7. Ohira Reon: el chico ordinario


ADVERTENCIA: Este capítulo contiene lenguaje homofóbico.
Por favor leer nota al final del capítulo.


—¡Eita!

No va a mentirse a sí mismo diciéndose que es mejor que cualquier otra persona de su edad, porque realmente no lo es.

Se mete en problemas, berrea y tiene cambios de humor tan extraños como cualquiera. Su voz había empezado a cambiar recientemente y se quebraba en sitios extraños, su altura no era remarcable, su apariencia tampoco y ni siquiera sus habilidades en el deporte que practicaba. Las manos le sudaban como a cualquier chico y la pubertad le hacía sufrir de los mismos incómodos inconvenientes.

Es una persona normal, en el sentido menos glorificado de la palabra. Promedio, común y soso.

No acostumbra a mentir, por lo que no va a empezar a tratar de convencerse a sí mismo de cosas que no son verdad, como que es diferente y especial. Realmente no lo es.

Porque incluso si su nombre se lee como "rugido", su apellido sigue significando "ordinario".

—¡Eita! ¡Eita, espera! —exclama, siguiéndole por el pasillo. Vagamente puede notar estudiantes aún paseando por el recinto, dándoles miradas extrañas a ambos. Cabe la posibilidad de que nos escuchara media academia, considera Reon. Pero no desacelera—. ¡Hey, Eita!

—Ya déjame en paz, Reon —espeta el otro, apresurándose en dirección a los dormitorios.

—¡No haré eso! —responde en su dirección, corriendo hasta quedar frente al muchacho—. Oye, ¿acaso has perdido el juicio?

—¿A ti qué te importa? Vuelve a tu burbujita de romance con Hayato anda, que se muere por verte —responde Eita, prácticamente atropellándolo al pasarle de largo.

—¿Y ahora de qué hablas? —Reacio a rendirse y un poco ignorando las punzadas que le causaban esas filosas palabras, Reon prosigue con su persecución—. ¡Eita, escúchame un momento! ¡No puedes echarle comida en la cara a alguien y luego salir corriendo, entra en razón!

Deteniéndose en seco, Eita da una vuelta de 180º y lo encara repentinamente, rojo, furibundo y dolido.

—¿Que entre en razón? ¡Pues verás, no puedo! —exclama, alzando ambos brazos en señal de rendición—. No entro en razón porque cada vez que abro la boca, ¡tiene que saltar alguien a decirme que estoy siendo inapropiado, irracional y neurótico! ¡Da la casualidad que ese alguien tiene que ser Hayato, cada vez! ¡Con él no puedo razonar!

—¡Eso no es lo que digo! —replica, incapaz de comprender el tren de pensamientos del otro—. Escucha, ustedes dos obviamente no congenian y no entiendo por qué, pero es que no debiste-

—¡Aquí vamos de nuevo con lo que debo o no debo hacer! —Ríe. Pero, no es una risa alegre. Es viciosa, corrosiva. Ríe, pero suena a que le escupe y maldice—. Tú y Hayato en verdad son el uno para el otro, ¿no es así? ¡Ambos… malditamente perfectos! ¡Supongo que no habrá hecho falta ningún embrujo estúpido de su colección de cartitas de estrellas para tenerte meneando el rabo cuando te llama!

Le costó un segundo comprender de qué lo recriminaba Eita y dos para darse cuenta que no podrían llegar a ningún acuerdo en ese preciso momento.

Pero no tardó ni una décima de segundo en sentirse herido por sus palabras y, lo que era más, confundido por su comentario.

—Solo estoy intentando ayudar —explica, con palabras que suenan acartonadas y patéticas a sus propios oídos. Su propósito está menos definido que un camino después de una tormenta de nieve y palabras escritas en la arena, al alcance de la marea alta.

—Pues ya basta —replica, acercándose paso a paso—. Haces esto cada jodida vez. ¿Tendou tiene un pedo mental? ¡Vas y lo consuelas! ¿Wakatoshi es socialmente inepto? ¡Reon al rescate! ¿No somos besties Hayato y yo? ¡Tienes que arreglarlo! ¡No soportas que las cosas sean como son, porque tienes que ir y arreglarlo todo, todo el puto tiempo!

Y aunque sus instintos le dicen que debe abandonar esa discusión en ese preciso momento y correr en dirección opuesta, quizás a encontrar a Yamagata o a Wakatoshi… Se queda allí, completamente congelado. Como si de pronto sus piernas se hubieran fusionado al concreto a sus pies.

Se cómo terminan estas cosas, piensa, observando a Eita enojarse más cada segundo, como un accidente de tren a cámara lenta o un edificio desmoronándose.

—¡Pues claro que intentaré arreglar las cosas! —responde mientras que el pinchazo en su pecho se vuelve más doloroso, por motivos que deberían ser ajenos—. ¿Qué se supone que haga? ¿Quedarme callado mientras se matan entre ustedes? ¿Mientras te autodestruyes? ¡Soy tu amigo!

Se cómo terminan estas cosas. Lo he visto mil veces y cada una de ellas me prometí a mi mismo que nunca, jamás, me vería envuelto en algo así.

—¡Entonces detente! —grita finalmente, desmoronándose como una ola alcanzando su punto más alto. Se lo lleva de por medio también—. Estás tan concentrado en resolver todo, todo el tiempo, ¡no necesito que me calmes ni me ayudes a entrar en razón! ¡Déjame estar enojado en paz! No quiero tu ayuda, ¡y tampoco la necesito!

Flameando, Eita abandona el pasillo a paso veloz, probablemente en un intendo de perder a Reon si es que este desea seguirlo.

Sin embargo, no lo hace. No lo sigue.

Con las piernas pesadas, camina en dirección a los dormitorios. O quizá lo pesado no son sus piernas, sino sus pies. O su alma. O su consciencia.

¿Tiene que arreglarlo todo, todo el tiempo? Eso no es algo inherentemente malo, ¿no es así? Es lo que hace, después de todo. Escucha a sus amigos, trata de aconsejarlos lo mejor que puede y los consuela cuando eventualmente no siguen dichos consejos. ¿Es eso malo? Eita lo hace sonar como que sí, pero sabe que no debe fiarse de lo que diga una persona enojada.

Aun así, no puede evitar pensar en ello. En cómo ayuda a Tendou y a Wakatoshi, en cómo intenta apaciguar la guerra entre Eita y Yamagata y cómo lo único que hace realmente es intentar resolver problemas que no le conciernen. Una y otra vez, obsesivamente.

Lo hace porque son sus amigos, ¿cierto? Por supuesto que quiere ayudar a sus amigos, son un grupo. Sociológicamente hablando, los grupos sociales existen como una manera de alcanzar un objetivo común y cada individuo tiene un rol en este. ¿No es ese entonces su papel? Ayudarles, emendar las cosas… Una y otra y otra y otra vez.

Eventualmente se encuentra a sí mismo en medio del campus, en medio de la noche. No hay rastro de Eita, de Yamagata o de Wakatoshi y tampoco hay rastro de alguna respuesta que pueda apaciguar la creciente ansiedad en su pecho. Bien que se había dicho esa misma mañana, que no sería capaz de soportar tres crisis simultáneas.

Vale. ¿Y ahora… qué?


Ohira Reon, catorce años. Cumplirá quince el treinta de octubre, suceso que no espera con muchas ansias.

Proviene de una familia que muchos describen como extraordinaria, a pesar de que su apellido signifique todo lo contrario. Siempre ha creído que es cómico de una manera un tanto irónica. Sus padres no saben de ironía… O de humor.

Su madre tiene un doctorado en medicina nuclear al igual que todos en ese lado de la familia son doctores en medicina. Su padre es juez en la corte suprema al igual que todos en ese lado de la familia laboran en algún nivel del sistema judicial japonés. Como hijo único, su deber es honrar a la familia y continuar uno de los dos legados.

Mientras crecía, se dio cuenta del control nulo que ejercía sobre su propia vida. Si estudiaba en casa o en una escuela tradicional, fue algo que jamás le preguntaron. Ir a una universidad privada o nacional, tampoco es algo que podrá decidir. Sus únicas opciones reales son las siguientes: ¿medicina o derecho?

Si estudia medicina, entonces tendrá la herencia de la familia de su madre. Ella quiere que tenga una boda tradicional japonés con una chica japonesa después que se gradúe de la escuela de medicina y que tenga una familia japonesa tradicional, con un hijo varón de ser posible. Dice que tiene una compañera de trabajo a la que conoce de hace una década, con una hija tímida a la que le gusta hacer los quehaceres del hogar. Reon no la conoce, su madre siempre pronuncia su nombre de manera diferente al hablar de ella.

Si estudia derecho entonces tendrá que estudiar Kyoto, no en Tokyo. Su padre quiere que se case con una extranjera, no le importa particularmente si se casa antes o después de graduarse, en tanto tenga descendencia pronto. Dice que las mujeres surcoreanas son tranquilas, pero jamás le ha gustado la manera en que lo dice. Siempre le ha prometido que cuando sea mayor de edad lo llevará a "volverse hombre".

Ellos discuten, bastante seguido. Acerca de a dónde irán para las vacaciones—no importa, siempre viajan por separado—, acerca de dónde pasará él las vacaciones de invierno y verano—casa de sus abuelos maternos, siempre es allí—, acerca de las herencias de sus respectivas familias, acerca de política, las amantes de su padre, los problemas con el tabaco de su madre…

Reon no tiene muchas cosas sobre las que decidir sobre su propia vida. De cierta manera, el vóleibol fue su propio pequeño acto de rebeldía y, estudiar en Shiratorizawa, una especie de milagro que agradece cada segundo.

—Oh, aquí estás, Wakatoshi —saluda tranquilamente, mientras se quita los zapatos.

—… El resto de la escuela está cerrada, ¿dónde más podría estar? —pregunta este, frunciendo el ceño.

Reon ríe ligeramente. Está agradecido también de tenerle como compañero de habitación: cualquier otra persona habría comentado su cara larga y tono triste apenas verle. No es que sea el mejor para ocultar sus emociones, pero Wakatoshi nunca ha sido muy bueno en leerlas.

El Shiratorizawa es un pequeño milagro, o un tremendo golpe de suerte, dos cosas en las que realmente no cree. Un internado alejado de su familia, donde puede tomar sus propias decisiones.

Las circunstancias que le permitieron terminar allí le siguen pareciendo ridículas. Les interesaba más la reputación y el renombre y poder decir que podían costearse una escuela privada de alta alcurnia, con campos de golf y clubes de equitación.

Allí, podía tomar decisiones. Dentro de los estrictos límites del campus… se sentía mucho más libre que en cualquier otra parte del mundo.

—¿Te cambiaste de ropa? —pregunta, escalando a la parte superior de la litera.

