En portada: True Damage, el grupo del momento, debuta a lo grande en París.
El grupo de moda viaja a la capital francesa a celebrar un importante concierto que abra la disputa de las finales de un conocido videojuego competitivo.
Pocos en Los Ángeles, ciudad que los vio nacer, no conocen ya al último grito de la música urbana. True Damage, que se ha dado a conocer en el panorama nacional, da el salto a los grandes escenarios como invitados de honor de una importante compañía de videojuegos y entretenimiento. Esto supondrá el inicio de un presumiblemente largo porvenir cargado de fama y éxitos de todo tipo. París, la ciudad del amor, será testigo del nacimiento de estas cinco grandes y jóvenes promesas en los próximos días. Sin duda, su público espera expectante la llegada del gran momento. ¡No nos lo perderemos!
Así rezaban prácticamente todas las publicaciones de aquel día, y sin embargo, a pesar de tanto entusiasmo, en ese momento uno de los ejemplares descansaba medio olvidado sobre uno de los asientos del jet privado rumbo a París; ya todos lo habían leído, y además, ¿para qué adelantarse a lo que estaba por llegar?
Ya los seis pasajeros del avión se habían decantado por prestarle atención a cualquier otra cosa. Qiyana, una de las vocalistas, probablemente estuviera soñando con el gran momento de brillar mientras se echaba una cabezadita provista de su fabuloso antifaz de viaje. Akali y Ekko, los dos raperos, compartían auriculares y se reían de algo que miraban en una tableta, probablemente vídeos cortos de situaciones cómicas que se hubieran hecho virales. Yasuo, el DJ y productor, había dejado a los "niños" por su cuenta y, armado de concentración, se había puesto a leer en completo silencio un libro estilo manga, que probablemente contuviera una de esas tramas dramáticas que tanto le gustaban. Y por último, Senna, también vocalista, dividía su atención en consultar su teléfono móvil, probablemente haciéndose a la idea de todas las tareas que les esperaban al llegar a su destino, y en dar cortos vistazos por la ventanilla que tenía a la izquierda.
Así mataban las horas de vuelo los cinco integrantes del grupo. Sin embargo, no es un error: había seis pasajeros en esa cabina. Aquel que les acompañaba era nada menos que Lucian, el marido de Senna, que, cómo no, se había prestado a acompañarla en aquel viaje. Estaba acostumbrado a acompañarla allí adonde fuera, y ahora que por fin su esposa iba a volver a los escenarios, se había propuesto estar allí para ayudarla en lo que fuera necesario y mostrarle todo su apoyo. En ese momento, estaba sentado frente a ella, dándole conversación cuando no la veía enfrascada en otra cosa y, a su vez, pensativo él mismo. Muchas cosas le rondaban la mente en realidad.
—¿Sabes, Senna? Yo ya había estado en París.
—Vaya, ¿en serio? —le respondió ella.
—No, solo intentaba impresionarte —añadió, articulando una media sonrisilla.
—Qué cosas tienes, idiota —rio Senna, con humor, negando con la cabeza ante las ocurrencias de su esposo. Sin embargo, en su fuero interno, le causaba sosiego notarlo de buen humor: no hacía tanto tiempo, Lucian no era tan alegre.
—Oye, cariño, pero ahora en serio… Sé que estás ocupada con el grupo, y que esto no es exactamente un viaje de ocio, pero… En tus ratos libres, podemos ir a conocer un poco la ciudad, ¿te parece? Así podemos aprovechar y tener un rato para los dos, ya sabes.
Su esposa no le respondió enseguida. En primer lugar, se limitó a dedicarle una sonrisa luminosa, aunque, justo después, no pudo evitar volver a consultar unos horarios que tenía guardados en su móvil. Efectivamente, no era un viaje de ocio, y tenía gran parte del tiempo de aquellos días cuidadosamente organizado. Echándole otro vistazo, y pensando en lo que Lucian acababa de proponerle, articuló un suspiro de resignación, sin abandonar su sonrisa.
—Claro, cariño, suena bien —dijo por fin, encogiéndose de hombros a continuación—. Pero creo que voy a estar bastante liada… Tenemos varias reuniones, ensayos y actividades programadas estos días. Aun así, descuida, intentaré sacar algo de tiempo para nosotros.
