Despues de un largo tiempo, aqui tienen otra continuacion de Codiando a la rosa de la Libertad.

Lamento hacerlos esperar taaanto, pero parte del fic se había perdido, justo desde este capi en adelante, asique tenia que estar escribiendo y pensando para no olvidar las cosas importantes o se perderia el hilo del fic, fue duro, pero lo consegui! asique podre subir de nuevo uff

Agradezco a todos por su LAAARGAAA paciencia

Bleach y sus personajes es propiedad de Tite Kubo

Capitulo 26: En un mundo nuevo.

Gin y Orihime cruzaban miradas de desafío, ninguno de los dos planeaba ser derrotado aunque parecía que la chica llevaba la ventaja por haber mencionado los puntos débiles del cara de zorro.

-Yo mismo pagaré mis pecados, no permitiré que Rangiku sea involucrada.

-Pero ya lo fue. – Le recordó con la voz cargada en odio, parecía que se desahogaba con Gin de la realidad de su nueva vida: esposada al lado del hombre que odiaba.

Y también… vengarse de haber hecho uno de sus comentarios para que Aizen la besase. Se pone de pie y se inclina, a pesar del enojo, no iba a mostrarle a él o al resto de la gente que era una vagabunda sin modales.

-Con permiso. – Y camina con tal de alejarse de Gin.

Tuvo ganas de tomar un té, pero como sólo habían botellas y copas con diferentes tipos de vinos y licores, decidió ir hacía la cocina… el único problema es que no sabía dónde quedaba, así que no tuvo más elección que acercarse a Hallibel, la menos asesina ante sus ojos (sin contar a Stark que no lo pillaba por ningún lado)

-Disculpa, Hallibel-san… ¿Dónde se encuentra la cocina?

-¿Por qué? Si Orihime-sama desea algo, sólo dígalo y se lo traeremos.

-No gracias… prefiero ir por mí misma

-No creo que sea inconveniente, una mujer de su categoría no puede ir a la cocina.

-La verdad es que si puedo porque soy una aldeana, una bailarina, ¿recuerdas? – Alzando una ceja ante la terquedad de la rubia, ¿Qué tan malo era ir por una taza tú misma?

-Se equivoca, ahora es la prometida de Aizen-sama, debe mostrarse como tal.

No soy su prometida porque quiera.

-¿Qué es lo que esta pasando? – Al ver tal escenario, Aizen se había acercado.

-Sólo quiero ir a la cocina y prepararme una taza de té… ¿Es mucho pedir?

-Si eso es lo que deseas, deja que alguien de la servidumbre vaya.

-No es necesario. – Alegó con las mejillas levemente sonrojadas, estaba demasiado acostumbrada a hacer las cosas por si misma desde temprana edad porque pensó que ya era una molestia para Kisuke y Yoruichi cuidarla, hacer cosas era lo menos que podía hacer. – Quiero hacerlo por mí misma… por favor, Sousuke. – Rogó sin muchas ganas, pero no tenía muchas opciones, quería acabar con esto rápido ya que la gente observaba.

-Si eso es lo que quieres, adelante. – Regalándole una de sus sonrisas ecuánimes.

Hallibel le indicó como llegar a la cocina y Orihime se grabo cada indicación con mucho cuidado ya que tenía la mala suerte de perderse, mas si eran en lugares nuevos. Mientras caminaba, suspirada muy cansada, en verdad no podía imaginarse en este estilo de vida, más bien, no se podía adaptar tan fácil… ¿Cómo es que lo hacía Ichigo?

Reflejó tristeza al pensar en él y acaricia el collar que le había regalado en su cumpleaños, aquel presente le ayudaba a sobrevivir en toda esa pesadilla.

-Ichigo-kun. – Susurró con tristeza, esforzándose por no llorar.

Al fin pudo encontrar la cocina y entró un poco insegura, murmurando un "disculpen" y pudo notar que no sólo estaban las sirvientas trabajando en llevar comida y licores a la fiesta, también estaba Stark, el Primer estaba echado en la mesa, tomando una siesta. No pudo evitar sonreír, le recordaba a Shunsui-san… de seguro ambos serían buenos amigos.

