Capítulo 1: ¡que empiece la fiesta!
La luna se alzaba hermosa sobre la ciudad de Magnolia, sus calles estaban totalmente vacías pero unos alegres murmullos circulaban por ellas y es que cada plaza de la ciudad estaba abarrotada de gente que esperaba el comienzo de las fiestas del dragón.
La gente conversaba animadamente mientras esperaba que el reloj instalado en la plaza Arkadia diera las doce. La gran catedral de estilo gótico se alzaba elegantemente hasta al cielo, parecía acariciar a las estrellas. Eran las doce menos cuarto y el rey estaba llegando a la plaza. Iba acompañado de sus cuatro adoptivos hijos y su nieto, el cual era como un hijo. Así pues la plaza recibió entre aplausos al rey, al príncipe Laxus, Lady Scarlet (capitana de la guardia), Lady Strauss y los Lords Redfox y Dragneel. Los recién llegados se mezclaron entre la multitud.
—Todo está preparado maestra—dijo una joven con violín al ver llegar a Lady Strauss.
—Perfecto. No hagamos esperar a la gente. ¡Toquemos! —respondió con una sonrisa. Subió al escenario y saludó a todos sus músicos. Al cabo de unos minutos toda la plaza se encontraba inundada por una suave y acariciante melodía.
Natsu Dragneel se fundió entre la gente hasta que llegó tras la catedral, dónde se encontraban los fuegos artificiales.
—¡Hola! —declaró sonriente el pelirosa.
—¿Tiene permiso para estar aquí? —preguntó una rubia de espaldas a él.
—Sin mí esto no va a encenderse así que supongo que sí puedo estar aquí—contestó el chico. La rubia se giró de golpe y le miró.
—Lord Dragneel, no sabía que era usted…—se excusó Lucy.
—Soy Natsu—reprochó el chico—Lucy puedes llamarme Natsu.
—No es lo adecuado…—comentó la chica.
—De pequeños me llamabas Natsu.
—Pero eso era de pequeños… ¿Cuánto hacía que no nos veíamos? ¿6 años? Y eso que vivimos en la misma ciudad—dijo la rubia.
—Ya… lo siento estuve ocupado…
—Lo sé—respondió sonriente— he oído que estás prometido y todo.
—Sí así es… se trata de Lissanna—comentó el chico mientras comprobaba los fuegos— supongo que todo el mundo esperaba eso. Después de todo el padre de los Strauss era un buen amigo del mío, por lo que me ha dicho el viejo. Perdón el rey Makarov.
—Ya… deberías ir encendiéndolos Natsu— dijo Lucy al comprobar la hora. Natsu miró también el reloj y se apresuró a encenderlos.
Ø
El cielo de Magnolia se iluminó a las doce en punto de la noche, ni un minuto antes ni un minuto después. La gente enmudeció unos segundos ante la belleza del espectáculo pero después aplaudió animadamente. Dragones de fuego se formaban cada dos por tres en el cielo y eran rodeados por miles de estrellas de colores.
Así empezaban las fiestas del Dragón.
La alegría inundó la ciudad y el ron y la cerveza fueron el elixir que corrió por ella. Cada plaza estaba enfrascada en una incesante fiesta. Había globos y títeres para los más pequeños, y para los más grandes había baile y alcohol.
Erza Scarlet llevaba toda la noche supervisando la seguridad hasta que se topó con cierta maestra de música.
—Are are Erza, tomémonos una copa—declaró una sonriente Mirajane mientras le tendía una jarra de cerveza. La pelirroja aceptó y las dos se sentaron en una de las numerosas mesas de madera que albergaban los alrededores de la plaza.
Pasaron un buen rato hablando hasta que alguien las interrumpió. En concreto alguien había caído sobre su mesa. Un poco más allá, cerca de la pista de baile, se encontraban dos lords en medio de una incansable pelea.
—Rosita déjame en paz si no quieres probar el acero de mis puños—gritaba un colérico pelinegro.
—¡¿Qué vas hacerme qué?! —contestaba Natsu Dragneel— soy más fuerte que tú. ¡Tú sabrás lo que es un buen puñetazo si me tocas!
La gente se congregó a su alrededor divertida. Los hijos del rey eran todo un espectáculo.
—Voy hacer que desees no haber nacido—declararon los dos a la vez levantando sus puños. Pero alguien los paró.
