Madre e hija

El hospital de Vanhoover no era tan grande como los de otras ciudades, pero tenía el mismo equipo médico que cualquier otro. En una de las habitaciones más grandes y lujosas estaba la princesa de la amistad y la pequeña pegaso Scootaloo, quien se había negado a abandonar a la alicornio. Se había acurrucado en una bola junto a Twilight, acostada en la cama, asegurándose de no molestar a la yegua adulta. Despertó cuando el sol estaba cayendo, sintiendo un casco acariciando su crin, y cuando abrió sus ojos, vio a la princesa mirarla con una sonrisa. Como respuesta, Scootaloo dejó caer más lágrimas y se acerco a la alicornio, abrazándola con cuidado, enterrando su rostro en su pecho.

- Ya está, ya está- dijo Twilight con dulzura mientras acariciaba a la niña.

- ¡Tenía tanto miedo! ¡No quiero perderte, no ahora!

- No lo harás, estoy aquí.

- ¡Te quiero mamá, te quiero mucho!- grito Scootaloo aún entre sollozos.

Pese a que Twilight estaba genuinamente feliz de escuchar a su pequeña llamarla así, no pudo evitar sentir su corazón desgarrado al verla en ese estado. Con cuidado, extendió sus alas, sentándose en la cama y arropando a Scootaloo entre ellas.

- Shhhh, tranquila, pequeña, estoy aquí. Mami está aquí.

Tras un rato, la niña dejó de llorar, pero se mantuvo despierta y acurrucada junto a su, ahora si, madre, sintiendo el relajante palpitar de su corazón. Díez minutos después, la puerta se abrió bruscamente, mostrando a Rainbow Dash, quien poseía varios rayos arcoíris recorriendo su cuerpo, quedando paralizada al ver la escena. Scootaloo se asomo entre las alas de la alicornio mientras ésta miraba seriamente a la pegaso.

- Rainbow Dash, ¿no habrás usado tus poderes para llegar hasta aquí, no?

- Primero- dijo la pegaso azul con el ceño fruncido mientras se acercaba-, no creo que sea el momento para regañarme. Segundo, si hubiera sido así, habría llegado aquí ayer por la noche, pero sospechaba que me matarías si no acompañaba a Spike hasta aquí. Y tercero, solo use mis poderes en este pasillo, y antes de que digas nada, nadie me vio, ni siquiera Smolder.

Antes de que Twilight pudiera preguntar a que se refería con eso, Spike entró por la puerta, seguido por la ya nombrada Smolder, quedando paralizado al ver a su madre, aparentemente bien y abrazando a Scootaloo. Con algunas lágrimas de puro alivio, el dragón adolescente se acerco a Twilight con una sonrisa.

- Por Celestia, me has dado un susto de muerte. Esto es la prueba de que no puedo dejarte sola ni un minuto- dijo Spike, recurriendo a su mecanismo para tranquilizarse, los chistes.

- Perdón Spike, no quise arruinar tu cita- dijo Twilight con una sonrisa.

El rostro de Spike se volvió rojo mientras trataba de balbucear una escusa. Por su parte, Smolder se quedó quieta en el sitio, rezando para que su directora no la notara y poder evitar entrar en una situación vergonzosa. Obviamente, el universo no escucho sus plegarias.

- Hola Smolder. Gracias por venir junto a Spike- dijo Twilight con una sonrisa.

- Y... yo... de nada, directora Twilight.

- Creo que en este punto puedes llamarme Twilight, al menos cuando estemos solo nosotros. Después de todo, no creo que llamar a tu suegra "directora" sea una buena estrategia para ganarse su favor.

Si no fuera por el dolor de su pecho, Twilight habría reído a carcajadas al ver los rostros rojos de su hijo y su novia. Cuando se centro en Rainbow, quien no parecía compartir el momento de alegría, suspiro, mirando a la pequeña pegaso, que aún estaba en su pecho.

- Cariño, ¿puedes ir con tu hermano fuera un momento? Quisiera hablar con Rainbow a solas un momento.

Un poco a regañadientes, Scootaloo se bajo de la cama y fue junto a Spike, quien había salido de su estado de vergüenza a tiempo para escuchar la parte de "hermano". Pese a la alegría que tenía, tuvo que contenerse al ver a su hermana oficial tan deprimida. Decidiendo que sería el mejor hermano mayor posible, se propuso a tratar de alegrar a la niña. Cuando los dos dragones y la pegaso abandonaron la habitación, Twilight se centro en Rainbow Dash, quien miraba el cielo dorado del atardecer a través de la ventana, con una mirada seria en su rostro.

