4. La anatomía de un yōkai


ADVERTENCIA: Este capítulo contiene implicaciones a autolesiones y homofobia internalizada


Satori cree que hay algo que hace a los protagonistas... protagonistas.

En todas las historias, los personajes principales tienen algo que los vuelve el centro de atención en toda la situación. Quizás un niño que es repudiado por toda una aldea por un crimen que no cometió. Quizás un chico cuya mayor aspiración es ser un ninja.

Por supuesto, tienen algo de carisma. Porque una historia tiene que venderse, después de todo.

Si Satori creara un manga sobre el Shiratorizawa, sería quizás, una serie medieval. Un castillo increíble y un próspero reino. Vencedores en todas las batallas, con los más fuertes caballeros, los sabios más listos y los reyes más poderosos. ¡Una historia mágica! ¡Son atacados, por el reino más cercano y su irritante rey! ¿Quién los defenderá del implacable ataque de un estratega con mente superior?

—¡Haz un buen saque, Ushijima! —Escucha desde el otro lado de la red. Satori lo mira atentamente, con una sonrisa permanente en su rostro.

Su protagonista, claramente sería Wakatoshi. El guerrero más fuerte del reino ¿o quizás un chico que desea convertirse en eso?

Contaría su historia, la historia de un chico milagroso, un elegido que los salvará a todos. Sería un protagonista poco convencional, pues hablaría poco y reiría mucho menos, pero siempre sería honesto y diría las palabras correctas.

—¡Reon, última! —Grita Eita corriendo para posicionarse bajo el balón, mientras que su rematador elegido se prepara para saltar.

Eita sería un brujo, acompañaría al guerrero a través de su travesía. ¡Obviamente tendrían que pasar por un bosque encantado! ¿Sino cuál es el chiste de hacer una historia mágica medieval?

Y Reon sería, obviamente la mano derecha del guerrero. Su mejor y más confiable amigo, el que lo sostiene en las buenas y en las malas. Las fanáticas dirían que hacen buena pareja, pero Satori nunca podría escribirlo directamente- ¡Estamos en Japón, escondan a sus gays!

—¿Listos? ¡Uno, dos- SATORI!

Y él, sería el demonio del bosque al que reclutan en el camino. El divertido y ligeramente irritante antihéroe, que sigue al héroe pues lo admira mucho. El cómico, al que nadie toma en serio, con el diseño de personaje feo que evita que cualquier persona lo considere como una pareja potencial de quien sea.

Satori cree que esa historia sería absolutamente genial. Él leería mil veces algo que tuviera a Wakatoshi como protagonista.

—Punto para el equipo de reserva —anuncian desde el contador. 20 a 23, a favor del lineamiento oficial. Satori sonríe.

—Perdón, perdón —se disculpa con una sonrisa perezosa. Las manos le arden—, pero es que era obvio que Semisemi se la pasaría a Reon.

—... ¿Cómo era obvio eso? —Pregunta entonces el capitán del equipo de reserva. No están enojados, quizás medianamente irritados. Pero Satori sabe que es solo porque ha anotado puntos con sus bloqueos durante todo el set—. ¿Cómo son evidentes cualquiera de las cosas que haces?

—¡Yo lo veo muy claro! —responde, todavía de buen humor—. ¿Podía pasársela a Ushijima? ¡Sí! Pero eso habría sido muy obvio, y a Semisemi le gusta presumir, así que su llamado a Reon era un farol doble —el equipo lo mira como si le hubiera crecido una segunda cabeza. Satori sonríe aún más.

—Vale, pero ¡todavía tenía a otros dos jugadores para pasarle la jugada!—insisten con lo mismo ¿Tengo que explicarlo todo? Se pregunta—. Normalmente se descartan después de ver a dónde va el pase, no antes.

—Al número 12 lo estaba bloqueando el líbero, así que queda descartado, y el número siete no tenía cara de que iba a rematar, además a Semisemi no le gusta armarle jugadas amplias a él —probablemente pudo saltarse esa parte.

—¡Tendou, oye! ¡Me metes en líos! —Exclama Eita, rojo del cuello a las orejas.

