6. Un momento de sinceridad


ADVERTENCIAS: Mención de bullyng. Capítulo bien angst.


La luna brillaba en lo alto del cielo cuando Satori finalmente regresó a su habitación.

Lo recibió el silencio, como ya era costumbre. Eita invadía la habitación de Hayato, o la de Reon y Wakatoshi. Regresaba poco antes que los vigilantes empezaran a patrullar los pasillos, sin dirigirle la palabra y echándose a dormir.

Sin valor para iniciar una conversación, Satori dejó que pasaran los días.

No tenía valor para hablarle e intentar enmendar la situación, porque una semana atrás, rompió la confianza que Eita había puesto en él.

Y ahora estaba a punto de perderlo todo.


A excepción del subdirector, la entrenadora, el dolor de culo en su vida que representaba Kira y él mismo, el gimnasio estaba totalmente desierto.

Discutían. Probablemente debería prestar un poco más atención a la discusión, pero no lo hace. Es más de lo mismo. Sobre cómo es una vergüenza para la institución y cómo su comportamiento es incorregible. Cómo se le ocurre agredir de esa forma a un estudiante tan ejemplar. Cómo se atreve a vestir y actuar de una manera tan inapropiada.

No debió reaccionar de esa manera, le dicen.

Son bromas tontas. Son rumores inmaduros. Debió hablar con un profesor, dicen. Debió hablar con la consejera escolar. Son solo las acciones inmaduras de chicos inmaduros.

¿Títulos? ¿Reputación? ¿Estándares?

No me hagan reír.

Las bromas y los rumores mal intencionados dañan. Hieren. Las palabras son armas como cualquier otra y no puedes simplemente retractarte de lo que ya ha abandonado tus labios. Puedes intentar disculparte o decir que no iba en serio, pero el daño ya está hecho.

Satori está aprendiendo sobre el verdadero peso de las palabras. De todas las maneras en que puede dañar a alguien, con su lengua bífida y venenosa. Está aprendiendo cuál es el peso de las mentiras.

Tan solo… Tan solo, deseaba que Eita no hubiera sido parte del daño colateral.

A lo mejor por eso intentó redirigir las burlas, los insultos y los rumores. Nadie pensaría en Eita después de verle a él besar por la fuerza a otro chico. Se volvería un rumor pasado o un terrible malentendido.

¿Intentó salvarlo? ¿O a sí mismo? Probablemente intentó salvar lo que quedaba de su amistad.

Pero, en un raro momento de sinceridad, puede admitir una cosa. No tiene ni idea de por qué se atrevió a hacer tal locura.

Eventualmente, hablan de expulsarlo.


Satori.

La voz en el teléfono es familiar y extraña en iguales proporciones.

La habitación sigue vacía. Se cambió de ropa después de recibir un exhaustivo regaño que realmente no tomó tan en serio como debería, y ahora el uniforme de educación física que compró en primero de secundaria, cuelga numerosas tallas más grande sobre su delgado cuerpo.

La entrenadora contactó a su padre, después que Satori no tuviera el valor para admitir que ni siquiera sabía si el hombre estaba o no en el país.

Afortunadamente, seguía dentro de Japón. Desafortunadamente, estaba en la ciudad, listo para ir a la reunión sobre su inadecuado comportamiento a la que estaba siendo invocado.

Eventualmente, recibe una llamada.

—Papá —responde en un tono neutral que no suena como suyo.

¿Me puedes explicar qué diablos ocurre? —Su voz suena cansada. Decepcionado. Siempre suena así cuando le habla, como si no pudiera sentir otra cosa al tratar a su único hijo.

—Oh sí, las clases van bien, gracias por preguntar. Hace tiempo que no nos vemos, ¿sí te acuerdas que soy tu hijo? —escupe por reflejo, sintiendo cómo la rabia se acumulaba en su pecho, obstruyéndole la garganta.

¿De eso se trata esto? ¿Un berrinche?

—Voy a cumplir quince, por si no lo recuerdas. Estoy viejo para una pataleta —espeta. El suspiro al otro lado de la línea le dice todo lo que necesita saber—. Para alguien que me contacta una vez al mes, siempre suenas cansado de mí.

Satori, estoy cansado —responde el hombre—. Llego de meses de viaje, para que me llamen a decirme que agrediste a un estudiante mientras usabas ropa de mujer. ¿Para esto estoy pagando una internado? ¿No te da vergüenza?

—Oh, creí que pagabas el internado para no tener que verme.

¿Por qué diablos-? No tengo tiempo para esto —La conversación se acerca a su final en tiempo record—. Haciéndote la víctima por todo, todo el tiempo. Eres idéntico a tu madre.

Con esas palabras, la conversación finaliza.

Satori se encuentra a sí mismo escuchando el tono final de la llamada, en absoluto silencio. La cambiante luz que atravesaba su ventana, advertía del avance del tiempo. Sin embargo, se encontró a sí mismo paralizado y ahogándose en medio del desolador silencio.

Espabila de pronto, bajando finalmente el teléfono y colocándolo sobre su cama.

¿Qué es eso? ¿Qué es eso que suena?

Su pecho se comprime; se siente gracioso. Su garganta también se cierra, atrapando la risa que amenazaba con escaparse. No la puede mantener prisionera durante mucho tiempo.

Y ríe. Ríe con ganas. Ríe como no había reído en mucho tiempo.

Su risa, esa histérica que sale como si la arrancasen de su cuerpo y lo deja lastimado. Ríe como cuando reprueba un examen para el que estudió durante dos semanas. Ríe como cuando se tuerce el tobillo después que lo empujen mientras baja las escaleras. Ríe como cuando la sangre que corre de sus piernas, de sus brazos, mancha la porcelana de la bañera con carmesí.

Como el sonido de uñas pasando por un pizarrón de tiza, y el estremecedor sonido de metal chocando contra metal. Su risa es tan dolorosa como horrorosa para el que la escucha.

Su risa es lo que suena, cuando su corazón se quiebra.


La noche se cierne finalmente, después de un día infinitamente largo y demasiado agitado. La habitación queda a oscuras. Silenciosa. Y mientras está en su cama, casi dormitando…

Un golpeteo resuena, despertándolo.

—… Qué… —susurra, frotándose los ojos. El mundo está mortalmente silencioso y por un momento se pregunta si no habrá sido en la habitación contigua… o quizá ha sido parte de su imaginación—. Es demasiado tarde para esto.

Después de unos momentos de silencio, decide volver a recostarse, totalmente convencido de que ha imaginado el ruido.

Invadido por el sueño, sus ojos empiezan a cerrarse…

Entonces el repiqueteo vuelve, ahora más inquietante.

—Muy bien, esto es ridículo —susurra mientras se acerca a la puerta, parcialmente frustrado. Parcialmente enojado por tener un sueño tan ligero. Y, parcialmente preocupado, por la insistencia de los golpes a una hora tan particular.

Casi queriendo azotarla, toma el pomo de la puerta y la abre.

—¿Se puede saber quién rayos-?

Al otro lado, una mopa de pelo tan carmesí como los ojos de su dueño, lo saludan.

¿¡Tendou!?

El susodicho se mantenía de pie. Su postura indicaba que claramente estaba a punto de volver a tocar la puerta, pero fue atrapado con las manos en la masa.

—Hey, Reon —responde, en un tono inusualmente silencioso—. ¿Podemos hablar?

—¡¿Tienes alguna idea de qué hora es?! —Reon hacía su mejor esfuerzo para sonar enojado y mantenerse silencioso al mismo tiempo. Aunque, no lo consideraba demasiado importante, porque afortunadamente cierto Ushijima Wakatoshi dormía igual que la muerte—. Tendou, en serio espero que sea urgente.

La falta de emoción en el rostro permanentemente sonriente de Tendou le desconcertaba. Su cabello sin gel, despeinado y creciendo en mechones irregulares.

Lucía miserable. Y al mismo tiempo, Reon temía que por una vez luciera… Real. Honesto.

—Me voy.

¿Qué?

—Me han suspendido —explica en un susurro, antes que Reon pueda terminar de formular la pregunta—. De la academia, me refiero. Estaré fuera por dos semanas.

—… ¡¿Qué?! —Por la sorpresa, se encuentra a sí mismo elevando la voz. Tendou se lleva un dedo a los labios, pidiéndole silencio. Reon asiente, poniendo ambas manos sobre su boca solo en caso de que decidiera gritar de nuevo—. ¿Qué ocurrió en esa reunión?

—Llamaron a mi padre —explica en un tono monótono—. Después de las dos semanas, tendré que hacer sesenta días de servicio comunitario supervisado. Si llego tarde, tengo una calificación baja, me salto uno de los días de servicio o rompo alguna otra regla de cualquier forma… estoy fuera.

—¿Del equipo? —pregunta en un susurro, pensando que quizá es una reprimenda un poco exagerada-

De la academia.

Reon parpadea una, dos y luego tres veces. Escanea el rostro de Tendou, buscando algún indicio de una sonrisa. Busca el pequeño temblor en sus mandíbulas, que ocurre cuando apenas está conteniendo su risa. O un brillo juguetón en sus ojos.

