Los personajes de Naruto no me pertenecen.
.
Un fruto prohibido
.
.
Aumentó la velocidad de las embestidas, rodeando con su mano izquierda la estrecha cintura de su amante, apoyándose para volver a entrar en ella cada vez más fuerte, cada vez más profundo.
—¡Sasuke! ¡Aah!
Y verla derretirse en su brazo por el placer, le hinchó el pecho de orgullo.
Una maraña de cabello rubio le hizo cosquillas en la punta de la nariz, pero eso no lo molestó, para nada. Observó fijamente sus labios, y pensó que se veían realmente exquisitos, luego aseguró que no había probado nunca ningún otro sabor tan delicioso como los húmedos labios de aquella mujer a la que estaba haciendo suya.
Ella lo miró también. Sus ojos verdes eran hermosos, lo sabía. Pero eso no era el tipo de cosas que él pudiera decirle con tanta libertad. No estaba inscrito en su naturaleza.
—¿Por qué, ah, por qué te detienes? —le interrogó con la respiración entrecortada, pasando el dedo índice por su cuello. Ella era una coqueta—. Continúa. ¿O prefieres que lo haga yo?
Sasuke sintió la punta de sus pezones rozando en su pecho. Esa simple sensación bastó para desarmar su mundo en un minuto y volver a crear uno nuevo. Pudo ver sus intenciones en su rostro, estaba tan caliente como él, pero antes de que ella pudiese montarlo, Sasuke apretó sus muñecas y juntó su cuerpo con el de ella.
—Estoy a punto de venirme —casi susurró.
—Yo igual. ¡Hazlo! —lo rodeó con sus piernas para ofrecer su entrada una vez más.
Mas Sasuke desistió, palpando delicadamente cada espacio de los muslos de la muchacha, ocasionando que ella se mordiera el labio con deseo.
—No me puse condón.
—¡No importa! ¡Hazlo!
Casi le rogó. La sangre se volvió a encender, y haciendo caso omiso de esa pequeña parte de cordura que le quedaba y le decía que no, lo hizo. La hizo suya una vez más, adueñándose de su ser de una sola estocada. Ella gritó al sentirlo dentro, y él la acompañó con un gruñido seco.
Estar dentro de ella era una maravilla.
—Estás demente.
Le soltó, moviéndose con lentitud, disfrutando cómo la torturaba. Casi podía sentir el orgasmo de su amante llegar.
Ella no respondió, sino que le regaló una sonrisa llena de satisfacción.
Sasuke apretó sus glúteos, marcándolos con sus dedos y postergó las embestidas. Aún no quería terminar, quería hacerle el amor toda la noche. Quería tenerla para él, que fuera suya solamente.
—¡Sasuke!
—Ino…
Y justo en el momento que la llenó por completo, la rubia lo besó, y él respondió gustoso, porque apenas sus labios hicieron contacto no pudo evitar tomar su mandíbula y casi devorarla.
Porque sí, porque Yamanaka Ino lo hacía enfermar a tal grado de creer que no podría vivir sin ella.
"Come una sola vez del fruto prohibido, y bastará para enloquecer".
Ella se lo había dicho. Ino era su fruto prohibido.
…
Escuchó el canto de una cigarra a mitad de la madrugada. Abrió los ojos con pereza, sintiendo el aire fresco de primavera acariciando su espalda desnuda.
El otro lado de su cama se encontraba vacío, pero no tardó mucho en percibir la presencia de Ino en su jardín, así que decidió que era buena idea ir a dónde ella, sólo por curiosidad, porque Sasuke Uchiha no estaba enamorado, y si lo estaba, no lo iba aceptar tan fácil.
Se colocó encima unos pantalones cortos y salió de su habitación.
La madera bajo sus pies descalzos crujió un poco, alertando a la rubia de su llegada. Ella enmudeció. Y a Sasuke le pareció muy inusual su forma de actuar. Algo estaba mal.