El silbato les advierte sobre el tiempo que están perdiendo, y ambos equipos retoman sus posiciones. El aire huele a sudor, a goma y a air-salonpas, y Satori sonríe. Siente ganas de seguir jugando.

—Unas manos desordenándole el pelo juguetonamente, diciéndole "¡Sigue así!", le advierten sobre todo lo que se estuvo perdiendo. Huele a melancolía. Siente ganas de llorar—


—Mírale la nariz...

—¿Será un buscapleitos? No luce como uno.

—Dicen que el pelo lo tiene así de rojo porque se lo tiñe con sangre.

—Pues yo escuché a un senpai decir que tiene los ojos rojos, porque en realidad está poseído por el espíritu de un niño que se suicidó en el baño.

—Yo oí que decapitó un murciélago con la boca.

—¡No jodas! ¡Yo oí que detuvo a Ushiwaka con la mente!

Cuando las clases se reanudan, Satori aún tiene la nariz fea a la vista. Apila todo eso junto con los comentarios que ya rondan sobre él. En conjunto, es un friki-metalero-perdedor-buscapleitos-malbañado, que se tiñe el pelo con sangre y decapita murciélagos con los dientes. Ah sí, y lee mentes.

A veces tiene que mirarse al espejo para asegurarse, de que sigue siendo él y no se transformó en una versión aguada de Marilyn Manson. Aunque, eso definitivamente sería genial.

Sinceramente, prefiere esos comentarios y no los que recibía hace no menos de un año. Al menos estos tienen su gracia, y quien los creó seguramente es una persona divertida.

—Los odia tanto que siente que los huesos le arden de solo pensar en eso.—

—Felicidades —es lo que escucha decir a Reon, cuando se sienta a su lado—. Oí que finalmente te dieron el uniforme.

—¡Lo sé! ¿No es asombroso? —Exclama con alegría contenida. Reon le da una sonrisa paciente—. ¡Sabía que se lo pensarían si me veían jugar una vez!

—Aunque debo admitir, sigo pensando que tu forma de jugar es...

¿Extraña?

—Iba a decir revolucionaria, pero al final es solo una forma diplomática de decir raro —concede, y empieza a comer. Satori suelta una risa nasal, y sigue leyendo su volumen de la JUMP- uno de los que Wakatoshi le prestó cuando estaba en la enfermería, para no variar—. ¿No has leído ese ya?

¡Siete veces! —Responde cantarín.

—¿Y lo lees una octava? —Asiente enérgicamente. Reon simplemente lo mira, tratando de comprender sus motivos. Parece no lograrlo, así que pregunta:— ¿Por qué?

—Porque Wakatoshi-kun me regaló este —explica, encogiéndose de hombros—. Dijo que un personaje que le recordaba a mi, ¡sigo buscándolo!

—¿Lo lees ocho veces... porque te lo regaló Wakatoshi? —Repite como si no pudiera encontrar la correlación.

—¡Ajá!

—Sí que eres agradecido con los obsequios, Tendou —alza la mirada levemente, para encontrarse con una sonrisa en el rostro de Reon. Sintiendo cómo se le calientan las orejas, regresa su mirada a la JUMP—. De todas formas, ¿de qué trata ese?

Los ojos se le encienden con emoción, y olvidando su almuerzo por completo, empieza a hablar. —Escucha, los personajes están poseídos por un fantasma extraño que les da superpoderes-

Y Satori antes muerto, que revelar que era la primera vez que recibía un regalo de un amigo.


La honestidad es una virtud que pocos poseen. Hablar con transparencia. Satori opina que es porque no existe tal cosa como la verdad absoluta, por lo que es normal que cada quien comparta un punto de vista diferente de cada cosa, así esto sea una total falacia.

Falacia, está entre las palabras nuevas que ha descubierto recientemente, como glorificar, ensalzar y prepucio. Fa-la-cia, y se refiere a un engaño o mentira que se esconde bajo otra cosa, en especial cuando se pone de manifiesto su falta de verdad. Como cuando dice que los vendajes que tiene en el brazo son porque tuvo un accidente feo cuando iba en bicicleta.

Falacia, rima con gracia, audacia y aristocracia.

