Capítulo 20
¿Vamos por otro?
Rosalie's POV
—¿Es en serio, Emmett? ¿Realmente me estás pidiendo eso?
—¿Lo pensarías al menos?
—Emmett, Aubrey recién cumplió un año el mes pasado.
—¿Por favorcito?
Y la mirada de cachorrito que acompañó aquella petición fue la que finalmente me convenció de ir por nuestro tercer hijo. Ugh, cuánto me arrepiento. Los pies me están matando, ya no tengo tobillos, mi vejiga con suerte aguanta un vaso de agua, ¿Y la peor parte? El puto antojo. Aquí me hallo, en el patio de la casa a las dos de la mañana mezclando agua con tierra porque la boca se me derrite al pensar en barro. Sí, barro. Puto Emmett y su tercer -y cuarto- hijo. ¿Mencioné ya que son mellizos? Y se pone peor: Reposo casi absoluto por el mal historial de mi placenta. Daría lo que fuera por tener 24 horas libres de todo. No embarazo, no barro, no descanso. 24 horas de sólo existir.
—¿Tierra otra vez?
—¡Emmett!— grité de susto ante la repentina interrupción—. ¿Quieres matarme? Casi vomito mi propio corazón.
—Lo siento. ¿Por qué no me despertaste?
—¿Y que me vieras en semejante acto? No, gracias. Pretendía mantener la poca dignidad que me quedaba.
Por alguna razón mis hormonas le ordenaron a mis lagrimales hacer lo suyo, y de un momento a otro mis ojos veían borroso de todas esas lágrimas que les brotaban. Emmett como siempre el esposo perfecto, sólo se acercó a mi y me consoló hasta que mis hormonas volvieron a su nivel normal. Juro que este embarazo me terminará matando. Aubrey fue un paseo en el parque comparado con los mellizos, y eso que aun me quedan un par de meses.
Pero partamos por el principio.
Luego del nacimiento de Aubrey, Emmett tardó exactamente diez meses en pedirme matrimonio. Ya sé lo que dirán, y tal vez sí fue algo imprudente casarnos con poco más de un año conociéndonos, pero si pudieran imaginarse sólo una fracción de lo que siento por él entenderían todo. Les prometo que nunca antes había tenido algo así, sentido algo así, y hasta la fecha no me arrepiento de nada. Hemos tenido nuestros problemas, claro, pero nada que me haga cuestionar la relación.
Un mes y medio después de que Emmett se arrodillara y pusiera el primer anillo en mi dedo, contestábamos "Sí" frente a un juez acompañados de nuestras familias y amigos. La luna de miel en verdad fueron vacaciones con los niños y no lo hubiese hecho de otra forma. Vivimos para y por nuestros hijos y juro que eso me hace amarlo más.
Finalmente volvió a ser el cumpleaños de Lucy, y a los días el de su hermano, y para celebrar ambos cumpleaños organizamos un almuerzo familiar en casa, evento que se transformó en celebración de otras buenas noticias: Alice y Jasper esperaban su primer hijo (Que vino de sorpresa). Aquí fue cuando a Emmett le picó el bichito de otro hijo, porque al parecer hablaba en serio cuando dijo que quería crear cien bebés conmigo.
Entonces dejé la píldora, pensando "Okay, tenemos un rato hasta quedar embarazados porque las pastillas anticonceptivas no se llevan muy bien con tu fertilidad y tu útero se demora un tiempo en volver a estar listo, ¿Cierto?" Pues no. Al menos no mi útero. Y así fue como a penas un ciclo después de dejar dicha píldora, no uno si no dos de mis óvulos fueron fecundados y se volvían a pegar a mi endometrio. ¡Suertuda yo!
Y hubiese sido en verdad lindo, de no ser por la estúpida incompatibilidad de sangre entre mis bebés y yo, porque al parecer existen más factores de compatibilidad aparte de las clásicas letras A, B y O, y el antígeno Rh.
—Estás pasando por algo que llamamos isoinmunización antikell—, empezó a explicar mi ginecólogo luego de descubrir el comienzo de una anemia fetal—. Básicamente tú careces del antígeno K mientras que el feto sí lo posee, provocando que tu cuerpo lo rechace. Ya determinamos que Emmett posee el antígeno, por lo que ahora queda determinar el fenotipo de ambos fetos.
