Capítulo 15
Bonus Chapter (If Know What I Mean)
POV Omnipresente
El calor se podía sentir por toda la casa. Manos frenéticas tocaban donde ya sabían la reacción que provocarían. Se conocían tan bien, se complementaban de una manera tan desconocida para el mundo, que ya era imposible imaginarlos por separado. Era como su estuviesen haciendo esto por años, cuando en realidad no llevaban juntos ni uno.
El vestido de Rosalie se hallaba más arriba de donde la decencia lo permitía gracias a las grandes manos de Emmett que se apresuraban en acariciar sus muslos, mientras la boca del grandote dejaba marcas a diestra y siniestra en su cuello y hombros. La rubia no se quedaba atrás, y con la camiseta de Emmett ya fuera del camino, se disponía a luchar contra el cinturón que sujetaba los pantalones del musculoso en su lugar. Emmett no le dio tiempo para completar su tarea, sujetándola firmemente de su trasero la subió de un solo impulso al mesón de la cocina, lo que causó en Rosalie un gritito de sorpresa, para luego dar a lugar a una furtiva risa en ambos.
Sin perder más el tiempo, Emmett arrancó de un tirón las bragas de la rubia y las tiró al piso. Su boca buscó la de Rosalie, y dándole un beso febril apoyó ambas manos en las rodillas de la rubia, para luego ir subiendo por sus piernas a la vez que estas se abrían. De manera lenta y tortuosa llegó hasta su centro, y cuando uno de sus pulgares rozó aquella zona húmeda, un gemino escapó de los labios de Rosalie rompiendo el beso. El maravilloso sonido encendió las llamas aún más en Emmett, recorriéndole un calor de pies a cabeza. Su erección le empezaba a doler dentro del pantalón, gritándole por favor que fuera liberada de su prisión de algodón. Y Rosalie tenía toda la intención de cumplir aquella petición. Con manos temblorosas por la emoción terminó de desabrochar el cinturón, siguiendo el mismo destino el botón y cremallera del pantalón, para luego acariciar la hombría de Emmett por encima de su ropa interior. Ahora era el musculoso el que dejaba escapar un gruñido de placer.
-Rosalie…- apenas pudo ordenar las sílabas de forma coherente.- Si sigues así, juro que me voy dentro de mis calzoncillos.-
-¿Y?-
-Y la verdad es que pretendo irme dentro de otro lugar mucho mejor.-
-Entonces tómame. Tómame ya.- Rosalie metió su mano dentro de los calzoncillos de Emmett, tomando su erección entre sus dedos para liberarla de su encierro.
Emmett, quien aún no sacaba su mano de entre las piernas de Rosalie, aprovechó su posición para volver a tomar el control. Su pulgar se abrió paso entre los pliegues de la rubia para tantear la entrada al paraíso, provocando que Rosalie se inclinara hacia atrás apoyando ambas manos en el mesón.
-Emmett…- La voz de Rosalie apenas se presentó como un susurro. El aludido retiró su mano, y con lentitud se llevó el pulgar hacia la boca, para luego lamerlo de manera sensual. La rubia, al ver esta escena, no pudo evitar que sus caderas se levantan de la mesa en busca de fricción, y aprovechando la acción, Emmett la jaló hasta el borde del mesón para un mejor acceso.
Sin perder contacto visual, él se acomodó entre las piernas de la rubia, y ubicando su miembro en la entrada húmeda de Rosalie, se internó en ella con suavidad. Las caderas de ella volvieron a cobrar vida, reuniéndose con la pelvis de Emmett en el camino.
Sus mentes fueron nubladas por las sensaciones que percibían entre sus piernas. Y aunque Emmett pensaba tomárselo con calma, con Rosalie siempre se veía imposibilitado de hacerlo. Esta mujer hacía que su libido aumentara de manera exponencial, haciendo que sus sentidos se bloquearan y aumentaran a la misma vez. El mundo se bloqueaba, y para él sólo existían ellos dos; pero a la misma vez podía percibir el olor de ella de manera mucho más fuerte, y por muy despacio que ella gimiera, en sus oídos cada sonido producido por esa boca exquisita que tanto le gustaba besar se escuchaba fuerte y claro.
Rosalie abrazó las caderas de Emmett con sus piernas, atrayéndolo más hacia sí. Necesitaba más contacto, más fuerza, más de Emmett. Necesitaba todo lo que él tenía para darle, y lo necesitaba ahora ya. Por desgracia, por más contacto que ella quisiera, su creciente panza de embarazada le impedía agarrarlo del cuello y besarlo con fervor. Tendría que conformarse con los labios de él sobre el poco escote que su vestido mostraba.
