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El primer beso.
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por: Xeina Phi.
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—Aquí tienes, son nueve pesos —decía amablemente el hombre que le entregaba a la rubia un vasito con nieve sabor "Beso de ángel".Serena recibió la nieve presurosa, pagó y fue a sentarse en la banca con sombra más cercana que encontró, era una tarde particularmente calurosa y estaba nerviosa debido a que vería a su mejor amigo.
«¿Los besos serán así de dulces?» preguntó para sus adentros la chica, mientras saboreaba su refrescante nieve que quería devorar de un solo sorbo a causa del sofocante calor.
Serena a sus quince años nunca había besado a nadie, tenía el firme propósito de que sus labios no terminaran vírgenes al finalizar la secundaria, pero había pasado un mes desde que terminó el curso y no solo no había logrado su cometido, sino que también entraría a la preparatoria en la misma condición. Hecho que la deprimió un poco, suspiró con pesar, cuando sintió que unas delicadas manos le cubrían los ojos.
—¿Por qué tan sola lindura? —escuchó que le preguntaba una voz muy familiar fingiendo ser masculina, que por cierto era muy poco convincente.
—Te estaba esperando —contestó con coquetería—. Mina, tienes que trabajar en esa voz —dijo Serena feliz de ver a su amiga, felicidad que se esfumó instantáneamente pues Mina no estaba sola.
—Vaya, yo que pensé que podría engañarte —repuso ella, rascándose la cabeza y riendo escandalosamente—. Oh, mira te presento a Kaito —agregó mientras tomaba la mano del chico platinado que la acompañaba.
Serena sintió un golpe de celos, si bien quería mucho a su amiga, no la exentaba de sentir envidia por ella.
Mina no solo había tenido más de un novio, sino que también besó una obscena cantidad de chicos durante la secundaria. Estaba por demás experimentada en el arte de besar y aunque Serena trataba de restarle importancia, la realidad es que si le importaba y mucho. Recordó con decepción al único novio que tuvo de nombre Darién, al que por supuesto nunca besó y que en la actualidad era un buen amigo.
—Ah, sí mucho gusto —dijo Serena con desdén, sin siquiera mirar a Kaito.
Para Mina eso no pasó desapercibido, soltó a Kaito delicadamente y se sentó junto a su amiga.
—¿Estas esperando a Seiya? ¿No es así? Deberías decirle lo que sientes de una buena vez y dejar de desquitarte con los demás —le murmuró con complicidad.
—Yo, yo n-o no, ¿de qué hablas? —logró preguntar sorprendida y con las mejillas encendidas, al parecer su amiga la conocía muy bien.
—Tú sabes de que —replicó Mina levantándose—. Nos vemos y suerte —se despidió animadamente, dejando a Serena muy consternada.
Seiya era el mejor amigo de Serena y al igual que a Mina lo conocía desde que ingresó a la secundaria. Cuando Serena lo conoció, le dio la impresión de que era un chico presumido, egocéntrico y narcisista, así que cuando Seiya le confesó su amor apenas un mes después de que se conocieran, ella lo rechazó, aunque a raíz de aquél sinsabor nació su singular amistad. Compartieron inolvidables momentos, como cuando Seiya empezó a experimentar los cambios en su voz y no quería ni hablar, ella le infundió confianza o cuando Serena tuvo su primer período y Seiya se ofreció a cuidarla, soportando su mal humor.
Con el paso del tiempo, Serena empezó a albergar sentimientos muy particulares hacia él. Seiya en cambio, no volvió a mencionar el amor que le tenía supuestamente y comenzó a salir con las demás chicas de la escuela, se volvió muy popular entre ellas y Serena empezó a lamentar su decisión, incluso planeó elaborados escenarios con un arcoíris de fondo donde Seiya la besaba con amor. Evidentemente nunca pasó.
Para su último año de secundaria, Serena ya había perdido toda esperanza. Su intento de relación con Darién fue un fracaso y Seiya se cundió con el más terrible acné y no salió con nadie, ahora tenía la certeza de que jamás serían algo más que amigos, si en la secundaria que se veían a diario no pasó, menos aún en la preparatoria, ya que habían quedado en escuelas diferentes. Cuando finalizó el curso, Seiya le prometió a Serena que sin importar lo que pasara, él no dejaría de verla, también le comento que estaría ausente por un mes ya que su mamá lo llevaría con un dermatólogo para tratar su acné.
Serena meneó la cucharita de su nieve en el vasito que ya estaba vacío y comprobó la hora en su móvil, Seiya llevaba diez minutos de retraso. No era algo muy propio en él, era ella la que siempre llegaba tarde. Comenzó a tamborilear los dedos en el borde de la banca con ansiedad y dijo en voz alta:
—Ah, Seiya. Si supieras lo mucho que me gustas.
—Así que si te gusto, Bombón —dijo el chico muy cerca del oído de Serena.
La chica se volteó horrorizada, Seiya estaba a sus espaldas y había escuchado claramente su confesión, sintió que hiperventilaba, las mejillas le ardían y no podía articular palabra alguna.
—Yo, yo… bueno. Tu acné ha mejorado mucho, ya casi ni se nota —repuso riendo nerviosa.
Seiya sonrió con satisfacción.
—No cambies el tema, Bombón. Te escuché claramente.
—Ah, eso. Bueno yo, yo… mmm. Está bien sí me gustas —admitió con las mejillas encendidas al saberse descubierta.
Seiya se sentó en la banca, se acercó a Serena y le dijo sonrojado:
—Tú también me gustas mucho, nunca dejaste de gustarme en realidad.
Serena no daba crédito a lo que escuchaba, abrió los ojos muy grande y le preguntó:
—¿En serio? ¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Si lo hice, ¿no lo recuerdas? —rebatió con media sonrisa.
—Por supuesto que lo recuerdo. Me refiero a porqué no lo dijiste después.
—En realidad si lo pensé, pero Mina me aconsejó que mejor esperara a que tú me quisieras y bueno, también me dijo que disfrutara mi secundaria. Nunca dejé de luchar por ti —explicó el joven.
Serena podía sentir su corazón latiendo sobre su piel, el calor empezó a invadirla debido a la cercanía del azabache y le dijo coquetamente:
—Ella te aconsejó bien, es una buena amiga y en serio te ves muy guapo.
Seiya empezó acariciar con las puntas de sus dedos los mechones rubios de Serena y ella lo abrazó por el cuello, veía los labios del chico muy cerca y sintió la necesidad de besarlos, miró a Seiya con ojos suplicantes, como pidiendo permiso, él solo le sonrió seductoramente en señal de aprobación.
Serena cerró los ojos y se acercó tímidamente, al sentir los cálidos labios de Seiya la invadió una grata calidez que nacía del fondo de su pecho, lo empezó a besar tiernamente y notó como Seiya la correspondía con pasión, sintió la necesidad de abrir más su boca, podía sentir como Seiya la abrazaba fuertemente contra él, como recorría sus labios con la punta de su lengua y le pareció sublime.
Su primer beso no fue en medio de un campo de flores, tampoco hubo un arcoíris de fondo, ni la más hermosa puesta de sol lo atestiguó, la casualidad del momento simplemente lo hizo perfecto.
Fin.
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Notas:
Aún me parece maravilloso que este relato tengas dos años desde que lo escribí, este fue de los primeros escritos que hice y me dio una particular nostalgia leerlo de nuevo. Espero tus amables impresiones y disculpa mis errores jejejeje.
