Revelación

Scootaloo se dirigía a la sala de las puertas junto a Pyro después de una tarde aprendiendo sobre sus poderes eléctricos. Había pasado una semana desde que atrapó a esos matones, y ya había muchos ponis que la conocían. Su historia se había vuelto la más famosa en todo el país, haciendo que la gran mayoría de los ciudadanos exigieran a las princesas revelar quien era la nueva alicornio. Esto era algo que a la pequeña pegaso no le gustaba, pero poco podía hacer ella contra eso. En cuanto a su compañero draconiano, se había vuelto un gran amigo, aunque el insistiera en llamarla "campeona" y tratarla con muchísimo respeto. Según él, por muy amigo que pudiera hacerse de los protectores de la Roca de la Eternidad, seguía debiéndoles respeto.

- Gracias otra vez por enseñarme- dijo Scootaloo mientras apoyaba el casco en la puerta perteneciente a Ecuestria.

- No hay de que, campeona. Ya maneja el poder de Zeus a la perfección. Lo único que lamento es no poder enseñarle nada más, como dije en su día, solo se lo básico de la magia.

- No pasa nada- la pegaso activo el portal pensando en la casa club de las crusaders, que en ese momento debería estar vacía.- ¿La semana que viene a la misma hora?

- Aquí estaré, campeona.

- Muy bien, nos vemos, Pyro.

Scootaloo entro en la pequeña sala, y en cuanto sus ojos vieron a sus ocupantes, se quedó paralizada, ignorando la puerta que se cerraba y volvía a la normalidad. Tanto ella como sus dos mejores amigas se quedaron observándose mutuamente durante dos minutos completos, incapaz de saber que hacer. La pegaso abrió y cerró su hocico varias veces, tratando de decir algo, pero sin poder sacar palabra alguna de su sistema. Claro que se había planteado contar su secreto a sus amigas, pero no ahora ni tampoco de esa forma.

- ¿N... no estabais en casa de los padres de Sweetie adelantando el trabajo?- dijo Scootaloo tras un largo silencio.

- Si, pero mis padres salieron hoy a una cena importante, y mi hermana tenía un desfile de modas.

- Y como mis hermanos tienen una cena de negocios en casa y no podíamos ir al castillo de Twilight porque cierta pegaso no estaba ahí, tuvimos que venir aquí- dijo Appleblom con un ceño fruncido y recalcando la palabra pegaso.- Y ahora te veo saliendo de la nada y despidiéndote de un tal Pyro. ¿Se puede saber qué está pasando?

- Os juro que os lo iba a contar, solo estaba esperando el momento adecuado.

- ¿Contarnos el qué?- dijo Sweetie Belle con una ceja alzada.

- Yo...- Scootaloo miró a sus amigas, que, pese a que habían estado enfadadas, más Appleblom, estaban dispuestas a apoyarla. Tras respirar profundamente, observo a las otras crusaders.- Quiero que me Pinkie prometais que no se lo diréis a nadie.

Tanto Sweetie como Appleblom se miraron entre sí confusas, antes de encogerse de hombros y recitar el juramento y hacer los gestos. Satisfecha, Scootaloo se giro a la puerta, cerró sus ojos y extendió el casco, tocando la madera e invocando la entrada a la Roca de la Eternidad. Una vez hecho, indico a sus amigas que pasaran primero, y al hacerlo, ambas potras se quedaron anonadadas al ver donde se encontraban. Sonriendo un poco, guió a las chicas a la sala de las estatuas y de ahí al salón del trono, deteniéndose cerca de los siete tronos.

- Y aquí me eligieron para ser la campeona de la magia.

Tanto Appleblom como Sweetie Belle salieron de su estupor al escucharla, mirándose dudosas.

- No es por llevarte la contraria- dijo Appleblom.- Pero para ser campeona de la magia, bueno... ¿No se necesita un cuerno?- por respuesta, Scootaloo se alejo un poco más mientras sonreía.

- Eso es verdad, y para conseguirlo, solo hay que decir una palabra. ¡Shazam!

