Elsa entró al bar e identificó de inmediato la mesa de sus compañeros. Estaba a punto de dar un paso hacia ellos cuando sonó su móvil. Se detuvo un momento para revisar el mensaje que acababa de llegar.
'Siéntate en la barra, no vengas con nosotros.'
Levantó la cabeza para ver a Meg dedicándole una sonrisa cómplice y un gesto bastante claro indicándole que se aleje. Rodó los ojos exasperada antes de tipear frenéticamente la respuesta.
'Por eso es que no les cuento nada de mi vida privada.'
Escuchó las risas a su espalda cuando, ya cerca de la barra, el grupo recibió el texto.
Odiaba perder tiempo buscando una cita. Odiaba el jueguito de seducción que supuestamente debería darse en un bar. Y odiaba también que sus compañeros fueran tan insistentes; sabía que, de negarse a este pequeño experimento, no la dejarían trabajar en paz.
Meg sería obviamente la instigadora. Ya la había amenazado con hacer de Cupido entre ella y cualquier paciente atractivo que apareciese por la guardia. Y Emma le insistiría para salir juntas cada vez que su ex se llevara a su hijo por el fin de semana, con el solo objetivo de hacerla bailar con extraños en un antro.
Se sentó en la barra y pidió un gin and tonic. Si tenía que hacer esto, no lo haría sobria. Al menos no completamente. Lo tomó mientras mantenía una encendida discusión con sus compañeros.
'¿Qué opinas del bartender? Es guapo.'
Elsa lo miró de reojo. Era alto, rubio y de ojos azules. Tenía el pelo atado en un pequeño rodete. Era lindo, pero…
'Es más tu tipo, Belle. Tiene el tipo de miradas principescas que a ti te gusta."
'¿Y qué hay del tipo rubio que juega pool?' Meg no perdía tiempo.
'Ese muchacho es gay. Lo sé, es el gaydar.' Oaken siempre acertaba con esas cosas, no lo iba a contradecir.
'¿Qué hay del sexo débil?'
'Herc, cariño, la próxima vez que vuelvas a llamar a las mujeres el sexo débil vas a dormir en el parque.'
'Sí, mi amor.'
Elsa no pudo evitar reír ante el intercambio.
'Esto es una pérdida de tiempo.'
'Te estoy mandando un trago sofisticado, bébelo lentamente y con aire misterioso, tal vez así alguien pique el anzuelo.' Meg podía ser un dolor de cabeza a veces. El bartender colocó delante suyo una copa cónica ancha y Elsa alzó una ceja, incrédula.
'¿De verdad? ¿Un martini? ¿Quién crees que soy, James Bond?'
'Atención, Bond. Puede que haya una misión en camino.'
Se volteó disimuladamente y sus compañeros le señalaron de nuevo al tipo rubio del pool. Parecía estar hablando con una pelirroja de camisa verde a cuadros, jean y zapatillas naranja.
¿Quién diablos usa zapatillas naranja?
La chica volteó hacia ella y se giró de nuevo hacia el rubio.
'No la cagues, puede ser tu futura esposa.'
'No busco pareja, Meg.'
'Al menos podrías salir con ella.'
'No tengo tiempo para citas.'
"Hola." La pelirroja estaba a su lado. Sin voltear la cabeza, la miró por el rabillo del ojo. Era bonita. Y estaba nerviosa, balanceándose adelante y atrás sobre sus pies, con los puños apretados. Los músculos de los antebrazos estaban tensos y parecían fuertes. Exhaló disimulando un suspiro. No era sólo bonita, era bastante atractiva. Y esos jeans le sentaban realmente bien.
La chica empezó a hablar, intentando sacar conversación, pero Elsa sólo podía maldecir internamente a Meg por meterla en ese tedio. ¿Cómo decirle a esta atractiva pelirroja que estaba interesada en pasar una noche con ella, sin pasar a su vez por todo el jueguito tonto de miradas y coqueteos?
