INTERLUDIO: La vida y mentiras de [Tendou] Satori.
ADVERTENCIA: Homofobia real e internalizada. Sexismo. Violencia. Acoso.
Ushijima Wakatoshi es un hombre ordinario, hecho de cosas ordinarias.
Una persona se moldea de acuerdo a sus opiniones, y estas son bastante promedio. Cree en la justicia y la igualdad, le desagrada romper las reglas pero también está consciente de que existen reglas que son tontas. Está de acuerdo con muchas cosas, y en desacuerdo con muy pocas, como eso de que aquellas personas que se consideran a sí mismas sinceras, suelen ser las más mentirosas, doble-caras y traicioneras del mundo. No sabe de dónde ha salido esa idea tan extraña y francamente no la comparte. Tampoco le gusta ponerle piña a la pizza.
Cree que con todo y todo, es una persona buena y normal.
Sin embargo con los años, las personas a su alrededor ya no lo tratan como una persona normal, como alguien ordinario.
Ushijima Wakatoshi. El apellido de su madre. El nombre que su padre le dio.
Sabe que lo que lo ha hecho popular es su forma de jugar. Está bastante consciente de que lo consideran como el jugador más prometedor de Miyagi. Su mano izquierda es poderosa, él es poderoso. Y las personas suelen sentirse atraídas por ese simple poder, tan simple como su nombre.
La bendición de su madre. La pasión que su padre le dio.
A pesar de que sus padres se divorciaron, está consciente de que no le faltó nada. Siempre tuvo educación, comida sobre su mesa, una escuela a la que asistir y un deporte en el cual participar. Siempre tuvo una cama en que dormir y un techo sobre su cabeza. Sabe que, comparado con muchas personas alrededor del mundo, tiene una vida sencilla y afortunada.
Tampoco puede decir que tenga problemas académicos, porque no es así. No es un estudiante estrella, pero está lejos de reprobar. Aún tiene que llegar el día en que sus profesores tengan alguna queja con respecto a él. Así que, está bien.
Su vida es como él, y es como todo lo que lo rodea. Simple y normal.
Le gusta su vida simple y normal.
A él le gustan las cosas simples, las cosas que puede comprender y predecir. Le gusta que el clima se comporte adecuadamente, por lo que siempre se asegura de contribuir de forma positiva al ecosistema. Le gusta también, tener relaciones interpersonales que sean claras, por lo que es directo y evita mentir.
Cree que es ordinario.
El mundo, como sea, se asegura de tratarlo de todas las formas posibles, excepto las ordinarias.
Como sus opiniones son simples, generalmente dibuja y desdibuja el mundo a su alrededor con sus rasgos más prominentes. Eso no significa que no pueda apreciar las cosas complejas, intrínsecamente detalladas. Tan solo, comprende las cosas más rápidamente si las reduce a su expresión más pura.
Cree que tiene muy buenos compañeros, a pesar de que muchas veces no pueda simplificarlos.
Cree que Hayato es trabajador, enérgico y optimista, en general una mezcla positiva y buena influencia para el equipo. Ohira es tranquilo y serio, sabe bromear cuando es el momento adecuado y cuida de las personas a las que quiere. No comprende muy bien los brotes violentos de Semi, pero sabe que es una persona honesta y generalmente guiada por sus emociones.
Y Tendou es… Tendou.
Su vocabulario no es tan limitado como muchas personas tienen la tendencia de creer cuando lo conocen. Cree que está bien letrado. Eso, como sea, no significa que sea capaz de describir ciertos fenómenos.
Porque han pasado casi tres años y, no importa cuánto lo intente, Wakatoshi no es capaz de llegar a ninguna conclusión en lo que respecta a Tendou.
Tres años atrás, cuando se mudó a los dormitorios del Shiratorizawa, su vida cambió por completo.
La academia élite de Miyagi, cuenta con un campus inmenso en el cual se le da hogar a miles de estudiantes, desde escuela media hasta la universidad. Todos saben que no puedes entrar sin una recomendación o cantidades casi ofensivas de dinero.
Wakatoshi sabe que está estudiando allí, porque su padre estudió allí también. Es una de las pocas cosas que su abuela llegó a aprobar del hombre, por lo tanto Wakatoshi tuvo permitido ir a la escuela en lugar de seguir recibiendo clases en casa por medio de un tutor privado.
—Lamento la intromisión —dijo apenas abrió la puerta del que estaba asignado como su dormitorio. Dentro escuchó algo moverse, y supo que ya tenía compañía—. Mi nombre es Ushijima Wakatoshi, soy su compañero de dormitorio. Encantado de conocerlo.
Le devolvió la mirada un chico de piel morena y cabello corto, visiblemente sorprendido por su forma tan elegante de hablar. Estaba desempacando sus pertenencias en un lado de la habitación, y Wakatoshi no pudo evitar notar que eran un par de cajas más de las que él poseía.
—Um, lo lamento —Fue lo primero que salió de su boca—. Me gusta dormir cerca de la puerta, ¿eso te incomoda?
—No —respondió con franqueza.
—¡Oh! Que alivio. Espero que no creas que soy desconsiderado —El muchacho se puso de pie con prisas para recibirlo, con una sonrisa mucho más calmada—. Mi nombre es Ohira Reon. El placer es todo mío, Ushijima-kun.
—Para nada. Llegó antes, así que tiene el privilegio de elegir —explica con calma, mientras deja sus pertenencias sobre la cama restante—. Un gusto, Ohira-kun.
Ohira es discreto, y Wakatoshi aprecia eso desde el fondo de su corazón. Nunca le ha gustado ser el centro de atención en cosas que no se relacionan a voleibol y no sabe exactamente cómo podría reaccionar a llamar la atención de todos en un ámbito social.
Si lo piensa, en cierta manera es el primer amigo de su edad que ha tenido en su vida.
Wakatoshi creció dentro de los límites de la residencia de la matriarca Ushijima; su abuela. Allí, las únicas otras personas con las que llegó a interactuar fueron su madre, su padre, su tutor privado y la misma abuela.
En algún punto de su vida, su padre también desapareció de la imagen, y sus días se volvieron mucho más silenciosos.
—Este sitio es… —calla un momento, tratando de encontrar las palabras adecuadas para describir el bullicio del comedor, todas las personas diferentes que ve en el campus y en general la cantidad de estímulo social que está recibiendo de golpe— Vívido.
—Te educaron en casa, ¿no, Ushijima? —pregunta Ohira, acompañándole fielmente. Wakatoshi solo acierta a asentir con calma, aún sin acostumbrarse a tanta y tan constante compañía—. Um, ¿qué tal el cambio? ¿Cómo lo llevas?
—Tengo un… constante dolor de cabeza —trata de explicar. Ohira lo observa, alarmado—. La consejera escolar sugiere que es el extremo cambio de ambiente.