—Transpiré un poco mientras limpiaba la mesa del comedor —responde el otro, mientras rellena lo que Reon siempre ha supuesto, se trata de una especie de diario. Nunca ha preguntado, cree que sería obstrusivo de su parte—. Empecé a oler extraño, así que decidí bañarme de nuevo.

—Oh, la mesa del comedor… Lamento no haberte ayudado con eso —Se arrepiente de su elección de palabras casi de inmediato. Las palabras de Eita aún se repetían en su mente, frescas.

—Está bien, estabas ayudando a Semi a tranquilizarse —Reon siente la necesidad de reír ante el comentario. No lo hace, sabe que a su amigo no le gusta que las personas se ríen mientras él intenta ser serio—… ¿Lo conseguiste?

—¿Tranquilizar a Eita? —Wakatoshi murmura un afirmativo. Se sienta sobre la cama, mientras que las ganas de llorar que sintió antes regresan poco a poco—. Creo que lo empeoré todo.

—Oh. ¿Se ha enojado contigo también? —Asiente silenciosamente, esperando que Wakatoshi lo estuviera mirando. Lo hacía, porque entonces agregó: —¿Crees que Semi ya no quiere que seamos sus amigos?

—… No lo sé.

Sus palabras le sorprenden.

Normalmente, Reon habría dicho que no. Quizá en un intento de no preocupar a Wakatoshi, quien ya está conflictuado ante la idea de no agradarle a Eita—quien aparentemente está celoso, porque Tendou gusta de él y no de Eita, lo cual… Lo cual ya es otra olla de problemas por sí solo.

Yamagata sabría qué hacer, piensa momentáneamente. Pero detiene esa idea antes que eche raíz. Después de lo que hizo Eita, duda que Yamagata quiera siquiera escuchar su nombre por un largo, largo rato.

Cielos… entrenar va a ser una pesadilla.

—Ohira —Reon escucha su voz proviniendo de la cama de abajo—. ¿Sigues despierto?

—Lo estoy, ¿ocurre algo Wakatoshi?

—… ¿Es malo que dos personas no se lleven bien? —pregunta entonces, en un tono genuinamente consternado que le retuerce el corazón un poco.

Wakatoshi es muy curioso, o al menos eso cree él. Tiene una manera tan simple de ver el mundo que no puede evitar pensar que es un poco como un niño. Ahora sabe que Eita lo encuentra exasperante y la punzada de dolor regresa a su pecho.

—No lo sé —responde con sinceridad—. No me gusta cuando dos personas discuten, pero racionalmente, sé que es normal. Es imposible caerle bien a todo el mundo.

—Pero, ¿es malo?

—No… no es malo —Incluso si destruye algo que considera precioso—. A veces es triste… pero no es necesariamente malo.

Le escucha. Wakatoshi hace un sonido que suena aprobatorio, aparentemente satisfecho con la respuesta. Luego las cobijas removiéndose y por último un suave "buenas noches", indicando que dispone a dormir.

Por segunda vez esa semana, Reon se encuentra a sí mismo esperando una noche de sueño que no llega jamás.


Eita no se sienta con ellos al desayuno la mañana siguiente, lo cual en cierta forma es un alivio. Todavía no tiene ni la más remota idea de cómo acercársele, ni ha figurado tampoco si es que este siquiera tiene ganas de que cualquiera de ellos se le acerque. Bien podría aislarse hasta el regreso de Tendou y luego fingir que no ocurrió nada durante las dos semanas en que no estuvo presente.

Sin embargo, Yamagata tampoco apareció y eso le sentó tan bien como un puñetazo al estómago.

—Ohira, tu desayuno está intacto —observa Wakatoshi, diez minutos de silencio después.

—Perdí el apetito —responde, mientras juega con los gajos de cereales sin ningún interés.

—Estás afligido —Levanta la mirada, para encontrarse con su amigo y su desayuno similarmente intacto—. Por lo que ocurrió ayer.

—… Tú tampoco estás comiendo —Reon pasa olímpicamente de hablar acerca de sentimientos en ese momento.

—No me encuentro muy bien del estómago —admite, observando su plato con algo similar a la aprensión—. No deseo desperdiciar comida, es irrespetuoso.

—Wakatoshi, está bien, me la puedes dar —responde casi por reflejo.

El otro tuerce la cabeza, dándole la mirada confundida de siempre. Pues en realidad sí que luce un poco como Tendou cuando lo hace. —Sin embargo, acabas de decir que has perdido el apetito.

Cielos, Wakatoshi. —Ya me dio hambre otra vez, no tienes que preocuparte.

—¿Estás seguro?

—Sí, tú no te preocupes, ve a la enfermería a que te revisen —Arrepintiéndose inmediatamente, Reon toma la bandeja de comida de Wakatoshi y la pone junto a la suya. Fantástico, en serio, sabe que apenas puede con lo que se ha puesto encima y ha decidido tomar más.

De alguna manera, cree que es una buena metáfora para describir su vida en ese momento.

—Gracias —responde Wakatoshi mientras se pone de pie—. Iré a la enfermería.

—¡Excelente! Tú no te preocupes de nada aquí, yo me encargo.

Cuando él se retira, queda el silencio.

El resto del comedor prosigue con su vida, ignorantes a la situación en su mesa. Siempre suele tener la sensación de que todo el mundo tiene el ojo puesto en ellos y los dramas que transcurren semana sí, semana no. Pero no es así, no realmente, todos tienen una vida propia de la que ocuparse y, sobre todo en un sitio así de exigente, los problemas personales ya son demasiado.

Demasiado, piensa Reon, observado su intocado plato de comida. Es demasiado lo que una persona tiene que hacer por su cuenta, pero él siempre insiste en ayudar a otros y tomar más de lo que puede masticar.

Con un suspiro desganado, empieza a comer. Espera poder terminar a tiempo para las clases.


Reon siempre pensó que el punto de trabajar en equipo era llevarse bien unos con otros. ¿De qué otra manera podrían estar en sincronización?

—¡Arriba, arriba!

—¡Derecha!

—¡Wakatoshi, última!

Probablemente esperaba que la discusión tuviera una clase de impacto en su trabajo en equipo.

No, probablemente no. Quería que la discusión los alterase lo suficiente para que el equipo se viera en riesgo. ¿Es egoísta de su parte? ¿Está mal? No lo sabe.

Sin embargo Yamagata juega como siempre y Eita mejor que nunca. Probablemente es el único que nota que no se miran ni se dirigen la palabra a menos que sea estrictamente necesario. Diablos, probablemente sea el único que nota que Wakatoshi está más tenso de lo usual con ellos dos en la cancha.

¿También espera a que ocurra algo? ¿Se lo estará imaginando? Wakatoshi nunca está tenso mientras juega.

—¡Un toque!

—¡Reon!

Reacciona demasiado tarde. El balón cae dentro de su área de defensa y el equipo pierde otro punto.

Yamagata juega como siempre y Eita mejor que nunca. Wakatoshi está algo tenso.

El único que está jugando de manera desastrosa… Es él mismo.

—Lo lamento —repite por quinta o sexta vez esa tarde.

—¡Benkei, menos lamentos y más ganas! ¡No porque seas titular significa que puedes holgazanear ahora! —La entrenadora brama en su dirección, enojada y con todos los motivos para estarlo—. ¡Otro error y te voy a sentar durante los partidos de práctica siguientes, de forma indefinida! ¿Me estás escuchando?

Se muerde el labio con fuerza. No está acostumbrado a ser reñido por nadie, de hecho se siente un poco ridículo. —¡Sí, entrenadora!

Los eventos de los últimos días no afectaron a Yamagata o a Eita, al menos no de una manera que él pueda percibir. Wakatoshi está lo suficientemente alterado como para que le digan que luce tenso y eso está mal. Wakatoshi nunca deja que nada lo altere lo suficiente como para que el vóleibol se vea comprometido.

¿No están dejando que les afecte?

—Ohira, la rotación —Wakatoshi le pone la mano en el hombro. Es una de las muchas maneras que tiene de demostrar que está preocupado.

Reon sonríe y se mueve contra las manecillas del reloj. Si hay algo que detestaría, sería agregarse a sí mismo a la lista de cosas que parecen estarle turbando.

No, tiene que solucionar las cosas. Ese es su rol y no puede simplemente dejar que las cosas se queden tal y como están. No es correcto.

El silbato suena y Eita saca de nuevo. Suena el familiar golpe entre piel y cuero y… y el balón choca contra el muro en el lado opuesto del gimnasio.

—Muy bien, basta, ¡detengan los balones! —La entrenadora alza la voz y el gimnasio se sume en un absoluto silencio. Se detiene todo movimiento, toda respiración. Si se dejara caer un alfiler, haría eco—. Todos a estirar, ¡rápido! ¡Tienen cinco segundos para reunirse en un círculo!

Ante la señal, todos empiezan a estirar sin chistar. La regla del círculo es estar allí en cinco segundos, de lo contrario todos tienen que hacer cincuenta carreras suicidas. No se lo tomaron muy en serio la primera vez, lo cual les llevó a la peor tarde de entrenamiento concebida por el hombre. Después de eso, no volvieron a tomarse a la ligera las palabras de la entrenadora.

Reon se distrae bastante mientras estira, sintiéndose más responsable por la situación que cualquiera. Wakatoshi está justo a su lado, sujetando su mano izquierda con algo más de fuerza de la requerida. ¿Está nervioso? No debería estarlo, él no ha hecho nada que requiera reprimenda.

—… Benkei, Cenizas, Ushiwaka y Aguilucho, quiero que se queden. Los demás pueden retirarse.

El gimnasio empieza a vaciarse lentamente entre murmuros. Es más de una hora antes de lo que suelen salir y es dolorosamente obvio que el entrenamiento había sido un muy patético desastre.

Cuenta sus metidas de pata y las pone en tablas, cada día. Cree que es una buena forma de entrenarse a sí mismo para disminuir en manera de lo posible los errores que comete.

Los números del día serán excepcionalmente altos, lo cual le hace nudos en el estómago. Es suficiente escribir sobre sus errores, pero el agregado de que la entrenadora lo riña por ello es penoso.

—Saben por qué están aquí —dice ella, cuando la última persona abandona el gimnasio—. Su desempeño el día de hoy ha sido patético.

Lo dice sin morderse la lengua, así como lo dice todo, todo el tiempo. Es un poco como Wakatoshi, excepto que ella hace un esfuerzo consciente de que sus palabras sean directas y duras. Lo de su amigo es más bien una densa burbuja que lo condena a ser dulcemente ignorante de las situaciones sociales.

Reon no cree que los otros estuvieran tan mal. Sí, Wakatoshi estaba un poco tenso y Eita falló ese último servicio, pero…

—Semi —Eita se sobresalta un momento, levantando la mirada para enfrentar a la mujer—. Tus pases de hoy no son el motivo por el cual te elegí como titular. Das asco.

