3. El monstruo que le tenía miedo a la oscuridad
ADVERTENCIA: Este capítulo contiene sangrado, ataques de pánico y pesadillas.
Satori tiene una relación complicada con las estaciones. Más que nada, porque todas le traen algún mal.
El polen en la primavera y el resfriado en el invierno. Y su queja con el otoño es la triste falta de buenos animes en emisión, y su falta de compañeros para ir a festivales. Le gusta el festival de la luna y le molesta mucho tener que ir solo.
El verano tendría que ser un punto seguro, pero realmente odia el calor. Así que, si se lo propusieran, de buena gana se quedaría encerrado en una habitación a unos constantes 22 grados de temperatura, con muchos mangas y helado de chocolate. Es para no volver a salir.
En su lugar está en el comedor del Shiratorizawa, ahogándose entre el mar de estudiantes, con 30 grados de calor en la sombra.
—¿Vas a quedarte al campamento de verano, Wakatoshi-kun? —Le pregunta a la hora del almuerzo.
—Sí —dice, corto y limpio. Como siempre. Satori no sabe si alguna vez será capaz de diferenciar a Wakatoshi cuando está bien, de Wakatoshi cuando está mal. O si el muchacho le hablará el tiempo suficiente para notar esa diferencia.
—¡Igual yo! Aunque la última vez que me quedé, fue muy molesto; a los reservistas nos tenían como mulas de carga ¡Y los reservistas de tercero eran de lo peor! —Suelta un quejido exagerado y echa el rostro sobre la mesa. Wakatoshi le da una mirada que interpreta como una de confusión—. Dime, Wakatoshi-kun ¿Practicarás conmigo durante el campamento?
—No sé si tenga la oportunidad —responde con la misma sinceridad.
—Tienes que prometerme que me buscarás si tienes un momento libre ¡Porque te estaré esperando! ¿Me prometes que vas a buscarme, Wakatoshi-kun?
—Lo prometo —Satori le sonríe. Wakatoshi sigue comiendo- lo cual le recuerda que tiene delante un plato de arroz que apenas ha tocado. Y eso que me pedí el menú más pequeño, piensa—. Tendou, quiero hacerte una pregunta. Lo he observado desde la mañana y, francamente, me está molestando.
—¡Ohoho! ¡Esas son muchas palabras juntas, Wakatoshi-kun! Seguro que te está molestando mucho. Adelante, pregunte usted, soy un libro abierto y daré la respuesta en tanto esté en mi alcance.
—¿Qué te ocurrió en la nariz?
Satori tiene también, una relación complicada con la verdad.
Habla en verdades a medias, maquilladas. Mentiras blancas, medias y grises. Engaños y acertijos. Lo cubre con sarcasmo para que no se distinga lo que dice de forma sardónica de lo que dice en serio.
Su verdad es un chiste, y las cosas que van en serio son indistinguibles de aquello que no.
Lo único verdadero, es que no sabe decir la verdad. No sabe qué hacer tampoco, cuando lo descubren y lo enfrentan cara a cara.
Quizás sea un mentiroso compulsivo, pero no lo sabe, y si lo supiera tampoco se lo creería. Tampoco es honesto consigo mismo.
—¡No es nada, Wakatoshi-kun! —Miente. La nariz la tiene negra, e hinchada, y si ríe mucho le sangra de nuevo—. Ya fui al ala médica, dicen que todo está bien ¡Creo que ya los tengo hartos!
—... Si tú lo dices.
Probablemente lo que más le gusta de Wakatoshi es que no pregunta, y Satori puede mentir en paz.
Todos los moretones que le tiñen el cuerpo en zonas visibles, son tontos accidentes. Accidentes que tiene él, por ser idiota. Eres muy molesto, Satori.
Hay algunos que le duelen más que otros, hay algunos que no puede ocultar. Está tan acostumbrado a mentir, que no recuerda la última vez que su excusa no fuera "tropezón en la escalera" o algo similar. Se está poniendo vieja esa explicación, pero todo el mundo lo cree. Oh, pobre torpe Satori. Los del ala médica tampoco hacen demasiadas preguntas sobre el origen de sus golpes, supone que en su vida ya han visto bastantes cosas raras
Satori no sabe si quiere o teme el día en que llegue alguien que pregunte y que pregunte en serio.
¿Es eso entonces? ¿Es eso lo que quiere, lo que teme? No lo sabe.