—Tómatelo con calma —dice Ohira con una sonrisa relajada—. ¿Vas al gimnasio ahora?
Wakatoshi asiente, para luego recordar que las respuestas no verbales últimamente le causan problemas—. Sí. Me uniré al equipo de voleibol.
—¡Oh! Eso es genial, yo también planeo unirme. ¿Eres bueno?
—No lo sé —admite con honestidad—. Es la primera vez que he estado en un equipo.
—Espera, ¿nunca? ¿Nunca, nunca? —Ohira lo observa, incrédulo—. ¿Ni siquiera el equipo en tu vecindario?
Niega con la cabeza—. No hay un equipo en mi vecindario.
—¿Y no juegas con tus vecinos siquiera? No cuenta como equipo, pero aun así.
—No tengo permitido salir de casa.
Su vida cambió drásticamente cuando empezó a estudiar en Shiratorizawa.
Wakatoshi descubrió que quizás no es tan ordinario como siempre creyó ser.
Le advirtieron tanto a su madre como a su abuela, que podría experimentar algo llamado shock de culturas al ser expuesto tan bruscamente al mundo. Que deberían prepararse para lo peor.
Wakatoshi no decepciona a sus profesores, queda seleccionado rápidamente en el equipo y pronto deja atrás los dolores de cabeza. Su familia se despreocupa, pero sinceramente él no comprende qué los pudo tener tan ansiosos en primer lugar.
Su primer año pasó sin mayores complicaciones, llevaba una relación estable con Ohira y se atrevía a decir que quizás eran amigos —nunca antes había tenido uno, pero supone que así es como debe sentirse—. Su vida seguía el plan, y ese plan le hacía sentir seguro.
Lo simple. Lo planeado. Lo predecible. Las cosas que sugieren calma y estabilidad, así sean monótonas y ajustadas a una rutina insípida, son las que le hacen sentir a salvo.
El mundo real no es seguro ni estable, no es el mundo que creó dentro de los muros de la residencia de su abuela, pero en tanto sea capaz de prever todo y anticipadamente prepararse, estará bien.
En tanto su vida sea estable, estará bien.
O eso creyó, hasta que él llegó a su vida.
Durante un año entero, escuchó el nombre Tendou Satori ser susurrado en pasillos y aulas. Las descripciones eran bastante incomprensibles para él, quería suponer que no eran literales, o de lo contrario empezaría a pensar que en realidad hablaban de un ser sobrenatural y no de un ser humano.
Los susurros mencionaban a un monstruo. Un bicho, de apariencia desagradable. Dientes torcidos amarrados por una ortodoncia exuberante, creando así una sonrisa horrorosa. Monstruo. Bicho. Feo.
Decían que su voz chirriaba como uñas sobre un pizarrón, que su risa era como escuchar una orquesta desentonada y que su personalidad era desagradable y repelente como el olor a basura podrida.
Que era anormal, tenía que serlo. Solo miren ese pelo rojo.
Por mucho tiempo, Wakatoshi se preguntó quién sería este Tendou Satori. Un año entero compartiendo colegio, piensa él, sería suficiente para ver —¿u oler? Decían también que desprendía un olor nefasto— a una persona tan singular.
Probablemente jamás habría dado con él, si esos mismos susurros no hubieran llegado al gimnasio.
—Míralo, ahí va —escuchó susurrar a uno de sus senpai del equipo. Estaban en un grupo, señalando y viendo de arriba abajo a alguien que acababa de entrar al gimnasio—. Que bien que ya terminamos por hoy, no quiero estar en el mismo edificio que el tramposo embustero de Satori.
—¿Terminamos por hoy, senpai? —preguntó educadamente. Al observar el reloj, notó que marcaba una hora antes de su salida usual.
—Ah, sí Ushijima-kun —respondió el capitán cortésmente—. El entrenador dijo que desalojáramos antes para que pudiera evaluar a los de la reserva. Buen trabajo hoy.
—Gracias, senpai.
Al darse la vuelta decidió buscar a Ohira para ambos retirarse. No estaba atrasado en sus deberes, pero el inglés le daba problemas y Ohira estaba mejorando rápidamente, por lo que su ayuda siempre era bien recibida.
Sin embargo, no fue a él a quien se encontró a sus espaldas.
—¿Ushijima Wakatoshi-kun?
Wakatoshi miró al frente. Y luego, un poco hacia abajo.
Se encontró con una mata de pelo rojo. Un rojo que solo podría ser comparado con el de la sangre, con el carmín que su madre y abuela llevaban en los labios y el de las flores en el jardín. El rojo de sus ojos.
Fue entonces cuando todo el universo pareció pausarse por un momento.
—¿Está bien si practico mis bloqueos contigo?
Y desde ese momento, su vida entera empezó a girar fuera de control.
Tendou Satori podría ser comparado con una fuerza de la naturaleza. Un desastre a gran escala, como un tsunami o un tornado. Algo impredecible e inevitable como la erupción de un volcán.
Puede ser comparado como el paso de las estaciones, como el paso de la vida humana por el universo y la existencia misma de las estrellas.
La ciencia lo describiría como un evento anormal, como algo que no debió ocurrir pero que aun así ocurrió. Como un efecto del caos del universo.
Cuando lo conoció por primera vez, creyó que lo llegaría a odiar. Porque, Tendou es todo lo que él no.
Es ruidoso, es llamativo, no sabe cuándo es momento de callar y dice muchas cosas que carecen de lógica. Y Wakatoshi, ordinario y rígido como es, no puede soportar los sinsentidos ni las estupideces. Creyó que sería mejor ignorar a Tendou, y que este eventualmente comprendería que no deseaba estar en su compañía.
Trató de encontrar excusas y pretextos, para no herirlo con palabras cuando el inevitable día llegara. Deberes. Práctica. Cansancio. Evadirlo. Buscaba un pero, pero…
Pero.
Pronto se encontró a si mismo prestando atención al pelirrojo y tratando de entender lo que decía. Se encontró recordando sus mangas favoritos y comprándolos cada vez que tenía la oportunidad, así ninguno le resultara verdaderamente interesante.
Se encontró preocupándose por él, y haciéndose amigo de sus amigos, y almorzando juntos también.
Semi entró a su vida como si siempre hubiera estado allí y Ohira le dio la bienvenida con la misma familiaridad. Tendou se transformó en su sombra y Hayato se unió a la caravana jurando un día ser el único que podría recibir todos sus ataques.
Pronto, su silenciosa existencia se volvió tan vívida como la de todos a su alrededor y ya no se sentía tan inusual.
Wakatoshi decidió que esa nueva rutina ruidosa y sin sentido, sin parecido alguno a la vida que solía llevar, se convertiría en su nueva rutina. Se sentía seguro.
