2. Mariposas, superestrellas y chistes de abejas
El silencio del gimnasio era tan pesado, que Satori se preguntó si podría recogerlo en baldes. Lo odiaba, jamás se había sentido cómodo con el silencio, le hacía sentir oprimido, como si el mismo oxígeno estuviera estrujándole los pulmones. La oscuridad le daba la misma sensación. Nunca se lo había comentado a nadie, estaba viejo para tenerle miedo a la oscuridad, y mucho más, a algo tan tonto como el silencio.
Aun así, en esa situación, se sentía todavía peor, con las miradas de todos clavándole agujeros en la espalda.
Acababa de ocurrir algo extraordinario, lo sabía. Tan solo que, deseaba que en lugar de mirarlo como si quisieran matarle, aplaudieran un poco.
Todo había estado bien, unos minutos atrás.
—¿Está bien si practico mis bloqueos contigo? —Esperaba que el chico no tardase en dar una respuesta, porque Satori sentía cómo la valentía estúpida que le movió las piernas y le hizo hablar, se agotaba con cada latido.
Ushijima Wakatoshi le devolvió la mirada. Sin expresión. Bien podría estar viendo una pared de pintura secarse. Satori de pronto se sintió extremadamente consciente de toda su apariencia- su piel demasiado pálida, sus ojos saltones, sus frenillos, su cabello rojo nuclear.
Satori. Sa-to-ri. Mons-truo.
—Tendou Satori —¿Me conoce? Pensó alarmado. Su voz sonaba grave, y no se quebraba en sitios extraños, muy al contrario de la suya—. El chico de los bloqueos mágicos.
—Ah ¿soy popular? —Preguntó con una sonrisa amplia.
—Lo contrario —un murmullo de risas se escuchó a lo largo del gimnasio, y fue entonces cuando Satori notó que todos se habían quedado quietos para ver el intercambio de palabras. Por supuesto que sí—. He escuchado que eres un bloqueador tramposo.
—¿Sí? ¿Y tú qué piensas?
—No lo sé, nunca te he visto jugar —el murmullo de risas volvió. Oh, cierren la boca, se encontró pensando desesperadamente. Ushijima no reía ni un poco, y al menos Satori encontraba refugio en ese hecho—. Aunque no se me ocurre una forma en la que se pueda hacer trampa bloqueando.
Las risitas que inundaban el gimnasio, murieron inmediatamente. La sonrisa de Satori se extendió todavía más. Por el rabillo del ojo, podía ver a Eita y- oh ahí está Reon- quienes hacían señales de apoyo.
No es momento para acobardarse. Solo necesitaba fuerza abrumadora.
—¿Y bien, Ushijima-kun? —Preguntó nuevamente, alargando el "kun" más de la cuenta, seseando y canturreando como ya estaba acostumbrado— ¿Te puedo bloquear? ¿Sí?
—Puedes intentarlo, si gustas.
Los murmullos volvieron, multiplicados, mientras Satori se colocaba en el lado opuesto de la red que Ushijima y un armador- cuyo nombre no sabía o probablemente no recordaba de todas formas.
Entonces, el mundo comenzó a andar en cámara lenta. Al menos lo veía de esa forma.
Ushijima Wakatoshi. Tienen la misma edad, más o menos. Varios centímetros más altos, varios kilos más pesado. Tomó nota de los aspectos más inútiles, también, como por ejemplo su curioso color de cabello y ojos.
Los rematadores siempre se inclinan hacia su mano dominante. Ushijima Wakatoshi es zurdo, y sus jugadas preferidas son las abiertas; altas, lejos de la red.
Salta real, realmente alto, y mientras está en el aire justo delante de él, comprende por qué le llaman estrella. Siente que vuela, y que quizás, desafía la gravedad.
En su mente es un héroe, así sean ambos monstruos.
—Te tengo.
Satori saltó, y el tiempo retomó su curso normal. Caótico y demasiado acelerado. Su vista se componía de borrones coloridos e incluso el momento en que el balón chocó contra su bloqueo se sentía difuso.
