La Roca de la Eternidad

Tanto Celestia como Luna se encontraban en la sala del cutie map, con este desactivado, junto a Twilight y Rainbow Dash. Habían sido llamadas allí ese día a petición de la joven princesa para discutir un tema que esta consideraba muy importante. Pese a que era día escolar, tanto Twilight como la pegaso azul consideraron esto lo suficientemente importante como para saltarse un día de clases. Sentada en su trono, la alicornio lavanda dio un suspiro antes de observar a ambas princesas.

- Celestia, Luna, el sábado a las once y media de la noche, Rainbow fue a un banco cercano a la avenida de los elementos, donde se encontró con algo que esperaba pudierais aclararme vosotras- las hermanas reales se miraron entre sí dudosas, antes de volver a prestar su atención a Twilight.- Rainbow se topo de frente con una alicornio.

- ¿Una alicornio?- dijo Celestia confusa.- Eso no es posible, ni yo ni mi hermana hemos ascendido a nadie.

- Y tanto a Cadence como a ti aún les falta mucho para poder llegar al nivel de poder otorgar una ascensión- comento Luna.

- Pues ya me diréis como es posible- dijo Rainbow, recibiendo la atención de las tres princesas, en especial de Twilight, quien le advirtió con la mirada que midiera sus palabras.- Quiero decir, yo la vi claramente, un poco más baja que usted, princesa Luna, alas y cuerno, cuerno que provocó un boquete en la pared, por cierto.

- ¿Cómo?- preguntó Celestia curiosa.

- Como lo digo, alteza. Primero golpeó a un poni con tal fuerza que lo lanzó por toda la sala y le dejó inconsciente, y luego lanzó un rayo mortal del cuerno. Aunque en su defensa, creo que ni siquiera sabía controlarse.

- ¿Qué quieres decir?- dijo Luna intrigada.

- Verás, Luna- intervino Twilight-, Rainbow me comentó que cuando salieron a la calle, parecía muy nerviosa y genuinamente culpable por lo que hizo. Y cuando empezó a volar, no parecía saber como mantener vuelo o dirigir un rumbo. Era como si acabara de recibir sus alas, exactamente como yo cuando obtuve las mías.

- Bajo esa lógica- dijo Celestia pensativa-, debería ser una terrestre que fue ascendida, eso explicaría porque no supo usar bien la magia. ¿Dónde está esta alicornio?

- Eso me gustaría saber a mi- comentó Rainbow.- Desapareció tras un portal con algunos símbolos.

Eso despertó aún más el interés de las dos princesas reales, que se miraron ansionas.

- ¿Qué símbolos?- dijo Luna con cuidado.

- No los vi bien, pero eran como unos siete o así.

- Celestia, ¿sabes algo?- pregunto Twilight.

- Tal vez. Desde hace ya año y medio, tanto yo como mi hermana hemos estado recibiendo noticias sobre ponis que fueron secuestrados por un... mago. Y cada vez que sucedía, esos símbolos que tú has visto, Rainbow, siempre aparecían.

- Desconocemos quién es este mago- continuo Luna-, pero si de algo estamos seguras ahora, es que lo más seguro es que fue él quien habría ascendido a esta alicornio. No sabemos como o porque, pero debemos averiguarlo. Si la volvéis a encontrar, tratad de que se quede, necesitará ayuda.

- Lo haremos, Luna, créeme.

- ¿Mamá?- dijo una voz desde la puerta.

Al girarse, Twilight vio a Spike en el marco, mirando a su madre y dando un saludo a las princesas y a Rainbow.

- ¿Ocurre algo?

- Scootaloo ya llegó, y quería saber si vas a comer con nosotros o no.

- ¿Ya es el mediodía?- pregunto Twilight incrédula.

Por su parte, ambas hermanas reales se miraron divertidas.

- ¿Por casualidad Scootaloo no será esa niña de la que tanto nos has hablado?- pregunto Celestia con una sonrisa maternal.