Algo que le diga que todo esto es una broma.

No encuentra nada.

—… Me tomas el pelo —responde finalmente con una sonrisa amable. Es algo que Tendou haría, se encuentra pensando—. La broma es de muy, muy mal gusto, pero admito que por un momento yo-

—Cuando regrese —Tendou sigue hablando, como si la interrupción no hubiera ocurrido—, estaré suspendido de las actividades del club hasta después del torneo de Primavera.

Si existiera una palabra que pudiera describir el sentimiento de caer al vacío… Reon la sabría. Y la aplicaría para este momento.

Porque siente como que le quitaron la alfombra bajo los pies. Como, ese momento absurdo en las caricaturas donde los personajes no caen hasta que miran hacia abajo y se dan cuenta que ya no hay nada bajo sus pies.

¿Por qué la honestidad de Tendou tiene que sentirse como un balde de agua fría por parte del universo? ¿Por qué será que las verdades que salen de su boca, suenan a desesperación?

¿Realmente se ha acostumbrado tanto a la falta de sinceridad de su amigo?

—¡¿Planeabas decirlo en algún momento?! —exclama, apenas logrando mantener el volumen mínimo en su voz—. ¿O es que pretendías irte sin decir nada, dejándonos para que lo descubriéramos cuando ya estuvieras lejos? ¡¿Acaso has perdido la razón?!

—Ah... —responde mientras esboza una sonrisa espeluznante—. Verás, no sabía cómo decirlo. Así que, pensé que no decir nada en absoluto habría sido mejor.

—¡Ridículo! —dice, cada vez más enojado—. ¿Es que no aprenderás nunca? ¡Huir de tus problemas es lo que te puso en esta situación en primer lugar!

—¡Pues lamento no ser lo suficientemente estúpido o valiente como para afrontar las cosas frente a frente! —responde de regreso, en un violento susurro—. ¡Mira lo bien que quedé parado por intentar resolver mis asuntos!

La insolencia…— ¡No resolviste nada, Tendou! ¡Lo que has hecho lo empeoró todo entre tú y Eita!

—¡Pues que así sea! ¡No me importa si Semisemi me odia ahora, me lo he ganado yo solito! —replica con lágrimas en los ojos—. Pero… al menos ya no tendrá que soportar que otros le digan cosas horribles, ¡y solo por eso, besaría al ogro de Kira mil veces!

Y la verdad entre verdades es que, quizá Tendou no sea el más valiente entre los valientes. Pero su corazón era noble.

Y por dios que era muy estúpido.

—¿Eso es lo que pretendías hacer? —pregunta, incrédulo—. ¿Protegerlo?

Los gritos de Eita aún resonaban en sus oídos, si prestaba atención. ¡Yo no quería ayuda! Gritó, desesperado. ¡No quería que me rescatara como a una doncella en aprietos!

Realmente… ambos eran realmente estúpidos.

—Semisemi siempre… él solía meterse en mis asuntos. Protegerme —responde, hablando de ello como si fuera un pasado lejano. Como si Eita no siguiera desviviéndose por protegerte, piensa con desgana, recordando la conversación de esa misma tarde—. Y yo… después de que dije eso horrible, pensé que tal vez podría…

—Eita no es tú —Él no necesita que nadie lo proteja—. Y tú, no eres Eita.

Verdades silenciosas se despliegan sobre ellos. Pero las mentiras son más numerosas, más evidentes.

A Eita le gustas, piensa. Eita te adora. Si se lo pidieras, te perdonaría. Incluso después de armar todo el escándalo que armó, Reon está convencido de que Eita perdonaría a Tendou. Está convencido que Tendou podría salirse con la suya en lo que respecta a Eita, si tuviera las agallas de enfrentarlo y disculparse.

Eita haría todo por ti. Y tú no puedes siquiera molestarte en ser honesto con él.

—Debo volver —susurra finalmente.

—Tendou —repite, ahora con calma—, deja de huir de tus problemas.

—Oh vamos, ¿qué no todo el mundo huye de algo en sus vidas? —pregunta finalmente, enfrentándole con el ceño fruncido e ira en un par de ojos escarlata que, toda la noche han estado inertes y sin emoción—. Incluso tú, cuando eras niño, debiste esconderte de los monstruos que estaban bajo tu cama. ¿Cómo es esto diferente? ¿Por qué yo no puedo esconderme de los monstruos?

—Eso es porque los monstruos no existen.

—Por supuesto que dirías algo así-

¡Satori!

El pasillo repentinamente se vio iluminado por la luz de una linterna, mientras que dos pares de pasos apurados que se acercaban a su puerta. Reon no reconocía la voz, no parecía ser el guardia de ese piso.

Pero a juzgar por cómo Tendou parecía querer desaparecer en ese mismo punto, parecía ser bastante familiar con una de las personas que se aproximaban.

—¿Te has vuelto totalmente loco? —pregunta cuando finalmente se acerca a ambos.

—Parece ser la pregunta de la noche —responde, mostrando una sonrisa relajada.

El hombre acompañando al guardia se alzaba sobre ambos, con una altura bastante mayor al metro ochenta que Reon estaba rozando. Su pelo y ojos eran perfectamente negros, combinando bastante con su rígido traje y expresión dura. El ceño en su frente marcaba tantas arrugas, que Reon no hacía más que preguntarse si ese hombre alguna vez mostraba una emoción diferente al enojo.

Sin embargo, la forma en que sus labios se curvaban en una sonrisa casi permanente, totalmente disonante con el resto de él, respondió todas las preguntas que todavía no aparecían en su cabeza.

—¿Cómo se te ocurre salir corriendo de esa forma? ¿Quieres matarme del susto, es eso?

—¡Quería despedirme de mis amigos! —responde, sonando tan alegre y relajado y falso, que todo el vello en su cuerpo se eriza—. Bueno, ¡te veo en dos semanas, Benkei!

—¿No tienes teléfono para contactarlo o algo? —pregunta el hombre, a medio camino entre el enojo y… ¿sorpresa? Sin embargo esta desapareció rápidamente junto con su ceño, para dirigirse al guardia. Bueno, ya sé de dónde viene el espeluznante talento para mentir—. Lamento tener que seguir molestándolo, ¿puede llevarlo a la entrada?

—No hay problema, sensei —¿Sensei? Se preguntó. ¿Es doctor?—. Ven chico, tu padre ha estado preocupado.

Reon observó a Tendou alejarse por el pasillo, viendo su figura hacerse más pequeña hasta que finalmente desapareció al doblar una esquina.

Eso lo dejaba entonces con… el otro Tendou.

—Buenas noches, Tendou… sensei —dice, inclinándose formalmente ante el hombre. Sin embargo este lo detiene a media reverencia.

—¿En verdad es amigo de mi hijo? —pregunta, poniendo ambas manos en sus hombros—. ¿O me ha dicho eso para… esconderme más cosas?

¿Realmente le están preguntando lo que cree que le están preguntando?—. Ten- Satori —Reon escupe el primer nombre, sintiéndose culpable casi de inmediato. Sabe lo mucho que su amigo odia su primer nombre—, él es mi amigo. Somos amigos.

—No estoy enojado con él por ser… homosexual, si es lo que te teme. Puede decirme la verdad —Atónito, a Reon no le queda de otra más que parpadear—. ¿Usted es su pareja? ¿O es el chico al que trataba de defender?

—No- yo- en serio, solo soy su amigo —Quien diría que un día tendría que convencer a alguien de que él y Tendou no están saliendo. A su padre, para más inri—. El chico al que defendió, también es otro amigo —Que tiene el crush más grande del mundo con su hijo, pero esos son detalles.

Aliviado, el hombre finalmente deja ir sus hombros. Tiene las manos tan grandes como Tendou, piensa—. ¿Él tiene muchos amigos aquí?

—Sensei, realmente no es mi intención sonar irrespetuoso —responde Reon educadamente, tratando de hacer otra reverencia. El hombre vuelve a detenerlo—, ¿por qué no le pregunta todo esto a su hijo?

—Satori es deshonesto. Y es diestro con eso, me temo —responde el hombre—. Me disculpo por todo el daño que pudiera haber causado mi hijo-

—Satori realmente no es un mal tipo —Tan solo esconde hechos de manera sistemática y se rehúsa a enfrentar sus problemas.

—Y le pido encarecidamente, que siga cuidando de él.

Entonces fue turno de Reon para entrar en pánico, cuando el hombre se puso de rodillas para realizar una profunda reverencia.

¿¡Por qué será que ambos Tendou tienen que ser tan complicados!?

—¡Se-se-sensei, por favor no me reverencie! —insiste Reon, urgiendo al hombre a ponerse de pie—. Seguiré siendo amigo de Satori, incluso si no me lo pedía.

—Me alegra oírlo —responde finalmente, procediendo a sacar una tarjeta de su saco para entregársela—. Me alegra saber que puede contar con alguien aquí.

—¿Sensei?

