Otro One-Shot Chenry porque me sentía con las ganas de escribir algo de angst/romance/fluff yay! Creo que se trata de un AU algo dark...¿

Al final hago aclaraciones.

Disfruten.

Disclaimer: (revisa sus bolsillos) no, aun no poseo nada...

Fue el repentino y estridente tono de llamada de su teléfono lo que la despertó sobresaltada.

Charlotte había tenido un día realmente ajetreado, entre sus clases, su trabajo de medio tiempo y además de terminar algunos proyectos y trabajos de investigación con los que ella estaba ayudando a algunos de sus profesores, había acabado agotada, y aún así se había pasado una buena parte de las horas de la noche examinando sus notas y libros para prepararse para los exámenes que aún le quedaban por rendir.

Pero un ser humano mortal tiene sus límites, y ella se había agotado lo suficiente como para no poder evitar quedarse dormida sobre sus notas extendidas, libros y su laptop que había entrado en reposo sobre el escritorio después de haber estado cabeceando un buen rato tratando de concentrarse en las letras que con el pasar de las horas se habían vuelto borrosas y casi ininteligibles.

Levantó la cabeza con un quejido amortiguado, entrecerrando los ojos con molestia tanto por el irritante sonido que retumbaba en sus oídos como por el dolor que estaba experimentando en su cuello y espalda.

Nota para ella misma: no volver a dormirse sobre la dura superficie de un escritorio.

Bostezó enderezándose, se frotó los ojos y tomó el dispositivo, que había estado sonando y zumbando inquieto junto a su cabeza.

Miró la pantalla parpadeando para aclarar su vista, frunciendo el ceño extrañada al ver el nombre de su amigo rubio destellando bajo la débil luz de su lámpara. Un vistazo a la hora le hizo saber que era demasiado tarde para que Henry la estuviera llamando socialmente.

Solo había una razón de peso para que el quisiera contactarla tan tarde.

Ese único pensamiento fue suficiente para dejar de lado cualquier sueño restante que pudiera haber sentido.

Aceptó la llamada sin cuestionar y acercó el dispositivo a su oído.

—¿Henry? ¿Qué pasa? —preguntó con una pizca de preocupación en su voz.

Respiraciones entrecortadas y pesadas le respondieron antes de escuchar a su amigo luchar por mantener una voz firme mientras le respondía.

—Buenas noches, Char, lo siento por ... molestarte, pero ... ¿puedes ... ayudarme con ... algo?

Cada palabra que salió de la boca de Henry fue laboriosa y llena de dolor, lo que levantó banderas rojas en su mente.

Y el chico casi siempre trataba de no pedirle mucha ayuda muy seguido para no arriesgar su seguridad, así que lo que fuera que había ocurrido, era grave.

Algo estaba muy mal con su amigo.

Se sentó más recta en su silla, los ojos completamente abiertos y los sentidos alerta.

—¡Por supuesto! —ella exclamó— ¿qué necesitas?

Ella lo escuchó tomar una respiración profunda antes de responder.

—Primero... ¿puedes acercarte... a tu ventana?

Sosteniendo su teléfono con fuerza, fue hacia la ventana de su habitación y la abrió, deslizando el panel a un lado.

—Listo —le dijo al teléfono mientras miraba hacia la oscuridad que envolvía la calle.

No obtuvo una respuesta inmediata, pero entre la oscuridad vio a una figura alta, fuerte y vestida de oscuro que caminaba con lentitud, algo encorvada, y se dirigía hacia su dirección.

A través de su teléfono, escuchó su respiración jadeante y profunda acompañada de suaves quejidos de dolor. Charlotte sintió que se le encogía el estómago ante los signos obvios de que había ocurrido algo malo con su amigo.

Henry, con la cara cubierta por un antifaz negro y una capucha, se agarraba el costado con una mano enguantada, la tela alrededor del área era de color más oscuro y su andar iba dejando un rastro de gotas oscuras que iban cayendo al suelo mientras avanzaba. No traía encima de él ninguna de sus armas caseras no letales que solía utilizar para luchar contra el crimen, tampoco la pequeña mochila que ella le había obsequiado para que guardara neceseres útiles para su secreta vida nocturna.

A solo unos pasos de distancia de su ventana, él levantó la cabeza, sus suaves ojos marrones que bajo la débil luz lucían oscuros se entrecerraron en una mueca de dolor.

—Necesitaré ... ayuda para subir —le informó aún hablando por el teléfono, un siseo escapando entre dientes apretados.

Ella asintió y miró a su alrededor, pero la única manera de subirlo por la ventana sería utilizando sabanas como sogas, lo que llamaría mucho la atención y además no parecía recomendable si, por lo que se veía de él, estaba herido, solo empeoraría su estado.

Solo había una manera de ayudarlo.

—Bajaré a buscarte, pero necesito colgar —explicó.

La respuesta que recibió fue un asentimiento y un gruñido de comprensión, y el joven cortó la llamada. Charlotte se guardó el teléfono en el bolsillo, tomó una chaqueta y se dirigió hacia la puerta principal. Compartía un apartamento con Byshell, su vieja amiga de la escuela secundaria, que afortunadamente estaba ubicado en la planta baja, por lo que Henry solo tendría que subir una única escalera.

Tomó la llave y abrió la puerta, mirando brevemente por encima del hombro a la puerta del dormitorio de su amiga, incluso aunque sabía que dormía tan profundamente que casi nada era capaz de despertarla. No podía arriesgarse a que su compañera de cuarto descubriera el secreto que Henry había mantenido tan bien por años y que le había confiado.

Que él era el misterioso vigilante de Swellview del que todos habían oído hablar pero muy pocos habían visto cara a cara -o más bien, máscara-.