-Orihime-sama. – Una mucama algo mayor, que parecía ser la líder de las mucamas al servicio de Aizen-sama. – Que honor que la persona más importante venga a nuestra cocina. – Saludó con una gran sonrisa.

-Hey, hace un momento dijo que yo lo era. – Se quejó Stark alzando su cabeza que estaba oculta entre sus brazos.

-Oh Stark-sama. – Aquella mujer le acaricia los cabellos como si fuera un niño. – Usted puede ser el número dos. ¿Y a qué se debe su visita, Orihime-sama?

-Ah, sólo vine a prepararme algo de té.

-Oh, debió avisar y nosotras nos encargábamos con mucho gusto.

-No es necesario, puedo prepararlo yo sola, no es una ciencia de otro mundo.

Había llenado una tetera con agua, esperaba pacientemente a que comenzara a sonar un pitito que advertía que estaba listo, ya listo, preparo un par de tazas y las lleno con agua caliente para luego posarlas en la mesa en donde dormía Stark, llamando su atención.

-¿Té o café? – Regalándole una sonrisa.

-Gracias… café por favor.

Y así, tomaban del contenido en silencio, era una extraña forma de sociabilizar. Una vez vacías, Orihime decidió encararlo.

-Siempre he pensado que no eres una mala persona, Stark-san… ¿Por qué le prestas tu fuerza a un hombre como Aizen?

-Yo le debo a Aizen-sama… él ha pagado la operación de mi madre, medicamentos y pudimos vivir tranquilos en una cabaña al lago en Inglaterra… lo haya hecho por caridad o sólo para usarme, ha salvado la vida de mi madre, sería grosero no pagarle el favor.

-Supongo que tienes razón.

-¿Te das cuenta que tienes el poder aquí?

-¿Eh? – Mira a Stark sin comprender, el Espada se había puesto de pie y tomo las tazas.

-Aizen-sama puede ser el hombre más cruel, despiadado y todo lo que quieras… pero no deja de ser un hombre… uno que siente una atracción hacía usted. – Camino hacía el lavaplatos dejando el suspenso para que la chica medite en sus palabras. – Orihime-sama, usted puede usar esa atracción para controlarlo. – Le explicó una vez había vuelto y se tendió nuevamente para tomar una siesta.

Orihime se lo quedó mirando, aún sin creerse aquella información, ¿Stark la estaba ayudando o todo era parte de un sucio plan de Aizen? Estaba cansada, hoy no era su día y lo único que quería era dormir.

Despidiéndose de la servidumbre, Orihime se retira a la cocina para volver a aquella fiesta aburrida, deseando irse a dormir. Tan perdida estuvo en sus pensamientos por su cansancio y analizando lo que había dicho Stark que no se dio cuenta que Lolly había levantado el pie con discreción, por lo que terminó tropezando y cae al suelo, quejándose de dolor y oyendo las risitas disimuladas de la culpable.

Seré tonta, mira que caer en este truco tan estúpido.

Pensaba molesta mientras se sentaba en el suelo, notando que se había raspado en la pierna derecha y de su rodilla salía sangre. Maldijo a Lolly cien veces en un pensamiento.

-Orihime, ¿Estás bien? – Aizen había corrido hacía ella notablemente preocupado, sorprendiendo a la chica, pero de inmediato mira hacía otro lado para evitar un posible sonrojo. – Te has lastimado la rodilla.

Aizen había sacado de su bolsillo uno de sus suaves y costosos pañuelos, lo doblo con cuidado y lo froto por la zona herida con mucha delicadeza, aquel acto de caballerosidad y madurez había causado vergüenza en Orihime por lo que no pudo resistirse más y se sonrojo, recordando que Aizen era un hombre, no un adolescente, alguien con experiencia y que sabía como jugar sus cartas con las mujeres. El contacto de la seda con la piel de la bailarina era algo que excito a Aizen, anhelando poseerla.. si no tuviese que esperar hasta el día de la boda…

De golpe, la chica recordó las palabras de Stark y quiso probar si eran ciertas.

