¡Shazam!

- ¡Shazam!

Un rayo de luz arcana cayó del techo, creado prácticamente de la nada, y choco con el pequeño cuerpo de Scootaloo, generando una nube de polvo blanco bastante grande. El mago se apartó un poco, observando todo el panorama. Un casco chocó contra el suelo, disipando el humo, mostrando una nueva figura, donde antes había una simple potra pegaso, ahora había una alicornio, apenas un poco más grande que el poni común. Poseía cuatro botas doradas en sus cascos, en los delanteros se veían tres franjas rectángulares, a cada cual más grande, que refulgian con un brillo amarillo, un traje rojo que cubría todo su cuerpo, una capa blanca con capucha, bajada en ese momento, unida al cuello con una cadena dorada, y en su pecho la insignia de un rayo que parecía contener un rayo real en su interior, moviéndose como si tuviera vida propia. La alicornio se llevó un casco a la frente, retirándolo rápidamente, asombrada por sentir un cuerno ahí donde antes no había nada. Giro su cabeza y vio sus alas, mucho más grandes y poderosas que las que había tenido toda su vida. Miró al mago, quien se había retirado a su trono y miraba con una débil sonrisa a Scootaloo.

- ¿Q... qué ha pasado?- dijo Scootaloo, sorprendiéndose por lo diferente que era su voz.

- Has recibido el poder de los antiguos dioses, he cumplido mi destino, ahora tú deberás cumplir el tuyo. Puedes volver aquí cuando estés lista, campeona de la magia.

Antes de que Scootaloo pudiera decir nada, dio un golpe con su báculo, haciendo que una luz envolviera a la pegaso convertida en alicornio y la lanzara hacia atrás, volviendo rápidamente a la sala de las puertas y saliendo de ese lugar. Dejando su báculo en su soporte, el mago se apoyo en su trono, respirando pesadamente.

- Por fin podré descansar.

- ¿De verdad tenías que expulsarla así?- dijo una voz susurrante.

- Ya sabes que la Roca de la Eternidad debe acomodarse al nuevo campeón, y para ello, tenía que sacarla de aquí. Además, una niña no tendría que ver perecer a nadie.

Cuando dijo estas palabras, sonrió, al tiempo que su piel se agrietaba y, poco a poco, se convertía en polvo. A la vez que esto sucedía, una séptima estatua era creada en la sala anterior al salón del trono.


Scootaloo cayó en el suelo del vagón, levantando la cabeza a tiempo para ver las puertas del tren cerrarse y volver a la normalidad, mostrando el paisaje negro del túnel. Levantándose con dificultad, se acerco a las ventanas, viéndose en su reflejo. Pese a ser ella, no podía reconocerse bien, más allá del pelaje, su crin y sus ojos. Habría observado su cutie mark, pero el traje se la ocultaba, así que prefirió desistir. "¿Qué acaba de pasar?". Podría pensar que fue un sueño, pero algo le decía que no lo era.

Aprovechando su soledad, y que faltaba aún un tiempo para llegar a la siguiente parada, estudio su cuerno. Era bastante más grande que el cuerno de un unicornio común pero tampoco llegaba a ser como el de las princesas Celestia o Luna. Sus alas no se quedaban atrás, un poco más grandes que la media, pero muchísimo más poderosas, al menos eso parecían. Dio unos cuantos aleteos, creando grandes corrientes de aire y elevándose un poco, tambaleándose al sentirse arrancada repentinamente del suelo, cayendo poco después.

Se levantó un poco mareada, y cuando la confusión la abandono, el hecho de que al fin había levantado vuelo se registró en su mente, haciendo que en su rostro surgiera una gran sonrisa. No obstante, la situación en la que estaba volvió a ella, ¿cómo diablos iba a volver así al castillo de Twilight? ¿Sería una alicornio adulta el resto de sus días? Sus pensamientos se interrumpieron al sentir al tren detenerse, a la vez que la voz del conductor inundaba todo el vehículo.

- Avenida de los Elementos.

