Capitulo 31: La hija fea.
Aizen había terminado de leer el informe y ahora estaba en su indiscutible e imperdible hora del té, tratando de tomar ese espacio de tiempo en relajarse de su vida ocupada y no pensar en nada que le quite la paz… pero...
Entiéndelo de una vez por todas...yo no soy my madre.
Las palabras dichas llenas de rabia por parte de Orihime siguen resonando en su cabeza, sin descanso y quitándole la paz que necesita.
Ni siquiera presta atención a Gin a pesar de llevar tres minutos hablando.
—Te pregunte, ¿Dónde está West? — Gin movía sus manos frente a la cara de Aizen quien por fin se digna en salir de sus pensamientos.
—Lo siento… lo mande a una misión – Dijo misteriosamente.
—¿Es con respecto a la estrategia para manchar el honorable nombre de la resistencia? — pregunto Gin sarcásticamente.
—En efecto, él nos servirá para hacer el trabajo sucio – dijo Aizen recuperando su malicioso gesto. — La gente lo relaciona con la Resistencia, no con nosotros, así que todos los crímenes que cometa recaerán sobre Urahara y su gente.
West vestía el kimono negro característico de los soldados de la Resistencia, después de todo alguna vez fue un honorable miembro de ésta. La gente lo señalaba y murmuraban a su paso.
—Es miembro de la Resistencia – decía una mujer señalándolo.
West los ignora, continua caminando bastante orgulloso. Y cómo anda concentrado, no nota al principio a un hombre que se pone frente a él hasta que ya era tarde para esquivarlo.
—Aunque no apareces en la lista de los más buscados, algo me darán por una basura como tú. — Es Ganju quien se para frente a él.
—Aléjate de mi camino, que vengo de dejar un recuerdito en la administración — dijo West empujándolo y queriendo seguir su camino.
—Maldito, no me toques — Furioso, Ganju lanza un golpe directo a la mandíbula de West.
—Te dije que te quitaras de mi camino — West, ya sin paciencia ni misericordia, saca su espada y provoca un corte transversal en el estomago de Ganju.
Hay un momento de shock en Ganju y la gente alrededor que había presenciado la escena.
—F-fue un ataque sorpresa — Murmura la víctima ante la mirada de horror de los presentes.
—¡Que llamen a la guardia, un miembro de la resistencia ataco a un civil! — grito un hombre en el lugar entre medio del escándalo de la gente que sale asustada de allí, temerosos de ser los siguientes con aquel destino.
—Ahora te voy a rematar — West lanza el filo de su espada, apuntando directamente al cuello de un temeroso Ganju.
El ataque de West fue contrarrestado por el filo de otra espada, aquella espada le es familiar a Ben, con solo ver la hoja la reconoció y sonríe con arrogancia y emoción.
—Haineko… jeje te extrañe. — Ben alza su mirada para ver a la mujer de sus sueños y sus pesadillas.
—Entonces era verdad, ¿te liberaron o te escapaste? – pregunta Rangiku con una mirada seria, sabe que no puede bajar la guardia.
—Un poco de esto un poco de aquello. — respondió empujando su espada para liberarse de la presión.
El enojo de la mujer crece un poco por sus palabras y otro por notar las ropas que lleva puestas.
—¿Qué haces con ese uniforme? – pregunto Rangiku molesta. — no tienes el honor, ni la integridad de portarlo.
—Ustedes los de la Resistencia siempre hablan de honor e integridad. — Respondió con sarcasmo mientras movía sus manos teatralmente para darle énfasis a esos títulos que encuentra ridículos. — Pero al final todos somos iguales.
—No nos compares con calañas como tú y Aizen. Salvaremos a Orihime y los mataremos a todos.
—Esa tal Orihime ya no es más una de ustedes – dijo sorprendiendo a la rubia mujer.
—¿De qué hablas? — Maldice en su mente por seguirle el juego, no debió preguntar.
—A partir de ahora la Resistencia será el enemigo público número uno – dijo, cambiando el tema al comprobar la hora y vuelve a sonreír con su conocida ya arrogancia. — ya es hora.
Una fuerte explosión se escucha en todo el pueblo, venia de la oficina de la administración, en uno de los cubículos de los empleados. A esa hora trabajan por lo menos una decena de ellos. Ha sido un nuevo atentado.
—¿Qué hiciste, Ben? – Rangiku no daba crédito a lo que veía sus ojos a pesar que tenía el espectáculo de cerca.
—Un pequeño regalito de parte de la Resistencia para el pueblo – respondió entre carcajadas.
—Eres un maldito. — Exclama la mujer, regresando su ira y lanzándose al ataque.
Ben detiene el impacto con su propia espada, estuvieron en ataque por largo rato. La gente que seguía allí miraba aquello, muy confusos y sorprendidos ¿Por qué aliados estaban peleando entre sí?
—Lo siento preciosa, pero debo irme. —Dijo al ver de reojo como la guardia se acercaba. —Pero antes…
Con su espada, hizo girar la de Haineko, haciendo que ambas tuvieran el filo en el suelo y, para sorpresa de la chica, él le había robado un beso.
—Igual de sabrosos como siempre. —Y se va a carcajadas.
Rangiku tarda en reaccionar por lo que ha pasado. No sólo West le ha robado un beso, sino que su subconsciente sólo pensó en que siguen sabiendo igual de bien.
Aquello le pasa factura porque, al quedarse ahí de pie como una tonta, no puede escapar de la guardia y termina siendo rodeada por ellos y siente sus armas rozándole el cuello en advertencia. Un movimiento y será lo último que haga.