—Sigues aquí, Wakatoshi-kun —comenta, cuando ya han transcurrido cinco minutos desde que Wakatoshi terminó de comer y no se ha movido.
—Así es.
—¿Por qué? —Pregunta de nuevo, alargando la e lo más que puede.
—Porque no has terminado de comer —responde con una firmeza impecable, que no da entrada a peros—. Luego te acompañaré a clases, porque no quiero que vuelvas a tropezar en la escalera.
—¡Como quieras, Wakatoshi-kun!
Pero quizás lo que espera es un dolor lo suficientemente grande, que le de una excusa para romper a llorar.
—No puede ser que todavía no le hables.
—Eres un santurrón, Reon.
—¡No!... bueno sí, pero esto y aquello no están relacionados.
—Mmmmm ¡Nope! Yo digo que sí.
Para su grata decepción, el campamento de entrenamiento no cambia con respecto al pasado. O sí, la diferencia es que esta vez tiene un total de tres amigos.
—Tendou, estoy seguro de que Eita no quería insultarte —Reon insiste con la misma canción. Pero Satori no es otra cosa sino testarudo y muy bueno en ignorar selectivamente los buenos consejos.
Bueno, tiene dos amigos y uno en stand-by. Estamos presentando dificultades técnicas, por favor regrese más tarde.
—Reon —dice en un tono cantarín que le sale nasal. La nariz todavía no se le recupera, y le sangra en momentos bastante aleatorios—, agradezco tu opinión en el asunto, en serio, que buen amigo que eres.
—No sé si me lo dices en serio o te estás burlando —responde el otro de forma cautelosa.
—¡Ups! ¡Te tocará adivinar! Me tengo que ir Reon-sensei ¡Los senpai quieren toallas frías!
—¡Oye, Tendou!
En retrospectiva, piensa mientras se soba cuidadosamente el puente, pelear con Eita no fue el movimiento más inteligente de todos. Por muchos motivos.
La gente le mira mucho la nariz, lo cual vendría a ser un cambio no deseado a que le miren el pelo o la sonrisa. Cree que las personas deberían aprender a centrarse en lo suyo y dejar de tocarle las nari- los hue- dejar de molestar el jardín del vecino.
Luego está el hecho de que Eita en realidad sabe pelear. Quizás si recordaba eso, se lo pensaba dos veces, pero estaba frustrado.
Estaba frustrado, y ahora su mejor amigo no le habla.
—¡Satori! —Escucha el llamado a sus espaldas y se detiene—. Oye, deja de holgazanear, luego nos echan la bronca.
—Perdón, Kaito-kun —responde con una sonrisa floja. Al otro chico no le hace ninguna gracia—, estaba buscando hielo para mi pobrecita nariz.
—Necesitamos ayuda para sacar unas cosas del depósito —Satori mira el sol en el cielo. Sospecha que casi marca el medio día, y tienen que ayudar con el almuerzo—. En el camino buscamos hielo. Vamos, andando, rápido.
Quizás es porque trae la cabeza en las nubes, está distraído y no está pensando. O, quizás es porque peca de soñador- uno que es mentiroso consigo mismo, para así creerse sus propios sueños alocados.
Él realmente pensó que esa vez no le harían nada.
—No aprende nunca, que así es como lo rompen—
—¡¿Hola?! ¡¿Hay alguien por allí?!
Mover cajas. Sí claro, con un par de huevos.
—¡Estoy en el depósito! ¡¿Hay alguien?!
No sabe si es más tonto él por creérselo o quienes idearon esa broma tan absurda. ¿Sabes qué sería divertido? ¡Vamos a encerrar a Satori en la hora del almuerzo! Nadie se dará cuenta por horas, porque nadie lo vio irse. E incluso si alguien lo vio irse, Shiratorizawa es inmenso.
No sabe qué hora es, solo que está todo desierto y silencioso.
Dios, el silencio.
—¡Esto no es divertido! ¡Ya abran la puerta, vamos!
Lo corroe, lo está sintiendo. Es peor que la oscuridad, mil veces. Satori odia el silencio.
Su mente se pierde, pero él sigue gritando. Eventualmente alguien tiene que escucharlo ¿verdad?, porque su voz no es nada baja. Se le olvida ¿con quién estaba cuando le cerraron la puerta en la cara? Estaba Kaito, pero ¿quién más? ¡Tiene que recordarlo para poder decir algo!
Decir algo... ¿Quién va a creerle?
