Disclaimers: Todo lo de Harry Potter es propiedad de JotaKá, y de la Warner Bros, más no mío, sólo los utilizó sin intención de obtener remuneración económica.

Esta serie de one shots es parte del evento de prompts de la página de Facebook "Drinny All The Way" San Valen-Drinny.

Prompt 22.

La pelirroja se quitó los guantes una vez hubiese terminado de hacer todos los deberes del hogar, lavó los retretes, tendió las camas, lavó la ropa, preparó la comida, lavó los trastos, barrió, trapeó, organizó todo, y aun así, cuando se giró dispuesta a descansar; la sala estaba de cabeza, los cojines que habían estado perfectamente acomodados ahora estaban por el suelo, los juguetes de Albus y Lily estaban por toda la estancia, y había huellas de lodo en todo el vestíbulo, Ginny quería explotar.

Pero no lo hizo, sus hijos no tenían la culpa de que ella estuviese pasando una crisis emocional, que al parecer, iba más allá de estar infeliz con sus decisiones y a donde le habían llevado todo eso, sino que le habían llevado al borde de alucinar a su hermano muerto.

—Tengo hambre ¿cuándo estará la comida? –cuestionó Albus.

—La comida está lista desde hace horas, Albus –murmuró Ginny en un tono tranquilo.

—Bien, porque ya quiero comer.

El pequeño niño avanzó hasta la cocina, se sentó a la mesa y no dijo nada más, esperó paciente a que su madre pusiera todo y le sirviera, sin acomedirse un momento a nada, cosa, que James, al llegar, ofreció su ayuda de inmediato.

—No se te caería nada si ayudas con los platos –bramó el mayor de sus hijos en reprimenda de su hermano mediano.

—Es el deber de ella, después de todo es la mamá –argumentó Albus –si no quería servirme, no hubiese tenido hijos.

—Creo que de haber sabido que serías un parásito holgazán, se habría abstenido de tenerte.

—Ya basta los dos –ordenó la mujer, con el ceño fruncido.

—Lo sentimos –murmuraron sus hijos al unísono.

—Más les vale, ahora, lávense primero las manos y después a comer.

Albus Severus le echó una mirada recelosa sobre su hombro mientras salía a cumplir con el mandato, Ginny suspiró ¿Por qué Albus tenía que ser tan parecido a su padre? Tal vez porque era su padre.

Por fortuna para Ginny, faltaban dos años para que Albus entrara a Hogwarts, así los dolores de cabeza se irían, sería responsabilidad de sus profesores la mayoría del año, y no de ella, tendría que ser la por madre del mundo, que no paraba de contar los días porque sus hijos se fuesen al colegio.

La única que parecía que sería una bruja tranquila y normal era la pequeña Lily, que en ese momento le miraba completamente atenta, con sus enormes ojos olivo demasiado atentos a ella, como si tuviese el don de poder leer la mente, y en ese momento, concordara con ella en eso de que era la peor madre del mundo.

DG

Ginny golpeteó desesperada el piso, la medimaga se había ido hacía diez minutos, y no había regresado ni una sola vez ¿las cosas estaban del todo mal con ella? No podía esperar a que le dijera que todo estaba bien, para poder marcharse, le había pedido a su madre que cuidara de sus hijos, y no quería abusar mucho.

La puerta se abrió de nuevo; la bruja de cabellos grises le sonrió un poco incómoda, notó las formas moradas que llevaba en la mano, estaban selladas ya, así que por eso se había tardado demasiado.

—Bien, señora Potter…

— ¿Todo está bien? –interrumpió a la medimaga.

—Me temo que no está en mis manos ayudarla, no es mi especialidad, por fortuna, hay un especialista.

— ¿En San Mungo? –cuestionó.

—Sí, ha llegado hace unos días de su especialidad en China y Medio Oriente –admitió –es el mejor en el campo, él la atenderá.

La mujer extendió las formas moradas y le dedicó una sonrisa un poco apenada, siempre que había enfermado, ella la había curado, de hecho, la había atendido en sus tres embarazos.

Ginny se detuvo en la puerta marcada con el número 17, debajo del número, en letras doradas estaba grabado el nombre del medimago Draco Malfoy; leyó en voz baja y un extraño escalofrío la recorrió completamente.

La madera se sintió extraña debajo de sus nudillos cuando tocó, y una voz suave y que arrastraba las palabras le indicó que podía pasar; él varón de cabellos rubios no le observó cuando abrió la puerta, seguía en sus pergaminos, fue hasta que se sentó en la silla, que se hundió un poco bajo su peso.

—Buenas tardes, señora Potter –saludó, dedicándole una mirada seria y un poco incómoda.

Draco Malfoy y el marido de Ginny, no habían tenido la mejor relación en Hogwarts, y una vez después de la guerra, Malfoy había escapado, sí, lo habían absuelto, pero había escapado de los señalamientos de los demás, ahora volvía, convertido en el mejor en el campo de lo que fuera que ella estuviera sufriendo.

—Buenas tardes –contestó incómoda.

—Tendrá que ponerse la bata –le señaló con la mirada detrás de ella.

—Pero… ¿podría decirme que es lo que tengo? –cuestionó.

—La señora Summers no está cien por ciento segura –murmuró él –pero cree que está en mi campo de conocimiento sus padecimientos, así que haré un chequeo rápido, si hay señales de que es mi campo, la atenderé si es lo que gusta o le recomendaré a alguno de mis colegas.

—Bien.

Ginny se puso de pie de forma tímida; Draco Malfoy había evitado deliberadamente decirle su especialidad en el campo de la medicina, al igual que la señora Summers; se observó en el pequeño espejo, tenía un aspecto espantoso, el cabello quebradizo, los labios partidos y unas enormes bolsas bajo los ojos.

—Suba a la camilla, por favor.

Ginny se llevó un mechón de cabellos detrás de la oreja, y sonrió incómoda, Malfoy se apresuró a ayudarla ya que no se sentía muy cómoda con la abertura de la bata.

—Gracias –musitó.

—Recuéstese, por favor, comenzaré con las pruebas.

Ginny tragó saliva y muy a su pesar hizo lo que el rubio le ordenó, lo observó atenta, se había olvidado de lo atractivo que era, ojos grises, rostro atractivo y aristocrático, bastante serio, arrogante e insoportable.

—Según su expediente, tiene una hija de seis meses ¿es correcto? –Ginny asintió.

—Sí –se apresuró a admitir, pero su afirmación fue apenas audible.

—Señora Potter –Malfoy le estiró la mano para ayudarla a ponerse de pie –puede vestirse.

Tardó más de lo que en realidad hubiese deseado hacerlo, él le observó serio y no dijo nada, cuando la respiración de Ginny se agitó un poco más de lo que ella misma quería.

—Creo que lo sabe ¿no es cierto? –Ella asintió –está embarazada.

— ¿Es todo lo que tengo? –murmuró en un tono duro.

—Me detuve en la prueba al momento de detectar su embarazo –admitió él –puedo ocasionar problemas en el desarrollo si continuó y no me arriesgaré a una malformación.

Ginny tragó saliva y observó a otro lado, contuvo el llanto y la respiración, lo que menos quería era alterarse delante de Draco Malfoy.

—Apenas son tres semanas –informó –a partir de la decimoquinta semana puedo hacer un par de exámenes que no…

¿Cómo es que terminó pasando justamente hoy? –murmuró ella.

—Todo estará bien –comentó él.

—Sí, seguro que lo estará –se puso de pie, con una sonrisa dolida tallada en su rostro pálido –con permiso –se disculpó y salió del consultorio de Malfoy.