—¿Lo que has ocultado?—Le preguntó Francia, no tenía ni idea de a lo que se refería.

—Bueno antes de que pudiera mantener el control de vez en cuando me provocaban y yo terminaba por enfadarme y creedme no era nada agradable—

No hacía falta que se lo dijera, ellos ya lo estaban comprobando en sus propias carnes.

—Intenté controlarme y lo conseguía casi siempre, excepto unas pocas veces. En una ocasión me enfurecí tanto que no pude impedirlo, fue en mi guerra civil—

Inglaterra sabía que fue uno de los peores momentos en la vida de Alfred, no le extrañaba nada.

—Fue en plena guerra civil, dos de mis generales James Morrison y Dean Walker, ambos eran muy amigos, estuvieron en muchas batallas juntos y sus familias eran amigas—calló un momento pudieron la ver la tristeza en él—Un día los dos junto a sus respectivas tropas fueron a la batalla para combatir a los confederados, sin embargo cuando estaban a punto de enfrentarse al enemigo, Dean y sus hombres traicionaron a James y los suyos—

—¿Que?—exclamaron los de la sala se quedaron.

—Si, es cierto Dean, quien había sido amigo de James desde hacía muchos años mató a James. El, su hijo y sus soldados estaban aliados a los confederados en realidad, Dean apuñaló a James sin darle oportunidad de defenderse mientras sus hombres mataban a los de James—los ojos de América se llenaron de ira y puro odio—Fuimos traicionados, pero no acabó aquí. La esposa de Dean y su hija se reunieron con la esposa e hija de James y las envenenaron, la niña solo tenía dieciséis años—

Las naciones se quedaron indignadas, Ludwin sintió repugnancia. ¿Cómo pudieron traicionar así a sus compañeros de armas y matar a una mujer inocente y su hija?

—Como comprenderéis yo no pude controlarme después de esa traición, sobre todo porque ellos no mostraban remordimiento en absoluto, así que decidí hacer de sus últimos momentos con vida un verdadero infierno antes de enviarles al verdadero—

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Dean celebraba una fiesta en su mansión, en el gran salón estaban su esposa e hija. También estaban varios de sus más allegados subordinados con los que había servido desde hacía años.

El general hizo un brindis y todos le imitaron—Estamos aquí para celebrar la gran victoria en la batalla contra la unión, me llena de alegría ver que las personas que más quiero están en este salón conmigo. Mi familia y vosotros mis leales compañeros y amigos, ¡por la confederación!—

Todos los del salón repitieron lo mismo y aplaudieron. Mientras la escena era vista desde las sombras por una figura que los miraba con odio ardiente y desprecio. Como quería hacerles pedazos, que suplicaran por sus miserables vidas mientras sufrían lo inimaginable.

Pero no, todavía no, tenía que esperar el momento adecuado. La venganza es un plato que se sirve frío y él se lo iba a servir y mucho.

—¿Querida has visto a nuestro hijo Edgar?—su esposa Anne negó con la cabeza.

—Si es por su hijo no se preocupe seguramente se habrá retrasado—la familia se volvió hacia uno de los criados, un joven que estaba en un rincón.

—¿Y tú quien eres? no te recuerdo muchacho—

—Soy nuevo señor, la verdad es que acepte este trabajo para conocer al general Dean, he oído mucho de usted—

—Vaya gracias es un alago joven—

—Oh, no para nada—se acercó a la mesa donde estaba el general y su familia. Los tres se quedaron sin aliento al ver sus ojos—Quería ver a la rata que traicionó a sus amigos y compañeros—

—¿Quien.? ¿quien eres?—tartamudeó Anne.

Alfred se inclinó en la mesa hasta que su rostro estuvo a pocos centímetros de la del general.

—Soy América el país que traicionaste—

Dean palideció al igual que su esposa y su hija, el miedo brotó en ellos.

—Ahora os voy a enseñar una lección sobre mí, nadie me traiciona sin pagar caras con las consecuencias, NADIE—

En el gran salón salieron un numeroso grupo de hombres armados que empezaron a apresar a los invitados, Dean miraba a su alrededor sin saber que hacer, Anne cogió a su hija en brazos y se escondieron debajo la mesa. Pero dos hombres las sacaron, Dean intentó llegar a ellas pero terminó siendo golpeado con la culata de un fusil.

