro volverse rojo antes de mirar a Rarity, quien sonreía con malicia. Decidiendo que era buen momento para comer algo, se alejo rápidamente de allí. "Ya caerás, ya", pensó la unicornio de marfil divertida.
Scootaloo salía del cine en el centro de Ponyville junto a sus amigas Appleblom, Sweetie Belle y Starblue, a quien la pegaso quiso traer para demostrarle que no la dejaría de lado, y el resto de las crusaders no se negaron. Había pasado un día desde la fiesta, y las chicas querían celebrarlo por su cuenta. Pese a que había invitado a Spike, este alegó que estaría ocupado en la biblioteca, pero que estaría encantado de ir con ellas a casa de Zecora al día siguiente. El motivo de eso era para ayudar a Appleblom con sus clases extras de pociones, dado que había cosas que Twilight no podía enseñar a la pequeña.
- ¿Y cómo es el castillo?- pregunto Starblue con curiosidad, sacando al fin la pregunta que tanto se había estado guardando.
- A veces es solitario, todo es gigantesco. Tengo la intuición de que me perderé más de una vez- dijo Scootaloo con un suspiro.
- Y que lo digas- corroboro Appleblom.- Esa cosa es un laberinto, de no ser por Spike, no hubiéramos encontrado el baño anoche. Tu madre debería poner carteles o algo.
- No es mi madre, es...
- Pero si te adoptó- dijo Sweetie Belle confusa.- Y estoy segura que te quiere como si fueras su propia hija.
- Tal vez...- dijo Scootaloo pensando en su dilema del día anterior, antes de sacudir la cabeza.- De todas formas, aún no me siento cómoda llamándola así.
- ¿Por qué no?- pregunto esta vez Appleblom.
- ¿Tú te sentirías cómoda llamando mamá a alguien a la que hasta hace poco era solo tú maestra de clases particulares?
Eso callo a sus dos amigas, haciendo que Scootaloo respirara tranquila, aliviada de dejar ese tema atrás. Cuando llegaron al pequeño parque en el centro de Ponyville, más que otros de la ciudad, se decidieron a jugar al clásico pilla pilla, siendo la pegaso la elegida para tener que atrapar al resto, pasando así la mañana. Cuando la tarde ya estaba oscureciendo, Scootaloo acompaño a Starblue al orfanato, despidiéndose de Sweetie Belle y Appleblom en el camino. La pequeña unicornio decidió dar una pequeña carrera con la pegaso, empezando a correr por las calles, aunque la potra naranja fue más lento de lo normal sin llegar a lo obvio, dejando que la niña disfrutara de la sensación de victoria. No obstante, tan rápido iba que chocó sin quererlo contra un poni, ya a unos pocos metros de su destino.
- ¡Mira por dónde vas, mocosa!- dijo una voz que ambas reconocieron, Fight.
- P... per... perdón...
- ¿Crees que sólo eso va a remediarlo?
- ¡Déjala!- grito Scootaloo acercándose.
- Mira, ahí viene el pollo no volador a ayudarte. ¿Qué hay?
- Déjala en paz, Fight, o...
- ¿O qué? Ya no vives en el orfanato, por lo que no puedes hacer nada- dijo Red con burla.
Scootaloo se colocó frente a Starblue, protegiéndola.
- Claro que puedo hacer algo. Puedo...
- ¿Llamar a tu mami? ¿O a ese dragón mascota tuyo?- rebatio Red.
- ¡Spike no es una mascota!
- Por supuesto que si- dijo Fight con una sonrisa burlona.- Una mascota mucho más útil que tú y esa unicornio flanco en blanco.
Ese mote saco algo primitivo en Scootaloo, dos años de escuchar esa maldita burla una y otra vez, amargando parte de su infancia. No permitiría lo mismo para Starblue, nunca. Casi sin pensar, le dio un golpe en el hocico de Fight, arrepintiéndose de inmediato, pues se dio cuenta de que ellos eran mucho más fuertes que ella. Cuando el potro se recupero un poco, miró con odio a la pegaso, quien salió corriendo lo más rápido posible. Dando un vistazo a su espalda vio a los dos matones detrás de ella y a Starblue trás estos, pero pronto se detuvo ante la mirada de Scootaloo. Con una maldición, la niña decidió volver al orfanato, rezando para que no le pasara nada a su amiga.
Scootaloo corrió lo mejor que pudo, tratando de dejar atrás a sus perseguidores, cosa difícil cuando uno de ellos era un pegaso que si podía volar. Maldiciendo a sus alas defectuosas, la pequeña pegaso le dio toda sus fuerzas a sus piernas, lamentando no tener a su scooter con ella. Pronto se interno en las calles de Ponyville, alejándose cada vez más del centro y mirando hacia atrás de vez en cuando, viendo a los dos matones aún ahí. Cuando vio la estación de tren, no lo pensó mucho, entrando con rapidez, y dirigiéndose a toda prisa a un vagon abierto que estaba por cerrarse. Justo cuando entró, se giro para ver las puertas cerrarse y a los dos potros chocar contra estas.
