Disclaimers: Todo lo de Harry Potter es propiedad de JotaKá, y de la Warner Bros, más no mío, sólo los utilizó sin intención de obtener remuneración económica.
Esta serie de one shots es parte del evento de prompts de la página de Facebook "Drinny All The Way" San Valen-Drinny.
Prompt 20.
La discusión era bastante acalorada, ahora era el turno de Matthew Davies sonreír en victoria, el Director Warner había ordenado informar a Harry Potter lo que había pasado con Ginevra, no podía considerarla mentalmente estable si había atentado contra su vida y la de su hijo en el vientre.
—Director Warner –intentó Draco.
—No, informaré a Potter –dio por zanjado el tema –y la internaremos una vez que se reponga de la caída y de la pérdida del bebé.
—Bien.
Salió dando un portazo enfadado, no sabía por qué estaba tan molesto, bueno sí lo sabía, Ginevra Potter había estado tan inconforme en que le avisaran a Potter de su embarazo cuando ya se había hecho a la idea de que no tendría un nuevo hijo a quién cuidar, que había preferido tirarse al vacío dejándolo sin oportunidad de tener un hijo.
—Ya está más estable –informó la mujer a Malfoy –al menos de la caída, no sé qué pase por su mente –acarició la cabeza de la mujer.
—Según el director está loca –contestó –así que lo que sea que pase, sólo pasa ahí.
La observó atento una vez que se quedó solo con ella, estaba demacrada y sobre todo parecía estar perdiendo toda la vitalidad como si alguien estuviese consumiendo su energía, tal y lo que hubiese pasado con ella si Potter no la salva de la cámara de los secretos años atrás.
Él mismo sabía de lo que era capaz Voldemort y no se consideraba tan estable después de todo lo que vio y escuchó en la casa de sus padres hace años, suponía que no se podía estar mejor que Ginevra si él tenía dominio de tu mente por un año completo, habían pasado bastante años era lógico que en algún momento su mente terminara de desquebrajarse por completo.
—Dónde… ¿dónde estoy? –cuestionó la pelirroja observando a su alrededor.
—En una habitación en San Mungo –informó Draco –se arrojó por una ventana y bueno, tiene que respirar tranquila, perdió al bebé –la mujer lo observó sin comprender.
—Pero ¿por qué haría algo así? –cuestionó sin comprender.
—No lo sé, pero había conseguido que el director ordenara primero hacer unos exámenes para saber si realmente estaba loca, se arrojó por la ventana, oficialmente para todos lo está.
—Le avisarán a Harry –murmuró.
—Sí, el director Warner lo ha hecho hace unas horas, no sabemos cuánto tardará en llegar.
—Supongo que bastante.
—No se le ha dicho en la carta la razón por la cual se encuentra en San Mungo.
—Supongo que aunque no haya embarazo le dirán ¿no? –Draco asintió.
DG
La mirada de Ginny siguió la sombra, esa que le había llevado hasta la ventana de San Mungo y la había hecho arrojarse para poder seguirla, su alrededor era algo que no reconoció, no era ni el hospital ni Hogwarts, no era algo que ella conociera, así que observó con detalle todo aquello, porque era bonito.
—No puedes creerlo ¿cierto? –la voz distorsionada la sobresaltó, por alguna razón sonrió.
—Es sorprendente que hicieras algo así, es todo.
—Lo que tú y yo tenemos es amor verdadero, así que tenía que demostrártelo, que te amo, y no son meras palabras, por eso hablé con tu padre y mi padre, por separado.
—Tengo que admitir que me sorprendí cuando papá me dijo que había hablado contigo sobre… ya sabes, vivir juntos.
—Tenía que haberlo hablado contigo primero, lo sé, no te enojes.
—La verdad, amé que papá me sorprendiera con esa noticia.
Ginny abrazó la sombra y la besó, su corazón se aceleró, ni siquiera sabía quién era esa persona a la que su otra yo besaba, y a pesar de no verle, sabía que le amaba o amó más de lo que ahora lo hacía con su esposo.
