Capítulo 10
Esta mujer será mi muerte
Emmett's POV
Siento mi cuerpo arder con deseo. Cualquiera que me toque pensaría que tengo fiebre, pero la única responsable de mi alta temperatura es ella, Rosalie.
Estaría mintiendo si digo que no quería esto. ¡Diablos! Lo quise desde que la vi en ese bikini blanco, pero como buen caballero no presioné en el asunto y esperé a que ella eligiera el momento. Gracias Alice por dejarme la noche libre.
No le solté la mano en todo el trayecto hasta mi habitación, ni incluso una vez que estuvimos ya dentro de ella. Ni siquiera me tomé la molestia de cerrar la puerta. Me lancé directamente a sus labios para devorarlos con desesperación sin importarme quedar con su labial en mi cara. Lo único en lo que pensaba en ese momento era en hacer realidad sus palabras, las cuales habían hecho que mi cuerpo reaccionara con una rapidez impensable. Dios, como me molestan estos pantalones.
Rosalie peleaba con los botones de mi camisa, a la vez que yo tenía mi propia batalla con sus jeans. Estábamos frenéticos, tan frenéticos que en un segundo la mitad de mis botones yacían en el suelo luego de haber sido arrancados de un tirón por la impaciencia de Rose.
Miré sorprendido a mi alrededor, pero rápidamente fui sacado de mi estupefacción cuando sentí las manos de ella en mis hombros al querer sacarme la camisa. Me dejé, y una vez que la insolente prenda ya se unía a sus botones, la besé de nuevo. Recorrí su espalda camino abajo, buscando el borde su blusa para sacársela por arriba. Sus jeans no demoraron en quedar en el suelo junto a todo lo demás, dejando a Rose sólo en su ropa interior.
-No sabes cuánto he fantaseado con este momento.- Dijo ella mientras recorría mi pecho con sus labios y sus manos forcejeaban con mi cinturón. Aquellas palabras no hicieron sino elevar mi frenesí, y uniéndome a sus deseos, terminé de desabrochar mi pantalón.
-Somos dos- Volví a besar sus labios a la vez que me desasía de mis zapatos y junto con ellos mi pantalón. De a poco fui empujando a Rosalie hacia la cama, hasta que la parte posterior de sus piernas se toparon con esta.
-Esto no va a funcionar.- ¿¡Qué!? ¿Escuché bien? Entré en pánico. ¿Se arrepentía ahora? Mi rostro debió expresarlo todo, porque fue entonces cuando ella cambió nuestras posiciones, quedando yo de espaldas a la cama, y de un empujón hizo que callera sobre el colchón.-Me refiero a yo abajo y tú arriba.- Di un suspiro de alivio. Rosalie me sonrió con coquetería y aún con aquella sonrisa en la cara llevó sus manos hacia atrás para desabrochar su sostén. Yo no podía hacer otra cosa que mirar embobado ese acto, mis ojos clavados en sus senos sin perder detalle de cómo estos se liberaban de su prisión. Pero ahí no terminaba mi tortura. Luego de quitarse esa prenda, siguió con lo único que le quedaba puesto. Mi bóxer reventaría en cualquier momento. No exagero. Esta mujer me va a matar.
Sin perder un segundo Rosalie se posicionó arriba mío, una pierna a cada lado. Yo, apoyándome en mis manos, traté de erguirme para besarla. Ella respondió a aquel beso con fervor, y pronto sentí cómo una de sus manos se deslizaba por mi pecho, luego mi estómago, y finalmente llegaba a ese bulto entre mis piernas. Gruñí por lo bajo. Rosalie acarició suavemente mi entrepierna mientras besaba mi cuello. Después de repetir el movimiento un tanto de veces, tomó mi bóxer de la pretina para al fin retirarlo, dejando a la vista mi erección.
Rose volvió a sentarse en mis piernas, y tomándola del trasero la acerqué lo más que pude a mí, provocando roce entre nuestros sexos. Ella gimió y yo volví a gruñir.
Me tomó de la cara con ambas manos y atacó mis labios en un beso desesperado. Lentamente empezó a mover sus caderas, generando más roce entre nosotros, roce que al pasar los segundos se volvió más frenético.
