—Vaya os habéis quedado de piedra—

—Alfred...—Canadá, estaba incrédulo y asustado—Tus ojos—

—¿Oh? ¿esto? Es digamos que un defecto de nacimiento—

—¿Defecto de nacimiento? ¡No bromees con nosotros te conozco desde que era un bebé y nunca te vi esos ojos!—Inglaterra no comprendía nada de lo que pasaba.

—Veras es que tengo estos ojos solo en ciertas circunstancias. Y no, no me he puesto ningún tinte en los ojos, llevo con este problema desde hace siglos—

¿Siglos? ¿que es lo que Amerique les había estado ocultando todo el tiempo? Pensó Francis preocupado.

—Bueno ya que estoy desvelando los secretos de todos es justo que revele el mío—

Flashback

Alfred y los colonos fueron a un pueblo cerca de la frontera. Recibieron avisos de que el enemigo iba hacía allí, se apresuraron pero fue tarde, cuando llegaron el pueblo estaba destruido, todos estaban muertos ni siquiera las mujeres o los niños se salvaron.

—Son unos bestias, lo pagarán—Tomas uno de los milicianos observaba la destrucción, lleno de ira.

América no dijo nada su gente, personas inocentes fueron asesinadas de forma horrible por los soldados de Francis. No podía creerlo, Francia la nación coqueta que siempre molestaba a Arthur y era como un hermano mayor para él le había hecho esto a su gente.

Una furia indescriptible surgió en su pecho junto el dolor y el odio. Estas emociones le invadieron la mente hasta nublar su juicio. Los colonos miraron con horror como los ojos de su personificación cambiaban gradualmente de azul a rojo y el blanco de sus ojos a negro.

—No os preocupéis—su voz estaba llena de odio—Me encargaré personalmente de los responsables, no se saldrán con la suya—

Después decir esto se fue a gran velocidad.

Los milicianos tardaron todo un día en alcanzarlo siguiendo su rastro pero cuando llegaron se encontraron con un espectáculo horrendo.

Innumerables cadáveres mutilados de soldados estaban desperdigados por el suelo, la mayoría descuartizados otros destripados y algunos colgaban boca abajo de los árboles. Las cabezas estaban en picas con muecas de dolor y gritos silenciosos.

En medio de aquella masacre cubierto completamente de sangre, estaba Alfred agachado frente a un soldado francés, el hombre estaba totalmente aterrorizado de América.

—Ya me has oído, si Francia o sus superiores vuelven a hacerle algo a alguno de mis pueblos y ciudades esto es lo que les ocurrirá a sus hombres—

—Si...si señor lo que... Queráis—al soldado le temblaba tanto la voz que apenas podía formular toda la frase seguida.

—Y tampoco les digas que fui yo ¿no queras que te visite en medio de la noche? ¿no?—

Los ojos del hombre se ampliaron del espanto y negó vehementemente con la cabeza.

—Bien y ahora largo—

No necesitó que se lo dijeran dos veces el soldado salió lo más rápido que pudo, cuando se perdió de vista Alfred se volvió hacia ellos y sus ojos tornaron a su color original.

América sintió cómo si se le despejara la vista. Se dio cuenta de que no estaba en el pueblo. Miró a su alrededor con creciente horror, vio la carnicería que había a su alrededor, ¿que había pasado? lo último que recordaba era estar en la aldea destruida y ahora estaba aquí, no entendía nada.

Miró a sus hombres que parecían asustados de él, fue a preguntarles hasta que se dio cuenta de que sus manos estaban manchadas de sangre, comprendiéndolo todo. Alfred sintió cómo la culpa y el dolor lo invadían ¿que había hecho? Retrocedió unos pasos las lágrimas saliendo de sus ojos sin parar, dio un grito y salió corriendo de allí.

Tomas y sus hombres lo encontraron en un rio lavándose furiosamente. La nación tenía una expresión atormentada en su rostro, Tomas se acercó lentamente al joven, Alfred dejó de lavarse y salió de un río.

—Soy un monstruo—

—No lo eres señor vengaste a los aldeanos asesinados—

—Ni siquiera recuerdo nada, de repente me encontré cubierto de sangre con todos esos muertos y lo que hice...—América jamás olvidaría esa horrible imagen y sabía que lo perseguiría para siempre.

—Alfred todos tenemos demonios a los que enfrentarnos, tú más que los demás, pero puedes luchar contra ellos. Te conocemos desde hace mucho, eres más fuerte de lo que crees—

—No sé que hacer no quiero que vuelva a suceder—le aterraba que volviera a ocurrir e hiciera más daño.

—Señor solo tú puedes detenerlo pero lo harás. Y lo ocurrido aquí no te preocupes tomaremos la responsabilidad eres nuestra colonia y amigo—le dijo con sinceridad a América.

Alfred miró a sus compañeros y amigos con gratitud—Gracias—

Fin del Flashback

El G8 estaba sin querer creérselo, jamás supieron algo así en América.

Francia lo miraba con los ojos bien abiertos—¿Tú fuiste el verdadero responsable de esa masacre?—Francis recordaba haber ido allí y encontrarse esa escena horrible. Se corrió la voz en todo el mundo, las naciones se quedaron asombradas de esa muestra de crueldad. Pensaron que esos milicianos eran unos dementes y después de lo ocurrido los indios y sus soldados estaban asustados de las tropas de América.

—Sí, como os dije no me conocéis tan bien como pensabais al igual que yo de vosotros —suspiró sacudiendo la cabeza—Supongo que nadie en este mundo llega a conocer a otra persona totalmente—

Agarró a Lovino y lo obligó a sentarse, sacó un cuchillo para el terror de la nación italiana.