Un sonido aterrador resonó a través de todo el gimnasio. Por una fracción de segundo se preguntó si no se habría roto los brazos.
Pero entonces su forma se desbarató junto al golpe, y Satori cayó de espaldas al mismo tiempo que el balón al otro lado de la red; dejando al armador y a los espectadores y, sinceramente a sí mismo también, atónitos. Sus brazos dolían y ardían, sentía que le estaban clavando miles de agujas. Allí le saldrían moretones en una hora mínimo.
El silencio le estaba matando.
—Eso fue impresionante, Tendou —le dijo con el mismo tono tranquilo mientras cruzaba la red. Satori se dio cuenta de que seguía en el suelo, un poco sorprendido. Ese remate fue una locura. Había una mano extendida frente a él—. ¿Te has hecho daño?
—¡Podrías volar una casa con esos, Ushijima-kun! —Exclamó con alegría, poniéndose de pie en un salto. Ushijima bajó la mano nuevamente, y si se ofendió por su ayuda siendo rechazada, Satori no lo pudo notar en su rostro— ¿Cómo rematas con tanta fuerza?
—Tan solo lo hago —respondió con la misma seriedad.
—¡Que divertido eres, Ushijima-kun! —A su alrededor, las personas comenzaron a moverse con tranquilidad de nuevo, estirando y corriendo y haciendo práctica libre- que, a eso habían venido todos. Satori se permitió entretenerse unos momentos más con la superestrella— ¡Quiero seguir practicando contigo! ¿Qué te parece?
—Lamento que hoy no podré aceptar tu oferta —dijo el otro con una educación impecable. Inclinación y todo. Satori se quedó congelado por una fracción de segundo, no había estado haciendo una propuesta tan formal—. Sin embargo, estoy aquí todos los días en las tardes. Siéntete libre de unírteme y practicar conmigo.
Cuando la práctica terminó, varias horas más tarde y Satori regresó a su habitación, sus antebrazos estaban pintados con diferentes tonalidades de azules, púrpuras y rojos. No los podía mover muy bien. Eita y Reon no lo dejaron en paz hasta que se lo hizo ver en la enfermería y le aplicaron ungüento.
Su corazón palpitaba rápidamente, y su estómago revoloteaba con cierta ansia. Se preguntaba qué era eso, qué era eso que sentía. ¿Mariposas, quizás? ¿O un nido revuelto de abejas? ¡Qué importa!
Sin duda alguna estaba relacionado con su superestrella.
Resultaba ser que casi nadie tenía las agallas para hablarle a Ushijima, y todavía menos personas tenían suficientes ganas de seguirle hablando una vez le conocían.
—¡Ushijima Wakatoshi-kun! —Saludó enérgicamente al sentarse a su lado a la hora del almuerzo. El otro le devolvió la mirada, luciendo positivamente sorprendido—. ¿Te acuerdas de mí?
—Tendou Satori, hola —saludó cordialmente, en un tono de voz más moderado. Sus ojos se posaron en sus brazos—. ¿Creí que no te había lastimado?
—¡No es nada, no es nada! —Movió sus brazos juguetonamente y una sonrisa perezosa se le dibujó en el rostro. Como diciendo, estoy bien ¿ves? Ushijima pareció aceptarlo—. ¿Comes solo, Ushijima-kun?
—Sí —respondió sin más. Vale, entiendo, tengo que ser un poco más específico para respuestas específicas.
—¿Por qué? —Preguntó nuevamente, alargando la e hasta el infinito y más allá.
—Las personas no suelen sentarse conmigo —Tendou archivó eso para más tarde, decidiendo que esa probablemente no debería ser su primera conversación con su potencial nuevo amigo. Por el rabillo del ojo, vio a Eita y Reon hablar con Taichi.
—¿Está bien si te llamo Wakatoshi-kun? ¡Quiero llamarte Wakatoshi-kun! —Ushijima, o Wakatoshi supone, come a un ritmo constante, elegantemente. Intentando usar su derecha también, observa con curiosidad. Satori de pronto se siente consciente de sus modales en la mesa y de cómo de estropajoso y descuidado debe lucir junto al otro.