Solo es una forma bonita de llamar a las mentiras que tiene que contar.

—¡Por fin, vacaciones de invierno! —Cuando la última campana del día suena, Eita corre a su encuentro con una sonrisa que no le cabe en el rostro—. ¡Vamos a practicar!

—¿Has venido hasta aquí corriendo, Semisemi? —Le pregunta con una sonrisa burlona en el rostro. Eita le da un golpe en la nuca, y se da por explicado—. ¡Oye!

—¡Vamos pajarraco, si nos ponemos a holgazanear ahora, los regulares no van a tomarnos en serio! —Explica el otro, metiendo todas sus cosas en su bolso con un apuro inmenso. Satori no intenta tranquilizarlo- está haciéndole el trabajo—. ¡Andando! ¡Reon ya ha bajado y seguro que Wakatoshi ya está allí!

—Semisemi- ¡Hey! ¡Espera! ¡No te lleves mi mochila!

Satori, experto en leer a la gente que lo rodea, sabe que cualquiera puede ser más honesto que él con muy poco esfuerzo.

Eita y sus tendencias tsunderes, que si las aprendes entonces comprendes que sus empujones e insultos representan su forma infantil de mostrar aprecio. Reon en toda su diplomacia, y su uso de palabras elegantes para rodear un- muchas veces merecido- insulto.

La directa, clara, cruda honestidad de Wakatoshi.

Falacia también rima con desgracia, y le han hecho saber que eso es lo que es alguien como él.—


—¡Reagrúpense! ¡Vamos de nuevo!

Los gritos dentro del gimnasio también le transmiten una energía pura, sin adulterar. La emoción, la adrenalina, la frustración. Sangre, lágrimas, sudor; hiede a hombre, a adolescentes y a que les falta una ducha y un buen desodorante, pero nadie huele bien luego de practicar por horas y horas y horas.

—¿Recepciones? —Pregunta Reon cuando les ve llegar. Predeciblemente, llegó temprano, y practica sus saques.

—Ya rugiste —responde Eita, con una sonrisa.

Satori se queda atrás. Silencioso por un segundo que dura lo suficiente para levantar sospechas. Eita y Reon dejan de hablar por un momento para posar sus ojos en él, como si su tranquilidad fuera anormal, como si su silencio le estuviera delatando por un crimen que no había cometido.

Eso, y que no se molestó en sacarse el suéter.

—¡Mejor practico servicios! —Exclama, cuando la mirada de Eita se posa en él, y Reon alza las cejas como haciéndole una pregunta en silencio. Satori esboza una sonrisa caricaturezca—. Los de primero de preparatoria ya logran hacer un saque con salto, ¡debería como mínimo mejorar mi servicio!

—Tienes razón —concede Eita luego de unos segundos pensándolo—. Oye, ¡deberías aprender a hacer esa cosa de apuntar a las rodillas! Es un dolor de culo.

—No le des ideas Eita —le regaña Reon, ya alejándose a la línea de servicio.

No lo malentiendan: no quiere, por nada del mundo, volver a estar solo. Ahora que ha encontrado gente a la cual llamar amigos, regresar a la primera base en la cual si un día aparecía con los brazos rotos a nadie le iba a importar, no luce nada tentador.

Probablemente debió tomar en cuenta que, ahora que hay personas tomándolo en cuenta, estas son propensas a, eventualmente, notar que algo está fundamentalmente mal con él—y se refiere a algo además de su apariencia y aura de Marilyn Manson diluído.

Y si hay algo que detesta es tener que dar explicaciones y responder a los por qué. Porque, a nadie realmente le importa por qué.

Cuando está preparado para hacer su tercer servicio, ve por el rabillo del ojo a Wakatoshi en las puertas del gimnasio. Normalmente correría en su dirección, y empezaría a hablar fuertemente sobre cualquier tema para llenar el silencio; sin embargo ha descubierto que al muchacho le molesta que su rutina de calentamiento sea interrumpida, y Satori respeta eso.

Quizás lo que lo detiene también, es que siente que algo es diferente en el aire que lo rodea. Un poco menos imponente. Algo menos poderoso.

