—¡Haarry Pootter! —una voz de mujer, proveniente del fondo del pasillo gritó su nombre con un tono demasiado agudo.

El momento se había roto.

V parte II

En el suelo, al lado de la puerta de Harry, una mujer que rondaba unos veintitantos años, con cabellera castaña alborotada y botas largas tiradas a su lado, los miró con ojos entrecerrados y una mueca en el rostro.

—¿Hermione? —preguntó un sorprendido Harry.

Siguiendo a Harry, se acercaron a la chica que estaba sentada en el suelo y parecía tener complicaciones para ponerse en pie. Ginny guardó silencio, no muy segura si debía meterse rápido en su casa o si debía ayudar a Harry. Sabía que Hermione era una buena amiga del morocho ya que la había mencionado un par de veces, lo que nunca había mencionado era lo atractiva que era a pesar de encontrarse en un estado algo deteriorado. Su cabello despeinado y su ropa torcida le hacían parecer como su hubiese tenido una pelea consigo misma frente al espejo. Tenía la mirada algo perdida y Ginny supo que estaba ebria, completamente borracha. A su lado, Harry dejó salir un largo suspiro y le tendió la mano a su amiga.

—¿Qué haces aquí? —volvió a preguntar una vez que la ayudó a levantarse.

—Ah... ¿no lo... se? —Hermione se tambaleó al intentar sostenerse por si misma en pie y se terminó sujetando de los hombros del hombre— ¡Te tardaste un montón!

—Hermione —murmuró poniendo los ojos en blanco, sosteniéndola de la cintura— ¿Cómo entraste?

—Me dejaron...

—Estás borrachísima.

No era una pregunta.

—Pff... no... ¿si...? No lo sé.

Hermione trastabillaba cada vez que hablaba y su falta de equilibrio hacían que Harry tuviera que doblegar el esfuerzo en tratar de mantenerla en pie. Con una mirada llena de culpa, le pidió ayuda a su vecina para poder abrir la puerta de su casa y meter a su amiga ebria en el sillón. Canuto, feliz de ver a su dueño y a las visitas festejaba moviendo la cola y pegando varios saltitos en el suelo, tratando de capturar la atención de alguna de las chicas.

—Canuto, muévete que la haces más difícil —rezongo Harry tratando de alejar al perro.

Sin hacer caso a su dueño, Canuto intentaba llegar a lamer el rostro de alguna de las chicas, por lo que Harry, en un intento de alejarlo, tomó una de las botas de Hermione que Ginny llevaba en sus manos y la lanzó lejos instando al perro a que fuera a jugar con ella.

—¿Sabes qué? —preguntó Hermione una vez que se dejó caer en el sillón de su amigo, ignorando el paradero de sus botas, señalaba con un dedo a Ginny y trataba de enfocar la vista sobre ella—. Los hombres... son... son los histéricos.

Ginny miró a Harry sin saber si echarse a reír. Estaba de acuerdo en la queja de la castaña, pero no estaba segura si seguirle o no el juego. Harry se encogió de hombros indicándole que no sabía de qué se trataba todo aquello mientras tomaba una botella de agua para su amiga.

—¿Se puede saber de donde vienes Hermione?

—After... creo —Hermione pareció meditarlo un segundo y luego asintió con la cabeza con firmeza—. Si... eso es. Hoy hubo after y... Nacho... me iba a ver con Nacho, pero adivina qué... —. Sin darles tiempo a responder, extendió los brazos hacia el techo, indignada—. ¡Me plantó!

—Y tuviste la brillante idea de beberte todo lo que había en el bar para ahogar tus penas —concluyó Harry volviendo a poner los ojos en blanco—. Te dije que ese tipo era un idiota.

—Nacho... Nacho... —Hermione suspiró con derrota tomando un largo trago de la botella de agua que Harry le había dado. Miró a Ginny nuevamente—. Tu entiendes.

—Eh... supongo —Ginny se removió en su lugar algo incómoda, sintiéndose fuera de lugar—. Creo que me voy a casa... —dijo mirando a Harry con pena—. Gracias por traerme.

—No, no, no —Hermione se levantó torpemente del sillón para agarrar el brazo de la pelirroja, evitando que se fuera—. Neecesito una... una amiga. Tu te... quédate conmigo. ¡Loos hombres son toodos iguales! Necesitamos... unirnos contra ellos.

La castaña, ebria, se había aferrado tanto del brazo de Ginny que la obligó a sentarse en el sillón a su lado y luego la abrazó. El perro de Harry aprovechó para subirse al lado de la pelirroja, buscando ser mimado, en tanto Ginny buscó la mirada de Harry, intentando encontrar ayuda, pero lo vio cubrirse la boca evitando soltar una carcajada.

—¿Sabes qué? —Hermione tomó un mechón del cabello de Ginny y lo miró con atención, casi poniendo bizca la mirada—. Harry... es... tu eres igual a la... chica que... Harry le... da. Esa que es su ve...

—¡Bueno! Creo que es suficiente charla Hermione y tienes que dormir a ver si se te va un poco lo bocona —interrumpió el pelinegro mirando con el ceño fruncido a su amiga.

Hermione le chistó negando con la cabeza.

—¡Callate Harry! —volvió su cara sobre la pelirroja y le sonrió—. Tu me caes... bien.

La pelirroja miró a la muchacha con las cejas arqueadas. Harry le había contado un par de cosas de su amiga y por lo que sabía, se suponía que era una mujer seria, hecha y derecha, todo lo opuesto a lo que estaba viendo en ese momento. Dispuesta a fastidiar un poco a Harry por provocarla y no concretar, sonrió con determinación.

—Muy bien... —Ginny frunció los labios evitando reír a carcajadas—, ¿qué te parece si vamos a usurparle la cama a tu amigo y lo hacemos dormir en el sillón?

—¡Hey! ¿Cómo que usurparme la cama? Llévatela a tu cama tanto que te quiere.

—¡Shh! ¡Harry, shh! Yo pido el lado iz... ¿derecho? —Hermione intentó volver a levantarse pero un mareo la tiró de nuevo al sillón.

—No, a ver si vomita en mi cama. Mejor que sea la tuya —bromeó Ginny levantándose para ayudar a la castaña que parecía no querer dejarla ir.

—¡Ni se te ocurra, Hermione! Al menos si se van a ocupar mi cama, mínimo déjame dormir en la tuya Ginny.

—¿Qué? ¿Estás loco? Si tienes un hermoso y cómodo sillón. Vamos Canuto.

—¡Ginevra!

Ginny le dedicó una sonrisa de victoria y le guiñó un ojo antes de traspasar con Hermione la puerta de la habitación de Harry, seguido de un perro negro muy contento.