—Ríndete, asesina. — Dijo uno, por su postura y emblemas en su uniforme, apuesta que es el líder de aquel grupo. — Suelta su espada y ríndete.
—¡Canalla! — Grita ella en respuesta, no a ellos sino a Ben, sabiendo que andaba cerca, incluso puede oír su maldita risa mientras trata de ver si puede encontrarlo en su vista periférica.
—Ríndete. — Insiste tras su cabezonería.
Rangiku los miro seriamente, luego suspirar resignada y opta en hacer caso. Tira su espada en señal de rendición y sus opresores no tardan en esposarla.
Orihime se había mantenido en el cuarto durante aquella mañana, sin mucho ánimo de tener que estar actuando o debatiendo las jugadas sucias de Aizen. Odia su jaula pero hoy en día es el único Santuario que le queda.
Si tuviera a Tsubaki, sería un poco más fácil, su ronroneo le brinda paz y tranquilidad.
Como lo echa de menos.
Echa de menos todo su hogar, la gente…
A Ichigo.
A pesar de la distancia, también lo oye. Su cuerpo se paraliza por lo que parece a principio el ruido de un temblor y se levanta de la cama, desorientada. Luego de segundos se da cuenta que no es un fenómeno de la madre naturaleza… aunque daría un brazo con tal que ocurra uno y Aizen sea aplastado por una roca.
—Ese ruido fue de… — Murmura sorprendida.
No podía creerlo, ¿Una explosión? Aizen quería llegar demasiado lejos para que rompa su lazo con la Resistencia y eso era algo que no podía permitir. ¿Cuánta gente debe pagar por su maldad?
Se pasó la tarde deseando que no fuese así, que todo sea producto de su imaginación. Incluso ignora los golpes a la puerta, servidumbre o guardaespaldas que quieren contactar con ella e informarle de la situación. Ella no les deja ni entrar ni hablar con el pretexto que se ha sentido mal. Ni Aizen se lo permitió al querer verla por oír lo indispuesta que supuestamente andaba.
Pero llegó a un momento en que ya no podía fingir, por respeto a la gente y a sí misma. No puede ayudar si se la pasa escondida por miedo. Así que allí esta, terminando de arreglarse y saliendo de su Santuario con la cabeza en alto, fingiendo no prestar atención a la gente a su paso y lo que deben andar pensando.
—Hasta que te apareces. —Dijo Gin con su sonrisa de siempre apenas la ve.
—He estado indispuesta, no sabía que esas cosas te gustaban ver. — Dice restándole importancia, reunía con ese pequeño acto fuerzas antes de "jugar" con el pez grande. — ¿Qué fueron esos ruidos que escuche hace unas horas? — Dirigiendo su atención a Aizen.
—Eso mi querida Orihime-chan, fueron explosiones causados por tus amigos de la Resistencia. — Responde el hombre poderoso y cruel.
Lo que se temía. Otro juego de manipulación por su parte con el fin de joderle a ella la moral y su lealtad. Agradece que las mangas del kimono le cubran las manos, así nadie puede notar como presiona con fuerza sus puños, cabreada con aquel cabrón de Aizen que ha aniquilado vidas con el mismo desinterés y fastidio al quitarse el polvo.
—Lo que reportó la gente. —Habla Sora con sus ojos leyendo unos papeles. — La causa fue un hombre que vestía el uniforme de la Resistencia. —Ve a Orihime. —También hay más.
Sora da una señal a soldados antes de darle la oportunidad a su hermana de hacer una pregunta y éstos salieron y regresaron en poco tiempo acompañados de un prisionero que Orihime conoce bien.
—¿Rangiku-san?
La mujer de larga cabellera rubia no la ve, ni siquiera a Gin. En otras circunstancias estaría enfrentando a todos con sus ojos de felina al ataque, pero en ese momento no puede. Le duele terriblemente la cabeza y necesita tiempo para actuar frente a las hienas y Orihime que no le pasa nada.
Y recordar el maldito beso no la ayuda mucho que digamos.
—Ella es un miembro de la Resistencia que fue encontrada cerca de la explosión. Los pueblerinos dijeron que esta mujer se apareció de repente para defender a un civil que fue víctima del causante del atentado, uno de sus colegas.
—¿Por qué lo toman presa entonces? Ha protegido un civil.
—Pero no quita el hecho que es una aliada de la Resistencia, es complice de la explosión y de la muerte de personas inocentes.
—Por favor, todos sabemos que…
—Basta. — La orden directa y fría no vino de Aizen, sino de Rangiku, interrumpiéndola. Orihime y los demás presentes se sorprendieron también de su osadía. — Me estoy aburriendo de tanta estupidez y testosterona masculina que voy a vomitar. — Se queja exasperada pero en su cara hay aburrimiento. Enfoca su atención en Aizen, los dos miran al otro como si fuera un insecto que hay que aplastar. — Sea lo que sea que hagas conmigo Aizen, hazlo rápido… soy una mujer ocupada.
Orihime nota como el hombre lanza su primera sonrisa del día. Gin admite, por dentro, que tiene miedo del destino que planea el hombre.
—Caballeros, lleven a la señorita a la prisión que está debajo de la casa…trátenla con el respeto que se merece, no deja de ser una mujer.
—No quiero tus respetos, ni los de Ichimaru. —Sus palabras estaban cargadas de furia y de odio. Orihime supuso que algo le paso, pero que no le diría delante de todos.
—No te preocupes. — Dice con desinterés. — Solo lo hago por Orihime.
Ellas se vieron por unos segundos y asintieron entre sí. Orihime vio como se llevaban a su amiga, deseando que llegase la hora en que hablasen a solas. Se acerco a la mesa y saco una galleta.