- Antes de que digas nada, no es tu culpa- dijo Twilight.

- ¿Cómo qué no? Debía haber estado aquí, protegiéndote. Y no lo estaba.

- ¿Cómo diablos ibas a saber qué esto iba a pasar? Tendrás superpoderes, pero no puedes ver el futuro, eso dejáselo al Pinkie sentido- dijo la alicornio con una pequeña sonrisa.

- ¡¿Cómo puedes estar tan tranquila?!- grito Rainbow al fin, mirando a Twilight incrédula. Normalmente esto solía pasar al revés.

- Porque estoy bien. Si, tengo alguna costilla rota y la mitad de mi magia la tiene un loco, por lo que estoy un poco débil, pero estoy viva, Scootaloo me ha llamado madre por fin y mi hijo encontró el amor. ¿Por qué no iba a estar tranquila?

- ¡Por qué casi te matan!

- ¿Y? Estoy viva. ¿Por qué no puedes olvidar lo pasado y aceptar que no fue tu culpa?

- ¡Por qué te quiero! ¡¿Vale?!- grito Rainbow con algunas lágrimas, antes de suspirar y mirar al suelo.- Solo pensar en lo que te podría haber pasado, yo... No podría perdonarmelo jamás.

Twilight se quedó en silencio, mirando con los ojos bien abiertos a la pegaso frente a su cama. El calor que sintio en su corazón al escuchar a Scootaloo llamarla mamá volvió al oír esas palabras, dando una gran sonrisa en respuesta.

- Ven aquí anda- al ver que Rainbow solo alzó la vista confusa, Twilight suspiro.- O vienes aquí o voy yo.

No estando dispuesta a que Twilight se esforzara demasiado, Rainbow se acerco al lado derecho de la cama de la princesa. Esta le indico con un gesto que se acercara un poco más, y cuando lo hizo, no sabiendo bien el objetivo de todo esto, la alicornio rompió la distancia entre ellas y plantó un profundo beso a su "amiga". Un poco confundida al principio, Rainbow acepto el beso, cerrando sus ojos y simplemente disfrutando del momento. Cuando se separaron, Twilight miraba con una pequeña sonrisa y las mejillas completamente rojas, haciéndola adorable a los ojos de la pegaso.

- Supongo que tú también sientes lo mismo, ¿no?- dijo Rainbow con una sonrisa.

- Hmmhmm- asintió Twilight radiante, antes de separar a la pegaso, que había tratado de volver a besarla, colocando un casco en su pecho.- Quieta ahí, Romeo, eso fue para confirmarte que también siento lo mismo. Si quieres otro, tendrás que invitarme a salir oficialmente.

- ¿Qué tal ahora? La comida del hospital puede servir de cena elegante.

- Buen intento, pero no. Tendrás que esforzarte un poco más- dijo Twilight en un susurro bajo y un guiño travieso, llevando un escalofrío a la columna vertebral de Rainbow.

- ¡Por fin!- grito una voz desde la puerta.

Ambas yeguas saltaron del susto, y cuando se giraron vieron a Rarity, quien sonreía triunfante, junto al resto de sus amigas. Pinkie Pie dio una sonrisa gigantesca mientras entraba en la gran habitación y daba saltos de un lado a otro, pensando ya en la fiesta de "Felicidades por vuestro primer beso".

- Al menos ya lo saben- dijo Rainbow con una sonrisa nerviosa.

Poco después de entrar sus amigas, entró Scootaloo junto a Spike, Smolder y las crusaders, quienes no querían dejar sola a su amiga. La pequeña pegaso se acerco a la cama de la alicornio y apoyo la cabeza en la misma.

- Sabes que estoy bien, ¿no?- dijo Twilight con un poco de diversión.

- Lo sé... Yo solo... quería asegurarme- dijo Scootaloo con un toque de culpa que, por suerte, Twilight no noto.

Sabiendo lo que quería la niña, Twilight la levito con su magia y la coloco junto a ella nuevamente, abrazándola otra vez con sus alas. Pese a que Scootaloo tenía el rostro rojo por estar en esa posición con sus amigas cerca, no le dio importancia, acurrucándose en su pecho. Las crusaders, un poco a regañadientes, salieron de allí acompañadas por Fluttershy, quien prometió llevarlas a casa, en especial a Starblue, aunque la pegaso amarilla hubiera preferido que se quedara en su propia cabaña. Pocos minutos después, Scootaloo se quedó completamente dormida, siendo una escena conmovedora para todos los presentes.