VI

Desde su mudanza que no pasaba la noche en otro lugar que no fuera su propia cama. El saber que estaba tan cerca de su cama, tan solo a unos pasos de distancia, hacia que su cuerpo clamara con desesperación por lo conocido, que su espalda reconociera la dureza de su cama y su cabeza se hundiera en la suavidad de su almohada. La respiración pausada de la mujer que, ebria, se había dormido a su lado suplicando por su permanencia, era lo único que la sostenía allí. Estaba abrumada, mareada y el sueño no llegaba a embotarle los sentidos para que se perdiera bajo el manto de la dulce nebulosa que representaba el dormir.

Las situaciones vividas esa noche se reproducían una y otra vez en su cabeza. Harry intentando coquetear con ella, o al menos eso quería creer; Harry acorralándola en el ascensor logrando que su aliento chocara contra sus labios, dejándole el anhelo hirviendo en la sangre...; Harry y su perfume que había invadido su nariz apenas se había metido en el auto; Harry y su voz grave que cuando le hablaba en susurros Ginny sentía sus piernas comenzar a temblar...; Ginny meneó la cabeza y dejó salir un suspiro en el silencio de la noche. Las sábanas que la rodeaban y sobre todo la almohada en la que reposaba su cabeza, tenían su aroma peculiar y eso impedía que pudiera sacar a Harry de su cabeza. Desde que lo había conocido, sabía que su vecino le atraía, sexualmente hablando, pero hacía un tiempo que se sentía como si fuera inexperta o tonta frente a él, se ponía nerviosa, el corazón se le aceleraba y las manos le temblaban.

"No, Ginny, es solo un capricho" se dijo a sí misma, tratando de desviar la dirección de sus pensamientos.

Si bien sabía que había una indiscutible atracción entre los dos, muchas veces no podía dejar de preguntarse por qué entre ella y el hombre que dormía en el sillón a tan solo unos pasos, no había sucedido nada aún. Cada vez que pensaba en eso, el miedo se encontraba presente en su corazón. Ginny sabía que si esa idea no salía bien, tendría que seguir viéndolo al menos hasta lo que durara su contrato en el departamento. ¿Estaba dispuesta a correr ese riesgo sin saber qué era lo que quería Harry de ella? ¿Estaba dispuesta ella a permitir que sus sentimientos continuaran ese curso peligroso sin tener en claro lo que ambos querían? Se sentía como si estuviera saltando directamente a un precipicio, sin saber si al final había agua para amortiguar su caída.

"Basta, Ginny. Basta... no pasa nada, no te pasa nada. Es solo un histeriqueo que se va a olvidar con el tiempo..." repitió una y otra vez en su cabeza. "Quizás deba escribirle a Peter, o Seth..., si... distraerme con alguno de ellos no estaría mal".

Con esa nueva idea instalada en su cabeza, aunque era consciente de que no era lo que más deseaba, Ginny se levantó en la quietud de esa madrugada, sedienta. Caminó en puntillas de pie dispuesta a buscar un vaso de agua. La idea de salir e irse a su casa había pasado por su cabeza, pero corría el riesgo de despertar a Harry en tanto buscaba las llaves, por lo que descartó rápidamente esa idea. Además, Harry se había molestado en prestarle una remera para dormir, no podía ser tan desconsiderada solo por encontrarse nerviosa.

El silencio en la casa de Harry era rotundo, solo interrumpido por la respiración profunda del hombre que dormía bastante incómodo en el sillón (una parte de ella se sintió culpable al haberle negado su cama) y el suave ronquido de Canuto que, acostado a su lado en el suelo, se había apoderado de la manta que había arropado a su dueño. Intentando hacer el menor ruido posible, Ginny se acercó con la intención de volver a tapar a Harry en un mínimo intento de compensarle el haberlo obligado a dormir allí. Canuto levantó la cabeza al oírla y la miró con atención mientras le sacaba la manta y volvía a cubrir con ella a su vecino, que se removió un poco en la profundidad de su sueño. Sin poderlo evitar, Ginny lo contempló dormir durante un momento. Harry dormía con la boca ligeramente abierta y respiraba de manera pausada, se había quitado los lentes redondos que reposaban en la mesa ratona y tenía uno de sus brazos colgando de un costado del sillón, en el cual casi no entraba. Luego de un momento de contemplarlo, Ginny cayó en la cuenta de que nunca había visto esos ojos verdes sin estar cubiertos por los lentes redondos y la tentación de acariciarle el rostro se apoderó de ella. Idea que descartó rápidamente obligándose a servirse el vaso de agua que en un principio había ido a buscar.

"Definitivamente mañana tengo que llamar a alguno de esos dos...".


VII

Ginny se sorprendió mucho esa tarde cuando el timbre de su casa sonó y del otro lado de la puerta la esperaba Hermione, la amiga de Harry. Había pasado una semana desde que ellas se habían encontrado por primera vez en una importante borrachera de la castaña.

—¡Hola Ginny! —saludó apresurada adentrándose en la casa sin pedir permiso y arrastrando a la dueña consigo—. ¿Desde qué pared se puede escuchar mejor lo que Harry hace?

La pregunta de Hermione la descolocó y todo lo que ella quería preguntar se quedó atorado en su garganta.

—¿Qué?

—Ay... perdón, es que estaba en la casa de Harry tomando unos mates y apareció la yegua de su ex —explicó atropelladamente—. Quería hablar con él y básicamente no se va ir hasta conseguir lo que quiere. Basta decir que a mi me odia, así que... ¿dónde podemos escuchar mejor?

Ginny tardó en procesar las palabras dichas por la castaña. Recordaba ligeramente que Harry le había contado que su relación había sido de lo más acelerada y tóxica, que en dos meses ella había conseguido que él le diera la llave de su casa y que por cuestiones de celos se habían peleado un montón de veces hasta que finalmente ella se había acostado con uno de sus amigos. Luego de la separación definitiva, sin embargo, había ocasiones en las que se seguían viendo y que siempre terminaba en discusión y con Harry repitiéndose que no la volvería a ver nunca más, al menos hasta que ella volvía a aparecer por sí sola.

—Eh... creo que en la cocina —dijo finalmente, todavía no muy segura de querer escuchar a su vecino con su ex, se sentía extrañamente incómoda—. ¿Crees que Harry...?

—¿Volver con ella? —interrumpió Hermione completando la pregunta que ella había dejado en el aire—. Para nada. Hace meses que Harry entendió que esa relación no funcionaba.

Incómoda, Ginny evitó decir palabra alguna y siguió a su inesperada visita hacia una de las paredes de la cocina en un intento de escuchar lo que sucedía del otro lado. Hermione frunció el ceño y mantuvo el silencio por unos minutos antes de soltar un bufido cargado de frustración.