—Por favor, contáctame si le ocurre algo —dice, con una súplica silenciosa en sus ojos. Sus ojos, azabache como la noche, diferentes del cielo a la tierra de los escarlata de su hijo.

Tendou nunca lo reconocerá si alguna vez se lo mencionan. Pero, Reon realmente cree que él y su padre son muy parecidos.

Sobre todo cuando mienten.

—¿Va por el mundo entregando tarjetas de presentación a todos los amigos de su hijo, sensei? —Reon escanea la pequeña tarjeta. Lee, Tendou Shouta. Neurocirujano. Y el número escrito con prisas en el reverso, debe ser entonces su teléfono personal. ¿Qué diablos, Tendou?

—Me malentiende, Benkei-kun —Oh si, probablemente debería decirle que ese no es mi nombre—. Hasta donde se extiende mi conocimiento, usted es el primer amigo que alguna vez ha tenido mi hijo.

Oh.

—En realidad mi nombre no es Benkei —aclara rápidamente—. Soy Ohira Reon.

—Gracias por cuidar de mi hijo, Ohira-kun —responde, inclinándose nuevamente antes de alejarse.

El reloj en su muñeca marca el cuarto para las once. Bien pasada la hora en que se apagan las luces en los dormitorios del Shiratorizawa. Y sin embargo, Reon se mantuvo en el pasillo, observando a la figura a la que ahora conocía como Tendou Shouta alejarse hasta cruzar la esquina y desaparecer.

Tendou nunca lo admitirá, pero él y su padre son parecidos. Desde la forma de andar hasta la sonrisa permanente y la forma de mentir.

Al volver a su habitación, encuentra alivio al ver que Wakatoshi aún roncaba como oso, durmiendo sin interrupciones o preocupaciones. Durmiendo sin saber aún que su no-mejor-amigo estaría fuera de la academia por dos semanas. Soñando, sin saber que Tendou probablemente no podría volver al equipo.

No somos mejores amigos. Es él quien sigue diciendo eso.

Reon se pregunta si, el motivo por el cual Tendou casi se va sin decir nada a nadie… es porque de alguna forma esa conversación llegó a sus oídos.

No pudo volver a dormir esa noche.


Un silencio sepulcral se mantuvo sobre la mesa, desde el inicio hasta el final de la historia. Extendiéndose un poco más allá también.

Nadie parecía saber qué decir. Nadie quería decir algo, aparentemente.

Reon casi deseaba haberse quedado callado.

—Tendou… ¿se fue? —preguntó Eita en un susurro, pálido como el arroz que se quedó sin tocar en la bandeja del desayuno y temblando como las hojas de los árboles bajo el viento de las tormentas en la primavera.

—¡Volverá!... En… dos semanas —Sí, nada de lo que diga ahora va a subir mucho los ánimos.

—¿Su viejo no está molesto con él por todo el asunto? —preguntó Yamagata, tocando el tema con cuidado—. Ahora que lo pienso, Tendou nunca nos ha dicho ni pío sobre su familia… Ah, realmente nunca dice nada sobre nada, punto.

—Al menos su padre no estaba escandalizado. No conocemos a su madre, no podemos asumir nada —respondió con calma—. Pero… no lucía feliz de verlo.

—¿Tendou el viejo o Tendou el joven? —bromea Yamagata con una sonrisa vacía, removiendo sus patatas dulces sin ningún interés.

—Ninguno de los dos estaba emocionado por estar en la proximidad del otro, punto.

¿Somos los primeros amigos de Tendou?

Reon suspira, exhausto. Por supuesto que lo primero que haría Wakatoshi sería señalar el gigantesco elefante en la habitación. El tema que todos estaban tratando de evadir con cuidado. Aquello en lo que intentaban no pensar, con mucha, mucha fuerza.

Por supuesto que Wakatoshi no los dejaría ignorarlo.

—Estoy seguro de que eso tan solo es Tendou-sensei siendo descuidado —responde Reon, intentando redirigir la conversación.

Porque es fuerte. Pero no lo suficiente como para pensar que Tendou realmente no tiene otros amigos. Y ellos le están ocultando cosas.

Bueno, al menos eso explicaría que sea tan malo para entender cómo funcionan las relaciones interpersonales, piensa Reon, encontrando gracioso que el introvertido y silencioso Wakatoshi fuera más adiestrado en el asunto que el ruidoso y extrovertido Tendou.

—Mmh —responde Wakatoshi, en un tono que suena cercano a meditabundo—. Siempre pensé que, lo que nos hacía similares a Tendou y a mí, era nuestra dificultad para hacer amistades.

—Ah, pero es que hasta en eso ustedes dos son diferentes —responde Eita, dando un resoplido—. Tú eres honesto y directo, y Tendou probablemente nunca ha dicho la verdad en toda su vida.

—Ese no es un comentario muy agradable, Eita —Wakatoshi le reprime incluso antes que Reon abra la boca—. Es imposible que una persona mienta desde el momento en que nace.

—Tendou no miente todo el tiempo —insiste Reon, recordando con un escalofrío la vacía mirada que le dedicó la noche anterior. Esa que luego no le permitió conciliar sueño—. Tan solo un… cuarenta por ciento del tiempo total.

—… Esa sigue siendo una cantidad impactante —declara Wakatoshi, colaborador como de costumbre.

—Ushi, realmente no sé si intentas defender a Tendou o enterrarlo todavía más —resopla Eita mientras entierra su rostro entre sus manos, completamente exhausto.

—No me encuentro enterrando a Tendou de ninguna manera en este momento, Eita —responde Wakatoshi, denso como siempre.

—Es solo una expresión, Wakatoshi —explica Reon pacientemente.

Las palabras de la noche anterior se repetían sin cesar en su mente. Verás, no sabía cómo decirlo. Así que, pensé que no decir nada en absoluto habría sido mejor.

La campana sonó, marcando el final del almuerzo. Las pocas personas que quedaban dentro del comedor se pusieron de pie para regresar sus bandejas y regresar a sus clases, entre ellas el diligente Wakatoshi, quien a pesar de portar una expresión más lóbrega de lo usual —Reon hizo una nota mental para asegurarse de que su amigo se estuviera sintiendo bien, no podrían lidiar con tres crisis emocionales simultaneas— retornaba a la rutina, imparable como el paso del tiempo. Eita por su parte, retornó su comida intocada y murmuró algo de buscar un permiso en la enfermería para quedarse en cama, porque definitivamente no tenía energía para seguir lidiando con el día

Reon se encontró a sí mismo tratando de idear una solución. No está muy seguro de por qué, sin embargo. La idea de que todo su grupo se disuelva le sienta terrible.

No quiere abandonar a Eita, ni alienarlo porque estar con ellos le recordaba a Tendou. Y definitivamente no quiere que Tendou se quede solo. Tan solo tiene que arreglárselas para integrar ambos factores a una misma ecuación.

Tan solo… tan solo no quiere abandonar a sus amigos. Y para eso tiene que primero encontrar una manera de descubrir qué diablos ocurre con la incógnita más compleja del problema.

—¿Sabes? Pones esa misma cara cuando jugamos damas chinas —comenta Yamagata, caminando en silencio a su lado.

Sobresaltado, pero teniendo la decencia de no demostrar que no había notado que el muchacho aún le acompañaba, Reon lo observa—. ¿Lo hago?

—Yep. Es tu expresión sobre-pensante —explica entre risas, imitando a grandes rasgos la estatua de El Pensador por unos momentos—. Siempre le das muchas vueltas a todo y de alguna forma terminas ignorando las respuestas más obvias.

—Ahora mismo no veo ninguna respuesta obvia —responde, frunciendo aún más el ceño de ser posible.

Yamagata tiene la delicadeza de reírse en su cara—. Eso vendría a ser porque crees que Eita y Tendou son más complejos y misteriosos de lo que realmente son —contesta, dándole un codazo juguetón.

—¿Qué propones tú entonces, genio estratégico? —pregunta en su lugar, regresándole el codazo en un tono igual de alegre.

—Oh, ¡me agrada cuando me llamas de esa manera! —responde dando un salto justo frente a él, bloqueando su camino. La campana había sonado hacía cinco minutos, lo cual los ponía a ambos en una situación de atraso. Sin embargo Yamagata no parecía tener prisa y, por algún motivo, Reon tampoco se sentía apresurado—. Así es Reon, yo, Yamagata Hayato, ¡soy un genio!

—¡Yamagata! Al punto —exclama Reon, tratando de contener la risa ante las payasadas del otro.

—Vale escúchame, ya que has declarado que soy todo un maldito puto genio —prosigue el muchacho, como si la interrupción no hubiera ocurrido—. Se me ha ocurrido esto: Tendou entrena con Kawanishi Taichi cuando no está con nosotros, ¿cierto?

Reon siente como si de pronto la inspiración divina le recorriera el cuerpo—. En primer lugar, cuida tu lenguaje Yamagata —dice instintivamente, aún procesando el hilo de palabrotas que salieron de la boca de su amigo—. En segundo lugar, creo que veo a dónde quieres llegar… aún así, elabora tu explicación, ¿quieres?