Satori, mentiroso Satori. El de los cuentos locos. Satori sarcástico, que no sabes si lo que te dice va en serio o si se está burlando de ti. Sensei, Satori me llamó cerda obesa. Sensei, Satori me llamó cabezahueca.
El silencio le hace ruido y le comienza a picar la piel. Sigue gritando, pero es como si se ahogara. Su voz hace eco, pero nadie oye. Quizás afuera hay mucho ruido, quizás no hay nadie cerca.
¿Quizás no hay nadie buscándolo?
Eita está enojado con él ¿por qué habría de hacerlo? Wakatoshi y Reon están entrenando también. Nadie lo está buscando, cielos ¿quién querría?
Quizás todo estaba planeado ¡Un plan maestro! Le hacen creer que tiene amigos, pero en realidad todos ellos están fingiendo. Entonces lo dejan encerrado por una semana entera dentro de un depósito lejano, un sitio donde nadie nunca lo podrá encontrar. ¡Todo una farsa, un truco! ¡Ahora lo ves, ahora no lo ves, y Satori ha desaparecido por siempre!
Recuerda que hace un tiempo vio un documental sobre el desierto. ¿O un anime en el desierto? Quizás eran ambas. ¿Por qué me acuerdo de esto? Se pregunta mientras da golpes a la puerta.
Recuerda que está repleto de arenas movedizas. La gente cae allí a menudo, y si están solas– solo solo solo solo solo solo estás solo Satori– pueden morir. Le cuesta respirar. Es como si se ahogara, pero es más doloroso, más lento. Mientras más lucha por salir, más se hunde.
Se pregunta en qué punto pierden la consciencia las personas que caen en arenas movedizas. ¿Cuándo dejan de gritar? ¿Cuándo renuncian? ¿Siguen llamando por ayuda así nadie esté escuchando? ¿Cuándo se dan cuenta que morirán, solos en el desierto, enterrados vivos y sin que nadie escuche sus gritos de auxilio?
Pero ¿Qué tal si lo escuchan y lo están ignorando?
Satori, que molesto eres Satori. Nunca cierras la boca. Cantas horrible y no dejas de hacerlo, arruinas todas mis canciones favoritas. Satori, cierra la boca, tu voz es molesta.
—Esta sería una forma bien efectiva de cerrarle la boca por siempre—
No sabe qué hora es, no sabe si hay alguien que le esté buscando. No lo cree ¿por qué habrían de hacerlo? ¿Por qué lo buscarían? Aun así no cree que pueda dejar de golpear la puerta y gritar.
Las pareces se van cerrando. Le falta aire.
El depósito no tiene ventanas tampoco, se queda a oscuras y siente como que va a quedar aprisionado entre los muros. Inhala. ¿Sigue gritando? Siente como que la boca se le llenó de tierra, como que lo enterraron vivo. Exhala. Le pica la piel, le arde el pecho, no puede dejar de rasguñar sus brazos y el picor no desaparece.
Alguien. Quien sea.
—¡Sáquenme de aquí!
Grita de nuevo, pero cree que es inútil. Algo le gotea del rostro ¿son lágrimas?. No quiere llorar, pero está realmente asustado. Los brazos le duelen y respirar es cada vez más difícil.
Empieza a patear la puerta, pero no tiene la fuerza suficiente para abrirla. Arremete contra ella con su hombro, pero no se mueve ni un milímetro. Quizás la está atascando más. Quizás hay algo- alguien- del otro lado haciendo fuerza para que nunca la pueda abrir. Se está riendo de él. Idiota, Satori.
Cae de rodillas, y no se vuelve a levantar. El depósito está ahora, sumido en una negrura que le presiona los ojos. No sabe dónde diablos está el interruptor o siquiera si hay uno. Quizás el interruptor está por fuera, o quizás el edificio principal está sin energía porque apagaron todo desde la fusilera.
Su respiración es errática, no sabe controlarla. Siente la cabeza ligera, como cuando corre en círculos o pasa mucho tiempo sin comer. Quiere vomitar. Se pregunta si va a desmayarse, y si debería evitarlo. No quiere, cree que es mejor dormirse, así que cierra los ojos.
Satori, Satori. ¿Por qué te han llamado así?
Eres un monstruo Satori, un bicho bien feo. Debieron tirarte en cuanto te tuvieron. ¿Tus papás te quieren Satori? ¿Estás seguro? ¡A lo mejor son feos como tú!