El rayo cayó y envolvió a Scootaloo, generando una nube blanca a su alrededor. Cuando esta se disipó, las asustadas crusaders vieron a la misma alicornio que las salvo la semana pasada, solo que con la capucha bajada, siendo apreciable el pelaje naranja y su crin morada, viéndose el gran parecido con la pequeña pegaso. Sweetie Belle se quedó con la boca abierta viendo a su amiga convertida, mientras que Appleblom simplemente la miró con los ojos abiertos y sin mover un músculo.

- ¿E... eras tú?- dijo Sweetie en un hilo de voz.

- Sip, era yo, asombroso, ¿no?

Mientras esto pasaba, Appleblom seguía sin palabras, quedándose en silencio, preocupando a Scootaloo. Al final, mostró una gran sonrisa.

- ¡Yey! ¡Mi mejor amiga es una superheroina!- dijo mientras daba algunos saltos.

- Al menos te lo tomaste mejor de lo que pensaba.

- ¿Bromeas? ¿Cómo me voy a tomar mal que eres una superheroina? ¡Si hasta tienes una guarida secreta como los Power Ponis!

- ¿Eso no es peligroso?- dijo Sweetie Belle, más preocupada por la integridad de su amiga que por otra cosa.

- Por favor- dijo Scootaloo sacudiendo un casco de forma despectiva.- Soy igual de resistente que Supermare. Además, para eso ya están Batponi, Supermare y mi her... The Dash.

- ¿Me estás diciendo que no vas a usar tus poderes para el bien?- dijo la pequeña granjera indignada.

- Por supuesto que no, solo digo que poco puedo hacer cuando ya hay otros que lo hacen mejor. ¿Qué podría hacer yo?

- Puede ayudar en aquello que se les escape a esos héroes.

Las tres saltaron en el sitio y observaron la fuente del sonido, un fuego fatuo que se estaba convirtiendo en un dragón ya conocido para Scootaloo. Miró con una ceja alzada a las visitantes, que se sintieron un poco intimidadas. La potra convertida en alicornio, sin embargo, sonrió con un rostro un poco culpable a su amigo.

- Hola Pyro, te presento a mis amigas Appleblom y Sweetie Belle.

- Un placer conocerlas- dijo mientras hacía una reverencia, antes de mirar a Scootaloo.- ¿Necesita algo de la Roca de la Eternidad?

- No, gracias Pyro.

- Muy bien, si me necesitan, avísenme.

Pyro se convirtió nuevamente en un fuego fatuo y desapareció por la puerta que llevaba a la biblioteca. Una vez solas, las cutie mark crusaders se miraron entre sí, las que aún eran potras con duda en sus ojos.

- Ese era Pyro- dijo Scootaloo.- El fue quien me ha enseñado a controlar mis poderes.

- Pero... ¿Es un dragón o un espíritu?- dijo Sweetie Belle confusa.

- Ni idea.

- Pasando a algo más importante y apremiante- interrumpió Appleblom.- Hay que buscarte un nombre, no puedes ser una superheroina sin nombre.

- ¿Que tal ThunderMare?- dijo Sweetie Belle tras pensar un poco.- Controla el rayo, si no recuerdo mal.

- Si, lo hago, pero no me gusta ese nombre. Yo había pensado en Capitana Marvel, pero no me convence.

- Capitana Marvel...- dijo Appleblom con un casco en la barbilla.- Marvel... marvel...- observo a Scootaloo unos segundos antes de dar una sonrisa.- ¿Qué tal Alicorn Marvel?

- ¿Alicorn Marvel?- dijo Scootaloo llevando su propio casco a la barbilla.- Me gusta, tiene gancho y todo. ¡No teman ciudadanos, Alicorn Marvel esta aquí!- dijo mientras hacía algunas poses, haciendo reír a sus amigas. Fue cuando una idea pasó por la cabeza de Scootaloo.- Ey, ¿queréis ver la Roca de la Eternidad conmigo?

- Por supuesto, esto hay que explorarlo- dijo Sweetie Belle, observando las decoraciones del lugar.