—Sabía que me seguirías el paso —responde Yamagata, dándole una sonrisa pícara—. Supongamos que eres Tendou y necesitas atención humana o de lo contrario te mueres —explica Yamagata con rapidez, al tiempo que decide que ahora caminará intentando no pisar los bordes de las baldosas del pasillo—. ¡Así que! ¿Qué harías de verte en la incómoda situación en que tu mejor amigo no tiene ganas de hablar contigo y tus otros amigos puede o puede que no te llamaran cobarde?

Bueno, yo habría utilizado otras palabras, pero veo tu punto —responde Reon, caminando como una persona madura—. Y ya que lo mencionaste, deberías disculparte con Tendou cuando vuelva.

—¡No estoy muy feliz con tener que disculparme por decir la verdad, pero lo haré! Pero solo porque tú me lo has pedido, que quede claro, ¿eh? —declara Yamagata, sacándole la lengua por un momento.

Reon rueda los ojos antes de volver a hablar—. Trabajemos bajo la suposición de que Tendou no nos escuchó esa vez tras el gimnasio, porque ya me siento lo suficientemente culpable.

—¡Lo que te deje dormir esta noche! — prosigue Yamagata, ahora tratando de caminar en una línea recta sobre la punta de sus pies—. ¡Así que! Supongamos que simplemente tiene vergüenza de verle la carota a alguien que no seas tú.

—Yamagata, Tendou tiene muy poca vergüenza. Espero que no necesites un recuento de la escena en el gimnasio, porque lamentablemente no tengo pantaloncillos tan cortos a mi disposición en este momento.

—Espera, ¿te pondrías mini-shorts? —pregunta de pronto, deteniéndose en seco y perdiendo el balance.

—¿Qué? ¡No! Vuelve al punto, ¿quieres?

—Vale, vale, no te esponjes —responde Yamagata, finalmente decidiendo caminar como una persona normal… más o menos, dado que en esa ocasión había decidido tan solo caminar en reversa, seguramente con el propósito de ver a Reon al hablar—. En fin, imaginemos que realmente necesita hablar con alguien, pero teme que ni le abramos la puerta ni le dejemos soltar mil mentiras por segundo.

—Muy bien, pero, ¿por qué Kawanishi? —pregunta Reon, aun tratando de conectar un último punto—. Por lo que nos ha dicho, el chico no es muy hablador y se la pasa enfermo.

—¿Que por qué Taichi? —La retórica le hace fruncir el ceño—. Reon, escuchaste a su viejo, ¿no? Aparentemente, no tiene a nadie más.

Y quizás… allí estaba la respuesta obvia que estuvo ignorando. El por qué Tendou se iría, sin intentar negociar los términos de su castigo, siquiera tratando de que no lo expulsaran.

Pensé que no decir nada en absoluto habría sido mejor. Bien dicen que, retirarse en una batalla también es una estrategia válida.

Reon desearía que su amigo supiera hacer algo además de huír.

—Ah, vamos tarde a clases —reconoce Reon finalmente, incapaz de pasar por alto el hecho de que llevan veinte minutos deambulando en el campus.

—Quería ver qué tanto podía arrastrarte a esto antes que lo notaras —admite Yamagata entre risas—. ¿Qué dices? ¿Buscamos a Taichi y jugamos a ser los cupidos platónicos que reúnan de nuevo la mágica amistad de Eita y Tendou?

—Yamagata, dices cosas verdaderamente extrañas.

—¡No escucho un no! —exclama Yamagata con alegría, empieza a correr en dirección a los salones—. Te espero en la entrada del segundo gimnasio después de clases, ¡no llegues tarde!

Tal vez Yamagata tenía razón y la solución no era exactamente desenterrar la verdad. Porque, teme admitir que la verdad es complicada. Es abstracta, indefinida e inexacta. No hay manera de descubrir algo absoluto, tratándose de Tendou.

¿Por qué yo no puedo esconderme de los monstruos?

Reon mantiene su posición. Los monstruos no existen, son producto de una imaginación hiperactiva. La manera abstracta que tiene su amigo de referirse a sus problemas, como monstruos que se lo comerán vivo, solo es prueba de que nunca los ha enfrentado.

Tendou cree que la verdad y la realidad, tan abstractas e inexactas como son, son monstruos. Enfrentar la realidad de que, en esta ocasión, no es una víctima. La verdad de que le ha fallado a Eita.

Sí, ambas cosas son aterradoras. Y no quiere ni siquiera imaginar en un futuro en que ambos problemas no se resuelvan.

Pero esas cosas son solo tonterías, decide mientras retoma su camino a clases. Ya estoy demasiado viejo para creer en monstruos.


Con el corazón en la garganta, se aproximaron a la puerta de la habitación de Kawanishi Taichi durante las horas de práctica.

Del segundo gimnasio, los enviaron a la enfermería, aparentemente porque ese día Kawanishi estaba en su revisión semanal. En el ala médica, Kairi-san les dijo que lo envió al dormitorio después de escucharlo quejarse de haber contraído de nuevo la fiebre de heno.

Tal y como sonaba, el chico pasaba todo su tiempo fuera de clases en el gimnasio o la enfermería.

—¿Hola? ¿Kawanishi? —Reon repica la puerta con tranquilidad. Lo último que quiere es perturbar a un enfermo—. ¿Alguien en casa?

¡No, me estoy muriendo! —Bueno, al menos hay alguien en casa.

—Kawanishi, soy Ohira-

¡No, largo! ¡Es mi día de reposo Ohira-san, dejé un justificativo, estoy enfermo!

—Kawanishi, vengo por Tendou-

Oiga, ¿quiere que llame al guardia del piso? —Por el amor de-

—¡Oye, chico! —Yamagata dio un paso al frente de inmediato, su voz cientos de veces más autoritaria y amenazante que la suya—. El chisme del pelirrojo local ya se corrió, ¡sabes por qué estamos aquí!

Reon no sabe a cierta ciencia cómo, o por qué. pero eso fue suficiente para que la puerta se abriera unos milímetros, dejando entrever una mopa de pelo castaño y ojos cafés con severas bolsas bajo los ojos.

—Hayato-san, ¿Tendou-san también lo ha molestado desde la madrugada? —¿Por qué se tratan de primer nombre? No, espera, enfócate.

—¿Hay puesto para dos más, Taichi? —pregunta Yamagata. Reon puede observar por el rabillo del ojo, cómo encaja un pie en la puerta.

—No realmente —responde el muchacho, intentando cerrar la puerta nuevamente.

—¡Lo lamento Tai-chan! —exclama Yamagata, empujando la puerta y abriéndola estrepitosamente, contra la voluntad del menor—. Respeto tu privacidad pidiendo permiso, ¡pero reafirmo mi autoridad como tu senpai entrando de todas formas!

Entran a la habitación por la fuerza. Sus quejas de cómo invadir la privacidad de un kouhai era bastante irrespetuoso se vieron ahogadas por el tono demandante que usaba Yamagata mientras intentaba interrogar a Kawanishi sobre el paradero de su amigo pelirrojo.

Con algo de culpa, observó los pañuelos acumulados en el piso y la medicina en la mesita de noche entremezclándose con volúmenes de manga —muchos de los cuales, reconoce como propiedad de Tendou—.

—Espero que se contagien de lo que sea que tengo ahora —resopla el muchacho, cerrando la puerta.

—Tu salud no parece ser la más óptima, en estos momentos —comenta Reon, muy poco entusiasmado con la idea de contagiar lo que sea que esté en el aire.

—Ohira-san créame, he estado peor —responde, mientras se suena la nariz ruidosamente—. No comprendo por qué están los dos aquí para interrogarme sobre Tendou-san.

—Queremos saber si sabes algo que nosotros no —contrarresta Yamagata, luciendo lo más amenazador que puede lucir siendo el más bajo en la habitación.

—Eso es tan increíblemente inespecífico —Kawanishi camina hasta su cama, donde decide tumbarse luego de soltar un largo gruñido que podría ser de frustración, cansancio o ambos—. Tendou-san no habla conmigo sobre cosas personales, si es a lo que vienen. Solo se extiende al infinito y más allá con teorías sobre One Piece, sus actrices favoritas y mi técnica de bloqueo.

—Dijiste que te ha estado molestando toda la madrugada —recalca Reon, buscando un sitio más o menos aseado donde sentarse, mientras que Yamagata se echa sin preocupación alguna en el suelo.

—Bah, solo manda tonterías —responde, aventando su celular en dirección al dúo. Yamagata lo atrapa apenas, y se apresura a abrirlo—. Aunque sí me dijo que nuestras "clases privadas" tendrían una pausa indefinida porque intentaban desterrarlo de la academia o algo parecido —explica, haciendo comillas en el aire—. Es una pena, las prácticas sí que me venían a mano.

El teléfono está rallado y tiene la pantalla quebrada. Es un modelo bastante antiguo, nota Reon. Y de acuerdo con el grabado en la parte posterior, el dueño original no era Kawanishi, por lo que estaría usando un teléfono de segunda mano.