—Nunca me has caído bien Romano en realidad casi nadie te aguanta. Eres un cobarde, desagradable, mentiroso y egoísta. Estás resentido en el fondo con tu hermano Italia por que fue escogido por Roma y tú no, supongo que eso te hizo un amargado—

Romano estaba entre la ira o el miedo, tal vez las dos cosas. ¿como se atrevía a decirle aquello y restregárselo a la cara?, América era solo un bastardo hamburguesa tonto, por muy loco que resultó al final.

—Vamos a jugar a un juego, y es decir la verdad, yo digo una cosa que has hecho y si dices la verdad no te pasará nada pero si mientes—puso el cuchillo ante sus ojos—te apuñalaré en una pierna ¿capishe?—

Italia del sur asintió sin otra opción.

—bien veamos una de prueba—se acercó a su ordenador y en la pantalla salió una frase.

En una ocasión besó a Alemania.

—¡Qué! ¡en mi vida me he liado con el macho papas! ¡antes prefiero la muerte!—

—Como te dije antes era de prueba, Romano has dicho la verdad—se volvió hacía Italia—Qué alivio ¿eh?—

Italia no dijo nada, estaba demasiado preocupado por su hermano.

—Bien ahora una de verdad—

En el pasado le pinchó las ruedas del coche a Alemania.

Ludwin miró a Romano, el italiano no se atrevía a mirarlo tenía la boca apretada pero al final habló.

—Si—

—¡Así que fuiste tu el que me pincho las ruedas de mi coche! ¡tuve que pagarlas todas!—

—Ve, Alemania no te enfades—el alemán se calmó pero miraba irritado a Romano.

En una reunión echó laxantes en las bebidas del G8.

Hay todos los de la habitación lo miraron furiosos, Lovino parecía que quería que se lo tragara la tierra.

—Si es cierto—

—Vaya qué granuja, ahora a por cosas más gordas—sonrió América

Estaba tan celoso de su hermano que soltó un rumor de que Feliciano era ludópata.

Los de la habitación se quedaron incrédulos Italia miró esto sin poder creérselo, imposible.

—Eso no es verdad yo no lo hice...—no terminó la frase porque Alfred le apuñalo en una pierna. Lovino gritó de dolor mientras le apuñalaban en la otra pierna.

—Ahora ¿vas a decir la verdad? Como ves hablaba en serio cuando te dije que te apuñalaría si mentías—

Lovino viéndose atrapado no tuvo otra opción que decir la verdad—¡Si vale es cierto! ¿contento?—

—Fratelo ¿por qué me hiciste eso? ¿sabes cómo lo pase? Los demás miraban sus bolsillos y bolsos para ver si les había robado, no me invitaban a sus casas—Italia lloraba.

—¡Eres un mal hermano!—Ludwin estaba furioso con Lovino al mostrarse tan poco leal a su hermano pequeño—¿Tienes idea de cómo le afectó esto? Tardo mucho en demostrar que no era un ludópata—

—Lo siento Feliciano veía como te iban tan bien las cosas y en esa época a mí me iban mal. Pero luego les aclaré que fue un error—

—Pero nunca debiste hacerlo desde el principio—dijo Francia.

Lovino sabía que Francia tenía razón.

Al verse con problemas de dinero le robó dinero de sus cuentas a otras naciones.

Los de la sala observaron la pantalla en silencio, la ira cruzó en sus rostros, parecía que en cualquier momento iban a explotar.

—Bueno Lovino ¿y esto?—preguntó alegremente América agitando su cuchillo ante el italiano.

Romano estaba contra las cuerdas no había manera de confesar eso, sí les robó pero había estado con el agua al cuello.

—Yo no...no se—

—Déjame que lo aclare—les mostró a los demás en la pantalla los movimientos de Romano por las cuentas de todos ellos robándoles dinero.

—Y luego me culpabais a mí de una crisis—América se reía—será interesante enviar estas pruebas a las otras naciones a las que has robado—

Lovino abrió los ojos como platos del horror—Espera no por favor lo siento yo...—

—Al final el ludópata resultaste ser tú—

—¡TÚ ESTAFADOR, LADRÓN, VERÁS COMO TE PILLE, NOS HAS ROBADO!—Inglaterra se habría abalanzado sobre Romano pero las cadenas se lo impidieron.

—Perdonadme estaba muy mal económicamente, pero os lo iba a devolver—

—¡Ya lo creo que lo harás niñato!—Prusia también estaba enfadado por esa traición.

—Fratelo ¿por qué no nos lo dijiste?—le preguntó Italia dolido por todo esto.

—Yo...me daba vergüenza y...—

—¿Y qué Romano?—insistió Alfred

—Me daba miedo que me hicierais lo mismo que a América—dijo abatido.

Las naciones se quedaron sin saber qué decir.

—Vaya, vaya Lovino temías que te hicieran eso y por eso les robaste, además de ser arrogante. Eres un hipócrita después de lo que me hiciste ¿ahora te daba miedo a enfrentarte a lo mismo que yo? Eres una vergüenza Romano—

Romano lloró, no dejó su llanto mientras Alfred lo volvía a encadenar las otras naciones estaban aturdidas.

—Bueno ahora que se ha aclarado me toca a mí, no solo les robaste a ellos, también a mí así que te desollaré un poco—

—No...por favor América—pero la nación lo fulminó con la mirada.

—Cállate Romano no tienes nada que decir, lo que si vas es a gritar—

Los gritos de Romano resonaban en las paredes Italia sollozaba y los demás miraron cómo Alfred le desollaba una parte de la espalda a Lovino y la nación italiana sollozaba de dolor mientras lo torturaban.