Apenas tuvo su comida en la mesa, Elsa sacó su laptop, abrió el programa de videollamada y seleccionó el nombre de usuario de su madre. No pasaron más que un par de segundos hasta que los rostros de Gerda y Kai aparecieron en pantalla.
Almorzar con ellos, aunque fuera a la distancia, era su inamovible rutina de domingo.
Tras los saludos habituales y mientras todos empezaban a comer, pudo presentir la conversación que se avecinaba.
"Te esperamos el jueves, ¿verdad?" inquirió su madre. Siendo hija única de hijos únicos, sentía que era su deber pasar cuantas fiestas pudiera con sus padres, especialmente si se trataba de Acción de Gracias, la fiesta favorita de Gerda.
"Sobre eso quería hablarles…" comenzó. "Hay un cambio de planes…"
Su madre se acercó a la cámara. Kai estaba de fondo con una sonrisa traviesa y una ceja alzada.
"¿No vas a venir?"
"¡Iré, iré!" se apresuró a aclarar. "Pero esta vez necesitaré que preparen el cuarto de huéspedes…"
"Eso es nuevo," murmuró la mujer, sorprendida. "¿Qué tiene de malo tu habitación?"
Elsa dudó un instante, suspiró profundo y desvió la mirada.
"La cama es pequeña."
Frente a ella, Gerda frunció el ceño y Kai se cubrió la boca para intentar disimular una risita que trató de pasar por ataque de tos.
"No te preocupes, hija, yo me encargaré de que esté todo listo," aseguró el hombre. "¿Sabes? Tenemos que ir al supermercado. Avísame si necesitas que prepare algo más, ¿sí? Nos vemos el miércoles. Te queremos. ¡Adiós!"
Elsa parpadeó un par de veces cuando la llamada se cortó abruptamente entre risas de su padre y protestas de su madre.
"Eso salió bien," murmuró Anna divertida. Estaba sentada frente a ella, detrás de la computadora.
Tras la primera semana de prueba, habían renovado su situación por otra semana más, y luego por otras dos. La festividad había quedado en medio y a Elsa le pareció absolutamente lógico invitar a su pareja. En definitiva, se supone que eso hacen las parejas. ¿No?
Anna se entusiasmó en cuanto se lo propuso. Kristoff y Ryder la habían invitado a pasarlo con la familia de este último, pero la pelirroja prefería no cruzarse con Honey desde su pequeña escena en la boda, más por vergüenza de su propia actitud que por otra cosa.
La rubia suspiró.
"Creo que mamá no entendió que iré acompañada."
"Yo creo que lo entendió muy bien."
"Mi padre lidiará con eso, de todos modos"
"¿Tendremos problemas?"
"Nos enteraremos el jueves."
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Uno de los grandes orgullos de Anna como mecánica y restauradora era su Camaro del '69 convertible. Lo había comprado cuando se graduó de la secundaria y le llevó seis años completar el trabajo. Más de una vez Kristoff le había sugerido venderlo y comprarse algo más nuevo y económico, pero la pelirroja disfrutaba de las cabezas que volteaban a verlo cuando lo manejaba por Arendelle o lo sacaba a la ruta para viajar hasta San Francisco para visitar a sus tíos y prima.
Por eso fue que había insistido a Elsa para usarlo en su escapada a Norfolk. Y aunque la rubia protestó un poco, debió reconocer que Anna mantenía el vehículo mejor que si estuviese nuevo, por lo que la probabilidad de que tuviera algún problema en el camino era realmente baja y, de todos modos, la misma pelirroja era quien se encargaría de todo si algo pasaba.
En el momento en que Anna estacionó el auto frente al garage de los Schneider, ambas tuvieron que reconocer internamente que estaban más nerviosas de lo que esperaban.
Bajaron y se apresuraron hacia la puerta de entrada. Llegaron al último escalón del porche en el mismo instante en que Gerda abría para recibirlas.
"Hola, mamá," saludó Elsa, encogiéndose ligeramente. Pero la mujer no la miraba a ella sino a Anna, que sonrió nerviosa y agitó la mano rápidamente. "Ella es Anna," presentó orgullosa. ¿De dónde salió eso?
"Hola, señora Schneider." La voz le salió más temblorosa de lo que hubiera querido. Los segundos que tardó en contestar fueron los más largos de su vida.
"Puedes llamarme Gerda, cariño," sonrió cálida. "Pasen, estábamos preparando comida para la cena."