Al poco rato el ritmo era erróneo y descoordinado. Sus sudorosos cuerpos buscaban el momento culmen con afán, de sus bocas salían sonidos que no hacían más que aumentar el deseo en sus cuerpos, y las caricias que lograban compartir dejaban caminos de fuego en su piel.
Emmett podía sentir como la rubia de apretaba alrededor de él, diciéndole sin palabras que no le quedaba mucho más para el orgasmo. Así que la tomó de las caderas para adentrarse con más fuerza y con más velocidad. Dicho orgasmo no demoró en llegar, y al cabo de unos segundos, la espalda de Rosalie se arqueaba a la vez que sus brazos cedían ante el placer que le recorrió el cuerpo. Esta escena fue todo lo que Emmett necesitó, y al igual que una ola sigue a la otra, el placer máximo golpeó al musculoso.
Jadeante, Rosalie se impulsó para quedar sentada nuevamente y poder besar a Emmett. Lo agarró del cuello y lo acercó a ella, en milésimas de segundos sus labios estaban sobre los de él, en un beso torpe, necesitado. Nunca podría obtener suficiente de él, y él nunca podría obtener suficiente de ella.
Un beso llevó a otro, y luego sus manos recobraron vida. Con dedos torpes por querer tocar más de lo que podían, recorrieron el cuerpo del otro encendiendo la llama nuevamente. No por nada a Rosalie la llamaban la insaciable Hale, y pareciera que el destino se encargó de juntarla con el hombre indicado, uno tan insaciable como ella.
-Deberíamos mover esto a un lugar más cómodo- sugirió la rubia.
-Concuerdo.- Y sin esperar más, Emmett pasó un brazo por debajo de sus rodillas, y el otro por debajo de uno de sus brazos.
-¡Emmett, no!-
-Muy tarde, ya te tengo.- el musculoso la levantó del mesón, y sin esfuerzo la cargó hasta la sala, donde la dejó bajar justo al lado del sofá.
Rosalie no perdió el tiempo y volvió a besarlo mientras sus manos bajaban hasta la pretina del pantalón que se sostenía apenas en las caderas de Emmett, y agarrando dicha prenda junto a la ropa interior, se las bajó, rompiendo el beso. El musculoso no encontró justa la posición en la que estaba, y luego de zafarse del resto de su ropa, buscó a tientas la cremallera del vestido de Rosalie. Una vez este estuvo fuera, Emmett buscó el broche del brasier, pero fue detenido por la rubia.
-Déjalo puesto.-
-Pero es que me gusta verlas libres.-
-Es que no me sentiría cómoda.- Rosalie bajó la mirada algo sonrojada.
-¿Qué pasa, amor?- Emmett la tomó del rostro preocupado con esta actitud. Rose siempre ha sido segura de sí misma y es la primera en sugerir que la ropa desaparezca.
-Me da vergüenza.- El pelinegro la miró confundido.-¡Soy una máquina sintetizadora de leche!-
-¿Y?-
-Y... y pasa que se me rebalsa la fábrica.- Emmett se rió con ternura en su cara.
-¿Eso es todo?-
-¿"Eso es todo"? ¡No quiero matar el momento con mis pistolas de leche!- Él posó sus labios sobre los de ella en un beso tierno y comprendedor.
-Lo que quieras para que estés cómoda. Aunque será una lástima no verlas seguir el ritmo.- Rosalie lo miró con risa en el rostro y le dio un pequeño empujoncito para que Emmett cayera sentado sobre el sofá.
-Bueno, con o sin brasier…- La rubia se sentó a horcajadas sobre él.-… se mueven igual. Así que tendrás que conformarte con esto.- Y con un movimiento certero, acercó su pecho a la cara de Emmett, quien no despegaba la vista del susodicho lugar.
-Si me las pones así…- Besó cada una de esas gloriosas frutas, y luego entremedio para terminar con un beso sobre la panza de Rosalie, quien exigió nuevamente los labios de su novio con un beso lujurioso.
