5. Lo que era y lo que será
ADVERTENCIA: Homofobia. Sexismo.
Hay una laguna en su memoria en la cual debería estar el Interhigh. Pero Satori no se molesta en revisar esos recuerdos perdidos muy a menudo, mucho menos cuando las personas a su alrededor no hablan nunca de ese suceso, como algo que debe ser enterrado para nunca más ser encontrado.
—Eliminados en el primer día. No es idiota. Sabe que nadie quiere recordar algo así.—
Pero los árboles de cerezo florecen, y su último año de secundaria da inicio. El año en que lo dejarán participar en el equipo, en el que finalmente podrá demostrar que sí es un jugador competente y que definitivamente se merece una oportunidad para entrar al equipo de preparatoria.
Satori va a jugar, así sea lo último que haga.
—¿Escucharon los rumores? —pregunta Eita, apenas se sienta en su puesto usual a la hora del almuerzo.
—Semisemi, ¿eres una jubilada chismosa? —Le pregunta con burla. Eita le hace un gesto grosero con la mano, pero no deja de hablar.
—Calla pajarraco. A lo que iba, dicen que el entrenador Washijou le puso el ojo a un líbero de Chidoriyama en las eliminatorias, ¿pueden creerlo? —La curiosidad de sus ojos traiciona la exagerada envidia que contiene su voz—. Es en serio, en serio injusto.
—¿Qué es injusto? —pregunta Reon, sentándose también. Silencioso como una sombra, Wakatoshi lo imita.
—El universo, y los líberos genio —Y con un toque dramático y fatalista, Eita se echa sobre la mesa.
Acostumbrado a los dramas de Eita, Reon sigue comiendo—. Era de esperarse, el entrenador siempre inicia temprano sus planes de reclutamiento —explica con calma, mientras sorbe sus fideos—. Todos los titulares de preparatoria están allí por recomendación, es imposible entrar de otra forma.
—¿Imposible? —intercede con un tono cantarín, mientras juega con su tofu sin comérselo realmente.
—Lo contrario a posible, Tendou —responde el otro, con la sombra de una sonrisa asomándosele por la comisura de los labios.
—Se lo que significa, Reon-sensei —Los amigos que me gasto yo—. ¿Dices que es imposible llegar al lineamiento principal si la mano sagrada de Washijo-san no se extiende a tu favor?
—El entrenador no es una deidad, Tendou —Y ese es el aporte diario a la conversación de Wakatoshi. Satori aprecia todos y cada uno de estos aportes.
—Siempre se puede entrar al equipo de manera tradicional, pero... es posible que nunca salgas de las reservas —Se encoge de hombros—. Si este tercer año el entrenador no nos da el visto bueno, nos podemos despedir de participar en el equipo de preparatoria.
—Al menos ya nuestro entrenador nos permitió entrar a la banca, ¿no es genial, Tendou? —Eita le da un empujón jugueton, y le sonríe ampliamente—. ¡Lo que queda es impresionar al entrenador demonio!
—¡Es nuestro momento de brillar! —exclama con una alegría efervescente, para luego darle una mirada a Wakatoshi, su jugador-con-puesto-asegurado local—. Nos tendrás que prestar el reflector, Wakatoshi-kun, ¡espero que no te moleste!
—... ¿Qué reflector?
El resto del almuerzo se pierde entre explicarle las metáforas y decires a Wakatoshi.
Satori opina que la vida sería más fácil, si se pudiera mantener de esa forma.
No puede evitar pensar en lo cliché que es el hecho de que la academia se inunde con pétalos de cerezo. También, el incesante picor en su garganta, le recuerda que tiene que comprar antialérgicos pronto o no sobrevivirá a la estación.
El aire olía a un poco de todo, ese primer día. A nuevos alumnos, efervescentes con nervios y hechos una gelatina; un poco demasiado alegres por iniciar la escuela. Olía a polen también, terriblemente, pero eso se lo gana por vivir en el área rural de Miyagi. Probablemente olería más cosas si no tuviera la nariz tapada por el inminente inicio de una alergia violenta.
Lo cierto es que ese primer día de clases, el cielo tenía un tono muy especial de azul.
—¿Lo escuchaste? El equipo de voleibol va a tener una entrenadora.
El día en que la noticia que cambiaría todo su año empezó a correr.
La noticia esparció como pólvora, llegando a todos rincones imaginables. Incluso las personas que no tenían nada que ver con la preparatoria estaban enteradas del insólito cambio.
Antes que terminara el día, la nueva entrenadora era el tema en la boca de todos.
Nueva entrenadora, con el específico visto bueno del entrenador Washijo, para seleccionar a los mejores jugadores de secundaria y mantener en forma su regio equipo de emperadores. Dicen que jugó en la selección nacional, y que llegó a entrenar equipos extranjeros antes de retirarse.
Bien que dicen, que estar en el equipo desde primero de secundaria no te garantiza un puesto dentro del equipo en preparatoria.
Algunos rumorean que se debe a la vergonzosa derrota en la Interhigh que el entrenador Washijo empezó a buscar a alguien nuevo. Algunos rumorean que el tipo renunció solo, después de tal espectáculo.
Sea una cosa o la otra, no cambia el hecho de que la arcaica preparatoria no acostumbra a tener mujeres entre sus filas, y el alumnado del género es también un poco escaso. Satori no lo cuestiona, el mundo funciona de maneras estúpidas.
