Anna ahogó un gemido cuando su espalda dio contra la pared de azulejos, y luego otro cuando una mano de Elsa se aventuró por debajo de su camiseta y su ridículo suéter festivo para apretar uno de sus pechos, y otro más quedó atrapado en los labios de la rubia cuando su otra mano se deslizó por delante en su pantalón.

"Tendrás que ser más silenciosa, Anna," susurró alarmada en su oído. "No querrás que nos escuchen..."

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Los Bjorgman tenían la costumbre de ser los anfitriones de una fiesta de Año Nuevo que reunía a un grupo numeroso y variado entre amigos de ambos hermanos. Algunos se turnaban para pasar música, otros oficiaban de bartenders y la mayoría se quedaba hasta el amanecer celebrando el cambio de calendario.

El paso del tiempo fue sumando gente al evento. Tres años atrás habían aparecido Honey y varios compañeros de Ryder. Y esta vez Anna le había insistido a Elsa para que invitara a quienes quisiera.

El taller se vaciaba de coches para Navidad, fecha en que los hermanos tomaban vacaciones por dos semanas. Luego se aseguraban de que quedara todo limpio, guardaban las herramientas sueltas, desconectaban mangueras y cables y metían la maquinaria en el depósito del fondo. El elevador quedaba permanentemente arriba, más que nada para que nadie tropezara con él, y debajo ubicaban la zona del DJ. La barra se ubicaba en el extremo opuesto del salón, y una mesa al costado donde Ryder colocaba y supervisaba los platos con aperitivos y dulces.

El lugar estaba lleno cuando Elsa llegó con los suyos. Oaken y su esposo no tardaron en dirigirse hacia la comida, Emma enfiló hacia la barra y Meg arrastró a Herc hacia la pista al grito de "¡esto sí es una fiesta!"

Divisó a Anna de espaldas a ella, entre el mismo grupo de amigos de Kristoff que la rodeaban cuando llegó a la boda. No pudo evitar sonreír con ternura al verla con un suéter verde y el cabello en dos trenzas que la hacían ver absolutamente adorable.

La pelirroja se dio cuenta de que algo pasaba a sus espaldas cuando notó que las miradas de los hombres frente a ella se desviaban y sus cerebros repentinamente perdían el rumbo de la conversación. Volteó en el preciso momento en que Elsa posaba una mano en su hombro y le devolvió una sonrisa brillante antes de robarle un beso rápido. Suprimió una risita al ver que en el centro del suéter había un enorme muñeco de nieve bordado.

"Chicos, creo que todos recuerdan a mi novia, ¿verdad? Elsa Schneider, la conocieron en la boda de Kristoff…" volvió a presentar sin despegar sus ojos de la rubia, que había quedado levemente sorprendida por el beso. Escuchó que el grupo murmuraba unos "oh" y "ah". "Si me disculpan, voy a buscar unos tragos." Le ofreció el brazo a la médica, que lo tomó con una sonrisa más tímida y saludó con la cabeza a los hombres que aún las miraban boquiabiertos.

Cuando se alejaron unos pasos, Elsa la tomó de la mano y la hizo girar ágilmente para luego sujetarla contra ella desde la cintura antes de que perdiera el equilibrio.

"Hola," murmuró contra sus labios. Anna se rió y se relajó contra ella.

"Hola a ti," respondió, besándola otra vez. "Pensé que llegarías antes," comentó.

"Meg dijo que era de mala educación llegar a las 8 cuando me citaste a las 9. Así que me obligó a llegar a las 10," explicó. "De todos modos, en cuanto estuvimos aquí me abandonó a mi suerte."

"Me alegra. Más Elsa para mí."

Anna la llevó alternativamente entre la barra y la mesa de comida, evitando la improvisada pista de baile. Meg les hizo señas un par de veces para que se les unieran a ella y Herc, pero la pelirroja insistía en desviar la conversación y presentarle a alguien o señalar algún bocadillo.

"¿No bailas?" preguntó después de un rato.

"Siempre he sido demasiado torpe para algo más que moverme de lado a lado con los codos en ángulo recto y bien pegados a mi cuerpo," bromeó, adoptando la posición para demostrar su punto. Elsa sonrió divertida, pero igualmente le tomó una mano y la arrastró hacia la pista.

"Puedo vivir con eso, ven a bailar conmigo," pidió y Anna no pudo negarse.

En cuanto estuvieron entre la gente, Elsa la soltó y empezó a moverse al compás de la música, así que la pelirroja volvió a adoptar la postura anterior y a dar un paso a cada lado, con la cabeza baja, intentando seguir el ritmo. Se sentía demasiado consciente de sí misma, demasiado expuesta y en peligro de tropezar con sus propios pies.