-Sousuke. – Lo llamo una vez que él había rodeado su rodilla con el pañuelo como si fuera vendaje. – Estoy muy cansada, me gustaría ir a mi habitación y dormir.

-Si eso es lo que quieres, Orihime. – Ayudándole a ponerse de pie.

Orihime se sorprendió y no evitó en seguir con sus caprichos de niña… en parte, para vengarse también de Lolly.

-Oh, ¿Y puedes pedirle a Lolly que me preparé un baño de burbujas y con aroma a vainilla? Ah, y que le ponga a mi cama pétalos de rosas.

-Por supuesto Orihime, aquí tus deseos son órdenes. – Besando su mano.

¿De verdad te tengo en mi poder, Sousuke?

Ah bueno… por lo menos pasaría un buen rato burlándose de Lolly.


Sentada al borde de la cama, parada mirando por la ventana, acostada y caminando nerviosa…

Orihime simplemente no podía dormir, a pesar de que se sentía cansada físicamente, su revolucionada mente no quería parar… más que nunca deseo tener una botella completa de sake para anestesiarse y dormir.

-Ichigo-kun – Orihime finalmente deja caer algunas lágrimas.


Aizen tampoco podía dormir, pero por un motivo distinto, la noche estaba fría pero él sentía calor, no podía dejar de pensar en Orihime, sudaba, jadeaba y no podía hacer nada para remediarlo, realmente quería respetar su palabra, pero le era muy difícil.

Flash back.

-No, Butterfly-san, recuerda que para agarrar la espada con las dos manos tu mano de apoyó debe estar mas flexionada – Aizen trataba de enseñarle a su bella alumna.

-Sousuke-kun, ven a decirme cómo – la chica lo toma de la mano y lo estira para que le muestre.

-E-está bien – Aizen se puso a su espalda y paso sus brazos al frente, como si la abrazara desde la espalda, después movió las manos de la chica para acomodarlas correctamente, ese movimiento provoco que el corazón de Sousuke se revolucionara y sus mejillas tomaron un color rojizo debido a esto – debes poner tus manos así.

Gracias Sousuke-kun – respondió Butterfly con una sonrisa.

Fin flash back.


Orihime dormía profundamente, finalmente la somnolencia la había vencido, aquella noche las pesadillas no la dejaron en paz.

Casi amanecía, y los empleados ya se movían por toda la mansión, aquel ruido y algarabía despertó a Aizen.

-Buenos días Aizen-sama – dijo Lolly haciendo una reverencia.

-Buenos días Lolly, ¿ya se levanto Orihime? – Preguntó Aizen mientras tomaba su té matutino.

-No señor, pero si quiere voy a despertarla – sugirió Lolly con una sonrisa, se vengaría interrumpiendo su sueño.

-No te preocupes, yo mismo lo hare – finalizo Aizen caminando hacia la habitación de la chica.

Aizen abrió la puerta, sentía como si se acercara al fuego al ver a Orihime acostada entre pétalos de flores.

-Orihime – Susurró una vez sentado en esa cama, acercando su mano a los flequillos que le rosaban la frente de la chica – Despierta, tenemos planes para hoy.

-Cinco minutos más – Susurraba dándole la espalda, por una razón ya se estaba acostumbrando a aquella atmosfera fría y llamar a su prometido por el nombre.

Flash Back.

-Vamos Butterfly-san, despierte o nos regañaran.

-No Sousuke-kun... dame cinco minutos más. – Cubriéndose completamente con las sabanas.

-B-Butterfly-san, onegai.

-No, aún tengo sueño.

Fin Flash Back.

-Nada de eso, ya despierta o…. – Acercándose a su cuello. – Me veré la necesidad de despertarte. – Le susurró mientras beso y mordió dicha parte del cuerpo.

Por reacción, Orihime se levanto de golpe e iba darle una bofetada, pero esta vez, Aizen la detuvo sin problemas. Se veía molesta mientras el sonrojo invadía sus mejillas.

-Es hora de que te levantes. – Acercándose sin vergüenza.