—Sí, entrenadora —responde, asustado de verle a los ojos y aterrorizado de desviar la mirada.

—No eres un rookie saliendo de la banca con las rodillas temblorosas a punto de jugar su primer partido de práctica, eres un titular de Shiratorizawa. Te quiero oír dirigiendo al equipo y te quiero ver deshaciendo la defensa del equipo contrario. Porque si sigues dando tantísimo asco, podrás aprender una cosa o dos sobre armar jugadas desde la comodidad de las gradas, ¡porque ni para aguatero te querré durante las eliminatorias! ¿Entendido?

—Sí, entrenadora.

—¿Cualquier cosa que te esté distrayendo? No quiero escucharlo. Durante la práctica te concentrarás en la práctica y si al terminar tienes algo que decirme, entonces escucharé. Antes de eso, nada.

Eita boquea como un pez fuera del agua, inseguro de si esa es su señal para decir qué lo tenía distraído, o si tenía que repetir por tercera vez las mismas dos palabras.

Sin darle oportunidad a que haga ninguna, la entrenadora señala la entrada con la cabeza. Eita se inclina y se retira de la reunión.

—Yamagata —El muchacho en cuestión se pone rígido ante la mención de su apellido—. El entrenador Washijou me ha mostrado videos del jugador que planea reclutar para el equipo de preparatoria. ¿Te suena de algo Nishinoya Yuu?

El aire en la habitación desciende en tiempo record. Reon casi comete la imprudencia de abrir la boca para decirle a la entrenadora que al muchacho le desagrada que lo comparen de esa manera.

Y porque no tiene deseos de morir joven, se queda callado. De la misma manera, Yamagata se juega la integridad de su rostro y testículos y no responde a la pregunta.

La entrenadora toma el silencio como respuesta. —Bien. Entonces espero que puedas darme más motivos por los cuales deba recomendarte a ti y no a ese chico, en lugar de menos.

—Sí, señora.

Yamagata sale del gimnasio a la misma señal, con una expresión oscura en su rostro.

No hay muchas personas a las que les guste ser comparadas, mucho menos cuando lo que comparan son aspectos negativos. Yamagata particularmente, quien siempre está bromeando y de buen humor, por regla general es bueno aceptando críticas.

Se parece a Tendou en ese aspecto. Ambos alegres, ambos difíciles de hacer enojar. Ambos susceptibles a un tema en particular y muy buenos—y terriblemente malos—en esconder lo mucho que les duele.

La puerta se cierra tras él, no con un azote pero sí de una manera que es demasiado cuidadosa.

—Un capitán tiene la tarea de hacer que sus compañeros de equipo actúen como un equipo —Wakatoshi acepta el regaño de la misma manera digna con la que hace absolutamente todo, hasta comer. Y si Reon no estuviera hiperconsciente de la manera en que su mano izquierda tiembla intermitentemente, habría pensado que no lo afecta nada en absoluto—. ¿No puedes controlar a tu equipo, Ushijima? ¿Debería darle el puesto de capitán a alguien más?

—No será necesario, entrenadora —responde, serio como nunca—. Soy capaz de llevar a cabo la tarea encomendada.

Reon nunca ha visto a Wakatoshi retroceder ante un desafío. Lo mismo podría ser dicho acerca de las responsabilidades. Wakatoshi… no es muy bueno en decir que no, a decir verdad. Siempre se hace cargo de todo diligentemente, sin que nadie le pregunte ni una vez si está bien con dicha responsabilidad.

Nunca le ha visto afectado por esa clase de presión, o falta de esta. O nada en absoluto.

—¿Te lastimaste la mano recientemente? —pregunta entonces, cruzándose de brazos.

El temblor se detiene abruptamente. —No, entrenadora.

—Muy bien entonces, tome control de su equipo. Te puedes retirar —Con la última orden, Wakatoshi asiente y se inclina y se retira.

Queda solo.

Diecisiete recepciones fallidas, recita en su cabeza. Cinco pases que no pude alcanzar. Ocho saques contra la red o fuera del gimnasio. Y arruiné el ritmo de todos los bloqueos en los que participé hoy.

En la academia Shiratorizawa, los halagos y cumplidos no sobran. Se respeta la excelencia y no se espera la mediocridad. Se apunta a la cima absoluta y las estrellas son las únicas que tienen el derecho de brillar allí.

Reon no tiene ninguna buena explicación para la patética excusa de jugador en la que se convirtió esa tarde. Si la entrenadora deseara sacarlo de los titulares por su desempeño, no la culparía.

En todo caso, ha jugado ordinariamente. ¿Cómo puede osar él a formar parte de un equipo extraordinario?

—¿Sabes por qué no eres capitán, Ohira?

La pregunta lo descoloca. ¿No hablarán sobre sus errores y lo que tiene que corregir y un posible castigo? —Uh… Yo, me temo que no entiendo la pregunta.

—No eres tan buen jugador como Ushijima, pero eres mejor comunicándote con el equipo y adaptándote a situaciones incontrolables —La entrenadora prosigue, manteniendo su mirada de acero firme—. ¿Sabes por qué no te elegí?

¿Es una prueba acaso? —Wakatoshi tiene mejores cifras que yo, y…

—Eres demasiado blando —dice ella, interrumpiéndole—. Eres un buen muchacho y se nota que tus amigos te aprecian. Por eso, serías un terrible capitán.

—Suelo conciliarlos cuando discuten —Porque ese es mi rol—. Objetivamente hablando, un equipo pacífico es más favorable a uno que no deja de pleitear entre sí.

—Discutir no es algo malo en un equipo —responde entonces, confundiéndole todavía más—. Tampoco es bueno si ocurre a cada momento, pero, es mejor que el silencio absoluto. ¿Sabes por qué? —Reon niega con la cabeza—. Significa que quieren algo y que es lo suficientemente importante para luchar por ello.

Reon sabe que tiene sentido. Es lógico, por supuesto, que dos personas discutan cuando quieren cosas diferentes.

Ir a la playa o a la montaña. Enviarlo al campo o quedarse en la ciudad. Educación en casa o una preparatoria formal. Universidad pública o privada. Si no es una cosa es la otra y cuando no es ninguna, inventan un motivo por el cual discutir.

¿Está mal querer evitar eso?

—Sigo creyendo que es preferible no discutir —responde sin titubear.

La entrenadora suspira. No sabe si frustrada o cansada o ambas. —¿Sabes, Ohira? Tus compañeros y amigos son bastante más listos de lo que les das crédito —Reon tiene que regañarse a sí mismo por ese "Realmente lo dudo" que cruza su mente como un rayo—. No es necesario que los tomes de la mano y los guíes por los seguros senderos de la conciliación: a veces, hay que dejar que se estrellen y se pierdan. Que encuentren la respuesta por cuenta propia.

Verdaderamente no lo comprende, y cree que no lo comprenderá pronto. Aun así asiente educadamente, con la esperanza de que sea el fin del sermón.

—Ahora, respecto a tu rendimiento del día de hoy… El pez dorado de mi sobrina ha hecho mejores bloqueos y lo eché al inodoro hace unas dos semanas. ¿Has ido al funeral de un pez? Es triste, triste como todos tus saques fallidos de hoy.

Está realmente ansioso por que llegue el final del condenadamente cansado día que está teniendo.


Sale del gimnasio sintiéndose un poco asqueado de la vida y harto de todo. Le tocó limpiar por su cuenta, una advertencia leve en consecuencia de su terrible desempeño. No le molesta en absoluto, si acaso, agradecía el tiempo extra para poder pensar.

Eso, hasta que termina de guardar las mopas y se da cuenta de que… no ha pensado en absolutamente nada, en todo el rato que lleva solo.

—Cielos, que desperdicio —suspira, mientras sale del gimnasio. No tiene las llaves, supone que el conserje se encargará de apagar las luces y cerrar.

Metiendo ambas manos en los bolsillos, se dirige a las duchas. La parte positiva de ser el último es que puede tomarse su tiempo y disfrutar de la privacidad del baño.

O eso pensó.

—… ¿Yamagata? —Se detiene en seco en las puertas del club, observando al muchacho dormitando allí.

Este espabila rápidamente, poniéndose de pie y quitando el inexistente polvo de su ropa.

—¡Hombre, te tardaste una vida allí dentro! ¿Te perdiste en el almacén o qué paso? —pregunta el otro casualmente, mientras camina hacia él. Se detiene, sin embargo, a paso y medio de distancia mientras arruga la nariz—. Luces y hueles un poco como a muerto, no te voy a mentir.

—¿Qué haces aquí?

—Oh ya sabes, tan solo yacía aquí, revocando memorias de épocas pasadas, todo esto antes era campo etcétera etcétera —responde el otro, metiendo ambas manos dentro de los bolsillos de su jersey. Reon parpadea, aún estupefacto—. ¡Espero por ti, gran tonto!

¿Eh? —¿Por mí? —pregunta, mientras entra a la habitación del club y toma su bolsa con sus pertenencias—. Creí que estabas enojado.

—Enojado estoy, con Eita —responde el otro, sin molestarse en negar la afirmación—. ¿Está Eita aquí? No, ¿verdad? Entonces podemos hablar tú y yo.

Pues eso de aprovechar que tengo la ducha para mí solo no podrá ser, piensa con amargura mientras cierra la puerta y se encamina a las duchas. Yamagata camina a su lado, particularmente silencioso.

—… ¿No querías hablar? Habla entonces —dice, en un tono arisco, muy poco característico de sí mismo.

—¿Es el día al revés? Que humor de mierda traes —Gracias, capitán obvio, piensa mientras entra al baño y empieza a desvestirse—. ¿Tan malo el regaño de la entrenadora?

—Te apreciaría mucho más ahora mismo si tuvieras la delicadeza de hablar de algo que no sea el gigantesco sermón que me acabo de tragar, muchas gracias —responde, doblando su ropa y poniéndola con un poco más de fuerza de la necesaria dentro de su bolso. Siente los ojos de Yamagata haciéndole agujeros en la espalda, así que no le queda de otra más que decirle lo obvio que está siendo—. Toma una foto, te dura más.

—Tú y Ushi son increíblemente injustos, ¡¿cómo es que tienen músculos en la espalda?!

Entre la charla emocional, Wakatoshi sin apetito y el resto de un inusual—y francamente, molesto—día, probablemente el premio a la parte más inesperada es de pronto sentir las heladas manos del líbero contra su espalda.

—¡Yamagata! —exclama, dando un pequeño salto—. ¡Tienes las manos heladas!

—¿Qué? ¡Ah, sí! Siempre las tengo. ¡Oh, pero tú estás cálido! Quizás pase por alto que hueles un poco a porqueriza —dice él, mientras traza con una mano un sendero recto por toda su espalda—. ¿Qué es esto, un nudo? ¡Estás súper tenso!

