El Trol

Weasley no podía creer lo que veían sus ojos, cuando vio que Harry y Draco todavía estaban en Hogwarts al día siguiente, de lo más tranquilos y relajados. En realidad, por la mañana Harry observaba como Draco, Zabini, Theodore y Crabbe ideaban estrategias para evitar que el perro de tres cabezas continuara en Hogwarts.

— Es algo muy valioso, o muy peligroso — dijo Pansy.

— Las dos cosas — dijo Harry con seguridad.

Pero como lo único que sabían con seguridad, los Slytherins, del misterioso objeto era que tenía unos cinco centímetros de largo, no tenían muchas posibilidades de adivinarlo sin otras pistas.

Zabini y Theo no dejaban de pensar en lo que había debajo del perro y la trampilla, a lo contrario de Pansy y Draco que no podían dejar de pensar en el perro de tres cabezas, Harry por su parte no sabía cómo actuarían los Slytherin ante esto. Él tenía claro que necesitaría de ayuda para pasar algunas de las pruebas.

Sin embargo lo único que le importaba a Harry era evitar todas las muertes posibles y para ello debía deshacerse de Voldemort, tal vez sí lograba que Draco lo invitara a su casa durante vacaciones podría coger el diario de Tom, y si mataba al basilisco de una vez podría tener un año tranquilo, pero y si no lo conseguía y si sus amigos no tenían deseo de involucrarse, y si le contaba a Draco lo que sabía. El miedo comenzaba a asfixiarle. ¡ Su amistad todavía no era tan fuerte! , al menos eso creía Harry.

— ¡…HARRY! — gritó Draco.

— ¿Qué pasa? — reaccionó Harry saliendo de sus pensamientos —. ¿Por qué gritas?

— Eso iba a preguntar — dijo con voz chillona —.Tengo rato llamándote.

—Lo siento, — dijo rápidamente Harry — ¿Decías…?

— Muy bien — dijo Draco, mirando radiante a Harry —. Sígueme.

Draco y Harry salieron rápidamente del comedor, subieron por la escalera, hasta un aula vacía.

— ¿Qué sucede? — dijo Draco —. Aunque tus labios digan "no es nada", tus ojos piden apoyo.

— Me preguntaba — continuó Harry con la mirada hacia el suelo —. ¿Soy un verdadero Slytherin? ¿Uno de ustedes, Draco?

Los labios de Draco se curvaron en una sonrisa, mostraba desolación y confianza. Suspiró y negó delicadamente con la cabeza.

— Nunca lo serás. Para ser un Slytherin se necesita más que un Sombrero Seleccionador — argumentó Draco —. Debes desearlo, sentirlo y confiar en tu casa, Harry. Mis amigos y yo, sabemos que estamos en una cuerda floja, te ofrecimos nuestra amistad pero tenemos realmente la tuya.

— ¿Qué puedes saber tú? — replicó Harry

— Nada, y supongo que tú no me lo contaras.

Antes de que Harry pudiera contestarle, Draco desapareció por la puerta del aula.

Tal vez fue porque estaba ocupado con las distintas asignaturas, por lo que Harry se sorprendió al comprobar que ya habían pasado dos meses en Hogwarts.

En la mañana de Halloween se despertaron con el delicioso aroma de calabaza asada flotando por todos los pasillos. Pero lo mejor fue que el profesor Flitwick anunció en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para empezar a hacer el simulacro, algo que todos se morían por hacer. El profesor Flitwick puso a la clase por equipos de tres para que practicaran. El equipo de Harry era Theodore y Goyle (lo que fue un alivio, porque Harry nunca había realizado el simulacro cuando estuvo en Gryffindor). Draco, sin embargo, tuvo que trabajar con Crabbe y Zabini.

— Y ahora no olviden todo lo que hemos estado practicando — dijo con voz aguda el profesor; subido a sus libros, como de costumbre —. Agua y Fuego; recordar, Agua y Fuego. Un encantamiento de levitación tambien podría ayudar. Es muy importante que confíen en su equipo y también que pronuncien las palabras mágicas correctamente.

El equipo de Pansy fue el primero en pasar, el escenario era tétrico y tuvieron que luchar contra un gigante. Luego siguió el equipo de Harry, cuya misión era esconder a un hombre lobo.

— El último equipo… — dijo el profesor — Draco Malfoy, en posiciones.

El equipo de Draco entró al aula de clases.

— Bien, — dijo el profesor; caminando hacia el aula vacía que se encontraba al lado —. Veremos su avance atraves de la pared que conecta ambas aulas.

Harry miraba la escena.