Hasta ese momento, la doble vida de Henry no había presentado un problema para el joven, evitaba que le dieran puñetazos en la cara y usaba mangas largas para tapar los hematomas o cortes que recibiera en su cruzada contra el mal. Apenas recurría a ella en busca de ayuda, solo en contadas ocasiones para pedirle sus habilidades de pirateo o deducción para resolver un problema especialmente difícil.

Así como ella había conectado los puntos y descubierto que él era Kid Danger en su momento, igualmente había descifrado la identidad del vigilante de Swellview, aunque esa información le había llevado meses descubrirla, su amigo se había vuelto un experto en ocultar rastros y hacerse coartadas creíbles.

Al ser confrontado una tarde en un café en el que solían encontrarse para pasar el rato, no lo había negado, aunque sí le había pedido que no le dijera nada a Ray ni a Jasper, cosa que ella había prometido cumplir. Ser vigilante no era lo mismo que ser héroe, era ilegal, la policía lo perseguía como si de un peligroso criminal se tratara, y no tenía acceso a armamento tan sofisticado como el construido por Schwoz, sus armas y artilugios se los creaba el mismo, y no eran tan avanzados como los que solía usar en su carrera como compañero del Capitán Man. También había optado por dejarla fuera de la mayor parte de los asuntos de su alter ego por su propia seguridad, algo que ella también había aceptado, pero haciéndole prometer que si algo grave pasaba, él recurriría a ella, sin importar que fuera.

Todo hacia pensar que esta era una de esas ocasiones.

Después de asegurarse de que Byshell no se despertaría pronto, salió del apartamento y bajó las escaleras de dos en dos. Saliendo del edificio, dio la vuelta para llegar a la pared debajo de su ventana, y allí lo vio, apoyando la mitad de su cuerpo contra el basurero, apenas teniendo fuerzas suficientes para mantenerse en pie, luchando contra las ganas de dejar caer su cuerpo al suelo.

Se detuvo en seco, el estómago le dio un vuelco tan repentino que sintió un dolor físico real, pero de inmediato se recompuso y corrió hacia él, quien levantó la cabeza cuando escuchó sus pasos.

Al detenerse justo frente a él, se cubrió la boca para detener un gemido de angustia cuando pudo ver bien su estado.

Desde su ventana, no había visto su rostro con claridad debido a la lejanía y la débil luminosidad, solo había distinguido sus ojos, pero al hallase así de cerca, pudo ver el labio roto, la mejilla hinchada, la sangre seca que había caído de su nariz y más moretones alrededor de su cuello.

Henry debió haber visto sus intenciones de preguntarle qué había sucedido en sus ojos conmocionados porque negó lentamente con la cabeza.

—Aquí no —pidió con voz ronca.

Ella asintió aturdida y se acercó a él, ofreciéndole su apoyo para llevarlo de regreso a su habitación.

Después de caminar lentamente y la subida de escaleras más extenuante y dolorosa en la vida del joven, llegaron a su puerta, ella volvió a cerrar con llave y usó la linterna de su teléfono para iluminar el camino a su habitación, no queriendo perder tiempo al tener que regresar para apagar la luz.

Dentro de su dormitorio, ayudo a Henry para que se sentara en su silla, lo que él hizo con gusto, aliviado de poder descansar un poco.

—Voy a buscar mi botiquín de primeros auxilios —anunció, sacándose su chaqueta—. Volveré en un minuto.

Después de agarrar su botiquín médico –el que mantenía bien provisto para emergencias que había esperado que nunca sucedieran– se lavó bien las manos y se puso un par de guantes antes de regresar con él, poniéndose en modo médico.

Henry estaba reclinado contra la silla, la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados con fuerza y la respiración laboriosa. Su chaqueta negra con capucha había sido descartada sin ceremonias en su piso, hecho que no le importó y que le dio una punzada de angustia cuando vio las manchas rojas que habían goteado de la tela al caer al suelo.

Aún vestía sus pantalones cargo, botas, el antifaz y la camiseta gris de manga larga –con la mancha roja grande que empezaba a secar y que debía quitarle de inmediato–.

Ella tomó otra silla que tenía en su cuarto y se sentó frente a él.

Al escucharla en la habitación nuevamente, entreabrió los ojos a tiempo para verla asimilando sus heridas como toda una profesional. Su mirada era calculadora, pero él la conocía lo suficiente como para detectar la preocupación y la desesperación detrás de su máscara de calma.

"Tendré que cortarte la camiseta" anunció en voz baja después de terminar su inspección.

Había sufrido cortes en su pecho y brazos, probablemente de una navaja, pero ella había decidido que la herida en su costado era por el momento la de mayor prioridad.

Henry asintió brevemente con la cabeza mientras Charlotte tomaba unas tijeras para cortar la tela de su camiseta, luego lentamente lo ayudó a deslizarse de esta y quitar los restos de sus brazos. Después de dejar caer los restos ensangrentados de la camiseta en un montón en el suelo, sus sospechas se confirmaron: tenía un agujero de bala.

No pudo evitar hacer una ligera y fugaz mueca de impresión ante la vista desagradable, en lo que llevaba de vigilante no había sido herido de esta manera. Había recibido puñaladas y cortes, o alguna paliza más grave de lo normal, pero esta era la primera bala que recibía.

—Quédate lo más quieto que puedas —le indicó.

Entonces comenzó a presionar un poco, con cuidado de no provocarle más dolor, aunque lo escuchó sisear, gruñir por lo bajo y lo sintió tensar sus músculos.

No era médico, pero había tomado clases de primeros auxilios y parcheado a su amigo suficientes veces en el pasado para saber cómo hacer algo como esto.

Eso y tutoriales de YouTube al enterarse del nuevo pasatiempo de su amigo.