—Está bien, Tendou —Satori le da una sonrisa ancha y feliz, fuera de sí con la emoción de hablarle a la persona que tanto le hace emocionar. ¿Mariposas? ¿Abejas? ¿Una estampida? ¡Está bien!
—Dime, Wakatoshi-kun ¿te sabes el chiste de las abejas?
Satori supone que todas las personas tienen algo que se les da súper bien, y algo que se les da súper mal.
Por ejemplo, Eita es súper bueno en física, sabe ligar y también es bueno peleando. Por otra parte, Satori cree que jamás ha conocido a alguien con peor gusto para la ropa, y está considerando en cambiar todo el armario de su mejor amigo a colores sólidos, blanco y negro, tan solo para no tener que sufrir de nuevo el verle usar una camisa con piñas estampadas y bermudas a cuadros con sandalias abiertas.
Reon tiene la paciencia de un santo y es quien más le aguanta las conversaciones infinitas sobre anime, así como también es listo y- como le gusta recordarle a Eita- tiene un buen gusto en ropa. Probablemente la pega que le tiene es que se comporta como un abuelo, incluso hace eso de darle dinero en momentos inusuales. Satori no lo cuestiona, dinero es dinero y los helados no se compran solos.
—¡Wakatoshi-kun! —Exclamó con alegría al llegar y ver que el nombrado ya estaba esperándole— ¿Me esperaste mucho?
—Solo cinco minutos.
—Wakatoshi-kun, la respuesta correcta a esa pregunta es "No, no mucho" a menos que pase de la marca de los veinte minutos —Explicó pacientemente. Wakatoshi escuchaba—. Intentemos de nuevo... ¡Wakatoshi-kun! ¿Me esperaste mucho?
—... No, no mucho —respondió después de pensárselo unos momentos—. No comprendo ¿por qué no dar una respuesta clara?
—¡A veces hay que ablandar la verdad para las personas! Si no lo haces, hieres sus sentimientos, Wakatoshi-kun.
—Pero solo estoy siendo sincero ¿Por qué tendría que mentir? ¿Acaso no es peor ser deshonesto?
Satori le sonrió, enternecido.
Wakatoshi, el niño maravilla del Shiratorizawa. Tiene un porte elegante y habla de manera sobria, dando respuestas cortas y exactas- virtualmente, sin palabras desperdiciadas. No camina como si poseyera el lugar, pero lo hace con la confianza de uno, y Satori sabe que si lo pidiera se lo darían; no está seguro de que Wakatoshi tuviera esa clase de pensamientos intrusivos. La forma en la que se sienta, come, habla, básicamente existe, le dice que ha crecido en una familia a la cual el dinero no le falta.
No falla en sus clases, de acuerdo con Reon es un compañero de cuarto pacífico, le va bien en cualquier deporte y es popular.
—Wakatoshi-kun, a veces hay que decir mentiras blancas para complacer a la gente —responde en un tono cantarín. Wakatoshi frunce aún más el ceño.
—Eso no suena correcto —le dice luego de pensarlo unos momentos.
Y que no puede comprender cómo funciona la sociedad así se le valla la vida en ello.
—No lo es, Wakatoshi-kun —concede terminando de estirarse. Wakatoshi no le quitaba los ojos de encima, y se preguntaba si debía decirle que hacer contacto visual prolongado incomoda a ciertas personas y él está entre esas personas. Nah, responde en su mente, el chico ya está confundido con todo el tema de las mentiras blancas—. ¡Bien! ¿Corremos? ¡El ganador le compra un helado al perdedor!
—Eso no tiene sentido, Tendou.
—¡La vida no tiene sentido Wakatoshi-kun!
Por lo que, Satori se ha dado a sí mismo la tarea de introducir al muchacho al mundo y la sociedad y esas cosas extrañas, así pase años en ello. Lo cual sería probable.
Vamos, vamos ¿Desde cuándo soy tan optimista? Se preguntó a sí mismo, mientras veía a Wakatoshi y sus piernas imposiblemente largas acelerar y perderse a la distancia en el parque. Era una vista a la cual se podría acostumbrar, pero sabe que no lo hará.
