—Yo la verdad es que estuve a punto de decírtelo todo en una ocasión así que fui a hacerte una visita sorpresa en Londres—
—¿Tú fuiste a verme?—Arthur no tenía ni idea—Pero no me visitaste no lo recuerdo, ni me dijiste todo esto—
América se sentó en el sillón por primera vez en ese día se lo veía cansado.
—Es cierto fui a verte quería decírtelo, no podía más pero cuando iba de camino a tu casa me perdí en un barrio pobre y miserable, Withechapel—
Palideció—¿Sabes lo peligroso que era ese barrio en esos tiempos?, ¡sobre todo porque había un asesino matando por allí!—
Alfred se burló—Oh créeme lo sé, estaba buscando a un policía para que me ayudara a orientarme cuando un grupo de personas borrachas se cruzaron en mi camino casi todas eran mujeres. Pero los dos hombres debían de ser sus proxenetas, se pusieron a provocarme. Yo los ignoré y uno de ellos golpeó mi cabeza con una botella de cristal. En el suelo el grupo me dio una paliza mientras se reían de mí, cuando esos dos tipos iban a violarme un policía vino hacía nosotros y los ahuyento, a mí me llevaron a un hospital—
A Inglaterra se le revolvió el estómago, en el pasado habían estado a punto de hacerle eso a América pero en esa ocasión se salvó aunque no pudo salvarse de ellos.
—Cuando me desperté en ese hospital de Londres perdí el control y decidí vengarme, no fue fácil encontrarlos. Uno a uno les di caza y deje por último a esos dos proxenetas pero oculté sus cuerpos. Los anteriores asesinatos llamaron demasiado la atención—
Inglaterra lo miró alarmado ante una espantosa posibilidad.
—Ese periodo fue el más largo en el que me mantuve así, excepto por vosotros, me costo meses pero logre hacerles pagar—
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Alfred estaba absolutamente lívido, como se atrevían a hacerle aquello, la policía no pudo interrogarle, una vez que se despertó y vio esos horribles ojos en un espejo sonrió y se fue sin que nadie lo notara.
Cambio de planes en lugar de ir a ver a Arthur ataría unos cabos sueltos.
Se registró en un elegante hotel con un nombre falso y consiguió ropa de un típico obrero pobre de Withechapel. Afortunadamente mientras lo golpeaban pudo escuchar el nombre de algunos de ellos y se sabía de memoria el físico de todos, solo necesitaba encontrarlos.
Disfrazado de obrero se paseaba por las calles de Withechapel pero solo de noche y se ponía una gorra para que nadie viera sus ojos.
Se hizo pasar un simple cliente, vestido elegantemente y hablando con los distintos proxenetas. Al final dio con los dos y pudo localizar a las mujeres. Las siguió aprendiendo sus rutinas.
Su primera victima la mató a finales de agosto, se disfrazó para parecer más mayor de lo que aparentaba y se puso una peluca. No fue difícil atraerla con la promesa de dinero, cuando la tuvo sacó un cuchillo.
—Ahora escúchame bien—le dijo en voz baja, la mujer asustada asintió—Hace poco tú y otras personas atacasteis a un hombre y le disteis una paliza, la policía por suerte os interrumpió ¿No es así Polly?—
La mujer palideció—Estábamos borrachos—
—Pero no es excusa para lo que hicisteis—se acercó más, ella pudo verle los ojos y la mujer habría gritado de no ser por que Alfred le tapó boca.
—¿Que eres?—Polly jamás había visto unos ojos así y sería lo último que vería.
—Soy vuestra pesadilla, un demonio que ha venido a castigaros—
La asesinó e hizo varias incisiones en su abdomen.
Una detrás de otra fue a por las mujeres y cada asesinato era más espantoso que el anterior, Annie la mató y para despistar a la policía disperso sus pertenecías por el patio, pero se llevó los anillos de latón, tenía algo planeado con ellos.
A Elizabeth y Catherine las mató la misma noche, con Elizabeth no pudo rematar todo el trabajo y se fue apresuradamente antes de que lo atraparan pero con Catherine se tomó su tiempo.
La última fue Mary Jane Kelly, se hizo pasar por un cliente y entro en la casa de la mujer. Estando a solas la ira lo dominó y cuando la furia se fue se dio cuenta de la carnicería que había cometido, Mary estaba irreconocible. Incluso estando en ese estado Alfred se conmocionó de lo que hizo.
