Digimon no me pertenece, solamente juego con sus personajes


Astrológicamente destinades

—¡Pero, Kooou! —lloriqueó la castaña.

—Que no, Mimi —negó por enésima vez ignorándola.

—¡Pero me haría mucha ilusión! —insistió la chica mientras daba vueltas a su alrededor.

—Noup —siguió tecleando sin levantar la mirada.

—¿Pero por qué? —Mimi pateó el suelo, enfurruñada.

—Porque no creo en esas cosas —el pelirrojo alzo la vista, casi con pereza—. Soy una persona racional y que cree en la ciencia.

—¡Pero esto es como ciencia! —Alzó los brazos ella, escandalizada.

—Los horóscopos no son ciencia. Los signos del zodiaco no son ciencia —fue enumerando—. Y las cartas astrales tampoco son ciencia. Solo son tonterías.

Un grito de horror retumbó en la estancia, haciendo que Koushiro se encogiese. Mimi se llevó la mano al pecho y empezó a suspirar.

—¡No puedo creer que me hayas dicho eso! ¡Así que yo solo digo tonterías! ¡Qué bonito! —Apretó la tela del vestido que llevaba una vez y después golpeó con sentimiento su lado derecho—. ¡Me has roto el kokoro, Izumi Koushiro! ¡Rota estoy! ¡Ya ni siquiera lo siento!

—Mimi, el corazón está en el lado izquierdo —comenzó a decir pero otro grito lo calló.

—¡Encima me llamas estúpida! —se lamentó dramáticamente—. Siempre seré eso para ti, ¿verdad? Una chica poco inteligente pero de increíble belleza que canta como Kami pero que crees que no sabe sumar uno más uno. ¡Pensaba que éramos amigues! Pero ya veo que no...

—Pero, Mimi...

—¡No, no! ¡Ya he visto lo que piensas de mi! —la castaña anduvo hasta el sofá del fondo de la sala y se lanzó a él, escondiendo la cara entre los cojines y sollozando y murmurando cosas contra ellos.

—¿Qué? —El pelirrojo pestañeó sin entender nada de lo que estaba farfullando—. No te oigo, Mimi.

—¡Encima no me escuchas! —se levantó de golpe, gritando—. ¡Deshonra sobre tu vaca!

Koushiro ka vio dar vueltas por la sala mientras balbuceaba palabras incoherentes que sonaban mucho a "idiota", "desconsiderado" y "corazón roto". Suspirando, el pelirrojo cerró la tapa del laptop y lo dejó a un lado. Despacio, se acercó a ella, llamándola suavemente, pero la chica estaba demasiado ensimismada blasfemando sobre él. Cuando llego hasta ella la sostuvo por los hombros y la giró para que lo mirase a la cara.

—Mimi...

—No, Kou, has roto mi kokoro —Tembló un poco—. Ya veo que no te importa...

—Mimi... —el pelirrojo miró esos enormes ojos miel, anegados en lágrimas, y suspiró, rindiéndose al fin—. Está bien, dejaré que me leas mi carta astral...

La sonrisa de Mimi se ensanchó tanto que le debió incluso doler. Repentinamente eufórica, y con las lágrimas sospechosamente desaparecidas, se lanzó encima de Koushiro, enlazando sus brazos alrededor de su cuello y apretando fuertemente. Después le dio un sonoro beso en la mejilla y se soltó para empezar a dar saltitos por la sala, feliz que haber logrado lo que quería. Quizá fue esa la suerte que tuvo el pelirrojo, que al estar entretenida no vio que su cara se había encendido como una bombilla y el color rivalizaba con el de su pelo.

—¡Vamos! ¡Siéntate, Kou! —Mimi cogió su mano y tiró de él para llevarle hasta el sofa—. Voy a coger el teléfono para poder mirarlo.

El chico se dejó caer, suspirando. ¡Qué horror! ¿Cómo se había dejado convencer tan fácilmente por esas lágrimas de cocodrilo? ¡Y para una lectura de carta astral! Al menos Mimi estaría contenta... se sonrojó un poco mas recordando el beso y sonrió al ver a la castaña tan contenta aunque solo fuese por ello. Se dijo que quizá solo por verla sonreír así merecía la pena.

Mimi volvió a sentarse delante de él y se puso muy seria, tratando de parecer profesional. Tecleando unas cuantas veces, le guiño un ojo y empezó a hacerle preguntas.

—Vale, bueno, Kou, dime tu fecha de nacimiento —pidió—. Incluida la hora exacta.