—Maldición, no se escucha nada.

—Todavía no entiendo —admitió Ginny con una mueca, tratando de ignorar la ligera presión que comenzaba a sentir en su pecho.

—¿El qué?

—¿Por qué accede a hablar con ella si no...? No entiendo el tipo de relación que llevan.

—La mina está loca —Hermione tajante expresó su desprecio hacia la ex de su amigo—. Es una manipuladora nata. Cuando Harry empezó a salir con ella, se hacía la dulce, comprensiva... y cuando de alguna forma consiguió que Harry le diera las llaves de su casa, se transformó. Era completamente celosa, no quería que se viera con nadie y menos conmigo. Lo controlaba todo el tiempo y cuando Harry se cansaba, iba a llorarle para que le diera otra oportunidad, que iba a cambiar... en fin, nunca lo hacía. Lo que sí hacía mientras tanto era montarle unos cuernos más grandes que la Torre Eiffel. Harry creía estar enamorado y le perdonaba todo. Además, de tan tóxica que era esa relación, Harry comenzó también a celarla en extremo y a controlarla hasta que descubrió la infidelidad y cortaron. Hubo un mes que se siguieron viendo solo para tener relaciones, pero Harry empezó a alejarse porque encontró algo más entretenido...

—Y... ¿por qué volvió? —preguntó sin poder contenerse.

—Ah... eso quiero saber, aunque creo intuir por qué —Hermione sonrió traviesa—. Harry no usa nunca redes sociales aunque las tiene abiertas. Stephenie lo obligaba a subir fotos en Instagram con ella y ayer, por una cosa que le mandé, volvió a entrar y borró todas las fotos que tenía con ella... además de que empezó a seguirte y tú a él. Así que... a la loca manipuladora se le debe haber producido un cortocircuito.

Ginny abrió y cerró la boca varias veces tratando de procesar las palabras que la castaña estaba diciendo. Era verdad que el día anterior había empezado a seguirse con Harry en Instagram e incluso él la había stalkeado y puesto, sin pudor alguno, varios likes, incluso a fotos viejísimas. Pero no podía imaginar que esa fuera la razón para que la ex de su vecino fuera a caer de sorpresa y reclamarle ¿verdad?.

—No aguanto más... —Hermione comenzó a deslizar los dedos por su celular—, le voy a escribir.

—Hermione... No creo que te vaya a responde, o siquiera que vaya a ver el mensaje.

—Lo verá. En un momento la escucharemos pegar el grito en el cielo. Siempre odió que yo le mande mensajes sobre todo si estaba con ella, creía que tenía intenciones de robarle a Harry o algo así. Siempre se quejaba de que conmigo era otra persona.

—Eres su amiga... es obvio que va a hacer cosas diferentes contigo...

—Si.., al principio entendía un poco sus celos. En cierto grado nos pasa a todas con las mejores amigas de nuestras parejas —Hermione la miró de reojo, analizando su reacción a cada palabra que decía—. Pero Harry y yo tenemos una amistad que superó esa etapa... me refiero, somos amigos desde niños y si. Tuvimos nuestra etapa de confusión, pero así como llegó se esfumó cuando nos dimos cuenta que eso era un horror. Éramos unos adolescentes que recién apenas aprendían a besar. De hecho casi perdemos nuestra amistad y todo.

De la boca de la pelirroja no salió más que un "oh". Se había imaginado que algo así podría haber pasado entre ellos, era normal que en una amistad entre hombre y mujer alguno de los dos se confundiera, pero no estaba muy segura qué esperaba Hermione que dijera. Ni siquiera estaba muy segura de por qué le contaba aquello si ella no tenía mucho que ver en esa historia. Harry era su vecino y si, coqueteaban algo, pero nada más...

—La cuestión —continuó Hermione—, es que Stephenie nunca lo entendió. Incluso le ha dado a elegir a Harry entre ella y yo.

—¿Y qué cree Harry que hace Stephenie queriendo hablar con él?

La castaña se encogió de hombros mientras revisaba el mensaje que le había mandado a su amigo, esperando ver el visto o la última conexión.

—Yo lo único que espero es que no sea tan estúpido... Espera... ¡Está escribiendo! —anunció moviéndose a un lado para que Ginny pudiera ver su Whatsapp.

Este sería un buen momento para que inventaran una excusa y me tenga que ir

Algún accidente

Lo que sea

No la soporto más

Hermione se rió entre dientes y se dispuso a responder, sin importarle que Ginny estuviera observando.

Cómo es que estás escribiéndome mensajes y ella sin gritar?

Me metí en el baño

De suerte que no estaba viendo mi celular cuando me mandaste mensaje

No tengo mucho tiempo

Y no le veo muchas intenciones de irse

Qué quiere?

Está enojada porque borré todas las fotos que tenía con ella

Que para mi lo nuestro no fue nada, que soy insensible... etc... etc... etc...

Me causa gracia

Ella me caga

Y yo soy el hdp

—¿Por qué no le dice que se vaya? —preguntó Ginny leyendo los mensajes que Harry escribía.

—Créeme... es tercamente insoportable. Hasta conseguir lo que se propone, no para. Imagínate que apenas borró las fotos ayer y ya está aquí.

—¿Y qué quiere?

—Tener a Harry comiendo de la palma de su mano, claro.

Ginny no pudo evitar poner los ojos en blanco al tiempo que volvía a sentir esa especie de presión en el pecho que volvió a ignorar con eficiente orgullo.

Vamos Hermione... inventen algo con Ginny

Para algo fuiste allí

Vamos, no puedo hacer más tiempo

De acuerdo

Pensaremos en algo

Pero nos deberás una grande

A las dos

Lo que sea

Solo sáquenme de aquí

—De acuerdo... —Ginny miró a Hermione con las cejas arqueadas—. ¿Qué tienes en mete?

Hermione le dirigió una sonrisa algo enigmática.

—Yo no pienso hacer nada. No tengo ganas de verla de nuevo y dudo que a ella le agrade verme a mi.

—¿No es esa la mejor excusa? Digo... si ella no te quiere ver y tu llegas... ¿No se iría?

—Sinceramente lo dudo. Creo incluso que se pondría a gritar peor... además, no sería divertido.

—¿Entonces?

—No sé. Algo tan sencillo como que le toques la puerta y te presentes como su novia. Algo así.

—Hermione, si voy allí y finjo ser su novia, es... demasiada casualidad. Parecerá que Harry quiere darle celos o algo así. Solo acrecentaría su ego y alimentaríamos sus ganas de seguir acosándolo.

—Entonces... no vayas como su novia.

—¿Y voy como...?

