Bella
Forks nunca ha sido mi lugar favorito, desde el clima hasta las personas, todo es incomodo para mi, aun cuando en Arizona tampoco encajaba muy bien, todo se complica en un lugar pequeño, todos se conocen y por o tanto pasar desapercibida no es una opcion, en el breve recorrido con Jake pude notar que no era más que un pedazo de carne del cual no dejaban de murmurar, era molesto, nunca fui de las personas que les gustará llamar la atención y sin embargo aquí estaba yo siendo la comidilla del pueblo.
y bien ¿qué piensas hacer con todo esto?- Jacob me ayudaba a cargar con la pintura, madera y todas las herramientas que necesitaba para pintar la alcoba.
Mi habitación necesita un retoque, estaré aquí por un tiempo, asi que, quiero ponerme un poco comoda - Su expresion era una mezcla entra burla e incredulidad, no me ofendia pero que me subertimara heria mi orgullo.
Ya veo, si necesitas ayuda puedes llamarme, cuando quieras - Soporto su risa al verme batallar con la lata de pintura, hata que me la arrebato de las manos, cargamos todo en la camioneta y siguio molestandome con las mil formas en las que me veia en peligro
Solo quiero ser amable, digo te he visto tropezar en una hora que a nadie en todo el año. - Habria corrido suerte de no haberme caido pero el día todavia no se acababa
oh ya cierra la boca,- le lance un pedazo de tela que el dueño de la ferreteria nos habia prestado
De regreso a casa escuchamos la radio y reí de sus locas ideas, al llegar a casa preparé la cena por primera vez y fue un éxito, Charlie y Billy quedaron encantados con el espagueti que había cocinado, Jake no se quedó atrás, esa noche no pude dormir por lo que quite todos los dibujos y rastros de mi niñez, guarde unas fotos que encontré y conserve una pintura de lobos en un paisaje nevado. Los quileute, la tribu de Jacob y Billy, si bien recuerdo su símbolo representa a una manada de lobos, bastante guay a mi parecer.
Empaqueté todo y coloque el periódico en el piso moví algunos muebles, era fácil dado que estaban vacíos, la pintura era de un lindo tono de rosa, lo que significaba más trabajo para ocultar, era un poco tedioso pero quedaría genial, tenia todo listo, había elegido un azul amoratado para algunas paredes de la habitación lo demás sería de un tono más profundo, no era una obsesiva para la decoración pero estaba algo emocionada, Charlie me dejo hacer y deshacer, y aun cuando se notaba que queria ayudar se mantuvo al margen, comencé con lijar las imperfecciones de la pared, la primeras capas de pintura blanca cambiaban por completo el aspecto de la habitación.
No era muy grande pero si comparaba la antigua alcoba en casa de René era considerablemente mucho mejor, una vez acabe con la pintura Charlie entro para ayudar con los muebles, el único espacio vacío era en donde iba la cómoda, llegados a este punto estaba cansada y me replantee la necesidad de dibujar en la pared. Necesitaba diseñar un boceto, calcarlo y luego plasmarlo, lo que llevaria varios dias de trabajo, al día siguiente desperté en el sofá de la sala, no era muy cómodo pero no podía dormir en el cuarto recién pintado, Charlie ya se había ido a trabajar por lo que pude desayunar tranquilamente.
Tenia que aprovechar el día por lo que me arregle un poco y salí directo a el centro del pueblo, necesitaba con urgencia ropa más abrigadora y planeaba cambiar los adornos para la casa, me enfermaba al ver las figuras de René en la repisa.
Recorrí las pocas tiendas que ofrecia el pueblo y logre encontrar ropa para el impetuoso clima de Forks, al que no estaba nada acostumbrada. Pude conseguir algunas cosas para decorar mi habitación y la casa, mis ahorros sufrieron un gran golpe pero ahora con el regalo de Charlie, el transporte era una preocupación menos.
Tuve que agradecer que las horribles migrañas no hicieran su aparición hoy, fue un día muy productivo, incluso fui a la tienda para comprar cosas de la despensa, no me habia permitido salir sola desde hace mucho.
Pude terminar de decorar mi habitación y desempaque la mayoría de mis cosas, solo faltaba el mural, pero estaba agotada, por lo que cuando Charlie insistió en salir a cenar, asenti animadamente.
Sabes Bella es bueno tenerte aquí, me gusta lo que estas haciendo con la casa.- Mi padre era alguien tranquilo como yo, por eso era relájate estar con el.