-No te me acerques. – Advirtió.

-¿Por qué? Es normal entre prometidos. – Murmuró con sus labios cada vez más cerca de los de ella.

-Sousuke, onegai, déjame sola para cambiarme.

-Bien. – Le roba un corto beso. – Nos vemos.

Vio como el mecías del mal salía de su cuarto como si nada. Estaba molesta, sonrojada y avergonzada… y eso no podía creerlo. Resignada, se levantó y se acercó al ropero lleno de ropa femenina que fue comprada para ella, vio aquel uniforme de espada, lo pesco y lo escondió en lo más profundo, no deseaba ponerse aquellas ropas de asesinos. Pesco un traje ideal para la cabalgata, se fue desvistiendo lentamente y se vistió con aquellas ropas sin abandonar su amado collar. Se acercó a aquel enorme espejo y ahí se peino, colocándose sus horquillas, que según le informó Urahara, fue un presente de su madre.

Una vez todo en orden, se dirigió sola hacía el jardín. Vio a Aizen, Gin y Tousen comiendo y tomando té en una redondeada mesa blanca con los espadas de pie y a unos metros de distancia del mueble que tenía un espacio vacio que era para ella.

-Te ves hermosa hoy Orihime-chan… pero quisiera verte con el uniforme.

-No pienso ponerme aquellas ropas… nunca. – Ignorando las reverencias que recibió de los sirvientes y se sentó en aquel asiento vacio. – ¿Que planes tienes hoy? – Actuando sin saber nada como prometió.

-Iremos de casería con los demás noble, ojala te diviertas.

-No estarás hablando de ir a cazar personas, ¿verdad? – preguntó Orihime provocando las risas de Aizen y Gin.

-No cabe duda – Aizen toma a Orihime del mentón, acariciándola suavemente – eres el sol que ilumina esta casa.

-No te preocupes Orihime-san, sólo cazaremos algunos zorros – Gin interviene preparando su arma. – hasta tú lo puedes hacer.

-¿En serio? Tendré que tener cuidado en no dispararte – responde Orihime a Ichimaru provocando la risa de Stark y Barragán quienes venían llegando.

-Barragán, lograste convencer a Stark en venir – Aizen se acerco a saludar – me alegro.

-Sí, pero ni Ulquiorra, ni Sora quisieron venir – respondió el hombre mayor contestando el saludo.

Finalmente era tiempo de partir, pero había que preparar todo y elegir caballo.

-Bueno, vamos Orihime-chan quieres ir conmigo en mi caballo o quieres…- Aizen fue interrumpido.

-Yo me voy en un caballo aparte – Orihime eligió un hermoso caballo negro que se movía por el corral.

-Mmjuuu, ¿desde cuando los campesinos saben montar? – comento en voz baja Gin a Barragán nuevamente de forma irónica.

Esta vez Orihime sólo lo ignoro, no estaba de humor para las patanerías de Gin.

-Muy bien dividámonos en dos grupos – Aizen hacia sus planes – Gin liderara a Barragán y a Stark, mientras yo iré con Orihime-chan y Tousen.

-Entendido, vámonos – Gin partió con sus compañeros.

-Gome… - Orihime le hablaba a Aizen mientras señalaba a Tousen.

-No te preocupes Orihime, Tousen no puede ver, pero sus sentidos están muy desarrollados, el será de gran ayuda. – dijo Aizen.

-Hay que acercarnos al arroyo – dijo Tousen.

De pronto un caballo desbocado se acerco a toda marcha, con un jinete peculiar.

-Ya llego el señor Kanonji. – Avisó Tousen.

Don Kanonji, así lo conocían todos, era un hombre sumamente rico, pero era débil y torpe, aun así no dejaba de ser un noble y un socio de Aizen.

-Sousuke-kun, muchacho del demonio esta vez te ganare, cazare más zorros que tú – dijo el hombre de barba y sombrero emplumado.

-Pero Don Kanonji, con esa ropa espantaras a los Zorros – dijo bromeando Aizen.