—Si mi olor se te hace tan ofensivo, ¡deberías dejar que me de una ducha! —responde, casi tirando al suelo su toalla. La atrapa en el aire y se aleja de Yamagata y sus manos de témpanos—. Y seguro que estoy tenso, también lo estarías después del día que he tenido.

Eventualmente, a regañadientes, Yamagata retrocede y procede a sentarse en los lavabos, decidido a esperarle. O, probablemente, hablarle mientras se ducha.

Abre el grifo y agua caliente sale a chorros de la tubería. Reon suspira, ubicándose justo debajo y dejando que el calor y el vapor relajen sus agotados músculos. Le duele la espalda particularmente, probablemente Yamagata tenga razón y esté demasiado tenso.

Suspira, bastante frustrado. La única cosa que esperaba sacar de bueno de lo que había sido, francamente, un día desastroso, era tener las duchas para sí mismo. Porque sinceramente, entre las clases, la carga académica y el entrenamiento, poco o nada de tiempo quedaba para hacer cosas normales de adolescentes normales. Como, jalársela o leer manga o jalártela mientras lees manga si eres muy rarito.

No importa lo mucho que le agrade Yamagata, cuando tiene tanta frustración reprimida, tiene ganas de una sola cosa y no es charlar.

—Oye, ¿te gusta Eita?

La pregunta lo saca de su ensueño repentinamente. Tan de repente, que se yergue y de la sorpresa se golpea la cabeza contra las paredes del baño. —¡Ow!

—¡¿Todo bien?!

—Uugh, de maravilla —responde, sobándose la parte trasera de la cabeza—. ¿A qué viene la pregunta? Que, la respuesta es no de todas formas.

Un latido. Silencio. Y entonces, —Ayer lo seguiste.

—Sí, porque tenía la intención de hacerle entrar en razón —Lo cual no funcionó, piensa, frotándose los ojos con un poco más de fuerza de la que debería—. No me gusta Eita… A todas estas, ¿cómo te enteraste que también me van los hombres?

—¿Ah? No sabía —replica él. Reon le escucha bajarse del lavabo y empezar a caminar por el baño. Sus pisadas resuenan contra las paredes—. ¿Eres gay?

—Soy bisexual —Concentrándose, trata de hacer memoria. En su momento, se lo dijo a Tendou, Eita y a Wakatoshi… Y probablemente olvidé decirle a Yamagata. Ups—. ¿Te molesta?

—Qué va, no me importa. Aunque, supongo que me sorprende… —Una pausa. Prácticamente puede ver las tuercas de su cerebro funcionando para buscar una serie de palabras lo suficientemente coherente—, bueno, lo calmado que estás al respecto. Considerando el drama de Eita.

Cierra el grifo para restregarse con jabón. El silencio es interrumpido por goteos, cayendo de su cuerpo a la baldosa del piso. La falta de pasos le hace saber que Yamagata bien está sentado de nuevo en los lavabos o tan solo se aburrió de caminar por allí.

—Aceptar las cosas como son es un proceso diferente para cada quien —dice después de un rato—. Nadie nos enseñará nunca a cómo lidiar con la idea de ser eso de lo que la tele se burla, nuestros padres odian y la sociedad ignora cuando les es conveniente.

Le escucha soltar una risita por lo bajo. —Te insulta a ti y a Ushi, ¿y todavía lo defiendes?

Un corto resoplido se le escapa de los labios. —¿Y tú cómo sabes que me insultó?

—Seguía cerca —Reon definitivamente no recuerda a nadie en la cercanía, sin embargo no lo piensa demasiado. Estaba preocupado de algo más, en ese momento—. ¿Por qué lo defiendes?

—Porque yo le entiendo —responde, sin molestarse en dar demasiados detalles.

—¿Sí? Pero, tú y Eita no se parecen en absoluto —Resopla de nuevo. Abre de nuevo el grifo, dejando caer agua sobre su cuerpo y barriendo la mugre y el mal olor junto con ella—. ¿Cómo lo descubriste?

—¿Descubrir qué cosa?

—Pues que también te van los hombres, obviamente.

Se deja a sí mismo respirar profundamente, apoyando su cabeza contra la pared y dejando que el agua lo cubra por completo. ¿Cómo lo descubrió? No es cosa de cómo lo descubrió. De cierta manera, siente que siempre lo ha sabido y que tan solo le puso nombre cuando descubrió que, de hecho, existía una palabra para definirlo.

¿Cómo lo descubrió? No lo sabe. Recuerda pasar el día entero con su vecino, el niño del ceño fruncido y sombras bajo los ojos y, recuerda muy bien darle un beso de despedida bajo un abeto cuando este se mudó a otra parte de la prefectura. Tenían nueve años, él no le ahuyentó.

Pero sí recuerda haber aprendido que estaba bien, antes que sus padres siquiera tuvieran tiempo de estar cerca de él para decirle que no lo estaba. Recuerda encontrar esa clase de foros por casualidad. Recuerda sentirse al filo de una aguja, como que el mundo entero sabía su pequeño secretito y que no debía, bajo ningún motivo, actuar como otra cosa sino como un hombre hecho y derecho como una regla de madera.

—Creo que siempre lo he sabido —responde entonces—. En todo caso, aprendí a esconderlo. Es todo.

¿Sentirme? Piensa, mientras cierra la regadera y sale del cubículo, envuelto en una toalla. ¿Por qué en tiempo pasado? Si todavía me siento así.

Shiratorizawa es, después de todo, un pequeño milagro en su vida. En ninguna otra ocasión se habría sentido lo suficientemente seguro para hablar de algo así, pero, ¿aquí? ¿En un internado lejos de casa? ¿Qué clase de telepatía imposible tendría que llevarse a cabo para que sus padres siquiera lleguen a sospechar que está admitiendo esta clase de cosas?

—¿Y cómo se siente? —Escucha la voz de Yamagata directamente tras él mientras se cambia a ropa limpia—. ¿Cómo sabes cuando te gusta un hombre?

Se le escapa una risa que suena más profunda de lo usual. Tose un poco, y luego se aclara la garganta. ¿Cuánto tiempo más se sufre el mentado cambio de voz? Ya no soporta los gallitos. —Pues, como que te gusta alguien, pero con premio sorpresa porque tienen el mismo género —Lo cual vuelve un posible matrimonio ilegal en la mayoría de los países del mundo, incluyendo este, recuerda sin mucha gracia.

—¡¿Eh?! ¿Tan sencillo así?

Finalmente termina de vestirse, colocándose la sudadera gruesa que trajo consigo y dándose la vuelta para encarar a Yamagata. Le sonríe y, él le regresa la mirada frunciendo el ceño y luciendo tan confundido como cuando le explican química, física, matemática… Cualquier asignatura realmente.

Huh, creo que pasamos mucho tiempo juntos… Supongo que sí me agrada lo suficiente.

—Así de sencillo.


Sin pena ni gloria llega la siguiente mañana.

Reon ya se estaba esperando que se repitiera la misma insípida secuencia de eventos del día anterior: desayunar con Wakatoshi, ir a clases con Wakatoshi, entrenar con Wakatoshi, estudiar con Wakatoshi y volver a los dormitorios con Wakatoshi.

No es que desprecie a su amigo ni mucho menos. Pero, la falta de la energía de Yamagata y los insultos constantes de Eita le pesan, de la misma manera en que le pesa no poder solucionar nada de lo que está ocurriendo.

O, eso creyó.

—¡Reon! ¡Aquí!

Hasta que la voz de Eita llama su atención, en una mesa vacía.

—… ¿Qué es esto, Eita? —pregunta mientras se acerca con su bandeja de comida.

Eita frunce el ceño, luciendo profundamente ofendido por las implicaciones de sus palabras. —¿Cómo que qué es esto? El desayuno, idiota.

—¿Me perdí de algo aquí?

—Escucha… —Sobándose el cuello, baja la mirada y finalmente reconoce la situación un poco— Las cosas que te dije… Obviamente no las puedo retractar, ya están allí afuera, ya salieron de mi boca y no puedo… No puedo fingir que no lo dije, ¿bien?

—Bien, concordamos en eso —responde firme, tomando asiento frente a él—. Entonces, ¿qué es esto?

—Mira, te dije muchas idioteces y… ¡Estuvo mal! Sé que estuvo mal, estaba enojado y frustrado, pero realmente no… ¡Ugh! ¡No era mi intención empeorar todo! —admite finalmente, dejando caer la cabeza a la mesa y apoyando su mentón contra esta. Mira hacia arriba, con ojos de cachorro regañado—. Yo solo quería que me dejaras solo y esa es la única cosa que jamás harás, supongo… Así que, ¿qué tengo que hacer para que me perdones?

Esto es malo, piensa, mientras bebe un poco de agua y empieza a comer. Realmente no te resiento por nada de lo que me dijiste a mi. Ni una sola palabra.

Sin embargo, sabe que dejarlo ir tan fácilmente no es la respuesta. Porque Eita quiere sentir que se ha ganado su redención y Reon sabe que lo que ha hecho está mal. Tan solo que, no puede encontrar dentro de sí algo por lo que odiarle, algo que le hiriese directamente.

O, tal vez…

—Puedes empezar disculpándote con Wakatoshi —responde, mirándole directamente a los ojos. Eita se ilumina con esperanza y es entonces cuando Reon deja caer el segundo zapato—. Y, con Yamagata también.

El cambio es inmediato. De lucir como un niño al que le han prometido un obsequio, ahora Eita luce como si hubiera descubierto que el obsequio es un pez dorado de plástico, porque sus padres accidentalmente arrollaron a su perro. —¡¿Y yo de qué tengo que disculparme con ese pelmazo?!

—¿Lo quieres por orden cronológico o por orden alfabético? —replica este. Eita rueda los ojos y de cruza de brazos, ahora completamente indispuesto—. Uno pensaría que insultar a alguien para luego echarle fideos a la cara amerita una disculpa, pero aparentemente no.

—Él es el victimario aquí, ¡no yo! —responde, frunciendo el ceño aún más profundamente.

—Él tenía un punto, tú solo estabas enojado —Reon bebe su jugo silenciosamente y deja que Eita rumie un rato—. Desquitarte con Wakatoshi por cosas que están fuera de su control y, para más inri, de las que ni siquiera está enterado… Sabes que es terrible, de lo contrario no estarías aquí disculpándote… ¿O sólo te molesta porque fue Yamagata quien lo dijo?

Eita lo observa con fuego y odio en sus ojos, con los nudillos blancos debido a la fuerza con la que está sujetando sus palillos. Reon escucha un crujir ligero y se pregunta si de hecho los partirá. Decide que no le importa.

No comprende por qué chocan tanto los dos. Tienen una capacidad tremenda de irritarse entre sí. Como agua y aceite, o peor aún, gasolina y un encendedor: uno fácil de hacer estallar y el otro con todas las intenciones de hacerlo.

