Alfred sonrió viendo a su alrededor, Italia sollozaba sin parar, Prusia se apoyaba en Francia quien presionaba un pañuelo donde le habían arrancado un ojo. Canadá lloraba perturbado por todo lo que había ocurrido, Ludwin parecía que en cualquier momento tendría un ataque de nervios y en cuanto a China y Rusia esos dos habían tenido días mejores.
Japón se acurrucaba como podía, apoyado contra la pared no podía decir nada tenía la boca cosida, aunque no era una gran diferencia a cuando no la tenía cosida e Inglaterra le suplicaba que parara esto.
Alfred miraba a su alrededor con un entusiasmo parecido al de un niño en una tienda de caramelos, fijo su atención en las dos naciones asiáticas y se acercó hacía ellos. Ambos aterrados intentaron alejarse pero para su sorpresa la nación sacó su móvil y empezó a hacerles fotos.
—Perdonad pero quiero inmortalizar esto como hicisteis conmigo—
Las naciones de la habitación se estremecieron cuando Alfred les recordó como le hicieron fotos mientras lo violaban.
Cuando terminó de hacer fotos a las naciones humilladas, guardo su teléfono y miró pensativo a Japón.
De repente, apartó a China y cogió a Japón por el rostro Y para sorpresa y horror de los presentes América se acercó a la cara mutilada de Kiku y le dio un beso a la nación en sus ensangrentados y mutilados labios cosidos.
La nación después de un largo beso se separó de Japón y se volvió hacia los presentes sus propios labios manchados con la sangre de Japón—Mmmm, me encantan los besos—Se relamió los labios ensangrentados—sobre todo si son así de sangrientos—diciendo con un tono de broma.
Los de la habitación se quedaron en silencio, Inglaterra estaba completamente blanco. Incluso Francia se había quedado sin palabras por lo que acababa de presenciar.
Una conclusión que llegaron las naciones en silencio es que Alfred estaba enfermo y más loco que Rusia, el ruso mismo miraba a América sin poder decir nada.
Está peor que mi hermana Bela.
America centro entonces su atención en Inglaterra.
—No voy a parar Inglaterra de hecho ahora voy a por lo más interesante—agarró a Francia del pelo y lo separó de Gilbert quien intentó detenerlo, las otras naciones también intentaron impedirlo pero América era mucho más fuerte que ellos.
—Amerique por favor—el francés le suplicaba—Te lo ruego para esto—
Alfred le dio un puñetazo en la mejilla, oyéndose un desagradable crack.
—Ni se te ocurra suplicar Francia maldito hipócrita—gruñó.
Alfred miró a Inglaterra y sonrió de forma triste.
—¿Sabes iggy? tal vez si os lo hubiera contado, nada de esto habría sucedido ¿Por qué te crees que me independicé?—
Arthur sintió que le faltaba el aire y un temor lo asfixiaba—¿Que quieres decir?—
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—¡Inglaterra no puedes hacer eso! ¡los impuestos son demasiado para mi gente!—
—Esos impuestos son para los gastos de guerra Alfred y no hay más que hablar—respondió Arthur con voz seca.
Los dos se encontraban en el despacho de Inglaterra y discutían sobre un tema ahora recurrente, los impuestos. Alfred vino furioso a su despacho intentando que la nación isleña cambiara de opinión pero Inglaterra fue inflexible sobre el tema.
—¡No me vengas con esa Arthur! ¡serán para los gastos de Tú guerra y mientras mi gente apenas tiene para comer y la economía está mal por decir lo menos!—
—Tu gente se adaptará al igual que tú. Está claro que he sido demasiado suave contigo y eso fue un error. Obedecerás las órdenes de su majestad te guste o no—el inglés se levantó y se plantó frente a la colonia.
—Ya me lo has dejado claro, pero una cosa son los impuestos y luego lo que tus soldados han hecho, disparar contra la gente de Boston—Alfred estaba lívido por aquello.
