Alfred se paseaba entre los presentes pensativo los observaba como quien va a una carnicería y está decidiendo que trozo de carne se llevaría.
—Amerique por favor no hagas esto—le suplicó Francis.
—Qué irónico yo también os supliqué y continuasteis torturándome. Tranquilo Francia ya te tocará y tengo algo especial reservado para ti y Arthur—
Los dos se estremecieron ante eso.
Alfred se paró frente a Japón con una sonrisa de depredador.
—Tú Kiku—
El japonés intentó zafarse pero el americano lo agarró le quitó las cadenas y lo puso a la fuerza en una silla y lo ató.
—! Alfred ! ¡Para esto!—Alemania luchaba contra sus ataduras intentando llegar a su amigo, Italia miraba aterrado a Japón, quiso ir hasta él pero las cadenas y el miedo se lo impedían.
—No os preocupéis tíos no os mataré solo voy a daros una lección—dijo esta palabra dándole mayor énfasis.
América miró fijamente a los ojos de Japón—Kiku siempre te consideré mi amigo de verdad creí que lo eras jugábamos videojuegos juntos y leíamos cómics, hasta me ayudaste a ganarle a Inglaterra en Halloween—
Japón no era alguien que mostrara emociones pero los ojos se le humedecieron sin poder evitarlo y la culpa aguijoneando le el corazón.
—¡Yo era tu amigo!—Alfred tenía una expresión de agonía en su rostro, se volvió a los demás—¡Era vuestro amigo, confié en vosotros y me traicionasteis! ¿Por qué?—
El G8 escuchaba a América en shock y un gran peso en ellos jamás habían visto a América así, sobre todo Inglaterra cuya única frase no paraba de repetirse con fuerza en su cabeza.
¿Qué hemos hecho?
América volvió a su aparente calma y le sonrió a Japón.
—Japón tú y yo nos conocemos desde hace muchos años. Tú más que los demás deberías saber que no me gusta nada que me traicionen ¿Recuerdas lo de Pearl Harbor?—
Kiku se estremeció cuando mencionó aquel incidente lo hizo obedeciendo órdenes aunque no pudo negar la satisfacción al ver a la joven nación entre las ruinas del puerto—
—Sí por aquel entonces también me apuñalaste por la espalda, creía que habías cambiado pero al parecer no ¿Y recuerdas lo rencoroso que soy? ¿verdad? Yo te di una lección ese día—
Japón lo miró horrorizado.
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Japón se paseaba entre las ruinas de Pearl Harbor con la satisfacción de haber ganado esa batalla. Se acercó a Alfred que se encontraba arrodillado sosteniendo el cuerpo de uno de sus soldados. No podía verle los ojos, el pelo los tapaba pero las lágrimas rodaban por las mejillas.
—América-san esto tarde o temprano ocurriría, debiste preverlo y esta guerra no la ganarás—se dio media vuelta dejando a la lamentable nación, pero algo lo detuvo.
Era una risa.
Una risa escalofriante que parecía venir del pozo más profundo del averno. Se escuchaba por todo el desolador paisaje, era fría casi inhumana y demente. Japón se volvió con cautela hacía América la nación seguía en su posición actual solo que ya no lloraba se reía con la cabeza baja. Kiku Fue a hablar pero América se levantó y colocó suavemente al soldado muerto en el suelo, el flequillo le tapaba los ojos pero sonreía de una forma maníaca que le dio escalofríos en la columna a Japón.
Japón no supo cómo, pero se vio volando por los aires mientras el dolor le explotaba en el estómago, chocó contra algo duro y finalmente desplomándose en el suelo. La cabeza le daba vueltas y veía doble ¿qué había pasado? Notó como alguien le agarraba del cuello de su uniforme y le tapaban los ojos con un trozo de venda.
—Siento si te tapo los ojos pero es que ahora no soporto ver tu asquerosa mirada de traidor además de presumida por un guerra que cree que ha ganado—
Japón sintió que lo tiraban al suelo con fuerza y notó cómo América le robaba la espada.