Huh, pues parece ser que en realidad sí estoy algo enojado con él. Con ambos.

—No tienes que hacerlo si de verdad no tienes ganas —dice entonces, provocando una serie de reacciones tan confusas como hilarantes en su amigo—. Pero, me preguntaste qué debías hacer para que te perdone.

Lentamente, puede ver los engranajes de su cerebro procesar lentamente la situación, hasta llegar a una conclusión.

Y aunque realmente no está enojado y que, técnicamente, está nuevamente guiándolos de la mano por el seguro sendero de la reconciliación y la paz en lugar de dejar que Eita resuelva las cosas por su cuenta… ¿Qué tan malo puede ser en realidad?

—Vale, bueno. ¡Bien! Me disculpo —responde finalmente, mientras empieza a comer apresuradamente—. Wakatoshi se lo merece, claro, ¡pero no veo el punto de disculparme con Yamagata!

—¿Llevarse bien entre ustedes? —Eita suelta una risa irónica al escuchar la mentada explicación—. Te dije que no tienes que hacerlo si de verdad no tienes ganas.

—Ya, pero es que suenas como mi mamá cuando dices eso —responde él, rodando los ojos—. No soy idiota, sé que cuando mi mamá dice "haz lo que quieras", tengo que hacer lo que ella diga y no lo que yo quiero hacer.

El desayuno transcurre en silencio después de eso. Por el rabillo del ojo, puede ver a Yamagata tratando de mantener una conversación con Wakatoshi y Kawanishi—y fallando monumentalmente en el proceso, dado que habla con quienes pueden ser las dos personas más silenciosas en Shiratorizawa.

No se siente feliz. Debería sentirlo, sin embargo. Resolvió el conflicto, ¿no? De alguna… retorcida forma. Ya no discuten al menos, en el futuro podrá evitar esta clase de cosas con más facilidad porque ya sabe lo que ocurra y no tendrán que aventurarse por esa clase de caminos, intransitados y oscuros. Pacífico, calmado, sin peligros.

Sin… sin otra elección.


El entrenamiento del día transcurre sin eventualidades remarcables, cosa por la que Wakatoshi se siente verdaderamente agradecido. Viendo cómo concluyeron las cosas el día anterior, es evidente que el equipo tiene que trabajar en cómo concentrarse en la tarea a mano. Se siente bien regresar a la rutina.

Ohira luce mucho más centrado, los ataques de Semi en realidad están dando resultados y Hayato está mucho menos tenso. Y, aunque su estómago todavía actúa un poco extraño, su apetito ha vuelto, parcialmente. Eso siempre está bien.

—Hey, Toshi, ¿tienes tiempo para unos remates después de la práctica? —Semi se le acerca con una sonrisa tranquila.

—Seguro —responde tranquilamente. Se pregunta a dónde fue a parar todo el enojo de los días anteriores, sin embargo es mejor de esta manera. Si no está centrado, Semi tiende a apresurarse y fallar con más frecuencia, lo cual termina por enojarlo todavía más, creando así un círculo autosustentable de irracionalidad, ira e ira irracional—. Aunque, no encuentro el sentido de practicar sin bloqueadores.

—Uh, ¿puntería? —Suena lógico, sopesa. Asiente tranquilamente y la sonrisa del otro se vuelve más amplia—. ¡Genial!

Wakatoshi asiente. —Debo trabajar en mi puntería.

El gimnasio va vaciándose lentamente. Se retira Ohira, acompañando a Kawanishi a la enfermería para conseguir antialérgicos. Les observa de una manera indescifrable antes de sonreírles y retirarse.

No está muy seguro de qué ha ocurrido últimamente con todos y nadie está dispuesto a decirle. Tan solo cambian la conversación y pretenden que no está ocurriendo o que no puede notar que están actuando realmente extraños. Le irrita un poco. Ohira siempre lo mira y le dice que no se preocupe por esas cosas pero, ¿cómo podría no hacerlo?

En todo caso, sería más fácil para él no preocuparse, si supiera al menos qué es lo que provoca tales reacciones. ¿Es porque Tendou está suspendido? ¿Es porque Hayato y Semi discutieron? Si es así, no encuentra lógico que se queden en silencio cada vez que se acerca al grupo y cambien de tema con tantas prisas.

Le hace sentir algo alienado del grupo, a pesar de que está con ellos durante casi cada momento del día. Es, cuanto menos, una sensación extraña.

—¡Oh! ¿Se quedan a practicar otro rato? —La voz de Hayato resuena entre el silencio, sorprendiéndole un poco. Creyó que tan solo quedaban él y Semi en el gimnasio—. ¿Les parece bien si me quedo practicando recepciones?

—Me parece una buena idea —responde, dirigiéndose ahora a él. Hayato hace una pequeña reverencia en agradecimiento.

Pasa un segundo. Y su compañero se mantiene silencioso.

Wakatoshi se voltea a mirar a donde estaba Semi. Probablemente salió del gimnasio y no le escuchó, por lo que no escuchó la pregunta de Hayato y no puede responder. Y sin embargo, está justo allí, dándole la espalda a ambos mientras revisa los balones con bastante interés.

—Semi, los balones son rellenados y pulidos periódicamente, ¿intentas encontrar algo en particular? —pregunta él mientras observa al armador. Escucha a Hayato toser ligeramente en el fondo, de una manera que suena bastante parecida a una risa—. Hayato, ¿estás resfriado?

—¿Quién, yo? ¡Para nada! ¡Sano y fresco como una lechuga! —Hayato alza ambos pulgares y sonríe en su dirección. Sin embargo, un segundo después lo observa fruncir el ceño y dirigirse a Semi en un tono un poco menos amistoso—. Pregunté si estaba bien que entrene con ustedes, Eita.

—¿Y a mí por qué me preguntas? ¿Te tengo amarrado acaso? —replica el armador, en un tono repentinamente arisco—. Haz lo que quieras.

Con una actitud más bien displicente, Semi camina hasta el otro lado del gimnasio llevando consigo el cesto con los balones. Por el rabillo del ojo, puede observar a Hayato dedicándole una expresión exasperada, o quizás medianamente irritada, a lo que se dirige al otro extremo de los límites de la cancha para tomar la posición defensiva.

Sumido en la confusión, Wakatoshi sigue a Semi, convencido de que esta tiene que ser otra de esas situaciones en que sus compañeros deciden no compartir con él qué acontece.

No sabe si debería sentirse mal o no. Por lo que, decide que es mejor concentrarse en la tarea que tiene en frente y practicar su puntería.


Un cesto de balones más tarde y una cantidad impresionante de buenas recepciones más tarde, es Semi quien llama por un descanso, bañado en sudor y con la tez enrojecida.

Hayato se tira al piso casi de inmediato, murmurando en un tono incomprensible algo que suena parecido a "monstruo" y "excesivo". A su lado, Semi se encuentra sin aliento y jadeando.

Es suficiente por hoy entonces, considera finalmente y busca botellas de agua.

—Ten, no te deshidrates —Wakatoshi camina hacia él con una botella de agua. El armador la recibe y empieza a beber copiosamente de la misma. Camina hasta Hayato para dejarle la botella al lado, siendo que el líbero parece no tener fuerzas para moverse de momento. Debieron decirme que estaban cansados, no está bien presionarse hasta este límite—. No deberías beber tan aprisa, te dolerá el estómago.

—Lo sé, lo sé —responde Eita, limpiándose el rostro con la parte seca de su camiseta y dejando de lado su agua—. Cielos, Toshi. Siempre he sabido que tienes un aguante monstro, ¡y aún así me sorprendo cada vez que estas cosas ocurren!

—Gracias —dice, suponiendo que el comentario acerca de su aguante debe ser interpretado como un cumplido—. Siempre entreno mi aguante. Como as del equipo, debo ser capaz de resistir más que todos.

—Te tomas tan en serio todo el tema de ser el as, ¡no es como que el mundo entero esté sobre tus hombros!

—No me encuentro cargando al mundo sobre mis hombros, tal cosa es físicamente imposible —replica, confundido. Semi tan solo ríe débilmente.

—Supongo que es lo que te hace genial, ¿no? —dice él con una sonrisa. Wakatoshi abre la boca para debatir que, la "genialidad" es un concepto totalmente subjetivo, sin embargo Semi habla antes que él—. Oye, lo lamento.

—… Lo lamentas —dice, observándole con creciente confusión—. Me temo que tendrás que elaborar tu oración un poco, Semi. Me encuentro ignorante al motivo de tu disculpa.

Él ríe un poco antes de dejar escapar un suspiro largo y pesado. —Ah, sí, supongo que debo hacerlo —Wakatoshi se queda de pie observándole, esperando pacientemente a que explique más detalladamente la situación—. Te grité hace poco.

—Hace dos días, sí, me gritaste —responde con un semblante serio—. Afirmaste que la situación no me afecta y que soy emocionalmente desapegado, entre otras cosas.

—Uuugh, no tienes que repetirlo, ¡haces que suene horrible! —Semi se rasca la nuca, luciendo conflictuado.

—No es horrible: es la verdad.

Su declaración parece descolocar a Semi, quien le mira confundido y, de alguna manera, algo arrepentido.

No lo comprende, sin embargo. Fue Semi quien en primer lugar le llamó de esa manera, ¿por qué habría de sorprenderse ahora cuando decide confirmar sus palabras? En todo caso, ¿no debería estar alegre porque lo que dijo es cierto?

Desde su punto de vista, si se enojó debido a que a Wakatoshi no le preocupaba particularmente la ausencia de Tendou, entonces sí tenía motivos para enojarse: no era otra cosa más que la verdad.

Una ausencia de dos semanas sería perjudicial para el equipo, sin embargo en vista de que no le tienen permitido participar en el torneo de primavera, podrá utilizar ese tiempo para perfeccionar su juego hasta el siguiente partido. Tan solo estará en verdadero peligro si, tras su regreso, sigue cometiendo transgresiones. ¿Por qué debería perder el sueño al respecto?

—Vamos Wakatoshi, no hables mal de ti mismo. Estuve mal, ¿bien? No debí tratarte como si fueras insensible —prosigue el otro, sacudiéndose la sorpresa—. Seguro que sí te preocupa Tendou, uh, ¡a tu modo!

—No particularmente —responde con sobriedad—. Tendou no está en grave peligro o enfermo. ¿Por qué habría de preocuparme por él ahora mismo?

Semi da un profundo suspiro que, interpreta como frustrado. —Porque eso es lo que hacemos los amigos.

Suena a un argumento débil. No tiene caso preocuparse por cosas sobre las que no tiene ningún control, como por ejemplo qué pueda hacer Tendou mientras se encuentra fuera de la preparatoria.