- Es una ricura- dijo Rarity en voz baja, observando a la niña dormida.

- ¿Esto significa que ya...?- pregunto Applejack suavemente, recibiendo un asentimiento por parte de Twilight.

- Si, ya me considera su madre.

- No podría estar más contenta por ello- dijo una voz desde la puerta.

La responsable era la princesa Celestia, quien había venido acompañada de su hermana. Ambas monarcas de Ecuestria miraron con alivio y alegría al par que eran Twilight y Scootaloo. La alicornio lavanda no hizo otra cosa más que sonreír a su antigua maestra.

- Me alegra verlas aquí, princesas.

- Por supuesto que íbamos a venir- dijo Luna con una sonrisa.- ¿Cómo estás?

- A parte de sentirme débil por el robo de mi magia y algunas costillas rotas, estoy perfectamente.

- Me alegra oír eso- dijo Celestia.- Me gustaría quedarme más tiempo, pero tanto Luna como yo queríamos visitar a Star Swirl.

En ese momento, Twilight se acordó del viejo hechicero, mostrando gran preocupación.

- ¿Esta bien?

- Si, muy débil, pero si- dijo Luna, todo atisbo de alegría esfumado.- Pero si no encontramos al poni que robo su magia pronto, podría empeorar.

- Pero no te preocupes por eso ahora- dijo Celestia, calmando a su antigua estudiante.- Trata de descansar.

Un poco a regañadientes, Twilight hizo caso a la alicornio blanca, quien salió de la habitación y fue, en compañía de su hermana, al encuentro de su antiguo mentor. Su habitación estaba prácticamente al lado de la de Twilight, y cuando entraron, vieron al viejo unicornio mirando por la ventana.

- Aún me asombra lo mucho que hemos avanzado- dijo al sentir a sus alumnas entrar en la habitación, sin despegar su vista del exterior.

- ¿Cómo estás, maestro?- dijo Celestia mientras se sentaba a un lado de la cama, Luna haciendo lo mismo.

- Bastante bien, de hecho- contestó Star Swirl mientras giraba la cabeza y sonreía a sus antiguas alumnas.- Estar sin magia es fastidioso, pero te acostumbras. ¿Qué tal esta Twilight?

- Muy bien- comentó Luna con una pequeña sonrisa.- Apenas tiene heridas graves y aún posee magia en su interior.

- Me alegra oírlo, sin magia, una alicornio de su talla solo aguantaría seis meses- dijo el unicornio mientras miraba al techo. Cuando se fijo en el rostro avatido de sus alumnas, suspiro.- No os pongáis así, es algo normal. Con suerte llegaré a los dos meses, pero lograréis atrapar a ese Caballeron antes de eso. Estoy seguro.

- Si nos dijeras lo que sabes, todo sería más fácil- cometo Celestia con algo de reproche.

- Tampoco se mucho, fue hace mucho tiempo que fui a la Roca de la Eternidad.

- ¿Y se puede saber que es esta Roca?- pregunto Luna. De las dos, ella fue la más curiosa y, para que negarlo, la más rebelde de sus alumnas.

- El lugar del que fluye toda la magia del universo. Si ese lugar cae, lo haremos todos con el- eso preocupo bastante a las princesas, haciendo que Star Swirl sonriera.- Eso es problema de la campeona de la magia, no debéis preocuparos.

- ¿Campeona de la magia?- pregunto Celestia dudosa.

- Los elegidos para proteger la Roca, llevan existiendo desde antes de Ecuestria y se remontan hasta más allá de la división poni. Una cosa es segura, si esta campeona fue elegida, ayudará. Tal vez tenga problemas o conflictos, pero al final, hará lo correcto.

Tanto Celestia como Luna se miraron entre sí, deseando con todas sus fuerzas que su maestro tuviera razón.


- Scoots, voy a salir con Rainbow, ¿de acuerdo?- dijo Twilight en la puerta de su hija, quien levantó la vista de su cómic.

- Vale mamá- dijo con una sonrisa.

Hacía dos días que habían llegado al castillo, y pese a que pronto tendría que centrarse en buscar a Caballeron, la alicornio lavanda pensaba disfrutar de una noche para ella.

- Si necesitas algo, avisa a tu hermano o a Starlight.

- Vale.

- Acuérdate de hacer los deberes.

- Que si.

- Y acuéstate temprano.

- Lo se.