- Así es, el viernes pude adoptarla por fin- dijo la princesa con una gran sonrisa.

- ¿Sería mucho pedir conocerla?- pregunto con curiosidad Luna.

Twilight se lo pensó un poco, pues la niña aún no se había acostumbrado del todo a vivir allí ni a que ella era su tutora legal. No obstante, sabía que Scootaloo ya conocía a Luna por visitarla en sus sueños, así que tras mucho deliberar, acepto, invitando a las princesas a comer, que aceptaron encantadas. Rainbow declinó la oferta, alegando trabajo en los Wonderbolts y una clase que tendría que preparar para compensar la de hoy, optando por despedirse y volar a gran velocidad para saludar a su hermana antes de irse. Cuando llegaron al comedor, vieron a la pequeña pegaso poner la mesa junto a Starlight, quedándose paralizada al ver a las dos princesas supremas de Ecuestria, inclinándose rápidamente.

- No hace falta que te inclines, pequeña- comento Luna con una sonrisa amigable.- Es un placer conocerte cara a cara, en vez de a través de un sueño.

- Lo mismo digo yo- intervino Celestia con su típica sonrisa maternal.- Has crecido bastante desde aquella lejana boda en Canterlot.

- E... es un placer verlas, altezas...

- Por favor, puedes llamarnos solo Celestia y Luna, pero si te sientes más cómoda, ve por princesas solamente.

- De acuerdo al... ¡princesas!

Tanto Twilight como las princesas rieron por la timidez de Scootaloo, quien tuvo su rostro rojo por un buen tiempo. Pese a lo que podría haber pensado, la verdad es que la comida con las princesas no fue tan mala.


Scootaloo vagaba por el castillo, buscando una habitación en específico. Sabía lo que quería hacer, pero antes de ello, primero tenía que hablar con Twilight sobre cierto asunto. Tras mucho buscar, al final consiguió encontrar el despacho de la alicornio, quien estaba estudiando unos papeles sobre su escritorio. Entrando lentamente, la pequeña pegaso llamó la atención de la princesa, quien la miró con una sonrisa.

- Hola Scoots, ¿pasa algo?

- Hola Twilight, yo... perdón por molestar pero... tenía que decirte algo importante y...

Con una ceja alzada, Twilight dejo los papeles y salió del escritorio, sentándose frente a Scootaloo y animándola a seguir con una sonrisa amistosa. Tras una larga respiración, empezó de una vez.

- Yo... el sábado no llegué tarde por ir al Everfree- si Twilight se sorprendió, lo oculto bastante bien. Pese a la falta de reacción, Scootaloo continuo.- Después de jugar en el parque con Sweetie Belle y Appleblom, decidí llevar por mi cuenta a Starblue al orfanato, para que no fuera sola y esas cosas. Total, que al final nos encontramos con dos potros, también del orfanato, que les gusta meterse con otros. Uno le dijo flanco en blanco a Starblue y yo... tal vez...

- Le pegaste- dijo Twilight, y no era una pregunta. Pese a todo, no parecía enfadada.

- Si... Se que no debí hacerlo, pero odio ese mote. De todas formas, empezaron a perseguirme para darme una paliza, o al menos eso pensé, no quise averiguarlo. Escapando, llegué a entrar en la estación y luego en uno de los trenes- Twilight levantó una ceja pero no mostró más signos de sorpresa.- Cuando salí, ya estaba muy lejos, casi me pierdo buscando el camino de regreso. Vi la granja de Appleblom a lo lejos y fui allí, y ya fue cuando me encontró Rainbow Dash.

Scootaloo espero pacientemente cualquier reacción de Twilight, pero lo que no espero fue un abrazo. Tardo un poco, pero acabo por aceptarlo, separándose poco después, viendo a la alicornio sonreir.

- Gracias por decirme la verdad. La próxima vez, empieza por ahí, ¿de acuerdo? Estoy aquí para ayudarte- Scootaloo asintió con una pequeña sonrisa.- Bien, ahora, ¿cómo se llaman esos niños?

