Anna despertó un poco desorientada y le tomó varios segundos y un par de intentos de estiramiento para recordar lo sucedido algunas horas atrás. La cama a su lado estaba vacía y no le sorprendió encontrarla fría al tacto.

Su ropa estaba acomodada en una prolija pila sobre el baúl a los pies de la cama. Mientras se vestía pudo empezar a apreciar el cuarto a su alrededor, ahora que la luz entraba a raudales por el enorme ventanal.

Los únicos muebles en la habitación eran la cama, el baúl y una solitaria mesa de luz del lado contrario al que estaba ella. Las puertas corredizas de un armario empotrado dominaban la pared frente a los pies de la cama. Por lo demás, no había ninguna decoración, ningún rastro de que una persona real viviera allí, lo que le pareció un poco inquietante.

Al salir al pasillo, ya vestida, volvió sobre el camino de la noche anterior hasta encontrar una sala que de un lado tenía un sillón grande y una tele, con una mesa ratona en medio, y del otro lado una barra con cuatro taburetes separando el sector de la cocina.

Y, de espaldas a ella, la rubia, vestida con un jean algo gastado y una camiseta deportiva al menos dos talles más grande.

"Buen día. Estaba por despertarte," dijo, sin voltearse. "No sabía si tenías un horario que cumplir hoy."

"Buen día," murmuró tímidamente. Su anfitriona se giró hacia ella con una taza de café y una caja de donas y no pudo evitar sonreír agradecida. "Los domingos no tengo horarios, pero igual gracias."

La rubia la miró fijamente un instante y extendió la mano derecha hacia ella.

"Elsa," se presentó. Anna amplió su sonrisa, divertida. ¿Cuánto había pasado? ¿12 horas?

"Anna," contestó, estrechando su mano. "¿Sabes? Fue divertido. ¿Quieres que te deje mi número antes de irme?" propuso, mordiéndose el labio. Al ver que Elsa fruncía el ceño y daba medio paso atrás, casi a la defensiva, se apuró a agregar: "Por si quieres repetir alguna vez, no que vaya a ponerme en modo stalker. No soy stalker, no quiero asustarte. No, eso es lo que diría un stalker y-" La dueña de casa rió con ganas. "Espera, lo que quiero decir es que si tienes ganas de estar con alguien y no quieres tener que pasar por el tedio de la seducción, pues-"

"Entiendo a lo que te refieres, no te preocupes," interrumpió, pasándole su móvil. "Anótalo. No prometo llamarte, pero ¿quién sabe?"

-o-o-o-o-

"Así que puse mi número en su celular, desayunamos hablando de opciones de desayuno, y volví a mi departamento."

"¿Opciones de desayuno?" preguntó extrañado Kristoff apoyado contra la pared del taller.

Los hermanos Bjorgman eran dueños y únicos empleados, y estaban reparando el primer vehículo del día lunes. Pero el chisme no podía esperar.

"Si, ya sabes. Elsa eligió donas, pero en las distintas cafeterías hay opciones dulces y saladas. Hotcakes, galletas, muffins, huevos revueltos, bacon, salchichas," enumeró mientras ajustaba con una herramienta neumática la última tuerca en la rueda de una camioneta. "Fue una conversación cómoda. Nada personal, pero más interesante que el clima. Ya puedes bajarla," indicó. Su hermano se limpió las manos con un trapo y presionó un botón del elevador hidráulico, que empezó a descender hasta que el vehículo estuvo de nuevo en tierra.

"Wow."

Tras unos segundos de silencio, Anna se asomó por encima del capó.

"¿Sólo 'wow'?"

"¿Sabes la suerte que tienes? Encontraste una mujer con la que disfrutaste el sexo como con ninguna y existe la posibilidad de que repitas. No le pasa a cualquiera."

"Te pasó a ti con Ryder."

"Ryder es mi prometido, no es lo mismo."