La habitación se calmo y Alfred miro a los prisioneros. Sus hombres los habían reducido bajo estrictas ordenes suyas de no matarlos, tenía algo reservado para ellos.

—Por favor América—suplicó Dean arrodillado junto a su familia—Deja a mi esposa y mi hija libres—

—Ni hablar general ellas son igual de responsables. Sé muy bien que Anne y tu hija Rose envenenaron a la familia de James ¿¡cómo pudisteis!? su hija tenía más o menos la misma edad que la tuya, eran civiles y James no se merecía lo que le hiciste, ni sus hombres—luego sonrió—Por cierto tus tropas están ahora mismo siendo aniquiladas por mis hombres en este momento, tiene sus ventajas infiltrarse aquí—

Dean y su familia se estremecieron bajo su mirada de asco y odio. Se desconcertaron cuando América les sonrió ampliamente.

—Tengo un castigo especial para ti Dean—Cogió el cuchillo del general traidor y se lo entregó al hombre confundido—Este es el cuchillo con el que mataste a James, me parece apropiado para lo que tengo planeado—

—Tú eliges Dean, uno matas con este cuchillo a todos tus amigos y subordinados que hay en este salón. O dos si no lo haces entonces yo y mis hombres mataremos a tu hija—

Los de la sala se quedaron helados con lo que dijo la nación, Dean estaba completamente pálido, su esposa e hija sollozaban aterradas.

—Yo...no puedo elegir—

—Eso no te debe resultar difícil Dean, tú antes elegiste traicionarnos y matar a tus compañeros ¿que diferencia hay ahora? ¿qué escogerás, tus hombres o tu hija? Es el único hijo que te queda—

Walker lo miró alarmado un miedo frió le llenó el pecho—Mi hijo—

—¿Edgar? Es un chico valiente tengo que admitirlo, opuso resistencia pero murió de una forma dolorosa, si te soy sincero—

Anne se puso pálida ante lo que decía, Dean negó con la cabeza.

—No es verdad, mientes—

—No te miento y te lo demostraré, chicos traedlo—uno de sus hombres trajo una campana plateada sobre un plato, Alfred la retiró y para horror de los presentes era la cabeza de Edgar.

Anne gritó, un llanto de pura angustia, su hija gemía de espanto y Dean gritó de dolor. Las lágrimas cayeron al suelo y los sollozos sonaron por toda la habitación.

—No os preocupéis una parte de él siempre estará con vosotros, cuando lo maté decidí descuartizarlo y serviroslo, es lo que habéis comido en vuestra celebración—

Dean sin decir más se puso a vomitar, otros en la sala también lo hicieron, Anne miró a Alfred con odio en sus ojos.

—¡ERES UN MONSTRUO ENFERMO!, ¿¡CÓMO HAS PODIDO!?—

Alfred se planto ante ella con un aura tan oscura y amenazadora que la mujer se puso a temblar con su hija en brazos.

—No deberías decir esas cosas. Tú y tu hija matasteis a una buena mujer y una niña así que es mejor que estés en silencio—

Se volvió hacia Dean—Bueno Dean ¿qué decides?—

Dean no quería perder a sus amigos pero no podía perder a su hija.

—¿No le harás nada?—

—Tienes mi palabra de que ni yo ni mis hombres le pondremos un dedo encima a tu preciosa hija—

El general con el cuchillo fue asesinando uno a uno a sus compañeros, unos lo rogaban y otros se resignaban a su destino.

—¡Por favor señor no lo haga!—Le suplicó un joven oficial, Dean cerró los ojos.

—Lo siento—le dijo antes de apuñalarlo en el corazón. Cuando terminó y Dean asesinó a todos los de la sala, América se acercó a él y le cogió el cuchillo.

—Lo has hecho bien Dean pero todavía queda uno pero de ese me ocuparé yo—Alfred sin más degolló a Walker ante la mirada horrorizada de su familia —Cumplió su palabra ahora yo cumpliré la mía—

Anne esperaba que las liberaran, pero para su sorpresa los hombres de América las agarraron a las dos y salieron de la casa.

—¿Adonde nos llevas?—dijo asustada.

—No muy lejos de aquí, esta a veinte minutos andando—siguieron hasta que se encontraron en un campo donde había un espantapájaros. A la señal de Alfred los hombres lo retiraron y en su lugar pusieron a la chica que chillaba pidiendo ayuda.