Pero, comprende el sentimiento de preocuparse por alguien cuando no puedes verle. Después de todo, recorrió toda la preparatoria en busca de la misma persona tan solo el verano anterior. Porque no podía encontrarle y había prometido hacerlo y, luego, cuando finalmente pudo dar con él fue para verle pálido, ensangrentado e inconsciente, atrapado en el estrecho espacio de un armario de escobas.

Comprende lo que pueda estar sintiendo Semi, sin embargo lo considera irracional. Tendou no está atrapado y en peligro. Está en su propia casa, ¿cómo podría ser eso peligroso?

—¿Crees que soy un mal amigo? —pregunta entonces.

—¡No! No… —responde aprisas, alzando ambas manos—. Tú… acompañaste a Tendou durante semanas a sus clases porque temías que se tropezara por las escaleras. Nunca dejas solo a Reon y siempre tienes tiempo para practicar conmigo. ¡Eres lo opuesto a un mal amigo!

—Sin embargo, ahora mismo no estoy preocupado por Tendou, lo cual contradice tu afirmación anterior. ¿Soy o no soy un mal amigo, Semi?

El armador luce conflictuado e intenta encontrar palabras lo suficientemente exactas para describir lo que piensa. O, eso asume al menos. —Eres... diferente, ¿bien? Eso no tiene por qué ser bueno o malo.

Frunce el ceño, frustrado y sintiéndose evadido. —Eso no responde mi pregunta.

—Bien, vamos a ver —Semi se rasca la nuca. Tiene una expresión pensativa, usualmente luce así en pleno partido, mientras intenta deshacer la defensa del equipo contrario—. Digamos que yo pensara que eres un mal amigo, ¡y, no lo hago!... Sigue siendo cosa de Tendou, ¿sabes? Porque incluso si soy yo quien le despierta cada mañana y le recuerda que tiene que desayunar y se sienta con él a ver por milésima vez One Piece… Es a ti a quien llama mejor amigo.

—… ¿Te entristece que Tendou no te considere su mejor amigo?

Ríe amargamente al escuchar esa pregunta, mientras lleva ambas manos a sus bolsillos. —Digamos que sí.

Y se siente mal. Porque, sabe que esas palabras significan algo para ello, sobre todo para Semi, a quien le afectan lo suficiente para gritar y discutir. Sabe que es una especie de estatus importante, lo suficiente para que su declaración de no considerarlo su mejor amigo les hiciera enojar y decidir que el otro no debería enterarse jamás que esas palabras salieron de su boca.

Favorito. El mejor. Sin pruebas físicas que lo confirmen, son posiciones subjetivas que todo el mundo toma en consideración. Son importantes a sus ojos.

Para él, son solo palabras.

—Ah, ya me puse mal de nuevo —Semi habla de nuevo. Se limpia el rostro con el antebrazo antes de encararle de nuevo, luciendo acongojado—… Mira, simplemente me quería disculpar contigo. No debí ser tan cruel.

—No fuiste cru-

—Toshi —interrumpe en un tono severo—, solo porque no te duelan, no significa que las palabras no fueran hirientes.

Finalmente, encuentra sentido a las palabras de Semi.

Contrario a la creencia popular, en realidad comprende situaciones sociales. Tan solo tiene que esforzarse un poco más para llegar a un entendimiento, porque tiene la sensación de que su manera de ver las cosas difiere demasiado en la manera en que el resto del mundo las percibe.

No es que fuera ignorante del hecho de que las palabras pueden herir a otros. Tan solo, no se le había ocurrido que las palabras y acciones bien intencionadas también podían tener ese mismo resultado.

—También quiero disculparme contigo —dice entonces, dándose cuenta de que pudo haber cometido un error.

—¿Huh? —replica Semi desde el suelo, mientras estira más bien perezosamente. Eso no está bien—. ¡Pero si no has hecho nada malo!

—No me di cuenta que el bienestar de Tendou te mortificaba tanto y, dije que su situación actual no es algo que me preocupe. No tenía intención de ser insensible con tus emociones —explica calmadamente, mientras se sienta frente al otro y empieza a estirar también—. Y, Semi, estás estirando de manera incorrecta. Te vas a lastimar.

No ha terminado de hablar cuando Semi suelta una sonora carcajada, sobresaltándole a él y a Hayato, quien yacía en el piso aparentemente dormitando. Eso tampoco está bien.

Semi ríe durante varios segundos, hasta que empieza a resollar y trata de tranquilizarse por la fuerza. Cada vez que lo hace, sin embargo, solo empieza a reír más fuerte y así durante un par de minutos.

—¿Sabes qué Toshi? Yo me quedo a guardar.

Y… Está más confundido que cuando inició la conversación.


Paso. Rechinido. Paso. Pasos.

Digamos que un genio, un hada, Santa Claus o inserte aquí cualquier otro personaje mágico inexistente, pudiera otorgarte la capacidad de resolver la mitad de tus problemas.

Alguien con el cerebro del tamaño de un maní, como quizás sea el caso de Hayato y como está seguro que es el caso de Tendou, pensaría que con usar el poder dos veces, todos sus problemas quedarían resueltos.

Eita es bueno con los números, reventar ilusiones—sobre todo las suyas propias—y crear problemas del aire.

Bueno, de vuelta al dichoso poder ficticio resuelve la mitad de tus problemas. Supongamos entonces, que tienes ocho problemas: al usarlo una vez, te quedan cuatro. ¡Bien! Solo tendría que usarlo dos veces y quedarían cero problemas, ¿no?

Dos. Te quedan dos problemas aún. Dos es menos que ocho, pero, siguen siendo dos problemas.

Y si vuelves a usar el poder, queda uno. Y si lo usas de nuevo, la mitad de uno. Y si lo usas de nuevo…

Te queda un problema que nunca, jamás serás capaz de resolver, porque siempre se te escapará de las manos en esa mitad infinitésimamente pequeña que siempre queda al descubierto.

Límites.

Toda entidad física tiene un límite.

Los hay quienes tienen más aguante. Todavía tiene que ver llegar el día en que Wakatoshi esté verdaderamente enojado o Reon pierda la paciencia lo suficiente como para soltar una grosería. Luego está Tendou, quien es muy capaz de golpear a quien le diga que Sakura es aburrida—puede o puede que no lo diga por experiencia. Quién sabe.

Eita tiene límites.

—Todo un pan de dios, ¿eh?

Eita tiene límites muy, muy marcados.

—¿Perdón? —pregunta, mientras baja la red de los postes.

Hayato va empujando los cestos con los balones hacia el armario de suministros. Está usando ese tono. Sí, ese tonito crítico de mierda que usa con él cada vez que le habla. Que respira en su dirección. Que existe dentro del perímetro visual de Eita.

—Cualquiera que no te conozca, de verdad se cree que no has roto ni un solo plato en toda tu vida —prosigue el más bajo, mirándolo de arriba abajo, como analizándolo. Y le da una sonrisa que supone él tiene la intención de ser inocente—, cuando en realidad te llevaste la alacena entera y la vajilla fina de tu abuela también.

Eita tiene límites que, si bien lejanos, están tan marcados como la diferencia entre los prados y el cementerio de elefantes de El Rey León. Todo lo que toca la luz es nuestro y lo que no también porque somos gatos súper crecidos y porque el protagonista eventualmente irá hasta allá de todas formas.

Por supuesto que Hayato es el gato presuntuoso y arrogante que se pavonea en su límite, meneándole el culo mientras canta que quiere ser el rey.

—Suena a que tienes un problema conmigo —replica, tratando de mantenerse calmado y recordar la muy simple petición de su buen amigo Reon, de reconciliarse con la estrella de su cielo y amor de su vida, best friend forever, Yamagata Hayato.

—Tengo un problema con la gente hipócrita, Eita. ¡No es personal!

Bueno, lo intenté, por lo tanto nadie debería juzgarme.

—¡Vaya! ¿Qué tenemos aquí? ¿Crees que la posición relativa de las estrellas con respecto a la tierra puede predecir las vidas de siete billones de personas, pero reconocer los errores y tratar de cambiar es demasiado loco para ser verdad? —Respira, respira, si vas preso ahora ya no podrás pegarle a Tendou por irse sin despedirse de ti cuando vuelva—. ¡Que interesante es tu código moral!

—¿Será posible? ¡Reon es el ateo y él me da menos lata por creer en el esoterismo! —¡Pues será porque por algún incomprensible motivo, él te adora!—. Eres increíble, en serio que sí. ¡Pides respeto y eres el primero en insultar a los que no piensan igual!

Oh, ¿quiere usar el argumento del respeto? ¿En serio quiere usar el argumento del respeto? Piensa él, mientras siente cómo uno a uno todos los tornillos que mantienen su temperamento asegurado se van a volar.

—¿Y qué piensas? Dime qué piensas, anda, ¡debe ser maravilloso! —Suelta cada palabra con fuerza, marinadas por horas en una mezcla de odio, sarcasmo y un toque de autodesprecio para sabor extra—. ¿Piensas que exagero? ¿Que estoy loco? ¿Que debí quedarme callado y dejar que me llamara todas las cosas que ya me han llamado todos los demás? ¡Oh, ya sé! ¡Se supone que tenía que actuar racionalmente! ¡Mi mejor amigo dice que los putos maricones son asquerosos y temo la posibilidad de tener que esconderme delante de él también, pero yo tenía que ser racional!

—¡Tenías que pensar en la posibilidad de que-!

Y es tan, tan jodida y putamente fácil simplemente juzgar una situación desde un punto de vista exterior. Decir, "pues haber hecho esto o aquello" y creerte el más brillante. Es muy fácil no tenerle miedo a la tormenta cuando no es tu casa la que se está inundando.

—¿¡Pensar!? ¡Yo también! ¡Estaba! ¡Asustado!

¿Pensar? ¡Seguro que sí! En como tendría que mentirle por el resto de la vida, ¡y en cómo me volví el puto cliché del homosexual enamorado del homofóbico! Eso era en todo lo que pensaba en ese momento, ¡porque estaba cagado hasta las patas del puto terror! ¡¿Qué se supone que debo hacer?! ¿Pedir perdón? ¿Por no ser lo suficientemente maduro para detenerme a pensar que Tendou tenía miedo de decir la verdad? ¡Estaba ocupado teniendo miedo de que me tuviera asco!

El juego más divertido del mundo es jugar a ser Dios. Superior a todo y todos y con poder para juzgarte a cada paso que das, repartiendo castigos si alguien se atreve a juzgarte a ti.

Si lo apuran, dios mismo puede comerle los huevos. Sus pecados superan a los del mundo.

Bien pues, es verdad que no es la víctima perfecta. Ataca a matar y si se siente en peligro atacará sin pensar también. Hirió a Wakatoshi y a Reon. No es tranquilo ni inofensivo, ni la clase de persona a la que mirarías pensando "no se merecía eso". En muchos casos, en lugar de recibir ayuda, lo que obtiene son miradas de desdén que le dicen que se lo merecía. Miradas críticas recordándole que ha sido su culpa por actuar de manera indebida.