—¿Una entrenadora? Están jugando, ¿no? —Sin nada mejor que hacer, Satori se dedicaba a espiar las conversaciones ajenas. Otros chicos del equipo, que conocía más por insultos usuales que por nombres reales, no paraban de quejarse por el cambio—. ¿Nos harán usar también el uniforme femenino?
—Justo cuando pensé que nada podía ponerse peor después que metieron a la mujercita y al bicho raro en el equipo —interviene el otro, en el mismo tono despectivo—, ¡nos ponen una entrenadora! Seremos el hazmerreír en el torneo de primavera. ¡El Kitagawa Daiichi ahora sí nos quitará el título!
—Mi hermano mayor dice que el mismo entrenador Washijou la eligió para que nos entrenara, ¿creen que el tipo ya se está volviendo senil o algo? —Oh, lo que daría por tener una cámara de video ahora mismo, se lamenta Satori.
—No jodas, todos sabemos cómo funcionan estas elecciones especiales —El muchacho hace un gesto insinuante que arranca las risas de todos en el pequeño grupo.
Él no ve una diferencia entre un entrenador o una entrenadora. Excepto que quizás habrá algunos días donde tendrá un poco más de cuidado con la entrenadora, pero ya se acostumbró a eso con sus compañeras de clases.
Conoce la regla de oro del equipo de vóleibol en el Shiratorizawa, y es que la palabra de Washijou Tanji debe ser tomada como evangelio. Una ley inquebrantable, incuestionable, o de lo contrario no entras.
Satori quiere jugar, así que por una vez cierra la boca y obedece.
Hablaban sobre cambios en el equipo, sobre un sistema más estricto. Decían que el entrenador Washijou la había elegido especialmente a ella para meter en cintura a la siguiente generación de jugadores y deshacerse de cualquier sinsentido que hubieran desarrollado antes.
Decían que olvidaran siquiera oler el sudor de los calientabancas, si no podían superar los estándares de esta nueva entrenadora.
Y sin embargo, no se siente intranquilo.
Está en la banca—sí, todavía no llega a jugar su primer juego de forma oficial—, tiene el uniforme. Tan solo es cuestión de tiempo antes que participe en algún juego de práctica, o participe en un juego oficial, así sea uno pequeño.
Por primera vez en años, a pesar de todo lo que podría salir terriblemente mal…
Satori confía en que estará bien.
O al menos, eso es lo que se repite a sí mismo de camino al gimnasio, para darse a sí mismo el valor que tan desesperadamente necesita
La mujer que les espera en el gimnasio luce como que ha visto el mundo bajo tantas luces diferentes, que nada de lo que un grupo de adolescentes haga la sorprenderá.
Ella tiene piel bronceada y arrugas en las esquinas de los ojos. Es alta para ser una mujer japonesa, y su cabello es tan negro que la luz parece no poder penetrarlo. En su mano puede ver lo que parece ser la cabeza de un dragón en tinta negra y Satori tiene mucho, mucho miedo.
—Mi nombre es Tanaka Haruka, y les diré cuáles fueron las tres cosas me sorprendieron el año pasado: la altura del bloqueo de la selección femenina en Argentina, mi pareja cocinando comida Tailandesa y que mi gata aprendiera a abrir los gabinetes para encontrar su atún —La mujer habla en un tono ameno, y Satori no puede evitar que se le escape una sonrisa con la imagen de un gato gordo y perezoso haciendo acrobacias en una cocina—. Mi misión en Shiratorizawa, es hacer de ustedes el equipo más impresionante del año. Un placer en conocerlos.
Para cuando terminan el calentamiento, ya muchos están de rodillas tratando de tomar aire apropiadamente. Su entrenamiento hasta ahora parece un juego de niños en comparación.
Si Washijo es el diablo, piensa, ella debe ser Cerbero en las puertas del inframundo.
Satori se siente como que ha vuelto a primera base. Quizás eso debió darle alguna clase de advertencia.
Para ella, todos tienen alguna clase de error. Son lentos, ruidosos, mocosos, y ni siquiera se acercarán a rematar un balón hasta que puedan hacer recepciones y pases que no apesten. Lo cual los pone a todos, en la línea inicial:
Patéticos.
—¿Qué diablos fue eso? ¡Tú, pelo de ceniza! ¡No quiero que intentes más jugadas rápidas hasta que perfecciones la levantada! ¡Y tú, Benkei, practica esos remates rectos hasta que los hagas dormido!
Cuando juegan un partido contra sí mismos, salen a resaltar muchas malas costumbres. Bajan la guardia, creen que lo saben todo.
Eita y su insistencia con las jugadas rápidas y lucirse, Reon que no puede hacer un remate recto, y Wakatoshi que aparte de su fuerza bruta, no puede ponerse al ritmo de jugadas más elaboradas. La entrenadora nueva lo ve todo, y no escatima palabras para hacerles saber que si no mejoran todo eso, no sobrevivirán.
Eventualmente, pone sus ojos en Satori.
La mujer lo observa como si le hubiera crecido otra cabeza—. ¿Por qué saltaste sin decir nada antes?
—¿Porque… así es mi bloqueo? —Responde, un tanto nervioso. La gente que no está acostumbrada a sus idiosincrasias lo pone un poco nervioso. Como sea, darle una mala impresión desde el primer momento a la señora, lo pone todavía peor.
Todo está mal con él, según sus ojos. Su remate es muy débil, es muy lento y su abuela fallecida hace mejores recepciones.