Scootaloo abrió sus ojos como platos, estaba demasiado lejos del castillo, y aún tenía su problema con su aspecto. Colocándose su capucha, que ocultaba su rostro, pero no su cuerno, se decidió a salir, asegurándose de que sus alas estuvieran bien escondidas bajo la capa. No estaba segura de como reaccionarian los ponis frente a un unicornio tan alto y con el cuerno tan largo, así que no podía imaginar lo que harían ante una alicornio desconocida. Cuando las puertas se abrieron, salió a la estación y se dirigió sin pausa a las escaleras que la llevarían al exterior, ignorando a los ponis que la miraban extrañados.

En la calle tampoco fue mejor, no sólo estaba llena de ponis, sino que se dio cuenta, con horror, de que ya hacía rato que había caído la noche. "Twilight va a matarme", pensó con amargura. Mientras caminaba, pensaba en cómo diablos podría volver a su aspecto original, pues por mucho que pudiera disfrutar ser una adulta, le resultaría difícil vivir normalmente. Entonces, una idea empezó a surgir en su mente, "si para convertirme en una alicornio, tuve que decir Shazam, para volver a ser una niña, se hará por el mismo método". Se detuvo en cuanto esa idea se implantó ahí, ¿de dónde había venido eso? Estaba casi segura de que eso no había venido de ella. Y entonces recordó, la sabiduría de Star Silver. Decidiendo que ya resolvería más tarde esa nueva habilidad, busco algún callejón discreto donde hacer el cambio, pero pronto algo se lo impidió. Una serie de disparos que sonaron en la calle contigua a la que estaba, asustando a varios ponis.

Una parte de ella decía que no se metiera en esos asuntos, no valía la pena, pero otra más grande hizo que descartara esa opción, si le habían dado esas habilidades para ayudar, lo haría. Dándose la vuelta, se dirigió sin pausa al lugar del que habían salido los disparos. Al llegar vio a varios ponis huyendo de un banco, y al entrar, vio a un grupo de tres terrestres y dos unicornios apuntando con armas a todos los que estaban tras los mostradores y a los ponis agachados a un lado. Cerca de la entrada, habían cuatro guardias heridos de bala, cosa que hizo que Scootaloo se replanteara hacer algo, pero se instó a avanzar igualmente.

- ¡Dadnos el dinero, ahora!- dijo un unicornio.

- Bajad las armas, ¡ya!

El grito asustó a todos, quienes se dieron la vuelta y observaron asombrados a la gran unicornio frente a ellos. Scootaloo se sintió un poco intimidada, pero se mantuvo firme.

- ¿O qué?- dijo uno de los terrestres.

Eso dejó blanca a Scootaloo, ¿qué iba a decir? Después de dar una risa, el terrestre alzó la pistola y disparo, a lo que la niña en el cuerpo de una adulta cerró los ojos con fuerza. Pero al no sentir nada, abrió un ojo, viendo a los ladrones mirándola asombrados, antes de empezar a disparar nuevamente. La chica volvió a cerrar sus ojos, pero los abrió en cuanto no sintió dolor, notando las balas rebotar inofensivamente en su cuerpo. Con una ligera sonrisa, avanzó a una velocidad lumínica para dar un golpe a uno de los que disparaban, pero pronto se arrepintió. El poni salió disparado hacia atrás, golpeando con fuerza la pared y cayendo al suelo tras uno de los mostradores.

Asustada, Scootaloo salto la mesa, ignorando a los recepcionistas que huían, y fue al poni caído, dando un suspiro de alivio cuando vio que aún respiraba. Girándose, vio al resto de matones, aún apuntándola con las pistolas. De un salto, creando un pequeño cráter en donde antes había estado, cayó con fuerza, agrietado nuevamente el suelo, en medio de la sala.

- Vale... Como podéis ver, no controlo mi fuerza, así que... ¿Por qué no os rendíis pacíficamente antes de que ocurra algo de lo que nos arrepintamos todos?

Scootaloo rezaba internamente que le hicieran caso, pues no quería arriesgarse a hacerles nada. Al ver que estaban recargando, dio un suspiro, pensando que podría hacer. Viendo su reflejo en el suelo pulido y agrietado, noto la respuesta, su cuerno. Con una sonrisa, observo una de las pistolas y recordó todas las veces que vio a unicornios hacer levitación, no tenía que ser tan difícil. Ignorando la vocecilla interior que le decía que para Sweetie si fue difícil, apuntó con su cuerno al arma y se concentró, no logrando nada. Frustrada, cerró sus ojos y forzó a su cuerno a generar magia, imaginando la pistola salir volando de los cascos del poni. No se percató de como el ladrón al que apuntaba la miraba horrorizado, ni como sus alas se desplegaron, saliendo de su escondite bajo la capa, mostrándose como una alicornio a punto de atacar.