—Tranquila, lo entiendo. Ahora mismo, el grupo es muy importante, hay mucho que tenéis que hacer. Ahora que por fin vas a regresar a los escenarios, tienes que dedicarle tiempo a tu carrera, por supuesto —asintió Lucian.
—Así se habla, tío —terció Ekko, dándose la vuelta hacia la pareja con una sonrisa de oreja a oreja—. Admiro que la trates así de bien, y que dejes que sea libre. No hay que ponerle esposas a tu esposa, ¿verdad, marido?
—Por el amor del cielo, ¿voy a tener que pasarme el resto del vuelo escuchando tus chistes malos? —le replicó Lucian, poniendo los ojos en blanco.
—Tranquilo, Lucian, solo son diez horas de vuelo —apuntó Akali, sarcástica.
—Gracias, ahora me siento mucho mejor…
A pesar de todo, los cuatro rieron de buena gana. Yasuo solo había escuchado la conversación por encima y únicamente chasqueó brevemente la lengua para indicar que sí, que el chascarrillo había sido bastante precario. Qiyana, por su parte, seguía dormida como un tronco. Se mantuvieron en sus respectivas actividades y humores hasta que al fin llegaron a su destino. La señal luminosa del cinturón les avisó para que se prepararan para el aterrizaje. Senna, sin embargo, no dejó todavía su teléfono: lo usó para sacar algunas fotos del paisaje que se veía desde la ventanilla, mientras se fijaba con atención.
—Se ve la torre Eiffel desde aquí, mira —le dijo a su marido—. Creo que estos días la veremos muy a menudo. Bienvenido a París.
—Bienvenida al éxito —le respondió Lucian.
Mientras el avión iba descendiendo progresivamente, Lucian y Senna intercambiaron una breve aunque sincera mirada. Enseguida comprendieron que eran un apoyo el uno para el otro, y cómo agradecían internamente poder contar con la presencia del otro en un viaje tan importante. Cada uno por su lado, se sonrieron sencillamente y simplemente esperaron. Esperaron para descubrir qué les deparaba aquella pequeña aventura.
Nada más pisar suelo parisino, enseguida empezó a notarse que Qiyana había despertado por fin: había traído tanto equipaje que poco tardó en pedir a sus compañeros de grupo que la ayudaran a cargarlo. Mientras otros encajaban la situación con la simpática resignación de siempre, Ekko no se resistió a meter cizaña y burlarse de lo diva que podía llegar a ser. Como resultado, el trayecto hasta el hotel, uno de los pocos ratos libres y pacíficos de los que en teoría disponían, se convirtió en algo parecido a una sitcom, entre las mofas amistosas aunque mordaces de Ekko y los grititos histéricos de Qiyana.
—Al reservar vuestras habitaciones, tuve que haber pedido que os pusieran un par de cunas. Madurad un poco, ¿queréis? —los reprendió Yasuo, con cara de circunstancias. A sus ojos, estaba siendo el único adulto de la escena.
—¡A mí no me mires! ¡Si el zoquete de Ekko tuviera la decencia de no meterse con sus superiores…! —chilló Qiyana, altiva.
—Tú te lo dices todo tú solita, ¿no, Qi-Qi? ¡O sea, soy superior…!
—Vamos, Ekko, dale un respiro —terció Senna, armándose de paciencia—. Ya conocemos a Qiyana, la queremos tal y como es, no la pinches tanto.
—Vale, vale, lo dejo estar —se rindió, sonriente—. Pero solo porque me lo has dicho tú, hermanita.
Ekko había adquirido la costumbre de llamar "hermana" a Senna, a modo de apelativo cariñoso, puesto que en muchas ocasiones sentía que le hacía de hermana mayor. Además de considerarla una cantante muy talentosa, desde que integraban True Damage sentía un gran aprecio por ella, y sabía que era mutuo.
—Menos mal que Qiyana y yo compartimos habitación y podré mantenerla alejada de Ekko un ratito… —rio Akali, encogiéndose de hombros.
—Vamos, Senna, vayamos a dejar las maletas en la habitación. Además, estarás cansada del viaje —le propuso Lucian.