Porque antes que lo note, ya el chico estrella estará más que harto de mi.
—Juegan contra el Kitagawa Daiichi hoy ¿no? —Preguntó con una sonrisa perezosa, mirando por la ventana—. Que genial, ojalá pudiera ir a animarlos.
—Sigo sin entender cómo es que te has torcido una muñeca, Tendou, pero haz como plazcas —le responde Reon, concentrado en sus deberes. Como Satori también debería, pero el inmovilizador en su muñeca derecha imposibilita dicha tarea. Su sonrisa se extiende, y si entrecierra los ojos, puede ver a Reon fruncirle el ceño—. Solo te estoy ayudando hoy.
—Sí, Reon-sensei.
—Por favor si me aprecias, nunca más en tu vida repitas semejante cosa.
Satori se sentía orgulloso de haber podido acercarse a la estrella naciente del Shiratorizawa. Le seguía llamando así, porque le pone apodos a todo el mundo y le gusta cómo le queda ese a Wakatoshi, así como le gusta llamarle SemiSemi a Eita- así al otro le chirríen los dientes al escucharlo.
Otros no están felices, ni están de acuerdo. Pero está bien, porque siempre ha sabido cómo lidiar con las personas que no están de acuerdo con lo que él sea. O de que exista.
Los monstruos no tienen miedo, y Satori sonríe.
—Wakatoshi-kun ¿crees que ganarán? —Le preguntó con la misma sonrisa perezosa al chico a su lado, silencioso como una tumba. Satori ha aprendido que todo lo que el chico hace, lo hace en silencio. No sabe por qué eso le incomoda tanto—. ¿Estás nervioso?
—Sí, ganaremos —lo dice sin pensarlo—. Y no estoy nervioso. El Kitagawa Daiichi solo tiene un buen jugador, Oikawa Tooru. Es su armador.
—¿Ah sí? —Por el rabillo del ojo vio a Reon rodar los ojos, como si fuera algo que ya había escuchado innumerables veces. Satori sintió todavía más curiosidad.
—Sí —¿Ya volvemos con las respuestas monosílabas?—. Desearía que viniera al Shiratorizawa.
No sabe por qué no le gusta escuchar eso.
—Oh ¿y ya se lo has dicho? ¡A lo mejor se nos une si lo invitas! Tienes que intentarlo, Wakatoshi-kun.
—Tendou... —advierte Reon. Wakatoshi se toma todos los consejos muy al pie de la letra.
Pero Tendou no es otra cosa sino estúpidamente imprudente y muy bueno en ignorar las buenas intenciones que tienen otros al tratar de advertirle sobre las estupideces que hace.
Pensándolo dos veces, quizás sí que se merece las cosas que le pasan por no escuchar buenos consejos.
Oh bueno.
—No me hagas caso, Wakatoshi-kun —le dice luego en el mismo tono juguetón. Lo ve fruncir el ceño, y sabe que le ha confundido—. Solo bromeaba con lo de invitarlo.
—Oh, entiendo.
—¿En serio? —¿Sus esfuerzos estaban dando frutos?
—No, no realmente, pero me has dicho antes que a veces hay que decir mentiras blancas para complacer a la gente ¿me está saliendo bien? ¿Estás complacido?
Cuando Reon se termine de reír, Satori lo va a matar.
—¿Y bien? ¿Cómo les fue? —Les pregunta de buen humor apenas los ve llegar, saltando de alegría y arruinando el ritmo de su trote. Varias personas lo empujan al pasar, pero no le preocupa—. ¿Ganaron? ¿Por cuánto ganaron?
La emoción de un partido no se la quita nadie, y es que si un jugador en el que está interesado se va a presentar, contra viento y marea, Satori quiere saber qué pasó.
No puede simplemente no preguntarle al chico maravilla cómo resultó un partido.
—¡Satori! ¡No dije que pudieras dejar de trotar! —El regaño le llega como un latigazo. Pero qué maña que tienen por usar su nombre y no su apellido.