En un momento dado, consiguió generar magia, en forma de un rayo mágico altamente destructivo que salió del cuerno hacia su objetivo, que logró agacharse a tiempo. Scootaloo, jadeando con fuerza, alzó la mirada, abriendo sus ojos con horror ante lo que vio. El poni temblaba en el suelo y un agujero bastante grande se veía detrás de él. Por fortuna, no se veía que hubiera dañado a nadie del otro lado. La yegua retrocedió asustada de su propio poder. "Vale, definitivamente, NADA de magia". Sus pensamientos se interrumpieron con el sonido de un silbido acercándose rápidamente, para pocos segundos después, aparecer The Dash en la escena del crimen, quien miró extrañada la escena, antes de toparse con la nueva alicornio, que la observo con alivio y miedo a partes iguales.

- Bueno, como ha llegado alguien experimentado, yo me voy- dijo rápidamente, queriendo salir de allí.

The Dash, en cambio, no estaba de acuerdo, por lo que, tras atar a todos los ladrones y asegurarse de que los guardias estuvieran bien, fue tras la alicornio, sorprendiéndose al ver lo rápida que era, pero a la vez inexperta, pues tropezó con muchísima facilidad contra un carruaje. Aprovechando esto, The Dash se colocó justo frente a la yegua, impidiendo el paso.

- Quieta ahí. No creas que dejaré ir a una poni que ha hecho un ajugero enorme en una pared y casi se carga a dos ponis.

- Oye, fue por accidente, lo juro- Scootaloo retrocedió un poco asustada.

Sabía que Rainbow no le haría nada si no le daba motivos para ello, pero lo que temía era que la descubriera. ¿Cómo iba a explicarlo?

- ¿Cómo que por accidente? ¿Cómo se golpea a alguien con tal fuerza y se lanza un rayo mortal por accidente?

- Yo... yo...

Mientras Scootaloo trataba de pensar que decir o una forma de salir de allí, recordó que ahora podía volar. Actuando rápido, extendió sus alas y batió con fuerza, alzándose al cielo. Pronto se dio cuenta de dos errores en su plan, primero, aún no tenía ni idea de maniobrar bien en el aire, y segundo, Rainbow era muchísimo más rápida que ella. Hecho que se demostró en cuanto la alcanzó en el cielo, pero pronto se topo con la alicornio cayendo al suelo y batiendo desesperadamente sus alas, tratando de mantener el vuelo e ir en una dirección en concreto a la vez. "¿De dónde ha salido esta tía?", pensó antes de seguirla de cerca, sin acercarse mucho pero sin alejarse, esperando a que retomara el rumbo o aterrizara para llevarla al castillo.

Por su parte, Scootaloo estaba asustada y avergonzada a partes iguales, pensando desesperadamente en salir de allí lo antes posible. "Cualquier lugar es mejor que estar aquí". Nada más pensar eso, un portal rodeado por siete símbolos se abrió justo debajo suya, cayendo a través de el y cerrándose antes de que The Dash pudiera hacer nada. Justo cuando estuvo a punto de comunicarse con Twilight, esta llamó a su comunicador.

- ¡Rainbow!

- ¿Qué pasa Twi?

- ¡Scootaloo aún no está en casa!


Un estanque de aguas cristalinas brillo intensamente justo antes de que una alicornio de pelaje naranja, crin morada y traje rojo apareciera disparada, chocando contra el techo y cayendo a lo que se había convertido nuevamente en una piscina normal. Scootaloo salió a la superficie, tosiendo un poco antes de salir del agua, sacudiéndose el pelaje y mirando a su alrededor. Estaba en una sala circular cuyo centro era el estanque artificial, rodeada de varias columnas y con una cúpula sobre esta, cúpula que tenía una pequeña grieta por haber chocado con la misma. Viendo una puerta abierta al fondo, salió por allí, llegando a la sala donde había sido transformada, a través de la puerta derecha del pasillo. Decidiendo que tuvo suficiente, salió de allí y se dirigió al lugar por el que entró por primera vez ese día.