Sorprendentemente, eso no le dice mucho. Él está consciente de que sus recepciones son patéticas en un mal día y mediocres en uno bueno. Sabe también que no podría ni aguantarle una vela a la fuerza titánica de Wakatoshi o Reon.
Ha fallado desde antes de empezar.
Lo sabe. Lo sabe. Lo sabe.
—Tu bloqueo —repite ella, como tratando de procesarlo—. Dices que el bloqueo predictivo es lo tuyo.
—¡Sí, señora! —Por fin alguien comprende que no es adivinar-
—Niño colorado —maldición, hablé pronto—, quiero que mires a tu alrededor y me digas cuántas personas hay en tu lado de la cancha.
Obedientemente, Satori mira alrededor—. Cinco, entrenadora.
—¿Y cuántas personas sabían que ibas a bloquear solo?
—Yo… —ninguna, piensa. Pero nunca lo hacen, ¿cuál es la diferencia?—. Nadie, pero-
—¿Te crees tan importante para jugar sin hablar antes con tus compañeros? Y de una forma tan riesgosa como esa. ¿Crees que vales el riesgo, niño? —Ella chasquea la lengua, y hace eco en todo el gimnasio—. Eso no fue bloquear, tuviste suerte.
Aquí vamos otra vez—. Pero anoté. Eso es lo que importa, ¿no?
—No sé qué clase de estupidez han estado predicando en este lugar, pero anotar no es todo lo que importa.
Erizado, su boca se mueve antes que su cerebro pueda comprender el significado de sus palabras—. ¿Entonces qué es lo que importa aquí? ¿Jugar seguro y perder como equipo?
Usualmente, momentos como ese son dramáticos en los mangas que lee.
Traen consigo la gran revelación de que el protagonista ahora tiene aliados que lo respalden, rivales que lo respetan, y lo animan a enfrentarse a quien le está subestimando.
Otras veces simplemente el mentor, finalmente, después de tanto tiempo de esfuerzo, de sudor y lágrimas, le dice que es exigente porque espera cosas grandes. Le dice que busque otra respuesta, pero rara vez dice cuál puede ser.
—Bueno, ¿no es esa una buena pregunta? —le dice ella, sin romper contacto visual.
Satori ha aprendido por las malas que la vida no es genial como en sus mangas y tan solo es.
—El tiempo en la banca te servirá para que me digas la respuesta.
La última vez que tuvo una semana así de mala, recuerda que terminó rodando escaleras abajo. Así que por cuestiones de seguridad se le pega a sus compañeros como parásito después de la práctica. Ninguno parece cuestionarlo demasiado, y por una vez, Satori agradece ser tan extraño.
—Escucha, ni siquiera te voy a preguntar qué mosca te picó ahora —le dice Eita, mientras lo ve esperando con ansias en las puertas del vestidor—. Estás listo hace cinco minutos, ¿crees que nos perderemos de camino a los dormitorios?
—Solo estoy siendo cortés, Semisemi —responde, evadiendo por completo la pregunta original—. Deberías aprender una cosa o dos sobre eso.
—¡Oye!
—Tendou tiene razón —intercede Reón, saliendo también con paso firme y situándose a su lado para esperar.
—¡Reon, traidor! —El muchacho se limita a reírse ante la indignación de Eita, y Satori tan solo acierta en soltar unas risitas casi disimuladas—. ¿Ahora me dirás que no me ayudarás con mi tarea de química?
—Si mantienes esa actitud, es una posibilidad —responde divertido.
Apresurándose, Eita sale de los vestidores. Satori no tarda en notar que se puso mal la camiseta, y se cuestiona si decir algo al respecto vale o no la pena—. Eres un amigo terrible.
—¡Se nos hace de noche, Semisemi! Recomiendo que te apresures —canturrea. Eita le frunce el ceño—. Y ya que estamos, Semisemi, ¿usar la ropa al reverso es la nueva tendencia?
—¿La qué? —Eita baja la mirada, para encontrar su camisa al reverso y al revés. Suelta un par de palabrotas antes de arrojarles su bolso y entrar de nuevo a los vestidores para arreglar su error—. ¡Un minuto, denme un puto minuto!
Sí, agradece tener ahora personas en las que confiar. Personas a las que acudir cuando ocurren cosas como un empujón por las escaleras. Esa clase de estabilidad, de constante, era algo que jamás esperó tener en su vida.
Pero ahora que lo tiene, se da cuenta que hay una serie de cosas que no tomó en cuenta. Cosas que vienen con el hecho de tener más amigos y envolverse con más personas.
Su vida inestable, de pronto deja de serlo.
—Oh, hola Tendou; Ohira —Wakatoshi se les acerca. Suda como puerco, y Satori sospecha que si se acerca aún más, podrá descubrir si huele o no como uno. Por un motivo que no tiene intención de analizar, Satori realmente tiene ganas de oler a Wakatoshi.
—¡Wakatoshi-kun! —saluda con alegría, ignorando los alarmantes deseos de su nariz.
—Wakatoshi —dice Reon al mismo tiempo, varios tonos más calmado—. ¿Hayato-kun no estaba contigo?
—Dijo que deseaba limpiar solo —responde con calma—. Tengo el presentimiento de que pretende discutir algo con la entrenadora, pero prefiere que nadie lo vea haciéndolo.
—¡Oh! ¿Estás mejorando tus intuiciones, Wakatoshi-kun? —pregunta cantarín. Reon parece interesarse.
—¿Es eso cierto? Me impresionas, Wakatoshi. Felicidades —concuerda, sonando complacido por el desarrollo de eventos.
