Capítulo 2

La ciudad de Magnolia despertó esa mañana en un profundo silencio. El sol iluminó a los pocos que yacían en plazas y calles circundantes. Por el contrario en el castillo un nervioso anciano daba vueltas alrededor de su trono mientras era observado por un pensativo rubio.

—Viejo tenemos que averiguar si lo que vi es verdad… porque si fuera así más vale que tus niños estén preparados—comentó una morena des del centro de la sala.

—Estamos pensando en algo—respondió Laxus seriamente.

—Pensad rápido… vendrá al sexto día y esta vez el oráculo se niega a intervenir y sacrificar gente—sentenció la clarividente para luego desaparecer en una nube de polvo azulado.

—Esa vieja bruja del oráculo siempre igual…—escupió el rubio con desdén.

—Polyushka tiene sus propias razones para no querer intervenir en esto—comentó Makarov.

En esos momentos la guardia entro a la sala encabezada por la capitana Scarlet.

—Sentimos molestarle majestad pero la situación lo requiere—anunció la pelirroja mientras agarraba y hacía avanzar a un encapuchado— este hombre se pasea por la feria como un loco profeta de Zeref—el rey miró fijamente al encapuchado, intentando adivinar quién había bajo las sombras.

—Quítale la capucha—ordenó Laxus severamente. La pelirroja le quitó el trozo de tela al enmanillado.

Era un chico joven, de unos quince años, iba totalmente rapado y sus ojos estaban abiertos de par en par, eran negros como el más oscuro carbón.

—Él vendrá. Mi señor vendrá. Vendrá y os matará a todos para que por fin podáis ver con claridad—gritó el chico convulsionando todo su cuerpo.

—Encerradlo en el calabozo—fue lo único que alcanzo a decir el rey.

Scarlet y los cuatro guardias que la acompañaron se retiraron del salón y acompañaron al profeta a su respectiva celda.

—Así que es verdad—comentó Laxus una vez las puertas del gran salón se habían cerrado.

—Quiero que esta noche interrogues a ese chico Laxus. Solo interrogar—dijo el rey para después desaparecer por una puerta lateral.

Ø

—Todo el mundo nos mira por culpa de tu maldito gato—comentó Redfox con fastidio.

—Nos miran por qué llevamos una pantera—replicó el pelirosado Dragneel.

Los dos lords se paseaban por la feria seguidos por un gracioso gato azul y una seria pantera. A lo lejos algo llamó su atención.

La rubia separó al vendedor de Levy.

—No mientas pequeña. He pagado todos los impuestos—gritaba el hombre.

—No miento. Usted no está registrado y si fuera un error mío usted tendría que tener el comprobante. Y no lo tiene—contestó la peliazul amablemente.

—Debe retirar su parada señor—sentenció Lucy.

—Tu pequeñaja me las vas a pagar—gritó el hombre lanzándose a por Levy. Pero no la tocó.

—¿Pasa algo? —preguntó una profunda y raspada voz. Lord Redfox había frenado al corpuloso tendedero con solo una mano. El hombre le miró desafiante pero al instante se achantó cual gatito temeroso—Abandonaras el lugar rápida y tranquilamente ¿verdad?

—Sí, así será señor… disculpad las molestias—se apresuró a decir el hombre intentando retirar su puño de su mano.

—Y solo yo la llamo pequeña, pequeñaja o enana—comentó el pelinegro apretando el puño del hombre para después soltarlo. El hombre asintió, recogió sus cosas rápidamente y se esfumó del lugar.

La calle estalló en un mar de aplausos a los que el Redfox intentaba hacer caso omiso.

—Gracias—dijo una dulce voz a sus espaldas.

—No es nada enana—respondió el lord con suficiencia—¿Dragneel dónde estás? —gritó.

—Está hablando con Lu-chan—contestó la peliazul—se fueron a ese callejón de ahí. Natsu estaba muy serio.

—¿Se la llevó a un callejón? —preguntó sorprendido.

—No seas malpensado Gajeel—dijo rápidamente la pequeña chica.

—Yo no dije nada. Tu solita te montaste la película enana gihihi—respondió el pelinegro. En esos momentos la Heartfilia salía del callejón seguida de Natsu que la miraba cual corderito asustado—¿De qué deben haber hablado? —preguntó el Redfox para sí mismo. Levy le miró, ella se preguntaba lo mismo.

—¿Nos vamos Levy-chan? —preguntó Lucy al llegar a su altura. La peliazul asintió y las dos se despidieron de los lords.

Ø

—No hemos hablado en seis años—empezó a decir la rubia mirando al frente. Levy la miró de reojo— me exige que no lo llamé lord Dragneel. Y me suelta que está prometido con Lissana que se supone que era lo que todo el mundo esperaba. Llevan seis años saliendo y sus padres eran grandes amigos. Claro que todo el mundo lo espera ¿no crees? ¿De verdad es tan imbécil? ¿Cómo voy a saber yo si quiere o no a Lissana? Él es quien lleva seis años saliendo con ella… todo cambio cuando ella llegó… y aún no se sabe cómo sobrevivió a las montañas… pero es una Strauss, un ángel por lo que ¿quién dudaría de ella?... —la rubia se interrumpió y empujó a Levy a un callejón.

—¿Lu-chan? ¿Qué haces? —preguntó la chica extrañada.

—Mira…—fue lo único que fue capaz de decir la rubia.

A un lado de la plaza, tras una pila de bolsas se encontraba Lissana Strauss besándose con un guardia. Era un chico alto, de cabello lila y de extraño peinado.

