Ezreal entreabrió sus ojos pesadamente y se sintió desorientado. Una hermosa luz resplandecía cerca de él y estiró su mano para tocarla.

— ¿Y esta luz? ¿De dónde proviene?— preguntó somnoliento.

—Años atrás me hiciste la misma pregunta, ya lo olvidaste. Es de mi linterna— le contestó la voz gruesa de un hombre haciéndole constar que no se encontraba solo. Ezreal se sentó de manera abrupta sobre el tatami en el que estaba recostado y se mareó por su repentina acción. Llevó una mano a su rostro para frotarse los ojos, se sentía como si hubiera dormido durante mucho tiempo.

—Hey, tranquilo, estás a salvo. Te he traído a mi hogar, no tienes nada que temer— intentó tranquilizarlo el hombre sentado a su lado y apoyó su mano sobre su hombro para volver a recostarlo.

—Se lo agradezco—dijo Ezreal dejándose ayudar y cubrió sus ojos con el dorso de su mano. La iluminada habitación le causo malestar luego de su repentino despertar.

— Tuve un extraño sueño—confesó—Un espectro me perseguía y me perturbo un po…—Ezreal se había girado a observar a su interlocutor y su aspecto lo había dejado sin palabras. En lo alto de su cabeza tenía un par de cuernos que sobresalían de su cabeza, un par de orejas puntiagudas y un brillo sobrenatural en sus ojos. El chico trago saliva nervioso y giró su rostro para evitar mirarlo. Se puso de pie de un brinco y quiso usar el guantelete para salir de ahí pero en cuanto lo intentó, una fuerza invisible lo repelió y terminó impactado contra una esquina de la habitación rompiendo un par de jarrones a su paso.

— ¡¿Te encuentras bien?! ¡¿Estás herido?!— le preguntó el demonio con voz preocupada y lo ayudo a levantarse al mismo tiempo que revisaba sus heridas.

Ezreal se sintió desorientado por el golpe y antes de preocuparse por los cortes que se había hecho en las manos o por la extraña amabilidad del demonio, revisó su guantelete. La carga de desplazamiento había sido utilizada pero no lo había llevado a ningún lugar. Eso quería decir que donde quiera que estuviera, había algo que interfería con la magia shurimana, una de las más poderosas en toda Runaterra.

El chico observó al hombre–demonio de manera inquisitiva provocando que este se sintiera abochornado por su penetrante mirada.

— ¿Sucede algo?— preguntó el demonio tímidamente.

Ezreal se debatía si aquel hombre de cabello morado, vestido con un hakama y una torera abierta era producto de su imaginación o realmente estaba frente a un verdadero demonio. También pensó en el espectro que vio junto al árbol de los espíritus ¿Acaso eran el mismo ente?

—Solo para verificar…— dijo Ezreal girándose hacia él con resolución y estiró su mano para tocar el pecho del hombre con ambas manos. Lo palmeó varias veces sintiendo bajo sus manos su piel suave y fría, no podía percibir en él la calidez de la vida.

— ¿Esto no puede ser real? ¿Qué clase de alucinación es está? ¿Acaso los demonios no son cálidos o será alguna clase de demonio reptil? Debo anotar esto en mi diario de viaje pero antes…—murmuró el chico absorto en sus pensamientos.

El hombre por su parte lo dejo tocar su cuerpo cuantas veces quiso, por último, Ezreal acercó su oído a su pecho para comprobar si podía escuchar el latido de su corazón pero por más que lo intentó no podía percibir ningún sonido; el rostro del demonio se tiño de rojo a medida que el chico exploraba su cuerpo.

—No sabía que estabas tan ansioso de tocarme, yo deseaba esperar hasta nuestra noche de bodas pero a decir verdad, yo también quiero disfrutar de ese cuerpo tuyo—dicho esto, el demonio estiró su mano y acarició la mejilla del chico.

Ezreal lo miró con ojos bien abiertos y retiró su mano rápidamente de su pecho al mismo tiempo que se alejó de él. Por fin consciente de que estaba invadiendo el espacio personal de un completo desconocido.