Soltaron al unísono un suspiro de alivio mientras se quitaban los abrigos y entraban en la sala. El aroma de los platos clásicos de la fecha inundaba el ambiente. Desde la cocina se escuchó la voz del padre de Elsa llamando a su esposa para que lo ayudara con algo.
"¿Siempre cocinan juntos?" preguntó Anna. La rubia asintió con una sonrisa nostálgica.
"Cuando yo era pequeña papá pasaba algunas semanas fuera, pero siempre que estaba en casa insistía en participar de todas las preparaciones, o se turnaban con mamá," explicó.
En la cocina había un caos bastante medido. Bandejas y platos con comida estaban esparcidos por la mesada, la mayoría cubiertos o envueltos, como si hubiesen estado en la heladera hasta hacía poco.
"¡Bienvenida al hogar Schneider!" exclamó el hombre cuando la vio a Anna. Dejó un bowl de puré de papas a un lado para acercarse y estrecharla en un abrazo. "Soy Kai. Ni se te ocurra llamarme por mi apellido, ya pasé demasiados años escuchándolo," bromeó.
"Gracias, señ- Kai," corrigió rápidamente. "Yo soy Anna," se presentó. El hombre la tomó por los hombros para mirarla de arriba a abajo y volvió a abrazarla.
"Debes ser muy especial si Elsa decidió traerte aquí," comentó emocionado. La soltó después de unos segundos y volvió a concentrarse en lo que estaba preparando. Gerda se acercó con dos tazas de té y una bandeja con galletas caseras.
"¿Y bien? ¿Cómo es que se conocieron?"
Anna y Elsa se miraron alarmadas. No habían acordado qué dirían al respecto, pero decir la verdad parecía realmente poco apropiado.
"Bueno…" empezó la rubia, intentando ganar tiempo. "Yo había ido al bar con mis compañeros, como todas las semanas…"
"Y a mí me había invitado mi hermano Kristoff a ese mismo bar," interrumpió Anna. "Y desde que la vi sentada en la barra no pude dejar de mirarla," confesó con una sonrisa tímida. Elsa se sonrojó. "Kristoff me convenció de acercarme a hablarle."
"Meg me amenazó para que la escuchara, para ser honesta," rió. Kai ahogó una carcajada. "Afortunadamente conectamos muy rápido," agregó, mirándola de reojo.
"¿Ah sí? Eso es nuevo..."
"Sí, tenemos muchas cosas en común," continuó la pelirroja. "Nos gusta la misma música, las mismas pizzas, probar distintos desayunos…"
"¿Desayunos? ¿Ya viven juntas?"
Anna abrió la boca para contestar pero Elsa se le adelantó.
"Salimos hace seis meses, así que Anna pasa algunas noches a la semana en casa," explicó. Su madre estaba a punto de hacer otra pregunta, pero Kai interrumpió oportunamente.
"¿Quién quiere probar la salsa de arándano rojo?"
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La cena transcurrió sin mayores sobresaltos. Anna contó parte de la historia de su vida y los padres de Elsa la avergonzaron con anécdotas de cuando era pequeña.
Cuando todos estuvieron satisfechos y llegó el momento de juntar las sobras. Gerda se llevó a Elsa a la cocina para preparar café, pero la rubia sabía que era una excusa para hablar con ella a solas.
"Mamá…"
"Hija, ¿puedes buscar las cucharitas en el cajón?"
"Mamá, ¿qué quieres decirme?"
La mujer suspiró largamente mientras ponía agua en el depósito de la cafetera y se apoyó de espaldas a la mesada, cruzada de brazos.
"Anna es agradable, interesante y bonita. ¿Qué te hizo demorar seis meses en presentárnosla?" preguntó con una media sonrisa que intentaba disimular.
"Verás…"
"¿Es porque es mujer? Si es así no tendrías que haberte preocupado, nos habías dicho que eres bisexual cuando tenías 13 años y nunca se nos cruzaría por la cabeza-"
"Mamá, el problema no era Anna, era yo." Ante la mirada confundida de Gerda, agregó. "Me llevó casi seis meses darme cuenta de que... sentía algo más por ella."
La mujer abrió la boca un par de veces hasta que sus ojos se iluminaron de golpe.
"¡Elsa Hildegard Schneider! ¡Me mentiste!" exclamó acusatoria.
"¿Qué? ¡No! Yo-"
Gerda se acercó y le puso una mano en el hombro para calmarla.