—Tenemos el informe completo Orihime-chan – Aizen saca un montón de hojas y las muestra a la chica.
Sus palabras causaron que la galleta en su boca ahora tenga sabor rancio.
Y aquí esperando que se olvide del asunto… que estúpida es.
—Encontraron algunos objetos con la marca característica del Seireitei en la escena del crimen. – Aizen saca una placa con la imagen de una calavera.
—Es original, ¿de dónde la sacaron? – pregunta ella observando la placa.
—Ya te lo dije, en la escena del crimen – Repitió Aizen. Suelta un suspiro y toma una de sus manos, queriendo darle apoyo. – Lo siento, entiendo que no puedas aceptarlo, pero ahora ellos son un riesgo para nuestra sociedad.
Orihime se levanta sin mirar a los presentes y sale un poco molesta al escuchar aquel comentario. Lo cierto era que no quería estar cerca de Aizen para no recordar lo que había pasado.
—¿Vas a algún lugar Orihime-chan? – pregunto Aizen.
—Voy a trabajar – se limito a contestar.
—Entonces, piensa bien en la situación de Kurosaki y sus crímenes – concluyo el hombre con arrogancia.
Orihime llega al pueblo para ver la situación. Ya entendían a los heridos, muchos de sus empleados que hasta hacia unas horas ella había dejado encargados de tareas sencillas estaban ahora muertos. No pudo evitar de nuevo ese sentimiento de culpa que la había agobiado toda la tarde.
—Orihime-sama, por favor que se haga justicia – una señora se acerco a la chica – los de la Resistencia están fuera de control.
—Si señorita – un hombre intervino – desde que nombraron a el tal Kurosaki como nuevo comandante, la Resistencia se volvió un grupo violento.
—Exijo, que se haga oficial a Kurosaki como non grato – dijo un malherido Ganju – él está detrás de todo esto.
—Sí, es verdad a él y a Urahara – grito otro, en un segundo ya había rodeado a Orihime, su sola presencia los tranquilizaba.
El problema es que Orihime no podía mandar colgar a sus propios amigos, mas que amigos, familia. Pero tampoco podía defraudar a la gente del pueblo, estaba en una disyuntiva moral.
Una vez más, ha caído en el plan de Aizen al ser una ilusa, al pensar que podía hacer algo desde adentro por el bien del pueblo y de su familia.
Pero al final ha terminado exactamente como él quería.
Con una elección que lo cambiara todo.
—Les aseguro que se hará justicia, sea quien sea el responsable – respondió a la gente sin mucho ánimo.
Mientras tanto en el calabozo de Aizen Matsumoto gruñía por su dolor de cabeza cada vez más insoportable. Da gracias que los soldados que la trataron "tan bien" sean unos zopencos y no hayan hecho lo más obvio al capturar a una persona: revisar que no tenga más armas. De seguro pensaron que sólo tenía a Haineko y que no valía la pena chequearlas.
Y, en efecto, no tiene más armas, pero no es por eso que se alegra de la incompetencia de aquella gente, sino porque no le quitaron la medicina contra la migraña, que lleva siempre oculta en un bolsillo secreto dentro de la manga de su kimono y suspira al ver la píldora. Se lo mete a la boca y traga, siendo consciente a que era el único que le quedaba y, si va a seguir allí más de una noche, tendrá que controlar sus emociones o tendrá otra migraña muy pronto y no está Retsu para atenderla.
Poco a poco va desapareciendo el dolor y suspira de alivio, dejándose por fin caer en el pequeño colchón que hay allí, y bastante cómodo, y se toma una siesta para recuperar fuerzas y esperar que al despertar la migraña desaparezca por completo.
Se despierta al escuchar que alguien se aproxima.
—¿Orihime eres tú?
—No, soy yo – Aparece Gin con su pose descuidada de siempre. Su sonrisa desespera a su amiga de la infancia. – Me ha caído un regalo del cielo.
—Ahórrate tus halagos Ichimaru – respondió ya de mal humor y se obliga a mantener la compostura o va a regresar la migraña.
—No seas tan fría – dijo Gin abriendo la celda – recuerda que eres una rehén.
—¿Qué es lo que planean?
—En estos momentos no planeo nada. – Responde manteniendo su sonrisa de Cheshire. – solo planeo esto…
Gin le roba un beso.
Al principio Rangiku se había paralizado por la sorpresa. ¡Otra vez andan asaltando su boca sin permiso! Luego empieza a resistirse, aunque no con mucha fuerza ni convicción porque no podía negar que durante mucho tiempo había soñado con volver a saborear aquellos labios y aquel aliento… y cuanto se odia por ello.
—Hubiera preferido mil veces que me clavaras tu espada antes que me besaras – dijo Rangiku al borde de las lágrimas. — ¿Por qué te empeñas en dañarme?
Gin sólo la mira, odiándose también pero no por sentir algo por ella, sino por ser el culpable principal de las lágrimas y el dolor de Rangiku, como también de su odio a ella misma, repulsión de sus sentimientos intactos hacía un traidor y sicario.
—Perdón. — Dice en respuesta, sólo esa palabra.
Y Rangiku lo golpea por ello.
—¡Cuántas veces te eh dicho que odio que me digas eso! — Le da otro puñetazo, esta vez en el pecho. — Eres detestable, no haces más que hacerme sufrir… y ahora haces sufrir a la gente del pueblo y culpándonos de ello. — No se contuvo más y se ve en la necesidad de agachar su cara y así ocultar sus lágrimas. —Te odio… odio esa actitud tan enfermiza, pero a pesar de todo… te odio porque te sigo amando más que a nadie.