-Deja el rodeo, Rosalie- Dije entre cortado. Quería sentirla aún más cerca, quería sentirla alrededor mío y que me hiciera perder la poca cordura que me quedaba.
Me sonrió, y con algo de dificultad gracias a su barriga, agarró mi miembro para acomodarse en él y así dejarme entrar en ella. Explosión. Esa es la única palabra que se me viene a la cabeza para describir ese momento. Una explosión de sensaciones y sentimientos que no puedo describir en este instante. Rose inclinó la cabeza hacia atrás, perdiéndose en el momento, lo cual yo aproveché para besar su cuello, sus hombros, su clavícula, y todo lo que pudiera alcanzar con mi boca.
Rápidamente la velocidad se fue acelerando, nuestras miradas se conectaron, y aunque quería que esta situación durara para siempre, podía sentir como cada vez me acercaba de forma exponencial al orgasmo. Mis manos no se movían de sus caderas, de donde la tenía fuertemente agarrada para ayudarle a mantener el ritmo. Pero quería que ella sintiera más, así que acerqué mi pulgar derecho, y sin vacilar, la toqué en aquel pequeño bulto de nervios tan sensible. El gemido que salió de sus labios fue el más dulce de la noche.
-Emmett… me… me voy…- Dijo cuando el ritmo de nuestros cuerpos no era para nada coherente. Mi única reacción fue embestir con más fuerza.
-Aquí estoy… Vente para mí.- Y ocurrió. Sus paredes se apretaron con fuerza, sus manos se agarraron fuertemente a mis hombros, y sus piernas se tensaron a mis costados mientras ella ahogaba su gemido final en mi cuello. Esto bastó para llevarme al límite a mí también, abrazándola con fuerza cuando mi orgasmo me golpeó.
Aún con la respiración agitada, Rosalie levantó la mirada para clavarla en mis ojos, y así luego regalarme una hermosa sonrisa. Le sonreí de vuelta y con delicadeza le ayudé a separarse de mí. La tomé de la mano para que me siguiera, y la guie hasta el costado de la cama, donde abrí las sábanas para que se recostara. Yo hice lo mismo por mi lado, acomodándome de tal forma que Rosalie pudiera apoyar su cabeza en mi pecho. Así quedamos un buen rato, mirándonos a los ojos, escuchando su respiración, acariciando su cabello. Y sin querer, pasé a los brazos de Morfeo.
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Desperté con la sonrisa tatuada en mi rostro. Apenas volví a la conciencia recordé la noche anterior, pero un fuerte ruido me hizo abrir los ojos en sorpresa y fue ahí cuando me di cuenta que mi hermosa rubia no dormía a mi lado.
-Mierda- Se escuchó desde el primer piso. Aquello me respondió dónde se encontraba Rosalie. Me puse el pantalón de pijama que tenía bajo la almohada y salí en búsqueda de mi… ¿Novia? Aún no se lo he pedido, ni ella a mí… Sonreí al ocurrírseme que se lo pediría en ese mismo momento. Apenas la viera y le diera su beso de buenos días le preguntaría y no aceptaría un 'No' por respuesta. Por más que fuera "obvia" nuestra relación, necesitaba hacerlo oficial.
Apenas entrar a la cocina vi el origen de tanto escándalo. Millones de pedazos de vidrio roto yacían sobre el suelo. Pero nada de eso importaba, pues Rosalie estaba totalmente desnuda en mi cocina. Desnuda. En mi cocina. ¿Lo dije ya? Desnuda.
-Wow.- Fue todo lo que salió de mi boca. Rose reconoció mi presencia, y mirándome apenada me dijo
-¡Lo siento! No sé qué me pasa. Pareciera que tengo manos de mantequilla. Prometo reponer…-
-Mi reacción no fue por lo que sea que hayas roto.- Respondí rápidamente y enarqué la ceja de manera sugestiva. Ella, al comprender, me sonrió con seducción y un leve sonrojo en sus mejillas. Me acerqué a ella, pero Rosalie rápidamente me detuvo.