La sonrisa que le dedicó Hermione en ese momento le causó un escalofrío en el cuerpo. Un presentimiento de que terminaría metida en algo que no tenía ganas se apoderó de ella y maldijo las sensaciones que tenía en su pecho al pensar en Harry cayendo en los brazos de su ex y la idea de que el juego entre ellos se terminara, por más eterno que fuera.


VIII

La puerta que tenía frente a sí, por primera vez le parecía enorme e imponente. Se preguntó por milésima vez por qué se había dejado convencer a hacer aquello si esa no era ni por asomo su personalidad. Harry le había dicho que Hermione era una mujer muy inteligente, lo que nunca le había dicho era que también era muy perseverante a la hora de conseguir que los demás hicieran lo que quería. Había revisado sus cajones en busca de ropa apropiada para llevar a cabo el plan que había formulado en tan solo cinco minutos, la había hecho cambiarse a regañadientes explicándole todos los beneficios que obtendría si seguía sus ideas e incluso le había prometido regalarle una estadía de fin de semana en el hotel lujoso en el que trabajaba, todo incluido, si cumplía.

—Cinco estrellas, Ginny. Lo haces por las cinco estrellas —se dijo a sí misma en un intento de recordar por qué estaba haciendo aquello.

Tomó aire de manera profunda tratando de calmar los latidos rápidos de su corazón y el ligero temblor que sentía en sus manos. Ya se había metido en el baile y no le quedaba más opción que bailar. Intentando mostrarse lo más natural posible, tocó el timbre de la puerta que tan imponente se había vuelto.

Del otro lado de la puerta Ginny pudo escuchar una voz aguda quejarse por la interrupción y a Harry disculparse. Habían bastado unos segundos para que la puerta se abriera dejando ver el rostro casi aliviado de su vecino que pronto se transformó en sorpresa. La mandíbula de Harry cayó en cuanto la vio. Los ojos verdes la recorrieron por entero de pies a cabeza haciéndola sentir devorada; en su recorrido, detuvo la mirada en el profundo escote que su body de encaje negro dejaba ver y que se perdía entre el el corto short de jean que dejaba sus piernas al descubierto.

—Hola, bebé —saludó con fingido tono despreocupado, intentando plagar a su voz de matices sensuales.

Harry abrió y cerró la boca varías veces, sin poder despegar la mirada de ella, claramente sorprendido y sin poder decir nada. Desde el interior de la casa, una mujer de cabello largo y rubio, poseedora de unos increíbles ojos celestes, delgada, alta y muy bonita, debía admitir a su pesar, se asomó por detrás de Harry con cara de pocos amigos. La barrió de pies a cabeza con la mirada, frunció más el ceño y en su boca se formó una mueca de desprecio, claramente ofendida.

—¿Y esta quién es?

Apenas la vio y escuchó, Ginny supo que esa chica no le caía para nada bien. Con más seguridad en sí misma, sonrió de una forma coqueta y pasó por delante de Harry acariciando su mejilla y cuello antes de entrar a la casa. Harry seguía congelado en su lugar sin emitir palabra y Stephenie parecía querer asesinarla con la mirada.

—¿Es ella? —preguntó la pelirroja mirando con ojo crítico a la rubia.

Harry la siguió con la mirada mientras cerraba la puerta todavía algo anonadado. Cuando Ginny se acercó lo suficiente a él, como para invadirle las fosas nasales con su perfume, y volvió a formular la pregunta, Harry reaccionó.

—Eh... si, es Stephenie... —rascándose la nuca con nerviosismo miró a su compungida ex novia—. Ella... es Ginny...

Dedicándole una sonrisa algo maliciosa, Ginny empezó a mirar a su alrededor buscando al hermoso perro negro que se alegraba de verla siempre que tenía la oportunidad y que en ese momento se sorprendía de no ver.

—¿Dónde está mi bebé? —preguntó llamándolo con un silbido.

Desde el cuarto de Harry, Canuto empezó a ladrar desesperado por salir a saludar y Stephenie cambió su expresión a una de pánico, fue entonces que recordó que al perro no le caía bien esa chica y Ginny tuvo que estar de acuerdo con él. Con una sonrisa traviesa en su rostro y sin esperar permiso, se encaminó a la habitación de Harry y abrió la puerta recibiendo con alegría al perro que se lanzó sobre ella intentando lamerle la cara. Stephenie miraba la escena con asco y Ginny pudo observar un atisbo de sonrisa en el rostro de Harry.

—Ginny, Stephenie no se lleva muy bien con Canuto...

—¿Por qué? Si es el perro más bueno del mundo —murmuró acariciando al animal, olvidándose por completo de su papel por un momento.

—¡Vuelve a meter esa cosa ahí! —chilló la rubia cuando Canuto le mostró los dientes.

—Humm... pero mira la carita que tiene, es tan dulce.

—Ginny... por favor.

—Ya... lo siento bebé, luego vuelvo por ti.

Ginny acarició al animal antes de volverlo a meter en el cuarto y cerrar la puerta. Se levantó y volviendo a su papel miró a la ex de Harry de arriba a abajo, imitando el gesto que ella había realizado antes.

—Mmm... no soy muy amante de las rubias —dijo Ginny mordiéndose el labio inferior con lentitud mientras se acercaba, contoneando sus caderas de manera exagerada, a Harry, quien la observaba entre la lujuria y la curiosidad.

—¿Qué? —Stephenie retrocedió unos pasos en su lugar, con una expresión de confusión reflejada en su cara.

—Lo siento, cariño, pero... prefiero a Hermione —murmuró Ginny colgándose del cuello de su vecino y dejando que la piel de su pecho rozara contra el brazo izquierdo de Harry, sintiendo cómo los músculos de él se tensaban bajo su cuerpo. Harry estaba claramente nervioso, aunque no estaba segura de si estaba más nervioso por sus palabras o su accionar. No podía negar que toda esa situación empezaba a parecerle divertida, además... Hermione que la había metido en el medio de todo eso, se iría al muere junto a ella—. Ella es... Uff, hermosa, ardiente. Además, besa demasiado bien...

—¡LO SABÍA! —gritó Stephenie escandalizada— ¡TE ACOSTASTE CON ESA PERRA! ¡LO SABÍA!

—Es verdad —coincidió Ginny divertida, relamiéndose el labio inferior, consciente de estar bajo la mirada atenta de su vecino (una parte de ella se alegraba que Stephenie aborreciera aquella situación ya que en el caso contrario, no habría sabido qué hacer)—, Hermione se convierte totalmente cuando estamos en privado... ¿verdad?

Harry carraspeó sin ser capaz de responder a esa pregunta que buscaba la complicidad, en tanto Stephenie estaba que echaba chispas de sus ojos. Si las miradas matasen, Ginny estaba segura que ella estaría ya enterrada a más de diez metros bajo la tierra.