Resultó que ambos bebés dieron positivo para el antígeno K y su anemia no mejoró, por lo que al poco tiempo recibieron su primera transfusión intrauterina. Si de por sí un embarazo múltiple es estresante, ahora le sumamos el maldito antígeno. De repente me convertí de cristal, o así parecía por cómo Emmett me trataba. No sé que me estresaba más, si las visitas al hospital o no poder hacer nada en absoluto.
Y cuando por fin convencí a mi esposo de que nada pasaría si iba de compras sola o daba un paseo por el parque apareció el mal nacido de Royce. Sí, ese Royce.
—Lucy, por favor no te alejes— le dije mientras apuraba mi paso para no perderla de vista, arrastrando conmigo el cochecito donde Aubrey iba. Emmett había viajado el día anterior por solicitud de su jefe, y no alcanzó a estar 24 horas fuera de la ciudad y aún así Lucy exclamaba extrañarlo como nunca poniéndola más ansiosa que de costumbre por verlo nuevamente.
Nos detuvimos frente al Dunkin' Donuts, la fuente de azúcar más cercana a nuestra ubicación actual, y decidí textear a Emmett para indicarle que lo esperaríamos allí. Lucy comía animadamente su donut, Aubrey le sonreía al hombre de la mesa de al lado y yo me contentaba con mi descafeinado mientras descansaba la espalda apoyada en el respaldo del sofá cuando una figura se detuvo justo en nuestra mesa.
—Veo que decidiste no deshacerte de tu… problema.— La voz la reconocí de inmediato. Mis ojos se fijaron en su cara tan rápido que mi cuello protestó con un molesto dolor punzante, y mi espalda se enderezó en microsegundos.
—Puedes darte media vuelta y devolverte por donde llegaste.
—¿Por qué mejor no me invitas a sentarme en tu mesa?
—Antes muerta que invitarte a cualquier lado.
—¿Mamá?— habló Lucy tímidamente, la donut olvidada sobre la servilleta. Noté como Royce levantaba una ceja pero decidí ignorarlo de buena gana.
—Royce, ¿Por qué no te vas ya? Yo sé que te gusta armar estas escenas donde te crees superior e intimidante, ¿Pero de verdad es necesario?
Pero por supuesto que el muy maldito decidió ignorar mi petición. En cambio, con sus dedos rozó el anillo de oro de mi dedo anular izquierdo, haciendo que me sobresaltara y que quitara la mano de la mesa con brusquedad.
—Lograste amarrar a un hombre. Dime, ¿Es de él esta… mocosa y ese que esperas?
—Primero, mi vida ya no es de tu incumbencia. Segundo, no tienes para qué ser un mal educado. ¿Mocosa? ¿En serio? ¿No tienes nada más creativo que eso? Y tercero, no eres bienvenido en esta mesa. Así que en serio vete, o no me importará hacer un escándalo.
Fue entonces que Royce perdió la paciencia, y agarrando mi brazo con tanta fuerza que me dejó sus dedos marcados por días, masculló amenazas banales. Lucy gritó que me soltara y mi instinto saltó en el instante en que vio los ojos de Royce mirar con desdén a mi hija. Lo empujé con todas las fuerzas a la vez que me paraba con algo de dificultad del sofá, y esperando llamar la atención le grité:
—¡Ya vete! ¡No tienes derecho a molestarme y mucho menos a mis hijos!— La gente en la cafetería miraba atenta, el hombre de la mesa de al lado se paró de su asiento y con cautela se acercó.
—Hombre, ya la escuchaste. Déjalos en paz.
Royce se acomodó la chaqueta de su traje e irguiéndose con orgullo tomó dos pasos de distancia. Todos quedamos en pausa por unos segundos, atentos a lo que podría ocurrir, pero los King se caracterizaban por evitar confrontaciones en público, y por supuesto que Royce no rompería la regla de oro de su familia. Me lanzó la última mirada de odio y sin más palabras se marchó del lugar. Solté el aire que tenía retenido en mis pulmones justo antes de sentir pequeños brazos al rededor de mis piernas acompañado de un leve sollozo. Y para agregarle más al asunto, Aubrey rompió en llanto en ese preciso momento. Sin perder más tiempo, y en serio sin saber muy bien cómo, tomé a ambos en brazos y comencé un paseo tratando de calmar a ambos.