- ¿Qué tan grande es este sitio?- dijo Appleblom mientras seguía a Scootaloo hacia la biblioteca.

- Amiga, si el castillo de Twilight te parece enorme, agarra tus cascos.


Era noche profunda cuando un barco se divisó desde el pequeño puerto de la ciudad costera de Fishtown. Uno de los vigías, apostado en el muelle, observo la embarcación con unos prismáticos. A través de estos podría haber jurado ver una figura negra gigantesca y monstruosa en la proa del barco, antes de desaparecer tan rápido como la vio. Unos minutos después, la nave choco con el puerto de madera, destrozándolo un poco, para que un poni encapuchado saltara al suelo aún intacto a los pocos minutos. Al llegar a la calle pedregosa de piedra, fue interceptado por el vigía y el encargado del puerto, quienes no vieron con muy buenos ojos al unicornio, pues esa era la silueta que se veía bajo la capucha.

- ¡Quieto ahí! ¿De verdad crees que puedes destrozar el muelle y salir sin más?- dijo el encargado, un unicornio.

Por respuesta, el ojo izquierdo del poni brillo de blanco y, segundos después, absorbió la magia de su objetivo a través de su cuerno, haciendo que el unicornio cayera al suelo inconsciente. El vigía, un terrestre, salió corriendo, sólo para ser adelantado por una nube de humo oscura que formó la figura de un ser muy parecido a un minotauro, pero sin cuernos, gigantesco, y de ojos rojos como la sangre. Agarró al fugitivo y lo partió por la mitad, desparramando sus tripas por el suelo, para acto seguido, volver al ojo. El dueño, llamado Caballeron, esquivo los restos sangrantes y calientes, adentrándose en las calles silenciosas a esa hora de la noche.

Había pasado dos semanas y media en la isla donde obtuvo ese asombroso poder, absorbiendo la magia y habilidades de aquellos que habían ido con el. De 150 ponis, 68 eran unicornios, 47 terrestres y el resto pegasos. Para evitar un escape, había pedido a sus nuevos amigos que destruyeran los barcos en los que habían llegado, para luego mandarlos a impedir a los pegasos escapar. Tras absorber la habilidad de caminar en las nubes de uno de estos y robar la fuerza natural de 24 terrestres para poseer una fuerza sobreponi comparable a Supermare, se había dedicado a adquirir la magia de los unicornios, matando a quienes ya había vaciado y al resto de ponis. Ahora ya nada le impediría ser el rey absoluto de Ecuestria.

- No te precipites, el nuevo campeón ha sido elegido.

- ¿Qué?- susurro Caballeron en la solitaria calle.

- El mortal más poderoso del planeta, protector de la Roca de la Eternidad. Es débil, pero se puede volver un problema, debes absorber la magia de ponis más poderosos. Y así, la Roca será nuestra.

- ¿Para que quiero yo la Roca esa?

- Ten la Roca, y tendrás el universo.

Si lo pensaba bien, era algo tentador, Rey, no, Emperador del Universo era más atractivo que Emperador de Ecuestria. Con una sonrisa, Caballeron se dispuso a buscar una posada donde dormir, comer y absorber más magia.


- ¡Adiós Twilight!

- Adiós Scootaloo, te vendré a recoger después.

La pegaso naranja asintió sobre su hombro antes de dirigirse con sus amigas, que la esperaban junto a la puerta del colegio. Hacia dos días que les había contado su secreto, y las cosas entre ellas estaban mejorando bastante, pues casi siempre iban a la Roca juntas. Scootaloo se sentía feliz de poder volver a tener a sus amigas sin ocultarles nada.

- Hey Scoots- dijo Appleblom.- ¿Le preguntaste a Twilight si podíamos ir a tu casa para hacer el trabajo esta tarde?

- Si, podéis venir a las 4- contesto la pegaso, decidiendo ignorar el hecho de que no era su casa, sino la de Twilight, al menos, así lo sentía aún.

