Disclaimers: Todo lo de Harry Potter es propiedad de JotaKá, y de la Warner Bros, más no mío, sólo los utilizó sin intención de obtener remuneración económica.

Esta serie de one shots es parte del evento de prompts de la página de Facebook "Drinny All The Way" San Valen-Drinny.

Prompt 13.

Ginny Potter se levantó en cuanto vio una sombra pasar, Draco Malfoy la observó con atención, tal parecía que ella no se percataba de nada más a su alrededor, sin duda estaba comenzando a parecerle un misterio digno de ser resuelto, la mujer avanzó hasta la puerta, asomándose.

—Señora Potter –la nombró, pero ella no le hizo caso alguno.

Ginny observó la sombra salir del lugar, parecía que intentaba que nadie más la notara, pero había fallado, se giró para darse cuenta de que ya no estaba más en San Mungo ¿en qué momento había regresado a Hogwarts? Reconoció la sala de menesteres, todo estaba espectacularmente arreglado.

—Quien diría que hay algo cursi en ti –dijo su propia voz a una sombra que aguardaba en la pequeña colchoneta.

—Ya que no podemos tener un picnic al aire libre, es lo más que he conseguido para nosotros ¿tiene algo de malo? –sonrió.

—Desde luego que no –se burló ella, sentándose junto a la otra sombra y besándole –te amo.

—Quien diría que Weasley es una cursi –se burló el acompañante.

—No es cursilería –se defendió Ginny –es verdad ¿prefieres que ame a alguien más con tal de no ser catalogada como cursi?

—No, quiero que me ames a mí.

Ginny sonrió, no sabía con quién estaba, pero algo dentro de ella le decía que esa sombra no podía ser Harry, nunca había sido así con el chico que vivió, recordaba su noviazgo con su ahora esposo, y siempre creyó que algo le faltaba, que no se sentía completa.

Feliz día de san Valentín –murmuró la sombra, besando a la Ginny del recuerdo.

La pelirroja saltó asustada cuando sintió que alguien la sujetaba del hombro, se giró apresurada, con la respiración agitada y completamente aturdida, hacía un instante había estado en Hogwarts, observándose a sí misma, jurando amor eterno a un desconocido.

—Señora Potter –la voz de Draco Malfoy la jaló a la realidad más rápido, había estado hablando con él de la posibilidad de darle a su hijo en cuanto naciera.

—Donde ¿dónde estoy? –observó a los lados.

—Es una habitación desocupada –respondió él tranquilo.

La joven mujer se sentó sobre la cama, se llevó las manos al rostro, no sabía que le ocurría, y eso la estaba volviendo loca, ya lucía como una, ahora realmente se volvería.

—Dígame ¿Qué es lo que le ocurre?

DG

Draco Malfoy observó al frente cuando la puerta de su consultorio se abrió, su esposa estaba ahí, un poco confundida de que no hubiese vuelto a la hora que le había prometido, pero por alguna razón quería quedarse ahí ya que no había dejado que Ginevra Potter volviera a su casa para poder mantenerla vigilada.

—Sigues aquí, teníamos planes ¿recuerdos?

—Lo olvidé pero –se puso de pie y fue hasta la mujer –he encontrado a una persona dispuesta a darnos a su bebé –sonrió alegre.

El rostro de su esposa se puso serio, suspiró, cansada de que él insistiera siempre con lo mismo, Astoria Greengrass no tomaba aquel impedimento para tener hijos como una maldición, sino más bien como una bendición, no quería procrear, sin importar que amara a su marido, ella no era una mujer de hijos.

—Draco, ya lo hemos hablado, además…

—Esta vez es en serio, está completamente dispuesta, no se arrepentirá al tenerlo.

—Siempre dicen lo mismo ¿recuerdas las tres veces anteriores?

—Confió en que esta mujer realmente…

—Claro, una mujer que realmente no se le ablandará el corazón al ver a su hijo ¿realmente queremos esa clase de genes en nuestra familia, Draco?

—No es como si a mi padre se le ablandara el corazón con tan solo verme ¿no?

—Es mejor que no te hagas ilusiones, no estoy segura de que nos lo den, y de quererlo, te veré en casa.

Draco observó a la nada, sabía de antemano la decisión de su esposa de no querer adoptar ni tener hijos, pero él no le había mentido a Ginevra en que deseaba un hijo desesperadamente, algo en él faltaba, y eso debería ser un hijo, amaba a Astoria, lo hacía, pero ese vacío que se formaba en él era extraño.

Entró a la habitación donde Ginevra Potter descansaba, se acercó a ella para asegurarse de que todo estuviera bien con ella, su rostro era hermoso, claro que se le notaba que no la estaba pasando nada bien, sus parpados rojos, sus labios agrietados y estaba más pálida que nunca, la recordaba de más joven, y a pesar de que su piel era como porcelana, brillaba, y ahora, todo en ella estaba opaco, desde su cabello hasta su mirada chocolate que una vez de joven, le pareció hermosa.

Se sentó en una de las sillas del lugar, abrió su libro y comenzó a leer mientras vigilaba el sueño de la pelirroja, no quería otro incidente con ella, sería catastrófico para ella, la mayoría creía que se había deschavetado, pero él no, él creía que había magia oscura detrás de todo, y se lo debía, después de lo que su padre le había hecho en primer año ¿qué tal si la sombra de Ryddle estaba haciendo estragos ahora en ella?

DG

Ginny abrió los ojos, había dormido toda la noche, lo sabía porque no había despertado y Draco Malfoy le había dado una poción para ello, aun así, seguía sintiéndose cansada, como si no hubiese pegado el ojo en toda la noche.

Se incorporó cuando la luz del sol se colaba por una de las ventanas que parecía que nadie había corrido, suspiró y se puso de pie, para hacerlo ella misma.

—Buenos días –saludó Malfoy, entrando a la habitación.

—Sí, no tienen nada de buenos.

La pelirroja cerró los ojos cuando la luz solar golpeó su rostro, se giró y chocó con la mesa que había estado justo a su lado cuando se levantó.

—Ha dormido por dos días, suponía que eran buenos días.

—Dos días –murmuró –parecieron cinco minutos –se sentó en la cama.

Malfoy avanzó hasta ella, su mano se colocó en su mejilla y con su dedo pulgar jaló delicadamente la piel, para examinar a Ginevra, que lo observó atenta, la colonia que usaba olía bastante bien, lucía recién duchado.

—Realmente luce fatal –murmuró, inquieto.

—Cuando eres padre, no importa cuanto lo intentes, no puedes volver al buen sueño –se observaron unos momentos.

—Sí, no todos lo ven como una tortura, señora Potter.

—Los varones no, claramente, usted estará aquí, trabajando, mientras su pobre esposa tendrá que atarse a un… hijo.

—Realmente suena como si su vida fuera una maldición.

—Ciertamente no es la vida que quería para mí –aceptó, recostándose.

El rubio la observó, la comprendió de inmediato, había ocasiones en las que él se sentía de la misma manera, como si esa vida que tenía fuese un castigo por algo terrible que había cometido en otra vida.

—Al menos no deambuló por ahí –informó.

—Sí, eso ha sido bueno, o no, significa que realmente se me ha ido la cabeza.

—No creo que sea el caso.

—Pero lo es –cerró los ojos, los párpados le pesaban, como si en lugar de haber dormido dos días, hubiese estado despierta por una semana o meses sin dormir.

—Creo que la dejaré descansar un poco más y…

La mujer se había vuelto a quedar dormida, así que sonrió y salió sin más de la habitación.