El hecho de que el busto de la rubia estuviera cubierto no hizo nada al respecto para que Emmett no se divirtiese con él. Más bien al contrario. Quería que Rosalie se enterara que a él no le importaba los cambios por los que ella estaba pasando, así que le puso especial empeño a esa zona. Y ¡oh!, que exquisitas reacciones estaba provocando. Los pechos de Rosalie se ponían más sensibles pasando las semanas, lo que hacía que fueran la única parte que debía estimular para subirle la libido a su mujer.
Rosalie, por su parte, estaba ya lista para la segunda ronda. Así que, con las intenciones de ayudar a su galán, dirigió una de sus manos destino sur para masajear con suavidad. Vaya sorpresa que se llevó al llegar a su masculinidad y encontrarla más que lista para la acción.
-Alguien está muy feliz hoy.-
-¿Estás de broma? Hacértelo en la cocina fue de lo más excitante.-
-Así parece.- Y sin más preámbulo Rosalie se acomodó sobre el miembro de Emmett, para deslizarse sobre él.
Esta vez se tomaron las cosas con menos fervor. Si bien no fue con calma, hubo tiempo para miradas coquetas, besos llenos de ternura, y alguna que otra risa. Claro que una vez alcanzado el punto de no retorno, el lado animal que llevaba cada uno consigo no se dejó apartar y se expresó con todo lo que tenía.
Rosalie se sujetaba del respaldo del sofá mientras su cuerpo se mecía de forma rápida. Las estocadas eran cortas pero con fuerza, y si se inclinaba en el ángulo preciso, la punta de Emmett rozaba aquel punto que le hacía perder la cordura. Inclinó la cabeza hacia atrás, con los ojos apretados de placer, dejando el camino libre para que Emmett la volviera a marcar como hace un rato antes en la cocina. Sabía que mañana se quejaría de tanto chupetón, pero en estos momentos no hacían más que aumentar su placer. Y cada vez que un mordiscón se hacía sentir en su clavícula, Rosalie pegaba un gemido ahogado que no hacía otra cosa que incentivar más al musculoso a continuar lo que hacía con su boca.
Sin embargo, el cazador fue cazado. Y en su afán de complacerla, no se percató a tiempo de lo excitado que estaba gracias a tanto gemido cerca de su oreja, cuando el orgasmo lo agarró de sorpresa y se manifestaba con un escalofrío exquisito que lo estremeció desde la primera vértebra de su columna hasta la punta de los pies.
Rosalie sintió como a Emmett le temblaban las manos por el fuerte orgasmo que acababa de sufrir, por lo disminuyó la velocidad para el disgusto de su lujuria.
-Si paras ahora no hay vuelta atrás, Rose.-
-Tranquilo, campeón. No es necesario que sigamos. Sabes que, si mis orgasmos no son seguidos, el segundo se demora. Y no quiero romper nada allá abajo.-
-Juro que te lo compensaré.-
-Hey.- Rosalie lo miró a los ojos con cara seria.- No tienes que irte después que yo cada vez. Esto puede ocurrir. No significa que lo pase mal. De hecho…-Su seriedad se transformó en una sonrisa coqueta.-… lo he pasado genial.- Emmett le sonrió de vuelta, y separando sus pelvis, sacó su virilidad de donde yacía.
-Ven conmigo.- El musculoso se paró del sofá de un solo impulso, haciendo que Rosalie también quedara de pie con él. Luego la tomó de la mano y se dirigió a las escaleras.
-¿A arriba?-
-Ajá. Prometí compensártelo y pienso hacerlo ahora.-
Una vez en el cuarto de Emmett, este le indicó a Rosalie que se recostara en la cama. A la rubia aún no se le ocurría qué tenía en mente él, pero cuando Emmett empezó a dejar un camino de besos desde su boca hacia el sur, lo comprendió.
Una vez llegado a destino, Emmett se acomodó entre las piernas de Rosalie, pasando un brazo debajo de cada muslo obligando a la rubia a flexionar ambas piernas para una mejor posición. Le besó la parte interior de cada extremidad, acercándose de a poco al centro de Rosalie. Esta empezó a tener una respiración errada, y cada vez que Emmett parecía decidirse a concretar su misión, lanzaba un gemido apenas audible. Claro que al parecer el pelinegro estaba decidido a torturarla, por lo que, al acercarse a su intimidad, besaba cualquier parte menos donde Rosalie lo necesitaba.
-Emmett…- Su voz era sólo un susurro.-… sin rodeos.-
Entonces la lengua de Emmett hizo el primer contacto, ¡Y qué contacto!. Las caderas de Rosalie respondieron de inmediato al tacto. Así es como comenzó una sinfonía de gemidos, que seguían el ritmo de la orquesta en manos de su director. Más bien en lengua de su director. Lengua que saboreaba cada gota de néctar que Rosalie tenía para ofrecer.