Y así, el día en que llegara a odiar al caótico y ruidoso pelirrojo, de voz cantarina y amplia sonrisa… jamás llegó.
—Wakatoshi, estás distraído.
La voz de Ohira lo regresa al presente, y Wakatoshi descubre que se ha quedado soñando despierto durante los estiramientos otra vez. Últimamente, es una ocurrencia frecuente, y se pregunta si debería ir a la enfermería.
—Hey Ushi, últimamente estás en las nubes, ¿pensando en alguna chica? —Hayato lo mira con una sonrisa que interpreta como traviesa.
Con el tiempo, aprendió a describir a las personas con rasgos simples. Aparentemente es algo que aprecian, y Wakatoshi también encuentra comodidad en la simplicidad. Ohira es ordenado y un apoyo silencioso. Hayato usualmente es algo distraído, pero se pone serio cuando es momento de jugar. Semi tiene brotes violentos y es realmente emocional.
—No realmente —responde con franqueza—. Tan solo estoy algo ausente.
—Oh, ¿no piensas en nadie en particular? —pregunta Hayato con la misma sonrisa pícara.
Ohira rueda los ojos y lo empuja—. Déjalo en paz, sabes que Wakatoshi no es así.
—Reon, ¡si no estoy diciendo nada malo! —insiste el líbero—. Además, nuestro querido cabezahueca no está aquí hoy para sacarle conversa a Ushi, alguien tiene que hacerlo hablar un poco, ¿no?
Oh. Quizás por eso estoy tan distraído, piensa con calma.
Tendou está estirándose a una distancia considerable del resto del equipo, y todo esfuerzo por atraer su atención ese día ha sido fútil.
—¿Ves? Ya se nos fue otra vez. ¡Tierra llamando a Ushijima! —Hayato mueve las manos frente a su rostro en un intento de sacarlo de su trance.
—Wakatoshi, ¿Tendou te dijo algo? —pregunta Ohira de pronto.
—Tendou dice muchas cosas todo el tiempo —responde con calma.
—Me refiero a hoy —aclara—. Hoy, ¿te ha hablado?
Wakatoshi niega—. No, Tendou hoy ha sido muy poco comunicativo. No lo vi durante el almuerzo tampoco, y no respondió mi saludo cuando llegó tarde a la práctica.
—Suena a que nos ignora, pero con pasos extra —comenta Hayato, estirando sus piernas hasta hacer un Split.
—Tendou no nos ignoraría —responde Ohira, haciendo expresiones de dolor al ver las demostraciones de flexibilidad del líbero—. Creo que está pensando.
—¿Y Eita también está pensando? Porque tampoco lo he visto hoy —prosigue Hayato.
—Yo hablé con Eita, esta mañana —intercede Wakatoshi, recordando repentinamente que se chocó con el armador de camino a la práctica matutina—. Lucía estresado.
—Así es su rostro —comenta Hayato.
—Estaba preocupado por alguna especie de rumor —dice cuidadosamente, tratando de recordar lo más posible de la conversación—. Se rehusó a explicar qué clase de rumores. Pero, lucía aliviado de saber que no he escuchado nada inusual.
—Menudo drama, ¿estamos en un rom-com ahora? No jodan —Hayato se puso de pie, dispuesto a retirarse a las duchas—. ¿Qué clase de mierda pueden estar diciendo de Eita que no nos puede decir a nosotros? ¡Si somos sus amigos!
Wakatoshi no estaba muy seguro sobre cuáles eran los términos y condiciones para tener una amistad con una persona, por lo que se guiaba con los consejos de Ohira al respecto, y muy ocasionalmente, los consejos de Hayato, Semi o Tendou.
Ha aprendido que, aceptar las peculiaridades y ser aceptado forma parte de este contrato invisible. Escuchar las conversaciones y aportar cuando es necesario. Discutir con Tendou al menos una vez al día sobre cuál es el mejor personaje femenino en el nuevo anime que empezó a ver. Ayudar a Ohira con biología. Recordarle a Semi que lleva alguna prenda de ropa puesta de forma incorrecta. Vendar los tobillos de Hayato.
Creyó que, acompañarles cada día era parte de esa relación. Sin embargo, Ohira le ha dicho que a veces no intervenir cuando dos o más partes del grupo se encuentran discutiendo, es el mejor curso de acción. Wakatoshi lo escucha.
A él le enseñaron a no meterse en los asuntos que no le incumben.
Sin embargo, la incertidumbre es una de las cosas que más odia.
—Ohira —Wakatoshi finalmente habla después de un rato, mientras que todos se están cambiando la ropa. Semi ya se ha ido, y Tendou una vez más es el último en terminar—. ¿Podrías decirme qué ocurrió entre Semi y Tendou?
—Ah… incluso si me lo pides educadamente, no sé si es algo que debería decirte yo, Wakatoshi —responde Ohira con una sonrisa educada. Nerviosa. Educadamente nerviosa.
—Es… ¿algo personal? —pregunta cautelosamente. Querer saber los asuntos personales de otras personas es intrusivo y descortés, no importa que sean tus amigos.
—No exactamente —responde, como midiendo sus palabras—. Es algo que no debería decirse con tantas personas escuchando. Es algo que, sería mejor que supieras de primera mano por Eita o Tendou.
—Entonces le preguntaré a ellos —decide con seriedad.
—Wakatoshi…
—Ohira, no es mi intención entrometerme o forzarlos a una reconciliación —explica mientras se pone su playera—. Pero si este altercado se prolonga, el equilibrio del equipo se verá en riesgo y sus posiciones también. Semi y Tendou han trabajado muy duro para estar en el equipo, y no quiero que eso se arruine.
—… Como siempre, eres un idiota de voleibol —dice entre pequeñas risas—. Ah, ¿por qué me preocupaba tanto tu reacción?
—¿Reacción?
—No te preocupes, Wakatoshi —dice con una sonrisa—. Hablaré con Eita, de seguro mañana estarás enterado de todo.
—Gracias, Ohira —responde con una sonrisa—. Ah, pero, quisiera saber algo.
—¿Qué podría ser?
—¿Quién es el culpable de esta discusión?
Contrario a la creencia popular, Wakatoshi sí hace un esfuerzo en comprender las situaciones sociales. Sí, le toma más tiempo que a otros. Sí, suele interpretar las cosas de manera muy literal. Pero honestamente lo intenta.
Tener amigos y expandir su visión del mundo, significa que tiene que escucharlos y comprenderlos para que como respuesta, pueda ser escuchado y comprendido. O al menos, así es como cree que funciona.
Por eso, aún sabiendo que es posible que no entienda nada de lo que ocurrió, Wakatoshi está dispuesto a escuchar.
—Hey, Toshi —Semi lo saluda cortésmente, observando los pasillos y el interior del dormitorio—. Um, Reon dijo que estabas algo preocupado.
