EDWARD

Cada día me resultaba más monótono que el anterior. La escuela era como la noche para los humanos, mi mente viajaba cada vez más lejos, la vida había perdido su sentido mucho tiempo antes, mi mera existencia era una aberración a la naturaleza y sin embargo estaba aquí parado rodeado de gente, sin que nadie se diera cuenta de lo que en realidad era.
Me quedé mirando fijamente las grietas del enlucido de la esquina más lejana de la cafetería, imaginando dibujos en ellas. Era una manera de
sofocar las voces que parloteaban dentro de mi mente como el gorgoteo de un río. Ignoré el centenar de voces por puro aburrimiento. Cuando a alguien se le ocurre algo, seguro que ya lo he oído con anterioridad más de una vez. Hoy, todos los pensamientos se concentraban en el trivial acontecimiento de una nueva incorporación al pequeño grupo de alumnos. Para mi sólo era otra chica humana, hasta que la tuve frente a mi, me tope con ella en la entrada del edificio, su olor me tomo desprevenido, ese olor dulce y delicioso, cantaba para mi.

Distraídamente, sacudió su cabello justo en el momento en que me había permitido respirar. Una particular brisa concentrada de su esencia me golpeó en la garganta.
Fue como el primer día, la urgencia, el dolor de la quemazón me hizo sentir mareado. Su mirada horrorizada ayudo para mantenerme en mis casillas, otra vez. Esta vez, tenía un poco más de control que cuando desperté. Al menos, no la había atacado sin embargo el monstruo gruñó dentro de mí, pero no
hubo ningún placer en mi dolor. Estaba demasiado bien controlado. Por el momento. Paré de respirar, parecía débil, vulnerable, incluso más de lo que es habitual en un
humano. Intenté concentrarme en el rostro que había visto en sus ojos, un rostro que reconocí con asco. Era la cara del monstruo que había en mí, el que había combatido y derrotado a lo largo de décadas de esfuerzo y de disciplina inflexible. ¡Con qué rapidez emergía ahora a la superficie!

El olor se arremolinó nuevamente a mi alrededor, dispersando mis pensamientos y casi impulsándome para salir tras de ella, en un edificio lleno de gente, yo tenia que controlarme, pero mis instintos me decían lo contrario, todo al mismo tiempo.

Con la llegada de la brisa fresca tuve un momento de claridad, dos rostros vinieron a mi mente, el primero fue el asesino de asesinos en el que me había convertido años atrás y al que había renunciado de igual forma y el segundo fue el de Carlisle, mi padre.

Físicamente mis rasgos no eran nada como los suyos y aun así, aunque no había base para establecer semejanzas, me imaginaba que mi rostro había comenzado a reflejar el suyo hasta cierto punto, en los malditos últimos setenta años durante los cuales yo había abrazado su camino y seguido sus pasos.

Mis rasgos no habían cambiado, pero a mí me parecía que algo de su sabiduría había marcado mi expresión y que algo de su compasión podía encontrarse en la forma de mi boca, así como trazas de su paciencia eran evidentes en mi ceño. Todas estas pequeñas mejoras habían desaparecido de la cara del monstruo.

No podía permitírmelo me dirigí al bosque cercano a la escuela el aire fresco aclararía mis pensamientos, mis hermanos ya sabrían de mi decisión, Alice se encargaría de ello, podría irme por un tiempo, para no dañar a los demás, mi pobre autocontrol mostraba que no era ni una pizca lo fuerte que aparentaba, mi serenidad se acababa de poner en prueba y todo por una humana, me burle interiormente. Esa humana tenia el olor más delicioso del mundo, la había subestimado.

Llegue a mi hogar poco tiempo después, Esme estaba sorprendida de verme.

Esme, tengo que irme, por favor avisa a Carlisle por mi.-

¿Pero que ha pasado?-

Solo... por favor, necesito irme, cuando este mejor regresare.-

De acuerdo cariño, mantennos al tanto porfavor.- Una lastimera sonrisa apareció en sus labios.

¿Por qué tenía que haber venido aquí? ¿Por qué tenía que existir? ¿Por qué tenía ella que destruir la poca paz que me quedaba en esta existencia mía de redivivo?¿Por qué había tenido que nacer esta irritante humana? Mi egoísta existencia busco culparla de mi actitud.


La historia es de Stephanie Meyer, solo les estoy mostrando mi versión 3