Al principio Emmett recorrió cada pliegue de su amante, tomándose su tiempo al hacerlo. Jugaba con ese delicado botón de placer, haciendo contacto sólo con la punta de su lengua, intercambiando el ritmo de repente, y succionando un poco cuando lo encontraba debido. Su boca devoraba con devoción la parte más íntima de Rosalie, a quien sólo le quedaba sujetarse del cobertor para no tirar del pelo de Emmett salvajemente por las sensaciones que este le daba. Aunque ganas no le faltaban. Quería más presión, quería más de esa lengua que hacía magia allí donde se posara, quería volverse loca de placer y nunca más recuperar cordura.
Emmett, que reconocía ya el lenguaje corporal de Rosalie, supo que no le quedaba mucho a esta para alcanzar la cúspide del placer. Y como si le leyera la mente, le tomó ambos lados de su cadera y la acercó más a su boca, ejerciendo más presión a la vez que su lengua se movía en círculos alrededor del clítoris de la rubia. Rosalie acompañaba el movimiento con su pelvis, complementando el ritmo de Emmett, y como era de esperarse, bastó con unos segundos más con este movimiento para que Rosalie se arqueara marcando el orgasmo que la sacudió.
Pero Emmett no se detuvo. Con aún más fervor que antes, su lengua siguió estimulando a la rubia, ahora de un lado a otro. El meneo de las caderas de Rosalie, hacía que los labios del musculoso sumaran contacto en un movimiento contrario al de su lengua, de arriba abajo. Como recompensa de su devoción, otro orgasmo golpeó a Rosalie sin esperar a que se recuperara del primero. Pero a Emmett le gustaba tantear a la suerte, y retirando su brazo de su posición original, acomodó dos de sus dedos en la entrada de su chica, los que insertó de un solo golpe regalándole a la rubia un tercer orgasmo.
-Basta, Emmett. No puedo más.- Una jadeante Rosalie dijo a la vez que empujaba la cabeza de Emmett hacia abajo para que no siguiera con su deliciosa tortura. El chico aminoró la velocidad poco a poco, hasta que finalmente se detuvo.
Una vez al lado de Rosalie, Emmett la abrazó por la cintura y le besó un hombro, esperando paciente a que la rubia bajara de esa nube en la que se encontraba. Siempre la encontraba más hermosa que de costumbre cuando la veía así. Sonrojada, respiración entrecortada, y con el pelo revoloteado. Sin energías ni para abrir los ojos.
Cuando la respiración de Rosalie hubo vuelto a la normalidad, esta abrió los ojos y los posó sobre los de Emmett.
-Hola.- El musculoso le dijo a la vez que le sonreía con esos hoyuelos que le debilitaban las rodillas.
-Hola.-
-No quiero ser aguafiestas, pero Alice debe estar por llegar con Lucy, y nuestra ropa está esparcida por todo el primero piso.- Rosalie rió débilmente y asintió.
-Dame un minuto, ¿Sí?- Justo en ese momento sonó el celular de Emmett anunciando un nuevo mensaje.
-Creo que no lo tenemos.- Y como sospechaba, el mensaje era de su hermana avisando que llegaban en menos de cinco minutos.- No te preocupes, voy yo.- Y de un salto, se paró de la cama para luego ponerse el pantalón de buzo que usaba para dormir.
-No olvides limpiar el mesón de la cocina. Con cloro.-
-Por supuesto.- Y sin más, salió de la habitación para arreglar el desorden que una vez más habían hecho.
Ni siquiera revisé antes de subirlo. Lo acabo de terminar.
Esta es mi manera de pedir disculpas por la demora. Espero que lo hayan disfrutado. Es el capítulo más largo de esta historia y son casi tres mil palabras de porno :O (Ah, y no va en ningún momento específico de la historia. Yo en mi cabeza lo ubiqué entre los últimos tres capítulo)
Para los que tienen dudas, podré demorar un año en actualizar (De verdad espero no llegar a eso), pero esta historia tendrá su final. Soy perezosa, lo sé. Pero termino lo que empiezo. Además no queda mucho. Tengo el bosquejo hecho de casi todos los capítulos restantes, y les adelanto que se viene drama.
¡Buen viernes!
R&R