Se acercó despacio y se quedó a su espalda, sin saber exactamente qué hacer. Si era honesto, tenía ganas de abrazarla como había visto que suelen hacer en algunos programas de televisión, pero se le hizo impropio. Optó por tomar asiento a un lado suyo, a unos treinta centímetros de distancia. Y entonces descubrió que ella tenía en las manos una vieja fotografía suya y de su familia.
Sasuke enarcó el ceño.
¿Qué diablos hacía ella con eso? Él se había desecho de todas las fotografías como esa, no porque no quisiera ver a sus padres o a su hermano, sino porque el recuerdo era bastante doloroso.
—¿De dónde demonios sacaste eso?
No pretendía sonar molesto, pero sí lo estaba.
Quiso arrancársela y destruirla frente a ella, pero desistió al momento. Ino tenía una actitud diferente, con la vista hacia al jardín, mirando a nada en particular.
—Has descuidado los helechos que planté.
Sasuke gruñó.
—Hmp.
Ino soltó un gran suspiro.
—Era un jardín espantoso cuando el Hokage me lo encargó. ¡Hey! ¿Me estás escuchando? Deberías reconocer mi esfuerzo —Sasuke ladeó el rostro—. Trabajé más de un mes para conseguir que todo se viera bonito para ti. Yo sola, Sasuke. Trayendo macetas enormes, costales de tierra, cavando por aquí y por allá. Sin mencionar que tuve que soportar tu mal genio todo el tiempo.
Sasuke chasqueó la lengua.
—No necesitaba un estúpido jardín y no lo necesito ahora —cruzó los brazos.
Ino en cambio, sonrió. Eso también le incomodó. Normalmente ella solía fruncir el ceño y hacerle frente. Cuando Naruto le encargó trabajar en su jardín, Sasuke no se había portado para nada amable con ella, de hecho, había sido un maldito desvergonzado, e Ino siempre respondía; le gritaba, lo insultaba, le tiraba puños como si no temiera por su vida. Esa Ino le gustaba mucho, y la que tenía enfrente no se parecía en nada a la Ino que no se quedaba callada, ni mucho menos a la antigua Ino que proclamaba su amor por él a los cuatro vientos. Era diferente, y se sintió a disgusto.
—Eras un idiota entonces, Sasuke. Estabas tan molesto todos los días, no puedo creer que hayas quemado todas tus fotografías. Pero yo logré salvar esta. Y no pienso regresártela, aunque intentes matarme.
Sasuke la observó un minuto. La luz nocturna brillaba en sus ojos y los coloreaba de estrellas.
Y sin saber porqué, simplemente, asintió como si estuviese de acuerdo.
Sí, algo estaba mal. Definitivamente.
No había pasado mucho tiempo desde que se veían por la noche y hacían el amor. Podría afirmar que durante esos encuentros casuales llegó a conocerla, a descifrar sus gestos y su lenguaje corporal. Ino nunca se quedaba en su casa cuando terminaban, siempre se marchaba rápidamente y él lo permitía porque en el fondo tampoco sabría qué decir.
Hubo un silencio entre los dos. Sasuke se perdió en los helechos mal cuidados. Ino contemplaba el cielo con fascinación.
De alguna manera, se sentía como una despedida. Pero él no estaba listo para decir adiós.
—Nos escuchaste hablar, ¿cierto? —sorprendiéndose a sí mismo de su iniciativa para conversar, tuvo que continuar cuando ella le prestó atención—. Al dobe y a mí. Estabas ahí cuando salí de su oficina.
—No sé de qué hablas, Sasu…
—Por eso estás rara.
—¿Qué?
—Esa mañana, escuchaste cuando hablaba con Naruto sobre irme de la aldea.
Ino hizo un gesto que para Sasuke no tuvo significado. La conocía, sí, tanto como para reconocer que la platinada era más bien impredecible.
—¿Te vas a ir?