Gin, al verla así, alza su mano derecha con el fin de agarrar su mentón y obligarla con delicadeza a alzar su cara y así poder verse a los ojos otra vez.
Sí. Verse.
Porque Gin había abierto sus ojos, queriendo que Rangiku vea total sinceridad en sus claros e intensos ojos azules.
—No puedo decir otra cosa que "Perdón" porque no hay nada que pueda hacer por lo que te he hecho pasar.
—Muérete y déjame sola. —Le da un manotazo y enfrenta a Gin visualmente a pesar de sus lágrimas que continúan cayendo por sus mejillas. Él sabe lo que significa, sabe que dirá algo que no le va a gustar. — Te aseguro que saldré de aquí y si vas a atacar a alguien de la Resistencia… tendrás que matarme a mí primero, eso te lo juro Gin.
Gin levanta su mano una vez más, ella no pudo evitar cerrar sus ojos al ver aquella mano tan cerca, creyendo que iba a noquearla o matarla. Pero no, se sorprende cuando sus intenciones eran solo limpiarle el rostro de las cristalinas lágrimas. Aquel tacto le hizo recordar los tiempos felices de su infancia, antes de que su amigo cayese en las garras de Aizen. No lo pudo contener y toma aquella mano antes de que se alejase de su rostro y en respuesta, su boca vuelve a sentir los labios de su enemigo.
Rangiku siente un escalofrió en la espalda por sentir aquellas frías y asesinas manos recorriéndole con dulzura su cuerpo, rodea el cuello y lo ayuda a hacer el beso más intenso. Gin se apropió del cuello frágil de la mujer, provocando que lanzase gustosos gemidos que complacían sus oídos y lo invitaba a más, descendió hasta llegar a aquel provocativo escote que hacía que muchos fantaseasen, pero que solo eran de él, le gustase o no a la gente o a la misma Rangiku en sus rabietas.
Orihime se mantiene en una especie de burbuja mental, concentrada en sus pensamientos. Tiene que encontrar la forma de demostrar que la Resistencia es inocente y revertir la jugada de Aizen… lo único claro para ella es que tiene a alguien (posiblemente Ben) haciéndose pasar por uno de ellos. ¿Cómo puede probarlo? Sólo tiene de evidencia gente muerta y…
—Espera un momento… — Susurra mientras una vaga posibilidad cruza a su mente. Pequeña, pero es mejor que nada. — Los cortes en los cuerpos…
Como una desesperada busca en el escritorio los papeles del ataque anterior, el que testigos aseguraron que fue Ichigo quien mato a sangre fría a un grupo de civiles indefensos. Celebra al encontrar las fotos en blanco y negro de los cadáveres y las acerca a la luz de la vela.
—¿Cómo no lo pensé antes? Qué estúpida he sido…
Y por fin su rostro muestra una alegre sonrisa después de mucho tiempo.
Tan concentrada en su descubrimiento anda que no presta atención a los golpes en la puerta hasta que ya fue tarde y ésta se abre. Se asusta un segundo, pensando que serían Gin o Aizen. No quiere revelarles sus avances o ellos encontraran la forma de contraatacar. Ahora mismo la mejor estrategia es el oro. El silencio. Y cuando tengo todo lo necesario para hacerlo público, atacaría y su prometido a la fuerza no tendrá con qué debatir.
Pero no. Es Nelliel quien se hace presente y suspira de alivio.
—¿Qué ocurre Orihime?
—Lo siento, me asustaste. Estaba…
—¿Encontraste algo? — Pregunta al ver lo que lleva en la mano.
—Ichi-… Kurosaki Ichigo no es el causante del primer incidente.
Ante la mirada atónica de la peliverde, deja las fotos en la mesa y busca un papel en blanco y lápiz. Empieza a dibujar lo que parece ser Zangetsu y al lado lo que parece ser una herida de espada. Ya lista, agarra una de las fotos y le enseña ambas cosas a Nelliel.
—Esta es Zangetsu, la espada que usa Kurosaki Ichigo. Por el grosor deja cortes muy gruesos al atacar, pero las heridas encontradas en los cuerpos…
—Son cortes delgados.
—Exacto. — Apunta la foto. — Alguien se hace pasar por él y así culpar a la Resistencia de sus fechorías.
—Una hipótesis segura, pero no olvides que han encontrado una de sus credenciales y se ha probado que es original.
—Tengo un sospechoso pero necesito ver a Ganju para confirmarlo, él fue atacado por el principal sospechoso de la explosión… y tengo el placer de conocer a su hermana, por lo tanto no me hará el trabajo difícil.
Ambas se dirigen al hospital, Orihime abrazando los papeles con miedo a perder su último rayo de esperanza. Una enfermera las atiende con el respeto que corresponde y no pone objeciones a la petición de ver a Ganju con la justificación de ser la prometida de Aizen-sama y una mujer preocupada de sus ciudadanos.
Al irse acercando al cuarto, se empieza a escuchar gritos femeninos muy enfadados pero la pelinaranja no se altera, consciente de lo que debe estar pasando… y no se equivoca. Abre la puerta y encuentra a un Ganju vendado y moribundo… siendo regañado y apaleado por una mujer que no parece preocuparle la condición física de éste.
—¡Eres un idiota avaricioso Ganju! ¡Vendiste a la Resistencia y no fuiste capaz de ganarle a un impostor!
—¿Cómo puedes estar tan segura que ellos no son los malos?
—Porque Kaien-san era parte de la resistencia. — Responde Orihime por la mujer y con una sonrisa de ver a una amiga. — ¡Kuukaku-san! —La abraza.