—Aquello fue un lamentable accidente, no habría pasado de no ser por los disturbios que provocaron tu gente—
—Los provocaron porque estaban furiosos y hartos de cómo el rey los ha estado tratando—
—Tú y tu gente deberíais saber que todo esto por vuestro bien, y ahora si me disculpas tengo asuntos que atender—dicho esto le dio la espalda y se centró en los papeles.
Alfred lo miró lleno de cólera, últimamente Inglaterra se comportaba como un tirano hacia él y su pueblo, la ira lo inundó y sintió esa familiar sensación que lo invadía. Sin que Inglaterra se diera cuenta América cogió un abrecartas, uno de sus ojos todavía era normal pero el otro había cambiado por completo. América con una mueca feroz se dispuso a apuñalar a la nación más vieja hasta que fuera una masa irreconocible, pero recordó al Arthur amable que le contaba historias cuando era niño y lo consoló cuando murió su amigo humano Davie de la vejez.
Alfred se detuvo en seco miró su reflejo en el espejo y vio sus ojos bicolores y lo que estaba a punto de hacer, horrorizado puso el abrecartas de nuevo en la estantería y se fue de allí a toda velocidad antes de que hiciera algo de lo que se arrepintiera toda su vida, haciendo caso omiso a las llamadas de Arthur.
Corrió hasta llegar al bosque y miró su reflejo en un rio, por suerte su ojo había vuelto a la normalidad. Se sentó apoyando la espalda contra un árbol agarrándose la cabeza ¿que había estado a punto de hacer? Si no hubiera recuperado sus sentidos en el último momento le habría hecho daño a Arthur. Tenia que detener esto, no era la única vez que había estado a punto de perder el control y por poco hace daño a Arthur, tenía que parar sino la próxima vez le haría daño a él o a Canadá.
—No tengo otra opción—
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Inglaterra se quedó sin palabras, los de la habitación se quedaron sin saber qué decir.
—Alfred tu...¿por eso te independizaste?—
—¡Por supuesto idiota! Fue por eso y por mi gente, para no continuar sujetos a los caprichos de tu rey—hizo una pausa para calmarse—Me fui en parte para protegerte a ti y a Canadá de mi mismo, sobre todo en aquella época yo era muy volátil. Luché contra ti y obtuve mi independencia pero no fue como yo me esperaba—
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—Inglaterra tú que solías ser tan grande—Alfred dejó a la nación derrotada en el barro llorando. Ya esta, lo había conseguido su gente era libre, él era libre y Matthew y Arthur ya no estarían en peligro con él.
Entonces ¿por qué no estaba feliz? ¿por qué tenía ganas de llorar? En realidad lo sabía porque ahora estaba separado de su familia, había hecho daño a Inglaterra cuando precisamente quería evitarlo. Se fue con sus tropas a celebrar la victoria.
Lituania caminaba por el bosque en dirección hacia la cabaña de Alfred hacía mucho que no sabía nada de su amigo y estaba preocupado cuando celebró su independencia la sonrisa no llegó a sus orejas y había tristeza en sus ojos.
Toris entro en la cabaña la puerta estaba abierta, miró a su alrededor con cautela pensando que habían entrado a robar, los muebles estaban destrozados, manchas oscuras de lo que parecía ser sangre adornaban las paredes y algunas tenían forma de mano. Marcas de arañazos estampaban las paredes, era como si un animal salvaje hubiera estado encerrado allí.
Lituania sacó su arma y se acercó a una figura acurrucada en un rincón, bajo su arma al ver que era Alfred, sentado en el suelo rodeando sus piernas con sus brazos y la cabeza oculta entre sus rodillas.
—¿Alfred?—
El joven levantó la vista y Toris contuvo el aliento, sus ojos llenos de lágrimas eran de un inquietante color rojo y negro.
—Alfred ¿que te ha pasado?—
—Esta es mi maldición—La nación habló a través de sus brazos.