—No, creo que te equivocas, no es lo que piensas—balbuceó torpemente el rubio moviendo las manos de manera negativa. —Creo que me golpeé la cabeza con fuerza y estoy alucinando. Es claro que tú eres una alucinación y es por eso me encuentro aquí, seguramente quede inconsciente luego de beber tanto—

—Con que una alucinación…— repitió el demonio y sobó su mentón pensativo.

—Tengo la imaginación suficiente para imaginarte, además, Ezreal solo cree en la historia y los hechos que puede comprobar—explicó el joven con altivez.

—Interesante— dijo el hombre acortando la distancia entre ellos y se inclinó hacia él dado que era mucho más alto.

—Dime, una alucinación podría hacer esto— dijo el demonio y tomó el mentón del chico para besarlo.

Fue un beso corto pero lo suficiente real para que el muchacho confirmara que no estaba soñando. Pudo sentir los labios del demonio sobre los suyos, eran suaves a pesar de que eran fríos; Ezreal quedó pasmado de la impresión

— ¡¿Qué haces?!— gritó el chico saliendo de su estupor y se talló de manera frenética los labios con un marcado sonrojo sobre sus mejillas.

—Besando a mi futura esposa, por supuesto— dijo el demonio encogiéndose de hombros como si fuera lo más evidente. —Además no dijiste que era una alucinación, si lo soy no deberías molestarte— agregó con sorna.

El rubio lo miro con irritación incapaz de idear una buena contestación.

—A ver, déjame te explico— dijo Ezreal después de un momento, tomando aire en un intento por tranquilizarse y junto sus nudillos de ambas manos en una plegaria.—No puedes secuestrar a la gente, besarla sin su permiso y mucho menos decir que la harás tu "esposa" cuando claramente ves que soy un hombre.

—Hicimos una promesa ¿lo olvidaste?— dijo el demonio haciendo caso omiso a sus palabras.

— ¿Promesa? ¿Qué promesa?— preguntó Ezreal extrañado.

—La promesa por el pétalo espiritual que me obsequiaste ¿No lo recuerdas?— dijo el demonio mostrándole un pétalo de flor rosácea entre las yemas de sus dedos y luego la acercó a sus labios al mismo tiempo que le guiño un ojo de manera coqueta. —Tú me lo diste y por eso, es especial. La he atesorado durante todo este tiempo—

—Yo no recuerdo haberte dado nada. De hecho, ni siquiera sé quién eres—dijo el chico cruzándose de brazos.

—Claro que me conoces, soy Thresh, espíritu de la ambición—dijo el hombre con rostro solemne— ¿De verdad, no me recuerdas? Me escogiste a mí en lugar de a esa vulpina—

— ¿Vulpina?—preguntó Ezreal bajando una ceja.

—Una que desea arrebatarnos a nuestros hijos—refirió Thresh.

—No digas "nuestros hijos"— pidió Ezreal cansado.

—Pero cuando te cases conmigo serán nuestros hijos, durante TODA la eternidad— Y Thresh hizo énfasis en la palabra "toda".

—Ok, estoy tratando de procesar lo que me dices y de verdad que estoy poniendo de mi parte. Solo que no entiendo por qué me secuestraste y porque te quieres casar conmigo…—Ezreal al pronunciar lo último lo hizo con un hilo de voz.

—No te secuestré, te vi cerca del árbol y supe que habías regresado como me dijiste que lo harías para que cumpliera tu deseo—le explicó Thresh. —Antes estaba demasiado débil y tú eras muy joven pero gracias a tu amor y al de nuestros hijos pude recuperar mi verdadera forma. Si ya te gustaba antes, ahora definitivamente te enamoraras de mí—dijo señalándose así mismo con su pulgar y evocó una confiada sonrisa.

Ezreal no podía negar que Thresh era bastante atractivo aun siendo un espíritu, tenía cierto encanto natural que no le desagradaba del todo pero tan solo considerarlo agradable le hizo sentir como un joven inexperto y fácil impresionable en las cuestiones del amor. Intento apartar esos pensamientos de su mente concentrándose en el recuerdo de la bella demaciana de la que estaba enamorado.

—Bueno, como sea no puedo ser tu esposa. Esto es un secuestro y definitivamente no seré la madre de tus hijos—declaró Ezreal alzando su dedo índice en alto.

Thresh lo observó pensativo como si cavilara sus opciones y luego su rostro se iluminó como si hubiera recordado algo.