El diagnóstico fue bastante bueno para una herida como esa, la bala no se había hundido demasiado en su carne, los huesos y órganos no habían sido tocados -de ser ese el caso no habría sido capaz de caminar desde quien sabe donde hasta su casa-, sus músculos no habían sido severamente lesionados.

Ella rápidamente le explicó todo eso, viéndolo relajarse un poco al saber que estaba a salvo, más o menos. Se puso más pálido cuando ella le anunció que aún tenía que sacar los restos de la bala, pero lo consoló asegurándole que iba a usar anestesia local.

A pesar de esto, lo vio mordiéndose los labios y apretando los puños mientras cuidadosamente clavaba las pinzas en el costado de Henry. Fueron necesarios tres intentos para agarrar el resbaladizo fragmento de metal. El joven hizo una mueca de asco cuando ella dejó caer la bala todavía con restos de tejido en un pañuelo de papel sobre su escritorio para que él la viera, pero una ola de tranquilidad lo envolvió una vez que el objeto extraño salió de su sistema.

Lo único que le quedaba era limpiar la herida con una gasa embebida en alcohol y coserla, lo que logró hacer sin temblar ni sudar. Finalmente la vendó con cuidado.

—El agujero se cosió muy bien, pero te dolerá por un tiempo y terminarás con una cicatriz... —su mirada parpadeó hacia su torso y brazos desnudos, su piel callosa llena de una variedad de cicatrices, delgadas y gruesas, largas y cortas, todas ellas contando su propia historia.

Siguiendo el rastro de sus ojos, Henry miró su cuerpo.

—No es un gran cambio, entonces, —comentó con amargo humor, pasándose el brazo derecho por la frente y secando el sudor que se le había acumulado en la cara.

Su respiración todavía era un poco irregular y estaba claro que sus heridas molestaban, pero su angustia había desaparecido.

—Y sé que lo que voy a decir te entrará por un oído y te saldrá por el otro, pero... deberías ir a ver a un médico de verdad —le recomendó, comenzando a trabajar en el resto de sus heridas.

No era la primera herida de gravedad que recibía por la cual se negaba a visitar un hospital con personal preparado para darle un tratamiento apropiado, a pesar de sus repetidos recordatorios de que ella no tenía título para ejercer medicina.

Henry resopló suave y cansinamente ante su sugerencia, ya esperándose aquella sugerencia de antemano.

—Si voy a un hospital, empezarían a hacer preguntas... Sabes que no puedo arriesgarme a darles respuestas.

Siguió el camino que sus manos estaban haciendo sobre su pecho mientras limpiaba todos sus cortes con una gasa nueva con alcohol, como tantas otras veces. Aquello hacia arder las heridas, pero no era nada comparado con el agujero de bala cosido que ahora estaba calmado, pero sabía que dolería como el infierno en unas pocas horas. Sabía que no debería abusar de los analgésicos y antibióticos porque a la larga podrían perjudicarlo, pero era difícil no hacerlo cuando le facilitaban tanto su vida diaria.

—Entiendo, creeme, lo hago —dijo la chica—, pero has estado adentrándote más y más en el mundo criminal, tus heridas han ido desde pequeños rasguños y moretones a puñaladas y agujeros de bala, llegará un momento en que mis habilidades no serán suficientes —se lamentó Charlotte.

—Has ido mejorando mucho, yo puedo asegurarlo —la halagó su amigo, medio en broma, medio en serio.

Ella le envió una mirada desaprobatoria, dejándole saber sin una palabra que aquello no la animaba para nada.

Es decir, se enorgullecía de sus capacidades, y era satisfactorio saber que sus conocimientos eran prácticos, pues le servían para apoyar a su amigo, pero la idea de que toda la experiencia adquirida era gracias a las no muy agradables ocasiones en que tuvo que 'arreglar' a Henry le disgustaba un poco.

Notando la respuesta de la chica, la expresión de Henry se volvió seria pero suave.

—No me siento cómodo confiándole mi salud física a nadie más.

Ella miró directamente a sus ojos, ahora luciendo suaves y amables. Sabía que él estaba siendo honesto y se sintió halagada y dichosa de saber que confiaba tanto en ella y en sus capacidades, pero no era ingenua, vio más allá de sus palabras y lenguaje corporal y descubrió cuál era su objetivo en ese momento.

—Además de que yo no te delataría con la policía ¿no? —dijo inexpresiva, reanudando sus tareas de reparación en su cuerpo.

Al detectar el tono ligeramente seco entre sus palabras que usaba cuando bromeaba, Henry sonrió descaradamente y no se molestó en corregirla. Eso era parte de las razones.

Permanecieron en silencio unos minutos, solo roto por algún siseo o gruñido del rubio, pero limpiando una herida de cuchillo profunda en particular ubicada sobre un moretón de color púrpura oscuro en forma de cilindro hecho con una especie de barra de acero, su curiosidad creció y no pudo contenerla.

—¿Qué estabas haciendo para terminar en este estado, y con una bala dentro de ti? —preguntó Charlotte mientras cerraba la herida con el hilo de sutura.

Su pregunta había sido más bien retórica, pero al ver todos los inconvenientes que le estaba causando, se sintió obligado a responderle con la verdad, después de todo no sería la primera vez que compartía alguna anécdota con ella.

—¿Recuerdas esa vez que te pedí que saques unos archivos de un teléfono? —preguntó, y ella asintió recordando fugazmente el suceso, uno de sus trabajos de 'hackeo'—. Eran direcciones de almacenes propiedad de una organización criminal bajo un nombre falso —le reveló—. Hice una revisión rápida de los diferentes lugares, y uno de ellos se quedó como el más significativo... así que fui a dar un vistazo —finalizó.

—Esto no me parece un simple vistazo —mencionó la joven con un tono seco, refiriéndose a sus múltiples heridas.