-La apuesta sigue en pie, diez lingotes de oro, prepárate a perder – Don Kanonji se alejo en su caballo a lado de sus dos coequiperos.

-¿Diez lingotes de oro? – Orihime dijo sorprendida. – que locura, ¿no tienes miedo?

-No – Aizen se acerca a Orihime y de nuevo acaricia su mano – yo no conozco la derrota.

Al escuchar esas palabras Orihime se sintió aplastada, le dolía aceptar que él tenia razón, y la mayor prueba era que ella estaba ahí, completamente en sus manos.

-Y yo te juro que estando a mi lado, conocerás lo que es el poder absoluto. – Besando su mejilla.

En medio de esa devastación mental ante la realidad, a Orihime se le prendió un pequeño rayo de esperanza como contraataque.

-Pero… tuviste una derrota. – Analizando a Aizen para ver sus facciones. – Tuviste una derrota cuando perdiste a mi madre por mi padre.

Notó como los ojos de Aizen se molestaron por unos segundos con sólo recordarlo y sonrió victoriosa para luego acercarse al caballo que selecciono, y al parecer, no paraba de moverse, parecía peligroso.

-Inoue-sama, déjeme encargarme de ese caballo. – Pidió Tousen.

-Tranquilo, que yo puedo. – Acercándose despreocupada al animal. Ya a una distancia prudente, disminuyo la velocidad de sus pasos y con cuidado, alzo sus manos. – Mucho mejor, te haces el bravo por nada. – Acariciando a la criatura que estaba a gusto con ella, incluso acercó su rostro para acariciar la mejilla de Orihime.

-Eso es emocionante. – Aizen aplaudía complacido, olvidando el enojo que había sentido hace unos minutos por culpa del pasado. – ¿Kisuke te enseño a montar?

-No, fue otra persona. – Fue su respuesta mientras Tousen le ayudaba a subirse porque le era algo complicado por usar un vestido – Gracias.

-No hay de qué. – Fue su turno de subirse a su propio caballo.

Fueron a los lugares que recomendaba Tousen y Orihime no pudo evitar sorprenderse porque en cada lugar que mencionaba, encontraban desde tres hacía arriba. En los caminos se pillaban unos cuantos nobles más y en unas horas, todos los "superiores" estaban reunidos en un punto, ella había aprovechado la ocasión para conocer más gente arrogante, especialmente aquellas jovencitas que tenían su misma edad, de seguro eran consentidas por sus padres.

-¿Y de que familia provienes Orihime-san? – Preguntó una de ellas, estaban curiosas por saber como era la clase de mujer que conquisto al noble más codiciado.

-No soy noble, soy aprendiz de bailarina, bailaba en las calles. – Respondió seria, no le agradaba esa gente, un perro tenía mejores modales.

-¿Qué? – Tanto ellas como la gran mayoría de las mujeres estaban sorprendidas – Vaya, vaya… una pobre, sólo asegúrate de no dejar en vergüenza a alguien tan importante como Aizen-san.

-Orihime-san, no es buena idea. – Le recomendó Stark al ver que ella iba a atacarlas apenas dieran la espalda.

-Valía la pena soñar. – Resignada.

-Vaya Don Kanonji, ha empatado con Sousuke-san. – Dijo uno de los hombres.

-Aún nos quedan diez minutos. – Recordó Sousuke. – Todo puede pasar.

-¡Ahh! – Grito una joven. – ¡¿Qué crees que haces?

-Quédate quieta. – Al parecer, Orihime la apuntaba con su arma. Disparo y aquella victima cerró sus ojos. – He cazado a una. – Devolviendo el arma a Stark.

-¿Eh? – La afectada ve por su lado izquierdo y ve a un Zorro muerto. – ¿Por que no dijiste nada?

-A esta pobre bailarina muerta de hambre se le olvido como hablar ante alguien tan importante. – Se defendió con sarcasmo y con una sonrisa burlona, disfrutando la ira de aquella desagradable chica.

-¡El tiempo ha terminado! ¡Por decimo año consecutivo el señor Aizen-sama y su equipo han ganado la competencia! – grito emocionado el maestro de ceremonias.