Todos son jueces, cuando el que es diferente necesita ayuda. Todos se creen moralmente superiores cuando quien rompe la ley no son ellos, cuando quien tiene al hijo problemático no son ellos, cuando quien tiene la vida hecha un culo de manera diferente, no son ellos. La misma clase de personas que dice a las mujeres que no sequen su ropa interior en los balcones de fácil acceso, en lugar de detener el acoso. Que pone rejas y vallas en los techos de las escuelas para que no salten los estudiantes, en lugar de hacer algo para disminuir las cifras de suicidio.

Tan. Malditamente. Fácil.

Es verdad, no es un chico estrella cuyo único "error" es el hecho de gustar de otros chicos. Es grosero, pelea y se mete en problemas y, por sobre todas las cosas, se muere por ver de nuevo los ojos escarlata de su mejor amigo y golpearlo y… quizás darle una mamada.

Es la cosa más alejada de la perfección, un hecho que le han taladrado en el cerebro desde que tiene uso de memoria. No es, nunca será, perfecto.

… ¡Bueno, al diablo con eso! ¡¿Por qué debería serlo?!

—Nope. ¡No se va a poder! —exclama finalmente, dejando el equipo de práctica cerca de la puerta—. ¡Contigo yo no me disculpo!

—¡Ni que necesitara algo así de tu parte! —dice él, porque aparentemente tiene que tener la última palabra todo el tiempo. Bien, pues se la puede quitar de su frío cadáver—. Tan solo va para probar que no importa cuánto lo intentes, ¡en el fondo no eres tan buena persona!

Y no se siente culpable… Más bien, aliviado. Porque, el temor más grande de muchas personas es no ser suficiente—lo sabe, es donde está parado. No ser lo suficientemente hábiles, talentosos y buenos. Ser una mala persona sería un error imperdonable.

Allí está su error imperdonable: no vive a la altura de las estúpidas expectativas de otro chico de su edad. ¿Ritmo cardiaco? Constante.

Tal parece que no me estoy muriendo. Que decepcionante.

—¡Pues asombroso! Qué aburrido pisar las puertas del infierno diciendo que solo soy gay, al menos podré decir que soy gay y que de acuerdo a un idiota en la secundaria, ¡también soy una mala persona! Seguro que me dan buena residencia —Se le cuela la voz a la risa. Tan enojado está que, Yamagata diciéndole que es una persona de mierda tan solo le parece la cosa más graciosa del mundo—. ¿Sabes? Un día te darás cuenta que nadie es capaz de ser una persona buena, bondadosa y perfecta, ni siquiera Reon, ¡y mucho menos tú!

En el clavo, piensa con satisfacción, observando su rostro contorsionarse con rabia. —¿De verdad la tienes tan difícil para ser simplemente sensato?

—¡Pues fíjate! Prefiero cagarla, cometer errores y aprender antes que no haber cometido un solo error en toda mi vida y creerme en derecho de juzgar a los que sí. ¿Te suena?

—¡Hah! Suena a que tienes un problema conmigo.

Oh, qué maravilla, piensa, mientras siente sus labios tirar en una sonrisa vencedora. —Uy, ¿cómo iba la línea?... —Este es el mejor puto día de mi vida—. ¡Ah, ya! Tengo un problema con los santurrones, Yamagata. ¡No te lo tomes personal!


Eita ha estado sonriendo todo el día y, no es por ser cruel con él, pero dado el hecho de que suele ir por la vida haciendo malas caras y frunciendo el ceño… Es un poco espeluznante.

Por su parte, no es que tenga interés en romper su burbuja de felicidad, sea cual sea. Quizá Tendou le envió un mensaje y está alegre. O le dijeron que es candidato al reconocimiento como mejor armador de la región, en lugar de Oikawa Tooru… O a lo mejor vio una mamá pato caminar con sus patitos. A saber.

—Creo que la última vez que te vi sonreír tanto fue la vez que nos nombraron titulares —comenta Reon como bienvenida, al verle sentarse en la mesa.

—Escuché que alguien vomitó en los laboratorios, así que la clase de hoy está cancelada. ¡Están investigando si el atún del desayuno estaba pasado! —Yyy obviamente estaba feliz por algo bastante menos lindo.

—¿Por qué eres así? —pregunta mientras su rostro se desfigura en una mueca compungida—… Como que ya no tengo ganas de comerme los onigiris.

—Uy, pasa acá —Sin cuidado alguno, Eita se pasa los onigiris a su plato, intercambiándolos por el calamar frito que había pedido. Le pega un bocado mientras que Reon está distraído inspeccionando la integridad del calamar—. ¡Oh, atún!

—Eita, yo no- oh, ya te lo estás comiendo…

Soy amigo de un montón de cincoañeros supercrecidos con la contención de un pez dorado, decide finalmente mientras le sonríe y empieza a comer. Wakatoshi aparece pronto a tomar asiento a su lado, gracias a dios, sin rastro de atún en su bandeja de comida.

'ey To'hi —saluda Eita, con la boca llena de arroz y pescado. Este frunce el ceño, pero le saluda de regreso mientras se sienta.

—Come y traga antes de hablar, ¿eres un niño acaso? —regaña inmediatamente—. Hey, Wakatoshi. ¿Qué tal todo?

—Un compañero de clases vomitó sobre mis zapatos durante la clase de laboratorio —responde en un tono neutral—. Según sus palabras, puede que comiera algo de atún pasado.

—Qué triste por el chico —responde, casi al unísono de un comentario algo incomprensible por parte de Eita, algo entre las líneas de 'Ojalá alguien vomite en literatura, tenemos un examen'.

En la distancia, Yamagata camina hacia la mesa mientras platica animadamente con Kawanishi, quien se separa para sentarse junto con un grupo de chicos de su clase. Mientras tanto, el líbero camina a paso alegre, escaneando el comedor con la mirada para, presumiblemente, encontrarles.

Reon alza una mano, llamando su atención. Conectan sus miradas y, él le sonríe cálidamente antes de caminar en su dirección.

—Qué pasa pimpollos —saluda cómicamente, sentándose junto a él.

—¿También de buen humor? Por favor dime que no es por la posible intoxicación de otra persona —responde con una sonrisa.

—¿Por qué saludas a los brotes de un árbol? —pregunta Wakatoshi, lo cual es seguido por una serie de risas contenidas—. Oh, era una broma.

—Siempre alegre de tenerte en mi audiencia, Ushi —responde amenamente, a lo que su mirada se posa momentáneamente en la bandeja de comida de Eita—… ¿No y que estaban pasados los onigiris?

Levanta la mirada, luciendo un poco como una ardilla con las mejillas repletas de comida. —… ¿'ue?

—Sí, ¿no ves cómo se los llevan? Alguien vomitó en la mañana por eso —explica el otro, mientras que señala la cocina donde, efectivamente, va alguien retirando bandejas del mostrador.

El rostro de Eita se torna positivamente verde antes de escupir su comida de regreso al plato, para el desagrado de todos los presentes, antes de ponerse de pie y salir corriendo a, presumiblemente, la enfermería.

Sorpresivamente, o quizás no tanto, Yamagata toma uno de los onigiris sin salpicar de la bandeja abandonada y empieza a comer felizmente.

—¿Sabes? Esta mañana tuvimos rollos de atún, no onigiris —dice Reon, alzando una ceja.

Yamagata le da una sonrisa que cubre la mitad de su rostro, increíblemente feliz por algo que podría ser catalogado como una jugarreta de preescolar. —Ya lo sé.

Puede que cinco años mentales sea demasiado generoso, después de todo, musita tranquilamente mientras sigue comiendo.

Al cabo de unos buenos cinco minutos de plática—más bien monólogo—por parte de Yamagata, recuerda lo que le pidió a Eita que hiciera.

Si bien realmente no estaba esperando que lo hiciera, el hecho de que los cuatro se sentaran a comer juntos, así fuera durante unos breves momentos, le hace pensar que probablemente… Quizás…

—Wakatoshi, ¿has hablado con Eita recientemente? —pregunta Reon, dejando abajo sus palillos por un momento.

Este asiente con sencillez. —Acabamos de hablar. Y, esta mañana charlamos en la práctica.

Muy bien, esto no es a lo que me refería. —Uh, vale, bien —Al menos es un paso en la dirección correcta. ¡Están hablando! ¿Por qué siento que no debería alegrarme por tan poco?—. ¿Por casualidad ha mencionado algo de lo que ocurrió hace unos días? Ya sabes la… discusión. En la cena.

—Eso ocurrió ayer en la noche —responde, con la misma inalterable calma—. Eita se disculpó.

Oh. Bueno, no es realmente sorprendente, considera para sí mismo. Conociendo a Eita, se habría disculpado con él de todas maneras. El impulso de decirle que se disculpara se enfrió tan pronto como llegó a su habitación y consideró la situación, pero era demasiado tarde para retractarse. Realmente, tan solo decirle "no tienes que hacerlo" habría sido suficiente para que fuera a hacerlo de inmediato.

Al menos, en caso de Wakatoshi.

—Y, uh, ¿habló contigo? —pregunta a Yamagata, más o menos tímidamente, una vez Wakatoshi abandona la mesa para regresar la bandeja de comida.

—¿Huh? ¡Oh, sí! Fue rarísimo —responde él, más concentrado en su almuerzo que en otra cosa—. Toda una disculpa, con preámbulo y todo, un drama, en serio.

—… Qué, ¿en verdad? No te creo, Yamagata —replica entre risas, mordiendo su calamar con ganas. Tiene que morder con ganas, está algo gomoso. Sin embargo, él lo mira con toda la seriedad del mundo… O toda la seriedad que se pueda tener, con arroz en la cara. Y de la sorpresa, hasta deja caer los palillos—. ¿Es en serio?

—¿Y yo qué gano con mentirte, eh? —pregunta él, frunciendo el ceño—. Que sí, se disculpó. Pensé que se estaba muriendo, fue espeluznante.

Eso… Eso sí que es una sorpresa.

Eita es verdaderamente orgulloso. Y, a juzgar por todos los peros que puso para no disculparse con Yamagata, en realidad pensó que no lo haría. Y, supone que eso sería mejor que una disculpa sin ganas o un verdadero sentimiento de arrepentimiento, por lo que no habría estado sorprendido de escuchar que ni siquiera había hablado con él.

Pero en su lugar, obtiene esto. Una aparente disculpa emotiva, si no es que un poco dramática. No es que sea descabellado: Eita es emotivo y dramático. Y si dice que hará algo, en realidad lo hace.

Yamagata no tiene motivos para mentirle… no le queda de otra más que aceptar que, por raro que suene, Eita en realidad sí se disculpó.

—Oh… que bien —responde, sonriéndole tranquilamente—. Detesto cuando ustedes dos discuten, siento como que me tengo que poner del lado de alguno.

