Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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No es que ellas no confiaran en sus hombres, por dios no, ellas sabían que la mayoría de sus días─ cuando no estaban en casa a su lado─ se encontraban fuera del país en misiones que, aunque sencillas, siempre ponían en duda su regreso, y los días que no estaban de misión─ pero que tampoco estaban en casa, con ellas─ la pasaban juntos. Y por juntos quería decir todos.
Incluida las chicas.
Estaba claro que era una nueva era donde las mujeres hacían el trabajo con la misma eficiencia─ o mejor─ que los hombres. Y ellas no tenían ningún problema con eso. Pero eran mujeres y sus hombres eran apuestos.
Así que no estaba de más imaginarse las cosas que hacían cuando no tenían a sus mujeres con ellos.
Hope.
Se pegó una expresión amigable a la cara y sonrió con falsedad cuando Scott la miró, fingió que examinaba un mensaje inexistente en su teléfono celular, pero optó mejor por guardarlo, sabía que, de lo contrario, se lo tiraría a la cara a la pelirroja esa.
—De nuevo —dijo Scott, poniéndose de pie, Natasha levantó una ceja en su dirección.
—Ya te di una paliza.
—Te estaba dando ventaja— Scott se puso en posición—, pero no más, rojita.
Hope arqueó una ceja, ¿desde cuando la llamaba de esa manera?
—Como quieras, pequeñín— contestó la mujer, imitándolo.
"¿Pequeñín?"
Hope tuvo que sentarse y clavarse las uñas en las piernas al ver como Scott rodeaba con los brazos a aquella mujer, ella le clavó el pálido codo en el estomago con fuerza, su esposo jadeó y después la mujer enredó ambas piernas alrededor de su cuello, lo derribó y Scott comenzó a golpearla repetidamente en la pierna para que lo soltara, Wasp aspiró con fuerza cuando Natasha lo soltó y la mano de Lang seguía tocándola.
Mas allá y cruzado de brazos, Steve Rogers sonreía con orgullo a la espía, Falcon lo secundaba.
—Me estabas dando ventada ¿eh? —se burló la pelirroja.
Scott jadeó.
—De nuevo.
—Como gustes, pero besarás la lona… otra vez.
Hope se levantó de las gradas y salió del gimnasio lo más rápido que se lo permitieron sus pies, por un segundo se sintió tentada de quitarle a Scott de las garras y darle una pequeña lección, claro que desechó aquella idea tan rápido como la formuló.
La rusa esa la molería a palos antes que tuviera la oportunidad de meter las manos.
Hope bufó y se llevó el tenedor cargado de ensalada a la boca solo para mantenerla ocupada y no decir nada, pero Dios era testigo de lo mucho que deseaba que Natasha Romanoff se ahogara con el trozo de carne que masticaba en ese momento, a ver si así dejaba de sonreírle a su esposo de una vez por todas.
La fiesta de cumpleaños número dieciocho de Peter, el hijo de Tony y mejor amigo de Cassie, era el escenario de aquellos acontecimientos, Hope y su familia llegaron desde antes porque Cassie─ con quince años ahora─ había insistido en cocinarle algo especial, y desde que pusieron un pie en la casa del padre del castaño, su esposo se dedicó a brindarle toda su atención─ a su parecer─ a la rusa.
—¿De verdad hablas latín? —Scott formuló su milésima pregunta.
—Sí, Scott, por increíble que te parezca, hablo latín.
—¿Pero que esa no es una lengua muerta?
—Díselo a la KGB.
Scott soltó una carcajada y apoyó su frente sobre el hombro de la pelirroja, quien sonreía con diversión, lo que más le molestó de aquello fue que ella no parecía repeler su contacto ni mucho menos guardar distancia con él como lo hacía con los demás.
¿Acaso podía ser peor?
Claro que sí, parecía que el universo estaba en su contra porque Cassie apareció junto a Peter.
—¿Cómo está el shashlik? —preguntó, ansiosamente.
—Bastante bien, la verdad— aceptó Natasha, masticando la carne—. ¿Dónde aprendiste a cocinar comida rusa?
—Papá me costea clases culinarias en San Francisco— contestó la niña, sonriéndole radiantemente—, además, fue él quien me pidió que hiciera estas para ti.
Hope se atragantó, Scott se giró hacia ella, le pasó un vaso con agua y después volvió su atención hacia la rusa y su hija.
—El Cap. dijo que te gustan mucho, y mi nena hermosa es bastante buena cocinando.
La rusa le sonrió a Cassie con una dulzura que Hope nunca había visto en ella, Scott parecía encantado con eso.
El tenedor cargado de ensalada desapareció de nuevo en su boca y masticó bruscamente.
Como detestaba a Natasha Romanoff.
—¿Cómo estuvo su viaje? —preguntó Scott con evidente interés.
—Bastante bien— contestó Steve, dejando de lado su cuaderno de dibujos para prestarle atención a los demás en la sala de estar.
—¿Qué sentiste al estar de vuelta en tu madre patria? —preguntó su esposo a la rusa, quien no despegaba los ojos del rubio cabello de Thor mientras pasaba sus dedos entre este.
—Frío, un decente y rico frío— respondió, el dios de trueno soltó una carcajada a la que Lang no tardó en unirse. Hope se preguntó donde estaba lo gracioso de aquella respuesta.