¿Por qué no te vas, Satori? Vete y no vuelvas de nuevo. Los monstruos no viven con los humanos, viven en las sombras y bajo el suelo, como las ratas y las cucarachas.
¡Deja de correr, Satori! ¡Los cazadores tienen que matarte antes que te reproduzcas! ¡Sino vas a plagar el mundo, con bichos feos como tú!
Salta de ahí, Satori ¿Cómo que no quieres? ¿Tienes miedo? ¡Yo te ayudo! ¡Vamos a ayudar a Satori a que salte, así vemos si los bichos vuelan!
Satori.
Satori.
Sa-to-
— -dou... Tendou.. ¡Tendou!
Hay algo que odia más que despertar, y es que lo despierten a gritos. Le duele la cabeza también. ¿Qué la gente ya no tiene educación?
Se da la vuelta. O al menos eso intenta, pero siente el cuerpo pesado y realmente no se mueve ni un milímetro. Podría volverse a dormir en cualquier segundo. Escucha pájaros cantando y voces y el ruido de las cortinas moviéndose con el viento.
Le gustaría quedarse allí por siempre, acostado en esa cama cómoda y con los ojos cerrados.
—¡Oye, Tendou! ¡Abre los ojos tontopollas, nos has dado un infarto! —La voz suena cercana. Familiar. No tiene ganas de moverse ni abrir los ojos ni de cumplir ninguna de sus demandas. De hecho, siente el impulso de contradecir a la voz solo porque sí.
—Por favor no alces la voz, perturbas a Tendou.
—A Tendou no lo despierta ni una explosión —escucha otra voz. Dos, tres... ¿De dónde salen tan tas voces? Tendría que abrir los ojos para averiguarlo, pero no tiene ganas de hacerlo—. Oye, busca un vaso de agua, eso lo va a despertar —Cambio de planes.
—Ya... despierto... —gruñe y la voz le sale grave. Le duele hablar, sospecha que es porque tiene la garganta más seca que el desierto, como si hubiera tragado arena—. Estoy despierto.
No sabe bien dónde está, siente el cuerpo ligero y su cabeza no termina de aclararse. Lo único que sí tiene bien claro es que la garganta le arde y quiere beber agua.
Cuando su visión deja de lucir como un video en baja resolución, descubre que está en un cubículo, presumiblemente de la enfermería. Y las voces que había escuchado eran...
—¿Reon? ¿Eita? —Pregunta más confundido que nada—... ¿Qué hacen aquí?
—¡Preocuparnos como si fuéramos tus novias, eso hacemos! —Reclama como si Satori fuera la raíz de todos sus males. Eita suena malhumorado, pero eso no es raro—. Es que si no estuvieras mal, la paliza que te doy-
—Desapareciste a la hora del almuerzo —Reon lo interrumpe para explicar, visiblemente más calmado. Eita resopla irritado, pero le deja hablar también—. Nadie lo notó por horas.
—Nadie a quien le importara, querrás decir —vamos a mover cajas, Satori. Se pregunta si todos los de la reserva decidieron ignorarlo a propósito.
—Kaito dijo que te había pedido ayuda para mover algo de la cocina, pero lo rebotaste porque buscabas hielo para tu nariz —con dos huevos. Satori rueda los ojos y Reon sigue narrando la sucesión de eventos—. Soltó la lengua cuando te encontramos.
—Parecías una geisha de lo blanco —taciturno, Eita no le dirige la mirada. Quizás vergüenza. Quizás culpa—, y estabas todo manchado de sangre. No despertabas tampoco.
Como película en rollo, los recuerdos vuelven a su mente. Se siente extraño, como si en el depósito hubiera estado alguien más—Algo le gotea del rostro, cree que es llanto, no quiere llorar pero tiene miedo.—. Había estado sangrando, y no lo recuerda.
Se mira los brazos, notando ahora que están cubiertos de vendas. No lo mencionan, no quieren saber qué pasó. Satori no recuerda qué ocurrió.
—Nos diste un susto horrible —susurra finalmente, acongojado. Eita lucía como si quisiera llorar. Satori cree que también debe tener esa expresión, pero no lo sabe. Su rostro también se ha acostumbrado a mentir.
—¿Cómo me encontraron? —Pregunta en su lugar, porque la curiosidad le puede.
—Wakatoshi —escucha decir a Reon mientras este coloca tres sillas cerca de la cama. Satori mira alrededor, y la enfermera parece estar bien con eso—. De no ser por él, no se nos ocurría buscarte.