Pasando por la sala de las estatuas, se detuvo un momento para mirar extrañada una séptima y nueva estatua, pero volvió a sus preocupaciones rápidamente. En la sala de las puertas, observo con detenimiento todos los marcos, en especial la que tenía la bandera de Ecuestria.

- Vale, ¿cómo vuelvo?

- Solo imagina el lugar al que quieras ir, si hay puerta, podrás entrar- dijo una voz susurrante, asustando a Scootaloo.

Se giro con las alas extendidas, tratando de descubrir el origen de la voz, pero no hallando nada. Decidiendo hacerle caso, se acerco a la puerta de Ecuestria, levantando el casco y tocando la fría piedra. Pronto, a su mente llegó la imagen de la casa club de las cutie mark crusaders, haciendo que el marco brillara en los símbolos que ella ya vio, creando una copia exacta de la puerta del lugar seleccionado y abriéndose, mostrando la acogedora casa del árbol que ella conocía bien. Antes de entrar, recordó su aspecto, por lo que retrocedió un poco, cerró los ojos y respiro hondo.

- ¡Shazam!

Como la primera vez, un rayo la golpeó, pero en esta ocasión, volvió a su aspecto habitual. Ya más tranquila, atravesó la puerta, cerrándola tras ella y observando los símbolos desaparecer. Cuando la abrió, vio el típico paisaje de manzanos a la luz de la luna, respirando con tranquilidad. Pero pronto, eso desapareció al recordar que se suponía que debía estar en el castillo de Twilight desde hacía ya 3 horas. Echando a correr, fue en dirección a la ciudad, agradeciendo que la granja Apple conectara de forma directa con el centro de Ponyville. No obstante, no le hizo mucha falta, pues escucho un silbido familiar antes de ver una figura envuelta en rayos arcoíris detenerse justo frente a ella, haciendo que cayera de la impresión. Si conocía bien a su hermana, estaba muy enfadada, algo reconocible incluso a través de las gafas.

- ¿Se puede saber dónde estabas? ¡Twilight te ha estado buscando desde hace dos horas!

- E... esto... y... yo me... me quede dormida en la casa club.

- Fui allí antes, y no estabas. Repito, ¿dónde estabas?

- Y... yo... ¿El bosque Everfree?

Rainbow miró detenidamente a su hermana, y está sintió que las piernas le temblaban. La pegaso mayor le indicó con la cabeza que subiera a su espalda, y Scootaloo sabía bien lo que venía después. Por una vez, maldijo la velocidad de Dash, pues llegó muy pronto al castillo para su gusto. Bajando del lomo, espero en la puerta junto a la pegaso azul, sintiéndose como un condenado a muerte. La puerta se abrió a los pocos segundos de ser tocada, mostrando a una Twilight muy preocupada, quien se lanzó a abrazar a Scootaloo, tremendamente aliviada y provocando culpa en la niña. Pero cuando se separó, su alivio pasó a enfado, indicando con furia que entrara en el vestíbulo junto a Rainbow, antes de cerrar la puerta con tal fuerza, que el golpe se escucho en todo el castillo.

- ¡¿Dónde estabas?!

- Dijo que fue al bosque Everfree- contestó Rainbow con simpleza.

- ¡¿Tú sola?! ¡¿Se puede saber en qué estabas pensando?!

Ahora Scootaloo sabía que su mentira no había sido la mejor de todas. Si no tuviera una cutie mark, habría podido decir que fue para conseguir su cutie mark de exploradora o cualquier otra cosa. Ahora, sin embargo, ¿qué iba a decir? Decidiéndose por lo primero que pensó, quiso tratar de salir de esa situación rápidamente.

- I... ir al... ¿castillo de las hermanas? Escuche que era bastante impresionante, pero decidí volver cuando no encontré el camino y...

Se detuvo al ver el rostro de Twilight, muchísimo más severo que cuando ella y sus amigas se aprovecharon de conocerla para hacerse populares en el colegio. Pese a que no estaba segura de considerarla su madre o no, pudo hacerse a la idea que esa era una de esas miradas de madre a las que Sweetie Belle tanto tenía miedo. Ahora entendía la advertencia de Spike, "puede que Twilight sea muy amable y cariñosa, pero por lo que más quieras, no la hagas enfadar". La alicornio respiro hondo varias veces, e incluso la escucho contar hasta a diez en voz baja, antes de mirar a Scootaloo, aún enfadada, pero no tanto como hace unos segundos.