—¡Pero si es Orihime! ¡Mi pequeña, tanto tiempo! —La suelta para verla mejor… y cambia su alegría por enojo. — ¡¿Cómo pudiste entregarte a Aizen así de sencillo?! —Le regaña para luego golpearla en la nuca.
—Auch… eso me dolió… tú no cambias.
—Cuando Yoruichi me lo contó, ca-… — Se interrumpe al ver quien acompaña a la chica. —¿Nelliel?
—¿Se conocen?-Pregunto la chica.
—Es una historia larga. — Responde Nelliel por su conocida.
—Está bien, lo hablaremos luego. — Le resta importancia al asunto por tener otras prioridades en estos momentos. Ve a hombre herido. — Ganju, necesito que me describas a tu atacante.
Ganju no anda dispuesto en ayudar gratis, independiente que esa mujer sea la cara bonita que acompaña a Aizen o éste ordena proteger con un escuadron al completo. Pero sólo basta ver la cara amenazante de su hermana para ignorar su codicia el día de hoy y ser colaborativo. Le narra a Orihime su encuentro con aquel miembro de la Resistencia que lo atacó sin ética, lo describe tal a la perfección que Orihime no duda en saber quién fue… como Kuukaku al haberlo conocido también.
Su principal sospechoso es real.
—Por eso creen que fue la Resistencia. — Dice la mujer mayor con cara de pocos amigos y cruzándose de brazos. — Ben aún conservaba su traje y credencial, con solo eso, la gente ya cree lo que sea.
—Esto es parte de los planes de Aizen para que corte mi alianza con la Resistencia… si tan sólo pudiera hablar con ellos…
—¿No has podido hablar con Kisuke? – pregunta Kuukaku.
—No me dejan sola ni un momento, me tienen muy vigilada… pero ya le encargue a alguien que le avisara.
Urahara estaba parado al borde de un risco en los terrenos alejados del Seireitei, miraba el horizonte como esperando la venida de una ráfaga de viento.
Yoruichi se acerco a él, se miraron de reojo, era como si se hablaran con la mirada.
—Entonces tal parece que es algo inminente – dijo Yoruichi.
—Sí, ahora que Aizen por fin tiene a la opinión pública de su lado, nada le impedirá atacar a la Resistencia. – concluyo Urahara.
—Pobre Orihime, está entre la espada y la pared – dijo Yoruichi. – ella es la más afectada en esta situación.
—Que alguien me explique esta lista de mierda – grito Shinji furioso.
—Cállate, haces mucho escándalo – dijo Zaraki con una gran sonrisa.
—Cállate boca de piano — dijo Yachiru desde el hombro del capitán Zaraki.
—Esa lista es injusta –reclamo Renji quien analizaba la hoja – como puede estar ese idiota en primer lugar y yo solo en el lugar catorce.
—Incluso está arriba de Urahara-san, quien es el segundo. – dijo Momo mirando la misma hoja. – yo soy la veintitres.
—¿De que están hablando? – intervino Kira.
—Es una estúpida lista donde ofrecen una recompensa por nosotros – responde Toushirou cruzado de brazos – se pelean por ver quién está mejor ubicado, son tonterías.
—Tu estas en diez Shiro – dijo Hinamori sonriendo.
—No me digas así. — Regaña con mirada fría pero su amiga lo pasa por algo y eso lo enoja más. Maldita sea su falta de respeto sólo porque se conocen de niños. — Por cierto… ¿Dónde demonios dejaste a Matsumoto?
—No la he visto en todo el día – responde la chica mientras lo mira confusa.
—¡¿Qué?! Me dijo que estaría contigo – se exalto, ya se le puede ver las venas en el cuello y en la sien. – Espero no haya hecho una locura, tendre que buscarla.
—¿Entonces Kurosaki es el primer lugar? – dijo Kira revisando la lista. – Y yo soy el lugar treinta y cuatro… ¡¿por queeee?! — Exclama deprimido.
—Yo soy la dieciséis y Ken-chan es el seis – dijo Yachiru con su sonrisa de siempre. – Boca de Piano es el ocho.
—Yoruichi es la tres, Isshin el cuarto… — continuo Kira y recuperado. — Es una lista elaborada tengo que reconocer.
—En estos momentos tienes dos opciones Rangiku – Ichimaru camina por la celda – quedarte un largo tiempo como una rehén o convertirte en mi mujer. – Gin nuevamente se abalanza sobre la chica, esta vez para besar solo su mejilla.
—Es lo único que te faltaba para ser igual a Aizen: chantajear a mujeres. – dijo Rangiku fastidiada y de brazos cruzados.
—Yo solo reclamo lo que es mío – Gin la arrima de nuevo con fuerza a su cuerpo. – tú eres mía y de nadie más.
—¡No puedo creer la mierda que estoy oyendo de ti! — Acusa mientras lo empuja con fuerza y luego lo apunta con el dedo. — Vienes a decirme esta mierda después de tanto tiempo solo porque él volvió – Dijo con la voz quebrada.
—Entonces era verdad, ¿Ya tuvieron un encuentro? — Pregunta molesto.
—¿Y eso a ti te importa? No tengo por qué ventilar mi vida privada y lo siento, pero yo no nací para ser una ladrona de la sociedad. Se cruza de brazos y continúa viéndolo como si fuera basura a causa de su enojo. — ¡Así que esperare aquí hasta que Aizen ordene mi ejecución o mi capitán me rescate! — Decir lo último provoca que se esfume su rabia y sea reemplazada por miedo. — ¡Dios! ¡El capitán Hitsugaya me va a matar!
—¿Por qué diablos tienes que poner a la Resistencia primero?
