Disclaimers: Todo lo de Harry Potter es propiedad de JotaKá, y de la Warner Bros, más no mío, sólo los utilizó sin intención de obtener remuneración económica.
Esta serie de one shots es parte del evento de hace un año de la página de Facebook "Drinny All The Way" San Valen-Drinny.
Prompt 14
Quiso reírse al notar la diferente perspectiva de cada uno, mientras ella encontraba ese sitio vacío y triste, él lo encontraba tan acogedor y cálido y de nuevo no pudo evitar pensar que él solo sentía el lugar así porque estaba ella ahí y no por otra cosa en particular.
—Dime ¿acomodarás todo solo o puedo ayudarte? –Preguntó ella.
—Puedo solo, y no quiero agitarte de más, para serte honesto.
—No es problema –comentó.
—Gracias, pero no soy tu obligación, no eres mi madre, puedo acomodarlo solo, en serio.
—Bien.
La vio dudar mientras avanzaba hasta la puerta incluso antes de salir la vio meditar si regresar y ayudarlo a pesar de su negativa o simplemente irse como si nada, Draco no sabía cómo había sido la relación de la pelirroja con el grandioso Harry Potter pero que se sintiera incómoda por no hacer ella el trabajo de arreglar las cosas, aun cuando no era su obligación simplemente lo enfadó.
Incluso en su matrimonio con Astoria él jamás se había impuesto a algo ni le molestaba llegar a casa y no encontrarla él solo se hacía de comer o la cena si su esposa no estaba en casa y de lo demás, sabía de antemano que ella no se enajenaría a él y lo único en lo que siempre insistía era en tener hijos, pero no por el hecho de que creyera que era la obligación de su esposa parir uno, sino más bien era su único deseo.
Agitó su varita y todo comenzó a arreglarse, colocó una cama que usaban cuando iban de campamento, así que era bastante cómoda, la colocó al otro extremo de la cabaña para que Ginevra no fuese a sentirse incómoda por tener que soportarlo cerca.
Cuando todo terminó de arreglarse quiso salir a buscarla pero decidió mejor quedarse sentado sobre su nueva cama y abrir uno de los libros que había dicho que ya no ocupaba, necesitaba encontrar una solución para aquello que le estaba arrebatando la vida.
Observó su reloj de pulsera ya pronto se ocultaría el sol y el aire comenzaba a ser más fuerte y la pelirroja había salido sin suéter, así que tomó uno —ya que le había llevado un poco más ropa—, y fue a buscarla.
Sonrió al verla a la orilla las olas mojaban sus pies y el viento mecía sus cabellos pelirrojos y aquel vestido veraniego y delgado con un montón de adornos que no distinguía, notó las sandalias en su mano, se acercó a ella, sobresaltándola un poco cuando se aclaró la garganta.
—Está comenzando a hacer más frío y lo que menos necesitamos es que te enfermes.
—He estado haciendo esto desde antes de que llegaras –sonrió ella observándolo.
—Bien –le extendió el suéter, ella lo sujetó y se lo puso –entonces dejaré que sigas tu rutina.
—También puedes quedarte y observar el ocaso conmigo –se encogió de hombros, viendo en dirección al sol que cada vez iba más abajo.
—No es de mis pasatiempos favoritos –informó.
—Tómalo como la petición de una moribunda –lo observó.
—No vas a morir, así sea lo último que haga, encontraré lo que te ocurre.
—Podrás encontrar este mal y ayudar a más personas, pero no creo que yo viva hasta ese momento, pero puedes estar seguro que me alegraré desde donde quiera que esté.
La vista de la mujer fue de nuevo al ocaso, él no quiso iniciar un debate con ella ya que lo que más necesitaba era paz y tranquilidad y aunque por un momento observó los bellos colores que aquello mostraba su vista fue hasta ella no importaba lo majestuoso que fuese aquello, para él no había nada más maravilloso y hermoso que la mujer a su lado y mientras luchaba con su impulso de sujetarla de la mano y besarla, el encanto terminó.
—Es mejor que entremos ahora sí –sonrió la pelirroja.