Y sin embargo, cuando está a punto de dejarlo estar, de decidir que es algo que indagará después de las sagradas horas de entrenamiento de la superestrella del Shiratorizawa...

—Tendou. —saluda cordialmente, posicionándose a su lado izquierdo con un balón en la mano, listo para practicar servicios.

—¡Wakatoshi-kun! —Responde en un tono que desborda alegría.

No sabe por qué desborda alegría.

Quizás tiene algo que ver con el hecho de que, aún cuando no se lo pide, Wakatoshi lo sigue buscando.


Inconstante. Ambivalente. Irregular. Todas son palabras que lo describen. Pero muy en el fondo, odia esas palabras por describir también todos los eventos efímeros de su vida. Aquellos a los que se quiere aferrar con fuerza, para que no le pasen de largo y lo dejen olvidado en el polvo. Y sin embargo se van.

La tranquilidad es efímera. Siempre lo es.

Eventualmente, alguien intenta ver bajo la máscara. Eso lo espanta—y lo que descubren, también es monstruoso.

—Tendou, muéstramelos.

Satori no quiere que nadie vea lo que hay bajo la máscara. Ni siquiera sus tres únicos amigos en el mundo entero. No quiere confiar y abrir su corazón, porque es así como lo rompen cada vez.

Retrocede, intentando quitárselo de encima. Escapar. —Qué diablos Semisemi, dame espacio.

Eita no lo acepta. —¡Muéstrame los brazos! —Ruge con furia, con el rostro colorado y los ojos cristalizados.

—¡Eita! —Reon tiene que interceder. Bueno y santo de Reon. Retiene a Eita con un brazo, y evita que escape con el otro.

Recepción tras recepción. Satori tiene que recordárselo, no subestimar la fuerza que tiene Wakatoshi.

Al principio un ardor se lo advierte. La adrenalina se le dispara—le gusta ese dolor. Se mantiene en posición. Recepción tras recepción.

Entonces llega un saque poderoso, cargado con frustración. Lo manda a volar y ni siquiera logra salvarlo adecuadamente. Cae de espaldas, y cada centímetro del cuerpo le arde, le pincha, le ruega que se detenga, que se detenga que se detenga-

Y entonces manchas carmesí, preciosas como rosas, carmelias y claveles y otras flores rojas, empiezan a mostrarse sobre su impecable suéter blanco.

Reon maldice. Wakatoshi palidece. Eita lo quiere matar.

Pero ahora está bajo el reflector, y hay tres pares de ojos sobre él. Y Satori detesta estar en el otro extremo del escrutinio de Reon, del detector de mentiras de Eita y de las demandas por la verdad de Wakatoshi.

No sabe qué hacer cuando lo enfrentan. Así que, sigue mintiendo.

—Tendou, las mangas —Pide Wakatoshi. A Satori le tiemblan las rodillas, encuentra muy difícil decirle que no—. Tendou. —Cuando desvía la mirada, el otro insiste.

Porque Tendou Satori, es un mitómano.

Mitómano, una persona que suelta falacia tras otra de manera compulsiva.

—Es su forma de sobrevivir. Nadie se lo puede quitar.—

—Bueno, bueno, ya, voy a la enfermería —alza los brazos en señal de rendición—. Les digo que no es nada chicos, en serio, sí que se alteran ustedes. ¡No estoy hecho de cristal!

Mitómano. Falacias. Palabras grandes para un gran mentiroso—uno que no se merece la mirada de preocupación que le dan sus compañeros, mientras lo siguen al ala médica.


No tiene una razón poética.

No cree que deba existir una razón poética, ni un problema lo suficientemente grande que lo valide. Al fin y al cabo, para quien lo escuche, nada de eso bastará, siempre sonará como una excusa y le hará sentir culpable.

No quiere sentirse culpable, quiere sentirse bien. Por eso no le dice a nadie, ni lo muestra ni hace nada. Su dolor es suyo y le gusta.

—Se supone que había dejado esto, Tendou-kun —la enfermera se llama Kairi-san. Es su favorita, porque lo mira como le hubiera mirado, quizás, una madre. Ella tiene ojos oscuros, brillantes y pacientes; llenos de preguntas y de preocupación.