—¡NO, SUELTA A MI HIJA!—Miró desesperada cómo los hombres vertían sangre en la chica hasta que estuvo totalmente embadurnada—¿Que le estáis haciendo?—

—Eso es para atraer a los cuervos y otros depredadores con el olor de la sangre, vendrán como moscas a la miel y se tomarán un festín con tu hija. No será una muerte agradable que se la coman viva—

Anne quiso abalanzarse sobre la nación pero el otro fácilmente la hizo caerse al suelo.

—Tu...le prometiste a mi esposo que si él mataba a sus hombres no le harías nada a nuestra hija—

—Y he cumplido mi promesa le prometí que ni yo ni mis hombres le pondríamos un dedo encima a tu hija pero no dije nada de los animales—

Anne soltó un grito de pura desesperación, su marido nunca debió subestimarlos, pensando que podrían quedar impunes. Jamás imaginaron lo que haría América ni de lo que era capaz, ahora era el fin.

—Mátame—

—De eso ni hablar estarás el resto de tu vida en una celda jamás volverás a ver la luz del sol y les he dado órdenes a mis hombres de que te lleven a un sitio que no sepa porque en cuanto vuelva a la normalidad. Me volveré mucho más blando y querré liberarte así que no—

Alfred se marchó, vengando así a James a su familia y hombres, mientras oía el llanto de la madre al no poder hacer nada para salvar a su hija cuando los pájaros empezaban a descender.

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—Anne presenció como los pájaros se comían viva a su hija y en cuanto a ella terminó sus días en una celda—Alfred concluyó su historia como quien acaba de contar un cuento de navidad.

Los del G8 se quedaron sin palabras, Francis miraba a Alfred como si no lo reconociera, Matthew no articulaba ninguna palabra, demasiado afectado para decir algo y Arthur parecía completamente en el limbo. Él había hecho cosas crueles como nación ¿pero algo así? Jamas.

América notó el pesado silencio en la habitación, todos los de la habitación incluso Rusia lo miraban perplejos.

—¿Por que estáis tan sorprendidos? vosotros también habéis hecho cosas terribles y por motivos menos graves—

—Alfred ¿por qué no nos lo dijiste hace años?—

—¡POR QUE NO QUERÍA QUE ME VIERAIS COMO UN MONSTRUO!—

Las lágrimas saltaron de sus ojos—¿Crees que me gusta esto? cuando recupero la cordura siempre acabo sintiéndome culpable y un monstruo. No podía soportar que me mirarais de forma distinta—

—Alfred yo...lo siento—Canadá siempre había sentido un poco de celos de su hermano pero al saber todo esto se alegraba de no estar en su lugar.

—Alfred te habríamos ayudado...—Arthur se callo al oír la risa de América.

—No me hagas reír Artie, sé que en el fondo nunca me perdonaste que te dejara y aunque te lo hubiera contado jamás me habrías creído—

—América estaba furioso pero te habría ayudado. Nunca deje de preocuparme por ti—Inglaterra por muy enfadado que estuviera se preocupaba por Alfred y lo quería. Alfred agachó la cabeza y cuando la levantó uno de sus ojos estaba recuperando el color normal.

—Por favor América para todo esto ya no es necesario—era su oportunidad, parecía que Alfred estaba volviendo en sí. Sus ojos poco a poco volvían a la normalidad.

—¿Iggy?—América estaba desorientado se tambaleó y tubo que agarrarse a la mesa, se llevo una mano a la cabeza—¿Donde...?¿dónde estamos?—

—Alfred sigue escuchándome y mantente calmado—le dijo Francia.

Alfred miró la habitación y luego a ellos. Sus ojos se ampliaron como si comprendiera algo.

—Esta habitación la recuerdo aquí es donde vosotros, donde me...—se agarró la cabeza con ambas manos y gritó.

—¡Alfred, cálmate!—Canadá intentó tranquilizar a América pero era tarde, las naciones vieron como los ojos cambiaban de nuevo para ser de color rojo y negro.

América se incorporó y suspiró—Bueno eso estuvo un poco cerca, no voy a acabar hasta que haya terminado con todos vosotros—se volvió hacía Arthur—Y aunque tú ya no estuvieras enfadado conmigo yo jamás os perdonaré lo que me hicisteis

—Tampoco podía decirte nada de esto Inglaterra por que cometí algunas atrocidades que nunca quise que descubrieras—

—Fue en julio de 1888 cuando fui a visitarte en Londres—