Sasuke abrió ligeramente los ojos, y aprobó por impulso.
—Es una misión —intentó explicarse, pero no encontraba las palabras correctas—. Estaré lejos, quizás por un par de años.
—Ah.
—Regresaré.
—No lo dudo, Sasuke. Este es tu hogar.
—Tengo que hacerlo, Ino.
Ella se puso de pie y dio unos cuantos pasos. Sasuke no entendía lo que sucedía, ¿por qué lo estaba evitando? Supuso que para Ino no resultaba agradable, lo comprendía, o al menos lo trataba de hacer.
—No tienes que explicármelo. ¡Si tienes que hacerlo, hazlo!
Él también se puso de pie y la detuvo por el antebrazo.
—Tengo que…
—¡Buscar tu perdón, la redención, tus pecados, blablablá! ¡Ya lo sé!
Sasuke apretó la nariz.
—Si lo sabes, ¿por qué demonios te enojas tanto?
—¡Yo no estoy enojada! —gritó, apartando a Sasuke para comenzar a caminar.
Sasuke se quedó en su sitio, incapaz de mover las piernas e ir por ella. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que hacerlo? Ino había compartido su cama muchas veces, pero nada más. Entre los dos jamás hubo algún tipo de relación sentimental. Yamanaka no tendría que ocupar un lugar especial en él. Ni siquiera Sakura lo era tanto. Pero con Ino Yamanaka ocurrían cosas muy distintas, o al menos se negaba a creerlo, pero lo cierto es que todo su interior se revoloteaba cuando la veía. ¿Por qué Ino lo hacía sentirse enojado, nervioso y triste al mismo tiempo?
En ocasiones como esa prefería mantenerse alejado, y en otras ocasiones se moría por besarla hasta dejarla sin aliento.
Ino se detuvo de pronto. Sasuke contuvo el aliento.
—Comenzaré a salir con Kiba.
El corazón del último Uchiha se detuvo, haciéndole arder justo en la herida del brazo que perdió. Aquella oración se quedó grabada en su memoria, y le provocó una sensación indescriptible. Empuñó la mano con aparente molestia.
—Haz tu tonta misión, lo que sea.
Y así como si nada, se marchó.
La historia que comenzó y terminó en su propio hogar. Aunque a decir verdad, nunca hubo una historia para los dos.
…
Habían pasado cinco días desde su último encuentro con la heredera Yamanaka. Y todavía le quedaban dos días más en Konoha antes de emprender a un rumbo incierto.
Con lo ocupado que estaba sobre su misión, Sasuke supuso que no iba a tener tiempo de pensar en ella, pero se equivocó. Ino Yamanaka era necia, y se empeñaba en permanecer en su cabeza día tras día, atormentándolo.
Las cosas se terminaron incluso antes de haber empezado siquiera. Y no sabía si eso era vergonzoso o más bien doloroso.
Ese día, en particular, mientras se surtía de insumos en el supermercado para su viaje, se sintió brutalmente derrotado. Y toparse con la mirada furiosa de cierto Inuzuka, no ayudó en nada. Kiba, si bien recordaba su nombre, se hallaba del otro lado del pasillo, cargando una canasta al igual que él, pero con un semblante totalmente furibundo. Lo estaba asesinando con su mirada.
Sasuke sonrió de lado y luego lo ignoró.
Conque el actual novio de Ino ya estaba enterado sobre sus apasionados encuentros en territorios Uchiha.
Eso sí que debía hacerle hervir la sangre.
—Cariño, te dije que no necesitábamos tanta carne.
Sasuke, con los músculos completamente rígidos, se giró a velocidad instantánea al escuchar la voz de quien fuera la causa de su martirio. Anonadado de verla allí, parada con tanta alegría como si nada de lo sucedido hace cinco días hubiese pasado en realidad. Se veía tan fresca, tan llena de vida, que casi sintió pena por sí mismo. Ino Yamanaka lo superó tan fácil, mientras que él todavía seguía echando en menos sus caricias. Claro que, admitirlo le costaba un montón.