—¿Que planeas hacer? ¿me vas a ejecutar?—
—¿Ejecutarte?, qué dramático eres Kiku por supuesto que eso se hace a los que tienen al menos algo de honor y tú desde luego no tienes ninguno, pensé que eras un honorable samurái—
Japón sintió la ira aumentar en él ¿cómo se atrevía a decirle aquello? ¿que no tenía honor?
—No voy a matarte Kiku, hay cosas mucho peores que la muerte, es lo que creo. Y en cuanto a la espada te la devolveré cuando te haga pagar lo que has hecho hoy—
Se acercó a Japón hasta que su boca estaba muy cerca de su oreja, la nación isleña no tenía idea de por qué, pero el miedo lo llenó como si un monstruo o demonio estuviera allí.
—Haré que te arrepientas amargamente de lo que hiciste hoy Kiku cometiste un grave error al matar a mi gente y eso es algo que no tolero sobre todo si es por la traición ¿qué pensaste al hacer esto? Seguramente creías que yo era un estúpido mocoso que podíais pisotear, pero os equivocasteis—
Soltó a la nación isleña y se levantó mirándolo.
—No descansaré hasta que tú estés en el suelo cubierto por tu sangre y entrañas, lamentando tus errores y créeme lo haré. Soy muy paciente, no me importa esperar lo que haga falta si es para vengarme—
Japón escuchaba todo esto asustado, aunque por fuera no mostrara mucho sus emociones.
—Déjame darte una lección, nadie me traiciona sin pagar caras con las consecuencias nadie—al terminar de decirlo Alfred se marchó.
Cuando estuvo seguro de que se marchó Japón se quitó la venda y miró a su alrededor ¿qué ocurrió? ¿era América o un espíritu monstruoso con su forma que vino a atormentarlo?
Se levantó y se fue en dirección a donde le esperaban sus hombres. La operación había sido un éxito pero no pudo evitar el temor y la sensación de que habían cometido un gran error. Recordó las amenazas de América y su aptitud.
Intentó ignorar la sensación de que todo lo que ocurrió fue era real, y el terror que sintió con la nación más joven. Solo quería asustarlo seguro.
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—Eso es lo que pasó Japón se paseó muy presumido y como os conté acabó más asustado que una gallina—
Las antiguas potencias del eje miraron a Kiku, el jamás les dijo aquello. América al ver su mirada lo comprendió y sonrió.
—Veréis aquella época fue muy caótica y no creo que Japón quisiera contaros lo sucedido sobre todo con lo que ocurrió en Hiroshima y Nagasaki—
El japonés cerró los ojos ante la mención de las ciudades todavía tenía pesadillas, el fuego el dolor, su gente muriendo de la radiación. Alfred cogió la barbilla de Japón y lo miró aunque Kiku no podía ver los ojos del otro por las gafas.
—¿No lo recuerdas Japón? Bueno no te lo reprocho fue tan horrible pero te refrescaré la memoria al final cumplí mi promesa y te devolví la espada—
Japón no entendía lo que decía, recordaba que le robó la espada pero no que se la devolviera. Estaba a su lado cuando lo encontraron en el suelo agonizando por las bombas...Kiku miró horrorizado a Alfred, quien le sonrió con una dulzura que asustaba a los presentes.
—Veo que ya lo recuerdas supongo que lo olvidaste por el estrés post postraumático—
—Japón ¿de qué está hablando aru?—China miró preocupado al japonés jamás lo había visto así es como si estuviera viendo al diablo.
—Verás China—le dijo Alfred
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Japón en un estado deplorable apenas se podía sostenerse en pie. Utilizaba una rama como bastón para intentar caminar las amenazas del gobierno americano fueron ciertas y soltaron una bomba sobre su ciudad Hiroshima.
Se sentó intentando recuperar el aliento, jamás había visto un arma de semejante de poder destructivo, debió escuchar a América y no subestimarlo.