Al encenderlo —con algo de dificultad—, la pantalla anuncia más de veinte mensajes de texto sin leer. No le hace falta ser un genio para deducir quién podría ser el responsable de la inundación de mensajes en el teléfono del muchacho.

Casi arrebatándole el teléfono de las manos, Yamagata se encomendó a sí mismo la tarea de leer el intercambio de mensajes de principio a fin. Violando la privacidad de Kawanishi en el proceso, piensa Reon, viéndose ahora con la responsabilidad —¿obligación?— de interrogar al muchacho. Lo regañará por eso más tarde, o cuando finalmente puedan encontrar algo de sentido a la situación.

—Tendou siempre dice que no existe forma de explicar el bloqueo predictivo, ¿cómo es que te lo ha explicado a ti? —pregunta Reon frunciendo el ceño.

¿Explicar? Tendou-san desarrolló esa monstruosidad por puro instinto. Por supuesto que es imposible de explicar —responde Kawanishi entre risas flemáticas—. Él dice que lo tienes o no lo tienes y aparentemente yo lo tengo. Probablemente por eso decidió ayudarme después de espantar a esos idiotas.

—¿Idiotas? ¿Qué idiotas? —interrumpe Yamagata, levantando la mirada del teléfono rápidamente.

—Ah, los conocen, ¿no? Kaito-san y Kira-san. Un día me quitaron mi inhalador, Tendou-san los vio y les dijo un par de cosas… aunque terminó con un ojo negro —responde Kawanishi, encontrando el recuerdo bastante entretenido—. Aunque, para entonces apenas empezábamos a practicar. No sé por qué habrá dicho que tengo talento para el bloqueo predictivo, soy terrible en eso.

—Un momento, a Kaito lo expulsaron del equipo hace un año por el incidente del armario de suministros —Ahora es Reon quien pone pausa al relato, dejando a Yamagata con el teléfono un momento—. En verano, ¿recuerdan?

—Fue antes de verano, casi a principios del año escolar —¿Principios del período escolar pasado? Pero entonces eso sería…—. Uh, creo que unos días después de ese partido que hubo entre los de preparatoria y los de secundaria.

—Espera un momento, puedo recordar ese día —interviene Reon nuevamente, cada vez más confundido—. Tendou apareció con un ojo negro, y le dijo a Eita que tuvo un accidente mientras practicaba contigo.

—¿Eh? Ni hablar, los reflejos de Tendou-san son una locura, nunca tiene esa clase de accidentes dentro de la cancha, ¿cómo se tragaron eso? —Kawanishi ahora se sienta, probablemente tan confundido como lo estaba Reon.

—¡B-Bueno, en aquel entonces Eita y yo apenas conocíamos a Tendou!

Un incómodo silencio siguió esa declaración, en el que Yamagata levantó la mirada de los mensajes, ahora para observar a Reon como si este de pronto hubiera empezado a hablar en mandarín. Kawanishi le dedicaba una mirada igual o más confundida.

—¿Dije algo extraño? —pregunta finalmente Reon, al notar que el silencio se alargaba de manera bastante indefinida.

—Creí que tú y Tendou se conocían desde primer año —responde Yamagata inmediatamente—. De hecho, creí que Tendou y Eita se conocían de primaria incluso.

—¿Qué? ¡No! Conocí a Tendou a principios de segundo año —exclama Reon, tratando de corroborar la situación—. Pero a Wakatoshi sí lo conozco desde primer año.

—Alto, si Eita y tú conocieron a Tendou en segundo —dice Yamagata, señalando a Reon—. Y Wakatoshi también lo conoció en segundo…

—Es imposible que no se lo toparan durante un año entero, ¡si es que es imperdible! —exclama Kawanishi, sentándose repentinamente—. A Tendou-san se le puede ver y oír a un kilómetro de distancia. ¿Qué tal si lo transfirieron en segundo año?

—Pero eso… eso no puede ser, escuché rumores de Tendou durante todo un año antes de conocerle —resopla Reon, poniéndose de pie para dar vueltas a lo largo de la habitación—. Tiene que haber una explicación para esto. Pienso que debimos haberlo visto, al menos una vez.

—¡Ya digo yo que nos acordaríamos de un encontronazo como ese! Los rumores siguen siendo malos, ¿pero en primer año? ¡Já! Casi pensé que hablaban de algún demonio —responde Yamagata, recogiendo las piernas para darle más libertad a Reon mientras camina—. ¿Crees que se tiñera el pelo y por eso no lo reconocemos?

—Tendou es pelirrojo natural, Yamagata. ¿Qué no le has visto el vello en las axilas?

—Bah, entonces ya no tengo ideas.

Con un largo gruñido, Kawanishi se pone de pie, interrumpiendo el intercambio de ideas—. Ohira-san, Hayato-san, no es que quiera echarlos por haberme hecho pensar en el pelo de los sobacos de Tendou-san… —explica abre la puerta, gesticulando muy obviamente señales para que se retiren de su pequeña habitación—. Pero largo, ¿sí?

—Llorón —murmura Yamagata mientras se acerca a la puerta, en un tono que pudo haber sonado más insultante si es que no se hubiera estado riendo.

—Lo que Yamagata quiso decir es que se disculpa por haber irrumpido tan groseramente en tu habitación, Kawanishi-kun —dice Reon de inmediato, en un tono fuerte.

—¿Quise decir eso? —Despistado, piensa mientras le da un discreto codazo en las costillas para hacerle espabilar—. ¡Ay! ¡Oye! —exclama Yamagata, dando un pequeño brinco de la sorpresa—. Vale, vale, ya pillé, ¡no me pegues de nuevo!... ¿Me perdonas, Tai-chan?

—Lo perdono por haberme invadido, senpai —responde Kawanishi, otorgándoles una sonrisa rígida en un intento por ser cordial.

—¿Ves? ¡No había necesidad de que me pegaras! —susurra Yamagata en su dirección, en un tono muy poco discreto.

—Sin embargo espero que estén los dos listos para compensarme por hacerme pensar en las peludas axilas de Tendou-san —prosigue el muchacho, como si no hubiera escuchado el nada disimulado susurro, antes de empujarlos al pasillo y fuera de su cuarto—. Muy bien, ¡buenas tardes!

Con la puerta cerrada, Reon empezó a considerar muchas cosas. Entre ellas, que necesitarían un justificativo médico que explicara su ausencia en las prácticas. Y una pequeña parte quizá se estaba enfocando demasiado en cómo es que Kawanishi y Yamagata eran tan amigos y nunca lo había notado. Pero la mayor parte de su atención definitivamente estaba enfocada en resolver el problema a mano y eso era lo que importaba al fin y al cabo.

Al mirar la hora al final del pasillo, notó que aún faltaban dos horas completas para que culminasen las actividades de club, por lo que tendrían que esperar para discutir con Eita —y Wakatoshi, si es que este ya había tomado una decisión con respecto a su predicamento emocional con Tendou— qué es lo que harían después.

¿Confrontación directa? Improbable. Pero, ¿seguir fingiendo que no ocurría nada? Todavía peor. El recuerdo de un número de teléfono escrito con prisas apareció vagamente en su mente, tentándolo durante unos pocos segundos.

—¿No vas a preguntarme qué encontré en el teléfono? —preguntó Yamagata, después de unos momentos de silencio.

—Creí que de haber encontrado algo relevante, ya lo habrías compartido conmigo —razona con tranquilidad—. ¿Sabes? Exiges bastante atención, nunca antes me había percatado.

—Bueno, antes los sinsentidos de Tendou y Eita me mantenían bien entretenido. ¿Ahora? Hombre, ¡estoy tan aburrido que me muero! ¡Siento que me voy a marchitar! —exclama, colgándose de su hombro dramáticamente. Ridículo, piensa Reon mientras rueda los ojos y lo empuja para que se aparte—. Y con lo del teléfono, es como dijo Taichi. Una línea mal escrita sobre cómo las fuerzas del mal intentaban desterrarlo de la academia o algo así, seguido de cincuenta mensajes sobre One Piece.

—Pues eso no ayuda mucho, ¿no es así?

—No solo es inútil en nuestra noble cruzada, sino que también me comí unos spoilers del tamaño de un templo —Ante eso, a Reon se le escapa una pequeña risa, la cual intenta camuflar rápidamente con una tos. Sin embargo, Yamagata no se la cree—. Ah, ¡y es que hasta te burlas de mí!

—Lo lamento, pero es muy gracioso —responde entre risitas bastante menos disimuladas—. Oye, tenía curiosidad.

—¿Acerca de qué, sucio traidor insensible?

Pasando de ese insulto, Reon prosigue con su lista de preocupaciones. Porque, prioridades—. ¿Cómo se conocieron tú y Kawanishi? —¿No debí preguntar antes cómo nos las arreglaremos con el justificativo médico? Se preguntó a sí mismo. Su cerebro aparentemente decidió tomarse el día, de otra forma no explica la cantidad de tonterías que está realizando.