Acercándose con una sonrisa, les sacó la lengua a ambos matones, quienes la amenazaron a través del cristal. Cuando el tren se puso en marcha, Scootaloo se sento en uno de los asientos y miró al pequeño panel, respirando tranquila al ver que había cogido uno de los que recorrían la ciudad. Dando un vistazo a su alrededor, vio que estaba completamente sola ahí, cosa que no le molesto mucho. Mientras pensaba en que posible escusa podría idear para librarse de una bronca por parte de Twilight, el tren entró en uno de los túneles construidos bajo tierra para ir a las estaciones construidas allí para ahorrar espacio.
Al poco de entrar, las luces empezaron a parpadear sin detenerse, antes de apagarse por completo y dejando a Scootaloo en la oscuridad, iluminada solo por las luces amarillas de la pequeña pantalla. Cuando la niña las miró, vio una serie de siete símbolos que iban y venían, antes de centrarse en otro símbolo brillante, este en las puertas, que se estaban congelando a paso rápido, un rayo. El tren se detuvo por completo, y las puertas se abrieron lentamente. Sintiendo algo de miedo, Scootaloo avanzó y salió, saltando del susto al escuchar una puerta cerrarse tras ella. Al girarse, en vez de la entrada al tren, vio un marco de piedra sobre la roca, en la que se había dibujado la bandera de Ecuestria.
Cuando se apartó un poco, Scootaloo vio marcos similares con las banderas de otros países, algunos que conocía, otros no. Cuando se giro, se fijo en la sala en la que estaba, siendo una circular con un suelo de piedra y pilares al estilo clásico del antiguo imperio pegaso, deteriorados por el paso del tiempo. Habían unas cuantas antorchas, pero apenas podían iluminar nada. Con una respiración profunda, la niña avanzó hasta las grandes puertas de piedra al final, viendo un pasillo con una gran alfombra roja cubierta de polo y raida en algunos puntos. A la izquierda, vio una escalera que subía a sitios desconocidos, a la derecha, otra que bajaba, pero delante había puertas de madera más pequeñas, abiertas e invitando a la niña a entrar.
Allí, vio una sala con seis estatuas, cubiertas por una gruesa capa de polvo, que representaban a varios alicornios, cuatro yeguas y dos machos, estos últimos algo extraño para Scootaloo, pues que ella supiera, los alicornios macho no existían. Al final, había otras puertas de piedra, que también estaban abiertas, y daban a una sala más estrecha. A ambos lados habían varias columnas, en el mismo estado que las que estaban en la sala de la que vino originalmente, con dos puertas a la mitad del pasillo, y una zona débilmente iluminada al fondo.
Fue ahí que Scootaloo vio algo que la paralizó por un segundo, pero pronto se obligó a caminar. Habían siete tronos en bastante mal estado, con algunas grietas en estos, colocados a doble altura, en una pequeña sala circular, con siete pilares con escombros encima detrás de estos. En el central, estaba lo que paralizó a la pequeña pegaso, un unicornio del tamaño de Celestia, con una túnica roja, llevando un báculo cerca. Observo a la niña y se acerco lentamente, asustándola bastante, bajando los cuatro escalones que llevaban a los tronos y deteniéndose a escasos metros de la pequeña pegaso.
- Scootaloo Sparkle, eso último recientemente, si estoy bien informado- al ver a la niña asentir lentamente, el unicornio sonrió.- Felicidades entonces. Lamentablemente, no tengo mucho tiempo, asi que, si me permites, haré esto rápido.
El unicornio empezó a dar algunas vueltas alrededor de Scootaloo, que se había quedado muy quieta, mientras iluminaba su cuerno débilmente. Tras un momento, negó con la cabeza, decepcionado y desesperado.
- No eres digna.
El unicornio avanzó hacia los tronos, dispuesto a despedir a su última elección y casi última esperanza, antes de que algo que nunca le había ocurrido en el año y medio que llevaba buscando sucesor sucedió.
- ¿Digna de qué?
El mago se giro, mirando a la chica con una ceja alzada, provocando que esta se encogiera ante su mirada, pero respiro aliviada al no ver ira o rabia.
- ¿Qué importa? No tienes un corazón puro. Lamento haberte traído aquí y... ¿Qué es tan gracioso?
El mago vio extrañado a Scootaloo, quien tenía un casco en la boca y trataba de reprimir unas risitas. No obstante, se detuvo de inmediato al ver al mago observándola, decidiendo que no era buena idea reírse de él.
- B... bueno, es que... no existen ponis con corazones puros.
- ¿Puedes explicarte, pequeña?
- Bueno... mira a Fluttershy, elemento de la amabilidad, y aún así no creo que tenga un corazón puro. También comete errores, una vez se volvió muy mezquina para que nadie pasara por encima de ella. No lo volvió a hacer, cierto, pero eso demuestra que no es cien por cien pura. Y por lo que tengo entendido, las princesas Celestia y Luna tampoco se quedan atrás, y Luna se convirtió en Nigthmare Moon, así que...