- Yo no te olvides de cepillarte bien los dien...

- Mamá, puedes irte sin problemas.

Con una sonrisa, Twilight entró en la habitación y plantó un beso en la frente de la pegaso antes de irse. Cuando estuvo segura de que se hubo ido, Scootaloo salto de la cama y fue a la puerta. Durante los últimos días no había tenido tiempo de pisar la Roca de la Eternidad, y creía que ya era hora. Tras invocar al portal, entró en la sala de las puertas, caminando hasta el salón del trono, observando los pilares tras los asientos de mármol. Sabiendo ahora que esos escombros debían pertenecer a esos monstruos, la pegaso frunció el ceño.

- ¿Pasa algo, campeona?- dijo la voz de Pyro a su espalda.

- ¿Viste lo qué pasó hace unos días?- contestó la niña sin girarse.

- Así es, le felicito por vencer.

- No venci, se escapó- dijo Scootaloo mientras se daba la vuelta, furiosa.- Gracias por decirme que había un loco suelto con 7 monstruos escapados de aquí, por cierto.

Pyro se mantuvo impasible, no era la primera vez que a un campeón se le ocultaba información de ese estilo para que luego se enfureciera.

- Era por su bien, campeona. Para que aprendiera a usar sus habilidades y no se preocupara demasiado. Se por experiencia lo que puede pasar si se le informa de los peligros antes de aprender a usar sus poderes.

- Vamos, que me habéis usado para atrapar a ese tipo.

- No es así, no le hemos usado. Usted es la campeona de la magia y como tal...

- ¡¿Cómo esperas qué sea una campeona si ni siquiera soy digna?! ¡Casi mato a un niño de pura rabia! ¡Y por poco mato a mi madre a base de rayos!

- En la situación en la que estaba es normal que no notara...

- ¡DEJA DE DECIR ESO! ¡DESDE QUÉ ME ELIGIERON NO ME HA PASADO OTRA COSA QUE DESGRACIAS! ¡NO PIENSO VOLVER A TRANSFORMARME NI A VOLVER AQUÍ, JAMÁS!

Con paso furioso, Scootaloo se largo de la Roca de la Eternidad. Por su parte, Pyro simplemente suspiro, sabiendo que en ese momento, la pegaso sólo estaba viendo lo malo de la situación. Sólo tenía que ver que sus fallos eran completamente normales, y más a su edad.

Por parte de Scootaloo, estaba furiosa con Pyro y con el mago que la transformó. Desde el incidente en la convención, se convenció de que no era digna de ser Alicorn Marvel. ¡Era una niña, por el amor de Celestia! ¿Cómo diablos esperaban que no la cagara? Si de algo estaba segura, es que dejaría atrás sus poderes, y ni sus amigas podrían convencerla.


Twilight avanzaba hacia su castillo junto a Rainbow Dash, entrelazando sus colas juntas, algo solo reservado para las parejas. En cierta medida, agradecían no tener a Rarity cerca, pues de ser así, la unicornio de marfil no se detendría de restregarles en la cara que tenía razón. Pese a la felicidad que sentían, habían ciertas cosas que se interponían en la misma, como el hecho de que Caballeron seguía suelto, pero lo más preocupante era la pequeña Scootaloo.

- ¿Le has dicho ya lo nuestro?- dijo Rainbow con calma.

- No, sospecho que será una conversación muy incómoda.

- ¿Por qué lo dices?

- A ver, se supone que tue eres su hermana, mientras que yo soy su madre. ¿No lo ves un poco raro?

- Hombre, visto así- dijo Rainbow con una pequeña mueca, antes de sonreír.- Aunque eso no sería importante si yo soy también su madre.

- ¿No crees que es mucha responsabilidad para ti?- dijo Twilight con una ceja alzda, a la que su novia sólo mostró su pose arrogante marca registrada.

- Por favor, sera súper sencillo y un 20% más genial.

- O sea, que estas diciendo que serás mejor madre que yo- dijo Twilight con una sonrisa traviesa.

- P... por s... supuesto que no... Nadie podría superarte.

La alicornio no pudo evitar hechar a reír, aunque se corto un poco al sentir sus costillas quejarse en su pecho. Por su parte, Rainbow miró un segundo preocupada a Twilight, antes de hacer un puchero.

- Gracias por reírte de mí, muy amable.

- Vamos, ¿es qué solo tú tienes derecho a hacer eso?- contestó Twilight.