—Porque yo nací y me crie con ellos… y yo hice un juramento que no romperé: defenderé al pueblo aunque el pueblo ahora nos odie.
Hay una competencia de miradas luego de su declaración y ella disfruta mucho verlo enojado porque es algo que pocas veces ocurre… y sí, lo admite, ella disfruta verlo con los nervios alterados.
—Vete. — Dice muy segura de su victoria y lo ve como obedece sin perder el enojo. —¡Si ves a Ben, mándale mis saludos desde aquí abajo y que lo invito a mis aposentos! ¡Tal vez él muestre mejores modales! — Sonríe al oír un portazo.
Orihime se acerca a la entrada del calabozo con una cesta de comida y encuentra a Gin dando tremendo portazo, muy enojado y exasperado. Se detiene y lo mira sorprendida ya que eso no es algo común en él… Rangiku debió darle muy hondo en la vena sensible y aquello le provoca una risa.
Espera a que se pierda de vista y abre la puerta, baja las escaleras con cuidado a falta de iluminación y no quería terminar con un hueso roto y la comida estropeada.
—¿Rangiku-san?
—¡Orihime! — Encuentra en qué calabozo la han metido. — ¡Me alegra verte!
—Te traje comida. — Enseña la canasta abultada de toda clase de alimentos. Incluso metió una botella de vino. — Cortesía de la cocina y el viñedo de Aizen.
—Al fin hace algo útil ese infeliz.
—Espera un momento. — Saca de su cabello una horquilla y con ella pudo abrir la puerta. Sonríe contenta del pequeño éxito. — Tome las clases de espía de la Asociación de Mujeres.
Deja la canasta con cuidado en el piso de piedra y ambas se funden en un abrazo que de seguro ha durado varios minutos. Tener a Rangiku en sus brazos es como tener un pequeño pedazo de su hogar y por eso Orihime termina derramando lágrimas.
La rubia lo nota por la forma en cómo su cuerpo tiembla. Se aparta un poco, sonriendo de ver todas esas lágrimas y moco en su bello rostro. Busca un pañuelo y se lo refriega en la cara, terminando en la nariz para limpiársela.
—Bien fuerte. — Murmura mientras su amiga se suena la nariz y la ve guardar e pañuelo en su propio bolsillo. Sabía decisión.
—Te echo de menos… a todos hecho de menos.
—Y nosotros a ti, calabaza… debes estarlo pasando horrible. ¿Te ha hecho daño?
—No… quiero decir, no me ha levantado la mano y sigo siendo virgen si a eso te refieres, pero…
—¿Pero?
—Aizen… me ha tocado ya.
Apenas procesa aquella, la sorpresa de la rubia pasa a rabia, imaginando sus manos alrededor del cuello de Aizen y presionarlo hasta matarlo. ¡Maldito desgraciado caliente! Su boca se abre, lista para soltar todas las blasfemia del mundo que se conocía pero Orihime le tapa la boca con una mano, justo a tiempo, y con la otra hace un gesto de silencio.
—Si saben que puedo abrir celdas con los accesorios femeninos, no podre verte a solas.
—Es verdad… lo siento.
—¿Fue Ben?
Rangiku no tarda en deducir el por qué de la pregunta abrupta.
—Si, él lanzo la explosión.
—Lo sabía, pero aún no logró encontrar al verdadero criminal del primer crimen. —Dice mientras le da a su amiga por fin la comida que trajo.
—¡Por fin comida decente! — Feliz, se fue comiendo los platillos que le trajeron. —Pof ciefto, lo mefof es que ni Ufahafa o Ifigo se enteren. — Habla mientras comía.
—Como se te ocurre… si quiero que se enteren para que estallen y busquen aquí el suicidio. —Con sarcasmo bien marcado en la voz. — ¿Estabas allí? ¿Qué te hizo Ben?
—Solo tuvimos un insignificante combate de espadas… y el canalla me beso.
Orihime abre la boca y los ojos de asombro. Empieza a tartamudear pero no le sale las palabras y termina haciendo malabares para que no se le caiga una manzana.
—Lo matare en cuando lo vea… y si es que Gin no me gana, se veía molesto. — Se encoge de hombros. — Si tenemos suerte, se matan entre ellos
—Ojala las cosas fueran tan sencillas.
—Toma. — Le da la horquilla. —Cuando sea el momento, ya sabes que hacer.
Ambas se dan otro abrazo y se guiñan el ojo.
Con pesar, Orihime sale de la celda, cierra la puerta de rejas y se va después de despedirse con mirada melancólica.
Ya que no se verán tan pronto como quisieran.
—Te eh estado buscando Urahara.
—¿Que ocurre mi estimado Ichigo-kun?
—Orihime me pidió que te dijese que necesitaba verte
—¿Entonces pudiste verla? – Urahara lo mira de reojo, Ichigo nota su mirada alarmante que le recuerda a Isshin cuando se había roto un brazo de niño o Yuzu tuvo un resfriado que casi le quita la vida. La mirada de un padre. – ¿Se encuentra bien?
—Ella solo estará bien hasta que la traiga de vuelta a casa – Ichigo encoje su puño mostrando determinación – Eso lo tengo claro desde la mañana que se fue.
—Me alegra que muestres determinación – Urahara acomoda su sombrero – ahora si me disculpas… debo prepararme y planear como reunirme con Orihime-chan.
—Ahí está el problema, la mantiene vigilada todo el tiempo – advirtió Ichigo.
—Y no soy tan bueno para escabullirme como Yoruichi-san – dijo Urahara – mmmm… ya me las arreglare.
Y así lo hizo.