Así era, ciertamente, Lucian llevaba razón. Todos acordaron que dejar sus pertenencias en sus respectivas habitaciones era una buena idea, por lo que así lo hicieron, para, posteriormente, reunirse en la cafetería del lujoso y céntrico hotel parisino para cenar algo rápidamente. Habían llegado a París ya de noche, y el cansancio del largo viaje había hecho mella en todos ellos, por lo que, sabiendo que muchas obligaciones les esperaban en los días venideros, simplemente se echaron algo al cuerpo y se refugiaron en sus habitaciones a esperar un nuevo día. Eran suites dignas de las grandes estrellas, y sin embargo en True Damage no se estilaba la gran opulencia, por lo que eran estancias compartidas: Akali y Qiyana se alojaban en una, Ekko y Yasuo en otra, y Lucian y Senna en una tercera. Y aquella noche, en las tres estancias por igual, el sueño acudió pronto a todos los ocupantes.
A la mañana siguiente, y a pesar de todos las molestias de jet-lag, los miembros de True Damage ya se encontraban notablemente mejor. Ya podía ser así, pues les esperaba una reunión con los organizadores del evento en que tendría lugar el gran concierto al cabo de unos días. Desayunaron y, después de preguntar algunas indicaciones en la recepción, se dispusieron a ponerse en marcha.
—No sé cuánto tiempo se puede alargar la reunión, cariño. Es posible que tengamos que comer allí incluso —le dijo Senna a su esposo.
—Sí, puede ser, ya se sabe con esta clase de reuniones —asintió él—. Si quieres cuando vuelvas podemos ir a dar una vuelta por los Campos Elíseos, o ir a ver la Torre Eiffel, si te apetece.
—Suena bien. En cuanto esté regresando te aviso, ¿vale?
Sin embargo, después de toda una mañana de reunión y de, efectivamente, comer cerca de las oficinas de los organizadores, el prometido aviso de Senna se produjo, sí, aunque con un cariz distinto al esperado. A principios de la tarde, por fin encontró un hueco para llamar a su esposo y ponerle un poco al día.
—¿Qué tal la reunión, Senna? ¿Todo bien? —le preguntó Lucian, tomándose un café después de haber comido por su cuenta en un bistro del centro.
—Todo ha ido bien, no te preocupes, solo que ya sabes cómo se pueden alargar estas cosas. Respecto a eso… —empezó ella, un tanto dubitativa—. Los organizadores nos han propuesto ir por la tarde a un estudio para una sesión de fotos. Para tener listos los carteles publicitarios cuanto antes, vaya.
—Ah, claro, es cierto. No lo había pensado, pero tiene sentido, la verdad.
—No creo que podamos ir a dar un paseo hoy, Lucian. Probablemente acabemos llegando para cenar, y a saber a qué hora… —anunció, algo apenada.
—Tranquila, lo entiendo. Iremos mañana entonces, ¿te parece?
—Claro. Te veo luego, cariño. Cuídate.
—Lo mismo digo. Chao.
Por obvias razones, Senna intuía cierta decepción en el tono de su esposo. A pesar de ello, en ningún momento había notado ningún deje de reproche ni de enfado en su voz, por lo que no pudo por menos que alegrarse. Sin duda, a ella también le hubiera apetecido dar una vuelta junto a él y airearse un poco en los Campos Elíseos, pero en esos momentos, otros asuntos la reclamaban. Literalmente, de hecho: pocos segundos después de colgar, Akali vino a avisarla de que ya había llegado el coche que los llevaría al estudio de fotografía.
Cuando el grupo llegó de nuevo al hotel, efectivamente ya era hora de cenar. Senna vio enseguida a Lucian sentado en uno de los sofás del vestíbulo, leyendo algo parecido a una guía de la ciudad con cierto aburrimiento encima. Sin duda, tenía que haber estado un buen rato esperando y matando el tiempo, pero no mencionó nada al respecto, ni siquiera se quejó sobre nada. Simplemente, se acercó al grupo al verlos y les preguntó qué tal la jornada.
—Sentimos haberte dejado colgado todo el día, colega —se disculpó Ekko, con amiguismo—. Para que nos perdones, te guardamos una copia de algunas de las fotos que se hizo Senna. ¡Y te invitamos a cenar! Somos generosos, ¿eh?
—Si quieres también tenemos alguna de las fotos en las que Ekko ha quedado mal. Tienes bastantes para elegir —añadió Qiyana, maliciosa.