"Asumo que repites sexo con él, así que es lo mismo."

"Pero tú te ahorras todo el drama de la boda, las invitaciones, decidir qué cenar…" empezó a enumerar mientras se dirigía hacia la oficina interna.

"Amas todo eso, no te hagas el recio," acusó, siguiéndolo.

"¿Y cuándo la llamarás?" cuestionó, tratando de desviar la conversación.

"No tengo su número," confesó, encogiéndose de hombros y dejándose caer en su silla, frente a la computadora del taller.

"Entonces dependes de que ella te llame, ¿verdad?"

"No es como que muera por ella, no la conozco…"

"Mm hm…"

"Pero el sexo fue muy bueno."

"Mm hm…"

"Tendría que haberle pedido su número, ¿verdad?"

"Mm hm."

-o-o-o-o-

Cerca de la hora de cierre, cuando Anna ya se estaba sacando el mono de trabajo, su celular vibró. En la pantalla, un mensaje.

"Soy Elsa. ¿Repetimos?"

"¡Kris!" lo llamó, entusiasmada. El rubio salió del vestuario, ya cambiado, y miró sobre el hombro de su hermana. "Ya no necesito pedirle el número."

-o-o-o-o-

No perdieron ni un instante. Elsa la esperaba ya en ropa interior y nada más entrar empezó a desvestirla. La besó con fuerza y la tomó por la cintura, haciéndola retroceder hasta que las piernas de Anna chocaron contra el borde del sillón y se vio obligada a sentarse con Elsa sobre su regazo.

En esa posición fue fácil sacarle el corpiño, pero lo tenía más difícil con la parte de abajo. No queriendo que Elsa se moviera de allí, optó por simplemente correr la tela y meter dos de sus dedos sin más.

El ritmo fue rápido desde un principio. La rubia movía sus caderas desesperada y Anna no podía más que complacerla. Su mano libre rodeó su cintura para sujetarla, Elsa se afirmó con las manos en el respaldo del sillón y se movieron ambas al unísono.

El clímax de la rubia no tardó en llegar y todas las sensaciones a su alrededor casi sobrecargaron los sentidos de la pelirroja. El interior de Elsa atrapando sus dedos, los pechos balanceándose muy cerca de su rostro, los gemidos fuertes en su oído y la melena platinada todo alrededor... Su perdición fue la lengua que invadió su boca y la hizo temblar de placer, ahogando su propio grito.

Elsa se dejó caer en el sillón, junto a Anna, en el mismo momento que una campanilla sonó en la cocina.

"Dejé una pizza congelada calentándose en el horno, ese es el timer," explicó, aún recuperando el aliento.

"Estaba a punto de sugerirte pedir comida, pero admiro tu previsión," reconoció.

Elsa acomodó las piernas arriba del sillón y miró a Anna con una sonrisa ladeada mientras se sacaba la única prenda que le quedaba. Se arrodilló en su lugar, se inclinó sobre la pelirroja y la besó lentamente. La intensidad aumentó de a poco, hasta que la rubia se apartó apenas suficiente para murmurar contra sus labios.

"¿Probaste alguna vez un 69?"

Sorprendida por la pregunta, Anna abrió los ojos. El azul profundo imposible frente a ella estaba casi completamente oscurecido por las pupilas dilatadas.

"No." Su voz sonó ahogada por la anticipación.

"¿Quieres probar?"

"Sí."

La rubia le hizo señas para que se acueste.

"Si necesitas aire o quieres parar, me das tres toques en la pierna, ¿entendido?" indicó mientras la ayudaba a acomodarse. Anna suspiró nerviosa y asintió con la cabeza.

La calidez de los muslos de Elsa abriéndose sobre ella, y el perfume dulzón de su piel, su sexo, se le antojó embriagador. Antes que pudiese deducir cómo acercar la cara y probarla nuevamente, la rubia la atacó sin piedad, con urgencia, lamiendo, mordisqueando y chupando, y lo único que pudo coordinar su cerebro intoxicado fue abrir la boca para gemir, y respirar lo suficiente para seguir gimiendo.