En el Seireitei, Urahara e Ichigo planeaban la forma para de evadir la seguridad y encontrarse con Orihime.
—¡Me niego, rotundamente! – grita Ichigo furioso con una vena en la frente. – ¡No voy a ponerme eso, debe haber otra opción!
—Ya te lo dije, es el único disfraz que me queda – insistió Mayuri.
—Adelante Ichigo-kun, el mío me queda muy bien – dijo Urahara, quien estaba caracterizado perfectamente como un anciano. El disfraz era perfecto, incluso con detalles como las arrugas y las canas. – Kurotsuchi, eres un genio maquillando.
—Idiota, no es un maquillaje común, es una sustancia de alta tecnología – reclamo el capitán. – incluso la voz pude modificarse.
—¿Entonces te lo vas a poner? – pregunta Nemu al chico.
—Claro que no, jamás me verán vestido así – respondió exaltado.
—Vamos Ichigo-kun, no es tan malo – Urahara sonrió agitando su abanico y fingiendo su voz de anciano – te vas a ver di-vi-nooo.
—¿Que ya no quieres a Orihime?, ¿por una pequeñez como esa te rindes? – intervino el pequeño Jinta provocando un mayor enfado.
—Decídete se hace tarde, ¿vas o no vas? – dijo Urahara seriamente.
Orihime se encuentra en su oficina pensando en qué decisión tomar y camina de un lado a otro. Necesita hablar con Urahara, en ese momento su oficina era el único lugar fuera de la mansión de Aizen en el que podía estar sola.
—Aizen ha aumentado la seguridad en los alrededores, eso complica mi encuentro con Kisuke-san – Murmura Orihime sentándose en su escritorio – pero Kisuke-san es un genio, él vendrá
—Orihime-sama –Lilinette llamo a la puerta.
—Adelante – respondió Orihime tomando una pose seria – puedes pasar.
—Disculpe, hay un anciano que quiere hablar con usted.
—¿Un anciano? – dijo sorprendida levantándose de su asiento.
—Sí, no deja de agitar su abanico cuando habla y viene acompañado de su hija, la cual es muy fea – respondió la niña. – ¿los hago pasar?
—Siiiiiiii – grita Orihime. Al darse cuenta que no fue apropiado su comportamiento, se ruboriza un poco y tose. — Por supuesto, que pasen.
—En seguida. — Sale del cuarto y en unos segundos entraron los visitantes.
Orihime se queda con la boca abierta al ver a la supuesta hija del anciano y de un momento a otro… se echa a reír en su asiento con las manos a nivel de su ombligo y con lágrimas saliéndole de sus ojos.
La gente al otro lado de la puerta se sorprende de escuchar esas risas saliendo de su jefa y se preguntan que estará pasando al otro lado.
—Ay, qué risa… me duele el estómago… pero no puedo… — Decía entre risas.
—¿Ves? Te dije que te veías divino.
—¡A callar! —Exclamo Ichigo quitándose la peluca, pero eso causo que Orihime aumentara el tono de la risa.
Tarda varios minutos en recuperar la calma, suelta un largo suspiro y se limpia una lágrima. Se pone de pie de un salto y corre a los brazos de Urahara disfrazado de abuelito, con la misma urgencia de una persona que necesita un salvavidas en pleno mar. Siente las manos del hombre dándole palmaditas en la espalda y, una vez más, ha recuperado su hogar.
Aunque sea en un corto periodo de tiempo.
—Te he echado de menos.
—Nadie puede vivir sin mí. — Alegre como siempre le acaricia los cabellos.
—No sabes cuánto papi Kisuke. —Sonriendo, le besa la mejilla.
El hombre mayor responde con un beso en la frente y ella lo disfruta con los ojos cerrados. Necesitaba tanto un gesto paternal estos días.
Ichigo había sido amable en darles la espalda por privacidad.
—Escucha papi Kisuke, ya sé que fue Ben quien causo las explosiones. Dejo su credencial en la escena del crimen y aún tenía su antiguo uniforme.
—Aizen planeó cada detalle como siempre… ¿Sabes algo de Rangiku? No se sabe nada de ella desde ayer.
—Es prisionera en los calabozos que están en la mansión de Aizen.
—Eso no le va a gustar mucho al capitán Hitsugaya.
—Por desgracia no basta, necesitamos más pruebas. Sobre el primer incidente por ejemplo, necesito encontrar a alguien que deje con su espada esta clase de cortes. —Mostrándole a Urahara las fotografías.
—Esto nos ayudará mucho, se lo dejare a Mayuri… de seguro encontrará al culpable en tiempo record.
— Pero seguimos necesitando una prueba contra el tal Ben. — Dice Ichigo.
—Sigo trabajando en ello.
—Entonces solo nos queda saber el truco del primer incidente. El testigo afirma que fue alguien de pelo naranja.
—Lo curioso es que estaba su rostro oculto, de seguro para que no se viese su cara. — Murmura Orihime de brazos cruzados.
—Eso significa una cosa.
—¿Qué cosa?-Pregunta Ichigo.
—Con una peluca, uno puede hacer maravillas. — Fue la respuesta de ambos.
Urahara alza un poco la vista y mira hacía la puerta.
—Me guardare esto, no queremos que Aizen o sus hombres descubran tu avance y lo destruyan. — Dice guardándose una copia de lo que Orihime le entregó. —Y ponte la peluca rápido Ichigo-san que alguien se acerca.
—Está bien. —Obedeciendo de mala gana.
—Orihime-chan... ¿Algo te ha hecho Aizen?