Antes de que se desatara la "guerra" de siempre, Yasuo se dio prisa por proponer un lugar que le había llamado la atención para ir a cenar. A falta de cualquier otra idea mejor, a todos les pareció bien la propuesta y cenaron amenamente, algo cansados, mientras comentaban las anécdotas más significativas de la jornada que habían vivido.
Según explicó Akali, al día siguiente tenían casi toda la mañana libre, puesto que tendrían ensayo intensivo durante toda la tarde, aunque por la mañana los teloneros iban a ocupar el auditorio por lo que después de comer iba a ser el turno de los True Damage. Fue entonces cuando todos dedujeron que por lo menos iban a tener la mañana libre para destinarla a un poco de tiempo de ocio, idea que no les desagradó en absoluto. Sin hacer planes más concretos a causa del inminente sueño que les asolaba, se despidieron del resto y se encaminaron a sus respectivas habitaciones.
—Entonces, ¿mañana no ensayas hasta después de comer? —le preguntó Lucian a su mujer, mientras se acomodaba paulatinamente en su lado de la cama.
—Eso parece, sí —respondió ella, poniéndose el pijama—. Comeremos pronto para llegar con tiempo al auditorio y tener tiempo de prepararnos bien.
—Es buena idea. Ya verás como os da tiempo, ya lleváis mucho tiempo ensayando en Los Ángeles —asintió—. Y entonces, si tienes la mañana libre, ¿quieres que vayamos a algún sitio? Tenemos ese paseo pendiente.
—Sí, claro, espero que mañana sí tengamos un ratito para nosotros por lo menos.
El día siguiente iba a ser una nueva oportunidad para hacer planes, así que marido y mujer se dieron las buenas noches y procuraron descansar para la nueva jornada que se avecinaba. Sin embargo, con expectativas siempre se afronta un nuevo día con más entusiasmo, como fue el caso de todo el grupo en general. El problema podía llegar a radicar en que dichas expectativas quizá no eran las mismas para todos ellos y, por qué no decirlo, podían llegar a resultar incompatibles.
—Chicas, ¿os apetece que nos vayamos por ahí de compras para hacer tiempo a la hora de la comida? Es noviembre y aquí refresca bastante, necesito una chaqueta que combine bien con estas nuevas mallas que llevo —dijo Qiyana.
—¿De verdad no tienes ninguna chaqueta en ninguna de todas esas maletas que nos hiciste cargar anteayer? Extraño, sin duda —comentó Yasuo.
—Ahora que lo dices, Qi-Qi, no me parece una mala idea. Yo también quería ir a echar un vistazo a las tiendas de ropa de por aquí —se unió Akali, caminando hacia su compañera de grupo—. ¿Quieres venir con nosotras, Senna?
Una mañana de compras con las amigas… El plan no sonaba mal, sin duda. Sin embargo, su marido y ella ya habían hecho algunos planes para esa mañana. Se sentía un tanto incómoda por tener que rechazar alguna de las dos proposiciones, por lo que se giró hacia Lucian inconscientemente. Él, que se había dado cuenta de la situación, se acercó y se dirigió a Senna.
—Es un buen plan, Senna, ¿por qué no vas con ellas? Seguro que os lo pasáis bien.
—Pero, cariño, ¿y lo de…?
—Ah, si ya habíais hecho planes no os preocupéis, podemos irnos Akali y yo sin problema —terció Qiyana.
—Vamos, Senna, estoy seguro de que te apetece mucho, ¿hace cuánto que no salís las tres en plan relajado? Anda, ve, no pasa nada.
—Lucian, cariño, me sabe mal, yo… —empezó Senna.
—Si las chicas nos dejan tiradas, nosotros nos vamos por ahí a dar una vuelta, a ver si probamos algún rico croissant parisino, ¡así les entre hambre y nos envidien! —rio Ekko, sin malicia intencionada—. Vente con nosotros, Lucian, tío.
Soltando una breve risa, el susodicho se giró hacia su mujer e hizo un ademán de sonreírle brevemente, mientras se encogía de hombros.
—¿Lo ves? Ya tengo planes yo también. No te preocupes por mí, de verdad. Sal y pásalo bien. Te llamaré más tarde, ¿de acuerdo?