—Eh... uno de febrero de 1989 —respondió frunciendo el ceño—. A las 01:49.

—¡Uuuh! Capricornio —canturreó Mimi—. Tiene lógica. Un chico reservado, diligente... eres ambicioso de conocimiento y muy paciente. ¡Te pega, Kou!

—¿Gracias? —pregunto, dubitativo.

—Y naciste en Tokyo... —La castaña tecleó en su teléfono—. Veamos cual es tu carta astral...

Koushiro se le quedó mirando, dando por hecho que si la escuchaba todo acabaría más rápido; Mimi no iba a aceptar menos que todo.

—Tu Venus en Capricornio dice que abordas los problemas con racionalidad y mantienes tu postura y objetividad aún en situaciones críticas. Además, cualquiera que busque tu consejo obtendrá una evaluación sin emociones ni prejuicios, lo que te convierte en un buen árbitro, o un juez —empezó ella a narrar—. Por otra parte, eres concienzudo y disciplinado en tus pensamientos y tienes aptitud para los negocios, la organización y la administración. ¡Y eres bien estratega! En contraparte, tienes talento para mitigar las tensiones en la relación entre otras personas. ¡Se parece mucho a ti, Kou!

El pelirrojo frunció el ceño, curioso y extrañado de sentirse tan identificado con lo que la carta astral estaba diciendo de él, pero negó internamente y asintió a la castaña, instándola a seguir.

—Vale... y tu Júpiter en Tauro dice que sientes un interés persistente por aprender. Disfrutas las discusiones filosóficas e intercambiar ideas —prosiguió, entusiasmada—. ¡Y que esa mentalidad amplia y justa es de un buen asesor! ¡Como tú cuando le das consejos a Taichi en su trabajo!

El chico se quedó helado, viendo como ella solamente lo miraba a la espera de que dijese algo. ¿Cómo podía ser? ¡Había acertado prácticamente todo! ¿Qué estaba pasando? No, no, espera. Koushiro meneó la cabeza, volviendo a la realidad. ¡Claro que no era verdad! Las cartas astrales y los horóscopos eran un engañabobos. Mimi lo conocía lo suficiente como para poder acertar todas esas cosas, incluso si eran datos muy muy concretos. Se relajó; todo estaba bien, solamente tenía que asentir para que la castaña estuviese contenta. La chica empezó a aplaudir, contenta de que e´l hubiese aceptado todo. Y cuando parecía que todo había acabado y que podría volver al trabajo con su laptop, Mimi alzó un dedo.

—¡Espera, espera! —le dijo—. Miremos nuestros horóscopos para terminar.

Mimi se levantó y corrió a por una de las decenas de revistas de moda que compraba para poder estar a la última y que, obviamente, contenían el horóscopo. Regresó al sofá y empezó a ojear hasta dar con lo que quería.

—Veamos... Capricornio, capricornio, capricornio... ¡Aquí está! —señaló una zona de la página—. Descubrirás cosas sobre ti. Alguien cercano se convertirá en algo más. Recibirás un apasionado beso de una virgo.

El pelirrojo no le dio importancia, solamente asintiendo. ¿Quién iba a creerse eso? Toda una sarta de mentiras y chorradas. Pero Mimi sonrió, como si riese de un chiste propio, y volvió a la revista.

—Y ahora el mío. Veamos... —Koushiro la miró sin mucho interés hasta que Mimi pronunció el horóscopo muy lentamente y con una voz tremendamente sensual—. Virgo.

El chico se tensó y en su cabeza solamente estaba esa última palabra, resonando con fuerza. Y era absurdo, lo hubiera sabido su hubiese podido pensar en ese momento, porque los horóscopos solamente eran patraña, ¿verdad?

—Harás una buena acción por alguien cercano. Esta semana probarás una nueva comida —pronunció dulcemente—. Y... estás deseando besar a ese capricornio tan guapo y tan pelirrojo. Da el paso, es el momento.

Mimi alzó la mirada y sus ojos miel se clavaron en él con una intensidad aplastante. El pelirrojo tragó en seco, repentinamente nervioso. La chica lo miró a través de sus espesas pestañas y sonrió de forma coqueta y enigmática haciendo que un escalofrío recorriese toda su columna vertebral, instalándose en el estómago y oprimiéndolo.

—¡Vaya! Qué interesante lo que dice, ¿no crees? —susurró, muy bajito, acercándose a él hasta que Koushiro sintió su aliento chocar contra su boca—. Tendremos que hacerle caso, entonces.