Él no termina de comprenderlo. —A veces pasa, solo lo hago —mira sus brazos, un poco más con una curiosidad mórbida que otra cosa. Le fascina ver cómo cicatrizan, cómo se vuelven a abrir y el contraste entre las que están casi borradas contra las que están tan frescas que las siente arder contra los vendajes—. Me gusta como se siente.

—Tus amigos están preocupados.

—Pero usted no les dirá nada —responde mientras una mueca con intenciones de ser alegre le corta el rostro a la mitad—. Solo le puede decir al consejero escolar, y ella tampoco puede decir nada a nadie, más que a mi padre. —Y ese "a él no le importa" implícito que quedó en el aire, sin ser discutido, como siempre.

—Estaría bien que confiaras en ellos —su pelo es igual de azabache, y se mece con el viento que se cuela por la ventana. Satori se pregunta si no debería estar cerrada esa ventana, porque es invierno. Se pregunta muchas cosas.

—¿Por qué? —Cuestiona en un tono cantarín, meciendo las piernas sobre la camilla. Ella le da un golpecito en las piernas, para que las deje quietas. Satori no obedece.

—Porque son tus amigos —responde con simpleza.

—Sí, ellos son mis amigos. Pero yo no soy amigo de ellos ¿entiende? —Le da una mirada que traduce a perplejidad. Satori ríe—. ¡Nadie es amigo de monstruos! —Canta con una alegría que es falsa. Como todo en él.

—Tú no eres un monstruo, Tendou-kun.

—Claro que lo soy: decapito murciélagos con la boca, me tiño el pelo con sangre y tengo superpoderes mentales —nombra la evidencia, levantando un dedo por cada una. Mece el tres frente a la cara de la enfermera—. Todo el mundo lo dice.

—No lo hace cierto.

—Una mentira que se repite muchas veces deja de serlo ¿no?

—Tendou-kun. Tendou-kun, míreme —Satori no la mira. Si miras a alguien a los ojos, entonces verán tu alma. Satori no mira a nadie a los ojos—. Los monstruos no existen.

Salta, Satori.

—Claro que existen —responde, sin levantar la mirada de sus brazos. Ahora cubiertos por vendas puramente blancas, que combinan con el ala médica—. Si no lo hacen ¿entonces por qué soy así?


La academia en invierno, si le preguntan, luce como sacada de un cuento.

La decoran con linternas y luces. Algo que está a medio camino entre tradicional y occidental. Sirven comida de época y venden algunos platillos que solo ha visto en internet.

Siente que el espíritu feliz de la época lo rodea, está en cada esquina, en cada pareja, en cada sonrisa.

Él no se siente muy navideño, y con un gorro bien grueso, cubre su pelo rojo nuclear que combina demasiado con las festividades.

—No estaré en la ciudad—escucha la voz al otro lado de la línea. ¿Por qué no me sorprende? Se pregunta con amargura, echado en la cama de su dormitorio. Su compañero de habitación regresó a casa por las vacaciones de invierno, y tiene el sitio para sí mismo—. Puede ser que vuelva después de año nuevo.

Puede ser —repite sin pizca de gracia en la voz. Al otro lado de la línea, el hombre suspira.

—Satori —suena a que quiere decir algo. Siempre quiere. Pero entonces, una voz le llama, diciéndole que la reunión está por iniciar—... Feliz navidad.

Se pregunta cuándo volverá a escucharlo en persona. —Feliz navidad, papá.

La llamada termina, y vuelve a su anterior actividad: contar los copos de nieve que ve caer por la ventana. A veces lleva treinta, a veces setenta y cinco, a veces ciento veinticuatro con tres décimas. A veces no lleva ningún copo y solo ve a los estudiantes caminando por el campus, algunos de la mano, otros solos, todos acompañados de una bebida caliente.

A Satori le pican las ansias por ir al gimnasio y practicar, pero eso implicaría ver a Wakatoshi, Eita y Reon, y eso está totalmente fuera de la imagen.