El golpe seco de un botellín de cerveza en la barra la sacó de su trance y pareció silenciar por un momento a la pelirroja. La vio sonrojarse. Se preguntó cómo podría hacerla sonrojar así de vuelta, y el pensamiento le mandó una descarga eléctrica directa a la entrepierna.
"¿Sabes? Soy una tonta, mejor te dejo antes de que llames a seguridad..."
No, lo había entendido mal. ¿Cómo explicarle que sí quería…?
Al demonio, pensó, tomándola de la muñeca antes de que se fuera para siempre.
"¿Sexo?" propuso, y se pateó mentalmente.
Muy elocuente, Elsa. Matrícula de Honor.
"¿Qué?"
Elsa bufó, intentando canalizar su tono más profesional. No quería ponerse nerviosa ni que le temblara la voz.
"Viniste a hablarme con la esperanza de acostarte conmigo, ¿verdad?" Logró mantener la compostura y eso le dio seguridad. Sonrió de lado. Sólo tenía que ser sincera, y si la chica no lo entendía, no valdría su tiempo. "Ahorrémonos todas estas formalidades. Te gusto, me gustas, las dos buscamos lo mismo. Vámonos de aquí, hagamos lo que hay que hacer y sigamos nuestras vidas. Sólo por esta noche. ¿Qué dices?"
La pelirroja valoró el ofrecimiento. Buena señal.
"Claro. ¿Por qué no?"
La respuesta le generó otra descarga eléctrica, pero logró disimular levantándose y dejando unos billetes en la barra.
"Saluda a tu amigo, voy a buscar un taxi."
La vio volver con el rubio y aprovechó la distracción para dirigirse a la puerta, ignorando los gestos de victoria de sus compañeros. Ya en la acera, se apoyó contra la pared del bar, sacó el móvil y pidió rápidamente un Uber.
Justo después de que la aplicación le anunciara que en tres minutos tendría su coche, vio salir a la pelirroja, apurada, buscándola. Y no pudo resistirse un instante más.
La tomó otra vez de la muñeca y la giró hasta acorralarla contra el muro. Y la besó con fuerza, con urgencia. Pudo sentir el calor del otro cuerpo contra el suyo a través de la ropa, adivinar formas que ansiaba ver y tocar y-
Escuchó una bocina al mismo tiempo que vibraba su móvil en el bolsillo, devolviéndola a la realidad y forzándola a recuperar el aliento.
"Vamos, el Uber nos espera en la esquina," indicó, empezando a caminar sin soltar su muñeca. El coche estaba a unos metros, subió ella primero y sacó el celular de inmediato. Tenía varios mensajes de su grupo, algunos celebrando la conquista, otros deseándole suerte. Meg pedía que recordara cada detalle para contarle el lunes, cuando se vieran de vuelta.
'No se entusiasmen, no tendremos una cita. Es algo de una sola vez. Sólo por esta noche.'
-o-o-o-o-
Elsa no pudo disimular un suspiro entre frustrado y divertido al ver la hoja de recetas pegada en la puerta de su taquilla, con un corazón flechado y la leyenda 'Elsa + colorada del bar' escrita en el centro.
"¿Van a hacer esto cada vez que me vaya con alguien?" protestó, dejando caer su bolso al suelo.
"No, la última vez no pudimos ver con quién te fuiste," le recordó Emma.
"Y además nunca nos presentas a nadie," reclamó Meg, sentándose en el banco frente a los casilleros, cruzándose de brazos.
"Eso es porque no hay nadie que presentar. No me interesa tener pareja, no me interesa tener citas. Son una pérdida de tiempo y me distraen de lo verdaderamente importante."
"Y eso es…" Emma dejó la frase en el aire para que Elsa la completara.
"Mis padres, mi trabajo, mis compañeros," sentenció.
"Bueno, pero esta chica, Laura, parecía gustarte mucho…" aventuró Meg.
"Anna," corrigió antes de siquiera pensarlo. Un instante después se estaba dando patadas mentales.
"¡Sabe el nombre!" exclamó la recepcionista, mirando sorprendida a Emma. "A la chica de la disco ni siquiera la mencionó."