Antes de que pudiera replicar, la pegaso azul recibió un beso en la mejilla, haciendo que quedara sin palabras. Twilight, por respuesta, le dio una sonrisa burlona y se adelanto un poco, pasando su cola por la nariz de Rainbow antes de seguir su camino. "Por Celestia, no la había visto así nunca... Me encanta", pensó la pegaso con una sonrisa traviesa antes de alcanzar a su novia. Una vez en el castillo, la pareja se separó con un profundo beso antes de seguir caminos separados.

Tal como lo esperaba Twilight, el castillo estaba en completo silencio. La cocina estaba vacía y el pasillo donde estaban sus habitaciones se encontraba en paz. Bueno, tan en paz como puede estar con el sonido ahogado de unos sollozos. Preocupada, la alicornio siguió el ruido hasta su fuente, encontrándolo en la habitación de Scootaloo, y al asomarse, vio a la pegaso dándole la espalda, acurrucada y llorando lo más disimuladamente posible. Con un suspiro, Twilight se acerco a la cama, acostándose en la misma y abrazando con su ala izquierda a la niña, quien salto un poco del susto, pero al ver de quien se trataba, se acurruco junto a su lado.

- ¿Estas bien?- pregunto Twilight dulcemente.

- Si... s... solo tuve una pesadilla.

En gran parte era verdad, pero también estaba el hecho de sentirse culpable por haber dañado a su madre, el pensamiento de ser una inútil e indigna del poder concedido y el sentirse usada por Pyro y el mago. Twilight dio un pequeño suspiro mientras abrazaba más a su pequeña.

- ¿Quieres dormir conmigo esta noche?

Scootaloo asintió lentamente, no queriendo estar sola. Usando su magia, Twilight levito a su hija en su lomo, provocando que la pegaso se aferrara a su cuello, y fue hasta su propia habitación. Allí, prepararo su cama y se acostó con la niña, arropándose con las cálidas mantas. Tras dar un pequeño beso en la frente de la potra, la alicornio apoyo su cabeza en la almohada.

- Buenas noches, pequeña.

Scootaloo se acurruco contra el pecho de Twilight, a lo que esta respondio cubriendo a la niña con sus alas.

- Buenas noches, mamá.


Cuando Scootaloo despertó, se encontró en la misma posición que al noche anterior, sintiendo el ala izquierda de Twilight acariciando su espalda y su casco derecho su crin. Al alzar su vista, vio a su madre leyendo un libro titulado simplemente como "La Cúpula", por Fear King. Al notar a su hija despierta, la alicornio dejó su libro, tras marcarlo debidamente, y miró a la niña con una gran sonrisa.

- Buenos días, dormilona.

- Buenos días- contesto Scootaloo con un bostezo.- ¿Cuanto rato he dormido?

- Una hora, tal vez.

- ¿Y no se supone que tengo escuela?- dijo Scootaloo confusa por la actitud de su madre.

A esa hora ya era imposible llegar a tiempo a la escuela, por lo que era extraño que Twilight estuviera tan tranquila. Por respuesta, la alicornio sólo dio una sonrisa.

- Pensé que te gustaría pasar unos cuantos días más tu y yo, como madre e hija, antes de volver a al aburrida rutina.

Totalmente encantada, Scootaloo solo asintió furiosamente con la cabeza, sacando una risa de su madre. Tras salir de la cama, fueron a la cocina, donde vieron a Spike y Starlight empezar su desayuno. Normalmente, entre semana Scootaloo no veía a ninguno de los dos por la mañana, pues su madre tenía la costumbre de levantarla demasiado temprano para ir al colegio. Sentándose junto al sitio de Spike, vio a este preparar unos panqueques en la sartén, añadiendo unos cuantos más para las recién llegadas. Por su parte, la unicornio tenía una cara de dormida bastante importante mientras bebía un café.

- Buenos días- dijo Twilight con energía, sentándose en su sitio al lado de Starlight.

- Buenos días, Twi- dijo Spike con una sonrisa.- Es raro veros a las dos aquí, tal vez debería sacar una foto para recordarlo.

- Eso me recuerda que yo debería hacer lo mismo contigo y Smolder, no todos los días tú hijo obtiene su primera novia- dijo Twilight con una sonrisa traviesa.

Por respuesta, a Spike casi se le caen los panqueques de la impresión, mirando a Twilight con el rostro rojo. Por su parte, a Starlight le costó no escupir su café de la risa, siendo fulminada con la mirada por el dragón adolescente. Scootaloo, no obstante, miró confundida a su madre y a su hermano, pues cuando se nombró el noviazgo de Spike y Smolder, ella no es que estuviera prestando atención.