—Ven conmigo, te mostraré algo— dijo Thresh tomando la mano de Ezreal y lo guio afuera de la habitación.

A Ezreal le llamó la atención que hace unos instantes había intentado huir y un muro invisible se lo había impedido pero cuando paso junto con el espíritu ese límite dejo de existir. Thresh pareció adivinar sus pensamientos y se detuvo para hablarle.

—Te he traído con tu cuerpo físico aunque no debí haberlo hecho, solo los espíritus pueden estar en este plano. En este inmueble nada entra o sale sin mi permiso, estos son mis límites del plano espiritual; hogar de nuestra familia—le explicó.

— ¡¿Estoy en el mundo espiritual?! ¡¿Eso quiere decir que morí?!— preguntó el rubio afligido soltándose de él.

—Escucha bien—dijo cansado Thresh. —Te traje con tu cuerpo físico, no estás muerto… aún—agregó.

— ¿Planeas matarme?—preguntó Ezreal preocupado.

—No lo entiendes, mi magia es especialmente fuerte esta noche por eso pude traerte con tu cuerpo físico pero cuando salga el amanecer, si decides que no quieres quedarte, tendré que devolverte, solo podrías quedarte conmigo si renuncias a tu vida mortal…—

Thresh volvió acercarse a Ezreal y lo envolvió con cariño entre sus brazos.

—Yo en verdad quisiera que te quedaras conmigo porque te he amado desde esa noche en que nos conocimos—le susurró a su oído haciendo que el chico temblara entre sus manos. Nunca nadie se la había confesado y recibir su primera confesión de un atractivo espíritu lo hizo sentir nervioso.

—Yo lo lamento— fue lo primero que atinó a decir el rubio. —Dices que nos conocemos pero no logró recordar de dónde.

Thresh se separó de él y le dedicó una tierna sonrisa.

—Eso no es problema, creo tener una solución para ello— dijo confiado y volvió a tomar la mano del chico entre la suya. Ambos caminaron por un largo pasillo hasta llegar a un hermoso jardín con un estanque al centro. Flores lilas y plateadas brotaban por todo el jardín y a Ezreal le sorprendió que cada una de ellas emitía un pequeño halo de luz multicolor.

—Nunca vi flores así, parecen cristales— dijo el chico hincándose frente a ellas y tocó una su dedo índice. En cuanto lo hizo, sintió como si su mente fuera arrastrada en contra de su voluntad. Escuchó el estruendo de una batalla y se vio transportada a una villa consumida por el fuego. Soldados noxianos corrían persiguiendo a los pocos aldeanos que podían escapar de esa marea de fuego y fue cuando observó que debajo de los restos de una carreta, una mujer se refugiaba con su pequeña hija entre sus brazos.

—No tengas miedo Kara, papá llegará pronto. Debes ser valiente— le susurraba la mujer a su pequeña hija para tranquilizarla.

—Mamá… tengo miedo. La abuela quedo atrapada en el fuego... ¿Dónde está papi?—gimoteaba la pequeña.

Un soldado que caminaba por ahí las escuchó y al encontrarlas alzó su espada contra ellas..

— ¡Mami!—gritó la niña al ver a su madre forcejear con el soldado.

— ¡Corre Kara! ¡Corre mi amor!— escuchó a la mujer gritar cuando una fuerza invisible apartó a Ezreal y la visión se hizo borrosa.

Cuando se recuperó en el rostro de Ezreal corrían lágrimas, Thresh al notarlo recogió una de ellas entre sus dedos.

— ¿Qué son estás flores, Thresh?— preguntó el chico serio aunque ya podía darse una idea.