—Ah, ¿eso? Fue casi al mismo tiempo que empecé a practicar contra los remates de Toshi —responde con una sonrisa—. Creo que al principio estaba aterrorizado de tener que practicar contra él, pero ya se acostumbró.

—¿En serio? —dice en un tono juguetón, sintiendo cómo una sonrisa se le sube al rostro.

—¿Qué? ¿Es raro? —pregunta Yamagata en un tono petulante, mientras frunce el ceño y se cruza de brazos—. Fuiste tú quien dijo que requiero mucha atención, es natural que hable con mucha gente.

—Es que no logro ver qué podrías tener en común con él —responde entre risas nuevamente, tratando de imaginarse cómo sería una conversación entre el malhablado y extrovertido Yamagata, junto al rígido y callado Kawanishi—. ¿De qué hablan normalmente?

—¡Oh ya veo, eres escéptico! Muy bien, hombre de poca fe, quiero que sepas que Taichi y yo somos dos gotas de agua. ¡Él, es un aries! —canturrea Yamagata en un tono ameno, mientras baja las escaleras de dos en dos, adelantándose rápidamente—. Hacemos lo mismo para matar tiempo, ya sabes, huír de Tendou y sus spoilers, predecir el rango de colores de la ropa interior de Eita, rumiar acerca de la maldición que es vivir como la segunda opción de todo el mundo y dormir en clase de inglés. ¡Oh! Y a ambos nos gusta Sailor Mercurio, así que creo que nuestro encuentro fue cosa del destino.

—Destino, ¿eh? —murmura poco después, sin acelerar el paso a pesar de ver cómo Yamagata se alejaba cada vez más en las escaleras. Deteniéndose momentáneamente, probablemente también a pensar en las cosas que ha estado haciendo y la falta de excusas y cómo es la primera vez en su vida que ha roto alguna regla, decide reclinarse un momento sobre el barandal.

En el piso inferior, escucha a Yamagata detenerse. Y luego, sus pasos acercarse hasta el barandal del piso. Con curiosidad, Reon observa hacia abajo y se encuentra al muchacho regresándole la mirada. Sus ojos oscuros, brillando con la misma alegría infantil que se encuentra en los niños de su vecindario, que lo invitan a que les hable sobre los insectos que atraparon, e incluso a los viejos ya muy viejos, que a veces olvidan su nombre pero de todas formas lo invitan a jugar damas chinas con él cada vez que vuelve a casa.

Su pecho se inunda con un sentimiento de familiaridad curioso, cada vez que mira a los ojos a Yamagata. Probablemente ese sentimiento es el que lo arrastró a romper reglas, hacer tonterías y rumiar sobre la existencia del destino o la maldición de ser siempre la segunda mejor opción de todo el mundo.

Estar con él es sencillo, de cierta forma. Reon nunca ha hecho algo tan irresponsable en su vida como "dejarse llevar por la situación", pero siente que podría hacer algo similar estando con Yamagata. Y eso es… nuevo. Diferente.

En definitiva, no le desagrada.

—¿Cansado, anciano? —pregunta Yamagata con una sonrisa, aún observándole desde el piso inferior—. Sabes, a veces me recuerdas a mi abuelo.

—¿Sí? —pregunta Reon, sin molestarse en disimular su sonrisa o contener las ganas de reír que siente cuando escucha hablar a Yamagata.

—Sí, sobre todo cuando te quedas callado de esa forma. Está como, en tus ojos, ¿sabes? El alma de alguien sabio —responde de forma amena, mientras reposa su mentón sobre sus manos—. Aunque también suenas como un abuelo cuando te sientas después de un rato y dices cosas como, "venga ya". ¿Qué hay con eso?

—Mmh, al menos no olvido dónde está mi teléfono cuando lo tengo en la mano —comenta tranquilamente.

La reacción es inmediata, e incluso desde la distancia puede notar cómo las orejas de Yamagata se enrojecen—. ¡Oye!

—¿Crees en el destino? —pregunta de pronto. En lugar de, quizás, recordarle que tienen que buscar un justificativo médico. Y fingir alguna dolencia, de paso. Cielos, su cerebro sí que se ha tomado unas largas vacaciones—. ¿Y en los signos de estrellas?

—¿Tú no? —La retórica le deja confundido un momento, pero se recompone lo suficientemente rápido para negar con la cabeza. Yamagata se percata, por lo que aclara rápidamente—. Ah, es que siempre te he visto como un sujeto religioso y espiritual, ¿sabes?

—En realidad soy ateo —aclara. Yamagata lo observa con una cantidad bastante decente de incredulidad—. ¿Qué? Mis abuelos también lo son. En todo caso, jamás creí que fueras supersticioso.

—Pues sí, creo en el destino y el karma, los signos de estrellas y todas esas cosas que últimamente todos se creen demasiado intelectuales y cool para creer —responde medio burlón—. Sin ofender.

—No me ofendes —dice Reon entre risas, reanudando su viaje escaleras abajo—. ¿Y qué decía tu horóscopo de hoy?

—Búrlate todo lo que quieras, pero, ¿sabes qué? Hoy el horóscopo predijo que sería un buen día para hacer algo impredecible —responde el otro, mientras acorta el espacio restante entre ambos con un paso—. Henos aquí.

—Nuestras acciones del día nos han traído hasta aquí —contraataca, aún escéptico.

—¿Y por qué hoy, de todos los días, eh? —pregunta de vuelta, pinchándole la nariz ligeramente antes de alejarse para bajar el último tramo de escaleras, dejándole con las palabras en la bocas—. Venga, que el justificativo médico no se buscará solo.

Oh, cierto, aún hay que hacer eso, recuerda vagamente mientras le sigue el paso a Yamagata. Este tiene una sonrisa muy amplia, satisfecho de sí mismo. Si de sus travesuras del día, o de haberle dejado sin forma de explicar exactamente qué mosca le picó como para que decidiera seguirle el juego, Reon no lo sabe muy bien.

Afuera, el cielo azul les dio la bienvenida. Las nubes blancas y los árboles florecidos pintaban un paisaje tranquilizador. Probablemente eso es lo que lo puso en este humor tan extraño, en el que repentinamente siente deseos de romper algunas reglas y dejarse llevar. No es que planee volverlo una costumbre, pero no cree que el mundo acabe por haberlo hecho una vez.

—Oye, casi lo olvido, ¿cuándo es tu cumpleaños? —pregunta Yamagata repentinamente, mirándole a los ojos.

—Uh, octubre treinta, ¿por qué? —responde, curioso. Yamagata entonces lo observa como si se hubiera tragado un limón agrio—. ¿Qué? ¿Qué dije?

—Eres… ¿escorpio? —Reon parpadea, confundido como nunca lo ha estado en su vida, mientras espera a que Yamagata clarifique—. ¿Tú? ¿Escorpio?

—No se cómo debería tomarme esa pregunta —contesta Reon con una sonrisa, bastante divertido con la reacción de inigualable sorpresa y la incredulidad que coloreaba el rostro de Yamagata—. ¿Cuál es el tuyo?

—¿Mi qué? —responde, como aún perdido en sus pensamientos.

—Tu cumpleaños, por supuesto.

—¿Eh? ¡Oh! Uh, febrero catorce. Soy acuario… aunque supongo que eso no significa mucho para ti —murmura, meditabundo y sin dirigirle la mirada. Reon siente la urgencia de rodar los ojos por quinta o sexta vez en la mañana, sin embargo, se contiene.

—En efecto, no tengo ni idea de qué estás hablando —responde, mirando de reojo a Yamagata. No tiene idea de por qué, pero el muchacho luce decepcionado. ¿Es tan terrible ser escorpio?

—Ah, ya olvídalo, seguro piensas que soy ridículo —dice repentinamente, cruzándose de brazos.

El repentino cambio en su humor le hace estallar en risas, lo cual no hace mucho por el recientemente adquirido mal humor de su compañero. De igual manera, le sonríe con tranquilidad—. Yamagata, podría escucharte hablar sobre el horóscopo todo el día, no creo que seas ridículo en absoluto.

—¿Ah sí? —pregunta cuidadosamente, observándole con un considerable nivel de incredulidad.

—Por supuesto que sí. Es genial que te apasionen esas cosas —responde, dándole una palmada amistosa en el hombro.

—… ¿Sabes? Para ser ateo y, para más inri, escorpio, no eres para nada un snob insufrible —dice Yamagata, mientras le sonríe con picardía.

—Y tú eres bastante razonable, para alguien que cree en el esoterismo —responde Reon en un tono igual de juguetón.

El trayecto hacia el ala médica de la academia se llena de risas que resuenan en el vacío campus, mientras sus voces son llevadas por la suave brisa primaveral.

Y Reon definitivamente no cree en el destino, pero supone que haberse dejado llevar ese día por las alocadas ideas de Yamagata, fue una bonita coincidencia.


—Míralos —escucha a su derecha, en un tono que derrama demasiada amargura, para alguien que está cenando cerdo—. Tan felices en su pequeña burbuja… ¿cuándo diablos ocurrió eso?