Oyendo a Lucian argumentando de ese modo hizo que Senna sintiera que no podía negarse. Sin duda, su marido estaba siendo muy comprensivo con ella, como solía serlo, y aunque estaba segura de que seguía queriendo pasar tiempo con ella, en todo momento había decidido priorizar darle algo de espacio. En vista de que ya todos habían encontrado algo que hacer, Senna se dejó contagiar por el entusiasmo generalizado y disfrutó de una entretenida mañana de compras junto a Akali y a Qiyana, siendo una apasionada de la moda como era. Incluso ella misma se compró una bonita chaqueta y un par de camisetas, y al final, el tiempo voló.
Sin darse cuenta, llegó la hora de comer algo rápido y, posteriormente, dirigirse al auditorio del concierto para dedicarse exhaustivamente a ensayar. Yasuo se familiarizó con los controles de sonido y la mesa de mezclas; Akali hizo algunas tomas con su teléfono y analizó la distribución del escenario; Qiyana practicó piruetas con aquel característico aro suyo que la acompañaba en las representaciones; Ekko repitió una y otra vez la coreografía hasta que le salió perfecta del todo, y Senna trabajó en entonar bien los agudos y los graves de su parte de la canción. A ello dedicaron sus esfuerzos toda la tarde, de manera que repitieron el número hasta la saciedad, pero por suerte dio buenos resultados y finalizaron la jornada bastante satisfechos consigo mismos.
Cuando terminaron al fin, Senna llamó a Lucian para que fuera acercándose al auditorio y, en cuanto terminaron de cambiarse de atuendo, todos juntos pudieron buscar un bonito sitio para cenar. Acabaron en un local céntrico de diseño exótico que llamó la atención de Qiyana, y posteriormente Yasuo propuso ir a tomar una copa a un bar musical con bastante ambiente.
—¡No te pases, Qi-Qi, o mañana irás a la casa Louis Vuitton con toda la resaca! —la advirtió Ekko, entre risotadas.
—Eres muy gracioso, ¿no te lo he dicho nunca? —le respondió la susodicha, haciendo un claro uso del sarcasmo—. Tranquilo, que no iré sola. Senna tiene que venir conmigo mañana, podrá sujetarme si me caigo.
—¿Tú también tienes que ir, Senna? Pensaba que era Qiyana la que tenía la colaboración con Louis Vuitton, ¿cómo es eso?—preguntó Lucian.
—Yo también lo pensaba, pero resulta que han aceptado hacerme a mí también un conjunto en colaboración —le explicó Senna, alegre—. Mañana iremos a una reunión sobre ello, y los conjuntos los tendremos para la gala de después del concierto, ¡hasta entonces nadie los puede ver!
—Vaya, eso es estupendo, cariño. Seguro que te hacen un conjunto increíble. Además, seguro que le irá muy bien a tu carrera.
—¡Sí, bueno, pues yo no pienso dejar que ellas dos sean las más guapas de la fiesta, así que mañana aprovecharé para ir a por algo de ropa nueva para la gala también! —anunció Ekko—. Y ustedes, caballeros, van a venir conmigo.
—¿Es obligatorio? —inquirió Yasuo, alzando una ceja irónicamente—. Además, tengo que hacer otras cosas, como revisar la mesa de mezclas.
—¿No lo has hecho esta tarde? —le recordó Senna, extrañada.
—Sí, pero prefiero volver a hacerlo antes de convertirme en el estilista de Ekko —admitió, cruzándose de brazos.
—Yo creo que iré contigo, Yasuo. Tengo un par de cosas que hacer… Y también comparto tus motivos —se rio Akali.
—Sois un par de traidores, troncos —protestó Ekko, haciéndose el indignado a propósito—. Lucian, tío, solo me quedas tú, ¡no me falles, bro!
—Vale, lo que tú digas. Pero no me llames "bro", anda.
Todos juntos rieron de buena gana ante sus respectivas ocurrencias. Acto seguido, alzaron cada uno su copa y brindaron a la salud. Estaban pasando un buen rato, sin embargo lo de ir a tomar una copa tenía que ser literal, pues había que regresar pronto al hotel y procurar estar descansados para seguir rindiendo los días que quedaban.