—Bueno, mi principal objetivo en ese momento era echar un vistazo, pero me dejé llevar...

Ella le dio una mirada con las cejas levantadas, pidiéndole en silencio que continuara. La expresión de Henry dejó en claro que no quería dar más detalles, pero su mirada era lo suficientemente aguda como para hacerle ceder. Eso y ella era la que tenía el poder de hacer que sus heridas fueran más dolorosas.

—Son una red de trata de personas... —aclaró, luego exhaló y, con marcada tristeza e indignación, agregó—: estaban secuestrando niños.

Los movimientos de sus manos vacilaron ante eso. Sabía que se tomaba muy en serio su trabajo de vigilante. Después de todo, no había abandonado su carrera de héroe por cansancio o aburrimiento, lo había hecho porque estaba consumiendo gran parte de su tiempo. Al ser llamado todos los días a cualquier hora, había estado perdiendo su vida, perdiendo tiempo para hacer las cosas que le gustaban.

Pero en el fondo de su corazón, todavía quería ayudar a la gente, llevar a los malvados ante la justicia y proteger a los inocentes. Por eso había recurrido a ser un vigilante. Podía hacerlo en su propio tiempo, no tenía que responder a nadie y aún estaba haciendo una diferencia.

Su Henry había madurado, favoreciendo mantenerse en la oscuridad y ser perseguido antes que ser famoso si eso lo ayudaba a seguir protegiendo a los demás.

—Estudié el lugar —continuó explicando su actuar—, hice un plan, lo tenía todo arreglado, solo iba a echar un vistazo para luego advertir a la policía sobre algún negocio sórdido que estaba ocurriendo allí, pero... los vi... —su voz se tornó espesa de emoción—, niños y niñas entre seis y diez años, amordazados, atados, con los ojos vendados... ¿qué se suponía que debía hacer? ¿dejarlos ahí?

Charlotte guardó silencio, atendiendo silenciosamente sus cortes.

—No podía irme de ahí sin hacer algo, así que me colé en el lugar, noqueé a los matones uno por uno y luego liberé a los niños —una línea sombría aplanó sus labios, su rostro golpeado brilló con un indicio de lo que ella pensaba que era angustia—. Estaban tan asustados, con el rostro manchado de lágrimas y temblando... pero una vez que se dieron cuenta de que estaban siendo devueltos a sus familias otra vez, lloraron de felicidad —su gesto sombrío se convirtió en una pequeña sonrisa.

Ella no pudo evitar imitar su expresión.

—Y entonces es cuando todo se fue al diablo —agregó.

Perdió su sonrisa y fue reemplazada por una cara exhausta.

—Saqué a los niños y los hice esconderse en un sitio seguro y ya estaba a punto de llamar a la policía para decirles cuando un guardia que había regresado de un descanso me atacó por la espalda. Habría terminado con él fácilmente, pero cuando notó la ausencia de sus compañeros, llamó por refuerzos, que llegaron más rápido de lo que esperaría, y esos estaban mejor entrenados, además de portar armas de fuego.

Henry se removió un poco en la silla para estar más cómodo, con cuidado de no arruinar el trabajo de su amiga.

—Luchamos y ... bueno, ya sabes cómo termina.

—¿Y los niños?

—Estaban bien, un poco asustados pero ilesos —le aseguró—, les ordené que se quedaran escondidos hasta que llegara la policía, lo cual hicieron obedientemente.

—¿La policía te dio problemas?

Él dudó como responder.

—No estaban felices de verme, pero estaban más ocupados esposando a los matones y consolando a los niños como para seguir mi rastro, aunque seguro que en la mañana estarán tratando de implicarme de algún modo en todo el negocio por pura envidia —escupió con resentimiento.

Esa frase hizo que la chica detuviera el movimiento de sus manos cuando un pensamiento golpeó su cabeza.

—¿Cómo llegaste a esta parte de la ciudad? —preguntó con preocupación clara en su rostro.

Henry la miró con confusión y los labios ligeramente abiertos.

—Huí a pie pero luego tuve que esconder mis cosas...y tomé prestada ... una moto.

—¿Y? —presionó con impaciencia, aún sin atender sus cortes.

—La dejé estacionada en la acera a varias cuadras de aquí y caminé entre la oscuridad hasta llegar a tu complejo de apartamentos.

La chica no dijo nada, solo mantuvo su mirada fija en un punto desconocido, su mente procesando en silencio lo que su amigo le había dicho. Hizo un rápido recuento de los hechos y comenzó a freír su cerebro mientras trataba de recordar qué calles tenían cámaras que podrían haberlo filmado conduciendo la motocicleta por la ciudad, y que de conectar los puntos la policía, podrían encontrar que camino había hecho y descubrir el rastro de sangre. La policía de Swellview no era la más calificada, pero tratándose de una oportunidad de atrapar al escurridizo vigilante, ella se imaginaba que desenpolvarían habilidades que ni ellos creían poseer. Al estar por su cuenta, Henry no poseía todos los recursos necesarios para borrar su rastro como antes, y ella no tenía acceso a tecnología lo suficientemente avanzada como para hacerlo por él sin arriesgarse a ser detectada.

Por su parte, el joven había comprendido el porque de la repentina preocupación de Charlotte.

Quiso darse un golpe por no haber pensado en las consecuencias de su accionar, que no solo le afectarían a él sino también a su amiga. Estando bajo tan inmenso dolor no se le había cruzado por la cabeza esa posibilidad, y ahora estarían en problemas.

—Soy un idiota... —se reprendió a sí mismo, recostándose pesadamente en la silla.

Los puntos tiraron de su piel en ese movimiento, pero ignoró el dolor agudo que sintió, ocupado cerrando los ojos y viendo todas las posibles consecuencias de su comportamiento irresponsable.