—¿Trajeron obsequios?
—Nat apenas y me dejó entrar a la casa de su papá— Steve negó con la cabeza.
—Yo quería una matrioshka— se quejó Lang, con un puchero infantil que, en su molestia, Hope no pudo disfrutar como debía.
—Yo ya tengo una— dijo Pietro, entrando con su pequeña hija de cinco años en brazos. Steve levantó una ceja en su dirección.
—Ya te compraré una, amor— le dijo Hope, apretándole la pierna con cariño. Scott bufó.
—No, Hope, yo quería una matrioshka traída desde Rusia.
Estuvo a punto de decirle que haría traer personalmente una para él, pero cerró la boca cuando notó la sonrisita que le dio Natasha a su esposo.
Maldita rusa.
—¿Será suficiente con esto? —preguntó Hope, empujando el carrito.
—Yo creo que sí— contestó Scott—, Cassie ya tiene otras cosas más en casa para que prepare la comida.
Hope asintió.
—Pues vámonos ya.
Le cedió el carrito a Scott, quien lo empujó a través del pasillo, estaban por llegar a la caja cuando él se detuvo abruptamente, como si acabara de recordar algo.
—¿Va todo bien? —preguntó.
—No— los dejó a ella y al carrito y se perdió entre los pasillos, la preocupación comenzó a trepar por su cuerpo, entonces él volvió un par de minutos después con una botella de vodka en las manos —. Ahora sí— le sonrió y acomodó la botella cuidadosamente entre las compras—, ¿crees que este esté bien? ¿crees que le guste a Nat?
Hope resopló, el enojo y los ¿celos?, sí, cómo no, reemplazaron a la preocupación.
—No puedo creerlo, Scott Lang.
Scott la miró, sorprendido.
—¿Hice algo malo, amor?
—No me digas amor— espetó, encaminándose a la salida, Scott tomó el carrito y la siguió de inmediato.
—¿Hope?
—No puedo creer que te preocupe si una estúpida botella será del agrado de esa… esa mujer.
—¿Hope? —repitió.
—¡¿Hope?! ¡¿solo dirás Hope?! —estalló.
—¿Acaso estás celosa, mi vida?
—¡¿Celosa yo?! ¡¿de esa mujer?! —algunas personas se giraron para mirarlos cuando Scott se carcajeó, las mejillas de Wasp se encendieron y finalmente salió de la tienda, no permitiría que se burlara de ella.
Scott paró en seco cuando la vio irse, tomó el carrito y la siguió, ambos se detuvieron cuando las sirenas de la tienda se dispararon.
—A ver, Hope, no sé de qué hablas, pero yo no…
—¡Deténganse ahora! —ladró uno de los dos guardias de seguridad de la tienda.
—Carajo— maldijeron al unísono.
—Si no piensa pagar eso, acompáñenos ahora mismo…
—Espere oficial— lo interrumpió Ant-Man—, debo hablar con mi esposa— apuntó a Hope—, está molesta conmigo porque está celosa de una mujer que no se iguala a ella ni aunque quisiera.
Hope abrió la boca para mandarlo callar, Scott no la dejó hablar.
—Escúchame bien Hope van Dyne Lang, Natasha puede ser hermosa, pero jamás tanto como lo son tú y mi hija— las mejillas de Hope se incendiaron cuando algunas personas se acercaron para mirar que pasaba—. Que me escuchen todos— gritó a la multitud—, ¡mi esposa es la mujer más hermosa de todas y la amo como jamás eh amado a nadie!
—Para ya— ordenó Hope, avergonzada.
—No hasta que me digas que ya no estás molesta conmigo— volvió a apuntarla—, porque te aseguro, amor mío, que no voy a parar de gritar hasta que me creas.
Como Hope no dijo nada, Scott se preparó para gritar, entonces Wasp se abalanzó hacia él y le tapó la boca con la mano.
—¡Bien, sí! ¡te creo!
Scott la tomó de la cintura y atrapó sus labios en un beso, las personas a su alrededor aplaudieron, los mismos guardias se unieron a ellos.
—Muy bien— Scott miró a los de seguridad—, ahora que mi mujer ya no está molesta, debo regresar a pagar todo esto para que mi hija haga una cena fantástica y podamos pasar el rato con nuestros amigos.
Tomó el carrito y volvió a la tienda, Hope decidió que lo esperaría en la camioneta, aunque el detalle se le pareció lindo, no pudo evitar sentirse un poco avergonzada.
—¿Ves lo que hizo ese hombre? —regañaba una mujer a su marido, ambos parecían rondar los cuarenta—, él es capaz de humillarse y sobajarse con tal que su esposa lo perdone, pero ya parece que tu harías algo así.
Hope sonrió, esa noche, mientras disfrutaban de la cena, Scott no se apartó de lado en ningún momento.
Cuando fue la hora del postre, Hope ya adoraba a la rusa.
¿Alguien más notó, en el tour de promoción de EndGame, lo bien que se llevan Paul Rudd y Scarlett Johansson? ¡Yo también!
Les digo desde ya que el próximo y ultimo capítulo de esta historia será el de Nakia, de Black Panther.
Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