—¡Todo este tiempo tuve razón! ¡Amiga me decías que era y te venías acostando con ella! ¡Eres un mentiroso! ¡HIPÓCRITA!

Los gritos y reclamos de la rubia no se hicieron esperar. Harry parecía querer que la tierra se lo tragase y Ginny, en tanto, ocultaba la risa en el hombro de él, sin soltarle el brazo que él no se inmutaba en quitar. Ya había alterado lo suficiente a Stephenie y ambos dejaban que gritara, solo quedaba que tomara su dignidad, su orgullo y se marchara, pero parecía poco predispuesta a ello, de hecho, parecía más dispuesta a comenzar a arrojarles todo lo que estuviera al alcance de su mano.

—Stephenie... creo que debes irte —dijo Harry aprovechando un momento en que la rubia tomaba algo de aire ante su arrebato cargado de insultos.

—¿Para qué? ¿Para que te puedas garchar a esta puta? ¿O quieres que también llame a tu amiguita así se la cojen entre los tres? —ironizó de manera despectiva.

A cada palabra que decía, a Ginny le daban ganas de mandar todo el acting al carajo y darle una buena bofetada en la cara. Bien merecida la tendría.

—¿Puta yo? —Ginny sin siquiera hacer el intento de evitarlo soltó una carcajada sarcástica—. Perdón... pero, ¿no eres tu la que se fue a acostar con otro mientras estaba en una relación con este pedazo de bombón?

—¡Cállate! ¡PUTA DE MIERDA!

—¡Basta! —exclamó Harry cansado. Se soltó del agarre de Ginny con delicadeza y se encaminó hacia la puerta abriéndola—. Stephenie, largo.

—¿Perdón? —anonadada e indignada, lo miró esperando una explicación— ¿Y a ella no le dices nada?

Ginny le guiñó un ojo con burla desde su lugar.

—Vete Stephenie —repitió Harry sin darle más explicaciones.

—¡Eres un maldito hijo de puta, Potter!

—Largo.

Stephenie, molesta, tomó sus cosas y se encaminó hacia la puerta, tratando de mantener la cabeza en alto y el orgullo bien puesto. Ignoró a Ginny y sus sonrisas burlonas y empujó con brusquedad a Harry al pasar por su lado.

—Y para que sepas —Harry la miró con el ceño fruncido—. Jamás me acosté con Hermione y mi vecina, aquí presente, solo está demostrándome una vez más por qué carajo no tengo que volver contigo.

Stephenie se giró para mirarlo con furia una última vez.

—¡Vete a la mierda, Potter!

—Sí, claro... Espera a que te abran, por cierto.

La puerta se cerró con estrépito luego de que Harry le diera un empujón, quizás más fuerte del que pretendía. Ginny lo observó tomar aire repetidas veces tratando de controlar el enojo que le había invadido el cuerpo. Pronto comenzó a sentirse algo nerviosa por su aspecto y el silencio que Harry mantenía.

—Esto... bueno —la risa nerviosa hizo que el morocho volteara a verla—. Misión cumplida... creo que entonces me voy...

—Ni hablar —dijo con rudeza—. No puedes aparecer vestida así en mi casa, jugar conmigo y largarte así como así.

—En mi defensa... fue idea de Hermione.

El intento de defenderse quedó olvidado en el aire ante la intensidad de la mirada de Harry. La situación anterior parecía haber dejado el ambiente electrizado y Ginny podía ver la excitación de su vecino que le causo un escalofrío en su propio cuerpo. Él la volvió a recorrer con la mirada de pies a cabeza de una manera casi pecaminosa. Sus ojos relucían cargados de nueva lujuria y en un arrebato se acercó a ella y la acorraló contra una de las paredes, dejándola aturdida y atontada. Colocó las manos a cada lado de su cabeza, evitando cualquier posibilidad de escape, aunque ¿quién quería escapar?

—Ha-Harry... Hermione está... —tartamudeó intentando encontrar las palabras que su cabeza había dejado de procesar.

—Hermione da igual —respondió acercándose un poco más a su cuerpo. Podía sentir el aliento de Harry chocando contra sus labios, enviándola a una nebulosa de locura y ansiedad.

—No... ella...

—¿Te pidió ver Netflix?

La pregunta la desconcertó un poco llevando consigo un poco de claridad. Se sentía algo tonta ya que su corazón latía desbocado en un claro anticipo de lo que quería recibir; su cuerpo temblaba bajo la cercanía de su vecino enviando corrientes de adrenalina que le recorrían cada extremidad; su respiración se había acelerado tan solo por la promesa que esa situación implicaba. ¿Sería muy obvia? ¿Tanto lo deseaba? No necesitaba pensar una respuesta para saber la verdad.

—Pues... si.

—Entonces tenemos tiempo de sobra. Sus documentales duran una eternidad.

—Harry...

Quería gritar que se dejara de tonterías, que la besara se una vez por todas, que dejara de mirarla con esa intensidad que la hacía temblar, como si estuviera acariciándola de manera invisible.

—A la mierda con que seas mi vecina. Desde que te mudaste he tenido ganas de hacer...

Dejó la frase inconclusa y Ginny creyó enloquecer, pues tampoco se había acercado a besarla y a terminar con esa tortura. Sintió la mano derecha de Harry posarse sobre su mejilla y la calidez la invadió, aunque no estaba segura si en realidad era el color de sus propias mejillas al ponerse rojas lo que sentía. No podía actuar como una tonta inexperta, pero así se sentía. El pulgar de Harry acarició su labio inferior con una tortuosa lentitud, allí donde sus dedos la acariciaban quedaba una estela de cosquillas que la ponían más ansiosa por recibir de una buena vez sus labios y saber si se sentirían tal como ella se imaginaba y qué sabor tendrían.

—Harry... —dijo con suavidad, casi como una súplica.

Él, sin embargo, no cedió a su súplica y descendió con su mano por el cuello, contorneó la forma de su clavícula, bajó por el escote que el body dejaba ver recorriendo el valle de sus pechos y parte de su estómago. Volvió a subir hacia sus labios en sentido inverso, dejando caricias que la estaban enloqueciendo y desquiciando a la vez. Decidida a terminar con aquella tortura, se inclinó un poco hacia delante, pero Harry decidió que se ese juego estaba divertido ya que la esquivó y con firmeza la sostuvo contra la pared, impidiendo su avance.

—Por favor —pidió con voz ahogada, rendida a estar a su merced. Su voluntad había desaparecido por completo y se había rendido al destino.

—No lo haré si no me lo pides —dijo con una voz ronca que la sorprendió.

—Bésame, maldita sea... bésame.