Siente un cosquilleo en los labios al recordar aquel beso en su estudio y su pecho arde por pensar en esas manos masculinas sobre ella. Aquellas caricias que había repudiado… y disfrutado.
—No. — Mintió, sintiéndose fatal por ello, en especial por Ichigo presente.
La puerta se abre y vieron que era Aizen nada menos quien se acercaba. Su presencia causa un silencio sorpresivo e incómodo.
—Orihime. — Dice con ese tono de voz y sonrisa que altera los nervios de la susodicha. — Eh venido a recogerte.
—No era necesario. —Dijo cortante mientras Urahara e Ichigo entraban en personaje. Mira al anciano ya con facciones más calmadas y amables. — No se preocupe señor, me asegurare de que su casa sea arreglada antes del invierno de que se aproxima.
—Muchas gracias Orihime-sama. — Agradece con su falsa voz mientras se inclina respetuoso. — No hay duda que es un ángel.
—Las calles están peligrosas desde estos incidentes, así que si era necesario.
—Puedo cuidarme sola. — Responde tajante e indiferente, anhelando que no se le acercase hasta que Urahara e Ichigo se fuesen.
—Tome en cuenta lo que dice Aizen-sama, señorita – dijo Urahara caminando lentamente – es muy peligroso que una linda jovencita ande sola por ahí.
—Escucha a la sabiduría de la edad, Orihime-chan – dijo Aizen acercándose poco a poco.
Ichigo trataba de esconder su rostro, sentía que Aizen sospecharía si lo veía, por eso se tapaba con un abanico la mitad de la cara.
—Por cierto, jamás los había visto a ustedes por el pueblo, ¿De qué área son? – Pregunta Aizen sospechosamente.
Si no hago algo los va a descubrir, Sousuke es demasiado listo para caer en el engaño, piensa Orihime con una gota de sudor en la frente.
Aizen se acerca cada vez más a Ichigo, era como si pudiera ver algo a través de aquel disfraz, solo era cuestión de tiempo para que se diera cuenta.
—Buenos días – entra a la oficina Kanonji con todo su desparpajo – Orihimeeee-chan, vengo a que me firme unos papeles.
—¿Kanonji? Llegas temprano – dijo Aizen retorciéndose por dentro.
—Si estoy ayudando con este asunto de los atentados y… – Kanonji se interrumpió al ver a Ichigo. – ¿quién es esta jovencita tan hermosa?
—Ehhm, m-mi nombre es Mitsuki – fingiendo su voz y logrando alejarse de Aizen– encantada señor… jo jo.
—Ella es mi hija y es soltera señor Kanonji – dijo Urahara caminando lentamente con su bastón, mientras Ichigo pensaba en que lo mataría nomas llegando al Seireitei.
—Niña encantadora – Kanonji le besa la mano – que hija tan hermosa tiene señor.
—Gracias, aunque es un poco tímida le gusta divertirse – de nuevo Urahara mete en problemas a Ichigo.
—De ser así, cuando quieras te invito a cenar y me complaces con un danzon – dijo Kanonji mientras movía sus caderas e imitaba sus burdos pasos de baile.
—Claro señor, ¿nos acompaña a la salida? – Propone Ichigo con tal de salir bien librado del lugar, al lado de Kanonji, Aizen ya no se metería con ellos.
—Como caballero que soy, estoy obligado – Kanonji la tomo del brazo y salieron.
Finalmente en la oficina solo quedaron Orihime y Aizen, Orihime tarda en darse cuenta de esa situación ya que miraba como se alejaban Ichigo y Urahara, aliviada de que hayan salido por los pelos y al mismo tiempo preguntándose quién sabe hasta cuándo los volvería a ver.
Al darse cuenta de que nuevamente se quedaba a solas con Aizen y al ver como este cierra la puerta y la contempla sonriendo, su corazón se acelera y el color carmesí regresa a sus mejillas sin quererlo.
—Se acerca el día Orihime-chan – Aizen se acerco lentamente a ella – el día en que finalmente serás mi esposa.
—S-sobre eso – Orihime trato de modular su voz, para mostrar decisión – ¿no crees que deberíamos aplazar la fecha?, con todos estos problemas, no podemos hacer una fiesta.
—Todo está planeado, la fecha sigue en pie – respondió fríamente.
—P-pero no me parece ético, hacer fiesta en medio de una guerra – insistió evitando la mirada de Aizen.
Aizen la toma del mentón con suavidad… demasiado cerca.
—Si he de morir en esta guerra, que sea a tu lado. – la beso empujándola hasta el escritorio.
Orihime siente un vuelco en su corazón al oír esas palabras, nublándola de todo juicio y las fuerzas se le iban por culpa de aquel beso que inconscientemente se había sujetado de su prometido por ser lo más cerca que tenía. Sus hombros fueron poco a poco desnudándose ya que Aizen le bajaba el kimono para saborear dichas partes del cuerpo y ella reacciona al darse cuenta que había gemido.
—No, detente… por favor. — Murmura apenas audible.
—Solo si admites que en verdad lo deseas. —Sus manos acariciaban su espalda.
—No es de desear o no desear… — Por fin consigue la fuerza necesaria para apartarlo. — Ya te lo dije, no soy mi madre, no quiero que me toque alguien que ve a un muerto en mí. —Alega mientras se arregla el kimono, aun con las mejillas algo encendidas pero directa en sus palabras. —Tendrás que demostrarme lo contrario y antes de que sea el día de la boda.
Finaliza mientras camina a la puerta… y a los dos segundos da gracias que le está dando la espalda y no pueda ver su cara de asombro.
¿Ha dicho de verdad eso?
¿Qué le importa a ella lo que él piense o quiere?
