—Ha sido interesante—Alfred se limpió las manos ensangrentadas con un trapo—¿Cómo estáis China, Japón?—

Ambos se encontraban en el suelo, Japón en los brazos de Yao temblaba y China mismo también, había sangre en el suelo y un olor a carne quemada, las naciones de la habitación se repugnaron.

—Deberíais darme las gracias si no hubiera usado un cuchillo sin estar al rojo tendríais más hemorragias pero como están cauterizadas no tanto—se rió mientras guardaba el cuchillo en un cajón—

Feliciano temblaba aterrado en los brazos de Alemania mientras él y Gilbert intentaban consolarlo, Ludwin miraba la carnicería que cometió Alfred ¿de verdad había sido así todo el tiempo y ocultó lo que era tras una máscara idiota?

Canadá estaba en shock, Inglaterra y Francis parecían seguían sin creerse que aquel a quien había criado fuera así y les hiciera esto.

Aunque pensándolo bien ellos mismos eran unos hipócritas.

—¡TU! ¡BASTARDO AMERICANO TE DESTRUIRÉ!—Rusia estaba totalmente fuera de si mientras intentaba alcanzar a Alfred. Durante la tortura de Yao, Iván había gritado intentando ayudarlo.

—Ahorrártelo Iván por mucho que lo intentes no te soltarás—

Rusia sonrió de forma inocente y espeluznante—No aprendiste nada ese día ¿da? fuimos demasiado blandos ese día contigo, así que ven aquí y lo que te pasó no será nada comparado a lo que te haré ¿da?—

Todos en la habitación se quedaron en silencio aterrorizados.

Yao miró con horror a Iván, el ruso estaba loco ya podía imaginarse su epitafio.

Alfred miró a Rusia muy calmado y se puso a reír.

—Rusia siempre tan franco es por eso que no tienes amigos—agarró el grifo de Rusia y le golpeó con ella en ambas rodillas, se oyó el crujido de la rotura de huesos.

Iván cayó al suelo sin hacer ningún ruido apretó los dientes negándose a darle a América la satisfacción.

—Hay Rusia tu siempre tan difícil—América se sentó en su sillón y lo miró como quien observa una rara especie—A mí no solo me gusta torturar a las personas físicamente, sino también psicológicamente. Sé que la mejor manera de torturarte es así—

—Eso no funcionará conmigo americano—escupió con desprecio el ruso.

—Rusia no seas tan idiota, para mi la mejor manera de atormentar de forma psicológica a alguien es descubrir sus más profundos secretos. Cosas que si los demás se enteraran podría hasta destruir sus vidas—América se inclinó hacia delante sentado—Durante estos meses os espié, me infiltré en vuestros ordenadores y me colé en vuestras casas—

Las naciones lo miraron incrédulas.

—Por supuesto descubrí cosas muy interesantes—les sonrió, cogió un ordenador portátil conectado a una pantalla grande y los de la habitación vieron lo que hacía—Ahora me voy a introducir en el ordenador de uno de vosotros y voy a mostrar sus trapos sucios—

Vieron en la gran pantalla cómo se infiltraba en el ordenador de alguien, en el fondo de pantalla había una imagen de la gran muralla china.

—¡Te has metido en mi ordenador!—exclamó Yao.

—Sí no fue muy difícil, veamos tu correo—se introdujo en la cuenta de Yao ignorando sus protestas—¡Ah, mira en tus chats!—

Se introdujo en los chats de Yao, unos eran de sus hermanos, otros hablando de negocios con otras naciones y los mensajes que tenía con Rusia que eran bastante amorosos. Pero luego había otros de Corea del Sur que eran mensajes muy interesantes.

C.S:Te hecho de menos China.

Todos sabían de la fijación de Corea del Sur por Yao y el otro siempre lo evitaba. Pero el mensaje a continuación los dejó de piedra.

Ch:Yo también te hecho de menos.

C.S:¿Por qué no dejas a ese monstruo ruso? Estoy harto de esconder nuestra relación solo puedo acercarme a ti cuando te agarro los pechos, pero Rusia puede besarte sin tener que ocultarlo.

Ch:Lo sé cariño pero espero el momento para decírselo, temo cómo se lo tomara.

C.S:Solo son excusas.

Ch:Por favor no digas eso, pero no quiero que Rusia te haga daño si se entera.

Las naciones miraron a Rusia, China estaba blanco como el papel mirando entre los mensajes y Rusia. Iván estaba completamente quieto sin decir nada ni hacer ningún ruido hasta su sonrisa estaba congelada algo que los inquietó más.

—¿Que es esto?—preguntó en voz baja y helada—¿Acaso pretendes engañarme con tus truquitos?—

Alfred lo miró serio—No son trucos Iván Yao te la ha pegado con Yong Soo. No lo he alterado, son mensajes de China y Yong ¿a que sí China? ¿no querías romper con él? Pues ahora puedes te estoy dando una oportunidad única—

—Yo...—Yao no sabía qué hacer lo habían atrapado y Rusia parecía a punto de estallar.