—Esa…¡esa es Lissana? ¿Sabes quién es el guardia? —preguntó la peliazul a la rubia.

—No. ¿Cómo puede hacerle eso a Natsu? —susurró Lucy impotente—se va a enterar…

—Lu-chan no… eso es algo entre ellos dos. Bueno tres—fue lo único que dijo la peliazul para después alejar a su amiga de aquel lugar.

—¿Cuánto tiempo debe llevar engañándolo? —preguntó al rubia para sí misma— se veían muy acaramelados…

—Quizás ella romperá la relación…—comentó la peliazul.

—¿Entonces por qué se prometen? —exclamó la rubia.

—Lu-chan ¿Qué te molesta? ¿Qué esté prometido? ¿Qué Lissana le sea infiel? Yo también sé que tu no le harías eso…—dijo Levy.

—Yo… yo no he dicho eso—respondió Lucy roja como un tomate.

Ø

La noche y la música tomaron de nuevo las fiestas del dragón. Cada calle y cada plaza de Magnolia estaba sumida en cantos, bailes y alcohol, aunque esté ultimo circulaba con cierta moderación pues había niños por todas partes.

En la plaza Arkadia Mirajane Strauss tocaba una bonita balada que provocaba la unión de parejas y el sonrojó de niños y niñas cuando salían a bailar juntos.

Gajeel Redfox buscaba alguno de sus hermanos por la plaza pero no veía a ninguno de ellos. Ni siquiera veía al pelirosa. Fue entonces pero que una cabellera azul llamó su atención.

Levy se encontraba acorralada por sus dos mejores amigos, Jet y Droy.

—¡Levy baila conmigo! —habían dicho los dos a la vez. La peliazul no sabía a quién responder, además los dos chicos se habían enzarzado al instante en una discusión para ver a quién elegía la Mcgarden.

—¿Quieres bailar enana? —dijo entonces una voz tras ella. Gajeel Redfox se alzaba imponente, como siempre, frente a ella. Vestía un esmoquin negro con camisa blanca y corbata también negra a conjunto con el chaleco, también negro.

—Claro—respondió la chica tímidamente mientras dejaba a sus amigos peleándose entre ellos.

Estaba rara des de hacía unos días, o eso creía él. La verdad es que tampoco se había molestado mucho en conocer a fondo todo de ella puesto que siempre había otra chica en su mente. Pero ahora estaba convencido de que algo pasaba ya que la albina lo había apartado de la plaza y lo había llevado hasta uno de los puentes secundarios.

—Natsu ¿te preguntarás porque te he traído aquí? —dijo Lissana con la mirada baja.

—Sí porqué todos están ahí divirtiéndose… y supongo que esperan vernos bailar…

—Natsu…—cortó la peliblanca— sé que cuando llegué te separé de la chica que te gustaba… sé que te confundí con nuestro amor infantil que habíamos dejado a medias… perdóname por todo eso…

—¿A qué te refieres Liss? —pregunto el chico mirándola fijamente.

—Eres libre… no tienes porqué casarte conmigo. Da igual que nuestros padres fueran grandes amigos o lo que sintiéramos de pequeños… Natsu me he dado cuenta de que todo ha sido por mi amor infantil… y ahora sé que eso no es amor—explicó la albina.

—Vaya… ¿y cómo sabes eso? —preguntó el pelirosa. Lissana lo miró sorprendida, no era tan idiota como todos pensaban el chico.

—Me enamoré… encontré a alguien…—respondió la albina con lágrimas en los ojos— lo siento Natsu…

—Tranquila… es un alivio saberlo… si te soy sincero me he pasado los seis años de relación observando a Lucy de lejos… quería acercarme y hablar con ella, pero sé que no es de tu agrado—comentó el chico— Liss seamos hermanos que es lo que somos… anulemos la boda— la albina asintió ante las palabras del chico y le sonrió.

Una vez hubo dejado a Lissana cerca de una de las torres de guardia se apresuró hasta la plaza Arkadia. Lucy tenía que estar por ahí, hacía seis años que no hablaba con ella, exceptuando el día anterior, tenía que verla.

La busco durante diez minutos más hasta que dándose por vencido se dirigió a la barra del bar a por una jarra de cerveza. Allí estaba. Una despampanante rubia que hablaba con la capitana de la guardia y uno de los miembros de la guardia personal del príncipe. Natsu se acercó a ellas y se unió a la conversación amistosamente.

Ø

Mientras tanto en el castillo Laxus Dreyar observaba al inalterable preso que tenía frente a él. Decía ser un profeta de Zeref, un profeta de la destrucción y la muerte. El príncipe había intentado hacerle hablar por todos los métodos buenos que conocía pero el joven profeta ya estaba agotando su poca paciencia.

—Zeref os matará a todos… os torturará… aniquilará todo lo que queréis y protegéis tan celosamente—dijo el chico antes de empezar a reírse como un loco.

El rubio le miró severamente y salió de la celda dónde un joven vestido con chaqueta granate y de pelo verde le miró seriamente.

—Está completamente loco Laxus, no le hagas caso—comentó.

—Freed lo que dice lo corrobora Alberona. Sé que está loco, lo que me preocupa es ¿cómo ha conocido esté chico a Zeref? ¿Y porque le ha dejado volver así a Magnolia? —dijo el príncipe mientras se alejaban por el pasillo.

Hasta aquí el capítulo 2, ¿que opinais? ¿tendrian que ser más largos?