—Esta vez me van a atrapar, lo sé —murmuró para sí mismo con agitación.

Ella le puso la mano en el hombro como gesto de consuelo. Deseaba poder hacer más por él, pero no contaba con los recursos necesarios para borrar sus rastros, al menos no tan rápido.

Sin embargo, ambos sabían quién podría...

La pregunta era cómo iba a convencer a Henry de que aceptara su ayuda.

—No si actuamos más rápido que ellos ... —comentó, reanudando su trabajo en sus otras lesiones, solo para tener algo en lo que concentrarse mientras respondía sus preguntas y aclaraba sus dudas.

Él levantó la cabeza para mirarla, la esperanza brillando en sus ojos.

—¿Cómo?

—Podríamos pedir ayuda... —no dio más detalles, esperando a que él llegara a sus propias conclusiones.

Pasaron unos segundos antes de que la comprensión cayera sobre él y lo sintiera tensarse bajo su toque. Si bien casi nadie sabía quién era el misterioso vigilante, Ray sí lo sabía. Por supuesto, tenía el ingenio de Schwoz de su parte, y habían descubierto su secreto finalmente, y sorprendentemente, habían respetado su elección -después de algo de presión por parte de ella-. Después de todo, Henry ya no era un niño, podía tomar las decisiones que quisiera. Aún así, Ray había sentido una debilidad por él, lo había considerado un hermano pequeño, por eso le había pedido que lo mantuviera actualizado con su progreso debido a la preocupación por su bienestar. Claro, eso no significaba que Henry hubiera arreglado la tensa relación que tenía con su ex mentor. Todavía se sentía un poco herido después de descubrir que Ray había planeado mantenerlo como un simple compañero durante los próximos años, y estaba decidido a demostrar que estaba equivocado, demostrarle que era lo suficientemente capaz de ser un héroe por derecho propio y según sus propias reglas. Recurrir a él en busca de ayuda era humillante y una demostración de debilidad.

O así lo veía él.

—Antes de que rechaces mi sugerencia —comenzó la joven levantando una mano en señal de que la dejara hablar—, no tendrás que ir a la Capi Cueva, yo me ocuparé de todo, más que nada porque no estás en forma para ocuparte de otra cosa que no sea mejorar en este momento.

Empezó a negar con la cabeza en desacuerdo, disgustado con la idea de dejar que ella corrigiera sus errores.

—Fue mi culpa, debí haber llamado a la policía, dejar que ellos lo manejen, ¡diablos! Podría haber llamado a la línea de emergencia de Ray sin decirle que era yo, él se habría ocupado de eso sin problemas, pero mi estúpido orgullo me detuvo de hacer lo inteligente, y terminé con una bala y la policía pisándome los talones —se lamentó.

—Tu lado virtuoso entró en acción, estabas en estado de shock, solo querías hacer lo correcto y ayudar a esos niños, y lo hiciste —trató de animarlo.

—No, solo quería probarme a mí mismo, y mira lo que hice, cavé mi propia tumba y podrías ser arrastrada conmigo hasta el fondo... no, no puedo dejar que arregles esto por mí... o Ray, para el caso.

—Entonces, ¿qué vas a hacer con esto?

El suspiró, sus músculos se relajaron aunque él seguía estresado.

—No tengo idea, para ser honesto, —admitió— pero se me ocurrirá algo.

—Para cuando se te ocurra una solución podría ser tarde —objetó su amiga, entonces suavizó su tono a uno más reconfortante—, dices que el orgullo te llevó a tomar una decisión poco acertada, y ahora ese mismo orgullo te está haciendo cometer un error ¿no debería esta vivencia haberte hecho aprender que a veces necesitas aceptar ayuda de tus amigos? ¿Qué no puedes solucionar todo por tu cuenta?

La miró por debajo de sus pestañas, sintiéndose muy parecido a su yo de quince años siendo corregido por su razonamiento y sabiendo en el fondo que ella tenía razón, sintiéndose un poco tonto por no darse cuenta de algo tan obvio y agradecido de que ella sí, pero también algo reacio a seguir adelante con ello simplemente porque chocaba con sus deseos.

Sin embargo, ya no era un adolescente, debería dejar de ser tan infantil y orgulloso. Tenía que recordarse a sí mismo que una forma de madurar en la vida era reconocer los errores de uno mismo y aceptar la ayuda de los demás con humildad.

Sobretodo si esa ayuda servía para solucionar un problema grave.

—No necesitas hablar directamente con ellos —ofreció cuando él no respondió rápidamente, "Yo podría hacerlo por ti, Schwoz lo haría sin ningún problema, estoy segura de que estará encantado de hacer algo así —dijo para aligerar el ánimo.

—Solo tendrías que decirle que no puede, eso sería suficiente para obligarlo a hacerlo —comentó Henry en tono de broma, indicando que daba su aprobación para que lo hiciera sin decirlo directamente.

Ella respondió con una suave risa. Permanecieron en silencio después de eso hasta que ella terminó de limpiar la última herida.

—Está bien, he terminado —anunció, quitando las manos de él e inclinándose hacia atrás.

Lo revisó atentamente para asegurarse de que todo lo que debía hacer estaba hecho, asintiendo satisfecha por el resultado.

—Bien, me he impuesto en tu hogar lo suficiente, ya debería marcharme... —comentó Henry, amagando a que iba a ponerse de pie.

—¡No seas ridículo! —clamó su amiga, deteniéndolo con ambas manos en sus hombros.

—Debes tener clases mañana y todavía tengo que ir a buscar mis cosas del callejón donde las dejé escondidas —continuó Henry, levantándose a pesar de sus objeciones, ayudándose con el escritorio porque todavía se sentía tambaleante.

—Henry, ¡te acabo de coser! ¡No puedes simplemente levantarte y caminar! —la joven lo reprendió, poniéndose de pie junto a él.