Sintió la vibración del gemido de Elsa contra su clítoris, y se aferró a ella como pudo, empujándole las caderas hacia abajo, y en un segundo estaba hundida en su humedad, imitando los movimientos de la lengua que sentía llevarla irremediablemente hacia el orgasmo, fascinada por lo excitante de las rítmicas embestidas que estaba imponiendo la rubia cada vez con más fuerza contra su lengua.

Atrapada por el deseo, el calor, la humedad, el cuerpo perfecto sobre ella, se sintió completamente avasallada por el cúmulo de sensaciones y no pudo más que soltar un último grito, profundo y prolongado, entre las piernas que apretaron un poco más su cabeza antes de liberarla.

"¿Estás bien?" preguntó Elsa entre jadeos, apoyando su peso en sus rodillas y codos para darle espacio a Anna.

"Creo que sí… Eso fue muy… Sexy," rió.

"Ese es exactamente el punto," bromeó, incorporándose y levantándose del sillón. "¿Todavía tienes hambre? La pizza sigue ahí…"

"Seguro, sólo necesito un minuto en el baño." Elsa asintió y se dirigió a la cocina sonriendo.

Para cuando salió, la pizza ya estaba servida en la mesa de café junto a dos latas de cerveza y una pila de servilletas. Elsa, aún desnuda, volvió al living desde el pasillo que iba a la habitación donde estuvieron la vez anterior, secándose la cara con una toalla de mano.

"El otro día en el bar estabas tomando cerveza, espero que esta esté bien," comentó. Anna asintió y tomó una de las dos latas, abriéndola de inmediato y apurando un trago. La confianza de la rubia al moverse era hipnotizante, la curva de su trasero al sentarse a su lado, los dedos finos y delicados pero que sabía fuertes y ágiles. Siguió subiendo la mirada por sus brazos tonificados, los pechos firmes y generosos, su boca perfectamente besable y sus ojos… la estaba mirando. La descubrió mirándola. Mierda.

"'¿Te gusta lo que ves?" preguntó la rubia, entre divertida y seductora. Anna se sonrojó y buscó coraje en otro trago de cerveza.

"Pensé que recién quedó bastante claro," rebatió, recibiendo una risa suave como respuesta.

"Pero algo te preocupa, estás muy callada."

Anna hizo tiempo tomando una porción de pizza y dándole un mordisco. Masticó lentamente y tragó con dificultad.

"No estoy segura de cómo explicarlo… Pero tengo la impresión de que recién no tuve tiempo de hacer mi parte," confiesa, tímida.

"¿A qué te refieres?" Elsa frunció el ceño, confundida.

"A que creo que no te di suficiente placer. No es que no te haya dado placer, sentí tu orgasmo cuando te metí los dedos, y recién estabas tan húmeda, pero no sé si llegaste otra vez, y siento que no lo disfrutaste tanto como me hiciste disfrutar a mí. Debí haberme concentrado más, o haberte pedido espacio para poder hacer algo, pero-"

"Oye, oye, calma…" Se sentó un poco más cerca y apoyó una mano en su rodilla. "No estamos filmando una porno, no hay necesidad de estar una hora en la misma posición." Anna volvió a sonrojarse y la rubia ocultó otra risita. "Además, me pareció muy sexy que perdieras el control de esa manera... Y lo pasamos muy bien, que es lo que realmente importa, ¿no?" La pelirroja asintió sonriendo ampliamente, mucho más confiada. "¿Te quedas hoy?"

"Mañana trabajo temprano," respondió, un dejo de desilusión en su voz.

"Yo también. Pero si no tienes que volver a tu casa… Podemos seguir practicando hasta que quedes satisfecha… Aunque sea sólo por esta noche."