Mientras ambos se preparaban para irse a dormir, Senna se extrañó un poco, en su fuero interno, de que aquella noche Lucian ya no le hubiera comentado nada sobre posibles planes para cuando ella tuviera algo de tiempo libre, como había sucedido la noche anterior. En parte, tuvo la sensación de que su esposo ya se había rendido al respecto, puesto que se había dado cuenta de que apenas tenía tiempo para nada, y no pudo evitar entristecerse un poco por ello. A pesar de todo, como Lucian no sacó el tema a colación en ningún momento, Senna decidió no hacerlo tampoco y ambos se resignaron a simplemente irse a dormir.
El tercer día, y como la casa Louis Vuitton no esperaba a Senna y a Qiyana hasta la tarde, el grupo pudo tomarse unos instantes de respiro, desayunar con calma y comentar aspectos referidos al cada vez más inminente concierto y todo lo que deparaba. En grupo, y procurando no llamar demasiado la atención, dieron una vuelta por las transitadas calles de París y se hicieron algunas fotos con monumentos históricos conocidos. Al cabo de un rato, y después de comer en un restaurante cercano, regresaron al hotel, puesto que habían acordado que alguien pasaría por allí a buscar a Qiyana y a Senna. Antes de que las dos se marcharan, sin embargo, se tomaron una foto junto con Akali en uno de los vestíbulos del hotel, enfrente de una gran ventana desde la que se veía la ciudad parisina, con la torre Eiffel al fondo.
El coche que iba a escoltar a Senna y a Qiyana hasta la casa Louis Vuitton fue extremadamente puntual. Ambas se despidieron del resto y entonces cada cual tuvo vía libre para pasar la tarde en la actividad que había previsto. Yasuo y Akali se encaminaron de nuevo al auditorio, el primero a revisar de nuevo la mesa de mezclas y la segunda a perfeccionar sus pasos de baile. Tal y como le había prometido, Lucian acompañó a Ekko a probarse algunos atuendos para la gala posterior al concierto y, por qué no decirlo, aguantó sus chistes malos, a pesar de que después todavía tuvieron tiempo para tomar una cerveza en una terraza y, según palabras de Ekko, tener una charla "de hombre a hombre". No pudo hacer otra cosa que tomárselo a risa: qué ocurrencia.
A una supuesta hora de cenar un poco tardía ya, el coche que las había recogido volvió a dejar a Qiyana y a Senna en el hotel, donde ya las esperaban los demás. A ambas se las veía contentas, con ganas de contar muchas anécdotas sobre la tarde que habían pasado.
—Ha sido increíble, ¡todo es fabuloso por allí! Además, creo que nuestros conjuntos no os van a decepcionar —apuntó una orgullosa Qiyana.
—Pero tendréis que esperar para verlos, no podemos decir nada. Será una sorpresa —completó Senna, riendo.
—Bueno, pues entonces esperaremos, aunque nada podrá superar el estilo que me ha ayudado a elegir mi bro, aquí presente —dijo Ekko, señalando a Lucian.
—Oh, no, ya está otra vez —respondió el susodicho, provocando las risas de todos—. Pero bueno, en lugar de hablar de eso, mejor vayamos andando. Se nos ha ocurrido un lugar interesante en el que podemos cenar.
—¿Idea vuestra? A ver adónde nos mandáis… —bromeó Akali.
Sin embargo, no dudaron en seguirlos, con la curiosidad de descubrir cuál había sido la gran ocurrencia. Pronto habían llegado a un local de karaoke, y fue Ekko el encargado de desglosar los planes, entusiasmado. Al parecer, les había parecido una buena idea pasar un buen rato cantando todos juntos de forma desenfadada para tener un buen recuerdo de sus días en París. A pesar de ello, como al día siguiente iban a necesitar reposar debidamente para rendir en el concierto, solo les quedaba aquel momento para divertirse un poco. El plan fue acogido con entusiasmo general, por descontado, y a ello le dedicaron las horas siguientes.
—¿Qué, Yasuo? ¿Por qué no nos cantas algo? —le animó Akali.
—Soy más de instrumentos, gracias, además de que todavía no he bebido lo suficiente como para eso —comentó con cierta sorna.