—¿Wakatoshi-kun? —Quizás es porque sigue tonto, pero no termina de conectar qué habría estado buscando Wakatoshi con él.
—Seguía insistiendo en que te había prometido acompañarte en cuanto tuviera un rato libre, o buscarte o algo así —el silencio sigue la declaración de Eita.
¿Me prometes que vas a buscarme, Wakatoshi-kun?
¿Cuándo había ocurrido eso? ¿Tres días antes? ¿Por qué Wakatoshi lo había tomado tan al pie de la letra?
¿Por qué le gustaba eso?
—¡Ohira, Semi, ya he regresado! —Anuncia la voz que Satori reconoce como la de Wakatoshi desde la puerta—. ¿Podrían abrir la puerta? Tengo las manos llenas.
Eita se pone de pie para echarle una mano, y la enfermera les abre la puerta a los dos. Satori la conoce mejor a ella que al resto del ala médica, porque le deja hablar de su serie favorita del momento. —Les quedan cinco minutos —advierte al dejarlos pasar.
—¿No se pueden quedar un poco más, Kairi-san? —Pregunta en su tono cantarín. La escucha resoplar.
—No Tendou-kun, la bronca luego me la llevo yo.
Al cubículo entra Eita, con un bolso que a juzgar por su rostro rojo por el esfuerzo- después de qué ¿tres metros cargándolo?- debía pesar mucho. Justo tras él, llega Wakatoshi.
—Wakatoshi, solo tenías que buscar agua —le dice Reon.
—Tomé en consideración que Tendou no había desayunado, cosa que tiene de mala costumbre, y se había perdido el almuerzo también —responde con la misma expresión seria. Espera ¿me está regañando? Se pregunta, pero de su boca no sale ni media palabra—. Por lo tanto, debe estar hambriento.
—Wakatoshi —replica entonces Eita, logrando poner el bolso de contenido desconocido sobre la silla en la que antes estaba sentado—, esa comida la venden tres calles abajo.
—Corrí —no jodas.
Eita insiste. —¿Pero pasaron como veinte minutos apenas? —Observan el reloj al mismo tiempo, aunque Satori no tiene ni idea de qué está viendo, porque no sabe qué horas serían cuando recuperó la consciencia—. Veintitrés minutos. ¡Y ni siquiera estoy pensando en el tiempo que te tomó buscar este bolso, lo que sea que tenga!
—Corrí rápido.
Satori ríe. Es una risa de hiena, ruidosa, le han dicho que fea y molesta, que sobresalta a sus tres visitantes- y probablemente también a la enfermera y todos los que estén en las inmediaciones del ala médica. Satori cree que se ha asustado a sí mismo también, porque ha pasado un tiempo desde la última vez que rió con ganas, honestamente.
Wakatoshi —santo, ángel, niño maravilla Wakatoshi.— le pone la bandeja de comida sobre el regazo y una mano en la frente, con una expresión que ahora ha aprendido a reconocer como preocupación. No ha dejado de reír, y dicha comida peligra un poco.
—¿Te encuentras bien? —Pregunta en un susurro. Estando así de cerca, Satori nota que los ojos del niño maravilla son de un curioso tono ámbar, que poco de japonés tienen. Si se concentra, tiene también algo de verde—. Tu temperatura corporal es más alta de lo normal.
—¡De maravilla, fresco como una lechuga y jamás mejor! ¡Gracias por la comida! —Habla rápido y cantando. Ni en una vida va a conseguir terminar la cantidad de comida que Wakatoshi le consiguió, pero de allí a decirle que directamente no quiere comer hay una distancia mayor a tres calles. Así que se llena la boca de arroz—. ¿Qué hay en el bolso, Wakatoshi-kun?
—No seas puerco Tendou, mastica y traga antes de comer.
—Tendou, tus modales —Eita y Reon lo riñen a la vez. Satori apura un vaso de agua para tragar el arroz—. He visto a preescolares comer con más cuidado.
—Hi visti i prisciliris cimir cin mis cididi —repite haciendo burla con los palillos antes de morder un trozo de zanahoria. Para el alivio de sus acompañantes, esa vez sí mastica y traga antes de hablar de nuevo—. ¿Qué hay en el bolso, Wakatoshi-kun? —Repite con curiosidad.
—Supuse que te aburrirías sin nada que leer, estos son de mi colección.