—Hayato no consigue manejar la rotación de mis remates de manera consistente —explica con calma—. La entrenadora no quiere renunciar a él pronto; es quien tiene mayor porcentaje de salvadas eficientes en mi contra. Por eso, deduje que querría hablar con ella a solas.
Satori bufa con cierto desdén, incapaz de esconder su frustración—. Bien por él, ¿no? Es bueno que al menos le den la oportunidad —dice cruzado de brazos, en una manera que quizás sonó ligeramente sarcástica.
De reojo, puede ver a Reon morderse el labio y desviar la mirada, mientras que Wakatoshi tiene los ojos inundados de un sentimientos que se acerca peligrosamente a la pena.
Sí. Entre ellos, es el único que quedó amarrado a la banca.
No está enojado… Bien, no está muy enojado. No es tan idiota para enojarse por el éxito de sus amigos, pero tampoco es lo suficientemente maduro como para no quejarse en absoluto.
Estuvo tan cerca… Y sigue pensando, que es un idiota por siquiera pensar que lo lograría. Que debió saberlo desde un inicio, y que no debió tener esperanzas.
Lo sabe. Lo sabe. Lo sabe.
—¡Hey, Toshi! —Eita pronto sale de los vestidores, ahora con su ropa arreglada de manera correcta.
—Eita, hola —formal como de costumbre, Wakatoshi le regresa el saludo—. No quisiera ser maleducado, pero no puedo dejar de notar que tu ropa interior es visible. Y que está al contrario. ¿Es esa una elección estética?
Reon y Satori sueltan una carcajada al unísono, mientras que la mirada de Eita se ensombrece aún más—. ¿Sabes qué, Toshi? Así es, es una elección estética.
—Oh, no intervengo entonces —responde en el mismo tono educado. Satori está seguro que podría ponerlo a leer las letras de una canción estúpida y las letras se organizarían por su cuenta para empezar a tener lógica. No podemos hacer lucir estúpido a Ushijima-sama, dirían sus letras parlantes imaginarias—. Voy a ducharme, pueden adelantarse sin mí.
—¡Eres el hombre, Toshi! —exclama Eita, echándose la mochila al hombro.
Reon le sigue el paso y camina justo tras el de cabello claro—. Estaremos en la sala común hasta que cierre, Wakatoshi.
—¡Oye, no soy tan malo en química! —se queja Eita, dándole un empujón.
—No, si estudiáramos de acuerdo a lo malo que eres en química, nos faltarían horas en el día —Reon lo finaliza con estilo y a Eita no le queda de otra más que mirarlo anonadado. Huh, piensa de pronto. Anonadado es una palabra divertida—. Tendou.
—¿Sí, Benkei? —pregunta, haciendo burla de la nueva colección de sobrenombres de la entrenadora.
Reon ni se inmuta—. ¿No vas a venir?
—Nah, esperaré a Wakatoshi-kun —responde, haciendo un ademán con la mano.
—Como gustes —dice, bajando las escaleras de dos en dos para reunirse con Eita.
El silencio suele darle tiempo para pensar. Su mente viaja a lugares curiosos, y divaga sobre el universo, las galaxias y el mundo.
El mundo… El mundo está podrido hasta la médula, no hay duda de eso.
¿Es acaso él parte del problema? Quiere creer que no es así. Pero sería deshonesto. Buen momento para preocuparte de la transparencia de tus palabras, Satori, se dice a sí mismo.
No, no es una buena persona. Lo descubrió las navidades pasadas, mientras su cuerpo estaba a un parpadeo de la combustión espontánea producida por la fiebre.
Quizás se merecía todos los empujones, los escupitajos y la vez que intentaron hacerlo volar. Quizás su lengua es demasiado afilada, y su sarcasmo es demasiado cruel.
Quizás.
No se toma bien las críticas e ignora selectivamente los consejos de la gente. Quizás por eso Reon ya no se molesta en intentar mejorar su consumo nutricional. Tampoco se toma nada muy en serio, y quizás por eso Eita se ha rendido en hacerle hablar sobre sus problemas. Es un mentiroso. Incluso Wakatoshi debe haberse dado cuenta.
¿Necesita nuevos amigos? ¿Iniciar de nuevo? Tal vez, después de todo, no debería estar en Shiratorizawa en la preparatoria. Sus calificaciones no son excepcionales, y su oportunidad de jugar en el equipo acaba de saltar por la ventana.
¿Qué sentido tiene seguir intentándolo?
—... Me temo que no comprendo tu pregunta, Tendou.
Antes de darse cuenta, está discutiendo el tema con Wakatoshi. Quizás porque Wakatoshi escucha, no lo juzga y no pregunta por qué. O quizás simplemente porque le gusta Wakatoshi.
Cualquiera sea la razón, Satori la encuentra lo suficientemente aceptable para abrir su corazón así sea solo un poco. Y lo hace, mientras caminan de regreso a los dormitorios, mientras le habla como lo haría en cualquier otro día.
Se pregunta cómo era la vida antes de. Antes de Wakatoshi que lo escucha, a pesar de saber que es deshonesto. Antes de Reon que lo cuida cuando su naturaleza es la de un torpe descuidado. Antes de Eita que se preocupa agresivamente por él a pesar de los intentos de Satori por esconder sus problemas.
Ya no recuerda cómo era su vida antes de Shiratorizawa, y no quiere recordarlo tampoco. No quiere volver a la oscuridad.