"Hija, no te estoy juzgando." Elsa pudo sentir un sinfín de emociones acumularse en su garganta, quitándole la voz. Quería explicarle que todo aquello era nuevo, que nunca pensó enamorarse, que Anna la estaba llevando a descubrir partes de ella misma que no conocía, que no quería apresurar nada y al mismo tiempo ansiaba avanzar más rápido en su relación… Y de alguna manera sabía que Gerda podía leerla perfectamente. "Pero no le mientas más a tu madre," amenazó, más en tono de broma. "Ahora busca las cucharitas que el café está casi listo."
Entretanto, Anna estaba sola con Kai, conversando animadamente sobre los modelos militares que éste coleccionaba. La pelirroja estaba encantada de poder compartir con él parte de su afición al conocer en detalle varios de los coches que el ex marino mencionaba.
No podía dejar de notar lo mucho que se parecían algunos gestos de Kai y Elsa. La forma de cuadrar los hombros al sentarse derechos, el modo de hablar pausado, cuidadoso, con un completo control del tono y las palabras, la mirada expresiva.
"Pareces distraída." La voz del hombre la sacó de su pequeño trance y Anna no pudo evitar sonrojarse al sentirse descubierta. "¿Pensando en alguien?" bromeó.
"Notaba el parecido con su hija. Se nota que lo admira mucho."
"Más de lo que quisiera, a veces," suspiró. "Anna, debes saber que Elsa no es una persona fácil de tratar. A veces le cuesta conectarse con lo que siente, pero seguramente te dará indicios de ello a través de pequeñas acciones. Yo mismo soy así..." suspiró. "Por lo poco que me ha dicho de ti, tienes la paciencia para entenderla. Y realmente aprecio que mi hija haya encontrado a alguien como tú."
"Y aquí es cuando me dice que no lo arruine y no la lastime o me las veré con usted, ¿verdad?" rió nerviosa. Kai sonrió divertido pero meneó la cabeza.
"No, no, eso es entre ustedes. No soy ese tipo de padre que sale con la escopeta a espantar pretendientes. Además, nunca hemos presionado a Elsa para que busque pareja y no comenzaremos ahora. Mientras sean felices juntas, las apoyaremos en todo. Quería que lo sepas."
A Anna la inundó una sensación de calor en el pecho que amenazó con hacerla llorar. Se sentía como cuando sus padres la arropaban en la cama, tantos años atrás. O cuando Pabbie y Bulda acudían a verla en sus obras escolares. Kai le estaba dando, a su modo, la bienvenida a su familia, y para Anna eso era invaluable.
"¿Hablaban de nosotras?" bromeó Gerda entrando al comedor con una azucarera y un jarrito de leche. Elsa la seguía con una bandeja con las tazas de café ya servidas.
"Le decía a Anna que después del café le mostraré mi colección. Seguro tiene mucho para contarme de los coches que conseguí la semana pasada." El hombre le guiñó un ojo, cómplice, y tomó una taza sin más preámbulos.
-o-o-o-o-
A esa altura de las circunstancias, a Anna no le sorprendía despertarse y encontrar que Elsa ya se había levantado. Lo hacía cuando dormían en cualquiera de sus departamentos y, aparentemente, no dejaría esa costumbre estando en casa de sus padres. En cierto punto la entendía, la rubia tenía sus rutinas y le era imposible permanecer en la cama más allá de las ocho de la mañana.
Ya pasaban las nueve, así que Anna se levantó también y buscó en su equipaje una muda de ropa cómoda y abrigada. Cuando bajó las escaleras y se asomó a la cocina, Gerda la saludó animada y le puso en las manos una taza de chocolate caliente, indicándole que su hija estaba desayunando afuera.
Al salir hacia el patio trasero Anna pudo ver a Elsa con su propia taza de chocolate caliente sentada en un banco bajo el porche. Volteó a verla en cuanto notó su presencia con una sonrisa brillante.
"Perdón por dejarte sola, no quise despertarte tan temprano."
La pelirroja se acurrucó a su lado y agarró con ambas manos su taza.
"Me despertó el aroma a chocolate caliente," confesó. Colocó la cabeza en el hombro de la rubia y suspiró profundamente.
Durante varios minutos permanecieron en silencio, disfrutando de la cercanía y la tranquilidad reinante. Cuando las bebidas se terminaron y dejaron las tazas a un lado, se abrazaron un poco más fuerte y mantuvieron la calma otro rato.
"¿Anna?" murmuró la rubia.
"¿Mmh?"
"Sigamos por un mes," propuso. La pelirroja giró la cabeza hacia ella y los ojos turquesa se clavaron en los suyos, brillantes. Un instante después ambas cerraban la escasa distancia en un beso corto pero intenso.
"De acuerdo," susurró Anna al separarse, aún intentando recuperar el aliento. "Y después vemos."