Emmett escogió ese momento para hacer su aparición, tal como se aparece un oasis en la mitad del desierto, y como es un padre muy atento, se acercó y trató de tomar a Lucy. La niña apretó más fuerte mi cuello dejando claro sus deseos. Noté como la gente volvía a mirarnos, atentos al nuevo personaje que se añadía al drama.
—Tranquilo, es mi esposo.— Le sonreí al hombre de la mesa contigua para enfatizar que todo estaba bien, y Emmett curioso me miró a la vez que tomaba a Aubrey.
—¿Pasó algo?— Lo miré sin decir nada, aún decidiendo si contarle lo sucedido. Conozco a Emmett, y aunque esos hoyuelos lo hacen ver muy amigable, cuando se trata de los que aprecia… pues estoy segura de que es capaz de todo y más—. ¿Rosalie?
—Me topé con Royce.
—¿Roy…ce? ¿Ese Royce?— Asentí con la cabeza mientras me volvía a sentar.
Por primera vez desde que entró a la cafetería me estudió con detalle, notando casi de inmediato los primeros colores del moretón que Royce decidió regalarme, marcando cada uno de sus dedos. Pero antes que Emmett pudiera replicar cualquier cosa, los gemelos se manifestaron y mi útero reclamó con una pequeña punzada. Mi rostro debió expresar la molestia, porque Emmett cambió su semblante de inmediato.
Al final, toda esa libertad por la que había peleado se esfumó en una mañana gracias a Royce y mis niveles de estrés que no solo lograron que llorara en medio de la cafetería, sino que también hicieron que tuviera que salir del aeropuerto en una puta silla de ruedas, para luego ir directamente al hospital (Para el alivio de todos, los bebés estaban fuera de peligro pero aún así tuve que estar en reposo completo el resto del día)
No pasó un mes de aquel incidente cuando Bradley Cullen-Hale (Por que sí, Alice y Jasper se casaron a las semanas de anunciar el embarazo en una pequeña ceremonia con la promesa de renovar votos con una gran fiesta tan luego, y cito a Alice, "Mi figura vuelva a entrar en un Carolina Herrera", y fusionaron sus apellidos). Mis padres llegaron justo una semana después, mamá montada en su chopper y papá en su custom. No viajaron antes por que tenían "asuntos que resolver", asuntos que luego descubrimos eran mudarse a la ciudad para "estar más cerca de nuestros nietos". Y la ayuda no podría llegar en mejor momento. Emmett trabajando a tiempo completo, Jasper y Alice preocupados de su propio hijo, yo con dos en casa y dos en camino… En serio, los tendré aquí conmigo tan seguido como se pueda y prohibido que se quejen.
Y los Cullen no se quedaron atrás. Esme nos visita a diario y me ayuda con los niños como nadie; y Carlisle viene cuando los turnos en el hospital se lo permiten. Decir que la casa ha estado llena es poco, pero me encanta. La idea de una gran familia siempre ha estado en mi, y esta familia vale oro.
Bueno, y después de todos esos eventos, aquí estamos, un día miércoles cualquiera a las ocho de la mañana. Emmett subiendo a Lucy al auto para llevarla a clases, Aubrey aún dormido, Esme bajando de su propio auto, llegando una vez más para ayudarme con lo que haya que hacer en casa, ¿Y yo? Pues yo en el sofá sin moverme mucho con un plato de tostadas francesas preparadas por mi esposo.
No es que no quiera hacer nada, pero ya saben, la panza llena de bebés y todo eso. Y para ser honesta, creo que los mellizos podrían nacer hoy. Llámenlo instinto materno o como quieran, pero juro que mi cuerpo anda extraño y algo quiere decirme. Si no es lo que creo, pues entonces me rindo.
—Rose, ¿Te sientes bien?
—¿Eso creo? No sé, puede que los bebés nazcan hoy.
—¿Y Emmett fue a trabajar sabiendo eso?
—No le dije. No quiero alarmarlo y que no sea nada.
—¿Quieres que llame a Carlisle?— Negué con la cabeza—. Sólo quiero volver a dormir.
Y lo hice. Me recosté en el sofá y dormí gran parte de la mañana, hasta que una contracción me volvió a despertar. Sí, definitivamente los bebés nacerán hoy.
Hola, hola, ¿Hay alguien ahí? Soy yo de nuevo. Y esta vez no demoré dos años, wii.
Va quedando un solo capítulo. En serio trataré de tenerlo antes de navidad XDD Pero es que mi musa continúa yendo y viniendo T.T
En fin.
Saludos, lectores!