El mago observo a Scootaloo, quien se encogia ante la mirada de este, sopesando sus palabras. Recordó como su maestro, hace ya más de 3000 años, lo eligió como sucesor porque en su corazón había más luz que oscuridad, no por ser de corazón puro. Eso hizo que empezara a reír a carcajadas, confundiendo a la pequeña pegaso, que giro la cabeza confundida.
- Tanto conocimiento, tantos siglos de edad, y tiene que venir una niña de doce años a recordarme lo que se necesita para ser elegido. Se nota que ya he sobrepasado mi límite- el unicornio negó con la cabeza divertido y observo a la niña, que estaba un poco más cómoda con este mago.- Si me lo permites, me gustaría repetir el proceso, no te haré daño, lo prometo.
Al ver el asentimiento de Scootaloo, el mago iluminó su cuerno, del que salió un halo de luz blanca y se conecto con el corazón de la niña. Vio sufrimiento, abandono, duda, pero también vio, en muchísima más abundancia, amor, bondad, ganas de proteger a sus amigos y familiares. El mago estaba satisfecho, no era de corazón puro, pero estaba claro que tenía más posibilidades de hacer un gran bien que mal, y rezaba para que fuera suficiente contra el ladrón y los pecados. Deteniendo el hechizo, miró con alegría genuina a la niña, quien aún trataba de averiguar que pasaba.
- Felicidades, pequeña, has sido considerada digna de poseer mi poder.
- ¿Qué poder?
- El poder de los antiguos dioses, el poder para proteger a los débiles, el poder de... ¡Shazam!
Con un golpe de su báculo, de este surgieron varias nubes doradas que rodearon a Scootaloo un momento antes de escribir la palabra por encima de los dos, a un lado. La niña miró confundida esta, tratando de procesar lo que le habían dicho.
- ¿El poder de dioses antiguos?
- Así es, el poder de seis dioses en uno. Yo fui su portador, ahora, te toca a ti llevar sus poderes. La S de la sabiduría de Star Silver, la H de la fuerza de Heart Gold, la A de la resistencia de Atlas, la Z del poder de Zeus, la A de la valentía de Armor Fire y la M de la velocidad de Mercurio.
A cada palabra, la letra correspondiente se convertía en el poni del que se hablaba. Un unicornio, dos terrestres, un alicornio, un pegaso y otro alicornio. Al poco rato, las imágenes desaparecieron, y Scootaloo observo al mago con duda en sus ojos.
- ¿Y dices que debo proteger a los débiles?
- Así es, para eso fuiste elegida.
- P... pero soy solo una niña.
- Poco importa, mi antecesor fue un niño de ocho años cuando fue elegido. La edad no es impedimento para portar este poder.
- ¿Seguro que no quieres probar con otro?
El mago lo pensó, bastante, pero llegó a la conclusión lógica, se le acababa el tiempo. Era demasiado mayor, y su vida se estaba acabando, había sobrepasado el límite para todos los campeones de la magia, establecido en 2000 años. Y eso no era todo, los 7 enemigos de la ponidad eran libres, no podía esperar más. Prefiriendo guardar esa información de la niña para que pudiera centrarse en entrenar sus habilidades, contestó a una Scootaloo dudosa.
- Muy seguro, pequeña. Eres la indicada, tú corazón tiene más luz que cualquier otro que ha pasado por aquí. Quien sabe cuanto tardaré en encontrar a alguien igual. Te lo suplico.
Scootaloo no estaba del todo segura, pero no podía negar que sus alas estaban zumbando de la emoción. Además, le gustaba ayudar, por eso poseía su cutie mark, ¿qué clase de poni sería si negaba su ayuda? Dando un suspiro, la pegaso sonrió al mago.
- De acuerdo, le ayudaré.
- Tienes mi agradecimiento eterno pequeña- dijo el mago inclinando la cabeza en señal de respeto, antes de golpear el suelo con el báculo.- Ahora, agarra el báculo y pronuncia la palabra de poder. Cumple tu destino, obtén el poder de los dioses y conviértete en la nueva campeona de la magia. ¡Di Shazam!
- Muy bien...- Scootaloo agarró el báculo y miro al mago.- ¿Shazam?- eso proboco que el mago diera una ligera risa.
- Casi, pero no. Decir la palabra sin más no logrará nada. Debes pronunciarla teniendo en mente a tus seres queridos, aquellos a quienes quieres proteger. Pronunciala con buenas intenciones, así es como se debe hacer.
Scootaloo frunció el ceño y cerró los ojos, haciendo lo que le pedían. Por su mente pasó la imagen de Twilight, ¿quería a Twilight como si fuera su familia? La quería, pero no estaba segura de si podía considerarla así todavía. Decidiendo pasar a otros, pensó en su hermana Rainbow, en sus amigas y en Starblue, y cuando pensó que había logrado ese sentimiento que se le pedía, abrió los ojos.
- ¡Shazam!