Wakatoshi tiene que levantar la mirada de su comida para saber a qué se refiere Eita, y lo que se encuentra justo en frente es a Hayato y Reon, inmersos en lo que parece ser una conversación muy interesante, a juzgar por sus platos de comida sin tocar.

—Eita, no puedo ver ninguna burbuja de ningún tipo —responde con calma, retornando su atención a sus fideos.

—Es una expresión, Toshi —explica Eita, revolviendo su comida sin mucho interés—. Significa que están tan metidos en su conversación, que no nos notan.

—Oh, ahora comprendo —responde cordialmente—. Sin embargo, no creo que eso sea algo negativo.

—¿Quién dijo que es malo? —pregunta Eita, irguiéndose rápidamente.

—El tono de tu voz denotó enojo, como si no te agradara la idea de que Reon y Hayato se estén conociendo más —explica Wakatoshi con calma. Eita le devuelve una expresión sorprendida, que no comprende en absoluto—. ¿He dicho algo incorrecto?

—… Honestamente, eres más perceptivo de lo que cualquiera te da el crédito —¿Eso qué significa? Se pregunta Wakatoshi. Sin embargo, antes que pueda expresar su duda en voz alta, Eita prosigue su conversa—. Ah, no creo que sea malo en absoluto, es que verlos me hace sentir un poco… solo. Creo. Extraño tener a alguien con quien hablar todo el tiempo.

—¿No es suficiente mi compañía? —pregunta Wakatoshi, sin estar seguro de si debería sentirse herido o no por el comentario.

Eita lo observa durante un momento y, por algún motivo, estalla en risas. Wakatoshi decide que no comprende lo que está sucediendo en la conversación, sin embargo de momento no tiene a nadie que pueda explicarle qué significan todas las diferentes reacciones de sus compañeros.

—Luces idéntico a Tendou cuando haces eso —explica Eita, cuando finalmente logra controlar su risa.

—¿Cuando hago qué cosa? —inquiere. ¿Es malo que le recuerde a Tendou? Se pregunta. Después de todo, Eita está enojado con él.

—Cuando giras la cabeza, así —responde tranquilamente, mientras tilda un poco la cabeza a su izquierda—. Tendou hace lo mismo. Y de alguna forma, ambos lucen como un pájaro tonto.

—No estoy muy seguro de cómo tildar mi cabeza ligeramente me pueda hacer lucir como un ave de poca inteligencia —responde, bastante confundido e inseguro de cómo pasaron de discutir la soledad de Eita a comparar expresiones corporales con animales.

Eita estalla en risitas nuevamente, ahora llamando la atención de Hayato y Reon, sacándoles de la metafórica burbuja en la que —de acuerdo con Eita— estaban sumergidos.

—¿Está gracioso el cerdo, Eita? —pregunta Reon con una sonrisa.

—Creo que la cena no posee propiedades humorísticas —responde Wakatoshi con calma. ¿Gestos animalísticos? ¿Comida con sentido del humor? ¿Qué ocurría con todos?

Para su consternación, tanto Hayato como Reon estallan en carcajadas—. Ushi, era una broma —explica Hayato, tratando de mantener su risa a un volumen aceptable.

—No me percaté —Su respuesta fue, aparentemente, merecedora de otra ronda de risitas—. Sin embargo si desean comprobar si la comida es o no entretenida, deberían empezar a cenar.

—Ah, tienes razón —responde Reon, finalmente empezando a cenar. Hayato se apresuró a imitarle—. Mmh, sabe bastante diferente cuando se enfría, no estoy seguro de que me guste.

—Supongo que nos lo hemos ganado por quedarnos hablando como doñas —comenta Hayato con una sonrisa.

—¿Qué tanto hablan, de todas formas? —pregunta Eita, aparentemente incapaz de contener su curiosidad—. Nunca los había visto tan cercanos.

—También me encuentro un poco curioso —secunda Wakatoshi, interesado en descubrir el origen de la repentina cercanía entre sus dos amigos—. Eso y su repentina ausencia en el entrenamiento de esta tarde.

—¿Eh? ¿No asistieron tampoco? —pregunta Eita, observándole—. Durante el almuerzo no lucían enfermos.

—La entrenadora estaba furiosa —responde Wakatoshi, colocando sus palillos dentro del bowl, dando por finalizada su cena—. Sus palabras exactas fueron, "primero me prohíben que Satori participe en el Interhigh y hoy tres de los titulares se han enfermado misteriosamente. ¡Lo único que me falta es que un can me orine los zapatos!". No pensé que la suspensión de Tendou provocaría tanto revuelo y, verdaderamente, tampoco comprendo la conmoción.

—… Supongo que estos días han sido estresantes para casi todos —musita Eita, repentinamente carente del buen humor que parecía haber adquirido durante la tarde.

¿He malinterpretado el ambiente de nuevo? Se pregunta Wakatoshi, consternado. Desde que Eita confesó estar experimentando atracción romántica hacia Tendou, no ha dejado de notar que suele provocar una serie de emociones contradictorias en Eita. Un momento estará bien y al siguiente, como si hubiera recordado algo estando en su presencia, rápidamente se volvería frío y distante.

Y le encantaría saber cuál era el origen de su malestar, porque definitivamente no disfrutaba verle sufrir de esa manera.

—Tu humor sí que es estresante, Eita —comenta Hayato de manera despreocupada y, en su opinión, muy poco cuidadosa.

—¡Oye! —exclama Eita, repentinamente enojado.

—¿Te mataría tener una personalidad consistente? —pregunta con un tono que probablemente es humorístico—. Cada vez que Tendou aparece en la conversación te pones peor que una brújula en el polo norte.

—¿Eso qué diablos significa? —responde, sin calmarse en lo absoluto.

—Cuando una brújula se encuentra ubicada en el norte magnético, pierde su dirección totalmente y empieza a girar sin control —responde Reon con calma.

—No estoy perdido. ¡Y definitivamente no por Tendou! —La ira de Eita parecía estar aumentando progresivamente con cada referencia a sus sentimientos por el pelirrojo.

—Eita, creo que está bien que te sientas enojado con él, pero no comprendo tu enojo —intenta negociar Wakatoshi—. Deberías calmarte.

Pero últimamente ha descubierto que, todos sus intentos por mejorar las cosas…

—¡Oh, no quiero oír eso de ti, señor todo-en-orden-por-aquí! —grita Eita mientras se pone de pie, pálido, iracundo y probablemente a un segundo de estallar—. ¿¡Cómo te atreves!? ¡Eres el menos afectado por toda esta situación! Estalló todo este lío, ¡y de pronto decidiste que no conocías a Tendou lo suficientemente bien para llamarle tu amigo! Bueno, te tengo noticias Wakatoshi, ¡absolutamente nadie conoce a Tendou!

Termina arruinando todo.

—¡E-Eita, tranquilízate, todavía hay personas en el comedor! —susurra Reon, en un intento por calmarle.

Wakatoshi se encontró a sí mismo sin palabras para Eita. O, quizá sí que tenía palabras… Tan solo que el miedo por empeorar su humor era más grande.

—¡Lamento no poder distanciarme emocionalmente de todo como tú, Wakatoshi! ¡Y lamento que mis emociones sean una mierda sin sentido, Hayato! —grita, todavía iracundo y con lágrimas amenazando por caer—. Pero, ¡¿adivinen?! ¡Puede que tenga que ver con el hecho de que el idiota que me rechazó y luego se fue sin siquiera decirme algo antes, es el mismo idiota al que aún llamo mejor amigo!

—¡Eita, contrólate! ¡Yamagata no tiene la culpa de que estés frustrado con Wakatoshi! —exclama Reon, poniéndose de pie también—. ¡Y Wakatoshi no tiene la culpa de que no sepas qué hacer con Tendou!

—Ah, ni te molestes Reon, no se puede razonar con Eita cuando se pone así —responde Hayato de inmediato, poniéndose de pie junto a Reon—. ¿Estás enojado? ¿Frustrado? ¿Confundido? ¡Siente lo que quieras, Eita! Pero eso no te da el derecho de descargar tu mierda con nosotros.

—¡No me he enojado yo solo! —responde Eita, visiblemente contrariado con la opinión de Hayato en el asunto—. ¡Yo estaría tranquilo, si no insistieras en meterle el dedo a la herida!

—¿Y dejar que te desquites con Toshi? ¡Yo creo que no! —replica Hayato, sonando cada vez más enojado—. ¿Sabes? Aunque no te lo creas, estoy de tu lado con la situación de Tendou. ¡Pero eso no significa que puedas ser una mierda con otros!

—¿Oh? ¿Estás de mi lado ahora? —escupe venenosamente—. ¡Pues se tan amable de iluminarme en mi comportamiento, oh buen Yamagata!