—¡Sí, señor! —Exclama, aunque siente que la burla se le escurre en la frase. Si alguien lo nota o no, no se entera tampoco. Correr en círculos por tanto tiempo le deja la cabeza ligera, y viendo puntitos de color también.
—¡Tendou! —Escucha la imperdible voz de Wakatoshi llamarle desde algún lugar de la entrada. Probablemente, pero todo le suena un poco distante. Aun así alza los brazos, haciéndole saber que tiene su atención, y espera que algún alma caritativa- Reon- le diga que está escuchando—. Sí hemos ganado.
Cree con certeza que hay algo satisfactorio en poder sentarse a comer con Wakatoshi, practicar con él y llamarle por su nombre también. Es un regalo, que nadie le puede arrebatar de las manos o decirle que no merece. Esa satisfacción, aunque escasa y efímera, llega en momentos rarísimos como ese, donde Satori alza la voz y llama su nombre.
—¡Eso es genial, Wakatoshi-kun!
Y al otro lado, alguien responde.
—Por favor no te distraigas de tu entrenamiento, Tendou.
—A ver Ushijima ¿por qué no le cuentas a Tendou por qué tienes que poner hielo en tu cara?
Cuando su entrenamiento termina y puede salir a reunirse con su chico maravilla, se encuentra a un para nada paternal Reon tratando de hacer que Wakatoshi se siente y se esté quieto.
Es gracioso, de hecho.
—Le dije a Oikawa del Kitagawa Daiichi que se enlistara al Shiratorizawa —responde Wakatoshi, sobrio como nunca, y con una inconfundible confusión en la voz. Oh diablos, piensa. No escuchó cuando le dije que era una broma—. No debió tomárselo bien, porque me dio una cachetada.
—Tienes suerte que Iwaizumi estuviera cerca —Reon no detiene su perorata. Satori no sabe quién es Iwaizumi, pero si le preguntan a él, le van a salir canas del estrés si es que este Oikawa es así de dramático—, porque te estarías echando hielo en otra parte también.
—... ¿Qué otra parte?
—Entonces —dice, interrumpiendo una conversación que está por ponerse rara—. Ganaron el campeonato prefecturial ¿verdad? ¡Significa que van a las nacionales! ¡Por segundo año consecutivo!
—El Shiratorizawa va todos los años a las nacionales —responde Wakatoshi en un tono absoluto. Como si no hubiera otra verdad. Y dios, lo que Satori no haría para tener esa confianza—. Si no pudiera hacer ganar al equipo en el torneo prefecturial, no podría llamarme a mí mismo as.
—Tiene razón —secunda Reon con la misma calma—. Las nacionales ni siquiera le aguantan una vela a esto. Nos podrían eliminar en la primera ronda.
—¡Hablan como si fueran veteranos de guerra! —Canta con una sonrisa—. En fin, Wakatoshi-kun, mañana me quitan el inmovilizador ¿quieres-
—No —interrumpe Reon. Su tono es final—. Bloquearlo te va a lastimar la muñeca de nuevo.
—Le estaba preguntando a Wa-ka-to-shi-kun —Y canta cada sílaba, por el bien del énfasis. Reon le pone mala cara, y sabe que odia cuando hace eso.
—No —repite Wakatoshi. Me imaginaba, piensa con amargura, pero su sonrisa no cambia—. No creo que le haga gracia a los del ala médica si te hago volver allí.
—¡Nunca me has mandado allí en primer lugar, Wakatoshi-kun! —Su sonrisa se hace más amplia. No te preocupes, no te preocupes—. Ya te lo dije, no me lastimé la muñeca bloqueándote.
—Siempre dices eso, pero creo que es una mentira blanca para que no me sienta mal.
Comienza a sentir la atmósfera pesada. El silencio, oh mierda el silencio. Odia cuando Wakatoshi dice cosas así, que lo ponen en el reflector. Satori odia el reflector, cuando no es él quien se pone allí voluntariamente. No le gusta ser el centro de atención no deseada, así esa atención venga de dos de sus tres únicos amigos.
Nadie habla. Y Satori odia el silencio.