-Nooooo, no de nuevo oh my good – Don Kanonji se quejaba de su mala suerte arrastrándose por el suelo, sin importarle las miradas del resto de las personas.

-Lo siento Don, tal vez el próximo año – dijo burlonamente Aizen.

-Y bien, ¿que vas a hacer con esa fortuna? – preguntó Gin interesado. – ¿compraras armas?, ¿remodelaras el cuartel?

-Esos lingotes no me pertenecen, Gin – Aizen se acerca a Orihime y la toma de la cintura.

-¿Sousuke? – dijo Orihime sorprendida por la repentina reacción de Aizen.

-Orihime, has estado magnifica – Aizen sube su mano atravesando toda su espalda hasta llegar al hombro – gracias a ti, ganamos.

-Felicidades, bien por ti – respondió fríamente Orihime.

-Los diez lingotes de oro serán para ti sola – dijo Aizen provocando que Orihime abriera sus ojos en extremo. – puedes hacer con ellos lo que quieras.

-¿q-que dijiste? Pero es una fortuna – dijo una sorprendida Orihime.

-Sí y ahora es tuya. – repitió Aizen. – con eso puedes comprarte muchas cosas lujosas.

-No, lo usare para ayudar a la gente del pueblo – dijo con determinación Orihime.

-Siempre pensando en los demás – Aizen se acerca a ella y le susurra al oído, provocando que esta se estremeciera – en eso te pareces a tu madre.

-¿En serio? Aizen-san le va a regalar ese oro – una de las jovencitas malcriadas musito desde lejos. – ¿a esa bailarina?

Orihime mostro una cara de enfado al escuchar eso y cuando le iba a responder, Aizen le puso un dedo en su labio.

-Haces bien en estar orgullosa de tu origen – Aizen la mira directamente a los ojos y pregunta – ¿quieres bailar frente a estas personas?

Toda esa gente discriminaba a Orihime por su antiguo oficio de bailarina callejera, así que ella bailaría con gusto para mostrar su talento.

-Si – respondió con una sonrisa mientras Aizen la llevaba de la mano.

-Su atención por favor – Aizen llamo la atención de todos – mi prometida, Inoue Orihime, anteriormente fue bailarina y su espectáculo lo ofrecía en las calles del pueblo – Aizen abraza a Orihime por la cintura – disfruten de la belleza de esta rosa.

Orihime cerro sus ojos, tratando de recordar las notas de una canción, después de todo, le gustaba bailar sus propias composiciones y le iba a dar una lección a esos malnacidos y malcriados. Primero movió sus manos mientras tarareaba una canción, su favorita. Sus pasos de bailes, como siempre, eran hipnotizantes, la gente que la veía por primera vez no pudieron evitar sorprenderse y deleitarse ante aquellos movimientos, incluso lo estaba Tousen a pesar de su estado.

Adoro bailar y cantar… y no me avergüenzo nunca de lo que soy Pensó mientras reflejo una leve sonrisa, se sentía muy bien al estar bailando.

Una vez que termino, agradeció los aplausos con una elegante reverencia, como si en verdad fuese criada por una familia de nobles. Una sonrisa de superioridad se reflejo en sus labios cuando vio las miradas de desprecio y odio de las jóvenes nobles.

-Espectacular como siempre Orihime – Aizen se había acercado para besar su mano.

-Bueno, después de este gran espectáculo, es hora de que pasemos a almorzar, ¿Que les parece si lo hacemos en el jardín? El día es espectacular. – Recomendó el maestro de ceremonias.

-Buena idea. – Dijo otro.

Caminaron hacía su destino, en sus respectivos grupos de copuchas. Orihime estaba con Stark porque Aizen, Gin y los otros conversaban con otros grupos y como a él, le desagradaba aquella gente.

-Descuida, ya te acostumbraras.

-Aún no puedo creer que Aizen me haya dado aquella fortuna, ¿Qué planea?

-Nada, ya te lo dije, haría cualquier cosa por ti.

-Bueno, la gente del pueblo estarán por ahora muy bien con aquel dinero. – Sonriendo.