—Usualmente del lado de Eita —responde Yamagata, rodando los ojos ligeramente.

—Bueno… sí, es verdad —ríe un poco ante su propia confesión—. Desearía que lo entendieras como yo lo entiendo, o como tú me entiendes a mí.

Termina de comer en silencio, escuchando a Yamagata platicar incansablemente y sonriendo a cada chistaco que dice, por malo que sea. Nada complicado, nada extraordinario. Tan solo una cena pacífica, conversación pasajera y alguien a quien siempre le alegra ver.

No tienen que ser siempre escapadas de clases y aventuras tontas como buscar un falso justificativo médico. No tiene que ser tampoco, siempre apropiado y perfecto. Si es en Shiratorizawa, si es con el equipo, si es con Yamagata, Reon puede ser tan simple y honesto y tan solo ser él mismo. Y eso está perfectamente bien para él.

Todo ha regresado a su pacífica normalidad.


—¡¿Qué?!

Él se pone un dedo en el labio, señal universal de silencio. Diciéndole que haga silencio.

Y, como echar grasa a un incendio, esto tiene un efecto bastante explosivo.

—¡¿Por qué dijiste eso?! —susurra enfurecido—. ¡Yo no me disculpé contigo! ¡Ni tengo la intención de hacerlo jamás!

—Ya lo sé, ya lo sé —responde en calma. Una calma inaudita, porque a él solo le está poniendo los pelos de punta esa sonrisa que tiene—. Por eso, ¡lo hice por ti!

—Le voy a decir a Reon la verdad ya mismo, no planeo formar parte de esto —escupe, saliendo de la cama y dirigiéndose a la puerta del dormitorio a largas zancadas.

—¿Sabes qué dijo? Que le hace feliz que no estemos discutiendo.

Se congela cuando su mano alcanza la mano de la puerta, a pesar de que todo su sentido común le insta a proseguir.

Es obvio que la decisión inteligente es simplemente ir y decir la verdad. Tacharlo de mentiroso y que Reon se enfurezca con él por hacerle tal cosa. Porque si hay una cosa que ambos tienen en común, es baja tolerancia por las mentiras.

—Tendou es, igual que en muchas cosas, una excepción grandísima.—

Pero. Pero.

La sonrisa en su rostro cuando está con este enclenque mentiroso y manipulador es algo que no se puede sacar de la cabeza.

Por norma general, Reon es serio y amable en todo lo que Wakatoshi es serio y directo. Es una amabilidad educada, una cortesía general al resto del mundo.

Sus sonrisas son planas, rara vez llegan a sus ojos. No ríe con ganas tampoco. No hace muchas bromas, no alza la voz, no presiona demasiado. La única cosa que lo hace adolescente es su edad y aun así, Eita se preocupa de nunca haberle visto real y verdaderamente feliz.

Eso es, hasta que se junta con ese pelmazo y empieza a comportarse como una protagonista de manga shoujo.

No quiere ser el responsable de que desaparezca esa sonrisa.

—Eres un hijo de puta pero de los rastreros —Una mortífera calma inunda su voz al decirlo—. Y no te mereces a Reon de amigo, ni un poco.

—Qué raro, antes escuché a alguien decir que se alegraba de no ser un santo. ¿Te suena de algo? —replica en un tono alegre, mientras se limpia la cerilla de los oídos con el dedo meñique—. Mira, es una mentirita blanca, ¿de verdad no aguantas estar dos o tres segundos sin ser dramático?

—¡Porque estás mintiendo! ¡A Reon! ¡Eso es como… como patear a un gato bebé!

—¿No ves cómo le hace feliz pensar que tú y yo somos amiguitos ahora? ¡No me digas que no le dirías una mentirita así a Tendou, porque eso en sí es una mentira! —Pues maldito sea, tiene razón.

—¡Sigue siendo una mentira! —contraataca firmemente. Porque, de verdad, para alguien que hace no menos de veinticuatro horas le dio un sermoncito de mierda sobre ser una buena persona…

—No es una mentira, es un pagaré —¿¡Y ahora de qué habla!?—. No te disculpas ahora, pero en una determinada cantidad de tiempo me harás un favor. Esa será tu disculpa.

—… ¿Me estás extorsionando? —En realidad, está casi impresionado por el resultado—. No pensé que tuvieras las neuronas suficientes para hacer algo así, me sorprendes.

—¿Verdad? ¡A que soy brillante!

—Brillante es una palabra bastante fuerte, pero prosigue.

—Que grosero —Eita rueda los ojos, sin embargo sigue explicando lo que sea que hubiera tenido en mente cuando se le ocurrió el sacrilegio de mentirle en toda la cara a Reon—. Mira, es solo un favor, no hay trampa aquí.

—Uno, es decir, unidad. El número uno. Único. ¿Estamos en la misma página aquí, Pinocho? —Yamagata le frunce el ceño, sin embargo asiente—. Vale, bien. Una mentira por un favor, ahora dime, ¿por qué se supone que tengo que aceptar?

—¿De verdad tienes ganas de estar en deuda conmigo? ¿Conmigo? No me soportas, Eita —De verdad que no lo entiende. ¿Puede idear esta clase de planes, pero luego se pone el zapato derecho en el pie izquierdo?

—Bueno, entonces, ¿se puede saber por qué diablos no le pediste el favor a Reon? ¿O a Wakatoshi?

No obtiene una respuesta verbal a su pregunta.

Lo que sí obtiene, sin embargo, es un rubor que se extiende desde su cuello hasta la punta de sus orejas, demasiado evidente para ignorar y, para ser sincero, demasiado obvio. Demasiado bueno para que lo pase por alto y sinceramente, Eita no está ni cerca de ser lo suficientemente amable como para concederle un falso sentido de seguridad.

El niño perfecto tiene un secretito.

Ooohh, ya veo.

—¡No he dicho nada aún!

—Has dicho más que suficiente —dice con una sonrisa, mientras abre la puerta de su habitación y señala el pasillo—. Te haré el favorcito Yamagata, ahora largo de mi habitación.

El muchacho sale con paso firme, el mentón levantado y el rostro perfectamente rojo. Cierra la puerta detrás de sí y, no puede evitar sonreír cuando finalmente está solo.

Toda entidad física tiene un límite. Yamagata cruzó el suyo con la valentía propia de alguien que todavía no supera el metro sesenta y ocho y aún así se enlista a un equipo donde el requisito principal es tener altura. Aunque, eso podría ser no tanto valentía, sino una falta de luces característica de un pueblo de carretera o quizás demasiada confianza.

Y hablando de racionalidad y sensatez. Quiero saber yo, ¿en qué momento le pareció que era buena idea dejarme saber que está escondiendo algo?


Dos semanas no son nada cuando estás, por ejemplo, de vacaciones o tratando de maratonear todas las series que no pudiste ver durante la época escolar en el menor tiempo humanamente posible.

Dos semanas parecen un chiste justo antes de las eliminatorias, o las nacionales. El tiempo se acorta. Achica. Desaparece.

Desaparece. De-sa-pa-re-ce. Poof.

Nada puede desaparecer realmente, en el sentido de dejar de existir. No es como que alguien pueda tronar los dedos y desvanecer a alguien, toda su vida y los recuerdos que esa persona dejó en las vidas de otros. Las marcas que dejó en el mundo.

Si existió una vez, existirá siempre.

Pero una cosa es desaparecer en el sentido literal y dejar de ser visto. Desvanecerse, esconderse, ocultarse… Perderse.

Poof.

Dos semanas no es nada, pero a la vez es mucho. Una persona puede estar desaparecida durante dos semanas y la policía empezará a actuar como que, en el sentido más literal de la expresión, verdaderamente dejó de existir. De la misma manera, un anime puede estar al aire durante dos semanas y ya tener seguidores que lucharán a capa y espada en su nombre, defendiéndolo como la mejor cosa del mundo entero.

No jodan, One Piece es la mejor cosa del mundo entero y aún así, hay que esperar más de dos semanas antes que se ponga verdaderamente buena.

Una persona se puede ir de casa durante dos semanas y al regresar, descubrir que no ha cambiado nada en absoluto. Puede irse durante medio día y volver para encontrarse el sitio en llamas.

El tiempo es una cosa rara.

O a lo mejor el raro es él.

Dos semanas después de irse durante la noche, bajo la luz de la luna, un chico con flameante pelo rojo y ojos escarlata cruza las puertas de la academia Shiratorizawa.

El sol brillaba en lo alto en un cielo tan azul, que no parecía ser primavera.


Back in black! I hit the sack!
I've been too long, I'm glad to be back!

Épale.

Entonces, ya sé que esta historia ha estado en hiatus durante nueve meses. Soy la autora, estoy muy consciente de eso y no es necesario que me lo recuerden en los comentarios. Así que, para contestar las preguntas más repetidas que me han llegado:

-De momento no tengo planes de abandonar la historia.

-Seguiré publicando en tanto sea seguro.

-No sé cuándo será la próxima actualización. Por favor dejen de preguntarme eso.

No he estado bien ni emocional ni físicamente este año y volver a escribir como tal me ha costado horrores. Tengo la esperanza de que después de este capítulo pueda volver a escribir más regularmente, pero no voy a prometer nada y apreciaría que no me presionen tampoco.

Por cierto, por favor no dejen spoilers del manga en los comentarios (y si sienten la imperiosa necesidad de hacerlo, adviertan que es spoiler). No sé cuántas personas estén al día con el manga o solo ven el anime.

Muchas gracias a todas las personas nuevas que han llegado recientemente por sus comentarios amables y sus votos. Lamento no responder todos como antes, como dije, me siento un poco en la mierda últimamente, pero que sepan que les leo y todes ustedes me encorazonan. Abrazo psicológico, recuerden lavarse las manos y usar mascarilla.

Fin de la nota seria, a continuación la nota inseria.


WENO.

ESTE CAPÍTULO PASÓ POR MUCHAS COSAS ANTES DE LLEGAR A USTEDES, ENTRE ELLAS UNA VEZ QUE CREÍ QUE EL ARCHIVO SE HABÍA CORRUPTO PORQUE NO ME QUERÍA ABRIR.

Y no sé qué pensaran de Hayato pero en realidad me gusta lo que hice jajanomefunen.

Recordatorio usual de que lo que escribo no representa lo que pienso realmente, estos son personajes ficticios y no tengo por qué compartir su moralidad, etcétera, etcétera. En todo caso me identifico más con Ushijima.

En fin, ¿qué piensan? Me gustaron las opiniones que leí el capítulo anterior, me gustaría leerles de nuevo. Pero no sé si será porque dejé ese capítulo a merced de la lluvia y el viento durante nueve meses que esos comentarios llegaron jajá.

En fin, gracias por leer, vuelvo a la penumbra.

Y recuerden...

Stay tuned!

;Tamarindo Amargo