—He sufrido dolor... antes, no es nada nuevo... para mí... puedo manejarlo —trató de tranquilizarla.

Incluso cuando luchaba contra las oleadas de agonía provenientes de la herida por la fuerza que estaba usando para mantenerse en pie. El anestésico ya había sido quemado de su sistema, y mientras permanecía sentado, la conversación lo había mantenido distraído y el dolor no era tan patente, pero al ganar movilidad, se hizo más notable y agudo.

—Un agujero de bala es diferente, por favor, siéntate. No me importa. Tienes que ...

Ignorando sus recomendaciones, el chico soltó el escritorio e intentó caminar por su cuenta para tomar su chaqueta ensangrentada del suelo, no podía salir de su casa con el torso desnudo, y ella vio venir el desmayo.

Moviéndose rápidamente, deslizó su brazo alrededor de la cintura de Henry, con cuidado de no tocar los puntos, agarrando su brazo para tratar de mantenerlo erguido. Fue una tarea difícil, él era más pesado y más grande que ella, pero aún así logró guiarlo en el corto camino hasta su cama.

Protestó por ser manipulado de esa manera, pero fue a medias en el mejor de los casos, el dolor se había tornado demasiado como para permitirse gastar energías en ser una molestia. Al llegar a la cama, Charlotte logró girarlo lentamente en el último minuto asegurándose de que aterrizara sentado suavemente sobre el borde del colchón. Le ayudó a quitarse las botas y luego a subirlo a la cama, acostándolo de espaldas contra la mullida almohada que había acomodado en el respaldo.

Arrodillándose junto a él en la cama, Charlotte le acarició suavemente la cara y posó los dedos en su cuello para tomarle el pulso.

—Tengo algunos analgésicos y antibióticos —informó con suavidad—, déjame traerte algunos.

Un rápido asentimiento junto con un suave gruñido fue la respuesta que recibió antes de que cerrara los ojos. Se levantó del suelo y fue a buscar las pastillas y un vaso de agua, caminando de puntillas hacia el baño y luego a la cocina para no hacer demasiado ruido.

Al regresar con los medicamentos, se arrodilló a su lado nuevamente.

Temblaba levemente, su piel brillaba con una fina capa de sudor, sus puños se abrían y cerraban de forma constante, tenía un brazo arrojado sobre sus ojos y el otro sobre su pecho, que subía y bajaba rápidamente.

—¿Henry? —llamó en un suave susurro.

Descubrió sus ojos cansados e hinchados y aceptó los medicamentos y el agua, tragándolos todos de una vez. Se bebió todo el vaso antes de que ella lo alejara de su boca.

—Gracias, Char —dijo suavemente.

Ella le sonrió.

—De nada, ahora relájate y descansa, no quiero verte de pie hasta que yo te diga que estas en condiciones de hacerlo" le ordenó con voz más firme.

Volvió a su posición y cerró los ojos mientras ella se levantaba para ir a dejar el vaso vacío en su escritorio. Una mirada a su teléfono le mostró lo tarde que era, apenas podría dormir un par de horas si lo intentaba, pero no era algo nuevo para ella.

Las circunstancias sí que lo eran.

Tomó su teléfono y se dirigió al baño, el único sitio tranquilo donde podría hacer la llamada sin perturbar a ninguno de los otros dos ocupantes del apartamento.

La persona a la que iba a recurrir probablemente estaba dormida a esa hora de la noche, pero tenía que intentarlo. Buscó su número de contacto y presionó 'llamar', colocando el dispositivo en su oído mientras descansaba su espalda contra la pared, esperando impacientemente. Le tomó dos timbres de la línea para responder.

—Hola, Charlotte, ¿cómo estás? —llegó la alegre voz del científico a través del micrófono.

Siempre era un placer para él escuchar sobre la chica, había disfrutado de la compañía de alguien que posiblemente podría superarlo en inteligencia y echaba de menos tener a alguien que realmente entendiera su balbuceo científico.

Ella sonrió encantada y aliviada por el sonido de su voz, parecía estar completamente despierto. Lo que significaba que él podría ayudar.

—No muy bien —respondió honestamente.

—¿Por qué? ¿Sucede algo?

—Sí ... se trata de nuestro misterioso amigo nocturno.

—Oh... ¿está bien?

—Le han disparado.

Tan rápido como pudo, la chica le relató lo que había sucedido y para qué necesitaba su ayuda.

Afortunadamente, alguien cerca de allí había escuchado la pelea y los disparos, y había llamado al Capitán Man, así que podrían meterse un poco con la evidencia para dejar a Henry fuera de problemas.

—No te preocupes, lo arreglaré en poco tiempo" la tranquilizó el inventor— solo encárgate de cuidarlo... y asegúrate de que tu novio no se meta en más problemas por un tiempo —aconsejó Schwoz con voz juguetona y una evidente sonrisa en su rostro.

—No estamos- —se mordió la lengua cuando notó que su voz salió más fuerte de lo recomendado.

Escuchó las risas ahogadas de Schwoz ante su reacción y, a pesar de su estrés y cansancio, no podía enojarse con él, quien mantendría a Henry fuera del radar de la policía.

—Ray se enterará, estás consciente de eso, ¿verdad? —preguntó Schwoz cuando ambos volvieron a ponerse serios.

—Ya es hora de que esos dos arreglen las cosas entre ellos —opinó la joven—. Solo, ¿podrías ordenarle a Ray que no presione demasiado a Henry? Que primero deje que descanse y que sanen sus heridas, así estará más dispuesto a hablar, sin dolor ni en medicamentos.

—Vigilaré que Ray se comporte, confía en mí —aseguró el científico.

—Gracias, cuidate —se despidió y colgó la llamada después de recibir el mismo saludo.