—¡Por favor, no más solos de Qi-Qi! ¡Tanto ego me va a matar! —gritó Ekko hacia el escenario, riendo tanto que se hacía obvio que lo decía por bromear—. ¿Por qué no nos marcamos un dueto romántico?
—Ni muerta, listillo —se negó la aludida, con un chasquido de hartura—. Eso déjalo para Senna y Lucian. Por cierto, ¿le dais?
Al principio la propuesta les pilló un poco por sorpresa, aunque, por supuesto, no en un sentido negativo de la palabra. De repente, ilusionada por la idea que había propuesto su compañera de grupo, Senna dejó su vaso en la mesa, se levantó del sofá y se giró hacia su esposo.
—Claro, ¿por qué no? —declaró, sonriente—. ¿Te apetece, cariño?
En lugar de responder, Lucian se encogió de hombros en un gesto de aprobación y se alzó de su asiento también. Junto a su esposa, eligió una canción que ambos se sabían bien, de cariz romántico, tal y como se habían propuesto. Tras unos segundos de instrumental, los dos comenzaron a cantar: como cantante, Senna tenía un talento natural para entonar, y se mostraba más desinhibida que Lucian, pero a pesar de todo, ambos se lo tomaron muy en serio. A mitad de la canción, se miraron a los ojos y descubrieron en los del otro una chispa muy especial. Se dieron la mano que no sujetaba el micrófono, y acabaron el tema con una sonrisa silenciosa. Cuando fueron coreados por el resto de los True Damage, hicieron un breve amago de darse un abrazo sentido.
—¡Hey, bro, cómo cantas! ¿Cuándo te unes a la banda? —dijo Ekko.
—No digas tonterías. No soy ni la mitad de bueno que Senna, o que cualquiera de vosotros. Ni siquiera canto —explicó Lucian, cruzándose de brazos.
—Bueno, pero en un karaoke es lo que hay. Ha estado bien —añadió Yasuo.
—En fin, siento ser la aguafiestas, pero mañana es el ensayo general y más nos vale estar más frescos que una lechuga. Toca batirnos en retirada —sentenció Akali, procurando sonar autoritaria aunque se lo estuviera pasando bien.
—Eh, Senna, ¡buenos días! —la llamó Qiyana—. ¿Todo bien, amiga?
—¿Eh? Ah, perdón, me he despistado un momento. Estaba pensando en una cosa —respondió la susodicha—. ¿Decíais de irnos ya? Sí, como queráis.
Así pues, con todos de acuerdo, emprendieron el camino de regreso al hotel. De repente, tanto Lucian como Senna se mostraban distantes del resto, en el sentido de que se hallaban perdidos en algún rincón de su mente, dándole vueltas a sus pensamientos. No se podía decir que estuvieran actuando fríamente, pero sí que estaban pensativos, cada uno a su manera. Solamente rompieron el silencio para despedirse brevemente de los demás y desearles buenas noches, aunque la pareja también acabó por irse a dormir sin comentar demasiado sobre la jornada que habían vivido. Por el momento, y en su pacto implícito, iban a guardarse las ideas para ellos mismos.
Al amanecer del día siguiente, sin embargo, se los veía mucho más habladores a los dos, como si hubieran relegado todos sus pensamientos a permanecer en el sueño de aquella noche. Una vez más, tomaron el desayuno continental que les ofrecía el hotel e hicieron todos los preparativos necesarios para irse al auditorio en breves momentos. Faltaban veinticuatro horas para el gran concierto solamente, así que era hora del ensayo general.
—Es posible que nos pasemos allí todo el día, Lucian. Ya sabes, hay que asegurarnos de que mañana todo salga perfecto —le dijo Senna, soltando un profundo suspiro.
—Me iré a dar una vuelta por la ciudad, entonces. Y luego vendré a esperaros aquí al hotel. No tengáis prisa, llegad cuando tengáis que llegar.
Y con estas palabras, marido y mujer se despidieron una vez más en lo que había durado todo ese viaje y emprendieron su camino separados. Dado que tanto el hotel como el auditorio se hallaban en pleno centro de la ciudad, llegaron enseguida y pudieron ponerse manos a la obra. Se pasaron un buen rato terminando de montar los preparativos de atrezo, sonido a iluminación y solo entonces ya pudieron dedicarse a repetir la canción una y otra vez, con coreografía incluida. En contadas ocasiones paraban brevemente para tomar agua y descansar un poco, y a mediodía comieron algo rápido para no perder mucho tiempo.