El equipo de Draco se hallaba en la entrada de un museo, en lo alto de la escalera, analizando cualquier posible ataque.

A mitad de camino Draco volvió para mirar a Crabbe. Estaba pálido, dejándose los ojos entre Zabini y Draco, como si quisiera que éste reparara en lo que estaba sucediendo, pero Zabini seguía absorto en su lucha contra una extraña criatura con largos brazos. Draco miró de nuevo hacia arriba. Un hombre se encontraba ahí viéndoles.

« Fuego — pensó Harry —. Porque no la queman». Pero al parecer no era ése el plan.

Se adentraron en el museo, buscando algo. Harry miraba impacienté, desde su lugar, como Draco asentía con la cabeza mientras entraban a una nueva sección.

Parecían estar los tres solos, la galería estaba desierta. Cuando Harry por fin la alcanzo a distinguir. Había una mujer que permanecía de brazos cruzados frente a un enorme friso de mármol y tras ella un muchacho de cabello negro azabache y con ojos verde mar. La mujer hacía un ruido muy raro con la garganta, como si gruñera. Pero incluso sin ese ruido Harry habría estado nervioso, era una extraña combinación de Snape y McGonagall.

« Muggles — pensó Harry —. ¿Qué hacen ahí? ».

Harry y los Slytherin percibieron algo en su mirada, como si quisiera pulverizar el friso…

— Has estado dándonos problemas, cariño — dijo.

Todos en el aula miraban sin entender lo que ocurría.

— Sí, señora — respondió el muchacho.

Se estiró los puños de la cazadora de cuero.

— ¿Creías realmente que te saldrías con la tuya? — Su mirada iba más allá del enfado. Era perversa.

« ¿Qué ocurre? — Pensó nervioso Harry —, ¿porque el equipo de Draco no interviene?, y ¿porque no pueden verlos?, ¿qué Encantamiento uso Draco? » .

— Me… me esforzaré más, señora — dijo.

Un trueno sacudió el edificio.

— No somos idiotas, Percy Jackson — prosiguió ella —. Descubrirte sólo era cuestión de tiempo. Confiesa, y sufrirás menos dolor.

Draco asintió con la cabeza, era como si desde el inicio estuvieran buscando a ese chico, porque cuando la mujer mencionó su nombre, todo el equipo se puso en formación de ataque.

— ¿Y bien? — insistió.

—Señora, yo no…

— Se te ha acabado el tiempo — siseó entre dientes.

Entonces ocurrió la cosa más rara del mundo: los ojos empezaron a brillarle como carbones en una barbacoa, se le alargaron los dedos y se transformaron en garras, su cazadora se derritió hasta convertirse en enormes alas coriáceas… Harry se quedó estupefacto. Aquella mujer no era humana. Era una criatura horripilante con alas de murciélago, zarpas y la boca llena de colmillos amarillentos, y quería hacer trizas al muchacho, a Percy Jackson…

Draco, Zabini y Crabbe empuñaron sus varitas.

— Resguarda a Jackson Crabbe — ordenó Draco —. Blaise ve por Quirón, el señor Brunner, infórmale nuestra ubicación y dile que Percy necesita su bolígrafo.

— Señora Dodds — chillo el muchacho.

La señora Dodds se lanzó sobre él.

— Incendio — grito Draco y la mujer retrocedió — ¿Estás bien?

— ¿Quiénes son ustedes? ¿Desde cuándo están aquí?

— Soy Draco Malfoy tu primer guardián mágico, — respondió a Percy, sin apartar la mirada de la mujer —. El que se encuentra delante de ti es Crabbe, mi amigo y el que está por entrar es Blaise, mi otro amigo. Mi compañero, es decir, tu segundo guardián mágico no se ha asignado.

Y de pronto Zabini apareció en la galería, con el señor Brunner, el hombre que estaba fuera del museo, y le lanzó un bolígrafo.

— ¡Agárralo, Percy! — gritó.

La señora Dodds se abalanzó nuevamente sobre el chico.

— Debes traspasarla con la espada, — dijo Draco —. No temas, ella no es humana.

Con un gemido, Percy la esquivó y preguntó:

— ¿Cuál espada?

Draco miro el bolígrafo que giraba en el aire. Jackson atrapó el bolígrafo al vuelo y en ese momento se convirtió en una espada.

La señora Dodds se volvió hacia el chico con una mirada asesina.

— ¡Muere, cariño! — rugió, y voló directamente hacia Percy.

