N/A: El crédito de buena parte de este capítulo va para mi esposa. La verdad, no sé qué haría sin ella. Me ha ayudado a destrabarme cuando la narración se me volvía imposible, he charlado con ella todas y cada una de las escenas y nos hemos descostillado de risa pensando diálogos y situaciones.
Por otro lado, no quiero dejar de agradecer a quienes me han seguido, comentado y favoriteado, tanto en este fic como en Lógica. Me gusta mucho leer sus reviews y realmente aprecio que se tomen esos minutos para contarme lo que opinan.
Y por último, sis, esto va por vos ;)


"¿Y? ¿Qué les parece?"

Anna y Honey se miraron una a la otra, y luego miraron al gigantesco espejo de la tienda de vestidos de fiesta y novias. Se volvieron a mirar en silencio, y miraron luego a sus hermanos, con perfectas caras de póker. Rapunzel salió de su probador, exultante.

"¡Es hermoso! ¡Me encanta!" gritó, antes de correr a abrazar a Ryder y Kristoff.

Las tres llevaban el mismo vestido color rosa chicle, largo y vaporoso, cuello bote y mangas abullonadas. Por algún milagro de la naturaleza a Rapunzel le sentaba bastante bien tanto el color como el horrendo diseño, pero las otras dos chicas parecían pantallas de lámpara. De una señora muy vieja que acumula gatos y su casa huele a col pensó Anna.

"¿No van a decir nada?" preguntó Rapunzel, girando sobre si misma. "¿Qué les gusta más del vestido que eligieron los chicos?"

"Ehhh…" comenzó Anna, intentando buscar algo positivo a la situación.

"Ahm… está bien confeccionado," aventuró Honey, mirando significativamente a la pelirroja.

"Sí, y aquí les tengo los tocados a juego," le respondió Eugene, poniéndole en la cabeza un sombrero de ala ancha del mismo color, muy recargado con plumas y flores de tela.

Hubo un instante de silencio mientras ambas concuñadas intentaban ocultar sus caras de profundo disgusto. Pero no duró mucho, porque el resto de su familia estalló en risas.

"Ya me preguntaba cuánto tiempo iban a aguantar," apuntó Kristoff, casi sin aliento.

Anna se sintió enrojecer de ira y vergüenza. Otro de los chistes de su hermano.

"Danos los vestidos reales si quieres vivir, Ryder," espetó Honey. "Y cierren el pico"

"Muy madura, Punzie," agregó Anna, rodando los ojos.

"Es tierno que por ver feliz a tu hermano te arriesgases a salir en todas las fotos como un gigantesco algodón de azúcar," respondió la castaña, secándose lágrimas de risa.

Las tres se quitaron los vestidos, que eran los más feos que Rapunzel había podido encontrar en la tienda, y se pusieron los vestidos reales. Habían elegido un color de la paleta del casamiento para cada una: el de Anna era verde oliva, el de Rapunzel era color salmón, y el de Honey era verde musgo. El corte era elegante, con escote en v y cruzado en la espalda, ajustado en la cintura y luego caía suavemente hasta el piso. Las tres estaban encantadas, y la familia prorrumpió en aplausos.

Una vez que la modista de la tienda marcó los ajustes para que el vestido le quedase como un guante, Anna se cambió de ropa y se sentó a tomar un té, mirando divertida como el resto del grupo se probaba la ropa y los pinchaban al ajustarles los trajes y vestidos. Su hermano se sentó a su lado y le ofreció un sándwich de la bandeja que había sobre la mesita.

"Ya pagué por esto, mejor que lo aprovechemos, ¿no?" sonrió, tomando uno para sí también. "Hay algo que quiero darte, además de este sándwich sobrevalorado," y le puso sobre el regazo un sobre del mismo tipo de papel que las invitaciones de boda.

"Ya me diste mi invitación." La pelirroja rodó los ojos. "Yo fui a buscarlas a la imprenta, ¿recuerdas?"

"No es para ti, es para tu… acompañante," replicó, moviendo las cejas.

"No tengo acompañante."

"El otro día en el taller me pareciste bien acompañada."

"Elsa no es mi pareja, Kristoff. Sólo sexo. Nada de compromisos."

"Puedes tener sexo en la boda," apuntó Ryder desde atrás

"NADIE VA A TENER SEXO EN NUESTRA BODA."

Todos se quedaron en silencio, mirándolos.

"Tomaré eso como un desafío, primito," bromeó Eugene, dirigiéndole una mirada traviesa a su novia.