—Preocupado, sí —responde con calma, abriendo un poco más la puerta para dejarlo pasar. Semi se mantiene en el pórtico—. Semi, no creo que quieras que hablemos aquí parados.
—Ah, lo sé —rie en voz baja cuando lo dice, y Wakatoshi lo observa cada vez más confundido—. Es que no estoy nada listo para decirlo.
—Si no estás listo, no tienes que decirme nada —intenta razonar. Aunque, eso estaría en contra del propósito de esta reunión, piensa.
—No, sí quiero decirlo. Pero, uh, estoy bastante nervioso. Es todo.
—Semi, no comprendo en lo absoluto.
Semi suelta una estruendosa carcajada, y eso parece relajarlo bastante—. Ah, no cambies nunca, Wakatoshi.
Wakatoshi frunce el ceño, sin comprender del todo sus palabras—. El cambio es parte de la evolución. Si no cambio nunca, no puedo mejorar. ¿Por qué querría quedarme estancado?
Semi ríe de nuevo y entra a la habitación, permitiendo finalmente que Wakatoshi cierre la puerta.
La habitación que comparte con Reon es la habitación estándar del Shiratorizawa. Las camas se les están quedando pequeñas, la única ventana que tiene la habitación tiene vistas al campus y el aire acondicionado siempre sopla con demasiada fuerza.
El lado de la habitación de Reon tiene la pared repleta con fotos familiares, sus afiches favoritos de un par de grupos a los que es aficionado y sus jugadores favoritos. Tiene uno o dos libros regados en la cama y una almohada algo ridícula que consiguió en una feria de la cual se rehúsa a deshacerse. Su escritorio está al tope de libros de texto y libretas y nunca puede quedarse vacío por mucho tiempo.
En comparación, su lado de la habitación luce casi inhabitado.
—Esto es incómodo —empieza Semi, rascándose la nuca. Wakatoshi nunca antes lo había visto tan apenado como lo está ahora, y no sabe qué hacer para solucionarlo.
—Realmente no tienes que decírmelo si te causa tanto temor, Semi —insiste, arrepintiéndose un poco de su anterior impulsividad—. Tan solo me preocupaba por ti… y por Tendou.
—Ah, claro que te preocupa ese maldito.
Ante el insulto, Wakatoshi quedó helado. Semi repentinamente lucía lívido—. Estás realmente enojado, Semi.
—Lo siento… Sé que es tu mejor amigo y todo eso —responde con el ceño fruncido. Wakatoshi frunce el ceño de igual forma, porque no recordaba haberse referido a Tendou como su mejor amigo en algún momento. Normalmente es Tendou quien dice esas cosas—. Pero, es un imbécil, Toshi.
—Podrías… ¿explicarte?
—Es… —Toma aire nuevamente, como preparándose para el impacto— Dime Wakatoshi, ¿me odiarías si descubrieras que no soy… que algo en mi es diferente?
—Semi, no comprendo —responde luego de una pequeña pausa, tratando de encontrar algún otro significado a sus palabras—. Diferente… ¿de qué? No existen dos personas exactamente iguales en el mundo.
—Eso es sabio de tu parte, Toshi —responde con una sonrisa más relajada—. Dime, ¿despreciarías a alguien que fuera, físicamente diferente a ti?
Wakatoshi se lo piensa durante unos momentos antes de responder—. No, eso no tiene sentido.
—¿Y si fuera una diferencia que no se pudiera ver? —insiste con el interrogatorio.
—Eso… abarca muchas cosas —admite con franqueza—. Creo que no podría agradarme una persona que no actúe de una manera que no apruebe. No creo que me podría llevar bien con, por ejemplo, personas que hurten por gusto o que sean deshonestas —Nuevamente el silencio se sienta entre los dos. Wakatoshi siente la urgencia de aclarar su anterior declaración—. Pero, no pienso que seas una persona inmoral Semi, e incluso si a veces eres algo violento, sé que no lastimarías a nadie que no se lo mereciera.
—Wakatoshi, eres un maldito santo, ¿lo sabías?
Wakatoshi parpadea un par de veces, sin saber cómo tomarse las palabras de Semi—. ¿Debería sentirme halagado?
—¿Alguna vez has hecho algo mal, eh Wakatoshi? —pregunta él sin responder su pregunta. Sin levantar la mirada—. ¿Has cometido un error tan grande que ha hecho que te quedes despierto en las noches por días enteros, preguntándote por qué tuvo que pasar? ¿Si realmente es tu culpa, o si simplemente has nacido de esa manera?
Cierra su mano izquierda con tanta fuerza, que teme que la presión de sus uñas sobre sus palmas acabe por sacar sangre—. Semi, ¿de qué error hablas?
—Wakatoshi —dice mientras levanta el rostro. Toma aire, y cierra los ojos con fuerza. Luce como si se preparara para recibir un fuerte impacto, y no quisiera gritar del dolor—. Soy gay.
—… Oh.
—Y, creo que me gusta Tendou —prosigue, como si no pudiera detenerse ahora que empezó—. O, me gustaba, quizás. Aún trabajo en eso.
—¿Creí que estabas enojado con él?
—Oh, sí que lo estoy —dice, frunciendo el ceño nuevamente—. Quisiera golpearlo, hasta que se trague todas las cosas que me dijo y se disculpe de rodillas —explica, mientras su rostro se endurece con cada palabra—. Pero, a la vez, quisiera que atravesara la puerta en este mismo momento y me dijera que solo estaba fingiendo y que en realidad me ama con locura. ¿Tiene sentido? —finaliza en un tono lastimero.
Wakatoshi no sabe si debería responder. No cree que tenga ni la menor pizca de sentido, pero también cree que eso no es lo que Semi querría escuchar en un momento así, por lo que se queda en silencio.
—Tendou… él fue la primera persona a la que le dije sobre mis gustos —Semi sigue hablando. Su voz contiene mucha emoción, muchas emociones, la mayoría de las cuales Wakatoshi no puede comprender—. Creí que él me entendería, o quizás eso era lo que deseaba. Pero en lugar de eso, él…
¿Quién es el culpable de esta discusión? Le preguntó a Ohira, horas antes.
Tendou, respondió sin titubear. Pero, ¡no es lo que crees Wakatoshi! Esto es un tremendo malentendido.
No quería escuchar otra palabra.
—Wakatoshi, ¿qué se supone que debo hacer si mi mejor amigo cree que soy asqueroso?
Semi llora, visiblemente estresado. Por educación, Wakatoshi finge que no puede verlo. Nunca ha sabido qué hacer cuando otras personas lloran, y él mismo no es capaz de recordar una época en la que fuese consolado si rompía en llanto.
Comparten el silencio, y Wakatoshi espera que eso sea suficiente.
No tiene otra cosa que ofrecerle.