Gracias- mis mejillas me traicionaron sonrojándose.
Me gusta la nueva decoración por cierto.- Subí la mirada y me encontré con un rostro divertido
Si, bueno era tiempo que alguien tirara a esos payasos.- El solo asintió sin borrar la sonrisa de su boca
Tal vez podrías enviárselo a tu madre.- ah no eso sobre mi cadáver
Los pondría en la sala que tanto me costó dejar normal, esos horrores ya pasaron a mejor vida.-Charlie soltó una carcajada y eso me hizo sentir mejor, era mejor ambos nos estábamos acostumbrando a la convivencia y en estos momentos era refrescante la conversación.
Siento mucho no poder acompañarte en tus compras.- su voz sonaba arrepentida, yo no esperaba que él estuviera conmigo, tampoco lo quería
No tienes por que preocuparte,será mejor hacerlo sola para que me acostumbre más rápido-
Si que lo hago, no quiero que estés sola Bella.-
Gracias, pero no tienes nada de que preocuparte, en serio. - Su preocupacion me incomodaba, no estaba acostumbrada
La cena transcurrió en silencio y tranquila por el resto de la noche, mi ajetreado día por fin había acabado, mañana tendría que viajar hasta la cafeteria Adagio que estaba pasando Port Angels, era una hora y media de camino, pero podría ver a Cole y a Alaina.
Cole Latimer era en ex novio de mi madre y mi actual doctor, el y Alaina eran una hermosa pareja en la cual me había refugiado en muchas ocaciones durante los ultimos años.
Cuando mis padres se separaron, me mude a Portland con René, pasamos un tiempo dificil adaptandonos, nos mudabamos con frecuencia y en la primera oportunidad René me inscribia en todo tipo de actividades solo para conocer a más gente, tenia 10 cuando llego Cole, joven, hermoso y exitoso. Fueron buenos tiempos, fue mi epoca de bonanza, teniamos un hogar estable, avanzaba en los programas de ballet y Cole estaba con nosotras, y pese a su juventud (y a que todo el mundo se oponia) el era maravilloso con nosotras.
Cuando su relación termino fue realmente duro acostumbrarse denuevo. Ese dia en particular estabamos en una presentación de ballet, me habia preparado por casi medio año y aunque René y Cole habian estado discutiendo ambos estaban en el publico apoyandome, al final de la presentación cuando recibimos los aplausos de clausura pude ver a Cole irse y a mi madre llorando.
No paso mucho tiempo despues cuando volvimos a mudarnos, nuestro nuevo destino fue Arizona, tenia 14 cuando llegamos a Phoenix, ya no visitaba a Charlie en verano, seguia bailando y cada vez me volvia mejor, René seguia saliendo y ya habia olvidado a Cole, la escuela era buena solo tenia a Martha quien estaba igual de obsecionada con el ballet pero era una buena amiga, todo parecia bueno.
René conocio a Phil dos meses despues de que cumpli 15, el es agradable pero su trabajo requeria de viajes constantes y todo iba bien hasta que tuve la primera crisis.
Estaba ensayando una nueva pieza cuando empece a perder la vista, mi cabeza palpitaba y estaba confundida, Martha llamo a emergencias, Rene habia viajado con Phil para un partido por lo que no tenia guardian, fue cuando llegue a emergencias que vi denuevo a Cole, el me reconocio de inmediato y se hizo cargo como mi guardian. Todo fue muy rapido, hicieron muchas pruebas y estudios, recupere la vista dos dias despues.
El diagnostico no era agradable, no tenia una cura, solo tratamiento, Cole se mantuvo en contacto conmigo, procuraba animarme y ayudarme desde lejos, para René fue un poco más dificil sobre llevar el asunto, ella era feliz viajando con Phil, nunca pudo consebir la idea de estar sola y aunque ya no era una niña, mi nueva condicion dificultaba todo. Charlie y René nunca arreglaron las cosas y el hecho de estar en diferentes estados complicaba todo por lo que René nunca le dijo nada.
Habia pasado los ultimos 10 años de mi vida practicando ballet, aprendiendo a ser independiente y ahora ya no podia mantener mi equilibrio ni con los dos pies en el suelo.
Nunca me considere una persona depresiva, quiero decir, hasta que no me diagnosticaron yo nunca había pensando en como iba a terminar mi vida, no tenía contados los días, podía tener una larga vida y el hecho de quedar ciega no era lo que me asustaba, nunca aprendi a confiar en que los demás se quedarían, en este simple hecho radicaba todo mi temor.