—¿Olololo? —¿Qué es eso?
—¿Tienes revistas porno? —Eita brinca hacia el bolso con curiosidad desbordante, preguntando lo que a todos se les pasó por la cabeza.
—Eita, la delicadeza te la pasas por el arco del triunfo ¿no?
—Semisemi no seas puerco, piensa antes de hablar —triunfante, le regresa el insulto. Eita parece ignorarlo, más interesado en revisar el bolso. El silencio es apremiante, y después de unos segundos en suspenso, Satori alza la voz nuevamente—. Semisemi, el bolso ¿qué tiene?
Con la expresión que uno pone después de ser decepcionado gratamente, Eita le regresa la mirada. —No sé por qué no vi esto venir —le dice con los ojos de alguien cuyos sueños y esperanzas han sido destrozados, antes de extenderle un libro pesado como un ladrillo.
Satori le da la vuelta y...
—Recuerdo que mencionaste este de los skittles que juegan básquetbol —declara, mientras que Satori lo mira como si fuera una ángel bajado del cielo—, tiene un anuncio de rodilleras en la página 234, las adquirí hace tres semanas.
—¿Me prestas atención cuando hablo de manga, Wakatoshi-kun? —Le pregunta con una sonrisa y ojos brillantes, mientras abraza el Shonen Jump cuyo número ya se ha releído como diez veces, pero no importa- y la presiona contra su pecho, como si fuera el tesoro más preciado que alguna vez ha tenido.
—Así es —responde con su usual sinceridad. Y Satori le cree—. Aunque estoy confundido, en ningún momento los dulces de la marca comercial Skittles aparecen para tener un partido ¿me estoy perdiendo de algo?
Y cree que con todo y todo, quizás ese es el mejor primer día de campamento que ha tenido en toda su vida.
El resto de la semana, comparada con el caos del primer día, es monótona. Satori no tiene idea, ni interés en saber tampoco, de a dónde han ido Kaito y compañía. No se los cruza, todos actúan como que el incidente del armario realmente nunca ocurrió. Aparte del ocasional senpai que no le deja llevar más peso del necesario, los siguientes días son como siempre.
Bueno... —Tendou. —Escucha la voz antes de ver el rostro. Satori lo sabe, Wakatoshi ha venido a buscarlo.
Casi todo es como siempre.
Wakatoshi lo busca cada vez que tiene la oportunidad, y Satori no sabe si se siente vigilado o halagado. Reon y Eita también están tras su sombra, como si dejarlo solo por un momento pudiera suponer una catástrofe de proporciones cataclísmicas.
No quiere suponer que se preocupan por él. Nadie lo hace.
—Pero realmente, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que se alguien se molestó en preguntarle cómo le va el día, cómo se siente, y esa atención es...—
Satori no quiere que termine el campamento.
—¡Wakatoshi-kun! —Saluda con una sonrisa amplia—. ¡Último día del campamento!
—Así es —responde en un tono que casi suena solemne—. Sin embargo, venía a buscarte por otro motivo.
—¿Y qué motivo podría ser ese, Waaaakatoshi-kun?
—Estaremos teniendo un partido de práctica contra los reservistas, y uno de los bloqueadores no puede participar —abre los ojos como un par de ventanas. Es tan obvia su emoción, que incluso el adorablemente denso Wakatoshi lo pilla con las manos en la masa. Le sonríe—. Únetenos, Tendou.
Y solo por si el salto de alegría no bastó para demostrar lo alegre que se encontraba, entonces quizás, su grito de victoria fue lo suficientemente elocuente.
¡Hola, ratones con cola!
Este capítulo es traído a ustedes por Wakatoshi-kun el veloz. Así, super random, porque el domingo pasado no hubo capítulo y me daba toda la flojera esperar al siguiente domingo.
Los capítulos que tengan algo perturbador tendrán esa advertencia al inicio solo para que estén pendientes y no se me esponjen cuando lo lean. Tristemente no son saltables porque forman parte importante de la historia.
Les prometo que no todo es sufrimiento gratuito, Tendou va a tener su final feliz.
¡Por cierto, busco beta-reader para otra historia que estoy escribiendo! Thunderstorm, thunderstruck es mi AU Mafia de Haikyuu. Si alguien está interesado para que xfa comente o me contacte o algo uwu.
Se despide su ficker sadomasoquista.
Stay tunned!
;Tamarindo Amargo