—¿Tu maldición?—Lithuania no entendía a lo que se refería.
—Es una larga historia Toris y ahora no quiero explicarla—América levantó la cabeza revelando por completo su cara.
Lithuania contuvo un grito de horror, Alfred se había mutilado la cara apuñalándose y haciéndose cortes por todo su rostro, vio en el suelo una navaja manchada de sangre.
—América ¿que te has hecho?—
—Estaba tan frustrado Toris, tan furioso conmigo mismo. Después de tantos años de guerra y sacrificios conseguí independizarme pero en lugar de alegrarme era miserable. Me miré al espejo y me dije que no debía estar triste tenía que ser feliz y me odié a mi mismo por lo que hice pasar a mi familia y mi pueblo—
Alfred lloraba como un animal herido que pedía la muerte y terminar con su sufrimiento. Toris estaba conmocionado, jamás pensó que Alfred ocultara tanta tristeza.
Lituania no perdió el tiempo se puso a curarle las heridas a América y a arreglar el lugar mientras Alfred dormía, Toris levantó un pesado estante y pensaba en lo que había ocurrido ¿que le había pasado a América? ¿esto lo sabían las otras naciones?
—Toris...—
El Lithuano se volvió hacia Alfred el joven afortunadamente había recuperado el color normal de sus ojos pero seguía teniendo un aspecto deprimente.
—¿Como estás?—Lituania le tendió un baso de agua que la otra nación bebió teniendo cuidado de sus heridas.
—Mal ¿pero que ha pasado? ¿y estas heridas?—
Toris frunció el ceño confundido—¿No recuerdas nada?—
La nación más joven negó con la cabeza—No...lo último que recuerdo es estar bebiendo frente a la chimenea y luego encontrarme aquí, pero lo recordaré con el tiempo—
Toris le relató a Alfred todo desde que entró en la cabaña, cuando terminó América parecía peor.
—Perdóname si te hice pasar un mal rato Toris, al menos no hice daño a nadie—
—No pasa nada Alfred eres mi amigo no me importa todo esto, sé que eres una buena persona y en cuanto a Inglaterra no te preocupes lo superará—
América solo podía esperar que fuera verdad.
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Los de la sala estaban conmocionados particularmente Inglaterra, Francia y Canadá estaban sin palabras, no habían tenido ni idea de lo miserable que fue en realidad Alfred.
— Estaba asustado no sabía lo que me pasaba. Cada vez que alguien hacía mucho daño a mí o a mi gente perdía el control y cuando me despertaba había cometido una carnicería, además en ese tiempo no querías saber nada de mí—América bajo la cabeza y todos vieron por un momento la inmensa tristeza y desesperación que cargaba la nación—Después recordaba lo que hice cuando dormía en forma de pesadillas, la culpa y el odio hacia mi mismo aumentaban, Toris me ayudaba aunque no quería meterlo en problemas—
—¿Toris sabía todo esto?—preguntó Rusia sorprendido, su antiguo subordinado jamás le dijo aquello.
—Él guardó mi secreto, siempre fue muy amable y comprensivo además supongo que estaba acostumbrado a tratar a personas con problemas—contestó América, dándole una mirada que envió una punzada de miedo a la nación rusa.
—El tiempo que Lithuania vivió conmigo descubrí algo, un día entre en su habitación y el se estaba poniendo una camisa y vi las cicatrices en su espalda—
Todos miraban a Rusia, quien no dijo nada.
—Yo seré un monstruo sádico pero solo se lo hago a los que se lo han buscado de verdad ¿Tu? Tu solo eres un despreciable monstruo enfermo y solitario que se siente mejor atormentando a los demás no solo a Toris y a mí—
Rusia no dijo nada pero sabía que América tenía razón, era un monstruo que necesitaba infligir dolor a los demás era penoso.
—Y bueno ya que estamos sacando los esqueletos de nuestros armarios es hora de que diga lo que os he estado ocultado desde hace siglos—