Harry sonrió exitoso y no la hizo esperar más. Acortó la distancia que los separaba y Ginny pudo sentir por fin los labios que llevaba meses deseando por sobre los suyos. Su imaginación no le hacía justicia a los labios de Harry, que aunque finos eran de una suavidad extrema. La besó lento, pausado y al contrario de alivianar la tensión que sentía en su vientre, la hizo acrecentar, deseando más de él.

Las manos de Harry descendieron hasta posarse en su cintura que aprisionó apegándola a su cuerpo. Ginny dejó que sus manos se perdieran entre el alborotado cabello negro deseando poder estar fundiendo sus cuerpos. Pronto el beso dejó de ser suave para comenzar a dejar paso a la pasión y desesperación que en realidad ella estaba sintiendo dentro suyo. Sus bocas se fundieron en una danza pasional donde sus lenguas se entrelazaban buscando abarcar toda la cavidad de la boca del otro. El calor se hizo presente entre sus cuerpos y pronto la ropa pareció un accesorio sobrante y molesto. Ginny deslizó sus manos por sobre el pecho de la remera de Harry hasta el borde, donde perdió sus manos para acariciar la piel que tantos suspiros le había sacado entre las fotos y sus fantasías. Con apremio, y por la falta de aire que comenzó a hacerse presente, Harry se quitó aquella molesta prenda dejando libre la piel musculosa de su pecho. Pronto volvió a apoderarse de sus labios en un ansioso y apasionado nuevo beso, y en un arrebato de lujuria la tomó por las caderas para alzarla en el aire y que ella le rodeara la cintura con las piernas. Las manos masculinas se apoderaron de su trasero y lo apretaron, acercando sus caderas para que ella pudiera sentir la excitación de él contra su pelvis. La pared se convirtió en su sostén ante los movimientos de cadera que comenzaron su propio vaivén ayudados por las manos de Harry.

Ginny sabía que esa situación no tenía freno y tampoco quería frenarla. Su cabeza había dejado de pensar con claridad y se dejaba llevar por el mar de sensaciones que le subían desde la cadera como corrientes eléctricas que recorrían sus venas acompañando el flujo de sangre y el latir de su corazón. Ante una nueva necesidad de aire, Harry dejó sus labios para apoderarse de su cuello, mordisqueando, besando y lamiendo, logrando sacarle pequeños gemidos que salían tan seguido como su propia respiración. Pronto, quizás demasiado pronto para su gusto, sus labios pasaron a tomarle el lóbulo de la oreja que comenzó a mordisquear haciendo que la excitación de su cuerpo subiera varios niveles. Sin querer quedarse atrás, Ginny le tomó la barbilla para obligarlo a volver a sus labios, los que besó con repentina lentitud. Tomó el labio inferior del hombre entre sus dientes y con parsimonia deslizó la punta de la lengua en una caricia que le sacó un gemido ronco. Dejó sus labios y depositó suaves besos recorriendo el mentón sobre la barba de pocos días hasta llegar al lóbulo de la oreja de él, del cual se apoderó siguiendo su propio ritmo.

No se dio cuenta que Harry había comenzado a moverse cargando con su peso hasta que su espalda se encontró con la suavidad de las sábanas y el colchón, tampoco supo qué había pasado con Canuto y en ese momento no se lo preguntó. Harry la acostó con gentileza y se posicionó sobre ella volviendo a atacar sus labios para luego comenzar a descender en una deliciosa tortura hacia sus pechos, los cuales beso por sobre la tela de su body que pronto se convirtió en molestia y corrió para tener acceso directo contra su piel. Harry había comenzado una danza de tortura besando y acariciando todo su cuerpo. Sus labios se habían detenido sobre su seno izquierdo mientras su mano izquierda había atrapado el otro pecho, pellizcando y retorciendo placenteramente su pezón. La mano derecha, en tanto se había deslizado por su vientre y había viajado hacia el sur para toparse con el molesto short que desabotonó con experiencia para dejarse libre el acceso a su intimidad. El placer que comenzó a rodearla haciéndola olvidar su propio nombre mientras las manos de Harry hacían su magia en todo su cuerpo. Pronto se vio libre de las prendas que envolvían su cuerpo bajo las caricias delirantes que le regalaba su vecino, que se tomó un momento para contemplar su desnudez con sus orbes verdes oscurecidas por el deseo, para luego tomar la libertad de saborearla y acariciarla por completo. Su cerebro y su cuerpo dejaron de procesar información y de responderle en cuanto la cabeza de Harry se perdió entre sus piernas y su lengua comenzó a juguetear con la parte más sensible de su cuerpo, llenándola de oleadas de placer que subían desde su vientre y se extendían en todas direcciones como si de un río se tratara. Cuando el éxtasis se hizo presente en su interior, Ginny no pudo evitar tomar a Harry del cabello y tirar levemente de él mientras se dejaba envolver en esa sensación cosquilleante que mareaba y se distribuía tan rápido como una explosión, frenando su respiración y dejándola muda mientras se perdía en ese torbellino de placer que pasaba tan rápido que la dejaba con sabor de más, mucho más.

Harry salió de entre sus piernas y volvió a su rostro cuando sintió los músculos de Ginny destensarse, sabiendo que había hecho un buen trabajo. Sonrió complacido por haber sido quien la había hecho delirar de placer y besó sus labios con gran pasión y deseo acumulado.

—Debes admitir, que mejor vecino no te pudo tocar —dijo ocasionando la risa de la pelirroja bajo su cuerpo.

—Ahora es mi turno de demostrate qué tan buena vecina tienes.

—Por el momento, lo único que sé... es que me debes chocolates.

El desafío implícito en sus palabras la hizo sentir más decidida que nunca y en un impulso, Ginny cambió los roles, girando con Harry sobre la cama y posicionándose sobre su cuerpo, dispuesta a demostrarle que él no era el único con capacidad de incendiarlo todo a su paso, de hacer delirar de placer y de hacer tocar las estrellas con las manos.


IX

Cuando su amiga Luna le pidió mencionar las ventajas y desventajas de tener como vecino al hombre con el que se acostaba, Ginny no pudo evitar hacer una lista que era extensamente igual de larga en ambas partes. Al principio de ese juego sexual al que no le habían podido poner freno, se degustaban casi todos los días mientras lo permitieran sus responsabilidades. Entre las ventajas se encontraba el hecho de no tener que viajar, de tenerlo al lado que facilitaba absolutamente todo, además les permitía no tener límites en el tiempo, lo cual implicaba también una cierta desventaja a la hora de necesitar un momento de soledad. Tenían la suerte de llevarse bien y respetar los espacios de cada uno sin chistar, lo que facilitaba también la convivencia de lado a lado. Al iniciar una especie de relación entre ellos, también habían establecido un mudo acuerdo de monogamia que implicaba que ninguno de los dos invitara a otras parejas sexuales, acuerdo que los mantenía a salvo de cualquier tipo de escena de celos que pudiera presentarse, algo que para Ginny no había sido problemático. Sin embargo, a veces no podía evitar preguntarse si ese compromiso se mantenía también por fuera de ese edificio.