—Son lo que piensas que son. Todos ellos son mis hijos y yo cuido de ellos, están atrapados en el dolor de sus vidas mortales y yo les doy alivio con la luz de mi lámpara. —Dijo Thresh alzando su lámpara en lo alto y como si las luces de las flores respondieran a su llamado entraron dentro de ella. —Yo soy la luz en su camino. En este jardín les doy paz hasta que se sienten listos para volver—

— ¿Volver a dónde?—

—A tu mundo—

En otras circunstancias se hubiera sentido maravillado por tal descubrimiento pero al ver a la mujer sacrificarse por su hija le hizo pensar en sus padres, por eso había ido a beber esa tarde, durante todo el festival, no pudo dejar de pensar en ellos. Las palabras de su tío seguían molestándole, al afirmar que posiblemente después de tantos años sin tener noticias de ellos, era tiempo para que él aceptara de una vez que habían muerto y no regresarían nunca más. Y no era el hecho de saber que estuvieran muertos lo que lo ponía mal sino ni siquiera saber dónde ni en qué circunstancias lo hicieron. No había un lugar donde él pudiera llevar flores e incienso para venerar su recuerdo, por eso dentro de su chaqueta siempre llevaba una foto de ellos, con la esperanza de que alguien le diera noticias sobre su paradero.

— ¿Alguien?—pensó Ezreal y miró a Thresh con una idea rondando su mente. Se acercó a él y casi tuvo que pararse de puntas para tomarlo de la solapa de su torera.

— ¿Puedes decirme si alguien murió?—preguntó Ezreal con desesperación.

—Ammm no sé si lo has notado pero todos aquí están muertos—dijo Thresh sin entender a lo que se refería.

— ¡Eso ya lo sé!— gritó el rubio jalándolo con fuerza—Escucha, si te muestro una foto puedes decirme si has visto esas almas¡¿Puedes hacerlo?!—

—Puedo, conozco cada alma que ha estado en mi jardín— contestó Thresh y el rostro de Ezreal se iluminó con una amplia sonrisa hasta que el espíritu habló nuevamente.

—Pero qué obtengo yo a cambio por mi ayuda. No tienes otro pétalo en tu poder ni tampoco quieres ser mi esposa, pareciera que él único que sale ganando eres tú. —La sonrisa en el rostro de Ezreal desapareció y molesto, soltó a Thresh.

—Dijiste que me amabas—se quejó Ezreal cruzándose de brazos y Thresh sonrió maliciosamente.

—Claro que te amo, no me retracto de mis palabras. Si fueras mi esposa por supuesto que no dudaría en hacer lo que me pides. Te daría el mundo si estuviera en mi poder pero dado que tú no me recuerdas ni deseas ser mi cónyuge me parece un trato poco ventajoso para mí—explicó el espíritu con elocuencia.

—Bien, acepto. —soltó Ezreal.

— ¿Qué dijiste? ¿No te escuche bien?— Thresh aconchó su mano cerca de su oído fingiendo que no lo había escuchado.

— ¡Maldita sea! ¡Acepto! ¡Seré tu esposa!—gritó el rubio.

— ¡¿De verdad?! ¡¿No me mientes?!— preguntó Thresh sorprendido por el cambio de actitud del chico y no pudo evitar ocultar la felicidad que sentía.

—Si me dices lo que quiero saber y aceptas mis condiciones, me convertiré… en tu esposa—dijo Ezreal y lo último, lo pronunció entre dientes. En su cabeza ya estaba ideando un plan para timar al espíritu, una vez que le dijera lo que quería saber de él huiría y volvería al plano terrenal de alguna forma.

—Aceptó ahora para sellar esta promesa dame un beso— dijo Thresh señalándose así mismo.

— ¡¿Qué?!— gritó Ezreal sorprendido por su atrevimiento.

—Demuéstrame que puedo confiar en ti y yo haré lo mismo por ti— le dijo el espíritu con una confiada sonrisa.

Ezreal no sabía qué hacer. Nunca en su corta vida había besado a alguien por voluntad propia y ahora el espíritu que le había robado su primer beso, le exigía otro. Tragó saliva nervioso y apretó sus puños con fuerza. Si lo pensaba bien, sus padres valían ese sacrificio y más, así que estiró sus brazos de manera insegura hacia el espíritu y tomó entre sus manos las frías mejillas de Thresh quien lo observó divertido haciendo sentir a Ezreal irritado con su actitud socarrona.

—Maldición, acércate, eres demasiado alto—se quejó el rubio.

— ¿Y por qué no te paras de puntas? Creo que sería algo tierno que lo hicieras— le sugirió el espíritu sin soltarse de sus manos.