Las risas que siguieron aligeraron el ambiente y Anna le agradeció con un silencioso asentimiento de cabeza, obteniendo a cambio un guiño disimulado.

"Quieres que Elsa venga a la boda, ¿verdad?" preguntó Ryder, sentándose junto a su prometido y entrelazando sus dedos. "Se honesta," agregó, mirándola fijamente.

Anna lo pensó un momento.

"Realmente no lo sé. No quiero arruinarlo."

"Elsa no suena como una persona irracional. No creo que se enoje si le preguntas."

"Además, ir a una boda no es una propuesta de nada más que de comida y bebida gratis. Bueno, a cambio de un obsequio para los guapos contrayentes," apuntó Kristoff, codeando juguetonamente a su prometido.

"Prometo pensarlo," rió Anna. "A la noche la voy a ver, tendré la respuesta mañana."

-o-o-o-o-

El beso había empezado por iniciativa de Anna, pero no parecía avanzar mucho. Elsa respondía, sí, pero no pasaba nada más. Las manos de la rubia estaban absolutamente quietas en su cintura, casi manteniendo a la pelirroja a una pequeña distancia.

Habían cenado casi en silencio, con una conversación mucho más fría y casual que la primera que habían tenido, durante aquel primer desayuno. En ese momento Anna no lo tomó a mal, lo atribuyó a que tal vez Elsa tenía más ganas de sexo que de charla banal.

Pero esas ganas no existían. Probó tocarla, y al obtener tensión en vez de los usuales suspiros, optó por separarse un poco e intentar mirarla a los ojos.

"¿Estás bien?" preguntó. Elsa mantuvo los ojos cerrados y asintió con la cabeza, como ausente. Volvió a intentar besarla, pero Anna puso una mano en su mejilla y la detuvo. "Te noto distraída," señaló.

Los párpados de la rubia se apretaron fuerte, también su mandíbula.

"No debí llamarte," murmuró entre dientes. Anna ignoró deliberadamente el nudo que sintió en la garganta al escucharla.

"Si no tienes ganas, sabes que puedes decírmelo. Es la regla número uno, ¿no?" Sonrió tratando de darle ánimo, pero el labio inferior de Elsa tembló ligeramente cuando inspiró profundo. "Y si no quieres que esté aquí, puedo irme…" ofreció con apenas un hilo de voz.

"No te vayas," contestó rápida, ahora sí abriendo los ojos y mirándola suplicante. El agarre en su cintura se apretó.

La regla número tres estaba completamente perdida hacía dos semanas, y Anna pensó que, tal vez, parte de la regla dos podía flexibilizarse. No serían pareja, pero podían ser amigas. Podía ser una buena amiga y ofrecerle un poco de seguridad, de calma, de contacto sin más intención que la de acompañar. Siempre y cuando mantenga los límites claros, estaré bien. No es mi novia, pero confortarla es decencia humana básica.

"Preparo té y busco unos chocolates, ¿qué dices?" La rubia asintió enérgicamente y enseguida dejó caer la cabeza contra el respaldo del sofá.

Anna puso el agua a hervir y se tomó unos segundos para recordar dónde buscaba la médica las tazas al preparar el desayuno. El té estaba en una cajita en la mesada, repasó los sabores mentalmente. Earl Grey para Elsa, frutilla para ella. El chocolate estaba en la alacena, la rubia compraba por caja y los guardaba metódicamente.

Unos minutos después colocó las tazas y un paquete extra grande de chocolate con almendras sobre la mesa de café, y se dejó caer al lado de Elsa, quien solo suspiró. El silencio reinaba en el ambiente, pero no era incómodo. Anna sentía la anticipación, que pronto hablarían de lo que le estaba incomodando a Elsa, pero ahora debía darle espacio para ordenar sus pensamientos. Conocía la expresión, casi podía ver los engranajes moviéndose en la cabeza de la rubia.

"Hoy murió un paciente en mi guardia," murmuró mientras se inclinaba a tomar la taza. "Cualquiera diría que por el tipo de trabajo que tengo estaría acostumbrada a que pasen estas cosas, pero…" Cerró los ojos y negó con la cabeza antes de respaldarse otra vez en el sofá y beber lentamente. "El tipo se tropezó en la calle y se torció un pie, nada grave. Mandé que le tomen una placa y que lo dejaran quedarse en una de las camas de observación mientras esperábamos los resultados. No estaba preocupada, fui a atender a otros pacientes…"

Anna puso una mano sobre su rodilla y Elsa la miró brevemente antes de volver a enfocarse en su taza.