Se guardó el teléfono y regresó a su habitación.

Otra vez allí, se encargó de empacar sus suministros médicos. Luego recogió los restos de la camiseta ensangrentada y la metió en una bolsa de residuos para ir a tirarla a la basura en la primera oportunidad. La chaqueta estaba relativamente en una pieza a pesar de los cortes y el agujero de bala, aunque ensangrentada, así que la recogió y la dobló para luego guardarla dentro de su armario. Estaba planeando devolvérsela una vez que se sintiera mejor.

Charlotte recogió sus cosas de la universidad al final y apagó su computadora portátil.

Finalmente decidió que el día había terminado. Arrastró la silla que su amigo había estado usando al lado de la cama y se sentó, recostándose y cruzando los brazos, bostezando profundamente. Sin embargo, ella no planeaba dormir lo que quedaba de esa noche. Su objetivo era vigilar a Henry por si necesitase algo.

—No me siento cómodo sacándote de tu propia cama ... —llegó la voz baja de Henry.

Los medicamentos eran potentes y le habían ayudado en buena parte, el dolor había disminuido lo suficiente como para que dejara de apretar la mandíbula y poder hablar, aunque sus palabras salían arrastradas.

Sus ojos nublados se abrieron bajo la sombra de su antebrazo y posó su mirada ligeramente desenfocada en ella.

—Está bien, estás lesionado y necesitas descansar hasta que puedas irte a tu propio apartamento —lo tranquilizó su amiga.

—Y tú necesitas descansar... para funcionar correctamente en tus clases...mañana tienes exámenes —protestó él arrastrando las palabras, parpadeando lentamente.

—Dormí un poco antes de que me llamaras —se defendió la chica.

—En tu escritorio... —señaló Henry.

Ella le envió una mirada inquisitiva.

—Vi tus cosas de estudio... por todo el escritorio, además... vestías ropa de calle en lugar de ropa de dormir... y te veías demacrada y cansada —respondió suavemente—. No fue difícil... deducirlo... algunas cosas nunca cambian —añadió con una débil sonrisa.

—Está bien, dormiré —cedió su amiga—, pero solo una vez que tú lo hagas.

—No en la silla...tus músculos se pondrán rígidos...y te dolerán la espalda... y el cuello por la mañana —objetó.

Exhalando con cansancio, descruzó los brazos y apoyó las palmas de las manos en los muslos.

—Está bien, entonces, ¿qué propones?

Él se deslizó a un lado con cuidado sobre la cama unos centímetros, consciente de las suturas, y alzó un brazo hacia ella a manera de invitación.

—Tu cama es lo suficientemente grande... para los dos —señaló.

—Oookaay, creo que te di demasiado medicamento...

—Estoy bastante consciente... de lo que estoy diciendo —aseguró Henry con una pequeña sonrisa de lado.

Bueno, él había estado manteniendo una conversación completa con ella segundos atrás, con argumentos razonables y todo, así que tenía un punto.

—Sería demasiado incómodo" apuntó la joven, mirando a su figura acostada en su colchón.

La cama era de plaza y media, así que él estaba en lo correcto, acurrucados cabrían sin problemas.

Pero aún así...

—Sería mejor que... dormir en una silla —rebatió Henry.

—Aunque lo fuera, no lo recomendaría, yo no estoy herida, pero tus puntos podrían abrirse durante la noche.

—Yo casi no... me muevo al dormir...fuerza de hábito... Y confío en que tú... tendrás mucho cuidado.

—¿Qué pasa si Byshell entra en mi habitación y nos ve?

—Has dicho antes que... duerme como un tronco... dudo que entre en una habitación... que no le pertenece, además... has sido una buena amiga para ella... no abusará de tu confianza.

—No dejarás de arrojarme argumentos a todo lo que diga, ¿verdad?

El sonrió satisfecho.

—No, al menos...hasta que te rindas...o me des una buena razón... para rendirme.

Ella negó con la cabeza, divertida y contenta por su actitud relajada, parecía que el dolor había retrocedido por el momento. Él podría irse a dormir tranquilamente y ella tendría que ir con él si quería que lo hiciera.

Apagó la lámpara dejando la habitación en completa oscuridad, puso el teléfono en la mesita de noche y se acercó a la cama, donde se quitó los zapatos y se arrastró junto a él, acomodándose con cuidado para no empujarlo ni dañarlo de ninguna manera. Años de quedarse dormida junto a él en su cama después de un largo día o en el sofá de la Cueva cuando eran adolescentes fueron suficientes para que ella no se sintiera nerviosa por la situación. Además, el olor a sangre, sudor y pólvora eran suficientes para sacar de su cabeza cualquier idea tonta.

—Ya hablé con Schwoz, me aseguró que lo arreglará todo tan rápido como pueda —comentó en voz baja.

—¿De verdad? —preguntó, sorprendido por la rapidez.

—Alguien escuchó la conmoción y llamaron a la línea de emergencia, estaba despierto —explicó Charlotte

—...gracias —respondió suavemente el rubio.

—Y le advertí que no permitiera que Ray te molestara por el momento, al menos hasta que te sientas mejor —agregó, sabiendo que eso era algo por lo que él estaría preocupado.

Lo sintió relajándose finalmente.

—¿Qué haría sin ti? —exhaló, endureciendo su abrazo sobre ella.

—¿Morir desangrado...? —sugirió con sarcasmo la joven.

Su suave risa profunda resonó a través de ella.

—Probablemente.

Ella se sumergió más profundamente en su abrazo, cerró los ojos y tarareó felizmente cuando sintió sus dedos masajeando su cuero cabelludo lentamente.

—Sabes que Schwoz pondrá nuestras vidas patas arriba si se entera de esto, ¿verdad? —mencionó, con la voz pesada por el sueño.