- Red y Fight, fue a él al que golpee.

- Vale, voy a ir al orfanato para hablar con Love Heart, tu puedes salir a jugar o quedarte en casa- Scootaloo asintió mientras seguía a Twilight hasta la entrada. Una vez ahí, la alicornio se giro para mirar a la niña- Cuando vuelva, tú y yo tendremos una seria charla sobre golpear a los ponis.

Scootaloo no pudo evitar tragar saliva asustada al escuchar esas palabras, no queriendo volver a ver a una Twilight enfadada o decepcionada. Tras despedirse de la alicornio, fue a la cocina, sabiendo el camino de la entrada a esta, para ver a Spike haciéndose un pastel de gemas.

- Spike, voy a salir a dar un paseo.

- De acuerdo Scoots, no salgas del centro- dijo el pequeño dragón por encima del hombro, recibiendo un asentimiento de la pegaso.

Al volver a la entrada, se aseguró de que no hubiera nadie más, abrió y cerró la puerta lo suficientemente fuerte como para escucharse, y fue a su habitación, conociendo ya el camino. Una vez allí, se encerró en la misma y observo la puerta, tratando de averiguar como ir a ese lugar nuevamente. Con un suspiro, cerró sus ojos y colocó su casco derecho en la madera, visualizando la sala de las puertas. Cuando sintió la puerta calentarse un poco, se apartó, viendo los siete símbolos rodeando un rayo. Al abrirla, observo la sala que esperaba, y tras entrar, asintio satisfecha al ver la puerta desaparecer.

Al centrarse en su entorno nuevamente, noto algo diferente a su última visita, las antorchas parecían iluminar mucho mejor la estancia, todo parecía más luminoso. Tanto el suelo como las columnas parecían como nuevos, sin signos del paso del tiempo. En el pequeño pasillo, también hubo cambios, pues la alfombra ahora lucia radiante, digna de estar en las mansiones más lujosas. La sala de las estatuas también tuvo modificaciones, pues todas estaban libres de polvo, pero ella se fijo en la séptima, aquella que no había visto bien. Dado que ya tenía más tiempo, observo la misma, sorprendiéndose al ver que era el mismo unicornio que le dio esos poderes, solo que la estatua lo representaba como un alicornio. En una pequeña placa se leía "Mamaragan el mago", a lo que Scootaloo se quedó observando detenidamente.

- No puede ser...

- Si, el bueno de el mago ha muerto. Es lo que tiene vivir por 3345 años- dijo la misma voz que Scootaloo escucho el sábado.

Cuando giro la cabeza hacia la fuente, la entrada al salón del trono, vio a un pequeño fuego fatuo azul flotando en el aire, que desapareció por la puerta tan pronto como noto que lo observaban.

- ¡Oye! ¡Espera!

Scootaloo salió corriendo tras el pequeño fugitivo, entrando al pasillo que llevaba a los siete tronos, completamente arreglados. Viendo al pequeño fuego fatuo entrar en la puerta de la izquierda, enfrente de la que daba al estanque del que salió, siguió sus pasos. Al entrar y pasar un pequeño pasillo, traspaso unas puertas de madera entreabiertas, deteniéndose boquiabierta al ver donde se encontraba. Era una biblioteca, si, pero era una que bien podría salir de los sueños de Twilight. Pese a que el piso en el que se encontraba era tan alto como la del castillo, lo compensaba con ser mucho más grande en espacio, por no mencionar otro pequeño detalle. Había varias escaleras que llevaban al segundo, tercero, cuarto, quinto y sabe Celestia cuántos pisos más.

Scootaloo avanzó hasta el balcón a un lado de la sala, distribuida alrededor de un cuadrado gigantesco rodeado por barandillas de madera. Daba igual si miraba hacia arriba o hacia abajo, no podía encontrar un final. Todos los niveles poseían balcones distribuidos de la misma manera, creando un túnel cuadrángular que recorría toda la estructura. Estaba segura de que uno no podría explorar toda esa biblioteca en una sola vida.