"No había nada que mencionar," acotó. Sus compañeras simularon no escucharla.
"Entonces de Anna sí hay algo que mencionar," razonó la inmunóloga. "El último nombre que supimos fue el de Jack…"
"No hablamos de Jack, se comportó como un idiota," gruñó, arrugando la nariz.
"Entonces Anna no se comporta como una idiota…" Meg se quedó observándola. Elsa no pudo evitar que una pequeña sonrisa curvara las comisuras de sus labios. "¡Oh, por Dios! ¡Te resulta tierna! ¿Vas a llamarla?"
"Todavía no lo decido y-"
"¡TIENE SU NÚMERO!" gritaron al unísono.
La emergentóloga cerró los ojos y apretó fuerte el puente de su nariz. Pronto tendría una jaqueca.
"No te mortifiques, cariño," intentó consolarla Meg. "Hablar con gente es mi trabajo y soy jodidamente buena en ello." Chasqueó los dedos con aire de superioridad y Emma soltó una carcajada.
"Voy a tomar la guardia," anunció finalmente Elsa. "Les recomendaría que hagan lo mismo…"
Al regresar al vestidor, pasado ya el final de su turno, volvió a fijarse en el papel pegado en la puerta de su taquilla.
Había estado pensando en Anna todo el día. Y si bien lo que decía Meg era cierto y la encontraba verdaderamente tierna, no dejaba de rememorar lo bien que se sintió tocarla y tenerla entre sus piernas y…
Sí, se estaba calentando de sólo pensar en la pelirroja. Supuso que era esperable, dada la química que tuvieron. Y sí, en ese momento deseaba repetir casi con desesperación. Así que tomó el celular que había abandonado por la mañana en el casillero y mandó rápidamente el mensaje.
'Soy Elsa. ¿Repetimos?'
Sólo por esta noche, se repitió a sí misma como un mantra. Sólo repetiré esta vez. No puede haber daño en repetir una vez.
-o-o-o-o-
El jueves fue realmente un día brutal.
Entró como de costumbre a su turno desde las diez de la mañana, pero un accidente de autobús cerca de las cinco de la tarde la retuvo en su puesto recibiendo gente golpeada o cortada. Afortunadamente no había heridos de gravedad, pero estaba molida. No se había sentado en horas, corriendo para llenar órdenes de radiografías y realizar pequeñas suturas.
Para cuando finalmente volvió a su casillero cerca de las nueve de la noche, vio los mensajes de Anna y sintió una punzada de culpa. La pobre llevaba esperando una respuesta desde hacía más de diez horas…
De alguna forma sintió que se lo debía, pese al cansancio, así que se dio una ducha rápida, cambió el ambo por ropa de calle y corrió al coche mientras revisaba el GPS.
"Llegará a su destino en 14 minutos," anunció la voz robótica. Y mandó un mensaje rápido antes de arrancar.
'Llego en quince minutos.'
Nada más llegar a la dirección indicada, abandonó su auto en un estacionamiento pago y se encaminó a la puerta del edificio, que se abrió sin que ella llegara a tocar timbre. Dos adolescentes, uno grande y con aspecto de visitar a menudo el gimnasio, el otro flacucho y muy sonriente, salieron y le hicieron señas para que entre.
"Pase, la puerta principal siempre está abierta," dijo el más pequeño.
"¿No es un poco inseguro? Podría entrar cualquiera…"
Los chicos se encogieron de hombros y continuaron su camino, alejándose de la entrada.
Elsa avanzó unos pasos hacia el ascensor, pensando bien lo que iba a decir para disculparse cuando llegara al departamento de Anna, que no le había respondido. Tocó timbre. Adentro se escuchaba música muy fuerte y por un instante temió que no la escuchara.
Casi sin querer, una media sonrisa se instaló en su rostro cuando la puerta se abrió y vio a la pelirroja, con una bata como única prenda, el pelo húmedo y una expresión de absoluto desconcierto.