—Yao, dile a este idiota que no es verdad que esos mensajes son falsos—

China no se atrevió a mirarlo a los ojos no podía mentirle, ya no lo soportaba.

—Lo siento Iván pero es verdad hace más de un año que Corea del Sur y yo nos vemos en secreto. Pero ya no puedo ocultarlo ¡yo lo amo!—China tenía lágrimas en sus ojos.

Los del G8, incluso Romano no dijeron nada, contenían el aliento. Rusia, más pálido de lo normal, miraba a su novio con incredulidad y de repente sé hecho a reír a carcajadas los demás lo miraron sorprendidos. El ruso jamás había reído así era una risa hueca y tan pronto como empezó paro, Iván se secó las lágrimas si eran de risa o angustia no sabían pero el aura púrpura lo rodeaba, haciéndole aún más aterrador.

—Bueno supongo que cuando salga de aquí iré a por ese niñato y matarlo—su voz sonaba baja y terrible.

—¡Ni se te ocurra aru! No le vas a poner la mano encima—

—¡TU CALLATE!—rugió el ruso—¡ME HAS TRAICIONADO Y POR ESA POCA COSA!—

—¡NO LO LLAMES ASÍ! ¡EL ES MUCHO MEJOR QUE TÚ Y UNA BUENA PERSONA, POR ESO NO QUERÍA DECÍRTELO, ESO Y POR QUE ERES UN MONSTRUO!—

China se calló pero era demasiado tarde Rusia se quedó en shock.

—Tu...¿de verdad piensas de mí eso?—

—Iván no quise decirlo, nolo eres pero a veces actúas de una forma que asusta a los demás—

Iván bajo la cabeza con la sensación de que su corazón saltaría de su pecho pero esta vez se romperia como el vidrio en un millón de pedazos, China su China no lo quería amaba a otro y le tenía miedo como los demás.

—¡Qué conmovedora escena!—Alfred aplaudió—Pero en fin todavía no he acabado con vosotros dos—

Tanto Yao como Iván lo miraron recelosos, temiéndose lo que haría a continuación. Alfred les mostró en la pantalla fotos y un vídeo de su violación.

—¿Cómo has conseguido eso?—preguntó alarmado, alguien de la habitación.

—Bueno busqué entre vuestras cosas no solo para saber vuestros secretos sino para hacerme con esto, un jefe mío me dijo que la mejor manera de derrotar a un enemigo es explotando su punto débil y el vuestro es la arrogancia—hizo una pausa mientras miraba a Francia—Fuisteis tan arrogantes como para hacer fotos y vídeos ese día queríais y usarlo contra mí para chantajearme y como un trofeo, bastardos. Pero la jugada os salió mal—

—Tengo en mi poder todos los vídeos y fotografías ahora no tenéis nada con lo que chantajearme cuando volváis a casa comprobadlo, ahora yo usaré esto para castigaros—

Cogió las fotos y el vídeo y se puso a enviarlos a Ucrania y Bielorrusia en sus correos, hizo lo mismo con Corea del Sur.

—¡Espera no! ¡por favor!—China suplicaba no queriendo que Yong se enteraba de aquello—¡Perdóname por favor!—

—¡América no!—Iván se revolvió, no quería ni pensar en la reacción de sus hermanas incluso Bielorrusia estaría indignada con él.

—Haberlo pensado antes—envió los mensajes—Lo bueno es que una vez que abran el correo y vean las fotos y el vídeo en cuanto lo cierren desaparecerá de sus correos solo yo tendré estas imágenes y se las mostraré a algunas personas para que sepan la clase de escoria que sois—

Rusia gritó, un llanto de agonía que resonó en toda la habitación, China lloraba sabiendo que Yong no le perdonaría esto.

Mientras las dos naciones se desmoronaban Alfred los contemplaba con una sonrisa sádica.

Las otras naciones del G8 ya se temían lo que pasaría a continuación Alfred se acercó lentamente a los hermanos Italianos. Ludwin rodeó entre sus brazos a Feliciano que temblaba violentamente, Alfred con sus gafas oscuras inquietaba más.

—¡No! ¡Lovino!—Feliciano desesperado intentó impedir que Alfred agarrara a su hermano, el italiano mayor pataleo he intentó resistirse pero las manos de América eran como tornillos de banco.

—¡BASTARDO HAMBURGUESA, SUÉLTAME!—en el forcejeo Lovino le dio sin querer a Alfred en la cara y sus gafas se cayeron mostrando sus ojos.

Romano se quedó horrorizado, los de la sala estaban asombrados de lo que tenían delante.

Los ojos de Alfred ya no eran su habitual azul cielo, ahora su iris era de un rojo como el de Prusia pero más intenso y sombrío, la parte blanca de sus ojos era negra dándole un aspecto aterrador a la nación.

—¿Que...que es eso?—