El chico parecía preso del pánico e instintivamente blando la espada. La hoja de metal le dio en el hombro y atravesó su cuerpo como si estuviera relleno de aire. ¡Chsss! La señora Dodds explotó en una nube de polvo amarillo.

— Nos veremos de nuevo, — dijo Draco —. Cuando esta escena pase en tu vida.

El equipo de Draco, regresó fuera.

— ¡Oh, bien hecho! — Gritó el profesor Flitwick, aplaudiendo — la pareja de Draco Malfoy es… Harry Potter, cuando se gradúen su obligación será cuidar de Percy Jackson, hijo de Poseidón.

Al finalizar la clase, Draco estaba de muy buen humor.

— No es increíble que nos toque juntos —dijo a Harry, cuando se abrían paso en el pasillo—. Sera divertido, te lo digo en serio.

— ¿No sabía que podíamos ser guardianes?

— Todos pueden — dijo Draco, mirando al resto de sus amigos, parecía un poco incómodo —. En realidad solo la casa Slytherin puede.

— ¿Por qué? — pregunto Harry, cuando tomaban su lugar en la mesa de Slytherin, para la fiesta de Halloween.

— Salazar Slytherin no se fue de Hogwarts por lo que dicen — respondió Draco, sirviendo una tostada en su plato dorado —. Desde muy joven Salazar pensó que los muggles se levantarían en nuestra contra, antes de fundar el colegio intento convencer al resto de los fundadores de que Hogwarts solo admitiera a las familias de sangre pura.

— Pero los otros tres fundadores no lo aceptaron — añadió Theodore.

Draco parecía realmente agradecido por su ayuda.

— Cuando comenzó la persecución de muggles contra magos — continuo Zabini —. Slytherin abandonó el colegio, no sin antes construir la Cámara de los Secretos donde se cree que vive una bestia.

— Mi Padre piensa que puede ser alguna clase de Serpiente — dijo Pansy —. Ya saben por su raro don de la lengua.

— ¿Te refieres al pársel? — preguntó Crabbe, cogiendo otro pedazo de pastel de calabaza.

— Si, — respondió Goyle. Harry pensaba que los Slytherin sabían más de lo que debían —. Estoy seguro que a ese don se refiere Crabbe.

— Cuando Salazar Slytherin dejo el colegio, fue en busca de los dioses — dijo Draco llamando la atención de todos, pero en especial la de Harry —. Donde ofreció su vida a cambio que los magos de sangre pura, fuesen capaces de engendrar.

Harry estaba procesando las palabras de Draco, cuando Theodore continuó la explicación:

— Los dioses aceptaron, pero Zeus no parecía satisfecho así que dijo; "tu vida es inútil, cuidar de nuestros hijos, más útil será. A cambio de procrear, tú casa en guardianes se convertirán."

— Esa es la razón por la que los Slytherin se convierten en guardianes…

— Y por eso Salazar fue muy selecto a la hora de escoger a los miembros de su Casa — interrumpió Draco a Zabini —. Slytherin selecciona sus estudiantes de acuerdo a sus habilidades, ambición y status de sangre, así como la capacidad de engendrar. Seria muy injusto que un hijo de muggles tuviera que convertirse en guardián, un trabajo muy peligroso, solo por entrar a Slytherin.

— Escuché que Parvati Patil le decía a su amiga Lavender que Granger, la que se hace llamar sangre sucia, estaba llorando en el cuarto de baño de las niñas y que deseaba que la dejaran sola. — dijo Pansy, cambiando de tema —. Al parecer Weasley, dijo unas tantas verdades que no soporto.

Harry salió del comedor con la escusa de que tenía que ir al lavado. En seguida…

El profesor Quirrell llegó rápidamente al comedor; con el turbante torcido y cara de terror. Todos lo contemplaron mientras se acercaba al profesor Dumbledore, se apoyaba sobre la mesa y jadeaba:

— Un trol... en las mazmorras... Pensé que debía saberlo.

Y se desplomó en el suelo.

Se produjo un tumulto. Para que se hiciera el silencio, el profesor Dumbledore tuvo que hacer salir varios fuegos artificiales de su varita.

— Prefectos — exclamó — conducir a sus grupos a los dormitorios, de inmediato.

— ¡Síganme! — anuncio el prefecto de Slytherin

— ¿Cómo ha podido entrar aquí un trol? — preguntó Theodore, mientras bajaban a las mazmorras.

— Es imposible — dijo Blaise —. Debieron dejarlo entrar; tal vez está relacionado con el perro.

Draco súbitamente se aferró al brazo de Blaise.

— ¡Harry!

— ¿Qué pasa con él?

— No sabe del trol.