Así que, caminando de regreso a los dormitorios compartidos que ahora llama hogar, habla hasta quedarse sin nada de que hablar. Porque Wakatoshi escucha mucho, y habla muy poco.
—No quiero jugar de una forma que me frustre —explica. El cansancio se le cuela por la voz mientras lo hace, y no sabe qué es lo que lo tiene tan harto, ¿la vida?—. Es como si te pidieran que empezaras a jugar con tu mano derecha, Wakatoshi-kun.
—Eso sería inconveniente —responde el otro sobriamente—. Sin embargo, soy el as porque mi izquierda es inconveniente para los equipos contrarios.
—Eres el as porque eres el jugador más fuerte —repone Satori—. El más fuerte de todos.
—Agradezco tu cumplido, Tendou, sin embargo aún me falta un largo camino para ser el jugador más fuerte.
—Pero lo serás —No es una pregunta. Satori está seguro, si alguien tiene la oportunidad de volverse el jugador más fuerte de todo Japón, ese es Ushijima Wakatoshi—. Eres el niño maravilla, después de todo.
Pero por algún motivo, algo en lo que dice hace a Wakatoshi fruncir el ceño.
—También espero cosas grandes de ti, Tendou.
—¿De mí? ¿Por qué? —pregunta en un tono cantarín. Uno que intenta bromear—. Ni siquiera pude salir de la banca, no hablemos de tener un puesto como regular. Doy esa cantidad tan ridículamente grande de asco en el deporte que más amo, ¿por qué esperas algo de moi? —Termina la pregunta en un tono cómico. Quizás para enmascarar lo mucho que odia la realidad que está viviendo. O quizás porque sabe que Wakatoshi no distingue sarcasmo, así que da igual.
—Quizás todavía no puedas percibir la compensación de tu esfuerzo —responde Wakatoshi y aún imperceptible, Satori nota la emoción contenida en su voz—, y quizás todo el mundo te diga que estás equivocado. Sin embargo, lo que te hace diferente es tu fortaleza más grande.
Perplejo, Satori tropieza y se detiene—. Eso... eso es muy poético, Wakatoshi-kun. ¡No sabía que te gustaba leer esa clase de libros!
—No es de un libro. Lo dijo una vez, alguien muy importante para mí —responde el otro, también poniendo pausa a la caminata—, así que ahora te lo digo yo a ti.
—¿Porque crees que no debería rendirme? —pregunta, metiendo las manos en sus bolsillos. Un gesto claramente nervioso, por el que agradece que Wakatoshi sea tan denso y algo lento para comprender las mañas de otros.
—Sí —Oh, volvemos con las respuestas monosílabas.
—¿Incluso si solo juego para ganar en un juego que no me hace feliz? —Vuelve a su problema inicial. Y Wakatoshi parece pensarlo.
—Si lo dejas ahora... entonces ya no te quedará nada —murmura, dubitativo. Satori alza ambas cejas.
Para lo poco que habla, Wakatoshi siempre encuentra la forma de encantarlo con muy pocas palabras—. ¿También lo dijo esa persona importante?
—No. Eso es del manga de los skittles basquetbolistas.
La risa le sale natural, como arrancada del pecho. Y con ella todo lo que le preocupaba, lentamente, poco a poco, empieza a ser un poco menos importante.
A Satori —impredecible, inconstante— le gusta aparecer como sorpresa, e irse de la misma forma. Si algo varía, es imposible que de siempre el mismo resultado, por lo que las personas no pueden encasillarlo, clasificarlo ni etiquetarlo. Pero lentamente su vida se ha llenado de pequeñas constantes que ya no son tan malas.
No recuerda su vida antes de Shiratorizawa. Eso está bien. Planea mantener esa vida por unos años más.
Soy el as porque mi izquierda es inconveniente para otros equipos.
La respuesta realmente llegó como enviada del cielo. Satori está convencido de que el muchacho es un iluminado de los dioses, o un milagro enviado a la tierra. Hay algo que hace a Wakatoshi especial, y sabe que no es solo su percepción sesgada en el asunto la que habla.
Wakatoshi cree que es fácil, así que es fácil, ¿no es así?
—Es el último punto, y Wakatoshi está sacando —habla repentinamente, sorprendiendo al equipo que ya está más que acostumbrado a que no aporte mucho más que los sorpresivos e inconstantes saltos—. Si lo salvamos, Eita... definitivamente no se lo pasará a él.
Por supuesto, no lo comprende instantáneamente.
Satori no es otra cosa sino terco y reacio a cambiar su manera de hacer las cosas. Y cree que no debería estar tan dispuesto a cooperar con la misma gente permitió que estuviera encerrado en un almacén, el año pasado.
Pero, Wakatoshi no es eso. Tampoco Reon, o Eita. Diablos, ni siquiera Hayato tiene la culpa.
Así que, ¿con quién está frustrado, realmente?
—... ¿Estás pidiendo permiso para ir a bloquear solo, Satori? —pregunta el capitán del equipo B.
—En caso de equivocarme, no quiero arruinar el ritmo del resto... así que...
Sin embargo lo interrumpen—. Está bien —responde con una sonrisa paciente—. Te cubriremos.
El silbato resuena, y Wakatoshi hace su saque. En su lado, Hayato lo recibe; es una buena recepción, Satori puede ver que el muchacho está mejorando a paso veloz desde que Wakatoshi y él se quedan hasta tarde practicando saques y recepciones.
—¡Balón libre! —gritan al otro lado de la red, antes de hacer un pase a Eita.