—Desde luego.
Avanzaron unos metros hasta la cabaña y ella comenzó a preparar una cena ligera que imaginó que era lo que ella había estado cenando desde que estaba en ese sitio, no se quejó ni opuso resistencia a lo preparado simplemente se dedicó a cenar en silencio tal como ella lo estaba haciendo.
—No hay nada que hacer en este sitio –informó la mujer –así que suelo dormir una vez que anochece.
—No te preocupes por mí –asintió.
La pelirroja fue hasta la cama cuando Draco se giró para poner los trastos en la pequeña tarja y agitó su varita para que comenzaran a lavarse solos, cuando se giró de nuevo ella ya tenía su pijama puesta y se estaba trenzando el cabello tranquilamente.
—Buenas noches, descansa.
Le costó unos momentos a Draco darse cuenta que habían comenzado a tutearse de la nada, eso le daba una falsa sensación de camaradería y cercanía, era normal que dejaran de lado lo formal ya que no eran sanador-paciente.
Draco salió de la cabaña una vez que la respiración de Ginevra se volvió suave y regular y fue hasta la playa con una pequeña flama en un frasco para dedicar a investigar un rato más, era bastante temprano para él y sabía que no podría dormir así se lo propusiera.
El tiempo se le fue demasiado rápido ya que cuando despegó su vista de los libros llenos de arena el cielo comenzaba a aclararse, y la pelirroja estaba aún lado, observando tranquila el amanecer él sonrió sí que tenía poco que hacer como para levantarse tan temprano como para ver algo así.
—Quisiste vengarte por lo de anoche, supongo –bromeó él.
—No, bueno normalmente suelo nadar desnuda en las mañanas pero ya estabas aquí cuando salí para hacer mi rutina del día.
Él la observó y aunque ocultó a la perfección su sorpresa no pudo evitar tragar saliva ante la imagen que ella había proyectado en su mente.
—Puedo ir adentro –se puso de pie.
Él se detuvo un momento cuando ella también se puso de pie y le tomó un momento notar que no era para detenerlo, vio su espalda desnuda cuando se quitó el vestido y se giró hasta la cabaña mientras avanzaba para meterse al lugar sin que la tentación lo venciera.
La vista de Draco fue hasta la pelirroja cuando entró de nuevo su cabello estaba mojado, lo secó con la toalla que había y le sonrió amable sin que él comprendiera, pero hizo una mueca que se suponía que era una sonrisa.
DG
Habían pasado tres días desde que Draco había llegado a esa cabaña y para la sorpresa de Ginevra aquella presencia no había alterado en nada su paz, su tranquilidad ni su rutina, podía usar magia para hacer los deberes y él no solía pedirle alimento alguno ya que cuando ella se perdía a sí misma en aquellos recuerdos a veces era vuelta a la realidad por él porque le llevaba de comer o el almuerzo porque no quería que durara mucho tiempo sin comer.
—Dime ¿me salió algo en la cara? –preguntó el rubio.
—No.
—Entonces dime que ocurre, porque tienes rato observándome, y creo que me salió algo en la cara, algo muy horrendo.
—No es nada –se encogió de hombros –algo muy tonto y sin importancia.
—Ya sé ¡volvió el acné! –Soltó haciéndola sonreír.
—No, es algo que nunca creí –sonrió –tú cambiaste mi mundo.
Draco tragó saliva ante aquellas palabras ¿cómo había cambiado su vida? ¿En qué forma? Su corazón comenzó a agitarse en su pecho y aunque su interior era un caos su cara mantenía aquella expresión vacía.
—No comprendo –comentó –yo ¿cómo hice algo así?
—Esta vida –sonrió –aunque soy consciente de que será corta, es una libertad que jamás había tenido –rio feliz –el hecho de poder ser yo, Ginevra, no la esposa, no la madre, sino la persona, es algo que había olvidado por completo, esta sensación de plenitud y gozo es algo que no sentía más, mi mundo era monótono, gris, tormentoso, sólo quería morir y olvidarme de todo, gracias por hacerme sentir así de nuevo –sonrió agradecida.