Semi cree odiar a Tendou. Ohira intenta calmar las aguas para que se reconcilien. Hayato cree que Semi debería partirle la nariz, superarlo y proseguir con su vida.
Tendou no ha mostrado su cara en días.
Wakatoshi ni siquiera sabe qué rayos siente.
En ocasiones así, se encuentra deseando poder ver el mundo como todos los demás lo pueden ver. Se encuentra a sí mismo recordando las palabras de Semi, preguntándose también si es alguna clase de raro por no poder comprender las emociones de las personas que son tan cercanas a él.
Han pasado casi tres años, y no está más cerca de comprender a Tendou de lo que estaba el día en que lo conoció.
Cuando la boca de Tendou dice una cosa, pero todo sobre él apunta en dirección contraria. Cuando Semi mira al pelirrojo desde la distancia, herido y enojado. Cuando Ohira hace todo para no avivar las llamas. Cuando Hayato alza la voz y le llama cobarde.
Espera que por algún milagro, alguna vez sea capaz de entenderlo.
El equipo llama a Semi de maneras despectivas, vulgares y ofensivas. Y en estos días solo puede preguntarse cómo es que nunca antes lo escuchó.
—Buenas recepciones, mariquita —murmuran en dirección del peliceniza.
—Apuesto a que eso es lo tuyo, recibir —Se atreve a decir otro en voz más alta, causando una ronda de carcajadas por todo el gimnasio. La ausencia de la entrenadora en el gimnasio, hace que los comentarios que usualmente se guardarían para sí mismos, salgan a la luz.
—Kira-kun —Wakatoshi alza la voz en dirección al ofensor, en tono severo. El muchacho se yergue, y lo observa, retándolo con los ojos—. Esa clase de comentarios insultantes no tienen lugar, dentro de este gimnasio.
—Lo que digas, capitán —responde en el mismo tono burlón—. Dime Ushiwaka, ¿lo defiendes porque te lo cogiste? ¿O porque te lo quieres coger?
—¡Oye! —La intervención de Semi es inevitable. Wakatoshi tan solo puede retener su avance con un brazo, y rezar por lo mejor—. ¡Di lo que quieras de mí imbécil, pero con Wakatoshi no te tienes que meter!
—Bonita pareja, el armador y el as del equipo —canturrea—. Menudo equipo estamos hechos, con dos maricas de titulares.
—Kira, basta. ¿Exactamente con qué pruebas afirmas que Semi es gay? —Ohira cruza el gimnasio para unirse a la discusión, y Hayato trota justo tras él. El edificio se ha sumergido en un silencio mortal—. E incluso si lo fuera, ¿cómo tener un jugador gay nos afecta como equipo? ¿Qué tiene de malo?
—Es antinatural y es asqueroso, eso es lo que es —repone el chico, cruzándose de brazos. Porta una expresión tan sombría como su pelo negro, y Wakatoshi puede observar el disgusto en sus ojos al dirigirse a ellos—. ¿No le da vergüenza, haberse cambiado con nosotros todo este tiempo? Seguro que nos estaba viendo, como un sucio pervertido.
—Cierto, cierto —interviene otro—. ¿Qué no fue uno de segundo que lo acusó de mirón? ¡Acosando a un kouhai! ¡No tiene moral!
—¡Dije una y otra vez que tenía un bicho monstruoso escalándole la espalda! —exclama Semi, cada vez más iracundo—. ¡Los insectos me dan fobia, no me podía mover a matarlo!
—Y ya que estamos, ¿no eres tú quien estuvo en detención en estos días por espiar en el vestidor del equipo de baloncesto femenino? —intercede Hayato, también con el ceño fruncido—. ¡Eres el último que debería hablar de pervertidos!
—¡Eso es diferente! —insiste—. Ellas son chicas, yo soy un chico. ¡Es natural que quiera verlas!
—Bien, tú eres molesto y yo tengo poca paciencia, así que es natural que te golpee ahora, ¿así funciona? —Semi intenta dar un paso al frente, solo para encontrarse retenido una vez más por Ohira y Wakatoshi.
—¡¿Me estás amenazando, mujercita?!
—Kira-kun, detente en este momento, o tendré que pedir tu suspensión del equipo —Wakadoshi habla con seriedad. Nuevamente, el gimnasio calla.
Kira, no retrocede—. ¡Suspenderme dices! ¿Por decir lo que nadie quiere admitir, que hay un marica en este equipo y ese marica es Semi Eita? ¡Deberías suspenderlo a él, por mirón! O, ya que estás siendo políticamente correcto, ¡deberías suspender al bicho de Satori! ¡Llega tarde a las prácticas, holgazanea, y para colmo hoy ni siquiera se presentó! —indignado, toma aire—. ¿Qué? ¿Recibe trato preferencial porque es tu mejor amigo? ¿Igual que a cenicienta no lo vas a reñir porque te la mama de gratis?
—¡Kira! —Lívido, Ohira deja de sujetar a Semi.
—Ahora sí que te reviento —anuncia Hayato, arremangándose la camisa.
—Kira-kun, discúlpate con Semi —dice con el ceño fruncido, usando toda su fuerza para detener tanto a Hayato como a Semi.
—¿O si no qué? ¿Me suspendes? ¡¿Qué tal si le decimos esto a la entrenadora, a ver quiénes quedan suspendidos al final?!
Sosteniendo su carta triunfal, el muchacho les sonríe. Buena parte del equipo, sonríe a sus espaldas. El resto se mantiene alejado del conflicto, sin avivar las llamas pero sin apagarlas tampoco, espectadores del desastre.
Sin saber qué curso de acción tomar, Wakatoshi aprieta la mandíbula con tanta fuerza que teme que sus dientes se quiebren. Semi tiembla de la ira, y apenas es capaz de retener a Hayato. Ohira tiene una mirada tan fría en sus ojos, que casi no puede reconocerlo.
¿Es todo? Se pregunta. ¿Esto conseguirá que nos echen del equipo? Peor aún, piensa. Podrían suspendernos de clases también. ¿Qué dirá Semi a su familia?
¿Qué diré yo?
Sin embargo, el silencio se rompe.
—Vamos, vamos, ¿por qué tan hostiles todos? Realmente luces como si fueras a asesinar a alguien, Wakatoshi-kuuun.
Y, una imparable fuerza de la naturaleza entra en escena.
—Si frunces tanto el ceño, se te van a quedar arrugas, Wakatoshi-kun —comenta en su forma cantarina de hablar. Llevaba tantos días sin escucharlo, que casi olvidaba cómo sonaba—. No lucirías nada apuesto con arrugas prematuras.
Escucha sus pasos acercarse con cierto saltito en ellos. Suena alegre, pero es una clase de alegría diferente a la que Wakatoshi suele escuchar en sus pasos. Casi, suena como si estuviera alegre de una forma violenta. Amenazantemente alegre.