Con el paso de los meses, su cama se había convertido en el lugar que ocupaba cuando Harry trabajaba hasta tarde o salía de viaje y por ende no podían verse, y la de él se había convertido en la que diariamente dormían. Las ventajas se habían alargado sin tan solo pensarlo y pronto se encontró queriéndolo más de lo que hubiese pretendido. Sin siquiera haberlo hablado con claridad, los dos sabían que estaban en una relación de noviazgo y llevaban ya más de tres meses en ello. Ginny a veces se preguntaba si era necesario ponerle un título oficial entre los dos o si bastaba con tan solo mirarse, como solían hacerlo.

Era viernes por la tarde cuando Ginny llegó a su casa y dejó sus cosas antes de dirigirse a la de Harry para sacar a pasear a Canuto. Aquella era una costumbre que había adquirido cuando Harry le avisaba que llegaba tarde, en este caso, por jugar un partido de fútbol.

Sentada en el sillón de la casa de Harry y en compañía de Canuto, había mirado un capítulo entero de la nueva serie que estaba mirando, The Alienist, cuando escuchó a su celular sonar avisando de un nuevo whatsapp.

Amor, estoy con tu hermano. Vamos para casa con pizzas y cervezas y Hermione está yendo para allá.

Perdón, salió de improvista la cosa

Ginny maldijo para sus adentros leyendo y releyendo el mensaje una y otra vez. Estaba desaliñada y lo suficientemente cómoda para no querer moverse de donde estaba solo porque su hermano y su cuñada irían a la casa. Si, Ginny había tenido la fantástica idea de presentarlos y luego de haber discutido por política la primera vez que se habían visto, terminaron de improvisto en la cama de Hermione conociéndose de todas las maneras posibles. Desde ese entonces, Ron había pasado a formar parte del grupo y, sobre todo, a ser un gran amigo de su vecino, con quien compartía tardes de fútbol y cervezas al menos una vez por semana.

A veces me pregunto a quién le presenté a mi hermano

Si a ti o a Hermione...

Claramente a mi

Hermione fue una consecuencia inevitable

Ves?

Por estas cosas a veces empiezo a dudar de tu sexualidad

No decías lo mismo anoche

Cuando gritabas mi nombre

Suplicando que te hiciera el amor

Que te hiciera mía

De todas las formas posibles

No sé de qué me estás hablando

La amnésica te dicen ahora

Necesitas que te lo recuerde, bebé?

Podrías

Pero invitaste al idiota de mí hermano

Cariño

Para eso la llevo a Hermione

Te prometo que hoy me vas a suplicar más que ayer

Qué te hace pensar eso?

No te dije que compré unas unas esposas?

En serio?

Vas a enloquecer, Ginevra

Vas a suplicarme como nunca antes en tu vida

Ginny

No sé de qué me estás hablando

Ah, no?

Te vas a olvidar hasta de tu nombre

Vas a suplicarme que te bese

Que te acaricie

Que te haga mía

Que te coja hasta que me pidas parar

Vas a suplicar

Ginevra

Sígueme diciendo Ginevra y el que va a suplicar serás tú

Mejor que los eches temprano

Ahí viene Ron

Vamos para allá

Pero esta noche...

Juro que no la vas a olvidar


X

Dejó salir un largo suspiro por décima vez esa mañana mientras se encontraba sentada frente a su notebook revisando páginas de inmobiliarias, en busca de un nuevo lugar para vivir. La frustración y el cansancio por tratar de encontrar un lugar que se ajustara a su presupuesto y estuviera no muy lejos de esa zona de su trabajo se habían apoderado de todos sus días y aparentemente en una tarea algo imposible. Su desgracia, aunque le sonara algo egoísta pensarlo, había comenzado cuando el dueño del departamento había fallecido y sus hijos habían decidido vender la propiedad, así que tenía que buscar un lugar para mudarse dentro de las tres semanas siguientes. Volver a vivir con sus padres, no era una opción viable o siquiera imaginable y pedirle ayuda a alguno de sus hermanos, sería la última opción posible.

—¿Por qué diablos se tuvo que morir el viejo ese? —murmuró en la quietud de su departamento.

Llevaba alrededor de una hora buscando posibles lugares pero los que le gustaban se iban de presupuesto y los que eran accesibles estaban algo deteriorados o muy alejados de la zona que quería. Sus opciones se reducían a mudarse lejos de su trabajo y tener alrededor de una hora de viaje o irse a vivir a algún monoambiente a lo que ocasionalmente terminaría accediendo en casos desesperados.

Eran alrededor de las cinco de la tarde del domingo cuando abrieron la puerta de su casa y a toda velocidad entró un perro negro para lamerle la cara. Harry había vuelto de pasear a Canuto y reía al verla a intentar evitar que el perro le lamiera la boca.

—Canuto, déjala —ordenó su dueño al llegar al sillón. Harry se sentó del otro lado de Ginny y besó su coronilla—. ¿Encontraste algo potable?

Cansada, negó con la cabeza y se dejó abrazar por él, reposando su cabeza en el hombro.

—A este paso... no me va a quedar otra que recurrir a una zona más lejana o buscar un monoambiente. Entre el papeleo y los preparativos para la mudanza, no me va a dar el tiempo si sigo intentando buscar lo que me guste —suspiró resignada una vez más antes de volver a repetir—. ¿Por qué tenía que morirse?

A su lado, Harry hizo una mueca de disgusto mientras la rodeaba con sus brazos.

—Tengo algo que al menos te quitará un poco el estrés —dijo para luego sacar de uno de sus bolsillos dos barras de Toblerone que dejó entre sus manos.

Ginny sonrió ante el gesto y no tardó en desenvolver el chocolate con ansiedad acumulada. Desde el tiempo que llevaban juntos siendo algo más que vecinos, Harry le regalaba chocolates a diario, de hecho, se ponía bastante creativo con el chocolate y Ginny lo disfrutaba encantada.

—En serio que tengo mala suerte... apenas llevo nueve meses aquí como para tener que buscar un nuevo lugar para mudarme.

—Y si... —Harry apretó los labios evitando seguir hablando y Ginny pudo notar como parecía tener un debate interno.

—¿Qué?

—Y si... —tomó aire antes de continuar—. ¿Y si no tuvieras que hacer tanto quilombo?

Desde el vamos una mudanza implicaba hacer un quilombo. Tenía que buscar cajas, empacar todas sus pertenencias, contratar un flete que la llevara a un nuevo hogar que seguramente tendría que limpiar de manera previa, desempacar... Ginny no veía manera de que no hubiera tal despelote.