- ¿Cuántos pisos tiene esta cosa?- se preguntó en voz alta, incapaz de contenerse.

- Unos 2344, 1172 para cada torre- dijo la misma voz.

Cuando Scootaloo giro hacia la fuente, vio al fuego fatuo flotando ligeramente en el centro de este lado del nivel, empezando a convertirse en una figura más reconocible. Era un dragón un poco más alto que Spike, sin alas, con un cuerpo más serpentino y alargado, de piel azul, con la panza y las espinas de color blanco y ojos celestes. Miraba con una pequeña sonrisa a la asombrada niña, quien se acerco un poco.

- ¿Quién eres tú?

- Pyro a su servicio, campeona de la magia- dijo dando una reverencia, aún flotando en el aire.

- ¿Campeona de la magia?

-Así es, la mortal más poderosa del planeta y protectora de la Roca de la Eternidad.

- ¿Perdón?

Con un chasquido de dedos, un humo azul formó en el aire una imagen un poco surrealista para Scootaloo. Se trataban de dos torres, una blanca y otra negra, pero lo surrealista era que está última era un reflejo de la primera, estando una encima de la otra. Alrededor de la unión de estos "reflejos", había lo que parecía ser una isla, diferente en cada lado. En la superior estaba llena de árboles y vida, mientras que la inferior estaba cubierta de rocas afiladas y una tierra llerma y muerta. Ambas versiones estaban rodeadas por lo que parecía un gran océano, pacífico en el superior y envuelto en una tormenta eterna en el inferior.

- Hela aquí- dijo Pyro con una sonrisa.- La Roca de la Eternidad, en el limbo entre el cielo y el infierno, de hecho, fue construida con fragmentos de estos.

- Me estas tomando el pelo- dijo Scootaloo aún incrédula.

- No, lo digo totalmente en serio. Esta torre- dijo señalando la blanca-, fue hecha con un fragmento del paraíso, y esta- su garra bajo hasta la torre negra-, con uno del infierno. Ambas partes conviviendo en armonía perpetua desde, casi, el inicio del universo. Aquí, toda la magia del universo fluye y puede funcionar perfectamente.

- ¿De verdad?- Scootaloo ahora estaba interesada. Puede que esto fuera muy extraño, pero al menos estaba recibiendo respuestas.

- Si, ¿de dónde crees que vino Discord?- eso sorprendió sobremanera a Scootaloo, provocando una risa en Pyro.- Él nació en la vorágine de caos puro que fue la creación de este lugar sagrado, antes de que ambas partes se complementaran y se quedaran en armonía. De todas formas, si la Roca fuera destruida o cayera en las garras equivocadas, el universo entero tendría problemas.

- ¿Y quieren que yo la protega?- dijo Scootaloo asustada.

- Si, pero no ahora. Las amenazas que podrían poner en peligro a la Roca de la Eternidad o están encerradas, desterradas o quedan varios siglos para que lleguen a ser una amenaza real- eso calmo visiblemente a Scootaloo, echo que Pyro aprovecho para preguntar algo que le rondaba la cabeza.- ¿Puedo saber qué necesita de la Roca?

- Bueno... quería ver si conseguía algunas respuestas, y como lo he hecho, también me gustaría ver si puedo aprender a usar mis poderes. Cuando los use, casi mato a dos ponis por accidente, y en cuanto a volar... no sé mucho.

- ¿No sabe volar? Tengo entendido que los potros pegaso aprendían a volar desde los 4 años.

- Yo...- Scootaloo frunció el ceño.- No quiero hablar de eso.