De pronto sintió una mano rodear su cintura y otra en su barbilla, obligándola a levantar la mirada. Elsa se había pegado a ella y empezaba a guiarla, y de alguna manera parecía que así seguir la música se hacía más fácil. Aunque de a poco fue dejando de escuchar la música y de prestarle atención a todo lo que la rodeaba, y lo único que existía era Elsa, mirándola a los ojos, moviéndose junto a ella, contra ella. En algún momento, la mano en su cintura se movió hacia abajo y la que estaba en su mejilla se trasladó hacia su cuello, y empezaron un beso lento, que terminó de desconectarla del mundo y dejó solo el deseo instalado en su cabeza.

Rompieron el beso tras unos segundos, pero continuaron bailando imposiblemente cerca.

"Te necesito. Ya," murmuró Elsa en su oído, enviando una corriente eléctrica directo hacia abajo. Anna asintió y trató de pensar rápidamente.

El baño de clientes estaba siendo usado para los invitados. El otro garage tendría demasiado eco, y si subía al departamento de su hermano probablemente terminaría cruzándose con Ryder, que iba y venía buscando comida.

La tomó de la mano y la guió hacia el pasillo, pasando la oficina hacia los vestuarios. Entró sin encender la luz y siguió hasta el fondo, donde estaba el pequeño cuartito con la ducha.

Anna ahogó un gemido cuando su espalda dio contra la pared de azulejos, y luego otro cuando una mano de Elsa se aventuró por debajo de su camiseta y su ridículo suéter festivo para apretar uno de sus pechos, y otro más quedó atrapado en los labios de la rubia cuando su otra mano se deslizó por delante en su pantalón.

"Tendrás que ser más silenciosa, Anna," susurró alarmada en su oído. "No querrás que nos escuchen."

"No nos vio nadie, no van a escucharnos," aseguró, empezando ella también a intentar meter sus manos bajo la ropa de Elsa.

La desesperación era tal que, cuando los dedos de la rubia se deslizaron dentro de ella y con la palma presionó su clítoris, Anna estaba prácticamente al borde del orgasmo. Pero no quería adelantarse. Se mordió el labio y respiró pesado antes de tocarla ella también. Sintió cómo Elsa se estremecía y aceleró el movimiento casi al mismo tiempo.

Llegaron al clímax prácticamente al unísono. Elsa empujó a Anna más fuerte contra la pared para que ninguna de las dos se deslizara al suelo.

"Eso fue intenso," jadeó Anna contra su cuello. La rubia la besó perezosamente y acarició su mejilla.

Se quedaron un poco más allí, deleitándose en pequeñas caricias y besos suaves. Cuando sus respiraciones se normalizaron, volvieron a acomodarse la ropa y Anna abrió otra vez la puerta para salir hacia el vestuario seguida de Elsa.

"Así que aquí estaban…" Ryder las miraba cruzado de brazos con una sonrisa divertida y la espalda apoyada en uno de los armarios del centro del vestuario, ahora completamente iluminado. "Tenemos que dejar de encontrarnos en este tipo de… circunstancias."

"¿Qué haces aquí?" preguntó Anna con una sonrisa nerviosa. Elsa intentaba contener la risa escondida detrás de ella.

"Un amigo de Kris volcó un vaso de gaseosa y necesitaba un trapeador," explicó, señalando el objeto que estaba apoyado a su lado. "Afortunadamente vine yo y no tu hermano; quién sabe el escándalo que podría haber hecho," bromeó, rodando los ojos.

Salieron seguidas por Ryder en el preciso momento en que la música se detuvo y el DJ tomó el micrófono para anunciar que faltaban 30 segundos para la medianoche. El veterinario se escabulló para buscar a su marido y ambas mujeres se apresuraron a hacerse de una copa cada una.

Pronto todos empezaron a gritar al unísono con el DJ.

"¡Cinco! ¡Cuatro! ¡Tres! ¡Dos! ¡UNO! ¡FELIZ AÑO NUEVO!"

Algunos besaron a sus parejas o a quien tenían al lado, otros optaron por abrazarse con alegría.

Elsa y Anna se miraron a los ojos con una sonrisa brillante. La rubia levantó su copa y alzó una ceja.

"Por otro año juntas."

El corazón de Anna dio un salto en su pecho.

"¿Un año?" repitió ilusionada. Elsa asintió levemente y la pelirroja le echó los brazos al cuello y la besó intensamente.

"Un año," confirmó cuando se apartó brevemente. "Y después vemos."