—No entiendo... ¿cómo?

—De acuerdo, es... un poco loco pero... estuve pensándolo mucho... ¿Y si te doy diez buenas razones para que te vengas a vivir conmigo?

Ginny miró a su vecino con sorpresa. De todas las cosas que podría haber imaginado de Harry, el que le pidiera mudarse con él no era una de las opciones. Llevaban saliendo tan solo hacía seis meses y apenas hacía tres habían decidido formalizar la relación, admitiendo que lo único que no habían hecho en todo ese tiempo era ponerse el título de pareja. Si era verdad que mudarse con él la salvaría en muchos aspectos, aunque también estaba el asunto de lo que haría con todas sus cosas ya que no podía desaparecerlas por arte de magia.

—Muy bien... te escucho.

—La primera razón, y no la menos importante, es que ahorrarías plata, tiempo y estrés —Harry tomó la barra de chocolate que le había dado y fue rompiendo trozos a medida que enumeraba sus razones y se los iba entregando—. La segunda, como tu novio, te quiero ayudar. Tercera, no quiero que te mudes a algún lugar que no estés cómoda y dado a que no estás encontrando nada... me pareció una opción más viable. Cuarta, no quiero que te vayas lejos. Quinta, prácticamente ya nos la pasamos viviendo juntos, solo que vamos cambiando de departamento dependiendo del día. Sexta, ya estoy tan acostumbrado a dormir contigo que no puedo asumir la idea de que en unas semanas no lo haremos más. Séptima, ¿ya te dije que no quiero que te vayas lejos?

—Lo hiciste —Ginny le sonrió a su novio con dulzura—, pero te lo admito como uno más.

—Gracias, linda —la besó brevemente antes de continuar enumerando y sacando triángulos de chocolate, ya llegando al final, como su cuenta—. Octava, no tenemos que organizar para vernos y, como ahora, habrá días que te puedo llevar y traer con el auto al donde quieras. Novena, prometo siempre tenerte reservas de chocolate y vino... y la décima y última razón... Canuto también quiere que vengas —. Como si quisiera confirmar lo dicho por su dueño, el perro ladró dos veces y movió la cola con rapidez acurrucado al extremo del sillón—. ¿Ves...? Bueno a decir verdad, la última razón es que... ya más que quererte... te amo profundamente y no imagino mi vida sin ti...

Cuando Harry terminó de exponer sus razones para que se mudara con él, Ginny fingió pensar con seriedad a pesar de sentir cómo su corazón y su alma se derretían de amor por ese hombre de ojos verdes que la miraban con el temor reflejado en el rostro. La primera vez que Harry le había dicho que la amaba, había sido en medio de sus sueños, una noche que había hablado dormido. A la mañana siguiente, Ginny había intentado ver si recordaba algo de lo que había dicho pero él solo había admitido haber soñado con ella, no mucho más. La segunda vez que él había dicho que la amaba, había sido después de haber sido ella quien había gritado que lo amaba por haberle llevado muchos chocolates una noche que se sentía extremadamente mal. Por lo tanto, esa era la tercera vez en que Harry le decía abiertamente que la amaba, aunque él no lo supiera con certeza.

—De acuerdo, son muy buenas razones... pero tengo una condición que será la decisiva —dijo intentando ocultar su sonrisa—. Debes admitir que sé manejar mucho mejor que tú.

Harry la miró con el ceño fruncido antes de soltar una carcajada que le destensó completamente le cuerpo. Hacía unos meses, cuando finalmente habían formalizado su relación, Ginny llevó a Harry a la casa de sus padres donde tomó uno de los autos y le demostró que era una experta manejando, incluso lo desafió a una carrera que Harry perdió por muy poco. Tragándose el orgullo, su vecino se vio obligado a admitir que sabía manejar muy bien, pero jamás admitió que ella era mejor que él.

—Está bien, si es solo esa la condición... es verdad, sabes manejar mejor que yo.

—¡JA! —Ginny gritó con victoria levantando sus brazos al cielo ante la mirada divertida de su novio—. Ahora di que me prestarás el auto.

—Cariño... te prestaré el auto el día en que estemos en alguna carrera. En tanto... por más bien que manejes, la calle tiene límite de velocidad, ¿sabías?

—No seas exagerado.

—Pregúntale a cualquiera de tus hermanos y verás —bromeó antes de tomarle el rostro entre las manos para que lo mirara a los ojos. En ese instante en que sus ojos café se encontraron con los verdes, Ginny se perdió. A menudo se preguntaba si Harry era consciente del poder que tenía sobre ella y lo rápido que podía desarmarla—. ¿Entonces? ¿Vendrás a vivir conmigo?

A modo de respuesta y sintiéndose perdida entre los profundos sentimientos que su vecino le hacía florecer, Ginny acortó la distancia que los separaba y unió sus labios en un largo, profundo y sentido beso. Tenía que admitir que la decisión de mudarse juntos la ponía un poco nerviosa, la llenaba de temor y la excitaba a la vez. En ese año y desde que había tomado la decisión de vivir sola, lo que menos había esperado era que su vida diera un giro tan repentino, sobre todo junto a un hombre que le movía el piso y el mundo entero. Todo había ocurrido en menos de un año y se sentía en medio de una montaña rusa, vertiginosa, alta... y de la que no quería bajarse.

—Me convenciste con lo del vino y el chocolate —bromeó una vez que su cuerpo le exigió separarse para tomar aire.

Harry le dedicó una sonrisa deslumbrante antes de volver a besarla con pasión, llenándole el cuerpo de una sensación indescriptible de felicidad.


¡The End!

Aclaración:

Hdp: significa Hija de puta abreviado.

Sí, mis estimados. Esta historia ha llegado a su fin.
Agradezco muchísimo a quienes se molestaron en dejarme un comentario expresando sus opiniones. Realmente las valoro mucho y me hacen muy feliz, me animan mucho a seguir escribiendo y creando nuevas historias.
Hace poco descubrí como responder sus comentarios pero algunos no puedo, así que sépanme disculpar Soo, Nathy y Sun, pero quiero que sepan que las leo y me encanta que les guste lo que escribo. Me entusiasma mucho saber que están ahí leyendo las pavadas que pasan por mi cabeza.

Espero que este final haya sido de su agrado y que les haya gustado tanto como a mi. Es una historia de dos capítulos, pero largos al fin y al cavo... creo que el ya haberla tenido ya escrita antes de publicarlo, es lo que hace que no se me desvirtúe tanto al andar.

Sin mucho más que decir, les vuelvo a agradecer por su apoyo y espero ver sus opiniones respecto a este final.

¡Un abrazo enorme y nos leemos la próxima!