En cierta forma, Ray aceptaba sus sentimientos por Emma. Que la quería –como amiga, compañera, hermana y algo más–, pero, a la vez no.

Ya no tanto por los sentimientos de su mejor amigo y hermano, Norman. Sino porque, la nueva Emma era… Como decirlo… Un poco más pura e inocente; no era que él quisiera profanarla.

Sino que, la veía como etérea e inalcanzable. Y sí, debía de admitir que la amaba de forma platónica.

Pero su plan de "amigos y no más", se iba al garete cuando Emma se acercaba y le hablaba a veces tímida. Como queriendo algo, pero temiendo al rechazo o a la negación; comenzaba a sentirse como Norman en antaño cuando dijo amar a Emma y querer verla sonreír.

(Sí, él estaba cayendo en la locura.

Pero no quería ceder)

Y estaba llegando al punto de que sus sentimientos, que creía platónicos, se estaban desbordando. Incluso llegaba a pensar que esta nueva Emma estaba haciendo las cosas adrede. Como si acariciara un globo con una aguja.

Sí, se estaba volviendo loco definitivamente.

- ¿Por qué no eres sincero con ella, Ray? – y antes de que el pelinegro hablara, prosiguió –, respecto a cómo te sientes realmente con ella.

Ray suspiró frustrado, llevándose las manos al rostro, derrotado. Norman lo miró, en espera de una respuesta que… No llegaría en ese momento –. Que yo no le haya dicho que la amaba de esa forma, signifique que tú no lo hagas.

- … Es que, no puedo Norman.

Él se sentó a su lado, mientras Ray yacía tendido en su cama –. Tengo muy, demasiado, presente que no es la Emma de antaño… Pero, siento que esta nueva Emma… Es etérea, que es inocente. En el sentido de que no me conoce como antes.

- Ray, sólo dale la oportunidad – le sonrió, tranquilo y sincero –. Es verdad que no te conoce como antes, ¿Pero sabes? Nunca terminamos de conocer a las personas realmente… Y más importante, no huyas.

Luego de su pequeña conversación, Emma llegó a su habitación, donde Norman les dio privacidad. Y así como Norman había tomado asiento a su lado, así hizo Emma; quien estaba algo tímida y ruborizada por estar con el chico que le gustaba.

O eso suponía, pues con ningún otro de sus hermanos se sentía así.

Se mantuvieron en silencio, hasta que Ray suspiró, decidiendo hablar –. Emma.

Ella lo miró, curiosa y sonrojada –. ¿Sí?

- … Me gustas.

(Y me gusta estar contigo).