El mundo transcurre frente a sus ojos, como un video en cámara lenta. Conoce el juego de Eita como la palma de su mano, y por eso mismo, sabe que si cae en sus trucos el rally va a morir antes de nacer. Su lado tiene 23 puntos, y ellos 24. Entrarían en deuce, y los últimos dos puntos definitivamente irían a Wakatoshi.
Pero el ahora sigue transcurriendo. El balón toca los dedos de Eita.
Wakatoshi, fuera de rango. Muy lejos, muy cansado, y Eita es muy presumido para depender de él. Las fintas elegantes que ha visto en algunos videos también están descartadas; Eita es presumido, no un genio, y está consciente de eso. Mira a la izquierda, el número ocho se retrasó en su salida, ya es demasiado tarde. El tres va muy temprano.
¿La pasará a Reon? Sí o no. Una sola opción posible. El resto de los bloqueadores le están dando espacio. El equipo le cubre la espalda. Puede hacer su jugada.
Puede volar.
—Salta, Satori.—
—¡No puedo creer que nos alcanzaron en el último momento posible! ¡Creí que teníamos el partido en la bolsa, vamos! —Las quejas de Eita resuenan mientras se reúnen para estirar.
—Fue un impresionante giro de eventos —concede Reon pocos segundos después—, pero sería injusto decir que fue inesperado.
—¿Están bien tus manos, Tendou? —pregunta a su vez Wakatoshi.
—Wakatoshi-kun, es la tercera vez que lo preguntas, ¡estoy bien! ¡Estoy bien! —responde de forma cantarina, sin mover mucho los dedos—. Ya les puse cinta, ¿ves? Es lo de siempre.
—Tus bloqueos fueron impresionantes —le dice, derramando honestidad como siempre lo hace. Satori sonríe ampliamente—, sin embargo tu equipo reaccionó de forma distinta a tus jugadas en los últimos sets, ¿qué cambió?
—Pues... alguien me dijo que debía volverme inconveniente solo para el equipo rival —responde, sintiéndose repentinamente tímido. Usar el consejo de Wakatoshi en su contra, en serio, ¿por qué tiene que ser así?—. Tan solo me aseguré de mantenerlos al tanto de mis movimientos. Mi equipo tiene derecho de saber qué hare, ¿no?
—Me alegra que finalmente lo entiendas, Colorado. Creí que en serio tendría que amarrarte a la banca esta temporada.
Se detienen en seco, observando el origen de esa afirmación. La entrenadora le regresa la mirada.
Hay miradas y miradas. Satori las lee todas. En un juego, lee el engaño, la determinación, el miedo, la derrota. La victoria, la alegría. Fuera del juego, la vida es más compleja que eso. Los sentimientos, más difíciles de comprender.
Los ojos de esa mujer, están llenos de un sentimiento que siempre ha visto. Dirigido a otras personas, claro, pero está allí. Y lo mira a él.
—Al entrenador Washijou no le importa qué tan excéntrico y de doble filo pueda ser un jugador: está dispuesto a tomar ese riesgo —dice la mujer, mientras que el resto del gimnasio escucha en un silencio sepulcral—. Si puedes ganar, puedes jugar.
—Pero... usted dijo...
—Que no puedes jugar solo —repite ella—. Jugar solo en un deporte de equipo es la mayor ofensa posible a tus compañeros, a tu entrenador y a tus rivales.
A veces, la vida tiene curiosas formas de morderle el culo a las personas.
—No importa qué tanto tengan que cuidar del trasero del as cuando estén en preparatoria —dice esto, mirando momentáneamente a Wakatoshi—, ningún jugador es más importante que otro. Ningún jugador es indispensable. Pero por sobre todas las cosas, ningún jugador es inútil.
Pero, así venga enmascarado en forma de un regaño y una pequeña y enojada entrenadora, Satori está seguro de esto.
Nadie nunca lo ha mirado con orgullo en los ojos. Y eso es definitivamente algo que planea repetir.
Satori siempre come helado después del entrenamiento, pero el de ese día sabe un poco más dulce.
—Alguien aquí luce alegre —comenta Eita de forma juguetona, dándole un empujón.
—Jugaré en los partidos, tuve una calificación alta en la prueba de hoy, ¡y compré el DVD de toda la primera temporada de Naruto! ¿Necesito más motivos para ser feliz?
—Eres un simplón —resopla el otro—, pero, me alegro.
—¿Sí?
—¡Por supuesto! ¡Soy tu amigo, tontopollas! —exclama Eita, ofendido. Hace un ademán para empujarle de nuevo, y Satori protege su sagrado helado de chocolate—. Y además..., creí que nunca te vería sonreír honestamente.
—¡Mis sonrisas siempre son honestas! —Eso es tan falso que probablemente viene con una marca pirata.
—¡Já! Buena esa, y ahora me dirás que te gusta Wakatoshi o algo así, ¿no?
Y, tan pronto como cree que está todo en calma, su mundo se desmorona ante sus ojos.
—... ¿Qué? ¡No digas locuras, Semisemi! —responde, en un tono demasiado agudo. Un segundo demasiado tarde. Bordea en lo histérico. Dios, que no se de cuenta, se dice a sí mismo.
—Lo sé, ¿no? No hay forma en que... tú —El tiempo se detiene. Eita lo mira directamente a los ojos, y siente cómo lenta pero seguramente, descubre la farsa más grande de todas—... ¿Tendou?
—Oh, mira, ya se acabó —comenta, observando el pocillo vacío en el que antes estuvo su helado—, bueno, me voy a comprar otro y-
—¿Eres gay?