- Esta bien, espero que sepas que eso fue algo tremendamente estúpido- al ver asentir a Scootaloo, Twilight siguió hablando.- Ve a tu habitación, Spike te llevará.

Scootaloo asintió débilmente y siguió al dragón, que había estado observando desde una esquina todo el tiempo y esperaba pacientemente para guiar a la pegaso, que aún no se había acostumbrado al castillo. No obstante, se detuvo al escuchar a Twilight hablar.

- Y mañana no irás con Appleblom a la casa de Zecora. Te quedarás en tu habitación todo el día.

Pese a que no le gustaba, Scootaloo decidió no objetar nada, pues sabía bien que no debería haber llegado a esa hora. Twilight observo a la niña y a Spike, suspirando cuando ambos desaparecieron de la vista. A su lado, Rainbow, que se había quitado el casco, también observo la esquina por la que ambos habían desaparecido.

- ¿La crees?

- No, pero no puedo obligarla a que me diga la verdad. Solo espero que acuda a mi cuando me necesite.

- Eso espero... Pasando a otra cosa, creo que deberías saber con que me he encontrado hoy.

- ¿Un nuevo meta-poni?

- Una alicornio.


Twilight y Scootaloo caminaban tranquilamente hacia el colegio, ya que no estaba tan lejos como para ir en un carruaje, pero estaba lo bastante lejos como para que se le permitiera ir sola fuera algo inaceptable. Después de un domingo bastante tenso y unas disculpas sinceras de la niña, ambas intentaban volver a la relación que tenían antes del accidente del sábado, pero Scootaloo sabía que aún había cierta tensión entre ellas. Definitivamente, una de las desventajas de vivir con una poni amante de los estudios era que te levantaría mucho más temprano de lo habitual para prepararte bien. No obstante, Scootaloo prefirió no decir nada, ya había creado suficientes problemas cuando volvió tan tarde el sábado, no quería seguir decepcionando o enfadando a la alicornio. Cuando llegaron al colegio, Scootaloo vio a sus amigas junto a la entrada, con Starblue cerca.

- Bueno, gracias por traerme, Twilight- dijo mirando a la aludida para despedirse.

- No hay de que- contesto la alicornio con una sonrisa.- Starlight vendrá después para buscarte después de la escuela. Diviértete.

Con un asentimiento de cabeza, salió corriendo para encontrarse con las crusaders, y si las conocía bien, tenían varias preguntas.

- ¿Se puede saber por qué te castigo Twilight ayer?- dijo Appleblom con una ceja alzada.

- Si, tuvimos que ir solas con Applejack- agregó Sweetie Belle.

- Llegue tarde el sábado, como... unas tres horas tarde, más o menos.

- ¿Por qué?- dijeron unicornio y terrestre a la vez.

- ¿No sería por mi culpa, verdad?- dijo Starblue con un hilo de voz.- Lo último que quiero es meterte en problemas.

- Hey, no fue tu culpa, esos idiotas no tenían ningún derecho a llamarte así.

Viendo la clara confusión de Appleblom y Sweetie Belle, Scootaloo les comento lo sucedido, decidiendo omitir su extraña experiencia mística relacionada con magia y alicornios.

- Esos idiotas- dijo Appleblom entre dientes.- Se tenía muy merecido ese golpe. Pero no entiendo porque Twilight te castigaría por eso.

- Bueno... a Twilight le dije que fui al bosque Everfree.

- ¿Por qué?- comentó Sweetie confusa.- Te habría castigado por llegar tarde, pero al menos habría hablado con la matrona del orfanato.

- Creo que sólo empeoraría la...

- ¿Olvidaste lo aprendido con Babs?- dijo Appleblom con una sonrisa.- Además, conociéndote, Twilight no te habrá creído nada. ¿Prefieres que piense que estuviste haciendo algo peor?

Eso puso a pensar a Scootaloo, que no había visto la situación desde ese punto. Maldiciendo que sus amigas siempre tuvieran la razón, entró en el colegio cuando sonó la campana.