-Vaya… de un cierto modo, llegaste a acostumbrarte estar aquí.

-Debe ser porque tengo por lo menos cosas que hacer… y conozco a gente más agradable como tú y con quien burlarme como Lolly, Menolly y aquellas malcriadas.

-Me gusta como piensas. – Sonriendo para luego bostezar. – Quiero dormir.

-Eres como Kyoraku-san, también se pasa horas durmiendo. – Mencionarlo provoco que la nostalgia invadiese su rostro. – Los hecho de menos. – Pensó, pero luego sacudió su cabeza.

Llegaron y no tardaron en disfrutar de un carísimo banquete.


-Tengo que confesar que estoy desesperada – Yoruichi movía su dedo índice, golpeando el escritorio de Urahara – ya tardo ese idiota de Ishida.

-Calma, tal vez se topo con alguna bella noble – dijo Urahara con su característico humor.

-Veo que me extrañaron – dijo Ishida entrando con una elegante ropa y bigote falso. – por fin llegue.

-¿Lograste colarte al evento? – dijo Urahara quien se acerco corriendo emocionado al joven. – ¿la viste?

-Sí, me quitare este molesto bigote – dijo mientras se quitaba también el sombrero – por fortuna me logre unir al equipo de uno de mis clientes, el señor Kanonji, a quien por cierto también le diseñe un traje de gala como el mío – dijo Ishida acomodándose sus lentes – Orihime-chan estaba ahí a lado de Aizen todo el tiempo, así que no pude acercarme a ella.

-¿Y como estaba ella? – Pregunto una preocupada Yoruichi.

-Se veía bien, aparentemente esta tratando de soportarlo – respondió Ishida – gracias a ella, Aizen gano la competencia – de nuevo acomoda sus anteojos – le gano a mi equipo y el señor Kanonji le pago diez lingotes de oro a Aizen por la apuesta.

-¡Eso es una fortuna! – dijo sorprendido Urahara.

-Si, eso es lo que todos dicen… acá lo sorprendente es que Aizen le cedió el premio a Orihime-chan.

-¿Por qué? – pregunto Yoruichi.

-En compensación por lograr el desempate – respondió Uryuu – no se que planee ese sujeto, si cree que la puede comparar, está muy equivocado.

-¿Quién sabe? – Zaraki venia entrando a lado de Isshin – uno se acostumbra a los lujos y el poder, no veo por qué ella sea la excepción.

-No digas estupideces Zaraki – sugirió Yoruichi. – la traeremos a casa y ella seguirá siendo la misma Orihime-chan que conocemos.

-Pues nos estamos tardando – dijo Zaraki.

-No, hay que confiar en ella, ella hace esto para proteger a su hermano, recuerden que ella es una comandante y sabe lo que hace – Urahara mostró su cara seria – en cuanto ella logre salvarlo de las manos de Aizen, será nuestro trabajo salvarla nosotros a ella.

-Entiendo – se limito a responder Yoruichi.

-Sin embargo, Kisuke – Isshin interviene – mi hijo esta dando problemas, ya no come, ya no duerme… sólo piensa en matar a Aizen, si sigue así se volverá loco.

-Kurosaki, de por si ya esta loco, en cualquier momento hace una estupidez - Agregó Ishida.

-¿Cuál es el problema? – Preguntó Zaraki sin darle importancia al asunto. – Shinji y yo lo mantenemos a raya encerrándolo en el cuarto.

-No seas salvaje Zaraki, es obvio que ya no puede estar más tiempo encerrado. – Respondió el cabeza de los Kurosaki.

-No hay opción, hay que hacerle creer que Orihime-chan ya no lo ama - finalizo Urahara arreglándose el sombrero.

-¿Y como haremos eso? No nos escuchara. – Le recordó Isshin.

-Tengo una idea. – Yoruichi tomo la palabra al pensar en un plan. – Pero para que se cumpla… primero deberé salir acompañada.

-Que tengas un buen viaje. – Fueron las palabras de Kisuke mientras movía el abanico y su mano libre en señal de despedida.