—Satori, cierra el pico. La gente normal está discutiendo —escupe Kira, sin siquiera molestarse en voltear en dirección.
A medida que se acercan sus pasos, los susurros en el gimnasio se hacen más fuertes. Las risas, aumentan también.
En medio de un torbellino de emociones, Wakatoshi ya no sabe si defender a Semi o retener a Hayato, si enojarse con Kira, o si preocuparse por Tendou.
Sin embargo, el pelirrojo aparece ante los ojos del grupo antes que siquiera pueda preguntarse qué está ocurriendo ahora.
—¿Gente normal? Kira-chan, deberías salir de la conversación entonces, has cometido un severo error —replica de forma juguetona, mientras que lame una chupeta de un tono rojo tan vibrante como su pelo. Y, Wakatoshi le recordaría que no pueden comer dulces dentro del gimnasio.
Sin embargo, está un poco distraído —¿confundido?— por la cantidad de piel expuesta.
—¡¿Qu-Qué-Qué diablos traes puesto!? —preguntan múltiples voces, ahora que lo pueden ver claramente. Kira lo observa de pies a cabeza, sin color en el rostro.
—¿A qué te refieres con eso? ¡Es el uniforme, claro! —exclama con una sonrisa—. ¿Quieres ver más de cerca? Hasta me depilé las piernas, ¿sabías que la cera es súper dolorosa?
—¡N-No te me acerques, bicho! —exclama horrorizado, al ver que Tendou extiende su pierna en su dirección. El movimiento levanta más el ya corto short del uniforme del equipo de vóleibol femenino, dejando ver en los muslos de Tendou una prenda increíblemente inapropiada—. ¡¿Por qué diablos llevas un liguero?!
—Porque combina —responde como si fuera la única respuesta posible.
—¡A-Anormal! ¡Sabía que eras una especie de desviado extraño!
—¿Qué cosas dices, Kira-chan? ¡Ni siquiera me dejaste hablar sobre la bonita falda que va con este liguero! Oh, y los tacones también son bastante llamativos, ¡combinan con mi pelo!
Wakatoshi está convencido ahora. Tendou está algo loco.
—¡Cállate! ¡Cierra la boca, bicho raro! ¡Ya no te quiero oír!
—¿Deberíamos detener esto? —escucha a Hayato susurrar.
—Deberíamos, sí —responde Ohira, y Wakatoshi se relaja al notar que suena mucho más calmado ahora—. Pero, no lo haremos.
—¿Eh? ¿No quieres oír? —Tendou lo observa como si sus palabras no tuvieran sentido alguno. Sin embargo, pronto su rostro se ilumina de nuevo con una alegría maliciosa—. ¡Oh! Es porque no eres muy imaginativo, ¿verdad? ¡Será mejor que te lo muestre entonces! Empecemos por la lencería de encaje, es medio incómoda para practicar pero no podía desperdiciar los shorts deportivos-
—¡Ya basta, maldito anormal! ¡Voy a decirle a la entrenadora! ¡No, voy a denunciarte!
—¿Denunciarme? —repite, en un tono grave que enfría todo el gimnasio en segundos—. Denunciarme, ¿eh? Dime, Kira-chan, ¿no eras tú hace unos segundos quien estaba especulando groseramente sobre las vidas privadas de Eita-kun y Wakatoshi-kun? ¿No has sido tú, y tus amigotes allí todos callados como unos pasmarotes y cobardes, los que lo han atormentado por meses? ¡Eso sí que es denunciable!
—¡No te concierne!
—¡Así es, no me concierne nadita! Eita-kun está enojado conmigo después de todo —admite mientras se encoge de hombros—. Pero, Kira-chan, a ti tampoco te concierne. Incluso has tenido las bolas de ir por allí diciéndole a todos algo que no sabes si es cierto —concluye, haciendo una cómica o con su boca, como si exagerase la sorpresa.
—¡To-todos aquí saben que ese de allí no es normal! —dice, señalando a Eita nuevamente. Este hace rato que dejó de intentar golpearlo, y solo se mantiene tras Wakatoshi, observando.
—¿Normal? ¡Claro que Eita-kun es normal! Lo que no sabes es si es gay o no —dice Tendou a su vez—. Pero, por el admirable empeño e interés que has mostrado en hacer que todo el mundo crea que eso es cierto, ¡pensaría que de verdad tienes ganas de que Eita-kun sea gay! Será… ¿Será que te gusta Eita-kun? ¡Escándalo!
—¡¿Qué?!
—Ah, pero Kira-chan, realmente no deberías ir por allí diciendo a todos cosas que no sabes si son ciertas, ¡no importa lo mucho que ames a Eita-kun! Esa no es forma de llamar su atención —dice con una sonrisa traviesa, acercándose cada vez más al otro muchacho—. Si tanto quieres liberar tu sexualidad reprimida, ¡deberías buscar a alguien dispuesto a ayudarte!
—¡¿Ayudarme?! —grita ahora, incapaz de decir más de una palabra por vez. Wakatoshi prácticamente puede ver cómo se le marcan las venas de la sien, y se pregunta si debería preocuparse por la presión arterial del muchacho.
Deberíamos, sí, escucha la voz de Ohira en su cabeza. Pero no lo haremos.
—¡Así es! Y yo, Tendou Satori, en mi infinita benevolencia, he decidido ayudarte así seas una grosera y aberrante plasta de mierda —Tendou cierra la distancia entre los dos hasta que no cabe ni una aguja.
Y, sin ninguna clase de aviso o permiso, lo besa
Los momentos que siguieron a eso, son descritos de diferentes formas depende de a quién preguntes.
Semi lo llama el infierno en la tierra. Ohira cree que fue un pandemónium, o una quema de brujas a pequeña escala. Hayato cree que fue justicia divina, o un castigo de los mismos demonios. El resto del equipo se refiere al evento como el día en que Tendou enloqueció.
Wakatoshi lo describiría como un desastre natural.
—¡Hijo de puta! —grita con fuerza, propinándole un sonoro puñetazo que retumba por encima del bullicioso gimnasio—. ¡No me toques! ¡No te acerques!
Se escuchan gritos, y a gente saliendo del gimnasio con horror en busca de la entrenadora o de algún profesor, al ver un hilo de sangre corriendo de la boca de Kira, y la sonrisa manchada de carmesí de Tendou. Lo ha mordido. Fuerte.
Pero no importa el caos, la risa de Tendou resuena por sobre todos ellos. Amenazantemente alegre.
—Kira-chan —canturrea con una amplia sonrisa que le divide el rostro en dos—. Verás, la vida es rara. Incluso si te quedaras quieto sin molestar a nadie, las calamidades llegarán a tu puerta. Pero —su voz pierde la tonalidad alegre a medida que avanza hasta el muchacho, quien solo acierta a retroceder mientras todos los espectadores huyen de la escena, temerosos de volverse daño colateral—. Si vas por allí, provocando a todo el mundo, entonces no te sorprendas cuando el universo… te muerda.