Por el rabillo del ojo vio a alguien familiar, Starblue, quien huía de su vista. Algo confusa y preocupada, Scootaloo se acerco a la pequeña unicornio, quien bajo la cabeza y trato por todos los medios de que su crin ocultara sus ojos.

- Starblue, ¿qué te pasa?

- N... nada.

- ¿Nada?

Scootaloo agarró la barbilla de Starblue y la obligó a mirarla, topándose con aquello que ocultaba, un ojo morado. No era muy grave, pero ahí estaba, y si no se equivocaba, tendría unos días. Maldiciéndose por haberla descuidado un poco, la pegaso trato de calmar la furia que crecía en su interior.

- ¿Quién te ha hecho esto?

- N... nadie, me... me di con el pomo de la puerta.

- Hasta yo se que eso es mentira- dijo Sweetie Belle con el ceño fruncido.

- ¿Quién lo hizo?- volvió a decir Scootaloo mucho más fuerte.

- F... Fight...

Nada más escuchar el nombre, Scootaloo busco con la mirada al terrestre responsable, encontrándolo al otro lado del patio de entrada. A paso rápido, fue hasta allí, seguida por Starblue y sus amigas, la primera suplicando que no hiciera nada. Fight vio a la pegaso acercarse con una sonrisa, Red, por su parte, pareció mirar con culpa a la niña, no pareciendo cómodo con la situación.

- Mira, si es el pollo no volador, ¿qué tal?- dijo Fight.

- ¡¿Qué diablos pasa contigo?!- grito Scootaloo, llamando la atención de algunos potros que también esperaban el inicio de las clases.

- ¿Qué?- Fight miró a Starblue, quien se escondió tras Sweetie Belle, sonriendo al verla.- Aa, eso. Bueno, alguien tenía que pagar por mi castigo de un mes, y también por la laaaaarga charla de tu mami. Por Celestia, ¿esa bicho raro no sabe hacer otra cosa que dar sermones? Por poco me duermo.

- Twilight no es un bicho raro- dijo Scootaloo entre dientes, furiosa de escuchar a alguien insultar a quien le había dado un hogar.- Te aviso, vuelve a tocar a Starblue o...

- ¿O qué? Si tu no estás dispuesta a recibir la paliza que te mereces, se la llevará ese flanco en blanco.

Otra vez ese mote, y como la última vez, Scootaloo estuvo a punto de actuar sin pensar.

- ¡Sha...!

La sirena sono en ese instante, interrumpiendo a Scootaloo, y tanto Fight como Red fueron a las puertas, este último mirando a la pegaso.

- Lo siento, Fight se pasó la última vez. Te prometo que yo no...

- ¡Red! ¿Vienes o qué?- dijo Fight.

El pegaso miró a su único amigo antes de trotar tras el. Starblue se acerco a Scootaloo con cuidado, quien la miró, aún enfadada, pero calmándose usando la misma técnica que había visto usar a Twilight más de una vez.

- Siento no haber evitado que te pegaran, debería haber estado ahí.

- No pasa nada.

- Si que pasa- Scootaloo observo el suelo con el ceño fruncido antes de suspirar.- ¿Mañana quieres venir con nosotras al parque? Podemos ir a Sugar Cube Corner si quieres.

Starblue asintió con una sonrisa antes de entrar al colegio, rumbo a su clase. Siguiendo su ejemplo, Scootaloo entró junto a sus amigas, quienes no parecían muy contentas.

- ¿Se puede saber en qué estabas pensando?- dijo Sweetie Belle.

- Has hecho estupideces antes, pero esta se lleva el premio gordo- comento Appleblom.

- Solo quería asustarlo...

- Transformada en una alicornio capaz de aplastarle la cabeza sin esfuerzo- dijo la granjera entre dientes.- Te conozco, Scootaloo, y se que no pensabas en asustarlo.

- Lo siento, no lo pensé. Fue escuchar ese mote y perdí la razón.

- Pues espero que no vuelva a pasar- dijo Appleblom firmemente.- Si ese mago te dio esos poderes porque eres digna, demuéstralo.