Ezreal le lanzó una mirada fulminante pero le obedeció. Se paró de puntas, cerró sus ojos y estiro sus labios hacia él. Apenas y alcanzó a rozar los labios de Thresh cuando éste lo envolvió rápidamente entre sus brazos y lo inclinó hacia atrás.

—Hey, espera ¿Qué haces?—preguntó Ezreal abriendo los ojos por su repentino movimiento.

—Voy a enseñarle a mi esposa como debe besarme— dijo el espíritu antes de besarlo de manera apasionada.

Thresh junto sus labios a los suyos y se tomó el atrevimiento de introducir su lengua a la boca del joven. Ezreal apenas y podía pensar, sorprendido por la intomisión cuando el espíritu empezó a envolver su lengua con la suya en un suave jugueteó haciendo que sus respiraciones se agitaran. El chico intentó apartarse de él pero la posición en que lo mantenía lo imposibilitaba de hacer cualquier movimiento; estaba completamente a su merced y pronto se vio sofocado ante el progresivo placer que iba sintiendo. Nunca había imaginado que los besos podían ser así de profundos ni tan intensos, su corazón se agitó en su pecho cuando Thresh se separó de él y un vaho tibio se escapó de su boca. Sintió sus piernas sin fuerza y un hormigueó invadió su pecho. Nunca se había sentido de esa forma y Thresh parecía complacido con su expresión; Ezreal se preguntó qué tipo de expresión tendría en su rostro para que el espíritu lo mirara así.

— Estos y más placeres planeó darte cuando nos casemos— le dijo muy cerca de su rostro y volvió a enderezarlo.

Ezreal se abrazó así mismo como si tuviera frío y evitó mirarlo a los ojos. Comenzaba a sentirse extraño frente a Thresh y eso le molestó, se preguntó si él estaba usando alguna clase de magia contra él. Aun así se tranquilizó y trato de mantenerse sereno, no podía permitirse quedar vulnerable ante él.

—Ya hice lo que querías, ahora puedes decirme si viste a las personas que buscó— dijo Ezreal con voz seria y rehuyó su mirada.

—Lo haré— dijo Thresh caminando hacia el estanque y Ezreal lo siguió mientras sacó la fotografía de sus padres del bolsillo de su saco.

—Mientras tú tratas de recordarme aquí— señaló Thresh el estanque— Yo buscaré las almas que buscas — dijo tomando la foto de las manos de Ezreal.

— ¿Cómo se supone que voy a recordarte aquí?— preguntó Ezreal sin entender la lógica de su plan.

—Este estanque permite a las almas ver su pasado; debes desnudarte y entrar en él. Una vez que estés dentro, te llevará hacia el momento y lugar que quieres recordar. Debes pensar en mí y me veras en tu pasado, recordarás la promesa y entonces, te convertiré en mi esposa— dijo Thresh acariciando la superifcie de su cabeza y pasando los dedos entre sus cabellos. — Entenderás entonces porque te amo tanto y significas todo para mí.

Ezreal escuchó cada una de sus palabras y sus ojos volvieron a conectarse con los del espíritu. Había un brillo hermoso y cautivador en ellos, nuevamente sintió esa presión en su pecho y recordó el beso que hace poco se habían dado. La sangre subió a sus mejillas y bajó su mirada; algo extraño le estaba sucediendo.

—No mires mientras me desvisto. Mantente lejos, solo eso te pido— atinó a decir.

—Si eso quiere mi prometida, eso haré— dijo Thresh alejándose de él. Procura no tardarte demasiado, si pasas demasiado tiempo viendo tus recuerdos con tu cuerpo físico puede ser doloroso. — le advirtió Thresh y se marchó de ahí.

Ezreal lo siguió con la mirada y cuando estuvo seguro de que se había ido, se deshizo de su ropa y la dobló cerca de la orilla. Se sorprendió que a pesar de estar completamente desnudo no sentía frío y cuando metió su pie al estanque se dio cuenta que el agua estaba tibia. Se sumergió con gusto en ella y dejo que el agua lo relajara. Quizás en otras circunstancias, hasta le hubiera parecido agradable pero ahora tenía que concentrarse en lo que Thresh le había pedido.

Apoyo su espalda en la orilla y se sintió somnoliento, meneo su cabeza en un intento por mantenerse despierto pero el sueño lo había arrastrado hasta una noche lluviosa en Jonia…