Pero el silencio de la habitación lo está sofocando, y, antes de sucumbir ante la ansiedad, toma su abrigo y sus cosas, se pone sus guantes y una bufanda que no es suya, y sale a recorrer el bonito y blanco campus en la bonita y blanca navidad.

Se consuela en saber que la academia está medio vacía, y que sin su pelo brillante es prácticamente un extraño. Nadie se va a fijar en él, solo y deambulando.

Nadie nota a los que deambulan solos en las ciudades sobrepobladas, donde todos están tan apresurados en la vida que hasta se olvidan de su propia soledad. Aquí, en medio de la academia medio vacía, Satori solo luce patético.

El lado de la secundaria y de la preparatoria están separados, y generalmente uno no tiene acceso al otro. Pero Satori es más alto que buena parte de los estudiantes de secundaria, y se puede colar con facilidad en casi cualquier parte de Shiratorizawa.

Haciendo uso de ese agujero en la seguridad, simplemente se pasea a su antojo donde quiera. Con la bufanda hasta la nariz, el frío insoportable que lo tiene tiritando y el viento contra el rostro. Paga por un chocolate caliente que quizás cuesta un poco más de lo que debería porque lo quería con mucha crema y azúcar, con malvaviscos y algo de caramelo—porque Reon no está allí para regañarlo por la cantidad exagerada de azúcar, y Satori prefiere contradecirlo al pie de la letra solo por diversión. Vuelve a desandar.

Reon maldice. Wakatoshi palidece. Eita lo quiere matar. Lo miran como si no lo conocieran, como si de pronto se hubiera transformado en una bestia salvaje y si se aceraban demasiado, corrian el riesgo de ser despedazados.

¿O quizás el que se caía a pedazos era él?

¿Qué es eso que suena?

—Te están sangrando los brazos —observa Wakatoshi. Entonces repara con lo que está mal en la situación. Intenta escaparse, pero Eita es más veloz y bloquea la entrada.

—Muéstramelos.

Tropieza con un pedrusco y de pronto su memoria se desvanece. Y vuelve a estar en algún punto del campus helado, alguna esquina solitaria iluminada por una o dos luces. Puede ver a estudiantes fumando en las sombras y otros besándose, buscando cobijo en otros brazos.

Con un gesto de disgusto, se da la vuelta y regresa a la zona más concurrida.

Se da cuenta entonces, desandando lo andado, que está cerca de los gimnasios.

—A que es conveniente... —se dice a sí mismo, falto de su usual tono cantarín y juguetón, y esa sonrisa que le adorna el rostro. Nadie lo ve, no tiene motivo por el cual fingir.

Con pasos cortos, casi tímidos, se acerca al edificio. Puede escuchar rechinidos, golpeteos y gritos. Silbatazos y voces.

Y, cómo no.

—Últimas diez repeticiones de la noche ¡Y no se les ocurra saltarse los estiramientos al terminar!

—¡Sí, señor!

El niño maravilla está allí.


Cuando Satori dice que hay algo que definitivamente no está bien con él, se refiere a cosas que quizás no tienen mucho que ver con su apariencia, y un poco más con la apariencia de otros.

Ushijima-kun es realmente lindo.

—¡Sí! Como un príncipe, ¡o el heredero de una familia antigua!

—¿Crees que tendrá hermanos? ¡Me conformaría hasta con una copia!

Y tampoco tiene que ver con que otras personas lucen mejor que él. Está pensando en realidad, en la clase de personas que últimamente le atraen.

Realmente nunca sintió mucho interés en chicas—de pequeño, le decían que tenían piojos. Pero siempre se encontró encantado de una forma u otra con los deportes, y las personas que lo practicaban.

—Oh, y es tan bueno en vóleibol, ¡los chicos siempre lucen más lindos cuando son buenos en un deporte!

—Yo sé que hay algo que me gusta mucho de él.

—¡Oye, no digas eso tan alto!

—¡Si no he dicho nada malo!

Entonces sus compañeros de clases empezaron a tener novias, a contar en susurros cómo las chicas se les confesaban en las partes más remotas de la escuela. Eso es algo que no cambia en Shiratorizawa.