—No es extraño que mis remates lastimen a alguien, Tendou —dice con esa tranquilidad tan propia suya—. No tengas miedo de decírmelo.
—No nos escondas cómo te lastimas, punto —aclara Reon—. Nos preocupamos por ti.
—¡Bueno, bueno! ¡Si se preocupan más que mi madre! Ya les dije que no fue practicando.
Lo recuerda. Bajando las escaleras, tarareando la canción que había dado por pegársele esa semana, y que escuchaba sin parar hasta que le enfermaba. Tenía cansado a su compañero de habitación, a sus compañeros de clase y al equipo reservista también. Se estaba preguntando si a Wakatoshi le gustaría esa canción.
Distraído. Tonto y mil veces tonto. ¿Qué es eso que suena?
Escucha que gritan su nombre. Quita de en medio, Satori. No recuerda bien su propia respuesta, quizás algo de que había suficiente espacio en la escalera, a menos que su grasiento y obeso culo no pudiera pasar. Quizás.
Entonces estaba en el suelo, todo el tramo de escaleras abajo.
—Solo tuve una caída tonta —responde con un ademán, quitándole importancia. No importa, no importa—. ¿Les hablé sobre el manga que estoy leyendo? ¡Les va a encantar! Escuchen, el protagonista es este chico invisible que-
Satori está en el Shiratorizawa porque quiere jugar. Ansía estar en un equipo donde lo respeten... o que al menos respeten su forma de jugar. Quiere estar en una cancha junto con las estrellas, así sobresalga como un pulgar roto porque es él, porque es un monstruo.
—Pero entrenador —insiste por enésima vez. Podría tatuarse su petición, o imprimirla en una tarjeta de presentación. "Tendou. Bloqueador central. Seis de cada diez veces puedo bloquear a Ushijima Wakatoshi. Por favorcito, déjeme jugar"—, lo vio ¿no lo vio? ¡Detuve a Wakato- digo, a Ushijima!
—Tendou —cielos, al menos no usa el nombre—, no niego que eso es impresionante pero ¿quieres saber por qué tu bloqueo no puede funcionar en un partido real?
—Pues desde la barra seguro que no lo hará —Responde un tanto insolente.
—La regla del Shiratorizawa es siempre armarle la jugada al más fuerte —prosigue, como si su lengua suelta no hubiera interferido en ningún momento—. Si sabes que de diez veces, ocho le van a pasar el balón a Ushijima, lo que sea que hagas va a funcionar todo el tiempo.
—¡Por eso es genial! —insiste.
—Pero supongamos que vas contra un equipo con un armador increíble —el nombre Oikawa Tooru resuena en su memoria. Satori lo desprecia y aún no le conoce la cara—, donde no sabes a quién le van a pasar el balón hasta el último segundo posible y te hace saltar como un completo idiota al lugar equivocado. ¿Cómo sabes con exactitud quién va a atacar?
—No lo sé —admite frustrado—. ¡Pero usted tampoco lo sabrá nunca si no me deja participar siquiera en un partido de práctica!
—Lo lamento, Tendou —aprieta los dientes. No te atrevas a llorar aquí—. Aprende a bloquear como los otros y quizás el entrenador Washijou te eche un vistazo.
Quiere jugar. Quiere jugar más que cualquier otra cosa, y por eso sigue aguantando a los otros chicos del equipo de reserva, y a sus compañeros de clases que le dicen que nunca va a jugar. Para eso está en Shiratorizawa de los ricos, de los genios y los prodigios, así su lugar esté en la esquina más alejada de un sitio como ese.
Quiere jugar y es lo único que no puede hacer.
—Te rebotaron de nuevo ¿no es así? —Le pregunta Semi desde el suelo.
—Sí —responde con un mal humor poco característico. Como si le hubieran chupado toda la energía y el buen humor. Siente que se camufla contra las paredes del Shiratorizawa—. Semisemi ¿crees que debería comenzar a bloquear como todo el mundo lo hace?
—Primero, te he dicho que ese apodito estúpido me chirría, basta —responde el otro, lanzándole el balón con el que practica. Satori lo esquiva con fluidez antes de darle una mala mirada—. Segundo... No tengo idea ¿sabes? Creo que tu método funciona.
