Disclaimers: Todo lo de Harry Potter es propiedad de JotaKá, y de la Warner Bros, más no mío, sólo los utilizó sin intención de obtener remuneración económica.

Esta serie de one shots es parte del evento de hace un año de prompts de la página de Facebook "Drinny All The Way" San Valen-Drinny.

Prompt 8.

Draco levantó la vista de su libro cuando una mujer entró a su oficina, el cabello oscuro y sus ojos verdes no podían ser más que de su esposa, suspiró cansado ya que había preferido soportar 76 horas en San Mungo que con ella en casa, peleaban; siempre lo hacían y ya estaba más que cansado sólo que la amaba, y no quería pensar en la posibilidad de estar lejos de ella de esa manera ¿qué diferencia había ahora? En realidad. Ninguna.

—Me dijeron que estabas aquí, ocupado como siempre.

—Aunque sólo parezca que leo un libro, en realidad estoy investigando, hay una paciente que no me ha dejado dormir.

—No te ha dejado dormir –Astoria repitió sus palabras mientras avanzaba con la mirada a un lado –dime cariño ¿estás seguro que la razón por la cual no te ha dejado dormir es simplemente por el misterio médico? –le observó.

—No sé a qué te refieres, pero podrías ser más clara y estar así ambos en el mismo dialogo.

—Te estoy diciendo que quizás esa mujer te gusta, por eso prefieres quedarte aquí, sentarte en una esquina de la habitación, a leerle mientras ella duerme.

Sus miradas chocaron con intensidad desde luego que alguien le había dicho lo que hacía, pero Draco jamás se había propasado con Ginevra sabía cómo bien ella había dicho que era un hombre casado y ella, una mujer casada, y no con cualquier mago, sino con Harry Potter.

—Si eso fuese cierto, en este momento tendrías un esposo muerto, cariño –repitió.

—Ah –se burló –tiene que dejarme tranquila.

—Ven, acompáñame, quiero que la conozcas.

La sujetó del codo y la llevó forzadamente hasta la habitación donde hasta dentro de unos días la pelirroja estaría, la mirada chocolate se topó con la de ellos, primero en la de Astoria y después en la de Draco, la mujer de cabellos oscuros se tensó de inmediato, no por tomarle mucho en reconocer que esa demacrada mujer no era más que la vigorosa, dulce y siempre sonriente Ginevra Weasley, ahora Potter.

—Tengo visitas –se burló –lo lamento, me habría arreglado de saber que alguien vendría.

—Y-yo… lo lamento, mi esposo…

—Ah –sonrió –Astoria, te recuerdo del colegio.

—Sí, teníamos clases juntas, también lo recuerdo, es sólo que… me tomó un momento reconocerte.

—Sí, a todo el mundo le cuesta –se burló, recargándose en la cabecera –pero no más que a mí, créeme.

Astoria observó a su marido, que en cuanto su mirada se topó con la pelirroja se relajó, adoptando ese semblante tranquilo, ella no estaba al tanto del diagnóstico, pero podía sentir la misma clase de empatía que Draco por Ginevra.

DG

Una suave voz la hizo despertar, no de golpe sino de forma muy paulatina mientras la historia que recitaba se le hacía más y más conocida, era de sus cuentos por decirlo de esa manera su favorito, hablaba de un amor perdido y un alma que vagó en la oscuridad el resto de sus días sí era triste y horripilante pero la adoraba.

—Me gusta esa historia –musitó ella haciendo que Draco Malfoy se detuviera en su lectura.

—Sorpresa –admitió –la mía también.

—Es extraño –se burló –es un cuento para niños, o para adultos que han perdido algo.

—Tú no has perdido nada –informó.

—Bueno un hijo lo he perdido a decir verdad –la mano de la mujer se posó en su vientre –pero dígame Sanador Malfoy ¿qué ha podido perder usted? Tiene una esposa que se ve que lo ama, usted la ama a ella ¿qué perdió?