Tampoco cambia que Satori siga sin estar interesado en chicas, no importa cuántas veces intente y falle miserablemente. Ni las chicas mayores de preparatoria, ni las chicas de su clase ni las de grados menores. Ni altas y esbeltas ni pequeñas y robustas, ni con grandes atributos ni faltas de estos.

—En retrospectiva, debió ser obvio.

Entonces empezó a tener sueños. Normalmente no los recordaba, tan solo sabía que despertaba sudando, a veces con una mancha de humedad en la ropa interior y muchas más sintiéndola apretada. Los vestidores se volvieron tortuosos y de repente se volvió hiperconsciente de la cercanía de sus compañeros.

Solo por curiosidad, lo intentó.

—¡Oh dios, oh dios está mirando en esta dirección! ¡Saluda!

Y a veces desea jamás haber abierto esa puerta.

—Tendou —se le acerca con paso firme. Su voz se pierde en jadeos de cansancio e irradia calor incluso en medio del invierno. Se siente sofocado. No quiere saber exactamente cómo es que Wakatoshi lo ha reconocido de entre la multitud que les ve practicar, cuando lleva abrigo sobre abrigo, y orejeras, y un gorro y se cubre el rostro hasta la nariz con una bufanda-

Una bufanda que le quitó prestada a Wakatoshi, claro. Bueno, mierda. —Wakatoshi-kun —le saluda con una timidez que se siente extraña. Algo se siente extraño entre ellos.

—¿Has recibido mis correos?

—Así es, Wakatoshi-kun.

—Bien —no pregunta por qué no responde. Wakatoshi es así de considerado y le hace sentir enfermo—. ¿No practicarás?

—Quizás mañana, Wakatoshi-kun —dice, encogiéndose de hombros. Quiere holgazanear un poco y ahogarse en su miseria, ya que es navidad.

—Te espero entonces —responde con el mismo tono cordial. Se le hace demasiado difícil ahora, verlo directamente a los ojos. Se siente como si mirase directamente al sol, pero él no quiere quemarse—. Las prácticas no son lo mismo cuando no estás aquí, Tendou.

Deseaba no haberse puesto curioso, porque descubrió exactamente qué era lo que estaba irremediablemente mal con él.

Y tenía muy poco que ver con su figura hecha de palillos con estrías en cada esquina imaginable, y su cabello rojo nuclear y ojos igualmente carmesí, y su voz que se quiebra en todos los sitios que no sabía que una voz podía quebrarse.

Tiene, por otra parte, mucho que ver con la figura imponente, voz firme y ojos claros del niño maravilla. Y quizás este descubrimiento suyo le provoca un terror más profundo que el silencio y la oscuridad.

—Disculpe... —una de las chicas chillonas que le rodeaban se le acercó para hablarle— ¿Conoce a Ushijima-san?

Que si lo conoce. —¡Por supuesto! —Responde en su tono falso, su tono alegre. Seguido de la mentira que se ha repetido tantas veces, que hay días en que se la cree— ¡Soy su mejor amigo!

Uno que piensa en él cuando la habitación está fría, vacía y oscura, y mancha los cobertores en su nombre. Y también en las mañanas, cuando sus ojos se pierden en la ventana y simplemente contempla el cielo.

Se pregunta qué se sentirá tomarlo de la mano, abrazarlo, o que le sonría únicamente a él—así algo como eso no esté bien—. Pero se conforma con autoproclamarse su mejor amigo y que el otro no lo contradiga.

Es una mentira con la que puede vivir.


De: Wakatoshi-kun.
Tema: ¿TE ENCUENTRAS BIEN?
Fecha: 23/12/xx
Tendou. Desapareciste después de la visita al ala médica. Espero que esté todo en orden.
UW.

De: Wakatoshi-kun
Tema: ENTRENAMIENTO.
Fecha: 23/12/xx
Tendou. He notado que ahora estás practicando en el segundo gimnasio. No estás saltándote las prácticas, por lo que no tengo que llamarte la atención por tu comportamiento. Espero esté todo en orden.
UW.