—¿Pero?
Son los últimos en el gimnasio, lo cual no es nuevo. Del equipo reservista, él y Eita son quienes más practican. Quienes, contra viento y marea, buscan rematadores que les aguanten una práctica más. Usualmente Reon los acompañaría, pero incluso él se escapa cuando le llama el hambre.
Sabe que Wakatoshi les acompañaría, pero su prioridad es practicar con el armador oficial de su equipo y eso no le suele dejar tiempo para complacer a Satori. Al único otro jugador que conoce es a un chico llamado Hayato, pero él juega como líbero.
Así que solo queda Eita, practicando sus servicios, y él, machacándose los brazos en las recepciones.
—Eres un bloqueador individual —le dice Eita—. El vóleibol es un juego en equipo.
—Un solo bloqueador es más que suficiente si salta a tiempo —responde con el ceño fruncido botando el balón con aburrimiento—. No puedo hacer que salten a donde yo quiera y me estorban.
—Y cuando tú saltas al sitio equivocado, arruinas el ritmo de todo el equipo.
El boteo se detiene, y Satori levanta la mirada. —¿Cómo dices? —Pregunta con ira.
—Digo lo que es, tu estilo de bloqueo es individual y una sola persona rara vez basta para bloquear totalmente una jugada —responde, quitándole el balón de las manos—. Anda ya, vamos a estirarnos, es tarde.
—... Dices que mi estilo lo arruina todo.
—Tendou, yo no dije eso —responde con firmeza—, no inventes cosas que no he dicho solo para justificar tu mal humor.
—Haz dicho lo que haz dicho ¿Qué pasa? ¿Es que no quieres repetirlo? —Eita le desvía la mirada. Satori se pregunta cuánto más puede picotearlo hasta que explote. Es mala idea, pero eso nunca lo ha detenido—. Eso no suena como tú Semisemi ¿No quieres repetirlo? ¿Qué es? ¿Eh?
—No quiero-
—¿Que?
—¡No quiero herir tus sentimientos, grandísimo imbécil! —Grita, lanzándole el balón al rostro. Es rápido, y por poco no lo detiene. Eita lo mira con enojo—. ¡Mírate! ¿¡Crees que soy ciego!? ¡Los brazos ya ni los puedes mover de tanto que practicas! ¿¡Por qué!?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
—¡Porque a diferencia de ti, no me dieron el visto bueno para estar en la banca el año que viene!
Malditos por qué. A nadie realmente le importa el por qué, solo quieren restregarle en el rostro las cosas. Quieren que diga lo que está mal, quieren que admita que está mal. Eres raro, Satori, dilo.
Creyó que Eita estaba por encima de eso. Fue mala idea, idiota, se dice a sí mismo. Te pasa por imprudente, tonto y más tonto que eres Satori.
No estás en el equipo a pesar de practicar tanto ¿por qué Satori? ¿Será que en serio eres malo Satori? ¿Por qué sigues practicando Satori?
Satori. Satori. Y si lo repite una vez más suena como un insulto.
—¿Y crees que dejarte la vida aquí? ¡No seas ridículo, Satori! ¡El entrenador no va a cambiar de idea solo porque seas un niño bueno que practica mucho!
Está harto.
[Continuará...]
¡Hola, ratones con cola!
Si la fuerza(?) me acompaña, actualizaciones cada domingo. O lunes, dependiendo de dónde me lean alskfjalsk. No debería publicar nada estando ligeramente ebria peeeero nadie puede detenerme, so...
Todavía no tengo ni la más remota idea de cuán larga será esta historia. Abarca desde el primer año de secundaria hasta los primeros días de universidad de Tendou. Sí, esto era un oneshot. Uno de 40k palabras a lo mejor, no sé LAKJFLKSA.
De acuerdo con el canon, Semi y Tendou viven en un estira y encoge, y Semi no es muy tranquilo que digamos. Tendou tampoco colabora mucho. En caso de que no se note, Tendou odia que lo llamen por su nombre.
Stay tunned!
;Tamarindo Amargo