— ¿Quién eres? –susurró la mujer, llamando la atención de Draco.
El mago se acercó percatándose de que la mujer había entrado de nuevo en ese trance, no sabía a qué lugar iba o qué veía, pero le intrigaba tanto a ella como a él, si pudiese tener una pista de todo aquello, sería maravilloso.
—Bien ¿cómo está? –interrogó la voz de un varón junto a él.
—Está…
Draco se detuvo al ver a Potter, que no estaba muy feliz, al parecer ya había hablado con el director Warner, porque la mirada esmeralda del hombre brillaba con ira pura.
—Bien, está mejor.
—Bien ¿de haber atentado con su vida terminando con la de mi hijo o de su desequilibrio mental?
—Yo no creo que tenga un desequilibrio…
—No me interesa lo que opines, Malfoy, su doctor a partir de ahora es Davies, en cuanto se recupere le hará compañía a los padres de Neville y al ahora más inútil Lockhart.
—Debería sugerirte que…
—No, tú no sugieres nada, ella es mi esposa.
—Pero no está desquiciada, créeme, sé cómo es una persona desquiciada.
—Sí, como olvidar que tu familia está llena de ellos ¿no?
—Sabes lo inestable que te puede dejar Voldemort ¿no? –soltó enfadado.
—Voldemort, eso pasó hace años, y lo del diario… de eso ha pasado mucho más –gruñó enfadado –deja de justificar tu ineptitud al tratarla y largo de aquí.
DG
La mirada de la pelirroja iba a la entrada cada que escuchaba que la puerta se abría esperando a que su marido apareciera no porque añorara su compañía o algo por el estilo, sino porque quería terminar pronto con el discurso del reproche.
Sus ojos viajaron al reloj al otro lado de la puerta, el horario de visita pronto terminaría, pero claro que era Harry Potter su esposo, nadie se atrevería a negarle la entrada ya que sentían que de alguna manera le debían la vida que tenían a él.
No podía culparlos de aquellos pensamientos porque era la verdad el que una vez fue el Elegido era el responsable de la buena vida de los demás, pero en parte culpable del infierno en que se había vuelto la de ella.
Tendría que haberse armado de valor y abandonarlo al primer hijo que tuvo con él, ella no era una mujer para ser alguien dedicada al hogar, ella añoraba su libertad más que nada e incluso ahí en ese lugar especial para los que han perdido la cabeza se sentía más completa, más feliz de lo que había sido en años, era una mala persona y una mala madre porque no extrañaba a esos niños que por mucho que fuesen sus hijos los sentía como unos desconocidos como si no compartiesen ni un poco de ella.
Un largo suspiro la abatió por un momento ya que Malfoy tampoco había aparecido por ese sitio ¿Qué había pasado con esa promesa de que todo estaría bien? Sin duda era otra mentira que le importaba mantener mientras fuese seguro que él tendría un hijo, pero ahora que eso no iba a ser una realidad todo lo que le pasara a ella le daba completamente igual.
Un día nuevo llegó y junto con él la promesa de que quizá Harry podría aparecer o Malfoy, quien fuese de los dos, porque quería explicaciones, estaba harta de soportar a Lockhart hablando de lo maravilloso que era, como si en sus cinco sentidos no fuese ya lo bastante molesto.
—Señora Potter –saludó un hombre a su lado –soy su nuevo médico….
—Mi médico es Malfoy –soltó enfadada.
—Sí, lo era, pero creo que podrá notar que ya no estamos en la especialidad de Malfoy.
—Sí, eso puedo verlo, no soy estúpida.
La pelirroja notó como el sanador elevó las cejas en un intento de parecer disimulado, pero ese tipo la creía loca y estúpida, bonita combinación a donde había llegado por su idiotez, pero quizá ver a esa sombra era una clara señal de que lo necesitaba a él y no a Malfoy, aunque ese pensamiento la abatiera más de lo que pensaba esperar y no encontraba una buena razón para necesitar a Malfoy ahí, sí, lo necesitaba junto a ella.