Pese a que Rainbow Dash le había estado dando clases de vuelo, no habían conseguido que se despegara del suelo. Al final, unos seis meses antes, su hermana decidió llevarla a un médico de los Wonderbolts. Allí descubrió, para su desgracia, que sus alas habían nacido con un defecto mágico que se daba en uno de cada cien niños pegaso, que provocaba que las alas no pudieran generar la magia necesaria para ayudar a los pegasos a alzar el vuelo, pues sólo con sus alas no podían hacer nada. Fue por eso que quería aprovechar ahora con esa transformación, sino podía volar como una pegaso, lo haría como una alicornio. Pyro, sabiendo por donde podría ir el asunto, habiendo experimentado lo mismo una vez hacia muchos milenios, decidió dejarlo estar.

- Pues empecemos cuando quieras. ¿Qué quieres probar primero?

- ¿De verdad podrías?

- He pasado por muchos campeones que, como tú, no sabían o usar magia, o volar o las dos cosas. Eso si, de magia solo podré enseñarte lo más básico de lo básico, levitación, algunos escudos de baja potencia y canalizar un rayo de energía mágica de poca potencia. En cuanto a tus otras habilidades, si podré enseñarte bastante, y gracias a esa sabiduría de Star Silver aprenderás rápido. ¿Qué, empezamos?


Scootaloo, en su forma de alicornio, se asomo por uno de los muchos balcones de la torre blanca, observando los lejanos árboles. Como se mostró en la imagen que convocó Pyro, la Roca de la Eternidad se encontraba en una isla perfectamente circular, repleta de vida animal y siendo un pequeño paraíso, rodeado por un océano que, según el dragón, era infinito. Había pasado una semana y Scootaloo iba casi todos los días, quedándose dos horas ahí para poder aprender lo más posible. Ya podía usar la levitación perfectamente, crear un escudo personal de nivel bajo, pero suficiente por el momento, aunque sólo podría usarse contra ataques mágicos de gran nivel, pues su resistencia de Atlas la hacía casi invulnerable, controlaba su fuerza y velocidad mejoradas y podía generar electricidad, aún no había alcanzado todo su potencial en ese aspecto, pero cerca estaba.

Los últimos dos días había estado practicando su vuelo, resultando un poco más fácil debido a lo que recordaba de cuando aún entrenaba con Rainbow, antes de descubrir su discapacidad. Cuando ya pudo mantener un rumbo estable, Pyro considero que ya era hora de practicar al aire libre, por lo que la guio a uno de los balcones.

- El ejercicio es simple- dijo el dragón sentado en la barandilla.- Salta y vuela.

- No se si pasar de practicar en una sala cerrada a el aire libre cuando apenas y he logrado mantener un rumbo sea muy buena idea.

- ¿Dónde está tu valentía de Armor Fire?

- Suprimida por la sabiduría de Star Silver.

- Lección número 45, la sabiduría a veces puede cegar lo obvio. Estas lista, créeme. Recuerda que no siempre encontraras las respuestas con la sabiduría.

Scootaloo asintió mientras colocaba sus cascos delanteros en la barandilla, sintiendo su capa ondear detrás de ella. Justo cuando iba a tirarse, noto el ceño fruncido de Pyro, quien miraba hacia el interior de la Roca de la Eternidad.

- ¿Pasa algo?- pregunto Scootaloo.

- No te enfades, campeona, pero siempre tengo un ojo espiritual en sus amigos y familiares, por si un día necesitan de su ayuda. Creí que sería algo que le gustaría.

- Bueno... si, pero espiar a...

- Lo digo porque gracias a eso veo a dos de sus amigas en peligro.

- Espera, ¿qué?

Con un chasquido de dedos, se formó una ventana mística junto a ellos, mostrando a Appleblom y a Sweetie Belle detrás de Zecora. Rodeándolas habían cinco ponis armados, listos para atrapar a las dos potras y a la cebra. Scootaloo observo preocupada la escena y, con una mirada determinada, fue a entrar en el templo.

- ¿A dónde va, campeona?- dijo Pyro disipando la ventana.

- ¿A ti que te parece? A salvar a mis amigas.

- Tardará más en encontrar las puertas que en saltar y crear un portal en el aire.