Pero todavía tenía que ocuparse de los dos últimos. Esos dos indeseables, empezó por las mujeres para que pareciera que solo iba a por prostitutas y no sospecharan. Durante ese tiempo les envió a los dos hombres los anillos de Annie y los órganos internos de las mujeres para aterrorizarlos.
Cuando finalmente fue a por ellos habían intentado esconderse pero Alfred los tenía vigilados y finalmente los capturó, a diferencia de las mujeres ellos no morirían inmediatamente, tendrían una muerte muy lenta y dolorosa.
Cuando terminó supo que debía ocultar los cuerpos, ya había llamado mucho la atención así que los quemó y regresó a casa, en América se limpió y se deshizo de todas las pruebas, después se fue a dormir.
Para cuando se despertó América no recordaba nada de lo ocurrido en los meses anteriores solo que iba de camino a Londres para decirle a Arthur su secreto. Pero cuando vio un periódico relatando los crímenes lo recordó todo horrorizado.
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—¿Tú...? ¿tu eres Jack el Destripador?—preguntó Inglaterra se paso los dedos por el cabello parecía que se lo arrancaría, horrorizado.
—¡Bien! ¡premio para el caballero!—se rió—Pues sí soy Jack el Destripador pero no escogí ese apodo, fueron esos periodistas que además escribieron esas cartas, no fui yo—se palmeo la cara, los periodistas harían lo que fuera por una noticia.
—Y que conste que tampoco soy un caníbal ¡por favor! ¿cómo voy a comer eso?—América hizo una mueca—¿Sabéis? llamadme Jack me gusta el nombre. Además cuando estoy en este estado no me puedo considerar Alfred, soy yo por supuesto pero aun así no me parece correcto que me llaméis con ese nombre estando así—
—Siempre que volvía a la normalidad y lo recordaba todo me sentía culpable y tardaba en recuperarme, aunque las personas que hice daño se lo merecían. Pero después de lo ocurrido en Withechapel y las atrocidades que hice me afectaron tanto hasta el punto en que intenté quitarme la vida—
—¿Tú intentaste suicidarte?—preguntó el ruso asombrado sin creerse que el tonto americano hiciera algo así.
—¿Tanto te sorprende Iván? Mi vida no ha sido exactamente un camino de rosas como os pensabais. Toris me encontró cuando me había cortado las venas, me vendo las heridas y se quedó conmigo hasta que no volví a intentarlo ¿sabes lo que me dijo? Me dijo que si moría entonces me rendiría de verdad y que yo lo que iba a hacer era el camino fácil me pidió que pensara en vosotros y en mi gente—
Arthur se sentía como el peor hombre del mundo una basura, Toris lo cuido cuando el no lo hizo.
—Pues sí aunque ya no intente suicidarme tenía que parar, sabía que era solo cuestión de tiempo antes que alguno de vosotros idiotas me provocara lo suficiente como para que perdiera la paciencia y pusiera vuestra cabeza como adorno en mi porche. Por eso fui al Tibet, me enteré que allí se medita mucho y se tiene un gran control de tus emociones así que fui. El Tibet fue comprensivo y me ayudo—
—¿Estuviste en el Tibet haciendo meditación?—Romano no se podía imaginar al bastardo hamburguesa haciendo eso.
—Si, funcionó y aquello me ayudó a no dejarme provocar muchas veces por vosotros sobre todo en las guerras, hasta lo de Pearl Harbor en esa guerra mi cordura se fue en dos ocasiones. Después del ataque y otra luego del bombardero a Hiroshima, después de aquello no hubo más incidentes hasta que vosotros me atacasteis—
América sintió odio, rabia y una profunda tristeza hizo todo eso para detenerse y no causar más daño pero sobre todo para protegerlos de si mismo y del monstruo que había en él. Pero no se podía decir lo mismo de ellos en una crisis no se contuvieron y lo destrozaron. Ahora se preguntaba quienes eran en realidad los monstruos.
—Siempre me duele la traición y más si son de aquellos cercanos a mí—
Se volvió a Francia y sonrió de una forma que asustó al pervertido francés, el hombre temblaba completamente pálido mientras ese ser que se parecía Alfred pero que no era él se acercaba.
—Vamos a jugar a un juego Francia se llama El salón de belleza. Tu estas obsesionado con tu aspecto Francis así que te ayudaré a mejorarlo, les mostraré a todo el mundo cómo eres en realidad—
Jack se volvió a un asustado Feliciano—Ven Italia necesitaré tu ayuda con esto—
Italia estaba demasiado asustado como para moverse, pero América lo desencadenó y lo llevó a Francis que previamente había sido atado en la silla.