- N... no somos novios. Somos amigos- dijo Spike dejando los platos en la mesa y sentándose en su sitio, cogiendo su plato de panqueques y gemas.

- Ya- dijo Twilight, divertida con la situación.- Si es así, ¿por qué Applejack os vio besándoos en un pasillo de la escuela.

- Traidora...- susurro Spike por lo bajo.

- ¿De verdad crees qué confiar en que el elemento de la honestidad guarde un secreto es buena idea?

- Buen punto- confirmó Spike con un suspiro, rindiéndose ante la evidencia.- Vale, estamos saliendo.

- ¿Y por qué no querías decírmelo?- esta vez, Twilight sonaba más dolida que bromista.

- Smolder tenía un poco de miedo. Nunca tuvo una relación, y esto del amor sincero es aún muy nuevo para los dragones. Quiere ir poco a poco, aunque desde que descubrió que ya lo sabías, esta dispuesta a que lo sepan más ponis, siempre y cuando sólo sean de confianza.

- Esta bien- dijo Twilight con un suspiro, un tanto aliviada de que Spike no se lo hubiera dicho por respeto a su novia, siendo un orgullo para ella. No obstante, su sonrisa burlona volvió de inmediato.- Pero si vais a hacer algo, que sea con protección, no quiero ser abuela tan pronto.

Spike se atragantó con su comida al escuchar esas palabras, mientras que Scootaloo simplemente ignoro esa parte de la conversación. Le bastaba con saber con quien salía su hermano y ya, tampoco era tan cotilla como Sweetie Belle. En ese momento, el dragón eructo una bocanada de fuego que se transformó en un pergamino enrollado. Con curiosidad, se lo extendió a Twilight, quien lo cogió con una sonrisa antes de ver el sobre, y sentir una presión en su pecho. Tenía la insignia del imperio de Cristal.

"Querida Twilight,

Soy yo quien te escribe porque tú hermano está... un poco molesto. Le ha decepcionado y dolido profundamente que no nos hayas dicho nada de tu accidente en esa convención. Ha insistido en ir hoy mismo a verte, así que te informo que a las cuatro a más tardar estaremos en el castillo (que sepas que he tratado de calmarlo, pero no ha dado mucho resultado).

Con cariño,

Princesa Mi Amore Cadenza."

Twilight trago saliva al pensar en su hermano cabreado, pero la mañana no había terminado. Con otro eructo, Spike soltó, está vez, un sobre, que la alicornio cogió al vuelo, paralizándose al ver el escudo de su familia. Con una profunda respiración, abrió el sobre.

"Querida Twilight,

¡¿Cómo se te ocurre no decirnos nada de tu accidente ni a mi o a tú padre?! ¡Tener qué enterarnos por la prensa! ¡Espera a qué te pille, jovencita! ¡Podemos tolerar qué no nos dijeras nada de tus planes de adoptar hasta qué lo hiciste, podemos tolerar que no dijeras nada del ataque al museo pues no sufriste daño! ¿Pero esto? ¡Es intolerable! ¡Hoy mismo iremos a tu castillo a las cuatro, así que prepara ese flanco!

Pd: Dale recuerdos a Spike y a Scootaloo, tanto yo como tu padre estamos deseando poder llamarla de una vez nuestra nieta.

Con amor,

Twilight Velvet."

- La abuela os manda recuerdos.

Si no supiera que es imposible, Scootaloo podría jurar que Twilight estaba pálida. Por su parte, Spike, quien había leído la primera y acababa de terminar la segunda carta, empezó a reír a carcajadas.

- ¿Qué pasa?- dijo Scootaloo confundida.

- E... el tío Shining y nuestros abuelos vienen de visita- dijo Spike entre risas.

Aún extrañada ante la idea de tener un tío y unos abuelos, Scootaloo frunció el ceño confusa.

- ¿Y qué tiene de malo?

- ¿Recuerdas cuando Twilight se enfado contigo por llegar tres horas tarde?- Scootaloo asintió, sintiendo un escalofrío al recordarlo.- Pues imagínate eso mil veces peor, eso es lo que le espera a mamá.

Mientras el dragón seguía riendo, Scootaloo observo a su madre, quien parecía estar haciendo un testamento mental, sintiendo compasión por ella. Aunque claro, eso desapareció cuando su estómago demandó comida y se centro en su desayuno, ya habría tiempo para compadecerse.