Scootaloo se detuvo y observo al dragón, que sonreía ligeramente, para luego recordar el día que apareció por el estanque. Determinada, salto por el balcón y se lanzó en picado, invocando al portal y deseando llegar a tiempo.


- Gracias por dejarnos ir contigo Zecora- dijo Appleblom a la cebra mientras se internaban en el bosque Everfree.

Estaban allí para buscar algunos ingredientes más para ayudar a Zecora en algunas de sus pociones. La cebra miró con una sonrisa a las niñas, pues Sweetie Belle también había ido.

- No hay que agradecer, pues vuestra presencia es un placer- Zecora miro nuevamente al frente pero siguió hablando.- Pero algo me ha estado preocupando, pues a vuestra amiga por aquí no he visto caminando.

- Aa, si, Scootaloo, últimamente no sale mucho- dijo Appleblom con el ceño fruncido.

- No se que nos oculta, se supone que somos amigas- dijo Sweetie Belle frustrada.

- Tú preocupación es muy cierto, pero a veces es difícil revelar un secreto.

- ¿Qué?- dijo la pequeña unicornio confusa por la forma tan característica de hablar de Zecora.

- Dice que puede que lo que oculte Scootaloo le sea difícil decírselo a alguien más, ¿verdad?- Appleblom miró a Zecora, queriendo saber si había acertado en su interpretación, recibiendo un asentimiento.

Durante un rato caminaron hasta llegar a un campo cubierto con muchos tipos de flores, donde Zecora se detuvo y fue indicando a las niñas que plantas necesitaba. Varios minutos después, una rama crujio entre los árboles, haciendo que la cebra girara la cabeza, viendo a un unicornio salir de entre la espesura del bosque con un arma en su agarre mágico. La yegua se encaró al poni, mirándolo seriamente.

- Chicas debéis correr, pues el peligro es de temer- dijo a las crusaders.

Tanto Appleblom como Sweetie Belle levantaron la vista de las flores que estaban recolectando para observar al poni armado. Tras mirarse entre ellas, salieron corriendo, deteniéndose al ver a varios matones más salir de entre los árboles, rodeando el pequeño claro. En respuesta, ambas niñas se apretaron detrás de Zecora, quien intentó por todos los medios estar siempre entre los ponis y las potras. En total eran cinco, tres unicornios y dos pegasos, uno de estos llevaba, a parte de su pistola, una serie de cuerdas.

- Pero mira a quien tenemos aquí- dijo el unicornio que se mostró en primer lugar y parecía el líder del grupo.- Pero si es Zecora, la mejor curandera de la ciudad y miembro oficial del consejo del ayuntamiento. ¿Qué tal?

- Tú máscara puedes dejar caer, pues tus verdaderas intenciones no podrás esconder.

- ¿Siempre habla en rima o que?- dijo uno de los pegasos.

- Ella y todas las cebras- contestó un unicornio cercano.

- Si así serán las cosas- continuo el líder ignorando a los otros-, te recomiendo que te vayas, venimos a por las niñas, no a por ti.

- Espera, ¿no falta la que adoptó la princesa esa de la amistad?- dijo otro unicornio, fijándose bien en las niñas.

- ¿Qué más da? Ya tenemos a las dos hermanas de dos elementos de la armonía, sacaremos muchísimo dinero.

- Si a las niñas quieres llegar, por mi cadaver deberás pasar.

- Una chica valiente, ¿eh?

El unicornio alzó su arma y se preparo para matar a Zecora, quien estaba dispuesta a morir protegiendo a las niñas. No obstante, un rayo impacto justo delante suya, provocando que saltara hacia atrás del susto. Poco después, frente a la cebra y las dos potras aterrizó una alicornio de pelaje naranja, crin morada, un traje rojo con un rayo en su pecho y una capucha que cubría su rostro. El poni observo sus ojos bajo la capucha, del mismo color que su melena, y tanto estos como su rostro reflejaban seriedad y podría jurar que hasta enfado.