Scootaloo asintió con la cabeza, demasiado avergonzada como para hablar. "Tengo que aprender a controlarme".


- Esto es muy aburrido- dijo Appleblom al aire.

Las tres potras estaban en el suelo de la habitación de Scootaloo, trabajando en el trabajo de historia que tenían que hacer. Tenían algunos libros proporcionados por Twilight, donde estaban investigando sobre la Primera Guerra Grifo, tema del trabajo y guerra que involucró a Ecuestria, el Imperio Grifo, Zebrica y Saddle Arabia. Llevaban en el mismo cuatro horas, y pese a que estaban avanzando, la pereza y poco interés en la historia estaba jugando en contra, al menos para dos de ellas.

- Pues a mi me parece muy interesante- dijo Sweetie Belle, quien estaba leyendo las causas principales de la guerra, haciendo que tanto Scootaloo como Appleblom se miraran divertidas.

- Normal- dijo Appleblom-, solo tú te interesarías tanto por la historia.

- ¿Y eso significa?- dijo Sweetie en un tono molesto.

- Que eres un ratón de biblioteca- dijo Scootaloo con una risita.

- ¿Y qué tiene de malo?

Scootaloo se congeló, girando la cabeza y viendo a Twilight en la puerta, mirándola con una ceja alzada.

- Esto... nada. Absoluta y totalmente nada.

La sonrisa de Scootaloo era tan grande y nerviosa que hizo reír a la alicornio, quien negó con la cabeza divertida antes de mirar a las otras chicas.

- Vuestras hermanas han venido a recogeros. Scootaloo, recoge tus cosas y baja, tenemos visita.

Tras salir de la habitación, Scootaloo miró a sus amigas, confusa por la última parte, recibiendo un encogimiento de hombros. Después de recoger todo, las tres cutie mark crusaders bajaron a la pequeña biblioteca que servía de salón del castillo, donde Twilight había colocado diversos sillones, sofás, cojines y varias mesas de té. Ahí estaban, junto a la alicornio, Applejack, Rarity y Spike, el príncipe Shining Armor, la princesa Cadence y la pequeña Flurry Heart, de ya 4 años de edad, está última jugando junto al dragón. Al ver a las niñas, la princesa de la amistad se acerco con una sonrisa, mirando a los invitados.

- Scootaloo, te presento a mi hermano Shining Armor y a mi cuñada Cadence.

- U... un placer- dijo la pequeña pegaso, chocada de ver a la realeza.

- Bueno, nosotras nos vamos, querida- dijo Rarity con una sonrisa antes de mirar a Cadence.- Trata de hacer que está cabeza hueca entre en razón.

- Lo haré, por algo soy la princesa del amor- respondió la alicornio rosada, ignorando el rostro rojo de Twilight.

Tras despedirse, Appleblom y Sweetie empezaron a seguir a sus hermanas y a Twilight hasta la salida de la biblioteca y del castillo. Antes de que salieran por completo, Spike se levantó llevando a su prima en brazos.

- Voy a haceros un té.

- ¿Y no puedes dejar a Flurry aquí?- dijo Twilight con una ceja alzada, aún en la puerta.

- Nop, va a ser mi ayudante de cocina, ¿a qué sí?

- ¡Auante coina!- grito la pequeña alicornio con una gran sonrisa.

- Déjale, Twily. ¿Cuántas veces pueden verse?- dijo Cadence con una sonrisa.

Con su sonrisa propia, la alicornio salió al fin de la sala para acompañar a sus amigas, seguida por su hijo y sobrina poco después, dejando a Scootaloo y los príncipes de el Imperio de Cristal solos. Shining se acerco a la pegaso, quien estaba bastante nerviosa, y más aún cuando el unicornio la miraba con seriedad.

- Así que tú eres la niña que adoptó Twily, ¿no?

- S... si... señor.

- Mmm- Shining miró de arriba a abajo a Scootaloo, antes de sonreír y extender un casco, casco que la niña estrecho con duda.- Es un placer conocer a mi nueva sobrina.