—¿Lamentando ahora tus decisiones Kiku?—
La nación se volvió hacia América vestía un uniforme militar, con su chaqueta de aviador y unas gafas de aviador. Apoyaba su espalda en la pared de un edificio en ruinas y con las manos en los bolsillos.
—¿A que has venido América? ¿A regodearte?—
—No que va solo he venido a darte un ultimátum. Mi jefe quiere que os rindáis o si no otra de mis bellezas caerán sobre una ciudad tuya—
El japonés los miró con los ojos como platos ¿otra monstruosidad de esas? Sopesó si era mejor la rendición. Pero sus aliados Alemania e Italia ya se habían rendido y se negaba a ceder también.
—¡Jamas!—
—Eres muy valiente pero también un idiota—
No tardaron en lanzar otra bomba en Nagasaki y un dolor inimaginable atravesó a la nación, Japón no era consciente de nada a su alrededor solo de las llamas y los gritos de su gente al morir. Al final no era más que una masa de brazos y piernas ensangrentados y quemados, la garganta le ardía y no era capaz de moverse de su posición arrugada en el suelo.
Alfred levantó a la nación maltrecha y lo puso de pie, Kiku se habría caído de no ser por que lo sujetaba la otra nación, notó que sujetaba una katana.
—¿Lo recuerdas Kiku? Te dije que cumpliría mi promesa de devolverte tu espada cuando te hiciera pagar por lo de Pearl Habor—tiró a japonés al suelo y desenvainó la katana—Y hablando de promesas, te prometí otra cosa que también cumpliré—
América hundió la punta de la espada en el abdomen y empezó a abrirlo en canal. Japón si no tuviera la garganta destrozada habría gritado este hombre...no era un demonio que venia a torturarlo.
Cuando concluyó su trabajo el Americano observó su obra y asintió satisfecho, Kiku estaba abierto en canal y le había sacado las entrañas como si fuera un pez.
—Bueno Kiku te dejo seguro que la ayuda no tardará en llegar—
Una vez solo Kiku miró el cielo ceniciento mientras un dolor atroz le recorría el cuerpo, América había tenido razón lamentaba profundamente haberlo atacado.
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Los de la habitación miraban horrorizados a Alfred que les sonreía.
—Al...¿tú...en serio le hiciste eso a Japón?—Matthew no se lo podía creer, su hermano, jamás imaginó que fuera capaz de tal crueldad.
Inglaterra tampoco se lo creía, su antigua colonia ruidosa y alegre no haría algo así.
Ludwin estaba con la boca abierta—¿Torturaste a Japón cuando ya no podía ni moverse por las bombas?—
Italia y Romano estaban en shock ya arrepintiéndose de su decisión que los llevó a todo esto.
—Si, ¿cuantas veces tengo que decirlo?—Alfred parecía que ponía los ojos en blanco detrás de las gafas—Y ahora parece que otra vez vas a ser castigado Japón—
Japón lo miró alarmado—Escucha Alfred-kun yo...—
—Ahórrate las explicaciones, debisteis pensarlo dos veces antes de que tú y los demás me hicierais daño—miró a la nación—Tú en realidad no me conoces Kiku, ninguno de vosotros lo hace ni siquiera mi familia—
Canadá, Francia e Inglaterra lo miraron sin saber qué decir, al verlo así y sus acciones en el pasado ya se daban cuenta de que Alfred les había ocultado cosas.
—Bueno es hora de que me conozcáis bien os lo iré diciendo, pero antes tengo hacerle ver a Japón lo que pasa cuando alguien me traiciona y qué mejor lugar donde hacerlo que donde me violasteis—
Las naciones estaban incrédulas y asombradas ¿los había traído allí? Por eso a Italia le resultaba familiar aquel lugar.
Sacó lo que parecía una navaja y se acercó a Kiku, las naciones intentaron detenerlo pero estaban encadenados. Le rogaban a Alfred que se detuviera pero fue en vano.
—Japón en todos los años que te he visto apenas te he visto sonreír siempre tan calmado e inexpresivo, bueno yo te puedo ayudar a sonreír más—
El japonés lo miró sin comprender pero tenía un mal presentimiento, Alfred se colocó detrás de él y le puso una mano en el hombro.