No recuerda su vida antes de Semi Eita, el primer chico que se le acercó a hablarle sin malas intenciones de por medio. La primera persona a la que llamó amigo.
Era un mundo solitario, el mundo antes de. Y a veces lo echa de menos.
No lo malentiendan ahora, porque él ama a sus amigos. Tan solo, estaba acostumbrado a cierto estilo de vida. Un estilo de vida terrible, caótico y solitario, pues sí; era suyo. Esa era su vida. Esas fueron las condiciones bajo las cuales se inventó toda una nueva personalidad para lidiar con el mundo.
No te apegues. No hagas conexiones. Bajo ninguna circunstancia dejes que alguien vea bajo la máscara. Y por sobre todas las cosas, siempre se el monstruo que todos creen que eres, que todos esperan que seas.
Los monstruos son raros. Los monstruos son fuertes. Los monstruos no lloran.
Satori ya no sabe cómo dejar de fingir que es un monstruo.
Pero, eso es justo lo que pasa cuando deseas dejar de estar solo, ¿no? Ya no puedes seguirle mintiendo a las personas a las cuales llamas amigos.
Aun así, lo intenta. Por dios que lo intenta.
—Que locuras dices, Semisemi, ¡claro que no soy gay! —responde el otro, fingiendo ofenderse profundamente.
—¡Hey! —reclama Eita, enojándose instantáneamente—. ¡No lo digas como si fuera algo malo!
—¿Malo? Seguro que no, pero no soy un puto maricón, Semisemi. Que asco.
Debió predecirlo hace años. O quizás sí que lo había hecho, y decidió ignorarlo.
Las mentiras, se desvelan todas eventualmente. Si son mentiras pequeñas, es un impacto pequeño. Si son mentiras grandes, es un impacto grande. Así de simple.
Satori, mentiroso extraordinario, está en deuda con la verdad.
Así que, realmente, debió prevenir que tarde o temprano —más temprano que tarde— todas sus mentiras le explotarían en la cara.
—¡No puedo creerlo! —Eita finalmente estalla, al borde de las lágrimas. Con el rostro de alguien que acaba de ser apuñalado por la espalda—. ¡¿Tú?! ¡¿De todas las personas?!
—¡¿Y ahora de qué me hablas?! —La situación lo está poniendo nervioso. No ser capaz de leer a Eita como normalmente lo hace, lo pone extremadamente ansioso. No sabe qué decir. No sabe qué mentira contar. Y sobre todo, no sabe qué ha hecho para enojar a Eita.
—¡Pensé que de todas las personas en el mundo, entenderías si te lo contaba! ¡Se supone que no eres como el resto, Tendou!
Y empieza a alejarse. Y corre, y corre, y Satori se encuentra corriendo tras él.
No puede ser, se dice a sí mismo. No puede ser eso, tiene que ser una broma, tiene que serlo.
—¡Eita, espera! —grita sin aliento, sujetándolo del brazo al último momento posible. El otro se suelta con brusquedad, y sigue de largo—. ¡Eita! ¿Qué diablos hice? ¿Cómo que soy como el resto?
—Ya no me hables, Satori —espeta el otro, furioso—. Obviamente tienes la decencia de sentirte mal por ti mismo cuando otros te miran raro, pero, ¡supongo que incluso para ti, ser un puto marica sería demasiado!
—¡Pero es que no lo soy! —insiste, quizás para sí mismo. Pensando que si repite la misma mentira las veces suficiente, se hará realidad.
No se da cuenta que ya el daño está hecho.
—Pero yo sí —responde, mirándole directo a los ojos. Es un reto, porque después de todo, Eita no es un cobarde como él, que se esconde de sus problemas y miente sobre todo lo que se puede mentir sobre la faz de la tierra—. Soy gay. La mujercita del equipo, Satori. Y pensé que si te lo decía, lo entenderías —Las lágrimas no caen. Eita es demasiado orgulloso para eso—. Me equivoqué.
—... ¡Va-vamos, Eita! ¡Semisemi! ¡Sabes que no era en serio!
—¿No soy un puto maricón? ¿Solo gay? ¿Todos los que son iguales a mí, sí son putos y maricones y asquerosos, pero yo no porque soy tu amigo? ¡No jodas, Satori! ¡Así no es como funciona esto!
Y él es el único culpable.
Generalmente, cuando se siente triste, lee sus volúmenes favoritos de sus mangas favoritos, y dibuja la historia de sus sueños. Se pone su pijama favorito y come helado y chatarra hasta saciarse.
Últimamente no tiene ánimos ni siquiera para intentar comer.
Él debió predecir que todas sus mentiras eventualmente regresarían a cobrar su deuda pendiente con el universo. Cada acción, tiene una reacción.
Satori no sabe cómo dejar de mentir. Cómo dejar de huír.
Todo lo que esconde, desde cosas tontas como que los de la reserva todavía tienen las santas agallas de meterse con él cuando camina solo, hasta cosas que alguien podría considerar como asunto serio. Su salud deteriorándose con la llegada de la primavera —porque cada estación le trae una maldición—, y las heridas que no sabe exactamente cómo ocultará cuando llegue el calor.
Es fácil, y es algo que hace por costumbre, porque nadie nunca está lo suficientemente interesado en escuchar lo que tiene que decir.
Siempre se ha escondido, tras un apodo, tras una sonrisa. Siempre se esconde porque eso es lo que sabe hacer. Miente porque la verdad nunca es sencilla, rara vez es fácil y siempre duele.