—¡¿Quién te crees, eh?! ¿¡Una especie de justiciero!?
Los pasos se detienen por completo. Aparte de ellos, el sitio está vacío—. ¿Justiciero? Para nada —responde con calma—. Sólo soy una monstruosa e inevitable calamidad.
La entrenadora llega, y a excepción de Kira y Tendou, se ven obligados a salir del gimnasio. El resto del equipo ronda por el pasillo y la sala de club, curiosos y asustados en partes iguales.
—¿Acaso Tendou se ha vuelto loco?
—¿Él? Lo que pasa es que no lo conocen desde primero, ya era así. Siempre supe que era raro, pero no pensé que era esa clase de raro.
—Y pensar que algunas personas acosaron a Semi sin ningún motivo, menudo malentendido.
—¡Seguramente pensaron que, como Tendou era un desviado, Semi sería igual!
—Tonterías, todo el mundo sabe que los marica se preocupan por su imagen más que una mujer, ¿no han visto cómo viste Semi? No se cómo alguien pudo creer que era gay.
—Las chicas siempre se quejan de que a todos los bonitos les gustan los hombres, ¿cómo habríamos sabido que era él y no Eita-kun? ¡Si es que es feísimo!
Los murmullos los persiguen hasta que llegan a la parte trasera del edificio, donde la sombra de los árboles los cubren. El sol aún está en lo alto a pesar de la hora, pero el cielo es naranja y rojo. El verano se acerca con rapidez.
No importa cuánto piensen en lo que acaba de ocurrir, es un desastre de pies a cabeza.
—Ese idiota —escucha el susurro de Semi a su derecha.
—Tendrá suerte si solo lo suspenden por un mes del club —dice Hayato a su vez, echándose sobre el pasto—. Pero al menos se llevará a ese pesado con él.
—Sin el líder, el resto no se atreve a abrir la boca —Ohira se mantiene de pie, caminando en círculos—. En un tiempo, ya nadie te molestará de nuevo, Eita.
Semi suelta una carcajada, que suena casi como un grito de frustración—. Oh claro, debe estar esperando que lo perdone. ¡Que me arrodille a sus pies! ¿Quiere jugar al mártir, al héroe? ¡Pues bien! ¡Adelante! ¡Pero si pretende que lo perdone por eso, será mejor que no aguante el aliento mientras espera!
—¡Eita! —exclama Hayato, sorprendido—. Oye, incluso si Tendou se comportó como un gran saco de basura, ¡él realmente te ayudó con esta!
—¡Yo no le pedí ayuda! —grita finalmente, con lágrimas en los ojos—. ¡Yo no quería ayuda! ¡No quería que me rescatara como a una doncella en aprietos! ¡Tan solo quería que me diera su apoyo, y lo único que hizo fue insultarme! ¡Ni siquiera tenía que montar todo este espectáculo, con pedirme perdón bastaba, pero ni siquiera me habló por una semana!
Quisiera golpearlo, hasta que se trague todas las cosas que me dijo y se disculpe de rodillas, explica, mientras su rostro se endurece con cada palabra. Pero, a la vez, quisiera que atravesara la puerta en este mismo momento y me dijera que solo estaba fingiendo y que en realidad me ama con locura. ¿Tiene sentido?
No tiene sentido. Wakatoshi aún no lo comprende. Probablemente nunca llegará a comprenderlo.
—Eita, incluso si sigues enojado, él tampoco pidió que lo perdonaras —Ohira intenta tranquilizarlo, pero dicho intento sólo consigue alterarlo más—. Sabes que Tendou no es bueno siendo directo…
—Oh, así que como él no es capaz de funcionar emocionalmente, ¿estoy obligado a redimirlo con cualquier intento a medio cocer? —replica, tratando de apartar a Ohira—. Digamos que lo hago, ¿qué tal si vuelve a ofender a alguien, y hace otro escándalo para que la gente sienta pena y lo perdonen? ¿Cuándo diablos va a aprender?
Pero, aún si su mente aún no se pone en orden, su boca actúa primero—. Semi tiene razón.
Y, lo primero que hace es condenarlo.
—¿Ushi?
—¿Toshi?
—Wakatoshi —Ohira lo observa, y su expresión no podría desbordar más sorpresa—, ¿Tendou no es tu mejor amigo? ¿No vas a defenderlo?
Frunce el ceño nuevamente ante la mención de las palabras—. ¿Por qué siguen diciendo que es mi mejor amigo? —pregunta con calma—. Aún si fuera así, una cosa no invalidaría a la otra. Aprecio a Tendou de la misma forma en que aprecio a Semi.
—Esas son muchas palabras juntas, Ushi —comenta Hayato, con la boca abierta de par en par.
—Ay, Toshi —Semi lo observa con una expresión complicada—. No te tienes que poner en contra de Tendou para defenderme, en serio.
—¿No estabas enojado con él hace un segundo? —Ohira lo observa, tratando de procesar toda la situación lo mejor que puede.
—¡Estoy enojado! No significa que quiera que Toshi y Tendou se peleen —refuta, cruzándose de brazos.
—Eita, ¿te mataría tener una personalidad consistente?
—Cierra la boca, Yamagata.
—Estoy siendo lo suficientemente parcial, Semi, no te preocupes —responde en un tono calmado. Los otros tres detienen su discusión un momento, para escucharlo—. Tampoco me estoy poniendo en contra de nadie, solo opino que Tendou debería disculparse apropiadamente y corregir su carácter.
—Bueno, sí, pero no significa que tengas que negar a Tendou para ser parcial, Toshi. No te estamos acusando de favoritismo ni nada —dice Semi, encogiéndose de hombros.
—¡Eso, eso! Vamos Ushi, lo que dijiste fue tan cruel, incluso Eita dejó de estar enojado para preocuparse —Hayato le da un golpe juguetón en el hombro.
—¡No dejé de estar enojado para preocuparme por él, no seas ridículo! —exclama con una frustración exagerada, cruzándose de brazos y tratando de esconder su propio sonrojo.
—¿He dicho algo cruel? —pregunta nuevamente, sin dejar de fruncir el ceño.
—Bueno, se podría decir que dijiste que Tendou no es tu mejor amigo —responde Ohira, tratando explicarle la situación que acaba de suceder. O, tal vez, tratando de comprenderla él mismo—. Ah, pero estoy seguro de que no te referías a eso Wakatoshi, simplemente no querías sonar como si favorecieras a Tendou sobre Semi, ¿no es verdad?
—Esa no era mi intención en absoluto, solo estoy diciendo la verdad —repite nuevamente, cansado de que pongan en su boca cosas que no ha dicho o pretende decir—. Nunca me he referido a Tendou como mi mejor amigo, es él quien lo sigue diciendo.