Ninguno de los dos había golpeado al otro pero los dos se encontraban tumbados e inmovilizados en el suelo. Cierta pelirroja los miraba seriamente.
—Perdón Erza—declararon los dos a la vez y como gatitos asustados.
—Los dos abandonad la plaza ¡YA! —declaró seriamente— y esperadme en el puente.
Los dos lords se levantaron, pidieron disculpas y dirigieron hasta al puente. Por su parte la capitana de la guardia pidió perdón a los ciudadanos y fue tras ellos.
—Are are… vaya cuñado me han buscado—comentó la maestra de música una vez las cosas habían vuelto a la normalidad.
Ø
El alboroto causado por los dos lords era el tema principal a esas alturas de la noche. Dos chicas, con un par de jarras encima ya, paseaban alegremente entre las mesas.
—¿Qué buscas Lu-chan? —preguntó cierta peli-azul.
—A una bruja—declaró sonriente la chica. La otra la miró extrañada— quiero saber si alguna vez le hablarás a Gajeel.
—Preferimos que nos llamen clarividentes—declaró entonces una morena des de lo alto de una mesa mientras se bebía una jarra de vino. Sus ojos eran oscuros pero irradiaban vida, su pelo color chocolate cabalgaba elegantemente sobre sus hombros y era cubierto, débilmente, por un velo lila. Vestía una túnica oriental a juego con el velo y abierta de par en par.
Las dos chicas frenaron de golpe y la observaron asombradas.
—Mi nombre es Cana Alberona. ¿Queréis mis servicios no? —preguntó con una sonrisa la clarividente.
—Por favor dinos cuando será capaz de hablarle al amor de su vida—declaró la rubia. Acto seguido recibía un golpe en la cabeza.
—Eso, no será necesario gracias… mejor… ¿Cuándo se declarará Lucy? —dijo Levy antes de que su amiga le tapará la boca.
—Oíd eso os lo puede decir cualquier principiante—declaró Alberona fastidiada— esperaba encontrar cosas interesantes en la ciudad. Al final Gray tendrá razón—se dijo a si misma fastidiada.
—¿Gray? —preguntaron de golpe las dos chicas seriamente. Cana las miró extrañada—no… no es posible Lucy—comentó Levy entonces, la rubia asintió.
—Bueno… ¿Alguna de las dos sabe dónde puedo encontrar al rey? —preguntó la morena.
—¿Para qué quieres ver al rey? —preguntó la rubia asumiendo su cargo de guardia imperial.
—Asuntos de estado—contestó simplemente Alberona. Dicho esto se levantó, despidió y hundió entre la gente tras una emplumada capa negra.
Ø
—Tengo que ver a Makarov—le susurró alguien al oído. Laxus rotó sobre sí mismo y encaró a la clarividente.
—¿Prefieres ver a mi viejo que a mí? —preguntó dolido y juguetón.
—Lo que pasó, pasó y ya está querido príncipe—declaró la morena—el asunto es serio. Debo hablar con el rey.
—Cualquier cosa que quieras decirle puedes decírmela a mí—aseguró el rubio.
—A él. Solo a él. Y en persona—exigió Cana.
—¿Tuviste una visión? —preguntó seriamente el príncipe.
—Así es. Y es algo importante.
—Pues dímelo Alberona. ¿Qué has visto? —preguntó la voz del rey a su espalda.
—Viejo tenemos que hablar a solas—declaró la clarividente seriamente. Makarov miró a su nieto y esté les dejó a solas.
—¿Qué has visto Cana? —preguntó el hombre sentándose en lo alto de un banco.
—La destrucción total… él volverá al sexto día…—contestó la chica. El rey abrió los ojos de par en par— y eso no es todo. No pude verlo muy claro pero… vi lo que parecía un dragón… y un hada… aunque podría tratarse solo de una falsa interpretación esto último.
—Si lo que dices es cierto… debemos jugar bien nuestras cartas… ¿cómo está la pequeña que os envié?
—Muy bien, es una buena niña. Se ha convertido en la sanadora de las montañas.
—Vaya… así que ella es la famosa sanadora. Me alegro—comentó Makarov.
—Viejo… debemos prepararnos para lo que vendrá… ¿ellos están preparados? —preguntó la morena preocupada.
—Seguramente… quién sabe. Aun así necesitarán de ayuda—contestó el rey.
Hasta aquí el primer capitulo ¿Que opinais?