- Largaos, ya.

- ¿Tú también quieres morir o algo?- dijo el unicornio que, al contrario que sus compañeros, no estaba intimidado porque fuera una alicornio. Al ver que esta no se movía, se encogio de hombros.- Tu misma.

Levantó su arma y disparo, pero la bala choco con un escudo que se formo alrededor de la alicornio y sus protegidas. Al verlo, el líder hizo un gesto a los otros, provocando una lluvia de balas sobre el escudo. La yegua observo los proyectiles impactar contra el campo de fuerza, pensando en su próximo movimiento. "Si salgo y les dejo inconscientes, el escudo se desactivara, dejando a Zecora, Appleblom y Sweetie Belle indefensas. Así que, ¿qué hago?". En esas estaba cuando vio al unicornio recargar su arma, y segundos después, el resto siguió su ejemplo.

Extendiendo sus alas, salió del escudo, que desapareció nada más hacer esto, y fue de poni en poni a gran velocidad, tan rápida, que lo único distinguible era un borrón rojo y blanco. Cuando todos estuvieron K.O., la alicornio los junto en un solo montón, usando la misma cuerda que se había traído para las niñas para atarlos y poder transportarlos más fácilmente. Al terminar, observo a Zecora y sus amigas, estas últimas la miraban asombradas.

- ¿Puedes llevarlas con sus familias?- pregunto, rezando para que su voz no fuera reconocible.

- No será una orden difícil de obedecer, pues hacerlo será un placer- dijo con una sonrisa, que pronto desapareció en un ceño fruncido.- Sin embargo algo en mi cabeza no para de rondar, pues tú rostro a alguien me hace recordar.

- Ni idea de que me hablas- dijo la Scootaloo alicornio más rápido de lo que le gustaría.

Agarrando en su aura mágica al grupo de matones, alzó el vuelo, impidiendo darle más pistas a la astuta cebra. "Nota mental, si quiero mantener esto en secreto, no debo acercarme a Zecora". Unos veinte minutos después de vuelo, llegó al fin a la comisaría de la ciudad, aterrizando justo en la puerta, asustando a algunos ponis que pasaban cerca. Ignorándolos, Scootaloo entró en el edificio, dejando a los matones, que ya estaban despertando, frente a un montón de policías, quienes observaban incrédulos a la nueva alicornio.

- Aquí os dejo a unos ponis que estaban a punto de secuestrar a las hermanas de los elementos de la armonía. Si no me creéis, podéis preguntar a Zecora, ella estuvo delante.

Tras inclinar la cabeza a modo de despedida, salió de la comisaría. Al hacerlo, escucho un silbido muy familiar que se acercaba cada vez más, y en pocos segundos, frente a ella aparecio The Dash, quien observo a la alicornio detenidamente. "Vale, calmate y no sospechara nada, espero", pensó Scootaloo.

- Hola de nuevo, señorita...- dijo The Dash, aún sin saber el nombre de la alicornio frente a ella.

- Soy...- "¿qué nombre me pongo?", pensó Scootaloo, repentinamente en blanco.- De momento no tiene importancia- dijo totalmente rendida.

- Ya...- Dash la miró de arriba a abajo, analizando a la alicornio.- Espero que esos ponis que llevaste a la comisaría estén bien.

- Completamente, he practicado mi fuerza. No han recibido muchos daños- "espero".

- Bien, pues ya que estas aquí, ¿te importaría acompañarme al castillo? Estoy segura de que la princesa Twilight querrá hablar contigo.

La imagen de una Twilight enfadada al descubrir que se había puesto en peligro, provocado un agujero enorme en un edificio y casi matar a unos cuantos ponis, hicieron que rechazara esa oferta de inmediato.

- Gracias, pero no gracias.

Extendió sus alas y alzó el vuelo, invocando al portal en el mismo instante en el que empezó a volar, saliendo del alcance de la heroína pegaso, quien maldijo por lo bajo a los portales.