Y qué asco sintió al oír decirle cariño a alguien más. Por supuesto, con él tampoco lo hizo, y era precisamente ese detalle lo que estaba por volverlo un lunático. ¿Por qué con Inuzuka sí y con él no?
Inconscientemente se aferró a los tirantes de la canasta, con tanta fuerza que pudo doblar el metal.
—Me gusta comer carne —respondió el castaño en su oído, mordiendo intencionalmente su lóbulo izquierdo. Y claro que no pasó desapercibida la mano de Kiba sobre los glúteos de la rubia. Un instinto casi salvaje de romper cada uno de sus dedos se apoderó de él—. Esta noche cenaremos como unos dioses.
La rubia río y le dijo un par de cosas que no alcanzó a distinguir.
Y antes de que se dirigieran al mostrador, la rubia chocó miradas con él.
Ino lo observó unos segundos que se le antojaron una eternidad, para después fingir que no existía.
Esa fue la gota que derramó el vaso.
Si Yamanaka Ino iba a meterse con él para luego ignorarlo, estaba muy equivocada, y lo iba a demostrar.
Sasuke gruñó.
…
—¡¿Estás enfermo?! ¡Suéltame ahora mismo, Uchiha, si no quieres perder este brazo también!
No obedeció.
Tomó su muñeca y la jaló hacia sí, juntándola a su cuerpo.
—¿Qué es lo que pretendes? ¿Por qué finges quererme si vas a pasar de mí al día siguiente? No lo entiendo, tú me estás volviendo loco.
La voz de Sasuke se convirtió en un suave murmuro.
Podía ver los ojos de Ino examinar cada espacio de su rostro, expectante.
—¿Y qué es lo que sientes tú por mí?
Le preguntó. Al no saber la respuesta precisa, se vio obligado a desvanecer su agarre y soltar a Ino poco a poco, pero quizás no lo suficiente como para permitir que huyera.
—No lo sé.
—No lo sabes.
—Me exasperas.
—¡Sí! Justo eso es lo que creí —rodó los ojos con ironía y Sasuke negó, tomando su muñeca una vez más.
—Pero te necesito.
Por primera vez, se encontró una imagen de Ino que hasta entonces no conocía. Yamanaka separó los labios, agachó la cabeza y la volvió a subir. Lo vio directamente, mezclando sus miradas en una sola. Tuvo muchas ganas de besarla, pero su orgullo no lo permitió. Sí, estaba bastante herido y sólo buscaba una explicación.
Fue Ino quien acarició sus mejillas y besó su frente, parándose sobre sus puntas para alcanzarlo.
Sasuke cerró los ojos y se concentró en la sensación de sus labios por todo su rostro. Podía disfrutar del cálido aliento que lo embriagaba cada vez más.
Ya sin poder resistirlo, rodeó su espalda y la pegó a la pared del callejón. Al diablo el orgullo. Acercó sus labios con vehemencia, escuchando su propio latido acelerado y el de Ino también. Ella acomodó ambos brazos encima de su cuello y le regaló una sonrisa, de esas que tanto había aprendido a apreciar.
Las yemas de los dedos de Sasuke descendieron por su espalda hasta palpar su cintura desnuda. Ino ahogó un gemido en su garganta. Y en ese preciso momento, Sasuke la besó desesperadamente, sintiendo que ella le otorgaba el permiso de entrar en su boca.
Se besaron como nunca antes.
Los dedos de Sasuke ya no quisieron estar quietos, y acariciaron toda la piel de Ino por debajo de la falda. Metió la mano en las mallas y acarició las bragas con anhelo. ¡Cuánto la deseaba! Ino gimió en su oreja. No obstante, ella misma lo apartó tan pronto que Sasuke no pudo hacer nada.