El bullicio a su alrededor no se calma. El tiempo no se detiene, ni siente cómo todo se sale de control. No ha dicho nada diferente de la verdad.
Tendou es realmente incomprensible. Sin embargo, cuanto más piensa en ello, Wakatoshi tan solo descubre que no conoce al muchacho en absoluto.
Hubo un tiempo donde creyó que, a pesar de ser ruidoso y algo alocado, era también honesto, trabajador y en general una buena persona. Pero últimamente, tan solo miente y engaña, tan solo se escabulle e intenta evadir sus responsabilidades, tan solo hiere a cada persona con la que se cruza. Entonces, ¿realmente lo conoce? ¿Realmente es la persona que creyó que era?
Wakatoshi no odia a Tendou. No lo odia.
No quiere odiarlo.
Pero, recientemente, teme que el ardor que se anida en su pecho cada vez que cruza sus ojos con los del pelirrojo, la frustración que siente cuando este lo evade y el enojo que lo invade cuando lo descubre mintiendo…
Teme que así pueda sentirse el odio también.
No puede llamarlo su mejor amigo mientras teme estarlo odiando en silencio. Así que no lo hace.
Sus motivos tienen sentido en su cabeza, sin embargo, los tres lo observan como si les hubiera vaciado un balde de agua helada y luego hubiera ofendido a todos sus ancestros.
¿Lo que dije fue realmente malo? Se pregunta. ¿Por qué me miran así?
—Ah —Semi es el primero en recuperar la compostura, sin rastro de alguna vez haber estado enojado. En cambio, ahora lucía afligido—, bien, supongo que todos aquí concordamos en que Tendou no puede escuchar eso. Jamás.
—Apoyo la idea —secunda Ohira inmediatamente.
—Igual —habla Hayato, su voz carente de su usual alegría.
—Un momento, ¿ya no le haremos saber a Tendou que debería rectificar su comportamiento y disculparse apropiadamente con Semi? —pregunta, algo perdido en el flujo de los eventos.
—Le dejaremos esa parte del trabajo a Reon, ¿verdad que sí, Reon? —dice Hayato con una sonrisa amplia.
—Yamagata, estás caminando sobre hielo fino —advierte Ohira con una expresión seria.
—Me temo que ya no comprendo qué está ocurriendo en esta conversación —dice Wakatoshi, poniéndose de pie—. Deberíamos buscar a Tendou para saber qué ocurrió.
—Ah, espero que lo suspendan por un mes, ¡realmente tiene agallas de ponerse el uniforme del equipo femenino y besar al imbécil de Kira frente a todo el mundo! —exclama Semi, también poniéndose de pie y sacudiéndose el césped de sus shorts.
—Tan solo recordar ese mordisco me pone la piel de gallina —comenta Hayato, mientras se acercan al gimnasio nuevamente. El equipo se ha dispersado casi en su totalidad, y Wakatoshi asume que es porque la entrenadora ya dejó de reñir a los dos problemáticos—. Es decir, Tendou usa brakets, esa mierda debió doler.
—Pasará a la historia como la forma más penosa de perder tu primer beso —musita Ohira en un tono extrañamente solemne.
—Considero que tomó medidas innecesarias para lidiar con el problema —dice Wakatoshi, acercándose a las puertas del gimnasio.
—Pues le quedará un bonito ojo negro de recordatorio —dice Hayato entre risas—. Oye Eita, ahora cuando le veas la cara no podrás evitar recordar que defendió tu honor, que romántico.
—¡Oh, cierra la boca! ¡Ojalá le hubiera roto la nariz! —responde el peliceniza, pateando las rocas con las que se cruzan. La rojez vuelve a sus orejas, y Ohira empieza a reír junto a Hayato.
El gimnasio está mortalmente silencioso cuando finalmente llegan, y se preguntan quién lo habrá dejado abierto o si alguien volverá para recoger todo. Sin saber el paradero de las llaves o si el equipo de reserva llegará a practicar, se retiran a las duchas.
Wakatoshi no deja de pensar que, en medio del caos, realmente pasó el día holgazaneando, y hace una nota mental de redoblar su entrenamiento en la semana para compensar el tiempo perdido.
El día eventualmente llega a su fin, y se encuentra a sí mismo preguntándose qué le depara el futuro.
Es extraño, piensa.
Hubo una época donde no se preguntaba tales cosas.
—¿Dos semanas? ¿Estás bromeando?
Al siguiente día, durante el usual trote matutino, llega a escuchar la conversación entre Ohira, Hayato y Semi.
—Y una semana de servicio comunitario después de clases —prosigue Ohira.
—Tantos meses acosándome, ¿para una suspensión del club de dos semanas? —pregunta Semi, con enojo evidente en su voz—. Ni siquiera de clases. ¿Qué no le dieron suspensión de un mes a una chica que se escapó de los dormitorios para ver a su novio?
—La entrenadora también estaba enojada —Ohira jadea, intentando hablar mientras trota y obviamente fallando en el intento—, pero eso no es todo, después se puso peor.
—El idiota de Kira no recibió un buen castigo, ¿qué podría ser peor que eso? —pregunta Hayato, y Wakatoshi se encuentra a sí mismo coincidiendo.
Con el paso del tiempo, ha aprendido que el universo siempre encuentra una forma de hacerte saber que, sin importar las circunstancias, todo puede ser peor. Sin excepción.
—Quieren expulsar a Tendou de la academia.
Hubo un tiempo en que su vida seguía un plan. Era un buen plan, de hecho, bien elaborado y realista.
Pero, al detenerse de golpe, demasiado sorprendido por la noticia—… ¿Qué? —pregunta, sintiendo la boca seca.
Se da cuenta que, realmente, hace tiempo que las cosas no van según lo planeado.
TAMARINDO IN YOUR AREA
Capítulo de 8k pa' que no se quejen de que no les alimento.
Toncs, en otras noticias, deberían leer Mo Dao Zu Shi, o ver el drama, o leer el webcomic, o... O sea, tienen de dónde escoger. La vaina esa me agarró del cuello y ahora no suelta. Supongo que esta será la nueva era en mi vida lmao.
Si alguna vez se sienten mal en su vida piensen en mi y piensen en que tengo tres fics en progreso, me metí en un nuevo fandom y empecé un nuevo fanfic. No sean como yo porfa.
Con cada actualización las advertencias son más lmao.
¿El nuevo personaje cuenta como OC? Pq literalmente no tiene otro uso más que provocar y recibir hate. OC's para rellenar en la trama y recibir odio.
Stay Tunned!
;Tamarindo Amargo
pd: si ustedes se sorprendieron por el momentáneo TenSemi, pues yo estoy más sorprendida que ustedes.