"Tuve un día brutal en el trabajo. Pero no podía dejar pasar tu invitación," confesó cuando encontró su voz. Anna suspiró y se hizo a un lado con una sonrisa para dejarla entrar.
"Ya no te esperaba, pero me alegro que vinieras."
"Vi tu mensaje cuando salí y te contesté, pero… Supongo que ahora fuiste tú la que no lo vio," señaló divertida. La pelirroja cerró la puerta y chequeó su móvil.
Cada movimiento de Anna hacía que la bata se moviera y ajustara en distintos lugares, revelando un poco más de piel. En cuanto su cerebro registró que la razón por la que estaba allí era para acostarse con ella y volver a disfrutar de ese cuerpo, sencillamente ya no pudo pensar en otra cosa.
La besó, interrumpiendo algo que decía sobre la cena… No le importó demasiado porque la sintió gemir en su boca, estremecerse cuando deslizó una mano por su pierna y se adentró en su bata, aferrarse a ella cuando rodeó su cintura y la apretó contra sí.
"¿Dónde…?" empezó con la voz ronca. Anna pareció entenderla sin necesidad de terminar la frase.
"Habitación, puerta al fondo."
Elsa la guió con prisa, sin dejar de sujetarla. En el camino, la rubia desanudó el cinturón de la bata de modo que cuando llegaron al cuarto, Anna se adelantó dos pasos, dejó caer la prenda con un breve movimiento de hombros y quedó completamente expuesta frente a ella.
Una nueva oleada de deseo la hizo empujarla a la cama y prácticamente arrojarse sobre ella, retomando lo que había comenzado junto a la puerta de entrada. En segundos tenía sus dedos dentro de ella y los movía velozmente. En algún momento el muslo de Anna se había alzado contra su entrepierna y sorprendentemente el roce a través de la tela del jean se sentía estupendo.
Entre el cansancio y la calentura que llevaba, el resto no duró mucho. Unas cuantas embestidas de sus dedos y llegaba el orgasmo de Anna, un par de movimientos de cadera y Elsa se desarmaba sobre la pelirroja, absolutamente agotada pero satisfecha.
Tardó un rato en recuperar las fuerzas suficientes para rodar sobre su espalda. Lo siguiente que supo fue que Anna le estaba mostrando un chocolate.
De acuerdo, había perdido momentáneamente la noción de tiempo y de espacio. Su mente empezaba a aclararse, cubierta la necesidad de descargar esa energía sexual que parecía estar acumulándose en ella a pasos agigantados desde el sábado.
Por un momento sintió pánico. La situación se estaba saliendo de control. ¿Desde cuándo repetía con alguien? ¿Desde cuándo iba a la casa de alguien que apenas conocía? Esa no era ella. Elsa no tenía tiempo para dedicarle a una potencial pareja, no tenía ganas de invertir toda esa energía en cumplir con esas expectativas sociales. Nunca fue socialmente hábil, a decir verdad, y la drenaba física y emocionalmente pensar siquiera en complicarse de esa forma.
Podía ocuparse sola de la parte sexual.
Aunque, tal vez…
Tal vez podía llegar a un acuerdo con Anna. ¿Para qué negarlo? La pelirroja le gustaba muchísimo. Llevaba tres noches entendiéndose muy bien con ella, la química era evidente.
Tal vez Anna aceptaría su ineptitud social. Tal vez ambas podrían seguir en este rumbo del sexo casual y sin compromisos. Tal vez podían plantear algunas reglas que les permitieran disfrutar sin pensar en las complicaciones.
Y que le permitieran a Elsa recuperar el control.
"Esto seguirá sucediendo, ¿verdad?"
N/A: Gracias a todos por sus comentarios! De verdad me da mucho ánimo ver que les gusta lo que estoy presentándoles. Espero que este capítulo haya contestado algunas cosas que me han planteado antes sobre Elsa.
Sobre el título del capítulo, no hay una explicación no-nerd:
En un sistema de coordenadas tiempo-espacio, el punto (0; 0; 0; 0) indica el instante y lugar de partida que sirve de referencia para el resto del análisis.