Desconcertado por su reacción. ¿Hizo algo mal? Tal vez el lugar no era el correcto, después de todo, la había llevado a ese sucio callejón contra su voluntad y a mitad del día luego de verla con aquel sujeto del clan Inuzuka.
Iba a preguntarle, pero ella no le dio oportunidad.
—Tengo novio ahora, Sasuke. Vete —evitó confrontarlo, mientras se esforzaba por acomodar su ropa.
—No… no me importa.
—Pero a mí sí. Y está mal.
—Ino, escúchame —avanzó hacia ella y al no notar resistencia, la tomó de la mano—. No sé cómo, pero creo que me gustas. Y sé que tú sientes lo mismo.
—Nunca fue un secreto mi amor por ti, genio.
—Lo sé. Ahora lo sé —rozó su dorso—. Cuando regrese de mi misión, tal vez tú y yo podríamos…
—Haz tu misión, Sasuke. No voy a detenerte —Sasuke respiró, agradecido. Mas Ino prosiguió—. Pero tampoco voy a esperarte.
Soltó su mano y enseguida se arrepintió. Hubiera preferido aferrarse a ella, sin importarle nada.
—Te esperé mucho tiempo en el pasado, Sasuke, cuando tú ni siquiera me veías. Y ahora no voy a desperdiciar otro segundo más de mi vida. Quiero un amor que esté conmigo, no un amor distante.
Cada palabra fue como un cuchillo enterrándose en el pecho.
—¿Inuzuka es ese tipo de amor?
La platinada frunció la boca, posiblemente cansada de todo ese alboroto mediocre.
—No sé si es Kiba, o sea Shikamaru o alguien más.
¿Qué debía responder a algo como eso?
Un amor prohibido que jamás tendría frutos.
…
Cuando tuvo que partir de Konoha, recibió una calurosa despedida en las puertas por parte de Kakashi, Sakura y Naruto. Literalmente, eran las personas a las que más quería, pero no eran todas. Faltaba ella.
Ino Yamanaka no apareció.
En el fondo, no es como si estuviese esperando lo contrario.
Se habían dicho todo lo que tenían por decirse, y ya no quedaba más.
Ino no iba a esperar por él. Pero quizás él por ella sí.
—¿Quieres que cuide de Ino mientras tú estás lejos? —se rascó la cabeza, provocando que los cortos cabellos rubios se despeinaran un poco—. Creí que ella salía con Kiba. ¿Por qué me pides cuidar de la novia de alguien más? No lo entiendo, ttebayo.
Sasuke se masajeó el puente de la nariz.
—Sólo has lo que te pedí, dobe.
—Sí, de acuerdo. Pero, ¿por qué? —se llevó una mano al mentón, como si estuviese intentando descifrar un gran misterio—. ¡Oh!
Sasuke se sobresaltó.
—¡Te gusta Ino, verdad!
Y el azabache ladeó la cabeza, cubriendo un sonrojo inevitable.
—¡Te gusta, ttebayo! Con razón siempre te le quedabas viendo como un gran bobo. Y ya decía yo que esas visitas a para arreglar tu jardín siempre tardaban demasiado.
Naruto estalló en carcajadas que lograron captar la atención de Sakura. Y también se sintió mal por ella.
Su amigo palmeó su espalda con ánimo de amistad. Sin embargo, Sasuke no podía corresponderle. No podía alegrarse.
Los frutos del jardín nunca florecieron, seguían siendo frutos prohibidos.
.
FIN
.
NA: Originalmente iba a ser un capítulo mucho más largo, pero al final decidí dejarlo hasta aquí :P Y ya que no sé cuánto vaya a tardar en escribir la siguiente parte, lo dejo como un one-shot. Espero escribir una continuación en estos días. Ya que este mes es el cumpleaños de la poderosa Ino, pretendía escribir varios drabbles con distinta pareja, pero no estoy segura de ser tan constante. Por ahora espero disfruten esta lectura.
Gracias por leer!