Draco miro directamente a los ojos de Blaise, este se mordió el labio.

— ¡Oh, bueno! — bufó. Alzo una mano y dijo —. Pero que nadie nos vea.

Se deslizaron por un pasillo desierto y corrieron hacia el cuarto de baño de hombres. Harry no se encontraba ahí. A Draco se le ocurrió que tal vez fue a ver a Granger, por lo que dijo Pansy en el comedor, así que se dirigieron al baño de niñas. Acababan de doblar una esquina cuando oyeron pasos rápidos a sus espaldas.

— ¡Snape! — susurró Blaise, empujando a Draco detrás de un gran buitre de piedra.

Vieron a Snape cruzar el pasillo y desaparecer de la vista.

— ¿Qué es lo que está haciendo? — murmuró Blaise —. ¿Por qué no está en las mazmorras?

— Realizar su propia investigación.

Lo más silenciosamente posible, se arrastraron por el otro pasillo, detrás de los pasos apagados del profesor.

— Se dirige al tercer piso — dijo Draco, pero Blaise levantó la mano.

Oyeron, un gruñido y las pisadas inseguras de unos pies gigantescos. Blaise señaló al fondo del pasillo, a la izquierda. Algo enorme se movía hacia ellos. Se ocultaron en las sombras y vieron surgir a la luz de la luna.

Unas piernas cortas, gruesas como troncos de árbol, y pies achatados y deformes. El olor que despedía era increíblemente horrible. Llevaba un gran bastón de madera que arrastraba por el suelo, porque sus brazos eran muy largos.

El monstruo se detuvo en una puerta, miró hacia el interior y luego entró lentamente en la habitación.

—La llave está en la cerradura — susurró Draco —. Podemos encerrarlo allí.

—Buena idea — respondió Blaise.

Se acercaron hacia la puerta y de un gran salto, lograron empujar la puerta y echarle la llave.

Comenzaron a correr por el pasillo para volver, pero al llegar a la esquina oyeron algo que hizo que sus corazones se detuvieran: un grito agudo y aterrorizado, que procedía del lugar que acababan de cerrar con llave.

— Oh, no — dijo Blaise — ¡Es el cuarto de baño de las chicas!

Draco estaba tan pálido que podría hacer competencia con el Barón Sanguinario.

— ¡Granger! / ¡Harry! — dijeron Blaise y Draco al unísono.

— ¿Por qué piensas que Potter está ahí? — bufo entre molesto y preocupado Blaise.

— Solo lo siento aquí — respondió Draco con su mano en el pecho.

Lo último que querían hacer, era enfrentarse a un trol; pero ¿qué opción les quedaba? Volvieron a toda velocidad hasta la puerta y dieron la vuelta a la llave, jadeando de miedo. Draco empujó la puerta y entraron corriendo.

Harry estaba ahí deteniendo al trol y Granger estaba agazapada contra la pared opuesta, con aspecto de estar a punto de desmayarse. El personaje deforme avanzaba hacia ella, chocando contra los lavamanos.

— ¡Distráelo! — gritó Harry.

El trol se detuvo a pocos pasos de Hermione. Se balanceó, parpadeando con aire estúpido, para ver quién había hecho aquel ruido. Sus ojitos malignos detectaron a Harry. Vaciló y luego se abalanzó sobre él, levantando su bastón

— ¡Eh, tú cenutrio! — gritó Draco desde el otro extremo.

El ser deforme oyó el aullido y se detuvo otra vez, volviendo su horrible hocico hacia Draco, sin darle tiempo para correr o empuñar su varita.

— Cutis anserina — grito Blaise. Un rayo blanco, enfrió un poco el cuarto.

Hermione estaba tirada en el suelo, aterrorizada. Harry empuñó su propia varita, y gritó:

— ¡Wingardium leviosa!

El bastón salió volando de las manos del trol, se elevó, muy arriba, y luego dio la vuelta y se dejó caer con fuerza sobre la cabeza de su dueño. El trol se balanceó y cayó boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación.

Draco fue el que habló primero.

— ¿Está... muerto?

— No, — dijo Harry —. Solo está desmayado.

— Harry James Potter, — dijo entre lágrimas Draco, golpeando delicadamente el pecho de Harry —. ¡Eres un tonto!

— G-gracias Harry — dijo Granger, intentando llamar la atención de Harry.

Se inclinó y extendió con timidez su mano.

— ¡Potter!

— ¿Eh?

— Potter, — dijo Harry con eje de indiferencia —. Para ti soy Potter, Granger.

Harry cogió de la mano a Draco y Zabini sacándolos de los baños.