Y sin decir una sola palabra más acortó esos pocos centímetros que los separaban y juntó sus bocas. El pelirrojo se quedó totalmente quieto, casi sin poder procesar lo que estaba pasando, pero eso no la desalentó, y, ni corta ni perezosa, separo los labios y lamió dulce y suavemente los de él.

Aquello pareció hacer reaccionar al chico porque casi por inercia abrió la boca y la besó de vuelta. Mimi sonrió, satisfecha, y pasó los brazos por su cuello, pegándose a él y haciendo que hiciese lo propio con su cintura.

El beso apenas duró un par de minutos, pero para ellos fue como tocar el cielo con las manos. Cuando se separaron, se quedaron muy juntos, sus frentes pegadas, sin dejar de mirarse; ojos negros llenos de confusión versus unos miel brillantes y felices.

—Parece que el horóscopo tenía razón, era el momento —ronroneó, totalmente satisfecha—. El momento totalmente perfecto.

—Yo... esto... yo... tú... nosotros... —balbuceó Koushiro, totalmente ido.

—¡Quiero helado! —exclamó ella alegremente mientras se levantaba y daba saltitos—. ¡Vamos, Kou! Invítame a uno enorme de menta y chocolate.

—Pero... pero... —Él parecía más confuso aun—. El beso...

—¡Oh! Ha sido maravilloso, ¿no crees? —dijo, risueña—. ¡Qué suerte que el horóscopo dijese que tenía que hacerlo! Bueno, y ahora, ¡vamos a por mi helado!

La castaña se acercó a la cómoda y cogió su bolso y se dispuso a coger su chaqueta para irse. Estaba por cruzar la puerta cuando el pelirrojo la llamó.

—¡Mimi! —ella se giró y le prestó toda su atención—. ¿En serio ponía eso en el horóscopo?

—Bueno... nunca lo sabremos —murmuró mientras se acercaba de forma coqueta y apoyaba las manos en el pecho del pelirrojo—. O quizá... quizá aparezca más veces. Muchas más veces.

Se puso de puntillas y le dio un suave beso en la comisura de sus labios, deteniéndose lo suficiente para dejarle con ganas de más. Después sonrió, le guiñó un ojo y se dio la vuelta.

—¡Vamos, vamos! —le instó—. ¡Quiero menta con chocolate!

Koushiro negó con la cabeza al verla tan entusiasmada por un simple dulce y no pudo evitar sonreír. Suspirando, se levantó del sofá y la siguió. Mimi estaba esperando en el ascensor y su sonrisa se ensanchó más al verle salir y cerrar la puerta. Corrió hacia él y cogió su mano, tirando y haciéndole bajar las escaleras a trompicones.

Ya en la calle, redujo el ritmo y caminaron hacia la heladería de siempre. Más no soltó su mano, y en vez de eso entrelazó sus dedos y sonrió más. Koushiro suspiró, enrojeciendo, y Mimi rió, encantada.

Y el pelirrojo lo supo.

Sí, él tenía una mente demasiado racional, demasiado estricta, demasiado recta, demasiado científica, y nunca creería en horóscopos, signos del zodiaco ni cartas astrales.

Pero mirando a Mimi también supo otra cosa más importante.

Estaba enamorado de esa mujer, y se dejaría hacer todas las cartas astrales del mundo con tal de verla feliz.

Y leería todos los horóscopos del mundo si con ello se ganaba sus besos.

Y su corazón.


Vale, Cata, tenía esta idea desde hace muchísimo pero soy un desastre y por eso te viene tarde. En mi cabeza me iba a dar tiempo ayer pero, bueno, ya sabes lo que me lié, y el día de tu cumple estaba... "indispuesta" y no me dio tiempo. Además como fui poco lista, la parte de la carta astrológica, que agradezco mil a Gale que me la ha hecho porque yo no tengo ni idea, se la pedí muy tarde y está ocupade con la mafia así que...Zorionak retrasadas!

Esta cuarentena me ha traído mucha mierda a la vida, pero también sorpresas muy buenas, Una de ellas eres tú, y teniendo en cuenta que no hablábamos antes, no lo esperaba en absoluto. Estoy deseando que llegue octubre y te vengas de visita. Y ya pensando más a lo largo, ya sabes que Madrid es un buen sitio para vivir. Brindemos en mi terraza, siempre estarás invitada.

Espero que te guste, si lo llegas a leer, o al menos que no lo odies. Tengo que decir que es mi primer mishiro terminado, porque tengo uno a medias, así que tenme un poco de pena, porfis.

Y nada más, que me enrrollo hasta aquí.

Saludos,

*Mid*