De: Reon
Tema: No ignores a Wakatoshi
Fecha: 23/12/xx
Nuestro idiota de vóley local me ha preguntado si su teléfono se averió, porque no recibe tus respuestas. Creo que le rompí el corazón cuando le dije que el único problema aquí es que no estás contestando. Si no vas a practicar con nosotros al menos dile que estás bien.

De: Reon
Tema: [Sin tema]
Fecha: 23/12/xx
No evadas tus problemas, Tendou.

De: Semisemi
Tema: cobarde
Fecha: 23/12/xx
deja de ignorarnos

De: Wakatoshi-kun
Tema: OHIRA Y SEMI [1/2]
Fecha: 24/12/xx
Tendou. Ohira y Semi han dicho que ellos tampoco han recibido tus respuestas a sus mensajes. No comprendo qué ocurre. Si he dicho o hecho algo para hacerte enojar, me disculpo sinceramente. También me disculpo por haberte lastimado los brazos.

De: Wakatoshi-kun
Tema: OHIRA Y SEMI [2/2]
Fecha: 24/12/xx
Semi dice que no me has hablado porque no quieres herir mis sentimientos: no lo haces, mis remates lastiman personas siempre. Aún así me disculpo.
Espero que todo esté en orden.
UW.

De: Reon
Tema: Qué coño hiciste
Fecha: 25/12/xx
Wakatoshi dice te vio hoy fuera del gimnasio. Dice que lo odias.

De: Semisemi
Tema: grandísimo idiota
Fecha: 26/12/xx
responde las llamadas, primer aviso

De: Semisemi
Tema: segundo aviso
Fecha: 26/12/xx
voy a tu habitación, responde las llamadas

De: Reon
Tema: Eita enojado
Fecha: 26/12/xx
No intentes escaparte Tendou.

De: Semisemi
Tema: abre la puerta
Fecha: 26/12/xx
tendou satori se que estas alli


El teléfono vibra como loco en algún lugar del suelo. Satori no lo escucha—no lo quiere escuchar. Cree que todo es un sueño, que está en su mente, como las voces que van y vienen, recuerdos que se distorsionan y voces cada vez más ruidosas.

¿Qué es real? Tiene 40 grados de fiebre. La realidad es que cuando no está inconsciente, la sangre le hierve y su cerebro recrea la matrix dentro de sí mismo.

Cree que los golpes que escucha en la puerta son parte de su imaginación—lo fueron esa mañana, ¿por qué habrían de ser reales ahora? ¡Al menos es más listo que su propia consciencia!

—¡Tendou! ¡Abre la maldita puerta o te juro que la echo abajo! —Los golpeteos incesantes vienen acompañados de la voz de Eita. En su imaginación, a veces es Eita, a veces Wakatoshi y a veces incluso su padre. Así que finge no escuchar— ¡Puedo escuchar el calentador encendido, se que estás allí, no soy idiota! —Finge lo mejor que puede.

No es real. No es real. No es real porque Eita no está en la puerta, nadie está en la puerta.

—Ya revisó tres veces.—

Siente el cuerpo caliente, pero lo recorren escalofríos cada vez que respira. O más bien, cada vez que logra respirar, sin que un ataque de tos amenace con dejarlo sin pulmones.

Y si teme ponerse de pie y recorrer los cuatro pasos de distancia hasta la puerta, si teme abrirla solo para descubrir que la voz al otro lado de la puerta es otra alucinación. Otro sueño...

¡Abre la puerta, Tendou!

Todo es culpa del maldito invierno.


¿Me extrañaron?

Entre otras cosas, tenía atorado este capítulo. No se muy bien por qué. Pero ya está listo ya está hecho ya está bien uwu
El final queda a su conveniencia. ¿Estaba o no estaba Semi en la puerta? ¿Era real o una alucinación fiebrosa de Tendou? ¿Será este el final del Rayo McQueen? Ah no, equivocao'
De acuerdo con google, 26 de diciembre es el primer día de vacaciones de invierno en el calendario escolar japonés. Por motivos de trama(?) 23 de diciembre tocó un viernes. Ingenieros Civiles han traído a ustedes este puente.
No sean como Tendou, no embotellen sus sentimientos y no ignoren a vacatoshi.

Stay tunned!

;Tamarindo Amargo