"La hija llamó a la enfermera, y ella a mí. Había dejado de contestarle… Pero cuando yo llegué ya no tenía pulso. Intentamos reanimarlo… Mi compañera de guardia me tuvo que detener para registrar la hora de muerte. Todavía me duelen los brazos, no sé cuánto tiempo estuve ahí. Ahora mismo le están haciendo una autopsia, porque las circunstancias fueron sospechosas. Y aunque mi lado racional sabe que no fue mi culpa, que seguramente tenía alguna condición que desconocía, mi parte emocional siente que podría haber hecho algo. Algo más. Y tengo miedo de recibir una sanción o que me quiten la matrícula, porque ser médica es mi vida."

La rubia se inclinó hacia Anna y apoyó la cabeza en su hombro.

"Creo que no hay mucho que pueda decirte ahora mismo," confesó la pelirroja. "Pero puedo estar aquí, si quieres. No tienes que pasar esta noche sola."

Elsa asintió en silencio y permanecieron así varios minutos mientras comían el chocolate.

"Necesito recostarme," dijo finalmente, su tono cansado y pesado. Se levantó y extendió una mano hacia la mecánica. "¿Te quedas a dormir?"

Como toda respuesta, Anna se puso de pie, tomó la mano y se dispuso a seguir a su anfitriona hacia el pasillo. Se sorprendió cuando pasaron de largo la habitación donde entraban siempre para seguir hacia otra puerta al final del corredor. Elsa abrió y encendió la luz.

Estaban en un cuarto mucho más grande que el otro, con una cama tamaño queen y un televisor grande en la pared opuesta. En la esquina más cercana a la puerta había un escritorio en forma de L, flanqueado por dos bibliotecas llenas de libros de medicina y varios estantes amurados encima, con carpetas de archivo y más libros. Lo más llamativo en esa zona era una foto enorme en un portarretratos en la que podía verse a Elsa, probablemente un par de años más joven, con la túnica de graduación y abrazada a una pareja más avanzada en edad.

"Son mis padres," explicó, siguiendo la mirada. "Y en la foto de al lado están mis compañeros del hospital," agregó, señalando con la cabeza una imagen en la que unas diez personas, todas con ambos o batas, posaban cual equipo deportivo.

Anna sonrió. Era la primera vez que podía ver cosas personales de Elsa, como si las mantuviera encerradas allí, en el fondo del departamento. Entendió en ese momento que la habitación que habían compartido los últimos cuatro meses era el cuarto de huéspedes, tan impersonal como el resto de la casa, hecho para mantener a las visitas a una distancia prudencial de su vida privada.

"¿Necesitas que te preste algo para dormir? Tengo pijamas, camisetas grandes…"

"Una camiseta grande está bien," aceptó, dándose cuenta de que jamás había dormido vestida en esa casa.

Se cambiaron rápidamente allí mismo y se metieron a la cama, desde donde Elsa encendió el televisor y pasó por varios canales hasta dar con uno de películas donde pasaban alguna comedia ligera. Enseguida se acomodaron contra la cabecera, en una posición similar a la que tenían en el sillón.

Pasaron un rato riendo y comentando lo que sucedía en pantalla. El nuevo ambiente entre ellas era muy relajado. La confianza mutua empezaba a hacerse evidente, compartían muchos gustos (además del chocolate). Podemos pasarla bien juntas sin tener sexo, pensó Anna, casi sorprendiéndose con la idea.

Recordó la invitación que le diera su hermano esa tarde y se mordió el labio indecisa.

"Te quedaste muy callada," bromeó la rubia. "¿Ibas a decir algo?"

Anna dudó un instante, pero tomó aire y giró la cabeza hacia su anfitriona, que la miraba curiosa.

"Kristoff y Ryder se casan en un mes y me han dado una invitación extra para que lleve a quien quiera," explicó. Elsa pareció captar la idea en el aire.

"¿Quieres que vaya contigo?" El tono era neutral, su rostro inescrutable.

"¿Tal vez? Es decir, puede ser divertido. Y habrá mucha comida y bebida. También familia y amigos, lo que es absolutamente aterrador si lo piensas, porque definitivamente te considerarían mi cita y-"

"Me encantaría," la interrumpió con una sonrisa brillante y volvió su vista a la pantalla antes de agregar: "Puede ser divertido."