—Probablemente le dé... un infarto debido a la emoción —convino Henry.

—O nos volverá locos con todas sus insinuaciones y burlas...a mí, al menos.

Ella era la que todavía visitaba la Cueva de vez en cuando.

—Te estás olvidando de Jasper...sé que Schwoz se lo diría... así que todavía se burlaría de mí...a través de él —concluyó.

—Peor para mí, entonces, tendría que aguantarlos a los dos.

—Estoy seguro...de que sobrevivirás... eres la mujer más fuerte...que conozco.

Sus sinceras palabras tocaron su corazón y ella sintió que saltaba ligeramente.

—Mejor vamos a dormir —sugirió, ignorando la aceleración de su pulso—, tenemos menos de dos horas antes de que llegue la mañana.

—De acuerdo.

Se inclinó sobre ella y le dio un suave beso en la sien.

—Buenas noches —susurró sobre su piel.

Luego volvió a su posición y cerró los ojos.

Charlotte sucumbió unos minutos después de eso, arrullada por el sonido de su corazón y su respiración. Sin darse cuenta, pasó un brazo sobre su pecho, y él colocó su mano sobre la de ella, entrelazando sus dedos. Luego finalmente se durmió él mismo.


Se despertó cuando el sol ya estaba lo suficientemente alto como para brillar intensamente a través de su ventana. Con la cabeza apoyada contra su almohada, mantas sobre su cuerpo, a un lado de la cama y sola. Ella ignoró y aplastó el extraño sentimiento de decepción que eso le trajo y se levantó.

Alcanzando su teléfono, encontró debajo un pedazo de papel con algo escrito.

"Me desperté temprano, tuve que irme, tomé unas pastillas conmigo, espero que no te importe.

Te quiero, Henry"

Ese extraño sentimiento trató de abrirse camino a través de ella, pero de nuevo se obligó a reprimirlo, reemplazándolo con disgusto por su poca consideración por su propia salud. Ella pensó en llamarlo para reprenderlo pero descartó la idea rápidamente, ya no era un niño, además, probablemente estaría durmiendo en su propia casa -esperaba- mejor lo dejaría descansar.

Al salir de su habitación, escuchó sonidos provenientes de la cocina, por lo que su compañera de habitación ya estaba despierta también. Estaba segura de que su apariencia no era la mejor, debía tener marcadas bolsas debajo de los ojos y su cabello parecía un nido. Uno abandonado. Pero necesitaba darse una ducha, y Bysh la había visto en ese mal estado antes.

—Te quedaste despierta toda la noche estudiando de nuevo, ¿no? —Bysh adivinó cuando la vio pasar por la sala en dirección al baño.

Charlotte asintió distraídamente, llevando consigo una muda de ropa para el día. Después de darse una ducha y arreglarse, fue a reunirse con su compañera de cuarto, yendo por la máquina de café para servirse una taza de la bebida caliente. Luego tomó asiento frente a ella en la mesa de la cocina.

—No deberías ser tan descuidada —la reprendió amablemente su amiga—. Además, no sé por qué sientes que necesitas estudiar tanto, ya eres una genio, aprobarás tus exámenes sin problemas, estoy segura.

La absoluta confianza de su amiga en sus capacidades la conmovió, y le respondió con una suave sonrisa y un 'gracias'.

Después de unos sorbos de café, tomó su teléfono para verificar las notificaciones que podría haberse perdido mientras se duchaba y vio un mensaje especial.

"¿Una cena en mi apartamento este fin de semana alcanza para suplicar tu perdón por lo que te hice pasar y mi escape sin previo aviso con tus medicamentos?"

Ella sonrió inconscientemente al leerlo, imaginándose la tierna mueca de pena que debía tener en ese momento, sin darse cuenta de que su amiga la observaba con interés.

"Saber que te estás ocupando de tus lesiones y descansando es suficiente", respondió.

Luego pensó por un segundo antes de animarse y enviar otro.

"Pero una cena suena bien"

Suspiró ilusionada y dejó el aparato en la mesa.

—¿Algo interesante, entonces? —Bysh preguntó fingiendo sonar indiferente, pero cubriendo su sonrisa cómplice con el borde de su taza.

Charlotte levantó la cabeza, sintiendo calor en todo su cuerpo al ser sorprendida sonriendo tontamente a su teléfono. Frunció los labios y miró hacia abajo, en un vano intento de ocultar su repentino entusiasmo.

—Vamos —presionó juguetonamente su amiga—, puedes decirme.

Su teléfono sonó avisando de la llegada de otro mensaje de Henry.

"Es una cita" declaraba con una carita sonriente.

¿El burbujeo en su vientre era de emoción? se preguntó Charlotte mientras lo releía. Trató de apagar la flama de esperanza que ardió dentro de ella, pues esta no sería la primera vez que salían juntos. Sin embargo, sí era la primera vez que él se refería a sus encuentros como "una cita".

"No hagas planes para el sábado por la noche" decía otro texto con un guiño.

—¿Entonces? —Bysh intentó de nuevo descubrir que traía a su amiga tan distraída.

Con éxito esa vez.

—Tengo una cita este fin de semana —respondió Charlotte, esbozando una brillante sonrisa.


The End... Je je

Ahora sí, algunas aclaraciones:

Todo lo concerniente a medicina lo saqué de Internet, culpenla si algo no cuadra.

Obviamente esta historia se desvía del canon, los personajes son más grandes, y en resumen: Henry peleó con Ray, se fue para convertirse en Vigilante y Charlotte estudia en Swellview, vive junto a Byshell y lo asiste de vez en cuando.

Y me gusta Boku No Hero.

Dicho esto, que les habrá importado un pepino y medio, gracias x leer n_n

Bye-bye

H. C.