Scootaloo se mordió la lengua para evitar decir que no era su sobrina. Cadence se acerco con una mezcla de enfado y diversión.

- ¿De verdad te parece buena idea decirle eso?

- ¿Y por qué no lo sería?

- Aún esta tratando de aclararse con su posición en la familia- la alicornio observo a Scootaloo, quien la miraba asombrada.- Ya se lo que estás pensando, ¿cómo lo se? Efectos secundarios de ser la princesa del amor, siento todos los sentimientos de los ponis en el aire. Por cierto, para ayudarte un poco con tu dilema...- Cadence se acerco a la niña para susurrarle en el oído.- Twilight no te ve como la hermana de su amiga o la niña a la que da clases particulares.

Dejando que Scootaloo pensara en las implicaciones de lo dicho, Cadence se alejo, justo a tiempo para ver a Twilight entrar junto a Spike, quien llevaba una bandeja de tazas de té y tenía a Flurry Heart volando cerca. Mientras tomaba su taza, la pegaso observo a la alicornio lavanda, pensando en las palabras de la princesa del amor y preguntándose si, en el caso de que fuera real, ¿ella estaba lista para dar ese paso?


White Gloves se despertó de golpe, mirando a su alrededor asustado. Lo último que recordaba era estar rodeado de timberwolves tras haber escapado con éxito de un robo. Se trataba de un poni terrestre de pelaje gris, crin negra, ojos azules y una cutie mark consistente en una gema agarrada por un casco con guante blanco. Se levantó de la cama en la que estaba, viendo extrañado su alrededor, que el supiera, un lobo de madera le había lanzado contra un árbol y dejado inconsciente con el golpe, dejándolo a su suerte. Así que habían dos opciones, o había sido salvado, o estaba muerto.

Se encontraba en una cabaña de madera bastante pequeña, y cuando salió de la habitación en la que estaba, vio a un poni terrestre junto a una caldera. Este se giro al notar la compañía, y White Gloves pudo ver que era un anciano, uno que poseía gran astucia en sus ojos.

- Al fin despertaste- dijo.- Empezaba a creer que no lo harías nunca.

- ¿Quién diablos eres?

- El que te ha salvado la vida. Tienes tu bola de bits por ahí- señaló con un casco una pequeña bolsa en un escritorio.

- No son bits, son diamantes, no soy un vulgar ladrón de bancos- dijo White mientras agarraba su botín.

- Por supuesto, aunque me resulta raro que haya tan pocos.

- Tenía que darme prisa.

- No me lo digas, The Dash- el silencio recibido fue toda la respuesta que necesito.- Es un problema, si señor, ahora hay muchos... superheroes, o así los llaman los jóvenes de hoy en día. Pero te diré algo, puedo ofrecerte algo para lidiar con esta situación, considéralo tu pago por salvarte la vida.

Basta decir que White estaba extrañado, ¿le salva la vida y lo que pide a cambio es que acepte un regalo? Algo no cuadraba.

- ¿Y qué quieres darme?

- Un poder que te hará prácticamente invencible y con tal fuerza que podrías derrotar a la mismísima Celestia en combate.

- Ya, claro. Todo el mundo sabe que su fuerza sólo es superada por la de Supermare, ¿me estás diciendo que obtendré una fuerza superior a eso?

- Tal vez, si aceptas.

El anciano se acerco al escritorio y le tendió un antiguo pergamino donde se suponía tenía que firmar.

- Acepta este regalo, y tus crímenes siempre serán victoriosos contra ponis comunes.

White lo pensó un poco, antes de encogerse de hombros y firmar. Nada más hacerlo, el pergamino desapareció en una bola de fuego y sintió una presencia en su cabeza.

"Di mi nombre".

- ¡Ibac!- dijo, movido por una fuerza externa.

Al segundo, su cuerpo se vio envuelto en llamas y ceniza, convirtiéndose en un poni muy diferente. Al tiempo que una risa maniaca salía del centro de las llamas, el anciano poni se preparaba para morir a cascos del parásito que arruinó su vida en su día.