Está cansado. Está cansado, y esta vez es todo su culpa.
A veces desea ponerle pausa al mundo. Pero la vida continúa, y con él, las consecuencias del caos que acaba de iniciar.
—¿Qué ocurrió entre tú y Eita?
La separación es dolorosamente evidente. Reon es el primero en poner el dedo sobre la herida, en cuanto Eita no se sienta con ellos en el almuerzo y le dedica una mirada cargada de odio —una que tiene bien merecida por idiota idiota idiota— a Satori.
—Yo... dije algo realmente estúpido —dice vagamente.
—... Eso no es nuevo —comenta despreocupado. Satori se atraganta y ríe un poco—. No tienes un buen filtro verbal, Tendou.
—Me traía despreocupado hasta ahora, pero esta vez... la cagué a lo grande —responde cuidadosamente, inseguro de cómo tratar el tema—. Dime, Reon, ¿cómo reaccionarías si un amigo cercano te revelara que es... diferente?
—¿Diferente que tiene dedos extras en los pies, o diferente que pone leche antes del cereal? —Ahora ríe en voz más alta. Quizás, piensa, Eita debió haber hablado con Reon y no conmigo. Reon definitivamente es más listo y honesto, y todo lo que Satori no es.
—Diferente que... le gustan cosas diferentes.
—Pues, sería hipócrita de mi parte juzgar a las personas por lo que les gusta —Satori lo mira fijamente, como esperando clarificación—. Le pongo piña a la pizza.
Claro—. ¡Eso es un sacrilegio, Reon! —exclama, riendo sonoramente. Sí, definitivamente él y Reon no están pensando en la misma cosa-
—Y soy bisexual.
Bueno, mierda.
—¿Lo eres? —Satori está a un paso de preguntarse si no tiene amigos heterosexuales. ¿Fue instintivo? ¿El mito del radar gay es verdadero, después de todo?
—Sí —admite con aparente tranquilidad, pero Satori puede verlo jugando con sus dedos, en un intento por calmarse—, y de acuerdo con Eita, ayer no fuiste igual de comprensivo.
Oh... —Entonces, ya te lo dijo, ¿no? —pregunta, bajando la mirada y sintiéndose avergonzado.
—Concuerdo en que lo que dijiste fue una idiotez, y Eita está en su derecho de estar enojado contigo por un lapso de tiempo indefinido —Da un respingo ante el regaño. Por supuesto, se lo merece—. Sin embargo estoy más calmado de lo que estaba él ayer.
—¿Y eso importa porque...?
—Porque puedo ver que, claramente, estás mintiendo.
Se hace silencio en la mesa. No es difícil, solo están los dos —Satori no tiene ni idea de a dónde pudo haber ido Wakatoshi, pero ese día no almuerza con ellos—.
Las voces a su alrededor suenan distantes, como si fueran parte de otro plano totalmente. En su mente, es ruido blanco, juntándose hasta volverse incomprensible, como la televisión sin señal, como el ruido de los ventiladores.
Reon lo sigue mirando.
—¿Y qué si estoy mintiendo? No cancela mágicamente la idiotez que le dije. De hecho, lo hace aún más estúpido —responde, siendo honesto por una fracción de segundo.
Reon acepta esa fracción de segundo de honestidad—. ¿No será que te da miedo confiar en alguien, Tendou? —pregunta con seriedad—. No creí que fueras un cobarde.
Resopla—. No lo entenderías.
—Eita te confió su secreto más grande, y mira lo que hiciste con eso —El recordatorio le punza. Él es el culpable aquí, no la víctima, y Reon no se aguanta la lengua para decírselo con claridad—. Si alguien aquí no es de fiar, ese eres tú.
—¿Y qué? ¿Esperan que simplemente empiece a confiar solo porque me lo piden? —No tiene derecho de sonar de esa forma. Aún así lo hace.
—No sé lo que quiera Eita, ni Wakatoshi —responde en un tono final—. Personalmente, me gustaría saber si naciste mintiendo, o si en algún punto de tu vida fuiste honesto.
Sin quererlo, sonríe juguetonamente—... Eso es de un-
—Se lo que es, y no me siento orgulloso —le corta en seco, antes de poder siquiera decirlo—. Simplemente pensé que lo apreciarías.
Definitivamente, no se merece los amigos que tiene.
—Gracias —susurra como respuesta.
Reon le sonríe, y le da una palmada en el hombro—. No escapes de tus problemas, Tendou.
Satori no sabe cómo hacer eso.
TAMARINDO IS BACK IN TOWN
Bueno, les cuento la cronología de eventos: primero, me cambié de laptop. Después, perdí el respaldo del documento con este capítulo. Entonces entré en hiatus de negación porque ese capítulo era burda de calidad. Luego empecé a escribir de nuevo. Y cuando el capítulo nuevo ya estaba listo ENCONTRÉ EL RESPALDO DEL CAPÍTULO QUE HABÍA PERDIDO.
Toda una experiencia amiguitas. Espero no repetirla.
Mientras desaparecí (jaja) esta historia de alguna manera llegó al #1 del tag UshiTen en Wattpad. No se cómo sucedió eso, en realidad no se cómo funcionan los rankings de juanpad. ¡Pero todo es gracias a ustedes, y al niño maravilla Wakatoshi-kun!
Si la fuerza me acompaña no vuelvo a desaparecer así, lo prometo lfkjflkasj
Stay tunned!
;Tamarindo Amargo