—Nada –admitió –tengo todo lo que podría hacerme feliz…

—Excepto un hijo –terminó por él –creí que ella era más importante que un hijo.

—Yo sólo le dije que a ella no le importaba, pero que yo quería uno con desesperación.

—La desesperación de alguien que nunca ha tenido uno.

—La desesperación de un linaje puro que está por desaparecer.

—Mi hijo sería mestizo –informó, él titubeo pero no dijo nada.

—Ellos no tienen que saber que son mellizos.

—Claro –rió divertida –es como si nunca fuesen a encontrarse.

—Me iría de aquí, el destino es cruel, pero tardaría mucho en llegar.

Ginny sonrió divertida por la mirada anhelante del rubio, sí, sin duda él quería un hijo y simplemente ponía de pretexto la desaparición de su apellido, no tenía idea de por qué lo deseaba pero estaba segura de que ella no los quería.

—Tiene que prometer una cosa –pidió.

—Lo que sea.

La mano de Ginny se colocó sobre la de él, ya que se había puesto de pie y acercado a ella.

—Que me ayudará a que sea la última vez que mi vientre tendrá vida.

Él apretó su mano con fuerza, sellando el trato, o eso pensó porque el contacto se sentía tan bien, y por un momento deseó con tanta intensidad poder saber que era lo que ocurría con ella para que no sufriera más.

Draco levantó la vista, en un momento la habitación de San Mungo con la pelirroja habían desaparecido, en su lugar estaba en Hogwarts, se vio a si mismo escondido detrás de un pilar, recargado mientras una de sus manos se movía, como si estuviese acariciando a alguien, frunció el ceño al no recordar aquello.

—Te amo –dijo su propia voz –en serio que lo hago.

—Sé lo que pretendes, Malfoy –una voz femenina lo confundió, sonaba alterada, así que no podía saber si se trataba de Astoria o de alguna que en aquella época quisiera llevarse a la cama.

—Desde luego que sí –sonrió el rubio joven.

Draco estaba a un lado de la pareja, podía ver una silueta borrosa, el cuerpo de la mujer era menudo, pero no podía ver detalles, como el color de su túnica ni de su cabello, ni siquiera su rostro.

—Comienzan a sospechar –musitó la mujer.

—Sospechar de nosotros ¿o de qué?

—No, tonto –rió.

—Entonces ¿de qué?

—De tus asuntos este año en el colegio.

—Ah ¿y tú les crees?

Creo que mi novio podría ser un mortífago ¿qué debería hacer?

Draco cerró los ojos, esos recuerdos no los tenía él ¿por qué? Pero esa mujer tenía que ser muy especial si podía hacer un comentario como ese sin que él le empujara y le hechizara.

—Amarlo más –gruñó el joven Draco, en un tono para nada enfadado.

—El mundo explotaría si te amara más.

Las dos figuras compartieron un beso apasionado, mientras el rubio de 16 años sujetaba el cabello largo y sin color.

—Tiene que ser muy placentero saber que tendrá lo que siempre soñó –la voz de Ginevra lo regresó a la realidad.

—Ah ¿qué? Perdón, me fui por un momento –ella rió.

—Significa que es contagioso.

Ella alejó su mano, perdido el contacto, la misma sensación de vació que había tenido prácticamente toda su vida, volvió, ese desasosiego que desapareció al estar en aquella memoria robada ¿pero de quién? Quería volver ahí, con esa chica que sin siquiera saber quién era o como lucía, le hacía sentir una persona completa.

—Eso es lo que pasa –musitó.

—No sé de qué está hablando –soltó ella.

—Nada, estoy… pensando en voz alta, la dejaré descansar, señora Potter.

—Debería hacerlo también.

—Lo haré –le sonrió y salió de la habitación rumbo a su oficina, tomó sus cosas, dispuesto a ir a casa e inspeccionar todos sus recuerdos, esa mujer tenía que aparecer.