—Spinnin' this thing, gold in my ring, royalty up in my veins —cantaba Ekko, con el detalle de que no estaba cantando su parte de la canción, sino la de Qiyana, y sentado encima de su famoso aro colgando del techo.
—Ekko, ¿qué estás haciendo? Hay que fijar mejor el aro, te vas a caer como sigas moviéndote así —lo advirtió Yasuo, sujetándolo con cara de circunstancias.
—Solo quería ser la diva por un rato, ¡ja, ja! —y a continuación, empezó a hacer remeneos arrogantes imitando a su compañera—. Now they ask where QiQi's at, I'm like you can't hang with that!
—¡Ja, ja, lo has clavado, Ekko! —lo felicitó Akali, riendo desde el suelo, donde estaba tumbada para conseguir un mejor plano para grabar a su amigo.
—Te juro que no puedo con él, ¡es que no puedo! ¡Me saca de mis casillas! ¡¿Podrías parar de intentar ridiculizarme?! —le chilló Qiyana, cubriéndose los ojos con la mano en señal de pesadez.
Parecía que todos los demás se lo estuvieran pasando en grande, y sin embargo, Senna no estaba siendo partícipe del entusiasmo general. En cuanto más le echaba un vistazo al escenario y, además, a todas las butacas del público, de momento vacías, más pensativa se sentía. Miles de ideas se arremolinaban en su cabeza hasta el punto en que le pedían salir para no terminar convirtiéndose en una carga pesada. Con un principio de nudo en el estómago, sacudió la cabeza y se levantó de su asiento, guardando el libreto de la canción repleto de notas suyas.
—Esto, chicos… ¿Creéis que podéis terminar el ensayo sin mí?
—¿Algún problema, hermanita? ¿Te encuentras bien? —le preguntó Ekko.
—Sí, sí, todo está bien. Es solo que prefiero descansar la voz para mañana, no sea que fuerce la garganta. Además, todavía no he terminado de decidir qué me voy a poner mañana para el concierto.
—¡Pero si me enseñaste el otro día unas cuantas ideas que tenías y estaban todas muy bien! —le recordó Akali.
—Lo sé, pero no he tomado una decisión aún. Voy a hacer una última prueba de vestuario, así termino de decidirme. ¿Os parece?
—Claro, no te preocupes. Terminamos de practicar con un par de cosas y luego iremos a buscarte para cenar —asintió Yasuo, condescendiente.
—¡Chao, nos vemos! —se despidió Qiyana.
Senna se despidió también de ellos, recogió su bolsa y el resto de sus cosas y salió del auditorio. Nada más cerrar la puerta tras de sí, sintió la necesidad de suspirar profundamente. Mientras caminaba en dirección al hotel, procuro respirar hondo y poner las ideas en orden. Entonces, buscó su móvil y marcó el número de Lucian. Tras un par de toques, la voz de su marido le respondió al otro lado.
—¿Ya habéis terminado, cariño?
—Estoy volviendo al hotel yo sola, el resto vendrá en un rato. Quería pasar por la habitación para probarme unos cuantos conjuntos para mañana. ¿Estás allí?
—Estoy en el bar que hay justo enfrente, ¿por qué lo dices?
—Por si te apetece acompañarme. Así me puedes dar tu opinión.
"Y podemos pasar un rato juntos, por fin", quiso haber añadido. Sin embargo, solo escuchó la afirmación de su marido al otro lado. Incluso, antes de colgar, casi le pareció notar que Lucian se había bebido toda una lata de refresco a toda prisa, ya que probablemente todavía tenía la lata entera, solo por poder acudir puntual a su encuentro. Qué clásico de él.
Cuando Senna llegó al hotel, se encontró con que Lucian ya estaba allí, de pie en el vestíbulo, esperándola. Pronto se acercó a ella, justo a tiempo para notar el medio suspiro que su esposa articulaba, aunque enseguida trató de reponerse y le dedicó una sonrisa.
—Aquí estás —dijo Senna, sonriéndole.
—Aquí estoy —repitió Lucian—. ¿Va todo bien, cariño?
—Sí, todo bien. ¿Subimos?