—Déjame que te de una sonrisa permanente—
Alfred agarró a Kiku por el cuello mientras Alfred colocaba la navaja en la comisura de la boca. De un movimiento rápido le abrió la cara casi hasta la oreja, después hizo lo mismo en el otro lado de la cara. Kiku aulló de dolor
—¡Japón!—Alemania intentó llegar la nación, Italia lloraba mientras su amigo era torturado y mutilado.
Las naciones miraron aterrorizadas mientras Alfred mutilaba a la nación isleña, le había dibujado con la navaja una sonrisa al estilo joker en la cara.
—¡Vaya japón!, ¡qué guapo estás ahora!—sonrió viendo la cara maltrecha de la nación—Pero ahora que lo pienso te he puesto la sonrisa demasiado grande, no te preocupes lo arreglaré—Alfred rebuscó entre sus cosas y saco una aguja grande e hilo
Las naciones lo miraron conmocionadas ¿que pretendía ahora?
Alfred se puso a Coser la sonrisa sangrienta de Japón—Cuando era una colonia Artie me enseñó varias cosas entre ellas coser, aunque nunca me interesó ¿quién habría imaginado que me sería útil algún día?—
Se rió mientras continuaba, Japón gritaba cuando hundía la aguja en su carne y le cosía sin anestesia. Al terminar Alfred retrocedió y asintió, les mostró lo que había hecho a los demás todos menos Rusia estaban horrorizados.
—Bueno chicos ¿que os parece? Le he vuelto a coser aunque creo que cosí más de lo necesario—
No solo le había cosido la las incisiones, también la boca por lo que Japón no podía gesticular palabra.
—Bueno te pareces un montón a Jack skeletor—
La verdad se parecía mucho al esqueleto, con esa sonrisa cosida en hilo negro.
Las naciones miraban conmocionadas sin poder creérselo nunca imaginaron ese nivel de brutalidad en América.
Arthur miraba a su antigua colonia en shock, ese salvajismo nunca lo vio en Alfred.
—Japón...—Feliciano se llevó una mano a la cara intentar contener las ganas de vomitar, Romano no estaba mejor, tenia un tinte verde en su cara.
Ludwin miraba con furia a Alfred—¡ERES UN MONSTRUO!—
—¿Yo? ¿un monstruo? No deberías decir eso tú Ludwin. Tú y las otras naciones aquí presentes habéis hecho cosas que os definirían de monstruos también. Y yo solo he hecho esto para daros una lección—
Se acercó a un cajón, sacó un cuchillo y un soplete y puso al rojo vivo la hoja del cuchillo.
Todos veían esto atemorizados.
—China ¿recuerdas cuando tú y Japón juntos me violasteis a la vez? Eso fue muy doloroso, sobre todo porque os consideré mis amigos. Solo eres un hipócrita, deberías preguntarte porque ni Japón ni ninguno otro de tus hermanos te aguanta—
China observaba cómo se acercaba a él, el terror lo paralizó, cuando violaron a la nación creía que Alfred no haría nada, que lo dejaría pasar por alto pero se equivocó América tenía un nivel de locura que parecía superar al propio Rusia.
—He encontrado un modo de aceros pagar, vosotros dos me violasteis a la vez así que os lo devolveré—le mostró el cuchillo al rojo vivo—Pero con esto—
La habitación se quedó en silencio incluso Iván ya no sonría y miraba a Alfred como si lo viera por primera vez, parecía más pálido de lo normal.
—Espera Alfred—Francis tenía un tono que rozaba la mendicidad—Por favor no hagas esto—
—Alfred, no lo hagas—Inglaterra imploraba que se detuviera esta locura, los demás estaban igual.
—Cuando me violasteis yo os supliqué que pararais y no lo hicisteis—
La habitación se llenó de los gritos de agonía de China mientras América lo torturaba hundía el cuchillo profundamente en él, como si una lava ardiente y cortante lo atravesara desgarrándole por dentro.