—¡Vaya! Que manos tan cuidadas Francis y esas uñas ¿es manicura? Desde luego te cuidas más que una mujer—se volvió hacia Italia—Feliciano ven vamos a darle a Francia una nueva imagen—le tendió un objeto que en realidad eran un soplete.
—América no entiendo que quieres que haga—
—Es sencillo, quiero que le quemes un par de dedos a Francia—
Francia lo miró con horror.
—No puedo Alfred—dijo tembloroso Feliciano.
—Tú puedes Italia, si pudiste violarme también puedes hacer esto, pero antes tengo que hacer algo—
Jack agarró a su hermano Canadá del pelo y lo arrastro ignorando las súplicas de su hermano, Inglaterra y Francia.
—¡Alfred no hagas esto!—
—¡Amerique por favor deja a Matieu!—
—No os preocupéis no le haré nada, solo quiero hacer unas cuantas cosas—puso a Canadá en una silla justo enfrente de Francis. Lo ato y le puso unas restricciones en el cuello para evitar que moviera la cabeza y solo viera en dirección a Francia. A continuación le puso unos adhesivos en los párpados para que los tuviera bien abiertos y no pudiera cerrar los ojos—Mejor así no te perderás nada—
Francia forcejeaba con todas sus fuerzas, sabia lo que quería América. Torturarlo y obligar a Canadá a verlo.
Matthew lloraba, intentó pedirle a Alfred que detuviera esto pero le puso una mordaza y no pudo decir nada, debió impedir que las naciones violaran a su hermano. Pero Francis y Arthur hablaron con él y le dijeron que este era el único modo y ahora estaban metidos en esta horrible situación.
Canadá junto a todos ellos pensaban que Alfred era un niño inmaduro, imprudente, con ideas estúpidas, además de egoísta. Cuando en realidad no podía ser más distinto de la realidad. Alfred en realidad era una pobre persona que ocultaba una gran miseria y miedo, intentado protegerlos a todos y viviendo con el temor constante.
—Francia te quería como a un padre y tu traición fue de las que más me afectaron. Tu eres un hipócrita, te ayudé en la segunda guerra mundial por que fuiste incapaz de defenderte y por cierto una guerra que tú y otros provocasteis—
Francia levantó la cabeza hacia América, quien lo miraba con desprecio.
—El tratado de Versales no solo no te contentaste con derrotar a Alemania sino que pusiste sal sobre la herida. Recuerdo esa reunión te pavoneabas muy presumido y disfrutabas de la humillación de Alemania—Francia bajo la cabeza al recordarlo, era cierto pero sufrió muchas pérdidas y quería hacerle pagar a Ludwin.
—Nunca estuve de acuerdo con ese tratado, Alemania no era el único responsable pero fue uno de los que más pagó lo dejaste en la miseria y eso generó descontento en la población cosa que inició la segunda guerra mundial—miró a las naciones europeas con burla—Al final todos pagasteis el precio por aquello, vuestros países destruidos y una pobre economía. Os ayudé a todos y tú Rusia también estabas en apuros, te dejaste engañar por los nazis cegado por tu codicia de más territorio y te traicionaron—
América se rió y miró casi con lástima a Francis.
—Tú y los otros culpasteis a Alemania de todo cuando no era verdad os ensañasteis con él y al final el se vengo de vosotros con otra guerra—América se acercó tanto a Francia que este podía ver bien sus ojos, dos cuencas de oscuridad y sangre que prometían una cantidad infinita de horrores—Después de aquello pensé que todos vosotros aprenderíais la lección pero no fue así, décadas después me culpasteis de todo a mí por la crisis y decidisteis castigarme ¿y como estamos ahora? Como hace décadas pero a diferencia de Alemania yo no iniciaré una guerra, este castigo es solo para vosotros—
Francia bajo la cabeza avergonzado tenía razón al igual que Alemania no pensó, se dejo llevar por su ira y al final él y los demás hicieron responsable a Alfred y ahora estaban así, igual que en la segunda guerra mundial, apretó los dientes maldiciéndose. Era un estúpido que no aprendía de sus errores.
Las naciones pensaban lo mismo y sentían vergüenza sobre todo Alemania que en el pasado había estado en la misma posición que América pero al final se había rebajado al mismo nivel que los demás, era igual que Francia.