-¡Cuidado! Hay vidrio roto en el suelo.- Su expresión apenada volvió presentarse, y viendo que ella no podría moverse por sus pies descalzos, agarré la escoba y barrí todos los restos de lo que parecía ser un vaso. Arrastré los restos hasta un rincón, y enseguida me dirigí donde mi chica para tomarla de la cintura y besarla.
-Buenos días.- Me sonrió. Cómo amo esa sonrisa.
-Buenos días.- Se soltó de mi agarre, y girándose para tomar unos vasos del mueble superior dijo- Tengo el desayuno listo. ¿No te desperté con el escándalo de los vasos rotos, o sí?-
-Nop. Me desperté justo unos segundos antes.-
-Pensaba llevártelo a la cama.- Me miró con un puchero de lo más lindo.
-Puedo hacerme el dormido, no hay problema.- Ella rió.
-No es necesario. Pero sí creo que deberíamos comer arriba, no vaya a ser que Alice llegue junto a Lucy y me encuentren así.- Dijo a la vez que se indicaba a sí misma.
-¿Así… hermosa con tu disfraz de Eva?- Volvió a reír.
-Mejor ayúdame con la bandeja. Sirvo el jugo y te sigo.-
-Como mande.- Le besé la mejilla y luego agarré la bandeja para subir hasta la habitación.
Acomodé la bandeja en la mesa de noche, y a los segundos llegó Rose con dos vasos, uno en cada mano. Nos sentamos en la cama bien pegados uno al otro. Bebí un sorbo de mi café, y recordé lo que tenía pensado preguntarle.
-¿Rose?- Llamé su atención a la vez que ella mascaba su tostada. Me miró con cara interrogante.- Amm… ¿Tú quieres… ser mi novia?- Ay Diós, sonó como si estuviéramos en preparatoria. Terminó de mascar el pan y tragó. Creo que debí esperar a que terminara de comer ese bocado.
-¿No es obvia mi respuesta?- Me regaló la sonrisa más brillante que le había visto.- Sí, Emmett. Sí quiero.- Me agarró del cuello y me acercó a ella para besarme. Pasé mi lengua por su labio pidiendo permiso, el cual ella me accedió.
Con el desayuno ya olvidado, mis manos en su cintura y las de ella en mi nuca, las cosas se ponían interesantes. La temperatura volvía a subir y no gracias al café. La mano de ella que no estaba ocupada empezó a acariciar mi pecho, alentándome a seguir con lo empezado. Fue cuando pensaba en dejar la bandeja en el suelo, que mi celular sonó con una llamada entrante de mi hermana. Me despegué a regañadientes de Rosalie para agarrar el insolente aparato y contestar.
-Alice-
-Sólo llamaba para hacerte saber que voy en camino. Llego en 15 minutos.-
-Okay. Nos vemos.-
-Adiós.-
Miré a Rosalie con cara de decepción. Ella acarició mi mejilla y me susurró al oído.
-Ya habrá tiempo.- Le sonreí. Se despegó de mí, y parándose de la cama agregó.-Ahora hay que ponerse decente para recibir a Lucy… ¡Y terminar de comer! Que este retoño…-Se tocó la panza-… tiene hambre.
Me puse mi camiseta de pijama mientras veía a Rosalie recoger su ropa para volvérsela a poner. Disfruté el espectáculo, y aunque prefería verla quitándosela, no pude evitar encontrar erótico el hecho que se vistiera delante de mí.
Lo he dicho mil veces y lo seguiré diciendo: Esta mujer será mi muerte.
Ni cuenta me di como pasó el tiempo, y de repente ya han pasado des meses sin actualizar. No saben qué tanto lo siento. No tengo excusas, lo sé. Pero finalmente volvió a llegar mi musa inspiradora y casi de un tirón escribí este capítulo. De hecho no está ni revisado para traérselos antes. Ojalá les haya gustado.
Debo agregar que no sería nada sin sus comentarios ni su paciencia, pero no puedo prometer que el próximo capítulo estará luego porque soy inestable a lo que escribir se refiere. Lo que sí puedo prometer es que esta historia tendrá su final sí o sí, por lo que pido más paciencia aún.
Saludos.
Read&Review.