Eso fue, aparentemente, lo que bastó para colmar la paciencia de Hayato—. ¡Eres un impulsivo insufrible, eso es lo que eres! —estalla el muchacho finalmente—. ¿Crees que tus sentimientos te afectan únicamente a ti? ¡Seguro, debiste pensar mil veces en lo terrible que sería que Tendou te rechazara! ¡Seguro, debió ser horrible cuando lo escuchaste soltar sus asquerosas mentiras! ¿Pero te has detenido un momento a pensar que, no lo sé, ¡tal vez no era el momento para revelar toda esa mierda!?

—¡¿Por qué será que no me sorprende que seas tú el que tenga las bolas tan grandes para decir que esto es culpa mía?! —Eita grita su respuesta, dejando que las lágrimas corran con la misma libertad que sus palabras.

—¡No estoy diciendo sea todo tu culpa! —Finalmente, Hayato golpea la mesa con ambas manos, consiguiendo derramar comida por doquier—. ¡Estoy diciendo que quizás debiste elegir un momento más oportuno para salir del closet y sacudirle a Tendou sus asquerosas y homofóbicas mentiras en su cara! ¡En lugar de hacerlo justo cuando lo habías acorralado con sus sentimientos por-!

Lo que fuera que estuviera a punto de abandonar la boca de Hayato, murió repentinamente, dando una pausa en seco a la agitada discusión. Ambos se miraban a los ojos, con una palpable ira, sin mostrar disposición alguna a dar su brazo a torcer. Entre ambos, Reon se encontraba pálido y agitado, pasando su mirada de uno a otro como si no supiera a quién debería calmar primero.

Wakatoshi soltó un suspiro tembloroso en medio del silencio, sin haberse percatado que estuvo conteniendo el aliento todo el rato.

—¿Quieres pelear con Tendou? Bien. Creo que ambos tienen pendiente una buena pelea, ya sabes, para romper la tensión —espeta Hayato en un tono bastante más bajo, pero derramando tanto sarcasmo que incluso Wakatoshi era capaz de percibirlo—. Pero deberías considerar que huyó porque no es capaz de enfrentar que sepas la verdad como un niño grande, en lugar de comportarte como un malcriado y desquitarte con alguien que no tiene culpa de nada simplemente porque estás celoso.

Y si bien el significado de esas palabras era totalmente desconocido para Wakatoshi, le sentaron como un balde de agua fría a Eita, quien pasó de estar pálido como la avena, a un tono candente de rosa en menos de un segundo. Tanto Hayato como Reon notaron el cambio de manera inmediata, mostrando reacciones radicalmente distintas el uno del otro.

Mientras que el rostro de Reon denotaba sorpresa pura y sin adulterar, como si las palabras de Hayato le hubieran hecho crear una conexión que antes no consideró posible, el de Hayato se contorsionó con una profunda ira.

—Yo no. Estoy celoso —Y sin embargo con lo iracundo que está Eita, Wakatoshi empieza a temer que pueda sufrir de un arresto cardiaco.

—No puedo creerlo —dice Hayato lentamente, temblando de ira—. ¿Y tienes los cojones de hablar de Tendou? Eres tan cobarde como él.

La reacción fue tan repentina como inesperada. E incluso si lo hubiera visto venir, Wakatoshi no está seguro de que hubiera podido reaccionar a tiempo para detener a Eita de tomar su plato de fideos y lanzar su contenido directo al rostro de Hayato.

Un pesado silencio se asentó sobre la mesa nuevamente.

—¿No te cansas de armar tanto drama, Semi? —pregunta Hayato con una mortífera calma, sin mover un músculo para limpiar su rostro.

Sin embargo Eita ni siquiera se detuvo para responderle mientras se alejaba del grupo, del caos en el que se había transformado la mesa y del ahora desierto comedor.

En su lugar, siguió caminando, levantando la voz para responder con otra pregunta—. ¿Y tú, Yamagata? ¿No estás cansado ya de apuntar a todos con el dedo y jugar a ser Dios?

—¡Eita! —La plegaria vino de nadie menos que Reon, quien aún paralizado por el shock, observaba al muchacho alejarse sin dar marcha atrás o detenerse. Ante esto, Hayato finalmente dejó de mirar a Eita, para posar sus ojos abiertos de par en par en Reon—. ¡Eita, espera!

Reon, sin embargo, no le regresó la mirada ni un instante antes de alejarse con prisas de la mesa para seguir a su iracundo amigo.

Habiendo seguido la escena con la mirada, Wakatoshi se dio cuenta de dos cosas. La primera, que en algún punto del caos —posiblemente cuando Eita decidió cubrir a Hayato con fideos— se puso de pie sin darse cuenta. Por lo tanto, se sentó a contemplar la comida desperdiciada sobre la mesa.

—¿Hayato? —dice, sorprendiéndose a sí mismo con lo estable que sonaba su voz.

—Debí imaginarlo —Le escucha murmurar. Su voz suena rasposa y lastimera, y Wakatoshi no sabe si es producto de los gritos y las explosivas emociones, o si la discusión le ha afectado tanto—. Debí puto imaginarlo…

—¿Imaginar qué cosa? —pregunta con cuidado, temeroso de ser la chispa que inicie la guerra. De nuevo.

Hayato lo observa con una emoción indescifrable. Quizás es indescifrable por la cantidad de fideos aún en su rostro. O quizás es indescifrable simplemente porque Wakatoshi es verdaderamente incompetente para entender lo que sienten otras personas.

Era lo que le reclamaba Eita, ¿no? Probablemente tenía más razón de la que le estaban dando. Aún así, Wakatoshi realmente no lo hacía a propósito. Se esforzaba en comprender pero, aparentemente sus intentos solo terminaban con más personas siendo lastimadas.

Sinceramente, se estaba sintiendo verdaderamente... inútil.

—Que también sería así, con Reon —murmura al vacío, también retirándose de la mesa—. Solo una segunda opción… Debe ser el destino.

Tratando de actuar con más rapidez de lo que su cerebro estaba comprendiendo, se puso de pie para seguir a Hayato—. Hayato, el destino no es real. Reon ha seguido a Eita por su propio libre albedrío —¿Y de qué opciones estás hablando?

—¡Ja! Tú en verdad no tienes ni la menor idea de qué clase de cosas dices, ¿eh, Toshi? —Su voz trata de mantenerse alegre, sin embargo Wakatoshi todavía la escucha quebrarse.

—Hayato, yo-

—Ya, Toshi —dice en un tono cansado, alejándose por el lado opuesto al que han tomado Eita y Reon—. Ya... has hecho más que suficiente.

Las palabras siguen resonando dentro de su cabeza incluso cuando los pasos de Hayato ya no están dentro de su rango auditivo.

Él… realmente lo ha arruinado, ¿no?

Volviendo en sí, observa la mesa. Hay comida regada, palillos rotos y líquidos mezclándose y goteando hasta el suelo. Si tuviera que utilizar una metáfora con la que explicar la situación que acababa de atravesar, la pobre mesa sería una imagen perfecta.

—¿Y bien muchacho? ¿Vas a quedarte a limpiar el desastre? —Escucha la voz desde la cocina. Oh, esto es embarazoso, piensa por unos momentos. No se le ocurrió que las cocineras y los empleados de limpieza habrían estado escuchando todo el caos, fue tremendamente descuidado de su parte, causar tal alboroto.

—¿Me permite una fregona, por favor? —pregunta. Quizás, si se ocupa con algo, sus manos dejarán de temblar y sus oídos dejarán de zumbar.

No sabe cómo ayudar a Tendou. Por algún motivo que no logra discernir, Eita no parece tolerarle en estos momentos. No cree tampoco que sea prudente compartir sus inseguridades con Reon, quien parece tener las manos llenas. Y Hayato… bien, fue bastante elocuente.

Ya has hecho más que suficiente.

Vale. ¿Y ahora… qué?


TAMARINDO NAVIDEÑA EN TU ÁREA

¡HEY HEY HEY! ¡FELIZ NAVIDAD! Espero que les guste este precioso regalo, un capítulo bien largo para que lean durante la incómoda cena familiar.

¿Me extrañaron? Seguro que echaron de menos mi marca personal de angst. Recuerden nenes, un fic de angst al día mantiene al doctor en la lejanía. ¿O cómo era la vaina?

No me pregunten de dónde salió esta idea loca de que Hayato cree en la astrología y Reon es ateo, hagamos como que los personajes escribieron esa parte. It felt right.

De todas formas, no se preocupen que no soy una rompegrupos, este peo se va a solucionar. Eventualmente.

¡Quiero leerles! ¿Qué opinan de toda la situación? ¿Cómo habrían reaccionado ustedes? Personalmente cuando ocurren cosas así, soy bastante Ushijima lmao. Prefiero distanciarme emocionalmente de las cosas que me generan conflicto, pero luego me cuesta empatizar y digo muchas cosas que podrían sonar insensibles FLJSLFKAJLKF

¿Qué le deparará a nuestros personajes? ¿Aparecerá Tendou en el siguiente capítulo de Haikyuu? ¿Podrán Woody y Tiro al blanco cruzar el cañón a tiempo?

¡Gracias por leer! ¡Felices fiestas!

Stay tunned!

;Tamarindo Amargo